Trump quiere que los palestinos paguen por su defensa exterior al ejército israelí

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Foto: Kobi Gideon/GPO via Getty Images

Por Eugenio García Gascón.

El llamado “acuerdo del siglo” que la administración de Donald Trump prepara desde hace casi tres años para resolver el conflicto entre Israel y los palestinos, contiene una cláusula que obligaría a la “Nueva Palestina” a pagar por la defensa exterior de su minúsculo Estado al ejército israelí, lo que equivaldría a encargar al lobo que guarde el rebaño de ovejas.

Esa es una de las cláusulas que figura en la última versión, que también es la más detallada, del “acuerdo del siglo” que esta semana ha difundido el canal de televisión libanés Al Mayadeen, y que se reproduce en su página web, con detalles inéditos hasta ahora.

Las posibilidades de que los palestinos acepten la iniciativa son nulas. El “acuerdo del siglo” ha sido elaborado por dos ultrasionistas de la administración americana, Jared Kushner, consejero y yerno de Trump, y Jason Greenblat, en estrecha colaboración con David Friedman, embajador de EEUU en Tel Aviv. Los tres han contribuido personalmente con donaciones a la expansión colonial judía en algunos de los asentamientos más radicales que se han levantado en los territorios ocupados.

Otra cláusula prevé justamente que todas las colonias judías sin distinción queden bajo la autoridad de Israel y formen parte del estado judío. En esos asentamientos viven más de medio millón de israelíes, en buena parte fanáticos, y la expansión crece día a día, sin atender a las leyes internacionales y respondiendo únicamente a la ambición expansionista de los dirigentes hebreos, mientras los líderes occidentales, especialmente los europeos, miran para otro lado.

Trump prevé que el documento sea firmado por tres partes: Israel, la Autoridad Palestina, y las facciones que controlan la Franja de Gaza, es decir Hamás y la Yihad Islámica. El documento se refiere al futuro estado que ocuparía una pequeña parte de Cisjordania y la Franja de Gaza como “Nueva Palestina”.

El llamado “acuerdo del siglo” sobre el conflicto palestino-israelí de la administración Trump obligaría a la “Nueva Palestina” a pagar por la defensa exterior

Lo más sangrante tiene que ver con el futuro de Jerusalén. La ciudad santa, que fue ocupada por Israel en la guerra de 1967, “no se dividirá” y “será compartida por Israel y la Nueva Palestina”. “Los palestinos serán ciudadanos de la Nueva Palestina y no israelíes”.

En la práctica, el ayuntamiento de la ciudad santa, controlado por los judíos, tendrá jurisdicción sobre todo el municipio, incluidos los barrios palestinos, donde ya viven unos 300.000 colonos judíos, y todo dependerá de Israel “con excepción de la educación (de los palestinos), que dependerá de la Nueva Palestina. La Nueva Palestina se encargará de recoger los impuestos municipales y las facturas del agua para entregar el dinero al ayuntamiento judío.

El documento ha circulado ampliamente por la prensa árabe y hebrea de Oriente Próximo y ni Estados Unidos ni Israel lo han desmentido. El “acuerdo del siglo” sobre la “Nueva Palestina” recoge las viejas ideas del primer ministro Benjamín Netanyahu y de los líderes israelíes más extremistas y parece destinado a forzar un rechazo de la Autoridad Palestina con el fin de demostrar una vez más al mundo que los palestinos no quieren la paz.

Otra cláusula señala que los palestinos no podrán adquirir ninguna vivienda judía, ni los judíos podrán adquirir ninguna vivienda árabe en Jerusalén; No se agregará al municipio ninguna otra parte de territorio, es decir que seguirá siendo tal y como lo han diseñado los israelíes en función de sus intereses, y la jurisdicción sobre los lugares santos continuará igual que ahora.

En cuanto a la Franja de Gaza, se prevé que Egipto ceda territorio para la construcción de un aeropuerto y otras dependencias, pero “sin permitir que los palestinos de la Franja residan en esa zona”. Contempla la construcción de una “autovía” que comunique Gaza con Cisjordania, así como la construcción de una conducción de agua potable entre las dos zonas de la Nueva Palestina.

Así mismo, se estipula que Estados Unidos, la Unión Europea y los países árabes del Golfo destinarán 30.000 millones de dólares a desarrollar la economía palestina durante los cinco años que seguirían a la firma del acuerdo. Los EEUU aportarían el 20 por ciento del montante citado, la Unión Europea aportaría el 10 por ciento, y los países árabes el 70 por ciento.

La Nueva Palestina no podrá disponer de ejército y sus únicas armas estarán en poder de la policía. El ejército israelí se encargará de defender a la Nueva Palestina de cualquier “agresión exterior”, para lo cual el nuevo estado tendrá que pagar a Israel.

En la práctica, el ayuntamiento de Jerusalén tendrá jurisdicción sobre todo el municipio, incluidos los barrios palestinos

Hamás tendrá que deponer todas las armas que tiene en su poder y entregarlas a los egipcios, incluidas las armas que se utilizan para la defensa personal de los líderes de la organización islamista. El personal de Hamás recibirá un salario de los países árabes. Se abrirán las fronteras de la Franja para el comercio.

En el plazo de un año habrá “elecciones democráticas” en la Nueva Palestina. Durante el siguiente año, y en un periodo máximo de tres años, Israel liberará gradualmente a todos los prisioneros palestinos. En el plazo de cinco años se construirá un puerto y un aeropuerto y hasta ese momento los palestinos usarán los puertos y aeropuertos israelíes. Las fronteras entre Israel y la Nueva Palestina estarán abiertas para ciudadanos y mercancías.

La versión más detallada del acuerdo publicada hasta ahora concluye que en cuanto al Valle del Jordán, “permanecerá en manos israelíes como ocurre hoy”, y termina diciendo que si alguna de las tres partes rechaza el documento, Estados Unidos adoptará sanciones específicas en su contra.

 

Fuente: Público.

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