
Por Rami Abou Jamous, Gaza.
Mucha gente me pide mi opinión, y la de los palestinos de Gaza, sobre el reconocimiento del Estado palestino por parte del Reino Unido, Canadá y Australia, y luego por parte de Francia. ¿La opinión de los palestinos de Gaza? Se ahogan en el sufrimiento. Las y los habitantes de Gaza ni siquiera pueden sacar la cabeza de este ahogamiento para entender lo que sucede a su alrededor. Ni siquiera saben que los países occidentales han reconocido a un Estado palestino.
Y si lo supieran, probablemente no les importaría. Miles de personas intentan huir y encontrar refugio, bajo los bombardeos, en medio de masacres que no se detienen. Familias enteras se están ahogando en el sufrimiento de la pobreza. La gente ya no tiene dinero. Venden las joyas de sus mujeres. Todos venden sus bienes. Simplemente para pagar su huida. ¿Para ir a dónde? Ni siquiera lo saben.
Nunca se ha visto esto: pagar miles de dólares para terminar en la calle. Este hundimiento en la degradación asciende a unos 5.000 dólares (unos 4.240 euros), para el transporte, el alquiler de un terreno en el sur y la compra de una tienda de campaña o una lona. Muchas personas comparten el alquiler de un camión, hasta seis familias por vehículo. Lo que equivale a decir que solo pueden llevarse lo mínimo.
Quienes se van huyen hacia la muerte
Chadli, mi vecino del undécimo piso, quería llevarse todo. Cuando los israelíes comenzaron a bombardear las torres, se fue al sur con toda su familia y todas sus pertenencias: camas, muebles… Incluso las puertas, para hacer leña. El transporte en camión le costó una fortuna. Tuvo la suerte de haber encontrado un apartamento en una residencia, los edificios de Aïn Jalout, junto a Nusseirat.
Una hora después de su llegada, recibieron por teléfono la orden de evacuar. Y el edificio fue bombardeado. Afortunadamente, Chadli estaba instalado en el primer piso, y solo los pisos superiores fueron destruidos. Se quedó en su apartamento, que sin embargo sufrió muchos daños. Ahora está buscando otro lugar de retirada. Sin éxito hasta ahora. Hace poco hablé con su mujer por teléfono. Ella me dijo: “No tenemos otra opción, nos quedaremos aquí esperando. No sabemos qué hacer después, y no tenemos a dónde ir”.
Este ejemplo muestra que no hay ningún lugar seguro en la Franja de Gaza. Quienes se van huyen hacia la muerte. Las únicas opciones son el momento y la forma de morir. Muchos otros huyen hacia el sur a pie, asustados, en pánico, porque no han encontrado ni camión ni dónde instalarse. Estamos ahogados en esta muerte lenta y silenciosa. Reconocer a un Estado palestino es reconocer a alguien que se está muriendo. Te dicen “Ahí tienes, te reconocemos, ahora puedes apagarte tranquilamente. Puedes apagarte estando orgulloso, porque al final, 70 años después, te reconocemos”. Es realmente lo peor que se puede escuchar: “te llamas Palestina, te hacemos una hermosa ceremonia de despedida, puedes desaparecer”.
El ocupado está desapareciendo
Hasta ahora estos países occidentales reconocían al ocupante, pero no al ocupado. Es bueno reconocer por fin al ocupado, pero el ocupado está desapareciendo y no hacen nada para evitarlo. Saben que estamos muriendo, siendo deportados, porque incluso el propio ocupante lo afirma abiertamente. Francia y los demás saben que está en marcha un genocidio, pero se contentan con “reconocernos”. Puedes irte ahora, porque no haremos nada para evitar tu muerte.
Las y los habitantes de Gaza, por su parte, solo piensan en sobrevivir un día más. En los últimos días la huida hacia el sur no ha cesado. Oleadas de camiones pasan por las calles de Gaza. Su carga supera los tres o cuatro metros de altura, lo que a veces explica los cortes de Internet: arrancan regularmente los cables tendidos de un borde a otro de la carretera. Tras la apertura durante 48 horas del eje principal norte-sur, la carretera Salah al Din, los bombardeos se reanudaron al este y al sur de la ciudad. Gaza se está vaciando poco a poco.
Hace un momento los israelíes han lanzado folletos justo al lado de mi casa, cerca de la rotonda de Ansar. Nos ordenan ir hacia el sur. Mucha gente quiere irse, pero no tiene los medios. Otros tienen los medios pero no quieren irse. A menudo, quienes quieren quedarse ya han experimentado el movimiento y la vida en tienda de campaña, y saben lo horrible que es. Por el contrario, muchos de quienes quieren irse son los que han permanecido en la ciudad de Gaza desde el principio y no pueden imaginar lo que les espera. En el sur, ya no hay ningún lugar libre.
Todavía ayer no había tropas israelíes en tierra en mi entorno. Pero barrios enteros se vacían bajo los disparos de los cuadricópteros, los drones armados que apuntan a la gente, y que a menudo preceden a los bombardeos masivos. También están los vehículos blindados controlados a distancia, vehículos transformados en bombas rodantes, que explotan por todas partes. El primer objetivo son siempre los lugares que albergan a personas desplazadas, escuelas o campamentos improvisados.
La brújula del barrio
Estos últimos días las masacres han continuado en los barrios de Chati Nord y Sabra, entre otros. Familias enteras murieron en el bombardeo de su casa, ya sea en la ciudad de Gaza o en el sur. Mi familia y yo seguimos en casa, en nuestra torre. A nuestro alrededor, la gente duda. Y llegamos a lo que temía: me he convertido en una especie de brújula del barrio. Todo el mundo me pregunta: ¿te quedas o te vas?
Sé que si me quedo, muchos se quedarán. Si me voy, muchos se irán. Es una responsabilidad demasiado pesada. No quiero que la gente se quede en casa solo porque no me muevo y llevar el peso de lo que podría pasarles.
Muchos de los que se fueron al sur fueron asesinados, masacrados allí. No hay una “zona humanitaria” en el sur como afirman los israelíes. Utilizan mucha más fuerza de lo habitual, con el objetivo de trasladar a todo el mundo, para deportarnos al extranjero. Por el momento, no sé cómo evolucionará la situación, no tengo ni idea. Solo espero que todo esto se detenga.
23/09/2025
Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en la ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su esposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de tres años, bajo la amenaza del ejército israelí. Se refugiaron en Rafah, luego en Deir El-Balah y más tarde en Nusseirat. Un mes y medio después del anuncio del alto el fuego de enero de 2025, roto por Israel el 18 de marzo, Rami regresó a casa con Sabah, Walid y el recién nacido Ramzi. Por este diario de a bordo, Rami recibió el premio a la prensa escrita y el premio Ouest-France al Premio Bayeux para los corresponsales de guerra. Este espacio está dedicado a él desde el 28 de febrero de 2024 Red. De Orient XXI. (se pueden leer los artículos de Rami en https://vientosur.info/author/jamous/)
Traducción: Faustino Eguberri.
Fuentes:
https://vientosur.info/reconocer-un-estado-palestino-es-reconocer-a-alguien-que-esta-muriendo/
Foto: Franja de Gaza, 13 de septiembre de 2025. Los palestinos desplazados que evacuan la ciudad de Gaza hacia el sur se desplazan a pie y en vehículo a lo largo de la carretera costera en Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza. Eyad Baba / AFP