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Manifestación Tarjeta Roja a Israel – Gijón

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El objetivo de la protesta no es, y nunca lo fue, entorpecer ni obstaculizar el desarrollo de un encuentro de fútbol o perjudicar a jugadores y técnicos en su faceta deportiva.

La movilización se basa en cuestionar la presencia de la selección de Israel en competiciones deportivas europeas y del campeonato del mundo, y por tanto lo inadecuado de su presencia en Gijón, en tanto que esta representa internacionalmente al Estado de Israel, el cual esta misma semana ha sido declarado por la ONU como un régimen que practica el apartheid y que se sustancia en la violación sistemática de los derechos humanos del pueblo palestino.

Todos los actos y acciones de protesta organizados hasta la disputa del partido bajo el lema “Alto al Juego Sucio, Tarjeta Roja al Apartheid Israelí” son legales y rechazan expresamente cualquier comportamiento que incite a la violencia. Invocan el derecho a la manifestación pacífica que recoge el ordenamiento legal vigente, respetando la normativa que recoge la Ley del Deporte en cuanto a la distancia mínima para este tipo de manifestación ante eventos deportivos.

La manifestación se circunscribirá a denunciar la ocupación de Palestina, la defensa de los derechos humanos de la población, a la condena de las políticas racistas del Estado de Israel y en particular a reclamar el derecho a practicar deporte libremente y sin trabas del pueblo palestino, como parte inherente de su desarrollo personal y colectivo.

La organización de la movilización repudia y condena cualquier incitación a la discriminación que invoque una ideología de carácter neonazi, sionista, fascista, antisemita, racista, xenófoba, sexista, imperialista, de extrema derecha o que fomente el odio entre diferentes culturas, naciones y pueblos por motivos étnicos o religiosos. Ante cualquier indicio de este tipo de conductas y provocación que hubiere por parte de grupos sionistas o extremistas de derecha se informará a la autoridad encargada de las fuerzas de seguridad para que intervenga aislando a dichos individuos.

En ningún momento se intentará persuadir a las personas que quieran asistir al partido de que no lo hagan, todo lo contrario se informará sobre los motivos de la convocatoria y se animará a sacar Tarjeta Roja a dicha selección como acto que simboliza el rechazo a los crímenes de odio que comete el Estado sionista, cuyos tres rasgos principales son la ocupación del territorio y la expulsión de sus habitantes, la colonización de asentamientos ilegales y la segregación.

La campaña Tarjeta Roja a Israel, Israel Fuera de la FIFA, reivindica el derecho a la desobediencia pacífica y el derecho a boicotear las políticas de apartheid, en el sentido del llamamiento de las organizaciones de la sociedad civil palestina, Boicot, Sanciones y Desinversiones a Israel, elevado a la opinión pública mundial con motivo de la condena a Israel del tribunal penal internacional de La Haya en 2005 por la construcción de un muro de separación y desposesión en los territorios ocupados.

Esta campaña responde a las tres demandas históricas del pueblo palestino para alcanzar un acuerdo pacífico que ponga fin a la opresión que padece desde 1948: el derecho al retorno de los refugiados, fin de la ocupación y capitalidad en Jerusalén este.

Se resalta que dicha campaña se dirige a denunciar a las instituciones que sostienen, protegen y financian a dicho régimen opresor y boicotean todos los esfuerzos a lo largo de años para conseguir un acuerdo que ponga fin a esta realidad injusta en los términos de las resoluciones internacionales.

Por último se subraya el carácter universalista e inspirado en el Derecho del movimiento de solidaridad internacional con Palestina, su énfasis en promover un perfil no excluyente de dicho movimiento, no infiltrada por ninguna de las conductas racistas ya descritas, y que a este esfuerzo se suman ciudadanos y ciudadanas de diferentes orígenes, países y credos, incluyendo a numerosas personas de origen judío que rechazan la ideología sionista.

BDS Asturias

iPad en el avión

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noipad04152010Por Joan Cañete Bayle.

Lo llaman seguridad, pero no lo es. Decisiones como la de prohibir que ciertos pasajeros (los que embarcan desde una serie de países de Oriente Próximo y África con vuelos directos a Estados Unidos o el Reino Unido) suban a aviones con dispositivos electrónicos no es una medida de seguridad. Es, dejando de lado proteccionismo comercial para ayudar a las aerolíneas estadounidenses, una flagrante forma de discriminación. Y otras cosas más:

— Es islamofobia. La prohibición parte del concepto de que todos los musulmanes son culpables hasta que demuestren lo contrario, que todos son terroristas en potencia. Y lo son no por cuestiones económicas, políticas o sociales, sino religiosas, porque se erige islam y yihadismo como una especie de sinónimos.

— Es supremacista. La civilización occidental tiene unos valores superiores a los orientales (liberad, democracia, capitalismo, bienestar) que el yihadismo quiere destruir. No hay motivos para el terrorismo, no existen ni las guerras, ni el racismo, ni el expolio de recursos naturales, ni el fallido proceso de integración, ni las humillaciones, ni el sentirse señalado y acusado y estigmatizado por motivos identitarios. El único motivo por el que existe el yihadismo es atacar los valores supremos de Occidente (“judecristianos”, por citar a Steve Bannon). Es envidia, rabia y odio lo que mueve al yihadismo y aquí conviene recordar el  anterior punto: islam y yihadismo son prácticamente sinónimos. Un copiloto de unas aerolíneas alemanas puede estrellar un avión contra una cordillera por problemas mentales; un chaval estadounidense blanco y cristiano puede matar a decenas de compañeros en un instituto porque la violencia de Hollywood y de los videojuegos lo han enajenado; pero un musulmán siempre cometerá actos de violencia por motivos religiosos.

— Es paternalista. Porque el problema son las aerolíneas que salen de unos países determinados. Si un musulmán llega a Estados Unidos, por decir algo, desde Madrid, se le permitirá volar con dispositivos electrónicos porque, pese a ser musulmán, de las medidas de seguridad de algunos países nos fiamos y de las de otros, no. Porque se pueden hacer todos los negocios del mundo con Arabia Saudí, se le puede financiar, se puede apoyar a la dictadura de Al Sisi en Egipto y se puede convertir en un Estado fallido a Irak y llenarlo de contratistas a lo Hulliburton, pero en el fondo nunca te puedes fiar de un país árabe o musulmán aunque sea aliado. Porque aunque sus gobernantes sátrapas te ayuden, su población… ¡ay!, su población.

— Es racista. Porque promueve el miedo (y todo lo que le sigue: odio, rechazo, intolerancia…) al otro, al diferente, al que no es del mismo color que nosotros, al que no reza según el mismo libro. Da igual que muchos países musulmanes no entren dentro de la prohibición decidida, ante la opinión pública la estigmatización y la generalización funcionan igual.

— Es contraproducente. El yihadismo es ante todo una idea que se nutre de su propio proceso, por decirlo en términos post-modernos, de post-verdad. Millones de musulmanes se sienten hoy señalados como enemigos, y un puñado de ellos, una proporción muy pequeña, habrán recibido el último empujón para convertirse de verdad en un enemigo. Tan solo hace falta un lobo solitario para cometer una matanza.

— Es inútil. Porque lo único que tienen que hacer los aspirantes a yihadistas es volar con otras aerolíneas. Porque la seguridad absoluta no existe.

— Es una medida de control. Porque atemoriza a las sociedades occidentales, las prepara para seguir perdiendo batallas en la guerra entre seguridad y libertades. Primero se lo hacen a ellos, después nos lo harán a nosotros.

Y es indecente. Y encima lo hacen en nuestro nombre.

@jcbayle

Fuente: Décima Avenida.

“El racismo y la discriminación racial son la antítesis de la libertad, la justicia y la igualdad”

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BDS

El movimiento global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) por la libertad, la justicia y la igualdad del pueblo palestino es un movimiento de derechos humanos incluyente y noviolento que rechaza todas las formas de racismo y discriminación racial. El movimiento es liderado por el Comité Nacional Palestino de BDS (BNC), la mayor coalición de partidos políticos palestinos, sindicatos y agrupaciones profesionales,  redes de personas refugiadas, comités populares y organizaciones sociales.

La llamada de la sociedad civil palestina al BDS en 2005, que pide poner fin a las violaciones flagrantes por parte Israel del derecho internacional para salvaguardar los derechos humanos del pueblo palestino, está anclada en los principios recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La Declaración estipula, “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” y que todo el mundo tiene derecho a los derechos y libertades fundamentales “sin distinción de ningún tipo, como raza, color, sexo, idioma, religión, política u otra opinión, origen nacional o social, propiedad, nacimiento o cualquier otra condición.”

Fundamentados en estos principios y en el compromiso del movimiento BDS por la igualdad de derechos de cada ser humano, independientemente de su identidad, estamos firmemente en contra de las ideologías políticas, leyes, normas y prácticas que promuevan el racismo. Rechazamos el sionismo por constituir el pilar ideológico racista y discriminatorio del régimen de Israel, de la ocupación, el colonialismo y el apartheid que ha privado al pueblo palestino de sus derechos humanos fundamentales desde 1948.

Adhiriéndose a la definición de las Naciones Unidas de la Discriminación Racial, el movimiento BDS no tolera ningún acto o discurso que adopte o promueva, entre otros, racismo contra los negros, racismo anti-árabe, islamofobia, antisemitismo, sexismo, xenofobia u homofobia.

Condenamos enérgicamente el apartheid, el genocidio, la esclavitud, la explotación colonial y la limpieza étnica, que son crímenes contra la humanidad fundamentados sobre el racismo y la supremacía racial, y reclamamos el derecho de sus víctimas, incluyendo a sus descendientes, a la reparación integral. Igualmente condenamos y nos solidarizamos con las víctimas de otras violaciones de derechos humanos, como la trata de seres humanos, la explotación de trabajadores y trabajadoras y la explotación sexual.

Guiados por el programa inclusivo de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en 2001 en Durban, Sudáfrica, los principios del movimiento BDS incluyen los valores de la diversidad cultural, solidaridad y apoyo mutuo entre las víctimas de racismo y discriminación racial.

Basándonos en estos valores manifestamos nuestra solidaridad con las personas de ascendencia africana, indígenas, gente sin tierra, refugiadas y migrantes, personas explotadas y oprimidas por el avance económico de unos pocos, así como con aquellas personas discriminadas y perseguidas por sus creencias o identidades, incluyendo la casta. Defendemos  sus respectivas luchas por una justicia social racial, económica, de género y ambiental.

Extendemos nuestro apoyo a todas las comunidades marginadas, entre otras las comunidades árabes, negras, indígenas, musulmanas, judías, asiáticas, latinas, romaní y dalit, que son los objetivos de los movimientos racistas, xenófobos y de extrema derecha que crecen o se acercan al poder, particularmente en los Estados Unidos, Europa, América del Sur, India y otros muchos lugares del mundo.

También nos solidarizamos con las luchas de las minorías en el mundo árabe contra el racismo y la discriminación racial, por la justicia y la plena igualdad.

Los principios del movimiento BDS llaman a la solidaridad proactiva con las comunidades oprimidas en todo el mundo y con todas las víctimas de actos racistas y su retórica, ya que la nuestra es una causa común. Apoyamos su resistencia, en armonía con el derecho internacional, contra la intolerancia y las ideologías y practicas racistas

El racismo y la discriminación racial son la antítesis de la libertad, la justicia y la igualdad.

Fuente: Boicot Israel.

Carta de dimisión de Rima Jalaf, jefa de la Comisión Económica y Social para Asia Occidental de las Naciones Unidas

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Movimiento de BDS en México

Rima Jalaf
Hace unos días una comisión de la ONU publicó un informe que declaraba sin ninguna duda que Israel comete crimen de Apartheid contra la población Palestina.

Ese informe desató la histeria en Israel y sus aliados, que ordenaron al “socialista” Secretario General de la ONU Antonio Guterres que eliminase el informe. Dicho y hecho, el informe ha sido eliminado de la web de la ONU, y la responsable de la comisión que elaboró el informe, Rima Khalaf, ha dimitido en protesta.

Otro de los firmantes de ese informe censurado es el relator de la ONU para los DDHH, Richard Falk.

Quien quiera leer el informe puede hacerlo aquí: https://electronicintifada.net/blogs/ali-abunimah/un-official-resigns-after-pressure-withdraw-israel-apartheid-report

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Esta es la carta de dimisión de Rima a Guterres, enorme dignidad por su parte:

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Carta de dimisión de Rima Jalaf, jefa de la Comisión Económica y Social para Asia Occidental de las Naciones Unidas

Estimado señor secretario general

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Palestina. Histórico informe de la ONU respalda el Boicot a Israel

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end-israeli-apartheid.jpgNuevo informe de la ONU concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto” y pide un amplio apoyo al Movimiento de Boicot. Foto: Ryan Rodrick Beiler, ActiveStills

Por Ali Abunimah.

Un nuevo informe de la ONU ofrece un apoyo explícito a la campaña dirigida por palestinos Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) para poner fin al Apartheid de Israel y apoyar una paz justa.

El histórico informe de respaldo al boicot, sanciones económicas y otras iniciativas de base se produce en un momento en que Israel está tratando desesperadamente de criminalizar y reprimir el apoyo internacional a los derechos de los palestinos.

Publicado por la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (Cespao) de las Naciones Unidas, el informe concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto”.

Se encuentra “más allá de una duda razonable de que Israel es culpable de las políticas y prácticas que constituyen los crímenes de apartheid” tal como se define en el derecho internacional.

Se insta a los gobiernos nacionales a “apoyar las actividades de boicot, desinversión y sanciones y responder positivamente a las peticiones de este tipo de iniciativas”.

Régimen Racial

El informe de la ONU indica que “las prácticas israelíes contra el pueblo palestino y la cuestión del apartheid”  no es una comparación entre Israel y el apartheid de Sudáfrica, sino una evaluación de las prácticas de Israel contra la  Convención Internacional de 1973 sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid y otras leyes fundamentales de derechos humanos.

La Convención define el crimen de apartheid como “actos inhumanos cometidos con el propósito de establecer y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial de personas y de oprimirlo sistemáticamente”.

El derecho internacional define la discriminación racial como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen étnico o nacional”, señala el informe.

El movimiento sionista “reclamó a Palestina como la patria exclusiva del pueblo judío basado en una concepción racial expresamente de ambos grupos”, indica el informe. “Esto significa que los judíos y los palestinos son “grupos raciales” a efectos de la aplicación de la Convención sobre el Apartheid.

“La misión de preservar a Israel como un Estado judío ha inspirado o incluso obligado a Israel a seguir varias políticas raciales generales”, dice el informe.

Estos incluyen la “ingeniería demográfica, con el fin de establecer y mantener una abrumadora mayoría judía en Israel.”

Esto abarca la limpieza étnica de casi 800.000 palestinos en 1948, la negación del derecho de retorno de los refugiados palestinos y “una serie de políticas destinadas a limitar el tamaño de la población palestina”.

A pesar de que pueden votar, los derechos de los ciudadanos palestinos en Israel, una quinta parte de los ciudadanos del Estado,  también están restringidos de forma sistemática, mientras que los derechos completos sólo se les conceden a los judíos.

Mientras tanto, en Israel la discriminatoria “Ley del Retorno” concede automáticamente la ciudadanía a los judíos desde cualquier parte del mundo, “mientras  que niega la ciudadanía, incluso a aquellos palestinos que tienen una historia documentada de residencia en el país”.

Simulacro de democracia

“Al igual que en cualquier democracia racial”, sostiene el informe, “la mayoría de este tipo permite la parafernalia de la democracia: elecciones democráticas, una legislatura firme, sin amenazar la pérdida de la hegemonía por el grupo racial dominante”.

En una clara ilustración de la lógica racial propugnada por el liderazgo de Israel, el ministro de defensa del país, Avigdor Lieberman, esta semana reiteró la opinión de que el Estado judío con el tiempo debe ser limpiado étnicamente de prácticamente todos los palestinos.

“No hay ninguna razón por la cual el jeque Sheikh Raed Salah, Ayman Odeh, Basel Ghattas o Haneen Zoabi  deban seguir siendo ciudadanos israelíes”, señaló en referencia a los prominentes políticos palestinos, tres de ellos miembros del Parlamento israelí, la Knesset.

Israel prohíbe a alguien usar su sistema en apariencia democrático para desafiar la estructuración fundamentalmente racista del régimen. Su Ley Fundamental, lo más cercano que Israel tiene a una Constitución escrita, impide que los partidos se lancen en una plataforma que explícitamente o implícitamente incluya “la negación de la existencia del Estado Israel como un estado judío y democrático”.

“Los derechos de voto pierden su importancia en términos de igualdad de derechos cuando un grupo racial está prohibido legalmente de impugnar las leyes que perpetúan la desigualdad”, indica el informe. “La ley israelí prohíbe una organización palestina en oposición a la dominación judía, lo que hace que sea ilegal e incluso sedicioso”.

Este no es el primer análisis para encontrar que las políticas israelíes cumplen con la definición legal del apartheid: un estudio realizado en 2009 por el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Sudáfrica llegó a la conclusión de que Israel practica el apartheid en Cisjordania y la Franja de Gaza.

Pero el nuevo estudio de la ONU va mucho más allá al encontrar que el sistema de apartheid de Israel domina a todo el pueblo palestino. Se llega a la conclusión de que la “fragmentación estratégica” de la población palestina en unidades territoriales separadas y regímenes jurídicos, como ciudadanos con derechos limitados dentro de Israel, como apátridas en Cisjordania y Gaza, como “residentes permanentes” en Jerusalén Este, o como refugiados y exiliados sin derecho de retorno, “es el método principal por el cual Israel impone un régimen de apartheid”.

El estudio de 2009 fue supervisado por la politóloga Virginia Tilley. Tilley y el eminente profesor de derecho internacional Richard Falk, son coautores del nuevo informe de la ONU.

Finalización de una “empresa criminal”

Los gobiernos tienen la obligación legal de actuar de inmediato para poner fin al crimen de apartheid. Esto incluye negarse a reconocer un régimen de apartheid como lícito, negándose a ayudar a un Estado en el mantenimiento de un régimen de este tipo y que coopera con los órganos de las Naciones Unidas y otros Estados para poner fin al mismo.

El informe insta a los organismos de la ONU a actuar, e incluso sugiere buscar una opinión formal de la Corte Internacional de Justicia en el sistema de apartheid de Israel. Los gobiernos nacionales también deben respaldar al BDS y permitir que “la persecución penal de los funcionarios israelíes demostrablemente relacionados con las prácticas de apartheid”.

Pero dado que los Estados y los organismos oficiales no son propensos a tomar la iniciativa, el informe reconoce que “las instituciones de la sociedad civil y los individuos tienen el deber moral de utilizar los instrumentos a su disposición para crear conciencia de esta empresa criminal en curso”.

Se deben utilizar estas herramientas para “ejercer presión sobre Israel para desmantelar las estructuras del apartheid y negociar de buena fe para para alcanzar una paz duradera que reconozca los derechos de los palestinos bajo la ley internacional y hacer posible que los dos pueblos vivan juntos sobre la base de la igualdad real”.

Movimiento transnacional

Recordando una época anterior, el informe señala que la investigación y el análisis jurídico de los órganos de las Naciones Unidas, tales como el Centro de las Naciones Unidas contra el Apartheid, fueron recursos importantes para los activistas de la sociedad civil en sus esfuerzos encaminados a “legitimar el boicot, desinversiones y sanciones, y contribuir a la formación general de un movimiento internacional contra el apartheid en Sudáfrica”.

Uno de los objetivos clave del informe de hoy es fomentar “la adopción de medidas prácticas en conformidad con el derecho internacional para ejercer presión sobre Israel a desmantelar su régimen de apartheid”.

“Se deben hacer esfuerzos para ampliar el apoyo a las iniciativas de boicot, desinversión y sanciones entre los actores de la sociedad civil”, recomienda el informe.

Empresas del sector privado deben ser “recordadas de su responsabilidad legal, moral y política para romper los lazos con empresas comerciales y proyectos que directa o indirectamente ayudan y apoyan el régimen del apartheid”.

Todo esto confirma el razonamiento y las tácticas del movimiento palestino BDS, que ha sido apoyado incluso la incondicionalmente pro-Israel, Unión Europea, que ha reconocido finalmente como un derecho democrático.

Ver informe aquí

Acerca del autor: Ali Abunimah es activista del BDS, además es cofundador de The Electronic Intifada y autor de One Country: A Bold-Proposal to End the Israeli-Palestinian. Sus opiniones en Twitter y en Facebook.

Fuente: Landmark UN report backs Israel boycott

Fuente: Ali Abunimah, The Electronic Intifada / Traducción: Palestinalibre.org

Assaf Harel, ¿un monólogo para despertar a la sociedad israelí?

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A continuación se muestra un video cuyo contenido no sorprendería en absoluto a muchos observadores internacionales y que, sin embargo, ha tenido un impacto relativamente importante sobre la sociedad israelí; aunque solo sea temporal o anecdótico.

Estamos hablando de Assaf Harel, un cómico israelí que hace pocos despedía su “late night show” – Good Night en ‘Channel 10’ – con un monólogo casi demoledor. Y digo ‘casi’ demoledor por dos motivos.

Primero, el argumento central del monólogo es algo que se viene diciendo durante las últimas décadas: el estado israelí aplica un extensivo sistema de apartheid sobre Palestina. El segundo motivo, quizás el más problemático, es que el argumentario de Assaf Harel es el mismo que el de un sionista liberal. Es decir, en principio el cómico israelí es partidario de una solucion “dos-estados” por aquello del coste humano y financiero que la ocupación supone para los soldados y el herario israelí respectivamente. Esto último es quizás un táctica para intentar ganar adeptos, pero ya se ha visto en multitud de ocasiones que el sionismo liberal también acaba en un callejón sin salida: subyugando la liberación de Palestina a los intereses israelíes.

A pesar de todo, lo novedoso del asunto es algo tan simple como que un israelí ha reconocido públicamente un sistema de apartheid y ocupación sobre Palestina. Es cierto que el programa no contaba con una gran audiencia y por tanto no fue renovado. Pero las hemerotecas y redes sociales siguen aquí.

Hay que recordar que en la sociedad israelí, quienes usan los términos “apartheid” y “ocupación” son la minoría de la minoría, y no es que sean de agrado para los grandes medios. Estos vocablos en ocasiones surgen cuando hay un “internacional” entre un grupo de israelíes, que escuchan atónitos y pesadumbrados cómo destruyen la narrativa de la democracia sionista. Finalmente Assaf también reconoce, aunque de manera indirecta, que la resistencia palestina – en este caso las Intifadas – fueron las que dotaron de cierto capital político a las facciones palestinas para negociar los Acuerdos de Oslo; independientemente del resultado de dicha negociación.

Assaf Harel se convierte por tanto en una especie de quinta columna que intenta salvar a la sociedad israelí de la locura sionista. La intención es buena, el análisis debatible. Assaf podría haber intentado cantar un ‘bingo’ si hubiera incluído el término “genocidio”, pero tampoco queríamos hacer fibrilar al paciente… ¿O sí?

Fuente: Disparamag.

El apoyo cultural es el gran pilar de distopía del apartheid en Palestina

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Hotel de Banksy con vista al muro que separa Belén. Foto: Dusan Vranic/AP

Por Sergio Yahni.*

El famoso y anónimo grafitero Banksy abre un hotel adyacente al muro del apartheid en la ciudad palestina de Belén invocando la ocupación israelí para crear un artefacto a la moda de voces que han adoptado la distopía como una realidad cotidiana.

Claro, no cualquiera se puede dar el lujo de tomar un Gin Tonic en un hotel de estilo colonial inglés frente al muro de separación. Para eso es necesario estar dispuesto a pagar 300 dólares por noche. Para los mochileros idealistas el precio sería de 30 dólares en una habitación compartida entre seis. No son precios fuera de lo normal, es casi lo mismo que se pagaría en cualquier otro hotel de la ciudad, pero ningún otro hotel hace de la ocupación una mercancía.

El Walled Off Hotel de Banksy marcha a la par de los tiempos contribuyendo a establecer un nuevo sentido de normalidad.

“¿Funciona el boicot cultural contra Israel? se pregunta Itai Stern en el matutino Haaretz respondiendo que el boicot cultural se derrumbó cuando los artistas vieron que no perdían cantando en Tel Aviv. Algo parecido ocurrió cuando Ann Margaret, la cantante que se hizo famosa amenizando la presencia de los soldados norteamericanos en Vietnam, se convirtió en líder moral en una cultura que prefería sus amaneceres con olor a Napalm y realmente es indiferente, siempre y cuando la dejen sentirse normal.

Banksy no denuncia la ocupación. Ésta se normaliza invitando a los israelíes a pasar la noche en el “hotel con la peor vista del mundo”. Visto así, Stern podría escribir en Haarez, el periódico liberal de Israel, que Roger Waters, el vocalista de Pink Floyd, se ha quedado solo en su denuncia.

La normalización de la distopía sionista cuenta con que la percepción de la dignidad humana por parte de los artistas sea limitada, o, por lo menos, concebida como un envoltorio de puro marketing. Alternativamente, sería suficiente que no se utilicen los escenarios para defenderla.

Esta situación provoca que Tel Aviv puede presentarse como una ciudad global a orillas del Mediterráneo donde se ha descriminalizado la marihuana olvidándose de que la ocupación y el apartheid realmente existen.

Ya han pasado casi dos años desde que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaro nulos los acuerdos de Oslo. Ahora, el gobierno israelí ha dado un paso adelante reintroduciendo políticas de colonización y preparándose para regularizar la primera colonia desde los años 90.

No se trata de que Israel no haya construido colonias en los últimos 27 años, sino que estas se creaban con un estatus anormal, no reconocido y siempre precario frente a los vaivenes políticos. En esta nueva realidad las colonias se normalizan – lo que significa que algunas, como Amona, por ejemplo, dejan de existir en cierto lugar solamente para ser reconstruidas, ya con un estatus legal, en otro. Hay quienes razonan que todas las colonias son ilegales, pero en la política internacional la idea de los dos Estados presume asimilar los hechos consumados a los mapas del futuro.

Israel negocia frente a la Unión Europea qué tipo de proporción de las colonias se legalizaría o, por lo menos, cuántas serían aceptables como beneficiarias de fondos en acuerdos bilaterales. Las fórmulas son técnicas, complejas y responden contradictoriamente a directivas que en sí habían sido ideadas para hacer difícil comprender que hace la burocracia con los fondos públicos.

Este ímpetu normalizador nos señala el valor subversivo del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) que rompe con la solidaridad cosificada, con la subalterna actitud de aceptar dictados y directivas burocráticas. El BDS demanda responsabilidades a quienes se transforman en cómplices y empantana burocracias que prefieren declaraciones vagas y denuncias inermes.

Tal y como se ven las cosas, el 2017, el año en que Israel cree haber vencido al BDS, no será solamente el año de la construcción de nuevas colonias, sino que será un año donde se haga hincapié en las restricciones impuestas sobre los palestinos. Sobre todo en las restricciones en el derecho de los palestinos a vivir en Jerusalén. Ya sea a no perder su derecho a residencia como a construir libremente su hogar.

Tel Aviv pretende minar el compromiso del BDS escondiendo el apartheid tras una cortina de humo recientemente legalizado. Los “compromisos constructivos” propuestos por artistas que prefieren cantar su hipocresía en el Park Hayarkon de Tel Aviv critican levemente los excesos de la ocupación sin denunciar el régimen de apartheid normalizando un pequeño espacio distópico.

Pero nosotros rechazamos normalizar la distopía, cosificar el apartheid. Lo hacemos porque todavía creemos que otro mundo es posible.

distopía

1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.


* Periodista israelí, co-Director del Centro de Información Alternativa (AIC), una organización mixta que promueve la corresistencia a través de la lucha conjunta entre palestinos e israelíes.

 

Fuente: Público.es