Récord de demoliciones israelíes contra propiedades palestinas en 2016

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Resumen Medio Oriente/Notas, 1 de diciembre de 2016 La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por su sigla en inglés), sustituyó en 1998 al Departamento de Asuntos Humanitarios y es el brazo de la Secretaría de Naciones Unidas para movilizar y coordinar la ayuda humanitaria ante una emergencia. Desde 2009 viene llevando un registro de las “estructuras” (casas, galpones, escuelas, hospitales, etc.) palestinas que son demolidas por Israel, directamente a través de las fuerzas armadas u obligando a los moradores palestinos a hacerlo con sus propias manos.

El informe dado a conocer el 11 de noviembre confirma que la tasa de demoliciones de 2016 es las más alta desde que la OCHA lleva registro. Durante septiembre y octubre de 2016 las autoridades israelíes confiscaron, demolieron o forzaron a palestinos a demoler 155 estructuras en Cisjordania, lo que desplazó a 240 personas (la mitad de ellos niños) y afectó a más de 350 personas. Excepto en dos casos, el resto de los incidentes se justificaron por la no emisión de permisos de construcción por parte de Israel, permisos que son casi imposibles de obtener para un ciudadano palestino.

A pesar de que el número de estructuras atacadas durante septiembre y octubre es un 25% más bajo que el promedio mensual entre enero y agosto, el acumulado en lo que va de 2016 es un 80% más alto que el de 2015 y, por una importante diferencia, el más alto registrado por la OCHA, dando cuenta no sólo de una política sostenida de ataque contra la población palestina sino de una intensificación de la violencia en este año. Y todavía faltan los registros de noviembre y diciembre.

El informe señala que alrededor de un 84% de las estructuras afectadas (130) se encontraban en 21 comunidades parcial o totalmente localizadas en el Área C, la división más grande de los territorios ocupados, que comprende el 60% de de Cisjordania y se encuentra bajo total control militar israelí. Luego se detalla que las comunidades más severamente afectadas fueron tres comunidades de beduinos palestinos o comunidades pastoriles del norte del valle del Jordán: Khirbet ar Ras al Ahmar, Al’Aqaba y Kirbet Tell el Himma. Allí se contabilizaron 66 estructuras atacadas.

“Al’Aqaba también fue expuesta a un fuego sostenido por parte de las áreas residenciales durante dos días, mientras que un ejercicio de la milicia israelí se llevaba adelante en las inmediaciones sin que mediara aviso previo alguno”, se detalla. Y agrega que también los residentes de la comunidad vecina, Humsa al Bqai’a, fueron temporalmente desplazados de sus hogares por tres días en el mes, durante varias horas al día, por entrenamientos militares de Israel. El informe concluye al respecto que “junto con las demoliciones y restricciones de acceso, estos ejercicios contribuyen a crear un ambiente coercitivo en Cisjordania que agrega presión a las comunidades para abandonar sus actuales lugares de residencia”.

Treinta estructuras fueron demolidas o confiscadas en otras cuatro comunidades beduinas atacadas durante los pasados dos meses en la periferia de Jerusalén, cercanas o vecinas al área destinada al proyecto de expansión de asentamientos E1. El informe de la OCHA confirma que “éstas se cuentan entre las 46 comunidades beduinas en la parte central de Cisjordania que se encuentran en riesgo de transferencia forzada como resultado de un ‘plan de relocalización’ anticipado por las autoridades israelíes”.

Como muestra del desprecio israelí a los derechos humanos palestinos, un tercio de las estructuras atacadas habían sido provistas como asistencia humanitaria a través de donaciones internacionales o del mismo Estado palestino. Estos 278 ataques implican un aumento del 150% respecto del año pasado.

Finalmente, se constata que otras 23 estructuras palestinas demolidas en septiembre y octubre se ubicaban dentro de los límites definidos por Israel para la municipalidad de Jerusalén. En todos los casos excepto uno se trataba de viviendas (111 personas fueron desplazadas). Seis de estas casas fueron demolidas por sus dueños luego de recibir la orden final de demolición por parte de las autoridades israelíes.

También en Jerusalén Este la policía israelí desalojó por la fuerza a una familia palestina de ocho miembros de una casa en la Ciudad Vieja, en la que habían estado alquilando desde 1930 y se la entregaron a una organización de colonos israelíes que supuestamente la había comprado. En los subsiguientes procedimientos legales en las cortes israelíes, la familia intentó desafiar sin éxito la orden de desalojo alegando un status de “inquilino protegido”.

“Un ejercicio de mapeo realizado por OCHA indica que por lo menos 180 propietarios palestinos en Jerusalén Este tienen iniciados procesos de desalojo en su contra. La mayoría de los casos fueron iniciados por organizaciones israelíes de colonos basándose en reclamos de propiedad, así como en planteos de que los residentes ya no eran ‘inquilinos protegidos’. Como resultado, 818 palestinos, incluyendo 372 chicos, se encuentran en riesgo de desplazamiento”, concluye el informe oficial de la OCHA, confirmando un claro recrudecimiento de la ofensiva israelí contra las propiedades palestinas durante 2016.

El secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, condenó en abril de este año la política de demoliciones, denunciándolas como violatorias del derecho internacional y como generadoras de mayor violencia: “Las demoliciones punitivas son un castigo colectivo, un proceder prohibido por la ley internacional. No han probado ser disuasivas y sí alimentan las tensiones al exacerbar los sentimientos de injusticia y odio”, sostuvo.

Fuente: Resumen Latinoamericano.

Cuatro historias de la represión israelí al pueblo palestino

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Foto: Isabel Pérez

Foto: Isabel Pérez

En el Día Internacional de la Solidaridad por el Pueblo Palestino, hablamos con quienes sufren las consecuencias de la proclamación del Estado israelí y de décadas de guerra.

Por Isabel Pérez.

El 29 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, un día que coincide con el aniversario de la Resolución de la ONU 181 de 1947. La resolución impuso la partición de la Palestina histórica  y la creación del Estado de Israel. El Estado palestino nunca llegó a crearse y en la guerra de 1967 Israel ocupó Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza.

Estas son algunas de las historias, personas con nombres y apellidos, que sufren las consecuencias de la ocupación y el bloqueo israelí.

La dificultad de visitar tu pueblo palestino en Israel

Om Mohammed está casada. Vive en la franja de Gaza, pero es natural de Baqa al-Gharbiyyah, un pueblo palestino en Israel. Nací en Baqa y allí pasé toda mi vida hasta que me casé. Como mi marido vivía en Gaza vinimos a vivir aquí”, cuenta Om Mohammed.

Le separaban con su familia una hora y media de carretera. En esos años, Israel todavía permitía la libre circulación a través del paso fronterizo de Beit Hanún-Erez. En 1991 todo cambió.

“Con las restricciones en Erez ya no veía a mi familia en Baqa y tampoco ellos podían venir a Gaza”, continúa la mujer. “En 2004 mi padre cayó muy enfermo y presenté su certificado médico para pedir un permiso a las autoridades israelíes e ir a visitarle. Solo con ese certificado conseguí ir a verles”.

Dos años después, su padre falleció, pero Om Mohammed no pudo llegar a tiempo a darle el último adiós. Conseguí salir de Gaza entregando su partida de defunción, no antes. No pude verle con vida, solo enterrado en el cementerio”.

Om Mohammed calla y baja la cabeza. Después de unos segundos añade: Es una amargura. Tengo que justificar siempre por qué quiero ir a mi ciudad. Pasan las bodas familiares, las fiestas religiosas y no puedo estar con mi familia. Vivo a una hora de mi familia y no puedo verla”.

Gaza y Cisjordania, un matrimonio separado

A varios kilómetros al norte de la casa de Om Mohammed vive Samira. Ella tampoco es de Gaza sino de un campo de refugiados en Tulkarem, Cisjordania.

“Me comprometí con Hussein cuando él trabajaba en Cisjordania. Él es de Gaza pero yo no quería irme de Cisjordania. Un día, los israelíes un día lo detuvieron y lo deportaron a la franja”, aclara Samira. Para poder contraer nupcias, Samira tuvo que justificar que su comprometido estaba en Gaza y dejar atrás a su familia.

“Presentamos a las autoridades israelíes la invitación de matrimonio y el día que me permitieron ir a Gaza me puse el vestido blanco de la boda. Me acompañó todo el viaje una comitiva, cantando y tocando música. ¡Todo para convencerles de que iba a la franja a casarme!”, recuerda Samira echándose a reír.

Después de un año, Samira quiso ir de visita a Cisjordania pero el permiso fue rechazado, una y otra vez.  Cuando mi primer hijo ten ía cuatro meses me dieron por fin un permiso”, recuerda Samira. “Fui a Cisjordania, pero me qued é atrapada sin poder volver a Gaza. No me dejaban volver y habl é con una organización de derechos humanos”.

Hussein entonces tuvo que operarse de cáncer y Samira comenzó a barajar todas las posibilidades para llegar hasta su marido enfermo en Gaza.  Decidí aventurarme . Entré a Jordania , luego a Egipto y de ahí a la franja de Gaza. Iba con mi hijo”, cuenta. “Ahora necesito ir a Cisjordania. Mi madre y mi hermana están enfermas. Necesito cuidar a mi madre, ella lo es todo, nos crió a todas sola porque estaba divorciada”.

Samira lleva desde mayo esperando un permiso israelí para viajar.

Los campos tras el muro

“Nos están robando nuestra tierra bajo el pretexto de seguridad”. Así de claro lo declara Sabah al-Qaddumi, un agricultor cuyos campos han quedado atrapados al otro lado del muro que Israel construyó en Qalqilia, Cisjordania.

“En 2002, los israelíes comenzaron el trabajo del muro y as í confiscaron 11.800 dónums de tierra que son casi toda la tierra agrícola de nuestro pueblo, Yayus”, explica Sabah. Por protestar contra este muro, Sabah pasó cuatro años en la cárcel y ahora se ve obligado a seguir las normas israelíes a pesar de vivir bajo tierra ocupada.

“Estoy mirando mi tierra ahora mismo”, dice. “Me siento muy mal, ansioso. Imagínate. Plantas tu tierra, con todo tu esfuerzo y al final te la roban. Tenía un pozo detrás del muro y vendiendo el agua a otros campesinos obtenía 3.000 NIS al mes. He perdido el 90% de mis ingresos”.

Hoy en día, los campesinos que consiguen permisos israelíes para penetrar el muro y acceder a sus tierras son, principalmente ancianos.  Hay solidaridad entre nosotros y los que logran cruzar el muro riegan las tierras de los que no pueden entrar. Pero no se hace adecuadamente porque no dan permisos a los jóvenes que pueden trabajar y aguantar más”, apunta Sabah.

Pescadores de Gaza: bajo el umbral de la pobreza

En un apartamento de la ciudad de Gaza vive Mohammed Abu Watfa. En cada una de las cinco habitaciones viven cinco familias, la suya y las de sus hermanos. Hay un baño y una cocina, sin nevera ni ventana.

“Si los israelíes no hubieran bombardeado mi barca no estaríamos así ahora”, lamenta Mohammed. Una semana después de firmarse la tregua de 2014, la marina israelí atacó un grupo de barcas pesqueras.

“Habíamos salido a pescar y nos acercábamos a las 6 millas náuticas buscando pesca”, relata Mohammed. De repente, la marina israelí empezó a perseguirnos y yo conduje mi barca a toda velocidad hacia la costa de Gaza”.

Los otros cuatro pescadores saltaron al mar y nadaron justo antes de caer un obús israelí sobre la barca.  Yo estaba todavía conduciendo, quería salvar lo único que tenía para ganarme la vida. Y bombardearon. Estuve una semana en coma en el hospital”, recuerda con dolor.

La familia de pescadores está arruinada, endeudada y lo único que pueden vender es lo que pescan desde la playa.  Cada día podemos conseguir 50 NIS [10€], eso para 14 personas, niños y adultos. Pero la mayor parte es para pagar las deudas. Y así están la mayor parte de pescadores de Gaza”, asiente Mohammed.

El plan secreto israelí en el Negev

Las familias beduinas palestinas que viven en el Negev, Israel, están librando una casi silenciosa lucha. Attiyah al-‘Azam, del Consejo Regional de Localidades No Reconocidas en el Naqab (Negev) cuenta que son alrededor de 46 pueblos beduinos que cada día se enfrentan a las políticas israelíes, mientras viven en completa negligencia como ciudadanos israelíes.

“Las autoridades tienen planes de eliminar nuestros pueblos, confiscar nuestra tierra y construir asentamientos”, afirma tajante Attiyah. “En nuestros pueblos no hay ningún tipo de servicio ni de salud ni de recogida de basura, o de canalización de agua usada”.

Sin carreteras asfaltadas, ni colegios, los habitantes originarios del Negev denuncian que hay planes secretos de limpieza étnica.  El ministro israelí de Agricultura, Uri Ariel, aparte del famoso Plan Prawer, tiene un nuevo plan: quiere confiscar nuestra tierra y darnos solo un 10 y 20%. Nos quiere echar”, clama Attiyah.

Las llamadas ‘patrullas verdes’, conocidas como patrullas negras entre los beduinos, se encargan de vigilar que no haya nuevas construcciones en el Negev, además de destruir casas o confiscar ganado.

Attiyah al-‘Azamin es otro beduino palestino y su casa fue demolida el pasado 4 de agosto.  Vivo en la carretera entre Beersheva y Dimona. Somos un pueblo con papeles de propiedad desde la época de los otomanos”, asegura al-‘Azamin. “El 10 de julio nos ordenaron evacuar la casa. No nos fuimos. El 4 de agosto llegaron a las 6 de la mañana cientos de policías armados y dos bulldozers”.

Las fuerzas israelíes sacaron violentamente a su mujer y sus diez hijos de la casa. Uno de sus hijos, de 10 años y sordo, arrastra trauma psicológico desde entonces.

“Cuando le echaron de la casa el niño solo gritaba ‘¡mi audífono, mi audífono!’. Desde entonces se orina en la cama por las noches y tiene pesadillas”. La familia volvió a vivir en ese mismo lugar bajo una tienda levantada por los propios vecinos.

“No queremos nada de Israel, no queremos sus servicios. Queremos vivir en nuestra tierra, con dignidad. ¿Qué ganan echándonos? ¡Solo ganan más enemigos! Los que nos hacen esto, no tendrán misericordia en la historia”, asevera el beduino.

Fuente: El Diario.

La comunidad judía chilena en los ’70

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En Latinoamérica tres fueron los principales países que, producto de la Segunda Guerra Mundial, acogieron a los judíos provenientes de Europa. Estos fueron Argentina, Brasil y Chile.

La llegada de los inmigrantes no fue fácil. Muchos de ellos arribaron al continente con nada más que con la ropa que usaban. Había incertidumbre. Había temores. El futuro se les presentaba completamente incierto.

Entonces, muy pocos identificaban el territorio latinoamericano, sus fronteras, sus riquezas, su historia.

Para asentarse en esta tierra, algunos debieron negar su procedencia, modificar sus nombres y apellidos. Incluso debieron viajar de puerto en puerto a la espera de que los países aprobaran su llegada. En el intento algunos fallecieron otros, optaron por el suicidio.

La familia materna de la periodista y traductora Maxine Lowy llegó a Argentina. Posteriormente, su madre viajó a Estados Unidos donde finalmente contrajo matrimonio con un botánico también  de familia proveniente de Hungría.

Maxine, en cambio, motivada por los procesos sociales y de elaboración de las historias nacionales recientes que se estaban efectuando en Latinoamérica, llegó a Chile en 1990.

Entonces, se interrogó: ¿cómo la comunidad judía había vivido el gobierno de la Unidad Popular y cómo, posteriormente, se había enfrentado al régimen autoritario y de tortura de Augusto Pinochet?

Esta pregunta originó un largo proceso que finalmente la llevó a realizar el libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los Derechos Humanos en Chile (LOM Ediciones), texto que a través de una serie de testimonios reconstruye la historia de la comunidad judía en Chile entre el período de la UP y la dictadura cívico- militar.

“Sentí que había una desasociación de la historia propia y de lo que había pasado en el país. Entonces, siempre quise entender de dónde venía esa desconexión. A la vez me fui dando cuenta de que ser judío y ser judío de izquierda en Chile en sí tiene su propio desafío. Es complejo manejarse tanto en el medio institucional judío como en el medio no judío. Hay percepciones de ambos lados que es difícil manejar”, comenta la autora.

De la Unidad Popular a la dictadura

El surgimiento de la Unidad Popular despertó en la comunidad judía en Chile las aprensiones que habían nacido durante la persecución nazi y el régimen de Stalin en la URSS.

“Para los judíos de Chile, dos años de la historia contemporánea del país -1970 y 1973- acentuaron las diferencias con las que llegaron a Chile (…) La sociedad en general, estaba polarizada y los judíos no fueron una excepción. Pero la condición judía agregaba un elemento más, inexistente entre los demás chilenos: el antiguo y latente temor al totalitarismo”, escribe Lowy en Memoria Latente. 

“Hubo una histeria colectiva. Los judíos nacidos aquí sencillamente vieron amenazados su patrimonio, pensaban que les iban a quitar todo: la casa, el auto, el gato”, narra uno de los testimonios presentes en el texto.

Frente a ello, la comunidad se dividió: algunos optaron por una posición neutral, otros respaldaron la nueva administración, mientras que unos terceros, identificados con el mensaje de Allende, apoyaron el proyecto de la UP.

“Anterior al 73, la comunidad judía en Chile se identificaba con corrientes bastante moderadas. Más bien era  atraído al Partido Radical. Fue en la época de la UP donde hubo esta gran división de la sociedad chilena y la comunidad judía no era ajena de eso. Ahora, en el caso de la comunidad judía, la UP hizo aflorar las corrientes de inseguridad que asociaba el socialismo de Allende con Stalin, con persecuciones stalinistas cuando en realidad Allende había comprobado que era amigo de la comunidad”, explica Lowy.

Bajo el régimen de Pinochet, el sector conservador  que veía con mayor recelo el proyecto popular, entabló una serie de formalidades con las autoridades de la Junta Militar. De esta forma, a través de cartas, publicaciones en medios de comunicación e invitaciones, los miembros de las agrupaciones sionistas convidaron a los golpistas a sus actividades. Era una forma de diplomacia. “Hubo una radicalización de la comunidad judía hacia la derecha en el aspecto público, hacia la presencia y postura pública”, comenta la autora.

Al respecto, Lowy declara: “Con el apoyo institucional judío hacia los golpistas se instauró en el imaginario chileno que los judíos somos todos de derecha y se nubló toda la historia que vino antes y la alta participación de la comunidad judía en la UP”.

Sin embargo, desde la otra vereda, también hubo un grupo, no menor, que se instauró en la resistencia, y sufrió los efectos de la represión.

“Es muy importante resaltar que en la sociedad chilena habían judíos de ambos lados. Muchas personas estaban en la resistencia y en organizaciones de defensa a los Derechos Humanos, por ejemplo, en la Vicaría de la Solidaridad”, subraya la investigadora.

El libro también da cuenta de gestos de reencuentro comunitario en años recientes en actos de homenaje a víctimas de origen judío.

Un ejercicio de memoria

“Nos torturaban (…). Me preguntaban cosas que yo no sabía. Me preguntaban también por nombres del PC. Como entre pregunta y respuesta venía la corriente eléctrica, evidentemente dije cualquier cosa”.

Este fragmento es parte del relato de un empresario con simpatías socialistas que fue detenido junto a su hermano el día jueves 22 de julio de 1976. “Alguien tiene que haber dicho algo de nosotros. Pero uno no puede guardar rencor ni animosidad si alguien lo delata”, dice el testimonio.

Sus palabras son unas de las cuantas voces presentes en Memoria Latente.

Otro de los testimonios declara: “Fue muy muy fuerte. Esa vez detuvieron a mi esposa que estaba embarazada de siete meses. De hecho,  mi hijo nació preso”.

De esta manera, Lowy elucubra un tejido de diversos testimonios de detenidos judíos bajo dictadura. A la vez, interpone las interrogantes sobre qué es ser judío, cómo de generación en generación los relatos fueron conservados por los familiares y cómo, a través del tiempo, la historia de la comunidad judía en dictadura se disolvió hasta, muchas veces, confundirse.

Actualmente, existen cerca de 200 nombres de detenidos judíos durante el régimen impuesto luego del golpe de Estado. En tanto, la lista de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos alcanza a las 20 personas.

Frente a ello, Lowy  recalca: “Lo importante, que también sugiero en el título del libro, tiene que ver con plantear un tema moral”.

Imagen: Libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los derechos humanos en Chile.

Publicado en RadioUChile

Fuente: Nodal Cultura.

Trump, Israel, Palestina y el fatalismo ilustrado

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Décima Avenida 2.0

La irrupción de Donald Trump en la escena política primero estadounidense y después mundial supone un reto para el periodismo, ya que en el presidente electo de Estados Unidos confluyen muchas corrientes que definen este oficio y su entramado ideológico y empresarial, desde el componente espectáculo de la información hasta la adaptación a nuevas formas de informar en la época de las redes sociales, pasando por dilemas como qué es más importante, la imparcialidad o denunciar a los mentirosos como lo que son: mentirosos. Dos de estas corrientes que confluyen en Trump son la reducción al individuo de complejas corrientes históricas y la querencia, casi avidez, por predecir lo que va a suceder antes de que ocurra, una suerte de complejo de Nostradamus. 

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La gran aventura del Centro Alternativo de Información

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Sergio Yahni

El compañero Nassar Ibrahim dando una charla en el AICafe. El trabajo cotidiano del Centro Alternativo de Información es coordinar movimientos sociales, partidos políticos y ONGs generando información y desarrollando encuentros. El compañero Nassar Ibrahim dando una charla en el AICafe. El trabajo cotidiano del Centro Alternativo de Información es coordinar movimientos sociales, partidos políticos y ONGs generando información y desarrollando encuentros.

En ciertos momentos la solidaridad es una necesidad inmediata. Este es uno de esos momentos para el Centro Alternativo de Información, necesitamos su apoyo.

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Avanza en Israel proyecto para legalizar territorio ocupado de Cisjordania

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Amona. Foto: Haaretz.

En comité, el gobierno israelí aprobó este domingo por unanimidad un proyecto de ley para legalizar de forma retroactiva los “outpost” o asentamientos temporales en el territorio ocupado de Cisjordania, hasta ahora ilegales según la legislación israelí. El debate en el Parlamento tendrá una primera lectura este miércoles.

“El estado de Israel inició hoy un proceso histórico de la regulación de los asentamientos en Judea y Samaria (N de la R.: denominación del régimen israelí para Cisjordania)”, señaló el ministro del gabinete Naftalí Bennett, jefe de la organización procolonia Hogar Judío.

Los “outpost” son las construcciones temporales levantadas en propiedades palestinas que suelen preceder al establecimiento de un asentamiento y que, además de ser ilegales para la comunidad internacional, lo son también en la normativa israelí porque carecen de permisos.

El primer ministro Benjamín Netanyahu, reticente a la legislación, había pedido aplazar la votación hasta que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre la prórroga de siete meses que la Fiscalía solicitó el 1 de noviembre para ejecutar el desalojo del “outpost” de Amona que, por orden judicial, tendría que ser evacuado antes del 25 de diciembre.

Según el diario israelí Haaretz, el fiscal general había advertido que la votación sobre ese proyecto de ley antes de que el tribunal emitiera su dictamen podría “perjudicar significativamente” la concesión de la prórroga.

Incluso, la aprobación del llamado “proyecto de formalización” confrontó a Netanyahu con el presidente del derechista partido Habait Haiehudí (Hogar Judío) y el ministro de Educación Naftalí Bennett.

Sin embargo, la presión de sus socios de gobierno ha llevado a incluir finalmente el proyecto, que, de aprobarse en el Parlamento, evitaría la evacuación de Amona y reconocería otras colonias similares actualmente ilegales para Israel.

Amona, donde viven 40 familias, fue construido sobre tierras de propiedad privada de palestinos, quienes solicitaron con éxito ante tribunales israelíes la remoción del asentamiento.

De acuerdo a la ONU, hay alrededor de cien “outpost”, que se suman a los 150 asentamientos, todos ellos contrarios al derecho internacional.

“Esta aprobación revela que Israel ha asumido el papel de legislador en Cisjordania y pone en evidencia su intención de anexionarla sin asumir los derechos civiles de sus residentes”, expresó en un comunicado la ONG israelí Yesh Din, que denuncia las prácticas de apoderamiento de las tierras.

Esta organización considera que es una propuesta “discriminatoria y autoriza la explotación y confiscación de la capacidad de los propietarios palestinos de hacer uso de sus tierras, al negarles el derecho de apelar”, señaló el texto reproducido por la agencia de noticias EFE.

Hoy (13 de noviembre), en declaraciones tomadas por el diario israelí, Netanyahu dijo que “examinaremos la posibilidad de evacuarlos con responsabilidad. No hay nadie que se preocupe por el asentamiento más que nosotros”.

También en la reunión del gabinete, el premier israelí le pidió a todos los ministros y legisladores que esperen hasta que la nueva administración liderada por el presidente electo Donald Trump asuma el cargo antes de expresar sus opiniones sobre posibles cambios en las políticas.

Netanyahu instó a los ministros a “trabajar con ellos para formular políticas a través de los canales aceptados y discretos y no a través de entrevistas a los medios de comunicación”.

Fuente: Ámbito.