Palestina en foco: el denominador común israelí

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Ilustración: Nadia Pissano
 

“La perpetuación del dominio colonial en Palestina no depende exclusivamente de la fuerza militar israelí, ni tampoco del apoyo ilimitado que recibe Israel de los Estados Unidos en la arena internacional. No puede explicarse sin la participación cotidiana de los perpetradores: ciudadanos de todas las clases sociales -conscientes o no- de los efectos de sus actividades opresoras”.

 

Por Marcelo Svirsky*.

Con certeza podemos afirmar que a lo largo y a lo ancho de sus vidas adultas, los israelíes participan habitualmente en una variedad de prácticas civiles y militares que tienen como objeto subyugar a los palestinos, sea ya en Cisjordania, la Franja de Gaza, Jerusalén Este, o dentro de las fronteras del ‘48. La medida en la que esta participación activa en la producción de opresión colonial es consciente es un tema a discutir, pero en definitivo sabemos que esta participación exhibe un alto nivel de voluntarismo; es decir, este no es un caso en el cual el estado coerce a los ciudadanos a asumir roles opresivos. Estos roles son asumidos como parte integral de la vida cotidiana. De variada índole e impacto, conocemos muy bien los rasgos principales de estas prácticas opresivas: violencia militar, limpieza étnica, despojo y destrucción de hogares, humillación diaria, estrangulación económica, discriminación presupuestaria, explotación laboral y de reservas naturales, y expropiación de tierras. Un inventario completo y específico de estas actividades opresivas sería demasiado extenso para detallarlo aquí.

A la par, también sabemos con certeza que a pesar de que los roles opresivos se imparten según una cierta distribución racial de trabajo (a saber, encontramos más judíos orientales y etíopes que askenazíes en la policía regular y de fronteras; y más alta participación de askenazíes en las fuerzas especiales en el ejército, como también en el poder judicial), y que estas jerarquías raciales afectan asimismo la distribución de la plusvalía colonial – este estado de cosas no evita o descalifica la participación activa de ninguna de las etnias israelíes en el proyecto colonial sionista. En efecto, el compromiso general con estas prácticas de opresión es el denominador común de los israelíes, funcionando como un contrato social que mantiene esta sociedad en movimiento. Redundemos: en todo lo relacionado con el proyecto colonial sionista, no existen espectadores israelíes. De hecho encontramos diferencias profundas entre aquellos que apasionadamente se entregan a una cultura antipalestina y quienes tácitamente participan en las obligaciones habituales que negativamente impactan la vida palestina. No obstante, la abrumadora mayoría acepta las condiciones que les posicionan como supremacistas y encarnan las prácticas produciendo esa supremacía. Por ende, la abrumadora mayoría es indiferente al destino de las y los palestinos. ¿En qué desembocan estas dinámicas? Históricamente, en invalidar el rol y la presencia del pueblo palestino en la formación de la polis entre el río y el mar.  

Estos saberes no son especulaciones vacías o delirios anticoloniales, sino los frutos del trabajo investigativo académico y de la sociedad civil militante, principalmente en Palestina. La conclusión a la que este estado de cosas nos lleva es infalible: el círculo de los perpetradores coloniales y el amplio espectro de la población israelí son congruentes, siendo les objetores de conciencia y activistas antisionistas una minoría lamentablemente muy marginal. Este empirismo es significativo para entender que las máquinas de opresión israelí no están animadas por mercenarios, sino que por el mismísimo pueblo, independiente de las circunstancias históricas que explican la incorporación de las diferentes etnias judeo-israelíes al proyecto. Esta percepción escapa a los relatos estatistas, y también a aquellos que sugieren estudiar una especie de contabilidad del poder colonial sin indagar acerca de sus protagonistas. Inevitablemente debemos preguntar: ¿qué motiva a los israelíes a participar en estos actos de opresión que a la vez definen parte de su existencia social?

Para empezar, rechazo la hipótesis según la cual los israelíes no perciben las prácticas opresivas en las cuales participan, como tales. Esta suposición plantea una inocencia israelí opuesta a todas mis experiencias en esta sociedad. Lo que es más, esta hipótesis inscribe la idea de que lo único que nos está faltando es una buena explicación que catequice a los israelíes y les libere de sus roles opresores. Seria gracioso si esto no fuera, en realidad, trágico.

Intuitivamente, podríamos postular que la participación en prácticas opresivas, civiles y militares, puede ser explicada en términos de los beneficios producidos por la plusvalía colonial, sean estos beneficios simbólicos, político-legales, o económicos. Aunque acepto este factor como explicativo, no es suficiente, especialmente debido a que la tasa de ganancia colonial es susceptible a los impactos de un número de factores. Entre ellos, la resistencia anti-colonial palestina como lo han demostrado las intifadas, la creciente presión internacional sobre Israel, y asimismo la tendencia a distribuir la plusvalía colonial en forma resonante con las lógicas jerárquicas que favorecen a los grupos israelíes privilegiados. Estos factores causan desequilibrios en la producción y en la distribución de la plusvalía colonial, obligando el realineamiento de las prioridades coloniales israelíes. En otras palabras, si bien la producción de frutos extraídos de toda forma de dominio no debe ser rechazada como parte de la explicación, las inestabilidades y fluctuaciones asociadas con estas tareas nos lleva a contemplar otros factores que en su conjunto facilitan comprender las fuentes de la continuidad del proyecto colonial sionista.      

Desde luego, sin duda la plusvalía colonial desarrolla un papel importante en la reproducción de la opresión del pueblo palestino. Empero, este es un flujo de retroalimentación, no fundacional. Las motivaciones que emplazan a los israelíes como opresores no se pueden comprender sin asumir la presencia de una suerte de sujeto colectivo el cual nos permite explicar el denominador común israelí, el compromiso social con las prácticas de opresión. Si bien la plusvalía colonial le abastece en tanto que mantiene su privilegio, este sujeto, agenciado en la reproducción de la materialidad colonial en Palestina, debe ser explicado. Como dicho, la importancia de este interrogatorio reside en la posibilidad de esclarecer las condiciones que permiten al proyecto sionista su continuidad histórica.

Planteo la siguiente proposición: la perpetuación del dominio colonial en Palestina no depende exclusivamente de la fuerza militar israelí, de sus capacidades económicas, de su posición privilegiada en el comercio global de armas y tecnologías, ni tampoco del apoyo ilimitado que recibe Israel de los Estados Unidos en la arena internacional. Aunque estos poderes le proporcionan a Israel una ventaja amplia, en sí estos recursos no pueden explicar la participación cotidiana de los perpetradores: ciudadanos de todas las clases y grupos sociales, conscientes o no de la naturaleza y de los efectos de sus actividades opresoras. Al conjugar el problema de la motivación con el problema del sujeto, nos preguntamos: ¿Cuáles son los circuitos sociales que habilitan al sujeto israelí en su capacidad de opresor colonial?    

Antes de proceder, aclaremos: aunque hablamos de un sujeto israelí colectivo en singular, es importante advertir que no existe un modo de ser israelí único y encapsulado en la forma de un sujeto uniforme. La sociedad judía-israelí es multicultural, multilingüe y multiétnica. Notablemente, esta sociedad está constituida en forma jerárquica. Brevemente, la comunidad judía etíope está posicionada en los estratos más inferiores de la escala socioeconómica israelí y sobrelleva diferentes formas de racismo; aun hoy, todos los indicadores socioeconómicos demuestran la relegación estructural de las comunidades mizrajíes; y completando este panorama, el grupo askenazí goza de sobrerrepresentación en la política, en el sistema judicial, en los rangos más altos del ejército, en la academia, las artes y el periodismo. Las diversidades jerarquizadas dentro de la esfera social judía-israelí no terminan aquí y deben incluir las divisiones con las comunidades religiosas-ortodoxas. No obstante, esta heterogeneidad no inhibe la existencia de un denominador común en tanto consideramos el marco de las formas de ser y modos de vivir en su registro colonial; es decir, en relación a todos los aspectos sociales donde la existencia palestina es articulada.

La investigación de los registros coloniales que constituyen el denominador común israelí se nutre esencialmente de dos dimensiones, genealógica y sociológica. En relación a la primera, la tarea es analizar los momentos claves en la historia de la cristalización de cánones y prácticas sociales, la constitución de referentes, y la formación de modos de organización social más significativos durante la evolución de la sociedad colonizadora judía en Palestina, la cual emerge a partir de la primera ola de inmigración judeo-sionista llegada de Europa oriental en 1882, y la cual comienza su auge a partir de la Declaración Balfour en 1917. Afanosos por cimentar una nueva sociedad segregada de la sociedad nativa, los colonos sionistas experimentaron con conceptos y prácticas respecto a la posesión de la tierra, así como también en las esferas sociales de la vivienda, el trabajo, la cultura, la educación y la defensa. Durante esta época, el despliegue colonial sionista se desarrolló a través de investimentos orientalistas según los cuales los colonos askenazíes rechazaron todo lo árabe, incluso sus correligionarios sefaradíes, adoptaron la racialización del trabajo, la segregación en la vivienda y la actividad comercial, y legitimaron la expulsión étnica como medio de expansión colonial, esta última marcadamente plasmada en la Nakba. Estos despliegues brotaron mitos y relatos nacionalistas. Las improntas de estos investimentos en la constitución del sujeto judío en Palestina durante más de medio siglo no pueden ser subestimadas.

Si este marco talló las coordinadas históricas de los territorios existenciales donde israelíes se desplegaran después de 1948, la segunda dimensión explica las fuentes contemporáneas de las motivaciones que emplazan israelíes en su carácter de opresores. En esta dimensión, enfocamos la investigación sobre la galería de modos de ser en la sociedad israelí, expresados en sus campos de acción: principalmente en la familia, la educación oficial, las industrias culturales, en la organización del trabajo y la economía, y en las prácticas de los medios de comunicación. En lo que respecta a la matriz de relaciones con el pueblo palestino, la vitalidad del cuerpo social israelí emana de una suerte de centros subjetivantes como el deber militar, la relación sacrificial con los hijos, la propensión segregativa, visiones de persecución eterna, la encarnación del antisemitismo en el cuerpo palestino, y la relación exclusivista con la tierra de Israel. Estos referentes están presentes en las diferentes esferas sociales, resonando uno con otro, y cristalizando una segunda naturaleza en términos de capacidades, inclinaciones, y voluntades que constituyen sujetos aptos para encarnar funciones opresivas.

Estas líneas propusieron explicar las motivaciones que propulsan israelíes a participar en actos de opresión de palestinos. Ofrecimos conceptualizar estas motivaciones en términos de las formas de ser y modos de vivir que caracterizan la vida social en la sociedad judía-israelí, en tanto a las intersecciones que afectan la vida palestina. Como vimos, las respuestas se extienden a través de una pluralidad de factores y causas. Por empezar, la vida judía en Israel está enmarcada por las improntas de la formación histórica de la colonia sionista en Palestina, y en turno, esta enmarcación encuadra el entrenamiento social que habilita a los israelíes como opresores. Para aquellos con dificultades en reconciliar esta imagen con la de una Tel Aviv vibrante, repleta de cafés elegantes, hogar para comunidades LGBTIQ, y una Israel líder del movimiento vegano y en el campo tecnológico, sugiero corregir sus estereotipos. Ambas realidades coexisten.

La realización que las políticas del Estado Israelí y sus representantes oficiales son solo la punta del iceberg colonial no es alentadora. Nos exige repensar nuestra percepción acerca de las responsabilidades en la administración de prácticas de opresión. Claramente, sería contraproducente confiar la misión descolonizadora en la sociedad israelí. Por otro lado, este razonamiento nos ayuda a calificar las lógicas del movimiento BDS. La gran pregunta es de qué formas interrumpir los circuitos de reproducción sociocultural y socioeconómica que, al operar conjuntamente, favorecen la permanencia de la opresión colonial del pueblo palestino. Ese es nuestro reto. 

*Profesor e investigador en la Facultad de Humanidades e Investigación Social de la Universidad de Wollongong, Australia.

Lee aquí el dossier completo de la Agencia Paco Urondo sobre Palestina.

Fuente: Agencia Paco Urondo.

Sobre helados, espionaje y otros escándalos

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Mensaje de apoyo de Roger Waters, Noam Chomsky, Naomi Klein y Vijay Prashad al posible candidato presidencial Daniel Jadue

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Chile: Votemos para Enterrar al Neoliberalismo

Fue en Chile, tras el horrendo golpe de Estado que derrocó al Gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende en 1973, cuando los ‘Chicago Boys’ implementaron sus crueles políticas de austeridad para muchos y grandes riquezas para pocos. La dictadura militar impuso la dictadura del dinero a un pueblo que había comenzado a transitar – con el gobierno de la Unidad Popular – un camino humano.

Chile aún no ha podido superar totalmente esa herencia del neoliberalismo, impulsada primero por el general Augusto Pinochet y luego por un conjunto de gobiernos sin voluntad de buscar un nuevo camino.

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Petición por una Ley contra la Incitación al Odio y a la Violencia y contra el Negacionismo en Chile. Firma aquí!

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En septiembre del 2020, lo que había sido una gran esperanza de proteger a las personas e identidades oprimidas y discriminadas por su pertenencia a un determinado grupo social, se esfumó. Después de más de 10 años de tramitación en el Congreso y de constantes esfuerzos por parte de organizaciones sociales y de la sociedad civil, para proteger los derechos de todas las diversidades sexuales y de género, étnicas, culturales, religiosas, nacionales y otras, el proyecto de Ley contra la Incitación al Odio y a la Violencia fue rechazado en la Cámara de Diputados.

Teniendo presente que la Constitución, en su artículo 1º y como primer axioma, establece que “las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, el Estado tiene la obligación de proteger ante todo la vida y la integridad física y psíquica de sus ciudadanas y ciudadanos, y es su tarea asegurar las condiciones sociales adecuadas para el bien común, incluso contribuir a crearlas.

Y más aún hoy, en el contexto de este proceso constituyente y de la histórica victoria de las voces de cambio, en las últimas elecciones, nosotrxs -como parte de estas diversidades- hacemos un llamado a todas las comunidades y a la comunidad nacional en su conjunto, a darle un nuevo impulso a esta lucha histórica por la protección de nuestros derechos humanos fundamentales, y por un Chile diverso, inclusivo, igualitario y sin discriminación, en donde quepan todos los pueblos, naciones, comunidades y seres humanos.

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Candidato chileno Daniel Jadue no debe pedir perdón por defender la causa palestina

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Por Lorena Mussa.

Hace unos días la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de resolución presentado por la UDI y apoyado por integrantes de la ex-Concertación instando a que el candidato a la presidencia Daniel Jadue desmienta las afirmaciones dirigidas hacia “los judíos” en su anuario escolar, frases que escribieron terceras personas, pero que aún así denotarían “conductas antisemitas” del presidenciable de origen palestino.

La acusación se vuelve confusa y carece de argumentos, no solo porque el candidato ha descartado en reiteradas ocasiones ser parte de la creación del contenido, sino también por la condición semita del mismo: “Soy semita, hijos de Sem: árabes, musulmanes, cristianos y judíos.” Aclaró Daniel Jadue en una entrevista que le hizo Iván Valenzuela preguntándole si es o no antisemita.

Esta no ha sido la única vez que se intenta asimilar el antisemitismo con antisionismo, y que se persigue a quienes han defendido los derechos del pueblo palestino, criticado la limpieza étnica y sus políticas orientadas a instaurar un apartheid del siglo XXI, tal como lo indicó el informe de Human Rights Watch en abril pasado. Lee el resto de esta entrada

#Chile: Campaña del terror contra el candidato Daniel Jadue

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Foto: International Allende

Por Miguel Lawner Steiman.

Exprisionero de guerra.

I 54 en Isla Dawson.

Premio Nacional de Arquitectura 2019.

Ahora es el antisemitismo. Mañana será otra infamia. Allende fue víctima de semejantes infundios a lo largo de todas sus campañas. Ayer como hoy no están en juego valores éticos o morales. Están en juego los intereses políticos y económicos y Jadue representa una amenaza real a quienes han usufructuado del modelo neoliberal desde la dictadura hasta ahora.

A la denuncia del abogado Gabriel Zaliasnik, expresidente de la comunidad judía oficial en Chile, se suma ahora un acuerdo insólito de la Cámara de Diputados, que le exige a Jadue renegar de supuestas declaraciones contenidas en un anuario escolar.

La conducta pública de Jadue en los últimos 30 años es suficientemente conocida. No solo no hay nada que reprocharle, sino que, por el contrario, solo merece elogios. Su gestión como alcalde de Recoleta ha sido notable, generando políticas novedosas como la farmacia popular, la óptica popular, la inmobiliaria popular, la universidad abierta, todas ellas en beneficio de los residentes de la comuna, trayendo consigo un significativo mejoramiento en su calidad de vida. Algunas de estas iniciativas han sido replicadas en muchas otras comunas.

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Líderes judíos de Chile utilizan el antisemitismo para atacar a un izquierdista propalestino. De nuevo

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Por Claudio Mandler.

El candidato presidencial Daniel Jadue aspira a una sociedad más justa en Chile y a la justicia para los palestinos. Pero los dirigentes de la comunidad judía lo tachan falsamente de antisemita, al igual que hicieron con Salvador Allende

No es de extrañar que las instituciones que equiparan toda crítica a las políticas israelíes con el antisemitismo estén tachando de antisemita a Daniel Jadue, el candidato de izquierdas a la presidencia de Chile que forma parte de la comunidad palestina del país. Es una acusación común contra los políticos que critican a Israel en muchos lugares del mundo.

Por lo tanto, la afirmación de que Jadue expresaba opiniones antisemitas debido a su origen palestino y a sus puntos de vista pro-palestinos, como se sugiere en un reciente artículo de Haaretz (A Grandson of Palestinian Immigrants Could Be Chile’s Next President, and These Jews Are Worried) era predecible, al igual que el hecho de que el Centro Simon Wiesenthal lo nombrara en su lista de los 10 principales antisemitas mundiales para 2020, un ejercicio de deslegitimación. Lee el resto de esta entrada

Grupo de personas judías apoyan la candidatura de Daniel Jadue a presidente de Chile

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Hoy comienza la campaña oficial para las primarias presidenciales del 18 de julio.

Somos un grupo de chilenas y chilenos judíos que apoyamos la candidatura presidencial de Daniel Jadue.

Como judías y judíos, nos identificamos con grandes gestas históricas de nuestro pueblo, como fue la rebelión que le permitió liberarse del esclavismo del antiguo Egipto, o, a mediados del siglo pasado, las heroicas luchas de los miles de partisanos judíos contra la barbarie nazi en los bosques de Europa Oriental, aquellas junto a las resistencias locales en los países ocupados, o los épicos levantamientos en los campos de exterminio de Treblinka, Sobibor, y el del Gueto de Varsovia. Antecedieron a aquello las y los judíos voluntarios en las Brigadas Internacionales que lucharon contra el fascismo en la Guerra Civil Española.

No olvidamos, asimismo, que muchas y muchos judíos fueron parte activa en las luchas antidictatoriales en América Latina, y Chile en particular, durante las sangrientas dictaduras militares instauradas en nuestro continente. Fueron 20 las y los chilenos judíos hechos desaparecer o ejecutados bajo la dictadura pinochetista. Entre ellos podemos encontrar a Diana Arón, Carlos Berger, David Silberman o Luis Guendelman.

Pretendemos mantener una tradición que viene desde que nuestros ancestros llegaron a Chile, y es la identificación y la militancia en los sectores de izquierda, junto a las luchas de los pueblos, por los Derechos Humanos y la diversidad.
Somos una sociedad diversa, variopinta y mestiza, a cuya riqueza han contribuido de manera sustancial los migrantes de hoy y de antaño, así como los pueblos indígenas. Valoramos las políticas migratorias y de las primeras naciones del Programa de Daniel Jadue, ya que le hacen honor y justicia a lo que es nuestra sociedad. Valoramos en su programa, asimismo, el rol preponderante que deben jugar la equidad de género, así como el reconocimiento y protección de los derechos tanto de las mujeres como de las diversidades y disidencias sexuales, en un nuevo Chile.


Hacemos nuestra la lucha de los pueblos por su autodeterminación y su derecho a vivir en un territorio propio sin sujeción a ninguna potencia extranjera, en cualquier lugar del mundo, y en particular del pueblo palestino: vemos la consumación de sus derechos ancestrales un imperativo que nos guía. En ese sentido, somos profundamente críticos respecto a las políticas que diferentes gobiernos israelíes han tenido hacia el pueblo palestino en general, y en los territorios palestinos que ha ocupado, ilegalmente, en particular. Lee el resto de esta entrada

Rodolfo Walsh: “Respuesta a la Embajada de Israel”

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A principios de 1974, Rodolfo Walsh viajó al Cercano Oriente para conocer de primera mano la cuestión palestina. Producto de ese viaje fueron una serie de notas publicadas por el Diario Noticias, propiedad de la organización Montoneros, entre el 12 y el 19 de junio, bajo el título genérico de La revolución palestina. La embajada de Israel envió entonces una nota firmada por su Responsable de Prensa, Mario Sejatovich, que pretendía rebatir los argumentos de Walsh, y a la que el periodista revolucionario argentino respondió con esta nota que publicamos en vísperas del 7 de junio, Día del Periodista, y en el contexto de un nuevo ciclo de la lucha del pueblo palestino.

Por Rodolfo Walsh para Noticias/

Flagrantes inexactitudes, deformaciones de los hechos históricos, gruesos equívocos, son algunas de las virtudes que la Oficina de Prensa de la Embajada de Israel en Buenos Aires atribuye a mi reciente serie sobre Palestina, según la carta publicada en Noticias el domingo 14*. En ella el señor Sejatovich, funcionario de esa oficina, se propone “reestablecer la verdad” y lo intenta sosteniendo, en síntesis, que Palestina era “un país casi despoblado” al fin de la Primera Guerra Mundial; que el problema de los refugiados palestinos fue “creado por los propios líderes árabes”, en 1948, “al compeler a los pobladores árabes a abandonar sus lugares de residencia”; y que el 14 de mayo de 1948 los Estados Árabes “invadieron el Estado de Israel”.

En mi serie de notas yo he sostenido que Palestina era desde el siglo VII una tierra poblada por árabes; que el éxodo de 1948 fue provocado por las organizaciones terroristas Haganah, Irgun y Stern; y que fueron estas organizaciones las que desencadenaron la guerra. Frente a opiniones tan dispares, un lector distante tiene derecho a conocer las fuentes en que se basan para deducir dónde está la verdad.

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Es apartheid, dicen exembajadores israelíes en Sudáfrica

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Mapa de Cisjordania, el territorio palestino ocupado por Israel. Las áreas palestinas son verdes. Las áreas azules están controladas por Israel

Por Ilan Baruch y Alon Liel.

«Está más claro que nunca que la ocupación no es temporal, y no hay voluntad política en el gobierno israelí para lograr su fin».

Durante nuestras carreras en el servicio exterior, ambos nos desempeñamos como embajadores de Israel en Sudáfrica. En esta posición, aprendimos de primera mano sobre la realidad del apartheid y los horrores que infligió. Pero más que eso: la experiencia y la comprensión que adquirimos en Sudáfrica nos ayudaron a comprender la realidad en casa.

Durante más de medio siglo, Israel ha gobernado los territorios palestinos ocupados con un sistema legal de dos niveles, en el que, dentro de la misma extensión de tierra en Cisjordania, los colonos israelíes viven bajo la ley civil israelí mientras que los palestinos viven bajo la ley militar. El sistema es de desigualdad inherente. En este contexto, Israel ha trabajado para cambiar tanto la geografía como la demografía de Cisjordania mediante la construcción de asentamientos, que son ilegales según el derecho internacional. Israel ha avanzado proyectos para conectar estos asentamientos con Israel mediante una inversión intensiva en el desarrollo de infraestructura, y una vasta red de carreteras e infraestructura de agua y electricidad han convertido la empresa de asentamientos en una cómoda versión de los suburbios. Esto ha sucedido junto con la expropiación y toma de posesión de grandes cantidades de tierra palestina, incluidos los desalojos y demoliciones de viviendas palestinas. Es decir, los asentamientos se construyen y amplían a expensas de las comunidades palestinas, que se ven obligadas a ocupar extensiones de tierra cada vez más pequeñas. Lee el resto de esta entrada