
Los principales medios de comunicación están difundiendo un nuevo informe en el que se denuncian violaciones ocurridas el 7 de octubre sin cuestionar que se basa en relatos y fuentes desacreditados
Por Ali Abunimah, Electronic Intifada.
Este artículo contiene descripciones explícitas de violencia sexual
Los principales medios de comunicación están promocionando un nuevo informe como un avance decisivo en las pruebas sobre las presuntas violaciones masivas de israelíes por parte de Hamás el 7 de octubre de 2023.
No es nada de eso. Con casi 300 páginas, «Silenced no more» (Ya no callaremos, en versión libre), publicado por una supuesta «Comisión Civil» independiente, es en gran medida una recopilación reeditada de viejas afirmaciones, acusaciones anónimas y especulaciones.
Esto incluye numerosas afirmaciones de figuras cuyos relatos ya han sido desmentidos por ser contradictorios, poco fiables o inventados.
Pero esto no se deduce de la forma en que los medios de comunicación lo están cubriendo.
El Daily Mail británico afirmó que el informe revelaba «por primera vez» la «depravación total» de los «inimaginables» horrores sexuales cometidos por Hamás, «sobre los que algunos en la izquierda TODAVÍA ponen en duda».
La CNN calificó el nuevo informe de «histórico» e invitó a su autor principal a una entrevista.
La BBC lo calificó como «el más exhaustivo» de los informes que documentan «violaciones, agresiones sexuales y torturas sexuales» contra israelíes.
Ninguno de estos medios mostró escepticismo ni un análisis cauteloso —desde luego, no del tipo que aplican cuando se trata de casi cualquier relato sobre la violencia israelí contra los palestinos.
Le Monde, en un artículo por lo demás comprensivo, ofreció un raro atisbo de crítica, reconociendo que el informe podría ser cuestionado por combinar supuestos incidentes «de diferente naturaleza», incluidos actos «en los que la dimensión sexual no está clara».
Según The Globe and Mail, el informe pretende sacar a la luz patrones de «violación, violación en grupo, otras formas de agresión sexual, tortura sexual —incluidas quemaduras y mutilaciones—», así como denuncias de abusos sexuales post mortem, humillación y profanación de cadáveres.
Material espeluznante, de ser cierto. Pero, de manera reveladora, el periódico canadiense reconoce que el informe afirma que «la violencia sexual fue tanto generalizada como sistémica, aunque no proporciona el número de víctimas».
La desacreditada «Comisión Civil»
De hecho, la Comisión Civil —una iniciativa puesta en marcha por la jurista israelí Cochav Elkayam-Levy poco después del 7 de octubre— ya había sido gravemente desacreditada por los medios de comunicación israelíes hace más de dos años.
Elkayam-Levy fue objeto de críticas por sus métodos de investigación deficientes, que llegaron a poner en aprietos incluso a algunos miembros del Gobierno israelí.
«La gente se distanció de ella porque su investigación no es precisa», declaró una fuente del Gobierno israelí a Ynet, el medio digital afiliado al periódico de gran tirada israelí Yedioth Ahronoth.
La fuente gubernamental citó cómo Elkayam-Levy difundió una historia sobre combatientes palestinos que «abrieron el vientre de una mujer embarazada —una historia que se demostró que era falsa— y la difundió en los medios internacionales».
«No es ninguna broma. Poco a poco, los profesionales han comenzado a distanciarse de ella porque no es de fiar», añadió la fuente, citando el daño que tales relatos falsos causan a la ya maltrecha credibilidad de Israel.
Anteriormente se había revelado que Elkayam-Levy también intentó hacer pasar una foto antigua de una combatiente kurda fallecida en otro país como una víctima de la violencia del 7 de octubre.
Elkayam-Levy también fue objeto de críticas por su oportunismo financiero.
«Aceptó donaciones de muchísima gente y empezó a pedir dinero por dar conferencias», declaró la fuente gubernamental a Ynet.
Pero estas advertencias no disuadieron a una gran cantidad de financiadores del lobby israelí, entre los que se incluyen Combined Jewish Philanthropies, las Federaciones Judías de Norteamérica, la Federación Judía de Los Ángeles, la Federación Judía del Gran Filadelfia, el Fondo Judío Unido del Área Metropolitana de Chicago, el New Israel Fund y la Fundación de la Familia Wilf.
Entre los financiadores del informe se encuentra el Gobierno alemán, a través de su embajada en Tel Aviv, lo cual es significativo, ya que los líderes alemanes han promovido abiertamente afirmaciones falsas sobre la violencia sexual del 7 de octubre, incluida la invención de que combatientes de Hamás se grabaron a sí mismos violando a mujeres israelíes ese mismo día.
No existe ningún vídeo de ese tipo.
En su página web, la Comisión Civil enumera por separado a «nuestros valiosos socios», entre los que se incluyen Microsoft y el Gobierno de Canadá.

Cochav Elkayam-Levy, en la foto junto a los primeros ministros de España y Bélgica en Jerusalén en noviembre de 2023, fundó la denominada Comisión Civil, cuyo nuevo informe sobre la violencia sexual del 7 de octubre se basa en testigos desmentidos y fuentes desacreditadas. Nicolas Maeterlinck Belga/Sipa USA/Newscom
Las primeras doce páginas del informe están repletas de mensajes de apoyo de celebridades y políticos fervientemente proisraelíes, como Hillary Clinton, Sheryl Sandberg y Rahm Emanuel.
El político canadiense Irwin Cotler figura como «colaborador principal» y ha escrito el prólogo. Cotler es un incondicional del lobby proisraelí desde hace mucho tiempo y es ampliamente considerado como un apologista de los crímenes de Israel contra los palestinos.
Cotler es también miembro honorario de la junta directiva de «Médicos contra el Racismo y el Antisemitismo», un grupo proisraelí que instó a la Universidad de Toronto a tratar las acusaciones de apartheid o genocidio israelí como antisemitas.
En 2024, una investigación de la publicación canadiense The Maple reveló que las principales afirmaciones que Cotler había hecho durante años sobre su relación con Nelson Mandela y la lucha contra el apartheid en Sudáfrica carecían de fundamento o eran contradichas por fuentes sudafricanas.
Las víctimas de violación desaparecidas
¿Aporta algo nuevo el informe?
Los autores afirman que llevaron a cabo más de 430 «entrevistas formales e informales, testimonios y reuniones» y que se basaron en entrevistas en los medios de comunicación, informes de investigación, documentales, podcasts, audiencias parlamentarias y un índice de información pública relacionada con la presunta violencia sexual.
El problema fundamental con la versión de Israel sobre las violaciones masivas del 7 de octubre nunca ha sido simplemente el hecho de no haber dado a conocer públicamente los nombres de las víctimas. Las preocupaciones por la privacidad podrían justificar el anonimato de las supervivientes y la omisión de detalles identificativos.
Sin embargo, hasta la fecha, Israel no ha proporcionado ni siquiera el recuento anónimo más básico que cabría esperar en una investigación seria: ¿cuántas personas han denunciado haber sido violadas el 7 de octubre, cuántas personas fallecidas han sido identificadas positivamente como víctimas de violación, a cuántas familias se les ha informado de que se considera que sus familiares fueron violados, y cuántos presuntos casos se basan únicamente en inferencias de testigos, rumores o especulaciones basadas en el estado de los cadáveres observados por personas sin formación médica?
El informe de la Comisión Civil no llena ese vacío. No ofrece un recuento claro de víctimas ni una lista transparente de casos, solo una mezcla de antiguas denuncias públicas, referencias a archivos confidenciales, relatos de segunda mano y afirmaciones generalizadas sobre patrones.
En enero de 2025, un fiscal israelí admitió que seguía sin haber ninguna denunciante en los presuntos casos de violación del 7 de octubre.
Esta sigue siendo la laguna fundamental de toda la narrativa y la Comisión Civil hace todo lo posible por ocultarla.
Afirma que se ha ocultado información confidencial y que las conclusiones a veces se presentan solo en «términos generalizados» para evitar identificar a las víctimas, incluso en casos en los que las familias de las víctimas asesinadas podrían no saber que presuntamente se cometieron delitos sexuales contra sus familiares.
Eso significa que algunas de las afirmaciones más espeluznantes del informe están, por diseño, aisladas de un escrutinio público significativo.
La protección de la privacidad es, por supuesto, una preocupación legítima y primordial, pero eso no puede explicar la flagrante ausencia de testimonios de primera mano de víctimas de violación.
No hay ninguna razón por la que los autores no pudieran incluir testimonios en primera persona anonimizados de sobrevivientes de violación utilizando seudónimos y omitiendo detalles que pudieran identificarlas, una práctica habitual en los informes sobre derechos humanos.
El mismo problema aparece en la sección sobre los kibutzim: el propio informe afirma que «no se conoce a ninguna superviviente de [violencia sexual y de género] de ninguno de los ataques a los kibutzim del 7 de octubre», salvo las que fueron capturadas.
Publicar testimonios en primera persona anonimizados es precisamente el enfoque que adoptaron los investigadores al publicar los relatos explícitos y detallados de primera mano de las supervivientes palestinas de violaciones y tortura sexual bajo detención militar israelí.
De hecho, el informe de la Comisión Civil incluye varios testimonios anonimizados de presuntos actos de violencia sexual distintos de la violación. Pero no hay testimonios de primera mano de víctimas de violación, salvo uno: un hombre identificado como «D», un veterano de los servicios de inteligencia israelíes que afirma haber sido víctima de una violación en grupo.
Las afirmaciones de D ya se habían publicado en los medios de comunicación israelíes en julio de 2024 —donde se le identificó con la letra hebrea «Dalet»— después de que presentara una demanda en la que reclamaba aproximadamente 137 millones de dólares al Gobierno israelí.
La Comisión Civil afirma que el relato de D está «respaldado por» historiales médicos.
Pero Amnistía Internacional también entrevistó previamente a D y revisó sus historiales médicos. Su relato sugiere que hay mucho menos fundamento de lo que la Comisión Civil quisiera que la gente pensara.
Según Amnistía: «Los informes muestran que acudió al médico en dos ocasiones, en marzo y mayo de 2024, que en ambas visitas informó de ansiedad y temores por haber estado en el festival Nova cuando fue atacado y que, durante la segunda visita, informó de haber sido objeto de una agresión sexual en el recinto del festival Nova».
No hay testimonios de primera mano sobre violaciones durante el cautiverio
El informe de la Comisión Civil afirma que los hombres y mujeres israelíes que regresaron del cautiverio en Gaza han «testificado haber sufrido violaciones, torturas sexuales y otras formas de abuso sexual durante su secuestro y/o cautiverio, así como haber presenciado actos sexuales infligidos a otros rehenes, incluidos familiares».
Sin embargo, la sección sobre el cautiverio no parece incluir ningún relato directo en primera persona de un rehén que haya regresado en el que afirme haber sido violado durante su cautiverio.
La única fuente pública específica que cita el informe sobre la violación de rehenes parece ser una entrevista del Washington Post de junio de 2024 con la exrehen Moran Stella Yanai, quien afirma explícitamente sobre sus captores: «No me violaron, no me tocaron».
Pero el Post añade: «Lo que más la atormenta son los relatos de primera mano sobre violaciones de otras rehenes, que le susurraron durante su cautiverio. Ella guarda sus secretos, sin revelar nombres para proteger su privacidad y para no poner en mayor peligro sus vidas».
Cabe destacar que muchos de los testimonios de los antiguos rehenes describen el miedo a la violación, las amenazas, la humillación, la desnudez forzada u otros presuntos abusos sexuales, pero ninguno ofrece un relato directo y de primera mano de una violación por parte de la víctima.
El informe sí contiene algunas nuevas denuncias de agresiones sexuales contra antiguas rehenes, incluida una afirmación de que dos menores «que eran miembros de la misma familia, denunciaron que se les obligó a realizar “actos sexuales entre ellas”» mientras estaban cautivas en Gaza. Se proporciona poca información adicional.
Dichos relatos, que según se afirma fueron proporcionados directamente a la Comisión Civil, no pueden evaluarse de forma independiente a partir del texto público del informe, y proceden de una organización con un historial de falta de honestidad y de basarse en fuentes desacreditadas.
Pero incluso si fueran ciertos, no respaldan el pilar principal de la narrativa israelí sobre violaciones masivas y violaciones en grupo el 7 de octubre.
Miles de fotos y vídeos, pero ninguno de violaciones
Igualmente llamativa es la evasividad de la comisión respecto a las pruebas visuales que afirma haber examinado.
«En todos los lugares de los ataques examinados por la Comisión, se observó a los autores celebrando las masacres, entonando consignas religiosas y filmando escenas de violencia y humillación», afirma el informe.
El informe también afirma que el 7 de octubre los israelíes «fueron perseguidos, ejecutados, torturados, quemados vivos, mutilados, violados sexualmente y tomados como rehenes en actos de extrema brutalidad».
Los palestinos que presuntamente llevaron a cabo estos actos, según el informe, «los grabaron y retransmitieron en tiempo real, transformando su violencia en un espectáculo y el sufrimiento humano en un instrumento de terror».
Y en una época en la que casi todo el mundo lleva una cámara, miles de testigos israelíes habrían tenido la oportunidad de tomar fotos y grabar vídeos también.
De hecho, los autores se jactan de haber analizado más de 10 000 fotografías y segmentos de vídeo, que suman más de 1800 horas, pero el informe nunca dice que ninguno de esos materiales muestre una violación real o una violación en grupo en curso.
La única descripción detallada de las imágenes de una cámara corporal supuestamente filmadas por un combatiente palestino el 7 de octubre y vistas por la Comisión Civil parece corresponder al asesinato de varias soldadas israelíes en una base militar. La Comisión Civil no describe este vídeo como una representación de una violación o de cualquier otro tipo de violencia sexual.
La ausencia de pruebas visuales de tan siquiera una sola violación es evidente teniendo en cuenta el alcance de las afirmaciones de la Comisión Civil.
Pero concuerda con el informe de marzo de 2024 de la representante especial de la ONU, Pramila Patten.
El equipo de la ONU dirigido por Patten también revisó miles de fotos y vídeos proporcionados por el Gobierno israelí y concluyó que «en la evaluación médico-legal de las fotos y vídeos disponibles, no se pudieron identificar indicios tangibles de violación».
A pesar de las exhaustivas búsquedas, «no se encontró en fuentes abiertas ninguna prueba digital que mostrara específicamente actos de violencia sexual», añadía el informe de la ONU.
Además, en abril de 2024, el periódico israelí Haaretz informó de que «el material de inteligencia recopilado por la policía y los organismos de inteligencia, incluidas las grabaciones de las cámaras corporales de los terroristas, no contiene documentación visual de ningún acto de violación en sí».
Nada en el informe de la Comisión Civil cuestiona estas conclusiones, pero para disimular la evidente falta de pruebas visuales que respalden la narrativa de la violación, el informe invoca la autoridad de miles de fotos y vídeos, al tiempo que evita cuidadosamente cualquier afirmación de que alguna imagen o vídeo muestre realmente que se haya producido ese ataque.
Relatos reciclados y desacreditados
Los supuestos casos concretos del 7 de octubre que recoge el informe resultan casi todos conocidos. Se basa una vez más en un grupo de «testigos presenciales» —no víctimas directas— cuyos relatos carecen de credibilidad o de corroboración, han cambiado con el tiempo o han sido desmentidos rotundamente.
Entre ellos se encuentra una mujer llamada «Sapir», que supuestamente presenció cómo varias mujeres eran violadas en grupo y mutiladas, y que también afirmó haber visto a combatientes palestinos cargando con cabezas cortadas.
Este relato fantasioso, para el que nunca se han presentado públicamente ni se han verificado de forma independiente víctimas, cadáveres o pruebas forenses que lo respalden, apareció en el famoso y desacreditado artículo del New York Times de diciembre de 2023 titulado «Gritos sin palabras».
Según afirmó el Times, Sapir vio a combatientes de Hamás violando a varias mujeres y luego fue testigo de cómo «los terroristas llevaban las cabezas cortadas de otras tres mujeres».
La historia de Sapir también apareció en Screams Before Silence, la película de 2024 de la multimillonaria y exdirectiva de Facebook Sheryl Sandberg que promovía el bulo de las violaciones masivas —desmentido en detalle por The Electronic Intifada tras su estreno—, pero en la película no se mencionan las cabezas cortadas que Sapir supuestamente vio.
El informe de la Comisión Civil incluye el testimonio de Sapir, pero omite la afirmación aún más sensacionalista sobre las mujeres decapitadas que había aparecido en el relato del Times.
Aunque omite este elemento impactante del testimonio de Sapir, el informe de la Comisión Civil cita repetidamente el desacreditado artículo del New York Times firmado por Jeffrey Gettleman, Anat Schwartz y Adam Sella como si fuera una fuente creíble.
Unas cien páginas más adelante, al margen del testimonio de primera mano de Sapir, el informe afirma que los testigos afirmaron haber visto a «los agresores llevando las cabezas cortadas de las mujeres». Una nota al pie atribuye esta afirmación a Sapir. Si la Comisión Civil la considera creíble —a pesar de la falta de corroboración—, ¿por qué omitirla del propio testimonio de Sapir?
El informe también incluye a otros «testigos oculares» dudosos, como Raz Cohen y Tali Biner.
Cohen —cuya historia ha cambiado repetidamente— aparece en el artículo de Gettleman y tanto él como Biner aparecen en la película de Sandberg.
Fabulistas, mentirosos y estafadores
Estos ni siquiera son los ejemplos más flagrantes.
El informe de la Comisión Civil cita a otras personas cuya credibilidad se ha derrumbado, entre ellas Rami Davidian, quien aparece de forma destacada en la película de Sandberg afirmando haber rescatado él solo a cientos de israelíes de las garras de los combatientes palestinos el 7 de octubre.
También afirmó haber visto ese día a docenas de víctimas muertas de supuestas violaciones, algunas con objetos introducidos en sus genitales, pero le dijo a Sandberg que alteró la posición de los cuerpos para que —convenientemente— nadie más pudiera ver jamás lo que él había visto.
Un año después, una investigación del Canal 13 de Israel reveló que Davidian había inventado sus relatos de heroísmo al estilo de un superhéroe y había utilizado su fama para enriquecerse con enormes honorarios por conferencias y donaciones.
«No se trata de ligeras exageraciones, de inflar ligeramente el número de rescatados, en absoluto», afirmó el periodista del Canal 13 Raviv Drucker.
Y, sin embargo, Davidian aparece citado ampliamente como fuente en el informe de la Comisión Civil.
Del mismo modo, el informe se basa en gran medida en las afirmaciones de miembros de ZAKA, la organización israelí de «rescate» responsable de las notorias mentiras del 7 de octubre, como las falsas afirmaciones sobre docenas de bebés decapitados y niños quemados.
El grupo desempeñó un papel destacado al aportar credibilidad de «primeros intervinientes» a dicha propaganda de atrocidades, ayudando a generar el consentimiento público para el genocidio de Israel en Gaza tras el 7 de octubre.
ZAKA fue fundada por Yehuda Meshi-Zahav, quien se suicidó tras ser desenmascarado en Israel como un depredador sexual en serie acusado de violentos delitos sexuales contra hombres, mujeres y niños judíos a lo largo de décadas.
Después de que las víctimas de Meshi-Zahav alzaran la voz, Chaim Otmazgin, de ZAKA, lo defendió públicamente, alegando que las numerosas pruebas en su contra se habían obtenido mediante extorsión.
ZAKA y Otmazgin son citados repetidamente como fuentes fiables en el informe de la Comisión Civil.
Otmazgin y su colega de ZAKA, Simcha Greinman, también aparecieron en la película de Sandberg haciendo afirmaciones escabrosas e incoherentes sobre haber visto clavos y otros objetos en las zonas genitales.
El cruce no es una coincidencia. El informe de la Comisión Civil agradece explícitamente a Kastina Communications, la productora de Screams Before Silence, por permitirle utilizar «materiales y testimonios» recopilados para la película.
Pintando un panorama espeluznante
El informe reconoce en una nota al pie que las autoridades israelíes «en su mayor parte no recogieron pruebas forenses relevantes de los lugares de los ataques ni de los cadáveres recuperados».
La falta de pruebas forenses es, por lo tanto, otro problema narrativo importante al que se enfrenta la Comisión Civil, además de la ausencia de víctimas de violación.
El informe intenta justificar esta ausencia con la manida afirmación de que «los operativos y colaboradores de Hamás destruyeron metódicamente pruebas importantes prendiendo fuego a cadáveres, propiedades y viviendas».
La ciencia forense básica deja claro que destruir pruebas forenses y de ADN, incluso mediante el fuego, no es necesariamente sencillo en una sola escena del crimen.
La afirmación resulta mucho menos plausible cuando se aplica a un supuesto patrón de violaciones masivas que supuestamente se llevaron a cabo en una vasta zona geográfica en medio del caos del 7 de octubre.
El informe no aborda las pruebas de que un número significativo de israelíes fueron asesinados, y muchos cadáveres incinerados, por fuego israelí durante la aplicación a gran escala de la Directiva Hannibal, un protocolo que permite al ejército israelí utilizar una fuerza abrumadora para impedir que los israelíes sean tomados como rehenes, incluso si eso significa matarlos junto con sus captores.
Pero la Comisión Civil —al igual que la película de Sandberg— sí se basa en múltiples testimonios de testigos presenciales sobre cadáveres, por ejemplo con las piernas abiertas o lesiones en la zona de la ingle, para sugerir que estas personas fueron víctimas de violaciones y otras formas de violencia sexual.
Este fenómeno ya se abordó en el informe Patten de la ONU de marzo de 2024, que señalaba «interpretaciones erróneas del estado de los cadáveres por parte de algunos socorristas voluntarios sin las cualificaciones y la experiencia pertinentes».
Esto incluía «confundir la “postura pugilística post mortem” (una postura corporal “tipo boxeador” con los codos flexionados, los puños cerrados, las piernas abiertas y las rodillas flexionadas) debida a daños por quemaduras como indicativa de violencia sexual; malinterpretar la dilatación anal debida a cambios post mortem como indicativa de penetración anal; y caracterizar erróneamente las heridas de bala rasantes en los genitales como mutilación genital selectiva con cuchillos».
El informe de la Comisión Civil se basa repetidamente en afirmaciones sobre el estado de los cadáveres realizadas por personal de primeros auxilios que no eran expertos forenses, incluida Shari Mendes, una reservista del ejército israelí que se encontraba en la base militar de Shura, utilizada como morgue improvisada el 7 de octubre.
Mendes aparece en la película de Sandberg de 2024 relatando sus horribles afirmaciones sobre ropa interior ensangrentada, cuerpos desnudos y mutilación sexual sistemática.
Sus afirmaciones se contradicen no solo con el informe Patten, sino también con las conclusiones de los patólogos israelíes.
Como informó Haaretz en abril de 2024: «En la base de Shura, a la que se llevaron la mayoría de los cadáveres con fines de identificación, había cinco patólogos forenses trabajando. En el ejercicio de sus funciones, también examinaron cadáveres que llegaron total o parcialmente desnudos con el fin de evaluar la posibilidad de violación. Según una fuente conocedora de los detalles, no había signos en ninguno de esos cadáveres que atestiguaran que se hubieran producido relaciones sexuales o que hubiera habido mutilación genital».
La conclusión es que el informe de la Comisión Civil es el último intento de revivir el bulo de las violaciones masivas de Israel en un momento en que Israel es despreciado y aislado en todo el mundo por su genocidio en Gaza. La narrativa recurre a los manidos tópicos racistas y coloniales de los salvajes nativos que violan a las mujeres colonas blancas.
Pero un informe «exhaustivo» que recicla fuentes desacreditadas, cita como prueba una cobertura mediática desmentida, no cuantifica el número de víctimas y sigue sin poder confirmar la existencia de ninguna víctima de violación concreta, viva o muerta, no rescata el bulo de las violaciones masivas de Israel. Confirma su bancarrota.
Fuente: Electronic Intifada.
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