Sionismo y nazismo: no es lo mismo, pero es igual

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Por Jair de Souza.

Después de más de tres meses de una masacre despiadada perpetrada por las fuerzas militares sionistas del Estado de Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza, gran parte de la opinión pública mundial no puede contenerse en su acusación de que “el sionismo es lo mismo que el nazismo”, y que “el Estado de Israel es como la Alemania de Hitler”.

Sin embargo, en esta ocasión quisiéramos enfatizar que no es correcto clasificar a los sionistas y sus adeptos como meros seguidores de la ideología estructurada y difundida por Hitler, Goebbels, Goering y sus asociados. Así como tampoco debemos considerar al Estado de Israel como una simple repetición de lo que fue en su momento la Alemania nazi.

No podemos estar de acuerdo con la equiparación del sionismo israelí con el nazismo de Hitler tan solo porque las fuerzas del primero están cometiendo crímenes iguales, o incluso más horrendos, que los cometidos por el segundo. Sí, es cierto que en el caso de Israel, tal vez sin precedentes en la historia, las fuerzas armadas de una gran potencia militar han establecido como blanco prioritario a la parte más frágil de la población civil del pueblo con el que se enfrentan. Es cierto que de las más de 25.000 muertes civiles causadas hasta ahora por los despiadados bombardeos israelíes en la Franja de Gaza, alrededor del 70% se refieren a niños y mujeres.

Seguramente, si tuviéramos que expresar nuestra opinión basándonos únicamente en la sordidez y monstruosidad que nos indica esta contabilidad, fácilmente podríamos adherirnos al argumento que equipara el sionismo israelí con el nazismo de Hitler. En términos de perversidad, crueldad e inhumanidad, no habría muchas diferencias que señalar entre estas dos corrientes, cada una en su tiempo histórico, lógicamente.

Sin embargo, nos vemos obligados a reconocer que hay otros aspectos en juego que no pueden ignorarse. Por lo tanto, tales diferenciaciones nos llevan a rechazar una equiparación pura y simple de estas dos corrientes ideológicas más dañinas que la humanidad ha producido a lo largo del tiempo. Sobre los puntos discrepantes intentaremos arrojar algo de luz por medio de las palabras que expresaremos a continuación.

En primer lugar, debemos reiterar que es absolutamente incorrecto decir que el sionismo se ha inspirado en el nazismo y busca imitarlo. Quienes defienden esto simplemente olvidan el surgimiento previo del sionismo en relación con el nazismo. Como sabemos, las primeras formulaciones del sionismo judío tuvieron lugar a mediados del siglo XIX, mientras que las del nazismo recién comenzaron a tomar forma a principios del siglo XX. Por lo tanto, si existe alguna influencia efectiva de una de estas corrientes políticas sobre la otra, la lógica nos obligaría a concluir que es mucho más probable que el nazismo haya sido influenciado por los postulados del sionismo que al revés.

Aunque el sionismo y el nazismo constituyen visiones del mundo esencialmente racistas y supremacistas, el pueblo símbolo de cada uno no es el mismo. Para los nazis, la flor y nata de la humanidad está constituida por la raza aria, de la cual los alemanes constituyen el núcleo más puro. Para los sionistas, el papel de pueblo amo, de pueblo elegido, lo desempeñarían los judíos. En otras palabras, si bien el mecanismo que sustenta las bases del racismo y el supremacismo en el sionismo y el nazismo es muy similar, el grupo humano que cada uno considera como centro preferencial es diferente.

Aunque los judíos fueron el grupo étnico que más sufrió las atrocidades del nazismo, durante las primeras fases del nazismo, los líderes sionistas no cuestionaron las tesis nazis sobre la necesidad de separación entre las diferentes etnias. Como es sabido, estas formas de nacionalismo surgieron de disputas interburguesas en la Europa del siglo XIX, en las que cada burguesía buscaba alinear dentro de sus filas al máximo número posible de personas con las que estaban étnicamente en sintonía. Como la burguesía judía no tenía un territorio bajo su control para imponer el peso de sus intereses sobre los otros grupos burgueses, la ascendencia judía pasó a ejercer un fuerte peso unificador. Por ello, los sionistas acogieron con agrado las primeras iniciativas hitlerianas que buscaban consolidar el aislamiento de los judíos del resto de poblaciones donde se ubicaban.

Como ya he intentado dejar claro en otros textos, los sionistas eran una minoría en todas las comunidades judías de Europa hasta antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, la mayoría de los judíos estaban comprometidos en la lucha por lograr sus derechos de integración en igualdad de condiciones con los demás miembros de sus sociedades. Además, un número significativo de judíos se había adherido a los ideales del socialismo y la lucha de la clase trabajadora por su emancipación. Tanto es así que un alto porcentaje de los principales dirigentes del movimiento obrero europeo de la primera mitad del siglo XX tenían ascendencia judía.

La gran utilidad que el nazismo tuvo para la burguesía judía tras su derrota definitiva ante las fuerzas soviéticas en 1945 fue abrir el camino a la consolidación del sionismo como fuerza política hegemónica entre las comunidades judías. Por supuesto, para que esto sucediera fue necesario contar con la valiosa ayuda de las fuerzas del imperialismo y de todos aquellos que hasta poco antes veían con satisfacción o indiferencia la persecución que el nazismo llevó a cabo contra los judíos en Europa.

En razón de lo que habíamos explicado con anterioridad, queremos reiterar lo que mencionamos al principio: el sionismo no es una simple copia del nazismo. Sí, es cierto que tiene mucho en común con la variante alemana del fascismo, pero también hay varios puntos que dejan claro que las dos corrientes no son exactamente idénticas.

Sobre la relación entre sionismo y nazismo, podríamos resumirlo como decía Silvio Rodríguez: “No es lo mismo, pero es igual”.

Jair de Souza es licenciado en Economía por la UFRJ y máster en Lingüística por la UFRJ.

Traducción: Jair de Souza

La opinión del autor no necesariamente representa la opinión de Los Otros Judíos y es de entera responsabilidad de su autor

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