
Por Tania Melnick.
El reciente escándalo mediático sobre los «pogromos antisemitas» en Ámsterdam ha revelado, una vez más, la habilidad de los medios de comunicación dominantes para construir narrativas falsas que justifican la opresión y la violencia en curso. La información de los medios que aseguraba que multitudes árabes y manifestantes propalestinos atacaban a hinchas israelíes del Maccabi Tel Aviv en la capital de los Países Bajos, acusándolos de antisemitas, no solo era una falsedad, sino una desviación consciente de la realidad que alimenta una violencia más grande y perpetúa la propaganda sionista. Esta distorsión de los hechos se presenta como un intento de desviar la atención de las atrocidades cometidas en Gaza por las fuerzas de ocupación israelíes y de convertir en víctima al agresor.
Para quienes se atreven a escarbar más allá de la superficie, lo que se revela es una trama tejida con hilos de desinformación, en la que se manipula el concepto de antisemitismo para blanquear el genocidio. Los hechos en Ámsterdam fueron presentados como un pogromo antisemita, olvidando deliberadamente que, a lo largo de la historia, el término «pogromo» se ha usado para describir las violentas persecuciones de judíos en Europa, principalmente bajo el imperio zarista y en la Europa de principios del siglo XX. Instrumentalizar el concepto de pogromo hoy, cuando en realidad los verdaderos pogromos se dan contra los palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, es una trivialización inaceptable, una vulgarización de la memoria histórica que solo puede tener un propósito: silenciar la denuncia legítima de las violaciones de derechos humanos cometidas por Israel.
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