
Por Tali Feld Gleiser.
Más de 22 mil personas participaron este miércoles en Buñol, en la provincia de Valencia, en la tradicional Tomatina, una batalla festiva de tomates que este año se presentó como «terapia colectiva» ante el trauma de las inundaciones del pasado mes de octubre. Mientras tanto, en Gaza, miles de familias luchan a diario por conseguir un pedazo de pan, en medio del cerco y el genocidio, perpetrado por Israel, que convierte el hambre en un arma de guerra. El contraste no podría ser más brutal.
Por un lado, toneladas de tomates lanzados a las calles para exorcizar el dolor provocado por una catástrofe natural. Por otro, niños desnutridos, colas interminables en busca de harina e historias de madres que mezclan pienso para animales con la comida para intentar engañar al estómago vacío. La abundancia convertida en juego lúdico en España se contrapone a la escasez impuesta deliberadamente en Palestina.
La Tomatina tiene un valor simbólico y cultural. Es una fiesta que, este año, ha cobrado aún más sentido como forma de reconstruir el ánimo de la población local tras la tragedia de las inundaciones que devastaron Valencia. El rojo del tomate aplastado, sin embargo, resuena de forma dolorosa cuando se compara con el rojo de la sangre y el hambre en Gaza.
No se trata de cuestionar la legitimidad de la fiesta española ( ¿o sí?), sino de ver, a través de ella, el abismo global de las injusticias. Mientras que en una parte del mundo se puede desperdiciar comida como forma de catarsis, en otra, la comida es un privilegio inalcanzable, secuestrado por intereses políticos y militares de la entidad ilegítima y, especialmente, de su primer ministro.
El contraste debería servir de alerta: si en Buñol el tomate cura heridas, en Gaza salvaría vidas. La tragedia natural valenciana (que también podría haber sido evitada, o, por lo menos, reducida) encontró una respuesta comunitaria festiva. La tragedia en Gaza, provocada por el genocidio, el apartheid, la limpieza étnica y la ocupación sionistas, sigue sin terapia posible.
Tali Feld Gleiser es cofundadora de Los Otros Judíos y directora general y cofundadora del Portal Desacato. Los lunes presenta el programa Do Rio Ao Mar.
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