
Por Ilan Pappé.
He aquí un enigma. Mientras que las bolsas de todo el mundo reaccionan con nerviosismo ante la ofensiva contra Irán, la Bolsa de Tel Aviv está en auge. He aquí otro: mientras que millones de personas en la región temen la operación militar estadounidense-israelí y sus consecuencias, la sociedad israelí está eufórica. Según las últimas encuestas, el 93 por 100 de la población judía apoya la guerra. En un artículo publicado en Yedioth Ahronoth, un periodista captura el ambiente eufórico reinante:
Mientras nos deshacemos del monstruoso pulpo iraní, camino por la calle, las tiendas están abiertas, los repartidores de Wolt se apresuran a entregar sushi, shawarma y pasteles de chocolate a precios desorbitados a los ciudadanos israelíes, la gente hace footing en el parque y en mi casa tengo electricidad, agua caliente e Internet. El estudio de Pilates está abierto y la bolsa israelí bate récords. Y en este mismo momento, sobre mi cabeza, en las tierras bajas, los aviones de combate de la Fuerza Aérea despegan para efectuar otra incursión […]. Destruyen con una precisión imposible otra casa de un oficial de rango medio de la Guardia Revolucionaria […].
¿Es esta la guerra más crucial desde la fundación del Estado? Así es, porque el Estado de Israel es un milagro que no se puede explicar.
El periodista continúa sugiriendo que Israel debe mostrarse agradecido ante el gran liderazgo de Netanyahu, junto con las cualidades excepcionales de su pueblo y la ayuda divina. En Israel Hayom, otro destacado periodista ofrece otro elogio patriotero del primer ministro de Israel. Incluso los detractores de Netanyahu deben admitir que posee «paciencia, astucia, determinación y un planteamiento inquebrantable» en su constante destrucción del enemigo –guerra total contra Hamás, luego contra Hezbolá, ahora contra Irán– y en el desbaratamiento de los insensatos intentos de Trump de negociar con los mulás y de diseñar un plan de paz para Gaza.
La estrategia parece consistir en una sucesión de desmesuradas campañas de conmoción y pavor. Irán está actualmente en el punto de mira, pero el mensaje va dirigido a todos los Estados de Oriente Próximo: no os atreváis a desafiar la apuesta de Israel por la hegemonía regional o la limpieza étnica de Palestina. Lograr lo primero otorgaría a Israel la inmunidad que necesita para efectuar la segunda y rectificar así el error que lamentó el historiador Benny Morris, cuando criticó a Ben Gurión por no expulsar a la totalidad de la población palestina en 1948. Como dijo Bezalel Smotrich a los miembros palestinos de la Knesset en 2021, «estáis aquí, porque Ben Gurión no terminó el trabajo». En opinión del gobierno y de la élite política israelí parece haber llegado el momento de terminar el trabajo.
Para este bando, la propia sociedad israelí debe volverse mucho más teocrática. Aún no es, lamenta Smotrich, el «Estado de los Cohanim» [sacerdotes], pero está en camino de ser gobernado por una versión bíblica severa de la ley halájica: «El Estado de Israel, el país del pueblo judío, si Dios quiere, volverá a funcionar como lo hacía en los días del rey David y el rey Salomón»
Esto supone una ruptura con la estrategia sionista anterior a la creación del Estado y con la política regional israelí posterior a la misma, que se basaba en operaciones encubiertas combinadas con el despliegue de una especie de criptodiplomacia. A menudo me preguntan, si la guerra actual tiene como objetivo implementar lo que se conoce como el Plan Yinon. Oded Yinon fue asesor de Sharon y en 1982 coescribió un artículo en el que esbozaba una estrategia de divide y vencerás para el mundo árabe. El sectarismo beneficia a Israel, argumentaba, y debe promoverse. Esta era la época en que Sharon trató de sembrar la división en las filas de la resistencia palestina, entre otras cosas alentando a las fuerzas islamistas en Gaza. Cuando ello fracasó, Sharon lanzó un ataque directo contra la OLP en el Líbano, lo que fue ampliamente criticado en Israel como un error estratégico. Las recientes noticias sobre el intento de facilitar una invasión terrestre kurda desde Iraq para complementar el bombardeo aéreo de Irán pueden parecer confirmar, que estas tácticas siguen en vigor. Pero no es así. La antigua estrategia era mucho menos dramática: la intervención clandestina en la política interna de otros Estados no es una política de la que se presuma, ni se basa en arrastrar a la región a una guerra.
Evidentemente, este ya no es el modus operandi del Estado de Israel. Paradójicamente, el mejor esquema interpretativo aquí puede ser el que los orientalistas han aplicado habitualmente, pero no siempre con mucha precisión, a la República Islámica, esto es, que se trata de un poder que no actúa de acuerdo con un modelo «occidental» racional y humanista de la política, sino en virtud de una ideología fanática. Quienes determinan la estrategia actual de Israel son explícitos sobre las raíces de la misma en las enseñanzas del sionismo mesiánico y en su concepción de la guerra actual como el cumplimiento de un mandato divino. Netanyahu puede ser menos ideológico que sus aliados y estar más preocupado por su propia supervivencia política, pero no hay duda de que acepta su glorificación como genio estratégico y mensajero de Dios. Para este bando, la propia sociedad israelí debe volverse mucho más teocrática. Aún no es, lamenta Smotrich, el «Estado de los Cohanim» [sacerdotes], pero está en camino de ser gobernado por una versión bíblica severa de la ley halájica: «El Estado de Israel, el país del pueblo judío, si Dios quiere, volverá a funcionar como lo hacía en los días del rey David y el rey Salomón». Gran parte de la legislación doméstica del gobierno se dedica a perseguir este fin. En segundo lugar, es necesario resolver la cuestión palestina. Gaza es el modelo. Smotrich de nuevo: «No hay medias tintas. Rafah, Deir al-Balah, Nuseirat: destrucción total. “Borrarás de debajo del cielo el recuerdo de Amalek. No hay lugar para ellos debajo del cielo”».
En octubre de 2024 Smotrich declaró que «una vez en cada generación, se presenta una oportunidad única para cambiar la historia, para cambiar el equilibrio de poder en el mundo y para remodelar el futuro. Pronto tendremos que tomar decisiones trascendentales, que conducirán a un nuevo y mejor Oriente Próximo». Para la mayoría de los comentaristas políticos occidentales, las proclamaciones mesiánicas, salvo las efectuadas por los islamistas, parecen irrelevantes para la política. Pero no se trata de declaraciones vacías. Se trata de una concepción del mundo, que ahora domina tanto las instituciones políticas como las militares israelíes y que sustenta gran parte del júbilo actual imperante en la sociedad israelí y del respaldo incondicional mostrado por sus medios de comunicación. La guerra contra Irán también cuenta con el apoyo de quienes tienen un planteamiento más secular y supuestamente más racional de la política presentes en el Mossad y en el mundo académico, así como de los únicos políticos que podrían derrotar a Netanyahu en las elecciones de octubre, Avigdor Liberman y Naftali Bennet. La justificación es que Israel tenía que actuar, porque se enfrentaba a una amenaza existencial, una afirmación tan plausible como las evidencias alegadas por Colin Powell ante la ONU para justificar la invasión de Iraq. Aún más absurdo es el argumento de que un Estado que viola sistemáticamente los derechos de los palestinos está librando una guerra en nombre de los derechos humanos en Irán.
Desde una perspectiva económica, a pesar del optimismo del mercado bursátil israelí, la trayectoria del Estado israelí es muy cuestionable. Cuesta mucho dinero –2 millardos de nis al día en gastos directos y entre 5 y 6 millardos en gastos indirectos– y requerirá una importante ayuda financiera continuada por parte de Estados Unidos. La lógica del gobierno es que ello se verá compensado por los dividendos económicos: los beneficios vertiginosos de la venta de armas, ahora que las armas israelíes de última generación se están exhibiendo en el campo de batalla, por no mencionar la perspectiva de las reservas de petróleo iraníes y un mayor acceso a las de los Estados del Golfo, a medida que estos se convenzan de que necesitan la protección de Israel. Sin embargo, no hay certeza de que esto compense la tensión financiera; lo mismo ocurre con el dinero gastado en los asentamientos y la promoción del judaísmo mesiánico en lugar de ocuparse de la sanidad y de otras prioridades sociales.
Hay otras razones por las que Israel tendrá dificultades para llevar a cabo su estrategia a largo plazo. Campañas como esta en el pasado se abandonaron en cuanto surgieron dificultades. La pérdida de vidas estadounidenses, la presión de otros países de la región, la opinión pública en Estados Unidos, la posible resistencia del régimen iraní y la continua resistencia de los palestinos pueden alterar el equilibrio. A juzgar por los intentos anteriores, una invasión del Líbano no beneficiará a nadie. Mucho depende de la coalición global que blinda las guerras de Israel: la industria armamentística, las corporaciones multinacionales, los líderes megalómanos de los Estados poderosos, los lobbies sionistas cristianos y judíos, los apocados gobiernos del Norte global y los regímenes árabes corruptos de Oriente Próximo. Lo que está absolutamente claro es que antes de que termine este fiasco Israel infligirá un gran sufrimiento a los iraníes, los libaneses y los palestinos.
Recomendamos leer Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», El Salto. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024) y «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025). Alí Abunimah, «¿Han juzgado erróneamente a Irán Estados Unidos e Israel?», Layla Yammine, «Millones de personas en riesgo de desplazamiento mientras Israel bombardea el Líbano», Farsi Giacaman, «Israel está aplicando la “doctrina de Gaza” en el Líbano e Irán», Suleiman Mourad, «Hezbolá embridado», Tariq Ali, «Las consecuencias del asesinato de Nasralllah», todos ellos publicados en Diario Red. Susan Watkins, «Israel después de Fordow», NLR 155, y «Fuerzas de trabajo en Oriente Próximo», NLR 45.
Este artículo se ha publicado originalmente en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista publicada en Madrid por el Instituto República & Democracia de Podemos y por Traficantes de Sueños, y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.
Fuente: Diario-Red.
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