Sin embargo, dichos postulados eran un misil en la línea de flotación de la doctrina sionista que aspira a resucitar el endemismo del Gran Israel (Eretz Israel), por lo que el Mossad israelí procedió a la gestación de Hamas en 1987 para dinamitar en una primera fase los Acuerdos de Oslo y posteriormente enfrentar a las dos facciones palestinas de Hamas y Al Fatah y lograr la conversión de la Franja de Gaza y de Cisjordania en dos entes refractarios e irreconciliables.
Así, en el 2007, siguiendo el lema de César, «divide et impera», Israel consiguió que las dos facciones palestinas se enfrentaron abiertamente por la lucha por el poder, tras lo cual la influencia de Mahmoud Abbas y Al Fatah quedó ciscunscrita a una Cisjordania convertida en un mero protectorado de Israel mientras Hamas asumió el poder absoluto en la Franja de Gaza aislada por un Muro que ha degenerado en una profunda crisis humanitaria entre sus más de dos millones de habitantes, logrando de paso Israel su objetivo primigenio de fracturar la otrora unidad de acción palestina.








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