Crónicas desde Palestina III: Castigo colectivo

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Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Los Otros Judíos en Palestina.

El día en que se hizo público el encuentro de los cadáveres de los tres jóvenes colonos me encontraba en la ciudad de Ramala. La gente que estaba conmigo no paraba de repetir: “No se puede matar prisioneros, no se puede matar prisioneros. ¿Qué pasaría si los israelíes deciden matar a alguno(s) de los casi 6000 presos palestinos?” No fue necesario que ocurriera “nada” con los presos (más allá de las habituales torturas físicas y psicológicas) porque hordas de colonos de extrema derecha secuestraron a Mohamad Abu Khdair de 16 años, lo torturaron y quemaron hasta matarlo. Hoy, el campo de refugiados de Shu’fat amaneció tomado por las fuerzas de ocupación de Israel que trataban de sofocar las protestas, que continuaron durante toda la noche.

Barrio de Shu'fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio.

Barrio de Shu’fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio. Foto via Younes Arar.

En el Campamento de Refugiados de Jenin, Youssef Abu Zaghah -de sólo 16 años- fue asesinado a sangre fría de un disparo en el pecho por las fuerzas de ocupación de Israel.

En Jerusalén, una turba de jóvenes pro colonos y judíos ortodoxos, encabezada por los exparlamentarios Michael Ben Ari e Itamar Ben Gvir, salieron por las calles gritando: “Queremos venganza. Un judío es un hermano, un árabe es un bastardo”. La policía trató de dispersarlos y, mientras corrían, algunos de ellos preguntaban: “¿Qué hora es?” a gente de piel oscura para ver si respondían con acento árabe y agredirlos.
La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

Otros, gritaban a turistas y curiosos que dejaran de ver el Mundial de Fútbol y se juntaran con ellos. También entraron a un restaurante McDonald’s porque se enteraron de que había trabajadores palestinos.
En otro caso, extremistas judíos atacaron a tres palestinos que realizaban su cena de Ramadán y uno de ellos resultó herido. La policía arrestó a tres de los agresores y amenazó con arrestar a uno de los palestinos, que preguntaba cómo el solo podría atacar a 500 personas.
Más de 1600 casas, universidades y sedes políticas han sido allanadas. Varias casas de familia y algunos vehículos particulares pertenecientes a dirigentes políticos palestinos han sido destruidos por el ejército de ocupación (1).
Hoy jueves de madrugada, cinco palestinos fueron secuestrados por las Fuerzas de Ocupación de Israel en el distrito de Nablus y, uno, en Jenin, al norte de Cisjordania. Las redadas continuaron en casi todos los pueblos y ciudades, además del salvaje ataque a Gaza con más de 30 bombardeos y muchos heridos. 15 palestinos ya fueron asesinados desde el lunes. No hay cómo informar de todas las violaciones a los derechos humanos, el castigo colectivo al que está siendo sometido el pueblo palestino desde que encontraron los cadáveres de los tres colonos adolescentes el lunes pasado, sin escribir casi un diario sobre cada crimen. Tras cada número existe un nombre, una vida o, incluso, una muerte.
Nada hace pensar que la situación pueda calmarse. El gobierno sionista no tiene cómo controlar (si quisiera) a la extrema derecha y los colonos que infectan la Cisjordania ocupada y que son fuertemente subsidiados por el Estado. La Autoridad Palestina no tiene ningún poder en este caso, si es que lo tiene en algún momento.La prensa también está siendo atacada. Una fotógrafa de Active Stills fue baleada en la cara y tuvo que ser operada para no perder un ojo (no hay informe médico hasta el momento). La periodista Boshra Tawil, de 24 años e hija de uno de los líderes de Hamas en la zona de Al-Bira, fue secuestrada en su propia casa. Boshra es la portavoz de la Red “Aneen Al-Qaid Media” una agencia de noticias local que se especializa en cubrir noticias sobre las detenciones de palestinos y los presos políticos.
Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Los testimonios escritos y fotográficos de los activistas internacionales parecen estar teniendo algún efecto por las nuevas actitudes de Israel. Tengo que volver de Ramala a Beit Ummar, para lo que existen dos opciones, siempre y cuando uno NO sea palestino. La primera es a través de Jerusalén, lo que podría tomar unos 30 o 40 minutos si no hubiera puestos de control y otras eventualidades. La segunda opción, y la única que la mayoría de los palestinos puede usar es el Valle del Fuego, una carretera en pésimas condiciones y muy peligrosa. El viaje puede tomar entre tres y cuatro horas debido a las paradas constantes, el estado del asfalto y la cantidad de veces que a las Fuerzas de Ocupación se les antoje pararte. También hay que pasar por dos puestos de control.

Ramala Beit Ummar
En mi caso, tomo en Ramala el bus 19 a la estación de buses palestinos en Jerusalén Este. Como mis amigos palestinos no venían conmigo, no habría problema en hacer este itinerario. Llegamos rápidamente a Qalandia, puesto de control que corresponde a esa área, y sucede algo fuera de lo habitual. Un soldado (muy parecido a mi primo de Buenos Aires) pide los documentos a todos los pasajeros y, al contrario de lo que sucede siempre, quienes fuimos enviados al puesto de control éramos todos extranjeros.
En la entrada, hay un gran estacionamiento y oigo que me ofrecen un taxi. Era una parada de taxis palestinos cuyos choferes tienen autorización para llevar pasajeros del puesto de control hasta Jerusalén. En una decisión arriesgada acepto la tarifa que me dan (alta para mi menguado presupuesto) y me hacen subir adelante al lado del taxista, que solo habla árabe. Por esas cosas de la Ley de Murphy casi vamos a parar al mismo carril donde habían revisado mi bus palestino. Si el soldado igual a mi primo ve que no pasé por el puesto de control, tendré no pocos problemas. En un grito instintivo, le grito al chofer “¡no!” y le hago un gesto como para que tome otro carril y, por suerte, me obedece. Nos toca otro soldado, que mira mi pasaporte sin interés. Pasamos sin problemas y sin que “mi” soldado, en el carril de al lado, me viera.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Ya en Jerusalén, camino hasta la estación frente a la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja y tomo el bus 21 (siempre palestino) a Belén. Pocos minutos después de partir, somos parados frente al Parque Nacional Mitchaell. Dos jóvenes policías, casi adolescentes, piden los documentos. Una de ellas recoge los de los palestinos y revisa los pasaportes de los extranjeros sin prestar mucha atención. No pueden molestarnos mucho porque Belén es una ciudad turística y “business is business”. Las dos policías bajan y se reparten los documentos palestinos con otras policías. Tardan unos diez minutos. Sentadas en los escalones de la entrada del Parque vaya uno a saber de qué hablan porque se las ve reírse como si estuvieran chusmeando sobre el chico lindo de la escuela. Cuando terminan, le entregan los documentos al chofer del bus que los devuelve a sus dueños.
Soldado pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Policía pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Nadie más nos detiene hasta Belén, donde tomo una camioneta en dirección a Hebrón.

Entrada a Beit Ummar  y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc.

Entrada a Beit Ummar y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc. Foto: Tali Feld Gleiser.

Me bajo en la entrada a Beit Ummar tras un agotador viaje de más de cuatro horas, de una jornada que todavía sería muy larga. Pero eso es otra historia.

Beit Ummar, 3 de julio de 2014.

Fuentes

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