La guerra de Gaza y su impacto en la economía israelí

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Por Diana Rojas.

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Recientemente, el diario israelí Yedioth Aharonot afirmó que los ataques contra la Franja de Gaza en las tres primeras semanas transcurridas desde el inicio de los bombardeos equivalían a 12.000 millones y medio de shekels (unos 3.500 millones de dólares). El diario añadió que si la guerra continuaba al mismo ritmo en dos semanas más costaría más que la guerra del Líbano de 2006.

Cabe señalar que la Operación Plomo Fundido contra Gaza de 2009-2010 costó 1.000 millones de dólares y la de 2012 la cifra de 15 millones. El impacto de estas dos guerras en la economía israelí fue muy pequeño.

No ha sido así en esta ocasión. El mercado bursátil israelí sufrió en las tres primeras semanas del conflicto una pérdida de 4.000 millones de shekels (1.268 millones de dólares). Esto viene a significar unos 28 millones de dólares diarios.

Por su parte, el sector turístico ha perdido el 75% de sus ingresos, es decir unos 1.000 millones de shekels y podría perder otros tantos hasta finales del año actual. El turismo es, por esencia, una industria que requiere plena seguridad y es muy sensible a los conflictos y la inestabilidad.

Los daños sufridos en el comercio alcanzaron en esas tres primeras semanas del conflicto unos 1.000 millones de shekels debido a la caída de las exportaciones.

A todo ello hay que añadir unos 1.000 millones de shekels que habrán de ser empleados, como mínimo, para paliar los daños ocasionados por los cohetes y misiles palestinos.

Naturalmente, todas estas cifras tendrán que ser ampliadas conforme a la duración del actual conflicto y algunas de ellas podrían doblarse o multiplicarse varias veces.

Israel tiene también otro problema. Durante mucho tiempo, la entidad sionista recibió fondos de los países occidentales que la veían como un instrumento útil para la subyugación del mundo árabe y el saqueo de sus recursos, lo cual era mucho más valioso que los costes de apoyar a Israel. Su labor era también la de proteger a los regímenes árabes marionetas y colaboracionistas de las potencias occidentales, lo que explica la existencia de un interés común entre estos últimos y el régimen sionista para proceder a algún tipo de normalización.

Las inversiones directas en Israel han estado vinculadas también al llamado proceso de paz. Estas inversiones fluyeron a Israel tras la Conferencia de Madrid de 1991 y crecieron aún más después de los Acuerdos de Oslo de 1992.

Todo ello implica que la existencia de un movimiento de resistencia es un gran obstáculo no sólo para la expansión militar y la influencia política de Israel sino también para su desarrollo económico. Así, la economía israelí creció en un 5,9% en 2000 pero cayó a menos del 1% en 2002 después del estallido de la Segunda Intifada.

En este sentido, la actual guerra de Gaza paralizará, sin duda, el proceso de normalización de algunos estados árabes con Israel debido a la oposición popular. En Jordania, por ejemplo, los llamamientos a la ruptura de relaciones diplomáticas y del Tratado de Paz de 1994 se han multiplicado.

Además, las derrotas sufridas por Israel en el Líbano en 2000 y 2006 y en Gaza en 2009 y en la actual guerra de 2014 significan que Israel ya no sirve al propósito de sus patrocinadores. Estas guerras libradas por Israel buscaban tranquilizar a las compañías internacionales de que la “paz” era sólida y se estaba expandiendo y sólo necesitaban ser pacientes. Sin embargo, las derrotas israelíes en estos conflictos han dañado la credibilidad israelí y han mostrado la posibilidad incluso de que las fábricas y centros económicos situados en Israel puedan ser objeto de ataques con misiles cada vez más sofisticados. Por encima de todo, significan que Israel ya no está en condiciones de controlar o subyugar el mundo árabe.

La posibilidad de futuros conflictos y la prolongación de la actual guerra de Gaza plantean, pues, muchos interrogantes a los inversores acerca del futuro y muchos han llegado ya a la conclusión de que no es posible realizar una inversión segura en Israel.

A todo ello hay que añadir la expansión del movimiento en favor del boicot a Israel en el mundo. Este movimiento tendrá un claro efecto en las exportaciones israelíes y llevará a numerosas empresas a reconsiderar sus vínculos con Israel teniendo en cuenta que ellas mismas podrían sufrir campañas de boicot si siguen importando bienes y productos de la entidad sionista.

Fuente: http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=69012&cid=59&fromval=1&frid=59&seccatid=30&s1=0#.U-ZOrZxD0pM.facebook

N. de la R.: No te olvides del boicot de productos con el código de barras 729.

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