El Holocausto Palestino: A 67 años de la Nakba

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La Nakba

Puede parecer extraño este encabezado, por la inevitable reminiscencia que trae respecto de la situación vivida por los judíos durante el régimen nazi. Sin embargo,invitamos al lector a reflexionar acerca de los hechos y argumentos que se exponen a continuación y a extraer de éstos sus propias conclusiones.

En las últimas décadas del siglo XIX surge entre los judíos de Europa el movimiento sionista, el cual preconiza la instalación de un “hogar nacional” para los judíos provenientes de todo el mundo. Dicho movimiento fue motivado por lascondiciones de inferioridad social sufridas durante siglos por los judíos, en los distintos países de Europa, lo que se tradujo en muchas ocasiones, en persecuciones y discriminación.

En definitiva, el lugar escogido para establecer el citado hogar fue Palestina, basándose en que sería la “tierra prometida”, según la promesa hecha por Dios a Abraham en el libro del Génesis de la Biblia. Otro argumento importante esgrimido por el Sionismo y ampliamente difundido, consistió en que Palestina era “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”. Fue así como en esa misma época comienzan las emigraciones judías a Palestina, territorio que estaba bajo la dominación turca y cuya población se encontraba constituida, en más de un 95%, por habitantes de origen árabe. Por cierto, el slogan de “una tierra sin pueblo”no pasaba de ser un mito.

Finalizada la I Guerra Mundial, Palestina queda bajo el Mandato Británico y debido a promesas del gobierno inglés, la emigración judía se intensifica y comienzan a producirse fricciones entre los inmigrantes y la población mayoritaria árabe, que culminan en 1939 con la rebelión de esta última contra la autoridad británica. Ese mismo año comienza la II Guerra Mundial, la que finalizaría en 1945, año en que el mundo se entera cabalmente del holocausto perpetrado por los nazis. Este último hecho refuerza la presión de los judíos europeos por emigrar a Palestina y genera sentimientos de conmiseración y de culpa por omisión en las potencias vencedoras, respecto de las víctimas del holocausto.

De ahí en adelante, el Sionismo conforma fuerzas paramilitares para enfrentarse a la población nativa y a los británicos y desata el terrorismo principalmente contra estos últimos, con el fin de provocar su retiro de Palestina, lo que tiene éxito, ya que en septiembre de 1947 Gran Bretaña anuncia su intención de poner término al Mandato. Se crea así una grave situación de hecho, la que acompañada además de presiones de todo tipo hacia las potencias mundiales por parte del Sionismo, obliga a las Naciones Unidas a involucrarse, lo que derivó en la Resolución 181, de 29 de Noviembre de 1947, que determina la partición de Palestina en 2 estados, uno judío y el otro árabe, entregando al primero un 56% del territorio y un 43% de este a los árabes, quedando Jerusalén bajo un estatus especial.

Conviene repasar las cifras para ponderar la justicia de la partición: a esa fecha y debido a las emigraciones masivas, la población judía ascendía a 700.000 personas, constituía el 33% del total de la población y poseía tan solo el 6% de la tierra; pese a esto, se le asignó el 56% de ella. Los árabes constituían el 67% de la población, con 1.380.000 habitantes, y eran dueños del 94% de la tierra; se les asignó sólo el 43% de esta. No se requiere mucha clarividencia, para darse cuenta de que tal desproporción e injusticia desatarían de inmediato un gravísimo conflicto, como de hecho ocurrió, conflicto que perdura hasta hoy.

A partir de la fecha en que se consagra la partición de Palestina, el Sionismo desata su actividad terrorista directamente en contra de la población árabe. Emblemática resultó en este aspecto la masacre de Deir Yassin, en Abril de 1948,en que fueron asesinados 250 palestinos y mediante la cual el Sionismo envió un claro mensaje a la población: o abandonaban el territorio o correrían la misma suerte que los habitantes de Deir Yassin. Fue así como el 14 de mayo del mismo año, fecha de la creación del Estado de Israel, 400.000 palestinos fueron expulsados de sus propiedades ante la amenaza de muerte sionista, convirtiéndose en refugiados. Ante esta situación, entraron a luchar contra Israel los ejércitos de 3 países árabes recién independizados, los que fracasan en su intento de detener el avance de Israel. Como consecuencia, en 1949 se llega a un armisticio, Israel se queda con el 78% de la Palestina histórica y otros 350.000 palestinos se convierten en refugiados, elevándose así la cifra total de éstos al 50% de la población. 500 aldeas palestinas son borradas del mapa y sus nombres reemplazados por denominaciones hebreas.

Posteriormente, en junio de 1967, en la “Guerra de los 6 días”, Israel ocupa el resto de Palestina, el que controla hasta la actualidad, pese a que la ONU, mediante la Resolución 242, de noviembre de 1967, dictaminó el retiro de Israel a las líneas del armisticio de 1949.

A partir de los acuerdos de Oslo en 1993, los palestinos han aceptado crear su Estado en tan solo un 22% de la palestina histórica, en territorios ubicados en Cisjordania y la Franja de Gaza. Sin embargo, desde 1967 Israel ha colonizado con asentamientos ilegales casi el 50% de la superficie de Cisjordania, los que a la fecha (2015) son habitados por cerca de 600.000 (2013) colonos sionistas. Se ha disgregado así el territorio palestino en Cisjordania, el que ha sido convertido en un verdadero archipiélago terrestre, cuyas diferentes “islas” no tienen conexión entre sí, ya que se encuentran rodeadas por los asentamientos israelíes, carreteras exclusivas para los habitantes de estos, checkpoints (más de 500) y el muro de separación, que ha convertido a las ciudades y aldeas palestinas en verdaderos guetos.

A 67 años de la partición, hay casi 6 millones de refugiados palestinos sobreviviendo precariamente en campamentos, cuyo derecho de retorno a su tierra ancestral es un derecho humano básico, que no caduca y que Israel se niega a reconocer. Y los palestinos que lograron permanecer en su tierra, ya sea en territorio israelí o en Cisjordania, bajo ocupación y colonización, y en Gaza, bajo permanente asedio israelí, suman casi 5 millones.

Durante los 67 años transcurridos desde que se produjese lo que los palestinos denominan el Nakba (Catástrofe), ellos han debido soportar las siguientes situaciones, impuestas por Israel a través de la ocupación militar:

  • 1. Colonización de su territorio; la única colonización que se está llevando a cabo en el mundo y que, dado que se está ejecutando como parte de una ocupación militar, de acuerdo al derecho internacional recibe el calificativo de crimen de guerra.
  • 2. Creación de campos de concentración, de los cuales Gaza es el más extenso y poblado de la historia, con 1.500.000 habitantes.
  • 3. Aplicación de castigos colectivos, de carácter terrorista, puesto que se busca aterrorizar a la población, para que cese su resistencia a la ocupación. Esto se realiza a través de bombardeos y destrucción de poblaciones civiles, con gran número de víctimas inocentes, bajo el pretexto de supuestos crímenes o atentados atribuidos a sujetos del mismo pueblo atacado. La masacre de 2008-2009 en la Franja de Gaza, provocó 1.400 muertos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Los ataques de menor envergadura y las consiguientes víctimas, se suceden casi a diario, y las masacres, periódicamente, de las cuales las más duras han sido las de Gaza recién mencionada, una segunda en 2011 y la más brutal hace menos de un años durante los meses de julio y agosto del año 2014 donde se asesinaron a más de 2.300 personas, además de Qibya, Sabra y Chatila, Jenín y tantas otras en el triste calendario palestino. Se vulnera así un principio elemental del derecho, que consiste en que las responsabilidades penales son siempre individuales y jamás colectivas.
  • 4. No se permite el libre tránsito de los palestinos en su propia tierra, hay más de 500 check points en Cisjordania.
  • 5. Red exclusiva de carreteras para los israelíes en territorio palestino.
  • 6. Creación de guetos, al dividirse el territorio palestino en virtuales islas, lo que constituye una forma de apartheid y contribuye a la limpieza étnica que se pretende hacer del territorio.
  • 7. Negación del derecho de retorno a la tierra natal, derecho humano básico, violación que reviste especial gravedad, en razón de que el exilio no ha sido voluntario.
  • 8. Asesinatos selectivos, que afectan a sospechosos de haber cometido atentados; Israel se jacta de su autoría, por lo cual se autocalifica implícitamente como un Estado criminal. Constituye la negación de otro principio básico del derecho, y derecho humano a la vez, cual es la presunción de inocencia, en tanto no haya sentencia de un tribunal competente. Dado que estos asesinatos conllevan con frecuencia, como efecto colateral, la muerte de gente inocente, constituyen otra forma de castigo colectivo.
  • 9. Demolición de casas de palestinos; práctica habitual del ocupante, desde 1948, en calidad de herramienta de la limpieza étnica y para desmoralizar al pueblo ocupado. Ya supera largamente el número de 10.000 la cantidad de viviendas destruidas.
  • 10. Expropiación y usurpación de propiedades palestinas, sin compensación.
  • 11. Expulsión de Palestina de cualquier nativo, bajo diferentes pretextos.
  • 12. Muro del Apartheid, condenado por tribunales internacionales, construido para usurpar más tierras palestinas y para conformar los guetos. Posee una altura de 8 metros y se extiende por más de 700 kilómetros.
  • 13. Contaminación intencional de tierras palestinas; incluidas algunas de las escasas fuentes de agua que el ocupante permite usar a los palestinos; además, toda la basura de las colonias judías ilegales, se descarga en tierras palestinas.
  • 14. Los ciudadanos árabes que viven dentro de Israel, sufren discriminación por raza y religión, como efecto de múltiples preceptos legales promulgados por Israel, que privilegian a los judíos, convirtiendo a los árabes en ciudadanos de segunda clase.
  • 15. Anexión y judaización de territorios, de facto, como ha sido el caso de Jerusalén, en contravención de claras disposiciones del derecho internacional.
  • 16. Incitación permanente a la discriminación en contra de los palestinos, por parte del sistema educacional israelí y de los rabinos que asesoran al ejército, con adoctrinamiento en el sentido de que los judíos poseen derechos de origen divino y, por lo tanto, superiores a los de los gentiles. De ahí el trato humillante, brutal y homicida que se da a los palestinos por parte de los soldados y colonos
  • 17. Detenciones arbitrarias de palestinos, habitualmente por motivos políticos, sin formulación de cargos, por tiempo indefinido. Otra violación a un principio básico del derecho. Desde 1948, 800.000 palestinos han pasado por las cárceles israelíes.
  • 18. Destrucción de plantaciones y pozos de agua palestinos; otra práctica habitual de los israelíes. Ya suman más de 500.000 los árboles arrasados.
  • 19. Tortura de prisioneros, también habitual, con resultado de muerte en algunos casos, incluso recientes.
  • 20. Bloqueo militar por aire, mar y tierra de la Franja de Gaza, declarado ilegal por la ONU.

Respecto de estas transgresiones, resulta particularmente grave la negación del derecho al retorno, el cual no cuenta con ninguna justificación sobre bases racionales o jurídicas. Para constatarlo, basta remontarse a 3.000 años A.C. y recordar qué pueblos habitaban el territorio que a futuro se denominaría Palestina: el más importante de ellos era el de los cananeos, fundadores de Jerusalén, a los cuales el territorio le debe su nombre primitivo, la Tierra de Canaán; luego, hacia el 1400 A.C., la denominación cambia a “Filistia”, debido a la llegada de los filisteos, de donde finalmente deriva el nombre de Palestina; los hebreos arribaron hacia el 1200 A.C. y compartieron Palestina con los demás pueblos, ocupando sólo una parte menor de ese territorio, hasta que en el año 135 D.C. lo abandonaron, después de la destrucción de Jerusalén por parte del emperador romano Adriano, desarraigándose desde entonces del suelo palestino. Quienes permanecieron desde entonces en Palestina, constituyeron la base del actual pueblo palestino.

Ahora bien, cuando en 1947 la ONU reconoce el derecho al retorno de los judíos a Palestina, es una resolución que tiene como premisa el hecho de que los antepasados de estos vivieron alguna vez en ella. Sin embargo, dicha premisa no podía darse por establecida sin más, ya que no existe evidencia alguna de que los judíos actuales sean, étnicamente, los descendientes de aquellos que dejaron Palestina después de la destrucción de Jerusalén. Y aun en el supuesto caso de que lo fueran, sus derechos no pueden prevalecer sobre los de aquellos que, desde hace al menos 5.000 años, incluidos los 2.000 años de la diáspora judía, habitaron permanentemente Palestina. Afirmar lo contrario, implica suscribir la consumación de una aberrante y monstruosa injusticia, absolutamente desprovista de toda base racional; porque, de aplicarse de forma universal dicho criterio, los mapas de todos los países deberían ser rediseñados.

Pese a lo anterior, y motivados ya sea por ignorancia, frivolidad o deseos de congraciarse con el Sionismo, se ha internalizado en diferentes gobiernos y en parte de la opinión pública mundial y personas de buen nivel académico, sin pesar mayormente las consecuencias, la idea de que constituye algo absolutamente natural y justo el derecho de los judíos a retornar a Palestina, aún a costa de los derechos de los nativos, los cuales, sin posibilidad de apelación, deben aceptar esta nueva situación.

Esta idea, que la propaganda sionista ha logrado instalar gracias a sus cuantiosos recursos, es la que ha provocado la dilatación del holocausto palestino, puesto que la comunidad mundial tiende a considerar con cierta benevolencia, la brutalidad criminal ejercida por Israel contra los palestinos, y sus innumerables violaciones al derecho, entendiendo que de esa forma Israel sólo está ejerciendo su derecho a la legítima defensa. Por eso, cuando hay condenas, éstas no pasan del nivel retórico, e Israel puede seguir cometiendo sus crímenes con absoluta impunidad. Al proceder así, se olvida por completo, que en 1948 fueron los emigrantes judíos los que irrumpieron en casa ajena mediante la fuerza y el terrorismo y expulsaron a sus habitantes, siendo dicha situación la causa de que hoy existan casi 6 millones de refugiados. Aún así, en dicha condición de usurpador, Israel le exige al mundo que su seguridad sea cautelada y garantizada.

En estas circunstancias, no puede extrañar que el Presidente de EEUU, Barack Obama, haya declarado en su visita a Israel en 2013, la “alianza eterna” de EEUUcon ese país, y que los palestinos deberían renunciar para siempre a su derecho a retornar al territorio que permanezca en poder de Israel, después de un hipotético acuerdo de paz. Patética demostración de servil dependencia de “la mayor potencia mundial” respecto de su principal aliado del Medio Oriente, que ha llevado a su Presidente a negar a los palestinos un derecho humano esencial, como lo es el derecho al retorno a la tierra ancestral. Cabe preguntarse si el Presidente Obama se atrevería a exigirle al pueblo norteamericano abandonar parte de su territorio, para entregarlo a extranjeros, en la misma forma en que ahora pretende exigírselo al Pueblo Palestino.

Esta larga lista de transgresiones del derecho internacional y de los derechos humanos, cometidas por el Estado de Israel durante más de 6 décadas, lleva necesariamente a otra pregunta: ¿permanecería pasiva la Comunidad Internacional, ante cualquier otro país que incurriera simultáneamente en estas mismas transgresiones, no durante varias décadas, como lo hace Israel, sino tan sólo durante algunos pocos años? La respuesta es categóricamente, no. Hay varios ejemplos de que cuando la comunidad internacional adopta la decisión política de poner término a estas situaciones, absolutamente reñidas con la ética y con el derecho internacional, el resultado ha sido positivo. En las últimas 3 décadas se puede mencionar los casos de la Sudáfrica del Apartheid, la reacción ante la invasión de Kuwait por parte de Irak y los juicios por las matanzas de Sarajevo y Kosovo.

Debido a lo anterior, causa indignación la extrema tolerancia que ha mostrado la comunidad internacional respecto de los crímenes de Israel, especialmente si se considera que muchas de sus actuaciones se caracterizan por un gran nivel de crueldad y desprecio por la calidad de seres humanos de las víctimas. Y especialmente, si se recuerda que fue esa misma comunidad la que, en los Juicios de Nuremberg, entre 1945 y 1946, tipificó como crímenes contra la humanidad, diversas actuaciones de los jerarcas nazis durante el holocausto, actos cuyas características y propósitos guardan estrecha similitud con las acciones que Israel lleva a cabo contra los palestinos. Esto explicará al lector por qué hemos encabezado este texto como “El holocausto del Pueblo Palestino”.

Por lo tanto, la permanente condena del holocausto ocurrido durante la II Guerra Mundial por parte de la comunidad internacional, seguirá sonando a burda hipocresía, en tanto esa comunidad no sea capaz de poner término al holocausto palestino, del cual, a diferencia de lo ocurrido con el anterior, no puede alegar ignorancia, ya que actualmente nos encontramos viviendo en una era de plena comunicación, instantánea y global.

Nos asiste la certeza de que la Causa Palestina finalmente prevalecerá, puesto que en el transcurso de la historia ningún imperio, ni tiranía, ni régimen abyecto, basado exclusivamente en la imposición de la fuerza, ha permanecido para siempre. Especialmente si están basados, como el israelí, en el desprecio absoluto por la dignidad humana y los derechos de sus víctimas. Sin embargo, existe urgencia en que el derrumbe de la ocupación se produzca lo antes posible, para no seguir lamentando que día a día se produzcan nuevas víctimas. Para esto se requerirá de la conformación de una gran mayoría de seres humanos, guiados por una actitud decidida en pos de la paz y con la firme convicción de que todos los pueblos tienen el derecho a vivir libre y soberanamente en su tierra ancestral. Sólo así, la mayoría de los gobiernos del mundo se verán obligados a abandonar su cómoda posición de meros espectadores de esta tragedia y deberán tomar cuanto antes la decisión política de frenar a la potencia ocupante y poner término a este holocausto, antes de que transcurran otros 67 años.

FEDERACIÓN PALESTINA DE CHILE

Santiago, mayo de 2015.

Fotos: María Landi, Haitham Al-Khatib, Archivo de internet.

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