El Estado de Israel y el Judaísmo

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rollosPor Manuel García Fonseca.

La política de ocupación militar progresiva por parte del Estado de Israel de territorios reconocidos por las Naciones Unidas a los palestinos es una de las fuentes de luchas armadas y conflictos internacionales más permanentes y dolorosas del mundo occidental.

Sumado a esto, la concepción del movimiento sionista de Israel como Estado “judío” pone en cuestión la consideración de Israel como un estado democrático y liberal, porque liga ciudadanía a una confesión religiosa, y excluye la posibilidad de un estado común, en igualdad de derechos, para musulmanes, judíos o cristianos.

Un dato estremecedor: el 85% de los ciudadanos de Israel estaban a favor de la expulsión militar de los palestinos de Gaza. ¿Cómo se explica que un pueblo perseguido se convierta en perseguidor?. ¿Qué papel ha jugado/juega el judaísmo, la religión judía, en este hecho?

El sionismo basa su ideología nacionalista para  justificar la lógica de la conquista de Palestina en tres supuestos:

. La mayoría de los judíos modernos son un pueblo étnicamente descendiente de los antiguos hebreos.

. Los judíos fueron forzosamente exiliados de su Tierra en el año 70 d.C. (o poco después).

. La Biblia es un texto que justifica históricamente estos supuestos, y por tanto el derecho histórico, e incluso el deber religioso, de reconquistar su Tierra.

El sionismo pretende que todos los judíos están dispersos por el mundo porque fueron expulsados de su tierra, pero siguen formando un pueblo, la base de una nación, e Israel es el estado de ese pueblo que recupera su tierra original.

La respuesta a estos supuestos que dan algunos historiadores judíos no sionistas es demoledora para doctrina oficial israelí, que identifica sionismo con el judaísmo, y busca la legitimación en la religión judía del nacionalismo sionista israelí, que presenta la ocupación de Palestina como la recuperación por parte de la “nación” o “pueblo” judío de la tierra histórica de Israel.

Me parece clarificadores, entre otros, los escritos de Shlomo Sand, profesor de historia en la Universidad de Tel Aviv, y autor de varios libros, algunos de cuyos títulos son demoledores para el predicamento oficial: “La invención del pueblo judío”, y el último sobre los mismos temas: “La invención de la Tierra de Israel. De Tierra Santa a madre patria”.

Shlomo Sand hace un meticuloso análisis te los textos bíblicos y de las tradiciones rabínicas para mostrar que no hay un “pueblo” judío, ni  una “tierra de Israel”:

– No existe un PUEBLO judío, como no hay un pueblo budista, o cristiano, o musulmán: hay un pueblo francés, estadounidense o vietnamita…o israelí, pero no “judío”. El único elemento común ha sido el religioso: ni componentes etnológicos, ni lingüísticos, ni culturales.

 No hubo un pueblo judío que regresa a su lugar ancestral de origen. Israel es fruto de la “intoxicación de la sociedad israelí por la combinación de un poder militar con una religión nacionalizada” (pg. 16).

El sionismo falsifica la historia y el judaísmo: pretende borrar cualquier recuerdo del judaísmo como una religión dinámica y proselitizadora por lo menos entre el siglo II y el VIII, que buscó e hizo prosélitos en todos los países y razas. Hubo hasta reinos de confesión judía en Asia, en la India, en Rusia… Incluso los primeros sionistas, como Ben Gurión “sabían bien que nunca se había `producido el exilio y que por ello consideraban a la mayoría de los campesinos del territorio como los auténticos descendientes de los antiguos hebreos” (pg. 19)

 – La Tierra de Israel es una invención:

“Mi principal objetivo, dice S. Sand, en este libro es desmontar el concepto del “derecho histórico” judío sobre la tierra de Israel y sus asociadas narrativas nacionalistas, cuyo único propósito  era establecer la legitimidad moral para apropiarse del territorio” (pg. 35)

Las expresiones bíblicas “tierra prometida”, “Tierra Santa”, etc. de las tradiciones judías y cristianas nunca tuvieron un sentido nacionalista, de territorio físico nacional como pretende el sionismo. Para el judaísmo la tierra bíblica tenía un sentido simbólico, religioso, contrario a la idea nacionalista del sionismo de una patria. Solamente desde principios del S.XX el sionismo tomo prestado el término “Tierra de Israel” para desplazar al de “Palestina”, que era el término usado generalmente, incluso por las primeras generaciones de sionistas. Los colonos cambiaron sistemáticamente los términos, y convirtieron el término “tierra de Israel” en el nombre exclusivo de la región.

En la Biblia se dieron muchos nombres a ese  territorio, y bajo ese nombre no incluía Jerusalén, Hebrón o Belén, es decir la tierra del reino norte de Israel.

 “En otras palabras, concluye Sand, en todos los libros de la Biblia, la tierra de Canaán nunca sirvió como patria para los hijos de Israel, y por esa razón entre otras nunca se refirieron a ella como la  “Tierra de Israel”(91)

“En resumen, dice este autor, los judíos no fueron exiliados a la fuerza de la tierra de Judea en el S.1 d.C, y no “regresaron” a la Palestina del S.XX, y posteriormente a Israel, por voluntad propia…y soy plenamente consciente del riesgo que tomo lanzando la hipótesis de que el mito del exilio y del regreso – un tema tan caliente durante el S.XX debido al antisemitismo que impulsó el nacionalismo de la era – podría enfriarse durante el S.XXI. Sin embargo, eso solo será posible si el Estado de Israel cambia su política y pone fin a las acciones y prácticas que levantan la judeofobia de su letargo y aseguran al mundo nuevos episodios de horror”.

¿Qué relaciones tiene el sionismo con el judaísmo? ¿Es lo mismo sionismo que judaísmo? ¿Ser crítico con  el sionismo, con el nacionalismo sionista, es ser antijudío?

“Desde el inicio de su empresa de asentamiento, dice Shlomo Sand, el sionismo secular necesitaba unas vestimenta formal religiosa”, tanto para considerar a los judíos de hoy como los descendientes de un pueblo bíblico, como para asignar a este pueblo su antigua tierra.

“La expansión territorial de Israel (después sobre todo de la guerra de 1967), junto con la desaparición del sionismo socialista, hicieron que esta vestimenta formal fuera todavía más esencial, reforzando hacia finales del S.XX el estatus de los componentes ideológicos etnorreligiosos de Israel dentro del gobierno y de los militares.”

“Pero no debemos engañarnos por este proceso relativamente reciente. Fue la nacionalización de Dios, no su muerte, la que levantó el velo sagrado de la tierra transformándola en el suelo sobre el cual la nueva nación empezó a caminar y a construir de a forma que consideró conveniente” (35)

–        El sionismo versus judaísmo:

Para el judaísmo histórico Palestina, Jerusalén, era tierra santa para visitar, para conocer, y para algunos un lugar privilegiado para vivir y morir. Pero para la inmensa mayoría esta ilusión no significaba desapego se su tierra y  país donde habitaban desde generaciones, y eran españoles, franceses, alemanes etc que profesaban la fe de Moisés (ver cita de Mendelson pg 187);  y si fueron expulsados por razones etnorreligiosas su afán era la vuelta a su patria de nacimiento, no buscar refugio en Palestina.. Valgan como ejemplo los judíos sefardíes que guardaron durante siglos las llaves de su casa en España. De hecho una de las causas de la emigración de judíos a Israel fue las leyes antiinmigración que Gran Bretaña o Estados Unidos establecieron para evitar la entrada masiva de judío a partir de la persecución nazi. Un dato significativo: a finales del SXIX  vivían en Palestina menos de 5000 judíos, y más de 250.000 cristianos y musulmanes. En ese periodo vivían en el mundo 2,5 millones de judíos, principalmente en Europa del este. Nunca existió, concluye Sand, el anhelo de establecerse en la Tierra Santa.

Esta transformación del judaísmo en una ideología nacionalista, que considera Palestina como la Tierra de una nación y un estado judío, no solo no tiene fundamento sino que es profundamente contraria al judaísmo histórico .El judaísmo histórico no era nacionalista, sino universalista. La salvación que Dios anunciaba a Israel debería extenderse a todos los pueblos.

Para Sand existe “una profunda brecha metafísica y psicológica entre el nacionalismo judío y el judaísmo histórico”. Cita al respecto a Gudeman, uno de los rabinos más relevantes de finales del SXIX, que en su libro “National Judaism” hace una crítica demoledora del judaísmo nacionalista. Para él incluso aunque aun que los judíos hubieran sido un pueblo en la antigüedad , desde la destrucción del templo no eran más que una comunidad religiosa que tenía la finalidad de extender por todo el mundo el monoteísmo y convertir a toda la humanidad en un gran pueblo.

“El carismático rabino, dice Sand, no ocultaba su temor a que un día un “judaísmo con cañones y bayonetas invirtiera los papeles de David y de Goliat para constituirse en una ridícula contradicción de sí mismo” (191)

El sionismo y la opción ultraortodoxa del judaísmo

El sionismo me recuerda al nacional-catolicismo: instrumentalización política ultraconservadora del catolicismo, con el pacto tardío, básicamente después de ganar la guerra de 1967, de mutuo interés con una de las ramas más excluyentes del judaísmo.

El judaísmo ha tenido y tiene muchas tendencias, o sectas (como el cristianismo, el islamismo…y otros ismos incluso laicos). Señalo dos tendencias fundamentales:

La teología de la elección: los judíos son un pueblo elegido,  la salvación y la Tierra de Israel  es para los judíos. Los demás pueblos son infieles, etc).

La tendencia universalista, profética, que es abierta y se dirige a todos los humanos, que son igualmente llamados por Dios frente al odio y la injusticia

(Las teologías de la elección, o del Deuteronomista, es una de las instrumentalizaciones de las tres religiones monoteístas. “En lugar de hacer de Dios, como hacen los profetas, un símbolo que desafía nuestros prejuicios, y nos obliga a observar nuestros propios defectos, se sirven de él para confirmar el odio humano egoísta y para hacerlo absoluto”. (Karen Armstrong 82-83)

Las tres religiones monoteístas han elaborado teologías semejantes para justificar sus guerras de dominio y ocupación: las cruzadas, la colonización de América, la conquista del Oeste o la guerra de Iraq …España, Estados Unidos…se consideran pueblos

El sionismo del Estado de Israel ha optado por la versión más ultraortodoxa del judaísmo, y utilizan la literatura deuteronómica, la más excluyente, como referencia política y moral. Se puede ver la actitud de la mayoría de la población israelí que victoreaba la explosión de sus cohetes en Gaza, en paralelo con algunos textos de la ultraortodoxia religiosa:

En Deuteronomio 20,16 Moisés insiste:  “Pero de las ciudades de estos pueblos que el Señor tu Dios te da  por heredad, no dejarás con vida a  nada que respire”. Borrar, destruir y quitar a vida “de cualquier cosa que respire” son claros imperativos de estos textos, y el más usado para indicar la erradicación global de los habitantes es “destruir por completo”.

Así en el libro de Josué que narra la conquista de la Tierra Prometida se dice literalmente: “destruyeron por completo al filo de la espada, todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, bueyes,  ovejas y asnos” (Josué 6, 21). (S. Sand 79).

Hechos y textos así los hay en todos los imperios, desde Roma, a USA, pasando por España o el Congo cuando era belga.

Lo novedoso y terrible es que el libro de Josué era hasta hace poco el texto favorito de muchos círculos sionistas y de Ben Gurión. A pesar que  judaísmo talmúdico es contrario a una interpretación histórico literal de la Biblia,  todavía hoy los escolares judíos de nueve y diez años estudian en las escuelas israelíes las campañas militares de Josué, sin ninguna explicación.

Esta ideología ultra es una opción del sionismo israelí, y supone una selección absolutamente sesgada frente a los textos posteriores de la Biblia y el judaísmo profético. A lo largo de los siglos Yahvé se convirtió en una idea que ayudó a descubrir al judaísmo el respeto hacia los demás seres humanos, a considerar la humanidad como algo sagrado. Para la tradición rabínica “las ofensas contra otro ser humano eran una negación del mismo Dios que había creado a hombres y mujeres a su propia imagen. Equivalían al ateísmo, que era un intento blasfemo de negar a Dios. Por eso el asesinato era el mayor de los crímenes, porque era un sacrilegio” (Karen Armstrong, 107)

Hans Kung dice que apenas hay otro pueblo que  disponga de una aportación a una ética común de la humanidad como el judaísmo con sus diez mandamientos.

Shlomo Sand afirma en consecuencia de  todo su largo análisis documental que  a Biblia no es un texto patriótico (…). Las masas de conversos al Judaísmo y sus descendientes consideraban a Palestina como un lugar sagrado, “pero nunca consideraron seriamente trasladarse allí y nunca lo hicieron. El sionismo no era en absoluto la continuación del judaísmo sino su negación, y por esa razón el judaísmo rechazó al sionismo en un periodo anterior de la historia. A pesar de todo esto, el mito ha calado en una cierta  lógica  histórica, que a su vez ha contribuido a su parcial realización” (256)

La ocupación militar de Palestina por el Estado de Israel no tiene ninguna legitimación ética, y la acusación de antijudaísmo a la crítica de la política de ocupación del Estado de Israel es pura falacia: es Israel quien contraviene las mejores tradiciones de los judíos.

Manuel García Fonseca, “Pole”, sociólogo, profesor de filosofía y ex diputado nacional y autonómico de IU por Asturias, es cofundador del Comité de solidaridad con la causa árabe (CSCA). Este es el guión utilizado por el autor para una charla sobre el tema.

Fuente: SinPermiso.

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