Por qué abandoné el culto. Por Avigail Abarbanel.

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Avigail Abarbanel, de niña en Israel

Estimado Israel y judíos de Israel:

Tal vez este escrito no tenga sentido para ustedes y creo que no estoy esperando una respuesta. Escribo por un cierto sentido del deber. Después de todo provengo de ustedes así que tal vez algunos me escuche, quizás podrían sentir curiosidad, arriesgarse y pensar en algo que actualmente es impensable para ustedes.

Abandoné hace mucho tiempo, veinticinco años, lo que parece mucho. No creo que ustedes hayan cambiado mucho desde entonces, a no ser para mal. Psicologías como las de ustedes tienen la mala costumbre de empeorar si no se tratan. Siempre los recuerdo tan duros, a la defensiva, listos para saltar al cuello y para explotar en cada oportunidad, fuerte e implacablemente. Tenían lapsos de calma y tal vez, incluso, de bondad, pero estaban reservados para los que vivían en los lugares más verdes y más agradables y tenían más dinero que nosotros.

Crecí en Bat-Yam y fue horrible. Era una masa densa y ruidosa de hormigón sin fin; manzanas de bloques densamente poblados de pisos de paredes delgadas por las que el ojo podía ver, separadas solamente por carreteras de asfalto. No es lo que usualmente a uno le gustaría mostrar al resto del mundo y no es lo que el resto del mundo piensa cuando piensa en vosotros. Crecí en la calle Hashikma. Parecía como una broma cruel nombrar a ese horrible desierto de concreto, Hashikma… el sicomoro. No había árboles allí. Durante mi infancia no tenía idea de lo que era un árbol de sicomoro, ni que aspecto tenía. Quien quiera que fueran esas personas, ¿pensaban que al nombrar la calle sicomoro, de alguna manera, podrían hacernos sentir mejor a aquellos de nosotros destinados a pasar nuestra infancia allí? ¿Se creían que podían engañarnos para que pensáramos que era más bonito, más idílico de lo que realmente era? Todo lo que hizo fue fastidiarnos y atormentarnos. El nombre de mi calle me hablaba de algo a lo que no tenía acceso y que pensaba que nunca podría tener.

Esta escisión esquizofrénica entre el nombre del lugar y la realidad es un símbolo de toda su existencia. Donde crecí no era muy diferente a muchos barrios de clase obrera en otras partes del mundo, pero siempre me dijeron que no éramos lo mismo que todos los demás. Éramos especiales, mejores, más éticos y morales, más civilizados. No me diga que no era lo que se decía. ¡Lo recuerdo muy bien! Realmente presté atención en la escuela.

Pero con mi mente de niña intuía que no teníamos nada de especiales. Sospecho que muchos de los niños que sufren abusos dentro de sus propias familias, a manos de su propio pueblo, desarrollan dudas acerca de su grupo. Si me hubieran protegido mejor tal vez todavía sería parte de ustedes. Pero no me protegieron ni a mí, ni a otros niños como yo, precisamente porque no son lo que dicen ser, un pueblo más ético e ilustrado. Ustedes son un grupo de seres humanos, con virtudes y defectos, y con un montón de cobardía como cualquier otro grupo. No son diferentes de cualquier sociedad humana que se esconde e incluso permite los crímenes contra sus propios hijos y no protege a los más vulnerables de entre ellos.

Pocos años después de que los dejase empecé, poco a poco, a darme cuenta de que yo era igual que cualquiera que abandona un culto. Fue un shock, pero mirando hacia atrás me pregunto por qué no lo había visto antes. Por otra parte rara vez gente que se encuentra dentro de un culto puede ver dónde está. Si pudieran, el culto no sería lo que es. Piensan que son miembros de un grupo especial que tiene un destino especial y están siempre bajo amenaza. La supervivencia del culto siempre es el principio más importante. A los miembros de la secta se les enseña desde el nacimiento que el mundo exterior es peligroso, que tienen que mantenerse juntos por su seguridad. Cada miembro de cada culto es un recluta.

En este punto usted probablemente va a decir que culto o no culto esto estaba totalmente justificado. ¿He olvidado el holocausto? No, claro que no. La persecución de los judíos a lo largo de la historia fue muy real. Cualquiera que sea la identidad judía, los judíos eran un grupo odiado y despreciado en muchas culturas en Europa y los judíos siempre han tenido una convivencia difícil con los no judíos. Cualquier grupo marginado o perseguido tiene una relación difícil con la cultura dominante. Una vez que ha sido discriminado es difícil confiar.

Sin embargo, dos grandes cosas me molestan de ustedes. Uno, esta historia de persecución es tan inseparable de su identidad que no pueden ver más allá de ella. Ni siquiera los más talentosos como artistas, académicos, intelectuales y escritores, pueden ver más allá. Todos parecen atrapados en ella, a excepción de una muy pequeña y extraordinaria minoría de personas que pueden ver el sionismo como lo que es. Cualquier persona que ha sufrido un trauma tiende a sentirse separado y diferente. En la psicología humana, una vez que se has sido objeto de abuso sientes que ya no eres igual que los demás. Pero cualquiera que sufrió abusos y está traumatizado tiene el deber de ser mejor y de no permitir que el miedo y la victimización se conviertan en su identidad. Aquellos de nosotros que sufrimos abusos y estamos traumatizados tenemos este deber, porque si no sanamos nos dañamos a nosotros mismos, dañamos a otros o ambas cosas. Ahí es donde estás y esto es lo que estás haciendo. No sólo has permitido que el trauma se convierta en tu propia identidad, sino que lo has glorificado y lo estás adorando como a un dios.

El segundo y más importante asunto que me molesta es el crimen que se ha cometido y se sigue cometiendo en nombre de “nuestra” supervivencia. Ustedes querían una solución a la persecución de su grupo y aquí radica el problema. Han optado por crear un gueto judío que lo imaginan un refugio seguro, en una tierra que estaba totalmente poblada. Ustedes entraron y la tomaron, hicieron limpieza étnica y continúan haciéndola en estos momentos. Sé que no sentirán que habrán completado su misión hasta que tengan toda la tierra sin su pueblo.

Ustedes son un producto del colonialismo, un Estado creado sobre la remoción y la eliminación de las personas que vivían antes en el territorio. La relación que han desarrollado con sus víctimas, los palestinos, tiene todas las características de una relación entre los colonizadores y las personas a las que quieren eliminar. Los colonizadores no sólo eliminan a la gente de sus tierras. Eliminan sus lugares históricos, los monumentos, la evidencia de su historia literaria y física, todos los rastros de su existencia… Si no hay víctima, no hay delito. Si se limpia el territorio del carácter de los que vivían allí, ya está listo para asumir uno nuevo.

Sé lo que se siente al ser ciego al hecho de que son colonizadores, personas que están cometiendo un crimen terrible. No pueden verse a sí mismos como el “malo de la película” aquí. Ustedes están tan inmersos en su mito de creación propia, que siempre fueron y siempre serán la víctima más trágica de la historia de la humanidad. Una vez fui uno de ustedes y sé que es prácticamente imposible ver a través de su razonamiento: “Nos limitamos a regresar a nuestro hogar ancestral. Sólo queremos vivir en paz con nuestra propia gente. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Por qué los demás no nos dejan vivir en paz?”

Hay un poderoso campo de fuerza, una especie de blindaje de plomo forrado en su interior que protege su creencia de la verdad, de la realidad. Ustedes no niegan que “han regresado” y se instalaron en la tierra, y no pueden ver lo que eso significa. Así que permítanme explicarlo una vez más. Cuando un grupo de personas entra en un territorio (no importa la razón), elimina a las poblaciones indígenas y toma sus tierras y recursos, eso se llama colonialismo. El colonialismo es inmoral y es un crimen contra la humanidad. Las víctimas no siempre se desplazan silenciosamente por la noche, por lo que deben seguir cometiéndose crímenes, tienen que seguir comprometidos hasta que las víctimas de la resistencia y la rebeldía sean trituradas y desaparezcan de la vista y la memoria. No hay nada original o especial acerca de lo que son y lo que están haciendo. Son como todos los colonizadores anteriores. Ni siquiera su capacidad de autoengaño y el engaño de los demás son particularmente especiales. Ya se ha hecho antes. No hay nada especial en ustedes, en absoluto.

Supongamos que ustedes “regresaron a casa”, como dicen sus mitos, que Palestina era realmente su hogar ancestral. Pero Palestina estaba totalmente habitado cuando ustedes empezaron a codiciarla. Con el fin de apoderarse de ella ustedes han seguido muy de cerca lo que la Biblia dicta a Josué, entrar y tomar todo. Ustedes mataron, expulsaron, violaron, robaron, quemaron, destruyeron y sustituyeron a la población por su propia gente. Siempre me enseñaron que el movimiento sionista fue, en gran parte, no religioso (Cómo se puede ser judío sin la religión judía es en sí confuso). Para un movimiento supuestamente no religioso es extraordinario cómo el sionismo ha seguido de cerca – tanto el creador como sus seguidores- la Biblia. Por supuesto nunca se atrevieron a criticar las historias de la Biblia. Ni siquiera los seculares de entre ustedes hacen eso. Por lo demás ninguno de los buenos maestros de mi escuela secular sugirió jamás que pusiéramos en duda la moralidad de lo que hizo Josué. Si hubiéramos sido capaces de ponerlo en duda el siguiente paso lógico habría sido cuestionar el sionismo, sus crímenes y la justicia de la existencia de nuestro propio Estado. No, no podíamos permitirnos ir tan lejos. Era demasiado peligroso. Eso habría puesto en riesgo la precaria estructura que nos mantiene en el lugar.

Tal como siempre han existido todos esos cultos, y los que sin duda seguirán creándose, ustedes viven en la ceguera autoimpuesta. Crean y recrean una imagen de la realidad que está llena de agujeros, pero ustedes están bien así. La posibilidad de llenar esos agujeros es enfrentarse cara a cara con sus terrores mortales, su miedo mórbido a la aniquilación. Y no se puede soportar. Sé lo que significa para ustedes la aniquilación. No sólo significa muerte, significa que el pueblo judío, el judaísmo en sí ya no existiría. La “asimilación” es también aniquilación. Nos enseñaron eso en la escuela. Nos enseñaron que la asimilación era despreciable, cobarde, traición a nuestro pueblo. Siempre que los judíos se casan con un no judío de sus propios países y cuando todas las trazas de ser judío, sea lo que sea, se diluyen, ustedes se molestan. Creen que es el fin. Debido a que no hay individuos, sólo el grupo, cuando el grupo funciona, los individuos también. Se percibe cualquier amenaza al grupo como una amenaza personal a cada uno de ustedes. Es por eso que gritan ¡antisemitismo! tan fácilmente y por reflejo, cada vez que perciben la más mínima amenaza a su Estado de culto.

Avigail Abarbanel hoy

Avigail Abarbanel hoy

Salí de la secta porque quería saber quién era yo. Me negaba a aceptar que el único propósito de mi vida era defender el culto y permitir que continúe. Es humano, es inherente al mamífero permitir que la identidad de un miembro sea subsumida por el grupo, pero no contribuye a una buena vida. Sobrevivimos como mamíferos, en parte, porque vivimos en grupos. Sin el grupo rodeándolos los individuos, probablemente se habrían extinguido en el duro mundo que habitaban nuestros antepasados. Su psicología es nada más que la de la cueva única, la psicología de manada no es únicamente de ustedes. Pero nosotros, como especie, tenemos la capacidad para mucho más. En el mundo en que vivimos ahora, nuestra supervivencia depende de trascender nuestros bajos instintos naturales. Podemos desarrollar y utilizar la parte moral y ética de nuestro cerebro, la parte que nos da la autoconciencia y preocupación por los demás, la parte que puede asumir la responsabilidad de nuestros propios pecados y crímenes y puede reparar el daño. Nuestra salvación no está solamente en nuestros pequeños grupos, pero sí juntos como una sola especie.

Vamos, dejen el culto y la mentalidad de gueto detrás, únanse a la raza humana, hagan lo correcto. ¿Quieren ser realmente especiales, cumplir un destino especial? ¡Por todos los medios! Abran el camino hacia la iluminación haciéndose cargo, arrepintiéndose y reparando el daño mediante la transformación de su identidad en algo saludable y positivo. Mostrar lo que se puede lograr cuando somos más que mamíferos asustados…

No espero que me escuchen o vean lo que no puede ver. Ustedes son expertos en adoctrinamiento y están demasiado y profundamente empapados en la imagen del miedo de la realidad. Ustedes son una gran decepción para mí. Por eso apoyo el BDS contra ustedes. Si ustedes no se paran por sí mismos, alguien tiene que hacerlo.  

Abigail Abarbanel nació y se crió en Israel. Se trasladó a Australia en 1991 y ahora vive en el norte de Escocia. Trabaja como psicoterapeuta y supervisora clínica en la práctica privada y es activista por los derechos palestinos. Es la editora de Beyond Tribal Loyalties: Personal Stories of Jewish Peace Activists (Cambridge Scholars Publishing, 2012)

Fuente: http://mondoweiss.net/2016/10/why-i-left-the-cult/

Rebelión.

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