Relato de una de tantas expulsiones del Sáhara ocupado

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Antzine

El Ghalia Djimi y Antzine Biain

Tenía previsto enseñar español e inglés a las mujeres saharauis de El Aaiún, pero fue expulsada por las autoridades marroquíes. Este es el relato de Antzine Biain, feminista e internacionalista, como ella misma se define, escrito en Agadir el 16 de agosto de 2017, antes de salir hacia Casablanca:

“Llego al aeropuerto de El Aaiún desde Casablanca el domingo 13 de agosto a las 7 de la tarde. Mi intención es pasar allí un mes, en el cual además de entrevistar activistas saharauis, ver su situación y poder compartir ese tiempo con ellas, voy a dar un curso de inglés y español.

Teniendo claro que si digo esto en el aeropuerto no me dejarán entrar, digo que estoy de vacaciones y voy por turismo. Empiezan las preguntas sobre si tengo amigos allí, y si no es así cómo es que viajo sola, dónde me voy a quedar, qué voy a hacer etc., etc. Tras varios interrogatorios por personas diferentes me dicen que vaya a recoger mi equipaje y luego vuelva a por el pasaporte. He reservado 2 noches de hotel y ellos escriben la dirección.

Mi maleta no aparece, así que vuelvo al control a comunicárselo, uno de los policías me pregunta entonces si voy a estar todo el mes (mi vuelo de vuelta es el 9 de septiembre) en ese hotel, le digo que no, que voy a moverme pero aún no sé por dónde. Entonces sellan mi pasaporte y me dejan marchar. Hago la reclamación de la maleta; mañana te llamaremos al hotel, me dicen los operarios del aeropuerto. Contenta y un poco nerviosa me dirijo a por un taxi…

No voy a contar todos los pormenores de esos casi dos días que pasé antes de reunirme con la activista saharaui El Ghalia Djimi. Solo decir que pensando en la cantidad de sentimientos, sensaciones, pensamientos y demás que una siente, no puedes ni siquiera imaginar, ni de lejos, lo que siente el pueblo saharaui en esa su tierra, ocupada y represaliada por Marruecos…

Solo como anécdota, impresiona y da casi miedo la inmensa cantidad de banderas marroquíes y fotos del monarca que hay por toda la ciudad. Hace unos años viaje por Marruecos y puedo asegurar que no se parece en nada a lo que vi en El Aaiún, en este aspecto.

Sé que me siguen constantemente, lo sé porque es lo que hacen con todas las personas extranjeras, también porque me lo dice una persona que no quiero nombrar, para no comprometerle, pero no es una persona saharaui; “Esto está lleno de chivatos”, me dice, “seguramente ahora están en tu hotel mirando tu maleta”. Será la de mano, pienso, porque la facturada ya la han mirado en el aeropuerto, (cuando al día siguiente de llegar voy a preguntar por ella, oh que suerte ya está allí, estaba en Estambul pero por arte de magia ha llegado en menos de 14 horas… excelente el servicio de reclamaciones de los aeropuertos marroquíes). Lo sé también porque aunque yo en este aspecto no me entero de nada, a veces es tan obvio que impresiona ver lo poco que disimulan y lo mucho que saben personas totalmente ajenas a ti….

En fin, al grano: el martes 15 a las 11:30 salgo del hotel con mis dos maletas, paro un taxi y le digo que conduzca hasta donde he quedado con Ghalia, ella me espera enfrente de la asociación ASVDH: Asociación Saharaui de Víctimas de Graves Violaciones de Derechos Humanos cometidos por el Estado marroquí.

El taxista me pregunta dos veces si quiero bajar allí, parece flipado. Bajo y el coche que me ha seguido hasta allí se para a esperar. Entramos en la asociación, allí conozco a Abderrahman Zayou y Brahin Daihami. Mientras tomamos un café vamos charlando y organizando los cursos de inglés y español, dos horas por la mañana y dos por la tarde. Me empiezo a poner nerviosa, hice un curso estupendo para dar clases de idiomas pero las ganas de aprender de esta gente y su gran interés hacen que me cuestione si estaré a la altura.

Sobre las 13:30 vamos para el piso donde voy a estar alojada, el coche gris nos sigue, dejamos las maletas y al bajar Ghalia me enseña unas cámaras en la casa de enfrente que graban al portal. Al montar en el coche vemos al coche gris al fondo de la calle . Salimos, ah qué suerte, ahora también nos sigue una moto. Yo estoy tranquila, al fin estoy con ella y todo lo demás da igual, han sido 2 días raros, pero al final estamos juntas. Llegamos a su casa, la moto da la vuelta, pero el coche gris se para y nos observa desde una distancia nada prudencial…

Son las 14:30 aproximadamente, creo recordar (hago énfasis en las horas para que se vea el poco tiempo que me permitieron estar con mi amiga y ya hermana Ghalia). Tras una estupenda comida con su familia, me pongo inmediatamente a revisar mis apuntes, estoy feliz pero un poco nerviosa por lo de las clases, quiero hacerlo bien y empezamos ya al día siguiente. Ahora recuerdo algo curioso, le digo a Daffa, el marido de Ghalia, que estoy más preocupada por las clases que por la policía; él me responde: deberías preocuparte más por la policía. Nos reímos.

Sobre las 18:30 vienen unas amigas a tomar el té y un poco después suena la puerta, yo ni me entero, embobada en mis apuntes; Ghalia me dice desde la puerta del salón que es la policía y que salga con mi pasaporte. Salgo sin tiempo siquiera de ponerme nerviosa y veo a 6 tipos, todos muy muy serios y con muy mala pinta, todo hay que decirlo. El que lleva la voz cantante se dirige a mí en español y me pregunta qué hago allí, porque estoy en esa casa. etcétera… Ghalia le cuenta en árabe lo que hemos hablado antes, que una amiga suya de San Sebastián me conoce y le escribió diciendo que yo estaba aquí, que hemos contactado y como yo “doy clases de español a mujeres musulmanas en la casa de la mujer de Mi Pueblo”, cosa que no es verdad pero podría serlo, se nos ocurrió que podía hacerlo aquí, enseñar español a mujeres

Acusada de hacer política

Él me lleva a la puerta del portal, sin llegar a salir, y pregunta; yo le respondo más o menos lo mismo y él me dice que he ido allí a hacer política y que por eso tengo que marcharme. Yo le digo que no he hecho nada malo y que voy a llamar a la embajada, como si eso fuera a ayudarme, pero ya se sabe cuando una se pone nerviosa llega a decir unas tonterías… me saca fuera del portal y entonces veo varios coches y un montón de tíos, y el de la moto, con la moto incluida;  yo aunque mantengo el tipo, o eso creo, le digo que conozco mis derechos, qué tontería, hablar de derechos en el Sáhara ocupado, que tengo pasaporte español y, ojo al dato: europeo, y que no me voy… él se empieza a impacientar y me dice otra vez: vamos a la otra casa a por tus maletas y te vas en taxi a Agadir; Ghalia le pide que me deje recoger mi bolso, él dice que no, otra discusión, al final accede, cojo mi bolso, salgo y debe ver algo en mi cara porque me dice: no tienes miedo, yo le digo que no entiendo, otra vez no tienes miedo y Ghalia aclara que no tengas miedo, no pasa nada. Me rindo, nos vamos en un taxi, la voz cantante, otro poli y yo, Ghalia va en su coche con su hija. Una vez allí, me dejan subir con ellas a por las maletas, despedida rápida y vamos para abajo.

De nuevo en el taxi, vamos a por otro taxi para hacer el viaje a Agadir, más preguntas, cómo se llama vuestra amiga en común, Arantxa le digo, apellido, no lo sé, le conozco de la casa de las mujeres de San Sebastián, ya te he dicho antes que soy feminista y las mujeres feministas tejemos redes entre nosotras;  ah,  no era de Canarias me dice, no, le digo… más preguntas y yo un poquito nerviosa, sé que “no  van a hacerme nada” pero solo quiero llegar a la parada de los taxis y estar rodeada de gente, me incomoda y asusta estar a solas con ellos.

Una vez allí ellos bajan pero a mí no me dejan hacerlo, me quedo en el taxi con el taxista, vuelve la voz cantante y me dice si tengo dinero para pagar el taxi a Agadir y me dan ganas de decir, si me expulsáis deberíais pagarme vosotros el viaje, me callo. Al rato me dicen que baje y monte en otro taxi, ponen mis maletas en él y, hala, a Agadir, le pido mi pasaporte y me lo da…

Sobre las 8 de la tarde, salimos para Agadir. Dos señoras mayores muy saladas, un chico de Marraquech que habla español, el taxista y yo. Ah, sin olvidar el coche de policía que viene detrás, todo el camino, aunque esta vez es un coche oficial.

Llegamos a Agadir a las 5:30 de la madrugada, el viaje ha sido cansador pero agradable por mis acompañantes, todas son súper amables conmigo, hemos parado a cenar y lo hemos hecho juntas y con el otro chico. Fátima, bueno las dos se llaman así, una de ellas me ha pedido algo para el dolor de la rodilla, abro mi maleta bajo la atenta mirada de nuestros acompañantes oficiales y le doy unos Ibuprofenos… cedo mi asiento privilegiado de copiloto que me adjudicaron mis protectores oficiales a la otra Fátima después de cenar y partimos de nuevo. Innumerables controles para salir de El Aaiún, en el primero enseñamos todas la documentación, en los siguientes que pueden ser más de 10 solo yo, es rutinario, la española preguntan en cada control, el pasaporte…

Como digo llegamos a las 5:30, me despido de todo el mundo de mi taxi por supuesto, de los otros no porque seguirán conmigo todo el rato hasta que salga de Marruecos. Esta vez el más peculiar es un tipo con una visera de NY, muy discreto, me sigue por toda la estación y al que el taxista que me lleva a buscar un hotel a la ciudad de Agadir hace una señal cuando pasamos delante suyo.

Llego muerta al hotel, no aceptan tarjeta y no tengo suficiente en efectivo en ese momento, el recepcionista con el que ha hablado previamente el taxista se queda con mi pasaporte, la cantidad de manos por las que ha pasado ese librillo de identidad que en realidad no identifica nada y digo esto porque en el pone que yo soy española, pero no, no lo soy, soy vasca.

Intento descansar sabiendo que mi hermano ha hecho las gestiones para que nuestra amiga de la agencia de viajes me consiga un vuelo para volver. Él, mi hermano, también está esperando que le diga cuándo podemos denunciar mi expulsión. Debería haberlo hecho en cuanto ocurrió, pero no tengo fuerzas y sobre todo no soy tan valiente como este gran pueblo y prefiero esperar a llegar a Madrid o al menos a pasar el control de salida de Marruecos.

Escribo esto desde el hotel de Agadir donde por cierto esta mañana al bajar y preguntar por un banco el tipo del hotel muy amablemente y sin ningún disimulo me ha indicado a mí y a los tres polis que estaban fuera la dirección que debía tomar; escribo esto como digo esperando que llegue la hora de ir al aeropuerto, sin ganas de salir ni siquiera a ver la ciudad. Estoy muy cansada, un poco triste y con un cúmulo de sentimientos y sensaciones difíciles de explicar, que ya gestionaré…

En estos tres días no he podido hacer mucho, hoteles, taxis y policías… Pero aunque haya sido poco el tiempo que he pasado con mis compañeras activistas, apenas 7 horas, ha merecido la pena. He podido conversar y compartir con ellas su experiencia de lucha y de vida, las dos van unidas y he creado un vínculo con esta causa que aunque ya existía desde hace muchos, muchos años ahora es mas fuerte si cabe.

Lo que me ha ocurrido a mí y a otras activistas antes no es nada; es una solemne tontería comparado con la represión que sufre este pueblo en su tierra. Este pueblo lleno de vida, lucha, solidaridad y dignidad que no dejará de luchar hasta conseguir su libertad y que contará siempre con el apoyo de todas nosotras”.

Antzine Biain, concejala de EHBildu, finaliza su escrito con “Hasta la victoria siempre. Viva la RASD. Gora Sahara askatuta. SAHARA HURRIA”. Pasó la noche del miércoles 16 en Casablanca, y salió para Madrid el jueves, seguida en todo momento por la policía marroquí de paisano.

 

Fuente: Contramutis.

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