Palestina indivisible

Estándar

Por José Farhat.

Traducción: Tali Feld Gleiser.

La Declaración adoptada por la Cumbre Extraordinaria Islámica realizada en Estambul el día 13 de diciembre de 2017 invitó “a todo el mundo a reconocer Jerusalén Este como la capital del Estado de Palestina”. También pleiteó “movilizar apoyo, en nombre de toda la humanidad, para dar fuerza al Estado de Palestina y sus instituciones en todos los campos”.

Todo bien que el problema palestino haya aparecido para el mundo islámico, pues, por lo que se sabe, este problema estaba siendo escondido discretamente, inclusive por ciertos árabes y musulmanes, algunos petulantes que estaban y están haciéndole el juego a la alianza gringo-sionista. El apoyo sincero siempre provino de los pueblos árabes, casi siempre igualmente carentes de apoyo para sus propias justas reivindicaciones.

El gran promotor de esa cumbre, Recep Erdogan, presidente de Turquía, tiene el deber de pagar por sus pecados objetiva y sinceramente para atraer también al movimiento países no musulmanes, bajo el liderazgo chino, por ejemplo, para apoyar la causa palestina con ímpetu. Xi Jinping, presidente de China, seguramente no se omitirá de actuar como líder mundial, llenando el espacio de poder dejado por Estados Unidos, bajo el liderazgo del ansioso Donald Trump, presidente estadounidense, cuya sinceridad no soporta argumentos, porque solo busca, a través de Israel, apoyo interno a su desastroso gobierno.

Por otro lado, hay desconfianza en relación a algunos de los promotores de la iniciativa de reconocimiento de Jerusalén Este como capital de un futuro Estado de Palestina, reunidos en Estambul. Su pasado —y en algunos casos, principalmente el presente— no les da crédito.

Menos confianza aún merecen Israel, Estados Unidos y sus secretos y acólitos evidentes. Prueba de esto es que el mundo también no les da apoyo, como fue probado en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con la votación de la moción contra la actitud estadounidense de transferir su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo así la Ciudad Sagrada como capital del Estado sionista. De los 15 miembros del Consejo, 14 votaron en contra y solo Estados Unidos usó su poder de veto y garantizó el fracaso de aquello que les parecía correcto a los representantes de los cuatro rincones del planeta. Esta actitud de los Estados Unidos no es novedad, porque desde el establecimiento del Consejo de Seguridad, cada vez que Israel comete un crimen, ha contado con el veto de su imperial aliado.

Aprobar Jerusalén Este como capital de un Estado de Palestina que no fue creado – y cuya creación, si se la deja en manos de Israel, Estados Unidos y sus apoyadores nunca va a ser aprobada y será, como ha sido hasta ahora, un “sueño de una noche de verano”. Jerusalén Este como quieren, inclusive aquellos que se reunieron en Estambul, será la capital de una nación que cubre apenas 22% de la tierra de los palestinos, de la Palestina histórica. Entregar a los sionistas 78% de nuestra tierra donde vivieron durante siglos nuestros hermanos, donde trabajaron, lucharon, sudaron y sangraron con la promesa de un Estado cuyo nacimiento es tan imposible como que las nieves del Julan se vuelvan negras.

Aprobar y aceptar Jerusalén Este como capital del Estado palestino equivale a un reconocimiento tácito de Israel y perdón de todos los crímenes cometidos por los sionistas. ¡No Pasarán!

Es oportuno destacar que la única solución para la cuestión palestina es unir toda la Palestina histórica, oriunda de la ocupación opresora del Imperio Otomano y del decadente Imperio Británico, para todos los palestinos: musulmanes, cristianos y judíos, en una nación secular que garantice el derecho e imponga responsabilidad a las tres religiones abrahámicas como un único grupo constitucional.

¿Esta solución u otra semejante no agrada a los sionistas? Será apenas un episodio en su larga historia de no aceptar la convivencia con otros pueblos que comparten espacio con ellos.

Es inconcebible aceptar que alguien que vino de lejos ocupe la morada de otro, exigir que se le ceda casi toda la casa y contentarse con la construcción del fondo.

Nada tengo contra el judaísmo, ni tampoco contra el cristianismo o con el islamismo; la religión es un asunto  individuo y de su camino hacia su dios. ¡Aquí estoy tratando de la Palestina que quiero indivisible para su pueblo!

José Farhat es cientista político, arabista y director de Relaciones Internacionales del ICArabe.  

Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores, lo que no refleja, necesariamente, la opinión del ICArabe. 

Fuente: Icárabe

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