Cuando el sionismo es la esencia de la vida, una ruptura tiene enormes consecuencias

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Jacob Israel de Haan fue un escritor judío holandés asesinado en 1924 por la Haganá, la milicia preestatal del yishuv, por actividades antisionistas.

Por Jonathan Ofir, Mondoweiss.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Romper con el sionismo puede ser una experiencia devastadora.

En Israel la sociedad judía-israelí es en general sionista, en grados que van desde los llamados “sionistas liberales” hasta los sionistas fundamentalistas. No hay realmente ni necesariamente mucha diferencia cuando uno habla de esta experiencia de ruptura en una facción o la otra.

Lo que pasa con el sionismo es que sus seguidores lo ven básicamente como una especie de “esencia de la vida”. El adoctrinamiento sionista enseña que se trata de “nuestra propia existencia”. El “nosotros” generalmente se considera como “la nación judía” o “el pueblo judío” y por lo tanto el individuo se ve como una pequeña parte de esto. Como la supervivencia del todo también abarca al individuo, cualquier ruptura con el sionismo se considera un tipo de traición social que pone en peligro la fuerza e incluso la supervivencia del “todo”.

Las narraciones que desafían la veracidad histórica de la noción de “supervivencia”, como el hecho de señalar la próspera existencia judía en otros lugares, carecen de sentido para los sionistas. Bajo la metanarrativa sionista, esto es todo temporal. La prosperidad judía es temporal y simplemente espera un momento en el tiempo en el que los gentiles de nuevo “se vuelvan contra los judíos”, porque eso es lo que sucede “en cada generación”, como dice el canto de la Pascua.

Y la respuesta sionista a este supuestamente peligroso y eterno estado de cosas es un Estado-nación judío. Entonces, en el paradigma más grande, los sionistas simplemente ven la solución: el Estado-nación judío, como una solución de supervivencia. Por lo tanto no están dispuestos a ver ningún problema resultante, como violaciones de los derechos humanos y un desafío al derecho internacional, como algo más que simples obstáculos o desafíos que enfrenta este “caso especial”: Israel.

Entonces, cuando uno señala estas violaciones, es una irritación para los sionistas, no necesariamente porque no los conozcan, sino porque al señalarlos uno no muestra simpatía por los desafíos que enfrenta el “caso especial” que es Israel para ellos.

Dado que el caso de Israel y el sionismo necesitan una “dispensa especial”, incluso la ruptura emocional de un individuo con el sionismo puede percibirse como un peligro. Y cuando uno rompe con el sionismo es visto en términos altamente emocionales y personales por aquellos para quienes representa la “esencia de la vida”.

Entonces lo que caracteriza este tipo de lealtad a la “esencia sionista de la vida”, resulta una especie de adhesión fascista que recuerda a las sociedades totalitarias y tampoco agrega nada para llegar a una comprensión entre los pares. Simplemente agrega insulto a su herida.

Además la conversación sobre la violación intrínseca de los derechos humanos inherente al sionismo solo es ofensiva para los sionistas. Y aquí particularmente para los “sionistas liberales”, ya que sugiere que toda la gran ideología a la que se suscriben es irreconciliable con los valores de igualdad e incluso democracia. Natasha Roth hace un elocuente resumen de esto en su artículo sobre la reciente lista negra israelí de activistas de BDS. Roth escribe:

  “Al parecer el Gobierno israelí considera que la prohibición a los activistas BDS es un comportamiento aceptable para una democracia y ha cultivado y promovido con mucha diligencia la mentira de que BDS es un movimiento antisemita destinado a destruir a Israel. Esta mentira ha resultado notablemente exitosa, a pesar de la inequívoca declaración en el sitio web oficial del movimiento BDS de que su objetivo es asegurar los mismos derechos humanos y civiles a los palestinos que los de todos los demás que viven en territorio controlado por Israel. Pero si otorgar los mismos derechos a todos los que viven en el territorio controlado por Israel hará que el Estado implosione, entonces seguramente quienes se opongan al BDS por ese motivo ignoran un problema fundamental: que un Estado no puede sobrevivir si todos sus residentes no tienen los mismos derechos y, por definición, no es una democracia”.

En otras palabras, el sionismo deja sin sentido los supuestos valores del “liberalismo”. Es muy posible que los “sionistas liberales” consideren los valores liberales como su objetivo más elevado, pero cuando se trata de la competencia entre el sionismo y el liberalismo, los sionistas conservarán su sionismo. En lo que respecta a los sionistas fascistas más fundamentalistas y más descarados esto no es una afrenta, ya que de todos modos tienen una menor inclinación a respetar la noción ‘liberal’. Pero incluso los fascistas tienden a pensar que sus valores están relacionados con la “libertad” y la “superioridad moral”; simplemente juzgan a los “otros” para que no formen parte del club.

Entonces, cuando ocurre la ruptura, es una ruptura que inevitablemente nos llevará a reconsiderar la totalidad del adoctrinamiento y el conjunto de valores con los que uno fue educado. Uno termina teniendo que cuestionar la naturaleza de esos valores -en la medida en que sostienen esa construcción del sionismo- que resultan ser la esencia de la vida. Si uno hubiera pensado que fue educado en los valores del respeto, tiene que reflejar esa afirmación contra la falta de respeto intrínseco del sionismo hacia los “otros” nativos: los palestinos. Si este espejo no refleja la imagen, si esta falta de respeto -genocida, recordemos- no se puede conciliar con “respeto”, el espejo se rompe. Uno tiene que reeducarse y volver a armar su conjunto de valores para establecer un concepto nuevo y real de respeto. Este ejemplo pertenece a una larga lista de valores.

Por lo tanto la ruptura con el sionismo se convierte en un núcleo que se rompe a sí mismo con un sistema de valores completo con el que uno se crió. La familia y los compañeros registran que la distancia no es meramente “política”. Es, inevitablemente, sobre la naturaleza esencial del ser personal. Los sionistas perciben esto como una sugerencia de que ellos, los sionistas, son considerados como “otros” de valores menores e instintivamente registran esa consideración como una ofensa, incluso los arrojan de nuevo a la idea “antisemita” de los judíos como seres inferiores (aún cuando se trata de un judío rompiendo con el sionismo). Esto es ofensivo para todo el ser sionista, que en muchos niveles inevitablemente sentirá una aversión natural hacia la persona que atravesó ese proceso.

La solución a esta aversión, si la gente todavía quiere tratarse entre sí, podría simplemente evitar el tema tanto como sea posible. Pero el asunto estará allí. Será como un elefante en la habitación del que no podemos hablar: el sionismo.

Las personas que están en tal sociedad, la que defiende y consagra el sionismo, saben todo esto instintivamente. El precio de romper con él puede ser alto. No es solo una ruptura con la sociedad, es una ruptura con el pasado. Para la mayoría de las personas dicho precio se considera simplemente demasiado alto. Pero aquellos que se han dado cuenta de que los palestinos están pagando y han pagado un precio incomparablemente alto por el sionismo pueden encontrar el precio muy tolerable y digno. La negación sionista intrínseca y general del sufrimiento palestino es parte de este mecanismo. Si lo niegas y no puedes sentirlo, entonces puedes mantener la máscara, mantener tu autoengaño y mantener la creencia de que el sionismo es el único camino.

Fuente: http://mondoweiss.net/2018/01/zionism-essence-consequences

Rebelión.

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Jacob Israel de Haan fue un escritor judío holandés asesinado en 1924 por la Haganá, la milicia preestatal del yishuv, por actividades antisionistas.

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