El boicot a Israel no es antijudío, el boicot a Sudáfrica no era antiblanco y Ángeles Maestro no es terrorista

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Por Daniel Lobato.

El 17 de mayo el Parlamento alemán aprobó una resolución que acusa de “antisemita” a la campaña por el Boicot a Israel (BDS) impulsada por la sociedad palestina. Lo que buscaba era acusar de judeofobia a este movimiento. Los palestinos son semitas, pero con esta manipulación de equiparar semitismo a judaísmo Palestina es desposeída incluso de categorías. Oriente es lo que Occidente decida que debe ser Oriente. En todo caso el Bundestag no legisló contra el boicot a Israel, pero su acusación de odio colisiona con la protección que la UE otorga al BDS.

El boicot a la Sudáfrica del apartheid no era un movimiento de odio contra las personas blancas sudafricanas. Todo el mundo tiene claro que era un movimiento contra la ideología de un régimen racista colonial, y que el boicot no buscaba destruir Sudáfrica ni destruir a las personas blancas que gobernaban. Era un movimiento por los derechos humanos de la población nativa africana y un nuevo pacto social para ese territorio.
De la misma forma, el movimiento por el Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel no es judeófobo. No es un movimiento de odio contra las personas judías de dentro o fuera de Israel. No busca destruirlas ni a ellas, ni a las personas que dirigen Israel. Al igual que con el régimen sudafricano, es una demanda de boicot al régimen israelí y a la ideología sionista y racista que lo sustenta. Busca que Israel acate la legalidad internacional y los Derechos Humanos para la población indígena palestina. Y esta lucha la comparten multitud de organizaciones y personas judías que apoyan el BDS, defienden la aplicación de la legalidad en Palestina y dicen que Israel y sus crímenes no representan el judaísmo. Reivindican que el antisionismo y el rechazo a la creación de Israel nació de la sociedad judía hace más de cien años.

A diferencia de Alemania, en España se defiende el derecho al boicot, tal como hace la UE. El Congreso de Diputados aprobó hace dos años el derecho al Boicot a Israel a propuesta de UP.  En el Parlament de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona se han tumbado propuestas de criminalizar el Boicot a Israel, similares a la alemana, que habían sido presentadas por C’s. La diferencia es que en Alemania opera un sentimiento de culpa deformado que otorga impunidad a cualquier masacre que Israel pueda cometer. Tel Aviv utiliza los remordimientos europeos para otorgar a muchos partidos políticos un certificado de buena conducta proisraelí, logrando que incluso la izquierda alemana se convierta en PEP (Progresistas Excepto con Palestina).

Los Estados coloniales y su impunidad temporal

Durante unas décadas también el régimen surafricano vivió en la impunidad a pesar de las resoluciones de la ONU que acumulaba. Sólo a partir de 1975 los países europeos comenzaron su política de boicot a Pretoria. Casi 20 años de sanciones se necesitaron hasta que en 1994 se celebraron las primeras elecciones postapartheid que ganó Mandela.

Igual que el período de impunidad sudafricano, llevamos más de siete décadas de impunidad israelí. Las resoluciones de la ONU y la legalidad internacional incumplida se acumulan y los Estados no han adoptado un boicot o sanciones contundentes contra Tel Aviv a pesar de que las pruebas del apartheid israelí crecen aceleradamente en informes de la ONU, de la UE o con la aprobación de la racista Ley de Estado-Nación judía.

La historia nos muestra que los Estados coloniales que se desarrollan a expensas de la población nativa disfrutan de un período de impunidad a cargo de quien los crea: Occidente. Ya sea con Sudáfrica o Israel, durante ese tiempo de complicidad, Europa y EEUU se encargan de reprimir la solidaridad construyendo aberraciones legales: desde la reciente resolución del Bundestag hasta la acusación de terrorismo contra el legítimo derecho de resistencia de los pueblos y de quienes lo apoyen.

Finalizada la impunidad sudafricana, hoy nos avergüenza que Nelson Mandela continuaba siendo un terrorista en 2008 para EEUU, siendo ya presidente de Sudáfrica. El vergonzoso juicio contra Mandela y otros compañeros en que fue condenado a cadena perpetua es similar a los juicios con una tasa de condena del 99,7% que afrontan las personas menores y adultas en Palestina, y que desde hace años denuncia el Parlamento Europeo.

Cuando finalice la impunidad de Israel, dentro de unos años nos avergonzará que la exdiputada Ángeles Maestro y dos compañeras afronten un juicio en la Audiencia Nacional acusadas de colaboración terrorista por realizar una colecta económica con destino a la infraestructura sanitaria en Gaza, destruida en la masacre israelí de 2014.

También nos avergonzará que ocho personas defensoras de los DDHH afronten una petición de 4 años de cárcel en un juzgado de Valencia por cuestionar en las redes sociales la participación en el festival Rototom de un cantante estadounidense que apoya al ejército israelí y justifica sus masacres.

La complicidad occidental con Israel es más larga que con Sudáfrica porque los intereses ideológicos, mitológicos y geopolíticos son mucho más poderosos. Sostener un Estado “blanco” en Oriente Medio, con armas nucleares, con uno de los horrendos registros en DDHH del mundo, y que ejecuta una limpieza étnica continuada contra la población indígena, exige una sofisticada ingeniería en múltiples dimensiones: mediática, diplomática, militar, legal, social o económica.

Con esas herramientas y algunos clichés (“antisemita”, “derecho a existir de Israel”, invocaciones al Holocausto y al nazismo) que agiten la fibra del sentimiento de culpa europeo por la persecución histórica en este continente a las personas judías, se consigue la victimización de un Estado agresor y que los palestinos paguen la factura sin que les corresponda hacerlo.

Israel combate la crítica y el BDS con toda su maquinaria

Los lobbies sionistas en Washington o Europa actúan de centinelas para que esa maquinaria de impunidad funcione bien engrasada, impulsando resoluciones como la del Bundestag o demandando en los juzgados a las administraciones públicas españolas que han aprobado que sus contrataciones se realicen con empresas de países respetuosos de los DDHH y sin apartheid. A Israel no le preocupa incumplir los DDHH, le preocupa que le hagan boicot. Por eso también tiene el Ministerio de Asuntos Estratégicos israelí y el Mossad que se dedican a combatir el BDS y sus activistas.

La obsesión por blindar a Israel está provocando una colisión entre la legalidad internacional y las leyes nacionales como hemos visto entre Alemania y la UE. En EEUU se está tramitando una Ley para declarar que cualquier crítica a Israel o al sionismo sea catalogada de “antisemita”. Si se aprueba dará igual lo que Israel pueda llegar a hacer, que le otorga inviolabilidad. Incluso trabajadores públicos en EEUU están teniendo que acceder a sus puestos prometiendo lealtad a Israel. Como dice la congresista estadounidense Ilhan Omar “es increíble el tiempo que los líderes de Estados Unidos dedican a defender a una nación extranjera (Israel), incluso atacando los derechos de los estadounidenses a la libertad de expresión”. Inmediatamente  Ilhan Omar –siendo semita de origen somalí– fue acusada de “antisemita” por denunciar que a los ciudadanos de EEUU se les impone la lealtad a un Estado extranjero.

Esta histeria ha forzado a que el periódico The New York Times pida disculpas por una viñeta que representaba a Trump como un invidente guiado por un perro lazarillo con el rostro de Netanyahu. Los medios proísraelíes lanzaron la sobreactuación perfecta comparando el NYT con Goebbels, la propaganda nazi de los años 30 y acusando al periódico de buscar un nuevo Holocausto. El periódico retiró la ilustración y anunció que ya no publicará más viñetas políticas. Hace pocos días Israel forzó la dimisión del director del Museo Judío de Berlín por estar en contra de la resolución del Bundestag que abre este artículo.

La impunidad de Israel alimenta la judeofobia

En realidad, Israel con su victimización es quien se ha convertido en experta en ejercer el boicot desde hace décadas.

En 1993, el único líder superviviente del levantamiento del gueto de Varsovia contra los nazis, el polaco Marek Edelman, fue borrado del plantel de oradores en la conmemoración en Varsovia por el 50° aniversario. Aunque parezca increíble, el comandante del levantamiento del gueto de Varsovia no pudo hablar en el homenaje porque Isaac Rabin amenazó con boicotear el acto. El delito de Edelman era ser un judío que rechazaba el carácter colonial israelí, no aceptaba la apropiación sionista de la resistencia judía contra los nazis y defendía los derechos palestinos.

Los supervivientes judíos de los campos nazis defendieron el boicot a Israel y también fueron tachados por Tel Aviv de “judíos que se odiaban a sí mismos”.

Si hay algo que alimenta la judeofobia es precisamente la impunidad de los crímenes israelíes y su actuación al margen de la legalidad internacional. La judeofobia crece porque mucha gente observa los esfuerzos de occidente en tapar a Israel. Y a su vez, mucha gente observa que para conseguir actuar como un sujeto forajido, Israel debe crear lobbies y grupos de presión que han vuelto a traer la imagen del “judío cortesano” cercano a los monarcas, al poder e influyente en las decisiones. Una imagen estereotipada que la sociedad judía siempre rechazó, pero que alimentó la judeofobia durante siglos, y que hoy Israel representa de nuevo. Precisamente el boicot a Israel que es apoyado por muchas organizaciones judías de base (no lobbies israelíes) va en la dirección de contrarrestar la judeofobia señalando al sujeto culpable y a su ideología.

El boicot a Israel no para de crecer. La represión legal al boicot tampoco para de crecer. Este enfrentamiento creciente entre uno y otro se resolverá inevitablemente con la victoria de los DDHH y el colapso de un artefacto racista insostenible que ocupa todo el territorio de Palestina y parte de Siria.

Hace mucho tiempo que se debió abandonar la retórica ficticia de los dos Estados, y asumir que el gobierno israelí gestiona bajo un régimen de apartheid y doble sistema jurídico-legal las vidas de un 51% de indígenas palestinos y un 49% de israelíes judíos. El enmascaramiento de esta realidad se realiza fragmentando a los nativos con “unos están en Gaza, aquellos son de Cisjordania, estos otros viven en Israel…”. A los millones de refugiados con derecho a retorno ni se les menciona. Pero intelectuales e historiadores israelíes saben que su Titanic va en ruta hacia el iceberg, y que en unas décadas Israel, como Estado supremacista etno-religioso, se habrá derrumbado. Que las personas nativas consigan plena igualdad no significará la persecución del que era grupo social privilegiado, excepto de quienes tengan que responder por sus crímenes. “Ese día se establecerá un nuevo pacto social entre todos los habitantes”, dice el periodista palestino Mussa’ab Bashir.

En ese momento se mirará hacia atrás y se verá quién estuvo en el lado correcto de la historia. Ángeles Maestro recaudando dinero para el sistema sanitario del gueto de Gaza, y personas, organizaciones e instituciones declarando su lucha contra el apartheid.

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Daniel Lobato es activista en solidaridad con Palestina

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