Desde su inicio en 1901 el Fondo Nacional Judío-Keren Kayemet Leisrael (FNJ-KKL) es un actor clave en la colonización y la limpieza étnica en Palestina, que ha construido bosques sobre las ruinas de aldeas palestinas destruidas por Israel y «nacionalizado» propiedades de los palestinos expulsados.
Para esconder sus actividades colonialistas, el FNJ-KKL ha fundado bosques dedicados a los revolucionarios anticoloniales latinoamericanos Simón Bolivar y José de San Martín sobre las ruinas de los pueblos palestinos de Ishwa y Beit Mahsir, evacuados y destruidos por las milicias sionistas en 1948.
El día 17 de agosto, la Embajada Argentina en el Estado de Israel ha organizado un acto en homenaje al General San Martín en ese bosque, colaborando con el FNJ-KKL en el lavado de imagen de esta organización racista y colonialista y con el encubrimiento de sus crímenes históricos contra los pobladores originarios de Palestina.
Distinguidos representantes de la comunidad mundial:
No he venido a hablar de Cuba. No vengo a exponer en el seno de esta Asamblea la denuncia de las agresiones de que ha sido víctima nuestro pequeño pero digno país durante 20 años. No vengo tampoco a herir con adjetivos innecesarios al vecino poderoso en su propia casa.
Traemos el mandato de la Sexta Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno del Movimiento de los Países No Alineados, para presentar ante las Naciones Unidas el resultado de sus deliberaciones y las posiciones que de ellas se derivan.
Somos 95 países de todos los continentes, que representan la inmensa mayoría de la humanidad. Nos une la determinación de defender la colaboración entre nuestros países, el libre desarrollo nacional y social, la soberanía, la seguridad, la igualdad y la libre determinación. Estamos asociados en el empeño por cambiar el actual sistema de relaciones internacionales, basado en la injusticia, la desigualdad y la opresión. Actuamos en política internacional como un factor global independiente.
Reunido en La Habana, el Movimiento acaba de reafirmar sus principios y confirmar sus objetivos.
Los Países No Alineados insistimos en que es necesario eliminar la abismal desigualdad que separa a los países desarrollados y a los países en vías de desarrollo. Luchamos por ello para suprimir la pobreza, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo que padecen todavía cientos de millones de seres humanos. Aspiramos a un nuevo orden mundial, basado en la justicia, la equidad y la paz, que sustituya al sistema injusto y desigual que hoy prevalece, en el que, según se proclamó en la Declaración de La Habana, «la riqueza sigue concentrada en las manos de unas cuantas potencias cuyas economías, fundadas en el despilfarro, son mantenidas gracias a la explotación de los trabajadores y a la transferencia y el saqueo de los recursos naturales y otros recursos de los pueblos de Africa, América Latina, Asia y demás regiones del mundo».
Entre los problemas que ha de debatir en este período de sesiones la Asamblea General, la paz figura en el primer orden de preocupaciones. La búsqueda de la paz constituye también una aspiración del Movimiento de Países No Alineados y ha sido objeto de su atención en la Sexta Conferencia. Pero la paz, para nuestros países, resulta indivisible. Queremos una paz que beneficie por igual a los grandes y a los pequeños, a los poderosos y a los débiles, que abarque todos los ámbitos del mundo y llegue a todos sus ciudadanos.
Desde su fundación misma, los Países No Alineados consideran que los principios de la coexistencia pacífica deben ser la piedra angular de las relaciones internacionales, constituyen la base del fortalecimiento de la paz y la seguridad internacional, de la reducción de la tirantez y de la extensión de ese proceso a todas las regiones del mundo y a todos los aspectos de las relaciones, y deben ser aplicados universalmente en las relaciones entre los Estados. Pero, al mismo tiempo, la Sexta Cumbre consideró que esos principios de la coexistencia pacífica incluyen también el derecho de los pueblos bajo dominación foránea y colonial a la libre determinación, a la independencia, la soberanía, la integridad territorial de los Estados, el derecho de cada país a poner fin a la ocupación extranjera, a la adquisición de territorios por la fuerza y a escoger su propio sistema social, político y económico.
Solo así la coexistencia pacífica podrá ser la base de todas las relaciones internacionales.
No es posible negarlo. Cuando se analiza la estructura del mundo contemporáneo se comprueba que esos derechos de nuestros pueblos no están todavía garantizados. Los Países No Alineados sabemos bien cuáles son nuestros enemigos históricos, de dónde vienen las amenazas y cómo debemos combatirlas. Por eso, hemos acordado en La Habana reafirmar que:
«La quinta esencia de la política de no alineamiento, de acuerdo con sus principios originales y carácter fundamental, lleva aparejada la lucha contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el apartheid, el racismo incluido el sionismo y cualquier forma de agresión, ocupación, dominación, injerencia o hegemonía extranjeras, así como la lucha contra las políticas de gran potencia o de bloques».
Se comprende así que también la Declaración de La Habana asoció la lucha por la paz con «el apoyo político, moral y material a los movimientos de liberación nacional y la realización de acciones conjuntas para liquidar la dominación colonial y la discriminación racial».
Los Países No Alineados hemos concedido siempre gran importancia a la posibilidad y a la necesidad de la distensión entre las grandes potencias. De ahí que la Sexta Conferencia señalara, con gran preocupación, el hecho de que después de la Cumbre de Colombo se haya producido un cierto estancamiento en el proceso de esta distensión, que ha seguido también siendo limitado, «tanto en su alcance como geográficamente».
Partiendo de esa preocupación, los Países No Alineados —que han hecho del desarme y de la desnuclearización uno de los objetivos permanentes y más destacados de su lucha, y tuvieron la iniciativa en la convocatoria del Décimo Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General sobre el Desarme— examinaron en su Conferencia los resultados de las negociaciones sobre las armas estratégicas y los acuerdos denominados SALT-II. Consideran que esos acuerdos constituyen un paso importante en las negociaciones entre las dos principales potencias nucleares y que podrían allanar el camino para las negociaciones más amplias que condujeran al desarme general y a la disminución de las tensiones. Pero para los No Alineados esos tratados no son más que una parte del avance hacia la paz. Aunque las negociaciones entre las grandes potencias constituyen un elemento decisivo en el proceso, los No Alineados reiteraron una vez más que el empeño por consolidar la distensión, por extenderla a todas partes del mundo y por evitar la amenaza nuclear, la acumulación de armamentos y, en definitiva, la guerra es una tarea en la que todos los pueblos deben participar y ejercer su responsabilidad.
Señor Presidente:
Basándonos en la concepción de la universalidad de la paz, y la necesidad de asociar la búsqueda de la paz, extendida a todos los países, con la lucha por la independencia nacional, la plena soberanía y la igualdad entre los Estados, los Jefes de Estado o de Gobierno que nos reunimos en la Sexta Conferencia de La Habana dedicamos nuestra atención a los problemas más presionantes en Africa, Asia, América Latina y otras regiones. Es importante subrayar que partíamos de una posición independiente y no vinculada a políticas que puedan derivar de la contradicción entre las grandes potencias. Si a pesar de ese enfoque, objetivo y no comprometido, la revisión de los acontecimientos internacionales se transforma en un anatema contra los sustentadores del imperialismo y del colonialismo, ello no hace más que reflejar la esencial realidad del mundo contemporáneo.
Así, al iniciar su análisis de la situación en Africa, y después de apreciar el avance registrado en la lucha de los pueblos africanos por su emancipación, los Jefes de Estado o de Gobierno subrayaron, como problema fundamental de la región, la necesidad de erradicar del continente, y en especial del Africa Meridional, el colonialismo, el racismo, la discriminación racial y el apartheid.
Fue indispensable resaltar que las potencias colonialistas e imperialistas continuaban en sus políticas agresivas con el propósito de perpetuar, recuperar o ampliar su dominación y explotación de las naciones africanas.
No es otra la dramática situación del Africa. Los Países No Alineados no podían dejar de condenar los ataques a Mozambique, Zambia, Angola, Botswana, las amenazas a Lesotho, los intentos de desestabilización permanentes en aquella zona, el papel de los regímenes racistas de Rhodesia y de Sudáfrica. La necesidad de lograr, en plazo perentorio, la plena liberación de Zimbabwe y de Namibia, no es solo una causa de los Países No Alineados o de las fuerzas más progresistas de nuestra época sino constituye ya acuerdos de la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, e implica deberes que son insoslayables y cuya infracción supone también la necesidad de una denuncia internacional. Por eso, cuando los Jefes de Estado o de Gobierno aprobaron en la Declaración Final condenar por sus nombres a un grupo de países occidentales, y en primer término a los Estados Unidos, por su colaboración directa e indirecta en el mantenimiento de la opresión racista y de la criminal política de Africa del Sur y, en cambio, reconocieron el papel jugado por los Países No Alineados, las Naciones Unidas, la Organización de la Unidad Africana, los países socialistas y los países escandinavos y otras fuerzas democráticas y progresistas en apoyo a la lucha de los pueblos de Africa, no hay en esto la menor manifestación de inclinación ideológica, es simplemente la expresión fiel de la realidad objetiva. Condenar a Sudáfrica sin mencionar a aquellos que hacen posible su criminal política habría sido incomprensible.
De la Sexta Conferencia Cumbre surge, con más fuerza y más urgencia que nunca, la necesidad de terminar con una situación en la cual no solo está envuelto el derecho de los pueblos de Zimbabwe y Namibia a su independencia y el requerimiento inaplazable de que los hombres y mujeres negros de Sudáfrica logren un status en que se les considere como seres humanos iguales y respetados, sino que también se aseguren las condiciones de respeto y paz para todos los países de la región.
El apoyo continuado a los movimientos de liberación nacional, al Frente Patriótico y al SWAPO, fue una decisión tan unánime como prevista. Y no se trata aquí —digámoslo bien— de expresar una preferencia unilateral por las soluciones a través de la lucha armada. Es cierto que la Conferencia encomió al pueblo de Namibia y al SWAPO, su auténtica y única representación, por haber intensificado la lucha armada y avanzar en ella, y pidió un apoyo total y eficaz para esa forma de combate. Pero ello se debe a que los racistas sudafricanos han cerrado todo camino de verdadera negociación y a que los intentos de soluciones negociadas no pasaron de ser meras estratagemas.
La actitud ante las decisiones del Commonwealth en sus reuniones de Lusaka, en el pasado agosto, orientadas a convocar una conferencia por el Gobierno británico como autoridad en Rhodesia del Sur, para discutir los problemas de Zimbabwe, sirvió para confirmar que los Países No Alineados no se oponen a soluciones que puedan ser logradas sin la lucha armada, siempre que de ellas pueda surgir un auténtico gobierno de la mayoría y en ellas se logre la independencia en forma que satisfaga a los pueblos combatientes, y que esto se haga conforme a las resoluciones de organismos como la OUA, las Naciones Unidas y nuestros Países No Alineados.
Señor Presidente:
La Sexta Cumbre tuvo que lamentar nuevamente que la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales, no se haya aplicado en el Sahara Occidental. Debemos recordar que las decisiones de los Países No Alineados y Resoluciones de las Naciones Unidas, como especialmente la 3331 de la Asamblea General, han reafirmado el derecho inalienable del pueblo del Sahara Occidental a la libre determinación y a la independencia. En este problema Cuba siente una especial responsabilidad por el hecho de haber sido miembro de la Comisión de Naciones Unidas que realizó las investigaciones sobre el Sahara Occidental, lo que permitió a nuestra representación comprobar la total decisión del pueblo saharauí en favor de la autodeterminación y la independencia. Reiteramos aquí, que la posición de los Países No Alineados no es una posición de antagonismo hacia ningún país. En el saludo al acuerdo entre la República Mauritana y el Frente POLISARIO y a la decisión mauritana de retirar sus fuerzas del territorio del Sahara Occidental, y en el hecho de deplorar la extensión de la ocupación armada por Marruecos de la parte meridional del Sahara Occidental, anteriormente administrada por Mauritania, no debe verse otra cosa que la aplicación de nuestros principios y de los acuerdos de las Naciones Unidas. Por eso la Conferencia expresó su esperanza de que el Comité ad hoc de la OUA, constituido en la XVI Reunión de la Cumbre de la Organización Africana, permitiría asegurar que el pueblo del Sahara ejerciera su derecho a la libre determinación y a la independencia en el término más breve posible.
El mismo principio y la misma posición determinaron los acuerdos sobre Mayotte y las islas del Archipiélago Malgache y su necesario reintegro respectivo a Comores y a Madagascar.
Señor Presidente:
No hay dudas de que el problema del Oriente Medio se ha convertido en una de las situaciones más preocupantes en la actualidad contemporánea. La Sexta Cumbre lo examinó en su doble dimensión.
De una parte, la Conferencia reafirmó que la determinación de Israel de continuar su política de agresión, expansionismo y asentamiento colonial en los territorios que ha ocupado, con el apoyo de los Estados Unidos, constituye una seria amenaza a la paz y a la seguridad mundiales.
A la vez, la Conferencia examinó el problema desde el ángulo de los derechos de los países árabes y de la cuestión palestina.
Para los Países No Alineados, la cuestión de Palestina es la médula del problema del Oriente Medio. Ambos forman un todo integral, que no puede solucionarse separadamente.
La base de la paz justa en la región comienza por la retirada total e incondicional de Israel de todos los territorios árabes ocupados y supone para el pueblo palestino la devolución de todos sus territorios ocupados y la recuperación de sus derechos nacionales inalienables, incluido el derecho del retorno a su patria, a la libre determinación y al establecimiento de un Estado independiente en Palestina, de conformidad con la Resolución 3236 de la Asamblea General. Ello implica la ilegalidad y nulidad de las medidas adoptadas por Israel en los territorios palestinos y árabes ocupados, así como del establecimiento de colonias o asentamientos en tierras palestinas y en los demás territorios árabes, cuyo desmantelamiento inmediato es un requisito para la solución del problema.
Como dije en mi discurso a la Sexta Cumbre «…no somos fanáticos. El movimiento revolucionario se educó siempre en el odio a la discriminación racial y los pogromos de cualquier tipo, y desde el fondo de nuestras almas, repudiamos con todas nuestras fuerzas la despiadada persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino. Despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época» (APLAUSOS).
¿Puede alguien extrañarse de que la Conferencia se viera obligada, por razones que no surgen de ningún prejuicio político sino del análisis objetivo de los hechos, a señalar que la política de los Estados Unidos desempeña un papel fundamental para impedir el establecimiento de una paz justa y completa en la región al alinearse con Israel, apoyarlo y trabajar por obtener soluciones parciales favorables a los objetivos sionistas y garantizar los frutos de la agresión israelí a costa del pueblo árabe de Palestina y de toda la nación árabe?
Los hechos y solo los hechos condujeron a la Conferencia a condenar la política y las maniobras estadounidenses en la región.
Cuando los Jefes de Estado o de Gobierno llegaron al consenso en que se condenó los acuerdos de Camp David y el Tratado Egipto-Israel de marzo de 1979, detrás de esas formulaciones estaban largas horas de examen atento y de provechosos intercambios que le permitieron a la Conferencia considerar esos tratados, no solo como un abandono total de la causa de los países árabes sino también como un acto de complicidad con la ocupación continuada de los territorios árabes. Los calificativos son duros, pero veraces y justos. No es el pueblo de Egipto el que ha quedado sometido al juicio de los órganos del Movimiento. El pueblo egipcio tiene el respeto de cada uno de nuestros países y la solidaridad de todos nuestros pueblos. Las mismas voces que se levantaron para denunciar los acuerdos de Camp David y el Tratado egipcio-israelí hicieron el elogio de Gamal Abdel Nasser, fundador del Movimiento y portador de las tradiciones combativas de la nación árabe. Nadie ha desconocido ni desconocerá el papel histórico de Egipto en la cultura y en el desarrollo árabe, ni sus méritos como fundador e impulsor de los Países No Alineados.
Los problemas del Sudeste Asiático ocuparon, igualmente, la atención de la Conferencia. Los crecientes conflictos y las tensiones que han tenido allí lugar constituyen una amenaza a la paz que es necesario evitar.
Preocupaciones similares expresó la Sexta Cumbre en torno a la situación del Océano Indico. La Declaración, aprobada hace ya ocho años por la Asamblea General de las Naciones Unidas, de esta área como zona de paz, no ha logrado sus objetivos. La presencia militar no se reduce en esa zona, sino que se incrementa. Las bases militares se extienden ahora hasta Sudáfrica y sirven adicionalmente para la vigilancia contra los movimientos africanos de liberación. Las conversaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética siguen en suspenso, a pesar de los acuerdos recientes entre ambos países para discutir su reanudación. De todo ello surgió la invitación de la Sexta Cumbre a todos los Estados interesados, a trabajar de manera efectiva por los objetivos de la Declaración del Océano Indico como zona de paz.
La Sexta Conferencia analizó otros problemas de interés regional y mundial, como los que atañen a la seguridad y la cooperación en Europa; el problema del Mediterráneo, las tensiones que allí subsisten, incrementadas ahora, como consecuencia de la política agresiva de Israel y el apoyo que prestan a la misma ciertas potencias imperialistas.
Se detuvo a examinar la situación de Chipre, ocupada todavía parcialmente por tropas extranjeras, y Corea, aún dividida, pese a los deseos del pueblo coreano de una reunificación pacífica de su patria, lo que llevó a los Países No Alineados a reafirmar y ampliar resoluciones solidarias dirigidas a la realización de las aspiraciones de ambos pueblos.
Sería imposible hacer referencia a todas las decisiones políticas de la Sexta Cumbre. Realizarlo nos impediría abordar lo que consideramos uno de los aspectos más fundamentales de nuestra Sexta Cumbre: su proyección económica, el clamor de los pueblos en vías de desarrollo, hartos ya de su retraso y del padecimiento que ese retraso origina. Cuba, como país sede, entregará a todos los países miembros de la comunidad internacional la Declaración Final y las resoluciones adicionales de la Conferencia. Pero se me permitirá que, antes de pasar a trasmitirles cómo ven los Países No Alineados la situación económica mundial, cuáles son sus demandas y cuáles sus esperanzas, emplee todavía unos instantes para poner en conocimiento de ustedes el enfoque de la Declaración Final respecto a las cuestiones latinoamericanas del momento.
El hecho de que la Sexta Cumbre tuviera lugar en un país latinoamericano dio oportunidad a los Jefes de Estado o de Gobierno allí reunidos para recordar que los pueblos de aquella región iniciaron sus esfuerzos por la independencia en los comienzos mismos del siglo XIX. No olvidaron, asimismo, que, como se dice en la Declaración: «América Latina era una de las regiones del mundo que históricamente había sufrido más por la agresión del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo de los Estados Unidos y Europa». A los participantes de la Conferencia les fue necesario resaltar que quedan todavía remanentes de colonialismo, neocolonialismo y opresión nacional en aquella tierra de lucha. La Conferencia, por ello, se pronunció por la erradicación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, condenó la existencia de bases militares en América Latina y el Caribe, como las de Cuba y Puerto Rico y exigió, una vez más, que la parte de sus territorios ocupada por aquellas bases contra la voluntad de sus pueblos, les fuera devuelta por el Gobierno de los Estados Unidos y las demás potencias coloniales.
La experiencia de otras áreas condujo a que los Jefes de Estado o de Gobierno rechazaran y condenaran el intento de crear en el Caribe una llamada «Fuerza de Seguridad», mecanismo neocolonial incompatible con la soberanía, la paz y la seguridad de los países.
Al pedir la restitución a la República Argentina de las islas Malvinas, al reiterar su apoyo al derecho inalienable del pueblo de Belice a su libre determinación, independencia e integridad territorial, la Conferencia corroboró de nuevo aquello que su Declaración definió como la quintaesencia del no alineamiento. Comprobó, complacida, el hecho de que a partir del 1ro. de octubre entrarían en vigor los tratados sobre el Canal de Panamá suscritos entre la República de Panamá y los Estados Unidos, dio pleno apoyo a esos tratados, exigió que los mismos fueran respetados en su letra y en su espíritu, y llamó a todos los Estados del mundo para que se adhieran al protocolo del tratado concerniente a la neutralidad permanente del Canal de Panamá.
Los Jefes de Estado o de Gobierno, a pesar de las presiones que se ejercieron, de las amenazas y de los halagos, de la obstinación del gobierno norteamericano al exigir que los problemas de Puerto Rico sean considerados problemas internos de los Estados Unidos, reiteraron su solidaridad con la lucha del pueblo de Puerto Rico y con su inalienable derecho a la libre determinación de independencia e integridad territorial y exhortaron al Gobierno de Estados Unidos de América a que se abstuviera de toda maniobra política o represiva tendiente a perpetuar la situación colonial de aquel país (APLAUSOS).
Ningún homenaje más digno que este a las tradiciones libertadoras de la América Latina y al heroico pueblo puertorriqueño, que en estos propios días ha celebrado el «Grito de Lares» con que hace casi 100 años expresó su indomable vocación de libertad.
Al referirse a la realidad latinoamericana, los Jefes de Estado o de Gobierno, que ya habían analizado la significación del proceso liberador ocurrido en Irán, no podían dejar de referirse al vuelco revolucionario de Granada y a la extraordinaria victoria del pueblo de Nicaragua y de su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (APLAUSOS), y destacar la enorme significación histórica que para los pueblos de la América Latina y del mundo tiene este hecho. Subrayaron además los Jefes de Estado o de Gobierno algo que viene a constituir un hecho nuevo en las relaciones latinoamericanas y que sirve de ejemplo para otras regiones del mundo: la forma solidaria y mancomunada en que actuaron los gobiernos de Panamá, Costa Rica y México, y los países del Pacto subregional Andino: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, para lograr la justa solución del problema nicaragüense, así como la solidaridad que Cuba brindó históricamente a la causa de aquel pueblo.
Confieso que esos enfoques sobre la América Latina le habrían bastado al pueblo cubano para justificar todos los esfuerzos y desvelos que realizaron cientos de miles de hombres y mujeres de nuestro país, en el empeño de hacer posible que Cuba acogiera dignamente a los países hermanos del Movimiento No Alineado en la Cumbre de La Habana. Pero hubo para Cuba mucho más. Algo que queremos agradecer aquí, en la tribuna de las Naciones Unidas, en nombre de nuestro pueblo. En La Habana, el pueblo cubano recibió el apoyo a su derecho de escoger el sistema político y social que ha decidido, en su reclamación del territorio que ocupa la Base de Guantánamo y en la condena al bloqueo con que todavía el Gobierno estadounidense pretende aislar y sueña con destruir a la Revolución Cubana (APLAUSOS).
Apreciamos en su profundo sentido y en su resonancia universal la denuncia que acaba de hacer el Movimiento en La Habana contra los actos de hostilidad, presiones y amenazas de los Estados Unidos hacia Cuba, calificándolos como una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios del derecho internacional, como una amenaza a la paz mundial. Una vez más respondemos a nuestros hermanos y aseguramos a la comunidad universal que Cuba seguirá siendo fiel a los principios de la solidaridad internacional.
Señor Presidente:
La historia nos ha enseñado que el acceso a la independencia para un pueblo que se libera del sistema colonial o neocolonial es, a la vez, el último acto de una larga lucha y el primero de una nueva y difícil batalla. Porque la independencia, la soberanía y la libertad de nuestros pueblos, aparentemente libres, están de continuo amenazadas por el control externo de sus recursos naturales, por la imposición financiera de organismos internacionales oficiales y por la precaria situación de sus economías que les merma la plenitud soberana.
Por ello, en el inicio mismo de sus análisis de los problemas económicos mundiales, los Jefes de Estado o de Gobierno, de una parte:
«Subrayaron solemnemente una vez más la importancia suprema que tenía el consolidar la independencia política mediante la emancipación económica… y reiteraron que el sistema económico internacional existente iba en contra de los intereses básicos de los países en desarrollo, era profundamente injusto e incompatible con el desarrollo de los Países No Alineados y otros países en desarrollo y no contribuía a la eliminación de los males económicos y sociales que afligían a esos países…»
Y, por la otra, enfatizaron:
«La misión histórica que el Movimiento de Países No Alineados debiera desempeñar en la lucha por lograr la independencia económica y política de todos los países en desarrollo y de los pueblos; por ejercer la soberanía plena y permanente y el control sobre sus recursos naturales y de todo tipo sobre sus actividades económicas; y por promover una reestructuración a fondo mediante el establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional».
Para concluir con estas palabras:
«La lucha por eliminar la injusticia del sistema económico internacional existente y establecer el Nuevo Orden Económico Internacional es parte integrante de la lucha del pueblo por la liberación política, económica, cultural y social».
No es necesario demostrar aquí hasta qué punto el sistema económico internacional existente, es profundamente injusto e incompatible con el desarrollo de los países subdesarrollados. Las cifras están ya tan popularizadas que son innecesarias para nosotros. Se discute si el número de los seres desnutridos de nuestro planeta es solo de 400 millones o ha vuelto a ser de 450, según se consigna en ciertos documentos internacionales. Cuatrocientos millones de hombres y mujeres hambrientos es ya una cantidad demasiado acusatoria.
Lo que nadie duda es que todas las esperanzas que se habían desplegado ante los países en vías de desarrollo aparecen fracasadas y canceladas al terminar este segundo decenio del desarrollo.
Se ha reconocido por el Director General del Consejo de la FAO que «los progresos continúan siendo decepcionantemente lentos en relación con los objetivos de desarrollo a más largo plazo acordados en la Estrategia Internacional del Desarrollo, en la Declaración y el Programa de Acción sobre el Establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional y en la Resolución de la Conferencia Mundial de la Alimentación y en varias conferencias posteriores». Está lejos de haberse logrado en la producción agrícola y alimentaria de los países en desarrollo, en estos últimos 10 años, el modesto aumento medio anual del 4% que se planteó para resolver algunos de los problemas más perentorios del hambre mundial y acercarnos a niveles todavía reducidos de consumo. Como consecuencia de ello, las importaciones de alimentos de los países en desarrollo, que constituyen ahora mismo un elemento agravante de sus balanzas de pago deficitarias, alcanzarán muy pronto, según la FAO, proporciones tales que serán inmanejables. Frente a eso, disminuyen los compromisos oficiales de ayuda exterior para la agricultura de los países en vías de desarrollo.
Este panorama no puede ser embellecido. A veces en ciertos documentos oficiales se reflejan los aumentos circunstanciales de la producción agrícola en ciertas áreas del mundo subdesarrollado, o se destacan las elevaciones coyunturales de los precios de algunos artículos de la agricultura. Pero se trata de avances transitorios y de ventajas efímeras. Los ingresos por concepto de exportaciones agrícolas de los países en desarrollo continúan siendo inestables e insuficientes en relación con sus necesidades de importación de alimentos, fertilizantes y otros insumos para elevar la propia producción. La producción de alimentos por habitante en Africa durante 1977 fue un 11% menor que 10 años atrás.
Si en la agricultura se perpetúa el retraso, el proceso de industrialización tampoco avanza. Y no puede avanzar, porque para la mayoría de los países desarrollados la industrialización de los países en desarrollo es vista como una amenaza.
En Lima, en 1975, la Conferencia Mundial para la Industrialización nos propuso a los países en desarrollo la meta de llegar al año 2000 aportando el 25% de todas las manufacturas producidas en el mundo. Pero los progresos desde Lima hasta hoy son tan insignificantes, que si no se aceptan las medidas propuestas por la Sexta Conferencia Cumbre y si no se lleva a la práctica un programa urgente de rectificaciones en la política económica de la mayoría de los países desarrollados, esa meta quedará también incumplida. No llegamos todavía a producir el 9% de la manufactura del mundo.
Nuestra dependencia se expresa, una vez más, en el hecho de que los países de Asia, Africa y América Latina importamos el 26,1% de los productos manufacturados que entran en el comercio internacional y exportamos solo el 6,3.
Se dirá que hay un cierto proceso de expansión industrial, pero no se produce ni al ritmo necesario ni en las industrias claves de la economía industrial. La Conferencia de La Habana lo ha señalado. La redistribución mundial de la industria, el llamado redespliegue industrial, no puede consistir en una nueva confirmación de las profundas desigualdades económicas originadas en la época colonial del siglo XIX. Entonces se nos condenó a ser productores de materias primas y productos agrícolas baratos. Ahora se quiere utilizar la mano de obra abundante y los salarios de miseria de los países en vías de desarrollo para transferirles las industrias de menor tecnología, de más baja productividad y que más polucionan el ambiente. Eso lo rechazamos terminantemente.
Los países desarrollados de economía de mercado absorben hoy más del 85% de la producción manufacturera mundial, entre ella la producción industrial de más alta tecnología. Controlan también más del 83% de las exportaciones industriales. El 26% de esas exportaciones va hacia los países en vías de desarrollo, cuyos mercados monopolizan. Lo más grave de esa estructura dependiente es que aquello que importamos, es decir, no solo los bienes de capital sino también los artículos de consumo, está elaborado según las exigencias, las necesidades y la tecnología de los países de mayor desarrollo industrial y los patrones de la sociedad de consumo, que de ese modo se introduce por los resquicios de nuestro comercio, infecta nuestras propias sociedades y añade así un nuevo elemento a la ya permanente crisis estructural.
Como resultado de todo esto, según lo constataron los Jefes de Estado o de Gobierno en La Habana, la brecha existente entre los países desarrollados y los países en desarrollo no solo subsisten sino se ha ampliado sustancialmente. La participación relativa de los países en desarrollo en la producción mundial descendió considerablemente durante las dos últimas décadas, lo que tiene consecuencias aun más desastrosas en fenómenos como la malnutrición, el analfabetismo y la insalubridad.
Algunos quisieran resolver el trágico problema de la humanidad con drásticas medidas para reducir la población. Recuerdan que la guerra y las epidemias ayudaron a reducirla en otras épocas. Pretenden más aun, quieren atribuir el subdesarrollo a la explosión demográfica.
Pero la explosión demográfica no es la causa, sino la consecuencia del subdesarrollo. El desarrollo actuará a la vez trayendo soluciones para la pobreza y contribuyendo, a través de la educación y la cultura, a que nuestros países logren tasas de crecimiento racionales y adecuadas.
En un reciente informe del Banco Mundial se señala una más grave perspectiva. Es posible —se dice— que al llegar el año 2000 haya 600 millones de habitantes de esta Tierra que continúen en absoluta pobreza.
Señor Presidente, señores representantes:
La situación de retraso agrícola e industrial, de la cual no acaban de desprenderse los países en vías de desarrollo es, sin duda, como lo señala la Sexta Cumbre, el resultado de relaciones internacionales injustas y desiguales. Pero a éstas se añade ahora, como también se señala en la Declaración de La Habana, la crisis prolongada de la economía internacional.
No voy a detenerme demasiado en este aspecto. Precisemos ahora que los Jefes de Estado o de Gobierno hemos considerado que la crisis del sistema económico internacional no es coyuntural sino que constituye un síntoma de desajustes estructurales y de un desequilibrio que están en su propia naturaleza; que ese desequilibrio ha sido agravado por la negativa de los países desarrollados de economía de mercado a controlar sus desequilibrios externos y sus altos niveles de inflación y desempleo; que la inflación se ha generado precisamente en esos países desarrollados que ahora se resisten a aplicar las únicas medidas que podían eliminarla. Y señalemos además, porque es algo a lo cual hemos de referirnos después y que también está registrado en la Declaración de La Habana, que esta crisis es asimismo el resultado de la persistente falta de equidad en las relaciones económicas internacionales, de manera que resolver esa desigualdad, como lo proponemos, contribuirá a atenuar y alejar la propia crisis.
¿Cuáles son los señalamientos principales que los representantes del Movimiento de Países No Alineados se vieron obligados a formular en La Habana?
Condenamos allí la persistente desviación de recursos humanos y materiales hacia una carrera de armamentos improductiva, derrochadora y peligrosa para la humanidad (APLAUSOS). Y exigimos que parte considerable de los recursos que ahora se emplean en armamentos, en particular por las principales potencias, sean destinados al desarrollo económico y social.
Hemos expresado nuestra grave preocupación por el insignificante progreso en las negociaciones dirigidas a la aplicación de la Declaración y del Programa de Acción sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional. Apuntamos que ello se debía a la falta de voluntad política de la mayoría de los países desarrollados y censuramos expresamente las tácticas dilatorias, diversionistas y divisorias adoptadas por esos países. El fracaso del V período de Sesiones de la UNCTAD sirvió para poner en evidencia esa situación.
Comprobamos que el intercambio desigual en las relaciones económicas internacionales, enunciado como característica esencial del sistema, se ha hecho, si cabe, aun más desigual. Mientras los precios de la manufactura, los bienes de capital, los productos alimenticios y los servicios que importamos de los países desarrollados se incrementan de continuo, se estancan en cambio y están sometidos a fluctuaciones incesantes los precios de los productos primarios que exportamos. La relación de intercambio se ha empeorado. Hicimos hincapié en que el proteccionismo, que fue uno de los elementos agravantes de la Gran Depresión de los años 30, ha vuelto a ser introducido por ciertos países desarrollados. La Conferencia lamentó que en las negociaciones del GATT los países desarrollados que pertenecen al mismo no tuvieran en cuenta los intereses y las preocupaciones de los países en desarrollo, y en particular de los menos desarrollados.
La Conferencia denunció, asimismo, cómo ciertos países desarrollados intensifican el uso de subsidios internos a determinados productos, en detrimento de producciones que son de interés para los países en desarrollo.
La Conferencia deploró las deficiencias en el alcance y funcionamiento del Sistema Generalizado de Preferencias, y en ese espíritu condenó las restricciones discriminatorias contenidas en la Ley sobre Comercio Exterior de los Estados Unidos, así como la posición inflexible de ciertos países desarrollados, que impidieron que sobre estos problemas se llegara a un acuerdo en el V Período de Sesiones de la UNCTAD.
Expresamos nuestra preocupación por el constante deterioro de la situación monetaria internacional. La inestabilidad en los tipos de cambio de las principales monedas de reserva y la inflación, que acentúan el desequilibrio de la situación económica mundial, crean dificultades adicionales a los países en desarrollo, disminuyen el valor real de sus ingresos de exportación y reducen el de sus reservas de divisas. Señalamos como un factor negativo el crecimiento desordenado de los recursos monetarios internacionales, básicamente mediante el empleo de dólares devaluados de los Estados Unidos y otras monedas de reserva. Notamos que, mientras la desigualdad de las relaciones económicas internacionales hace incrementar la deuda externa acumulada de los países en desarrollo hasta más de 300 000 millones de dólares, los organismos financieros internacionales y la banca privada elevan las tasas de intereses, hacen más cortos los plazos de amortización de los préstamos y ahogan con ello financieramente a los países en desarrollo, constituyendo todo esto, como se denunció por la Conferencia, un elemento coercitivo en las negociaciones, lo que les permite obtener ventajas políticas y económicas adicionales a expensas de nuestros países.
La Conferencia tuvo en cuenta el empeño neocolonialista de impedir a los países en desarrollo ejercer de manera permanente y efectiva su plena soberanía sobre los recursos naturales, y reafirmó ese derecho. Por ello mismo, apoyó los esfuerzos de los países en desarrollo productores de materias primas por obtener precios justos y remuneradores para sus exportaciones y mejorar en términos reales sus ingresos de exportación.
Por otra parte, la Conferencia puso más atención que nunca al fortalecimiento de las relaciones económicas y a la transferencia científico-técnica y tecnológica de los países en vías de desarrollo entre sí. El concepto de lo que podríamos definir como «autosustentación colectiva», o sea, el apoyo mutuo y la colaboración entre los países en vías de desarrollo de modo que estos dependen, en primer término, de sus propias fuerzas colectivas, cobra en la Declaración de La Habana una fuerza que no tuvo nunca antes. Cuba, como Presidente del Movimiento y país coordinador, se propone realizar, en unión del Grupo de los 77, todos los esfuerzos necesarios para impulsar el Programa de Acción delineado por la Conferencia en materia de cooperación económica.
No concebimos esa «autosustentación colectiva», sin embargo, como algo siquiera parecido a la autarquía, la vemos como un factor de las relaciones internacionales que ponga en juego todas las posibilidades y recursos de esta parte considerable e importante de la humanidad, que somos los países en desarrollo, para incorporarla a la corriente general de los recursos y de la economía que por su parte puedan movilizar tanto en el campo capitalista como en los países socialistas.
Señor Presidente:
La Sexta Cumbre rechazó los intentos de algunos países desarrollados que pretenden utilizar la cuestión de la energía para dividir a los países en desarrollo.
El problema de la energía, solo puede ser examinado en su contexto histórico, tomando en cuenta, de una parte, cómo los modelos consumistas de algunos países desarrollados llevaron a la dilapidación de los hidrocarburos y advirtiendo a la vez el papel expoliador de las empresas transnacionales, beneficiarias hasta fecha reciente de los suministros de energía barata, los que usaron de manera irresponsable. Las transnacionales explotan simultáneamente a los productores y a los consumidores, obteniendo beneficios extraordinarios e injustificados de unos y de otros, a la vez que pretenden culpar a los países en desarrollo exportadores de petróleo de la situación actual.
Permítaseme recordar que en mis palabras inaugurales a la Conferencia señalé la situación angustiosa de los países en desarrollo no productores de petróleo, en particular los menos adelantados, y expresé la certeza de que los Países No Alineados productores de petróleo encontrarían fórmulas para contribuir a mitigar la situación desfavorable de aquellos países golpeados ya por la inflación mundial y por la desigualdad del intercambio, que sufren serios déficit de sus balanzas de pago y un aumento considerable de su deuda externa. Pero ello no excluye la responsabilidad central de los países desarrollados, sus monopolios y sus empresas transnacionales.
Los Jefes de Estado o de Gobierno, al considerar el problema de la energía con ese enfoque, pusieron de relieve que el mismo debería ser objeto de discusiones en el contexto de las negociaciones mundiales que se llevan a cabo en las Naciones Unidas, con la participación de todos los países y relacionando el problema energético con todos los problemas del desarrollo, con la reforma financiera y monetaria, el comercio mundial y las materias primas, de modo que se realice un análisis global de los aspectos vinculados al establecimiento de un nuevo orden económico internacional.
En la revisión de los principales problemas que afectan a los países en vías de desarrollo en el ámbito económico mundial, no podía faltar el examen del funcionamiento de las empresas transnacionales. Una vez más se declararon inaceptables sus políticas y sus prácticas. Se imputó que en busca de beneficios agotan los recursos, trastornan la economía y violan la soberanía de los países en desarrollo, menoscaban los derechos de los pueblos a la libre determinación, interfieren los principios de no injerencia en los asuntos de los Estados y recurren con frecuencia al soborno, a la corrupción y a otras prácticas indeseables, a través de las cuales pretenden subordinar, y subordinan los países en desarrollo a los países industrializados.
Ante los progresos insuficientes en la tarea de preparar en Naciones Unidas el Código de Conducta que regule las actividades de las empresas transnacionales, la Conferencia reafirmó la urgencia de que esa labor concluya rápidamente, con el propósito de brindar a la comunidad internacional un instrumento jurídico que le sirva al menos para controlar y reglamentar las actividades de las transnacionales, de acuerdo con los objetivos y aspiraciones de los países en desarrollo.
Al consignar todos los abrumadores aspectos negativos en la situación económica de los países en vías de desarrollo, la Sexta Cumbre llamó muy especialmente la atención hacia los problemas que se acumulan sobre los países en desarrollo menos adelantados en condiciones desventajosas, sin litoral y aquellos otros mediterráneos aislados, y pidió que se adoptaran medidas urgentes y especiales para mitigarlos.
Ese es, Señor Presidente y señores representantes, el panorama poco optimista, y más bien sombrío y desestimulante, que tuvieron ante sí los países miembros del Movimiento No Alineado al reunirse en La Habana.
Pero los Países No Alineados no se dejaron arrastrar hacia posiciones de frustración o exasperación, que resultarían explicables. Al mismo tiempo que elaboraron concepciones estratégicas que les permitan llevar adelante su lucha, los Jefes de Estado o de Gobierno reiteraron sus demandas y definieron sus posiciones.
El primer objetivo fundamental de nuestra lucha consiste en reducir, hasta eliminarlo, el intercambio desigual que hoy prevalece y que convierte al comercio internacional en un vehículo provechoso para la expoliación adicional de nuestras riquezas. Hoy se cambia una hora de trabajo de los países desarrollados por 10 horas de trabajo de los países subdesarrollados.
Los Países No Alineados demandan que se le preste una seria atención al Programa Integrado para los Productos Básicos, que ha sido hasta ahora manipulado y escamoteado en las negociaciones llamadas «Norte-Sur». De la misma manera piden que el Fondo Común, proyectado como un instrumento de estabilización de manera que se establezca una permanente correspondencia entre los precios que reciben por sus productos y los de sus importaciones, y que apenas ha podido comenzar a integrarse, reciba un real impulso. Para los Países No Alineados esta correspondencia que vincule de manera permanente los precios de sus mercancías exportadas a los precios de los equipos básicos, productos industriales y materias primas tecnológicas, que importa de los países desarrollados, constituye un pivote esencial de todas las negociaciones económicas futuras.
Los países en vías de desarrollo exigen que los países que han generado la inflación y la estimulan con su política adopten las medidas necesarias para controlarla, cesando así la agravación de los resultados del intercambio no equitativo.
Los países en vías de desarrollo exigen —y mantendrán su lucha por obtenerlo— que los artículos industriales de sus incipientes economías tengan el acceso a los mercados de los países desarrollados; que se elimine el vicioso proteccionismo reintroducido en la economía internacional y que amenaza conducirnos nuevamente a una guerra económica nefasta; que se apliquen de manera general y sin ficciones engañosas las Preferencias Arancelarias Generalizadas y no Recíprocas, como manera de permitir el desenvolvimiento de sus industrias jóvenes, sin que las aplasten en el mercado mundial los recursos tecnológicos superiores de las economías desarrolladas.
Los Países No Alineados consideran que las negociaciones que están a punto de culminar sobre el Derecho del Mar no pueden, como lo pretenden ciertos países desarrollados, servir para ratificar el desequilibrio existente en cuanto a los recursos marinos, sino que han de ser un vehículo para su rectificación equitativa. La Conferencia de Derecho del Mar ha servido una vez más para poner de relieve la arrogancia y la decisión imperialista de algunos países que, poniendo sus posibilidades tecnológicas por encima del espíritu de comprensión y de avenencia que los países en desarrollo solicitan, amenazan con proceder unilateralmente a realizar operaciones mineras en los fondos marinos.
La deuda de los países en vías de desarrollo ha alcanzado ya la cifra de 335 000 millones de dólares. Se calcula que el pago total por concepto de servicios de la deuda externa asciende a más de 40 000 millones cada año, lo que representa más del 20% de sus exportaciones anuales. Por otro lado, el ingreso per cápita promedio de los países desarrollados es ahora catorce veces superior al de los países subdesarrollados. Esta situación es ya insostenible.
Los países en vías de desarrollo necesitan que se establezcan nuevos sistemas de financiamiento, mediante los cuales reciban los recursos financieros necesarios para el desarrollo continuo e independiente de sus economías. Estos financiamientos deben ser a largo plazo y a bajo interés. El uso de esos recursos financieros debe estar a la plena disposición de los países en desarrollo, para que estos puedan establecer en sus economías el sistema de prioridades que corresponda con sus planes de desarrollo industrial y no sean absorbidos esos fondos financieros, como hoy ocurre, por las empresas transnacionales, que se benefician adicionalmente, aprovechando la supuesta contribución financiera al desarrollo para agravar la deformación de sus economías y obtener de la explotación de los recursos de los países máximas ganancias.
Los países en vías de desarrollo y, en su nombre, el Movimiento de Países No Alineados, demandan que una parte importante de los inmensos recursos que la humanidad hoy dilapida en la carrera armamentista sean dedicados al desarrollo, lo que contribuirá, simultáneamente, a alejar el peligro de guerra y facilitar el mejoramiento de la situación internacional.
Los Países No Alineados, expresando las posiciones de todos los países en vías de desarrollo, demandan un nuevo sistema monetario internacional, que impida las fluctuaciones desastrosas que hoy sufren las monedas que prevalecen en la economía internacional, en particular el dólar norteamericano. El desorden financiero golpea adicionalmente sobre los países en vías de desarrollo, los cuales aspiran a que en la elaboración del nuevo sistema monetario mundial ellos tengan palabra y decisión como representantes del mayor número de países de la comunidad internacional y de más de 1 500 millones de hombres y mujeres.
En resumen, Señor Presidente y señores representantes:
El intercambio desigual, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!
La inflación que se nos exporta, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!
El proteccionismo, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!
El desequilibrio que existe en cuanto a la explotación de los recursos marinos, es abusivo. ¡Y debe ser abolido!
Los recursos financieros que reciben los países en desarrollo, son insuficientes. ¡Y deben ser aumentados!
Los gastos en armamentos, son irracionales. ¡Deben cesar y sus fondos empleados en financiar el desarrollo!
El sistema monetario internacional que hoy predomina, está en bancarrota. ¡Y debe ser sustituido!
Las deudas de los países de menor desarrollo relativo y en situación desventajosa, son insoportables y no tienen solución. ¡Deben ser canceladas! (APLAUSOS)
El endeudamiento abruma económicamente al resto de los países en desarrollo. ¡Y debe ser aliviado!
El abismo económico entre los países desarrollados y los países que quieren desarrollarse, en vez de disminuir se agranda. ¡Y debe desaparecer!
Tales son las demandas de los países subdesarrollados.
Señor Presidente, señores representantes:
La atención a esas demandas, algunas de las cuales han sido presentadas sistemáticamente por los países en vías de desarrollo, en los foros internacionales, a través del Grupo de los 77 y del Movimiento de Países No Alineados, permitiría un cambio de rumbo en la situación económica internacional, que ofrecería a los países en vías de desarrollo las condiciones institucionales para organizar los programas que los situarían definitivamente en el camino al desarrollo.
Pero aunque todas estas medidas fueran llevadas a la práctica, aunque se rectificaran los errores y vicios del presente sistema de relaciones internacionales, los países subdesarrollados carecerían de un elemento decisivo: el financiamiento externo.
Todos los esfuerzos internos, todos los sacrificios que hacen y están dispuestos a hacer los pueblos de los países en vías de desarrollo, todas las oportunidades de incrementar su potencial económico que se lograrían al eliminar la desigualdad entre los precios de exportación y los de importación y mejorar las condiciones en que se realiza su comercio exterior no serán, sin embargo, suficientes. A la luz de su situación financiera real y actual, necesitan además recursos en tal cantidad que les permitan, a la vez, pagar sus deudas y emprender los enormes gastos que a nivel mundial exige el salto al desarrollo.
Aquí también las cifras son demasiado conocidas para que necesitemos repetirlas. La Sexta Cumbre se preocupó ante el hecho de que no solo la deuda de los países subdesarrollados es prácticamente insoportable, sino también que esta deuda creciera cada año a un ritmo que podríamos considerar galopante. Y los datos que acaba de suministrar el reciente informe del Banco Mundial, emitido en los mismos días en que celebrábamos la Conferencia de La Habana, confirman que la situación es cada día más grave. Solo en el año 1978 la deuda pública externa de 96 países en desarrollo aumentó en unos 51 000 millones de dólares. Este ritmo eleva la deuda a las cifras astronómicas mencionadas.
¡No podemos, Señor Presidente, resignarnos a este panorama sombrío!
Los más reputados economistas, tanto los occidentales como aquellos que se adscriben a las concepciones del marxismo, admiten que la forma en que funciona el sistema de endeudamiento internacional de los países en vías de desarrollo es completamente irracional y que su mantenimiento amenaza con una súbita interrupción, que pondrá en peligro todo el precario e inestable equilibrio económico mundial.
Algunos tratan de explicar el sorprendente hecho económico de que los centros bancarios internacionales continúen suministrándoles fondos a países que están técnicamente en bancarrota, aduciendo que se trata de una contribución generosa para ayudar a esos países a soportar las dificultades económicas. Pero no es así. Es, en realidad, una operación de salvamento del propio orden internacional capitalista. En octubre de 1978 la Comisión de las Comunidades Europeas admitía en forma esclarecedora:
«El equilibrio actual de la economía mundial depende en grado considerable de que continúe la corriente de préstamos privados a los países en desarrollo no productores de petróleo… en una escala sin precedentes antes de 1974, y cualquier impedimento a esa corriente pondrá en peligro dicho equilibrio».
La quiebra financiera mundial sería muy dura, en primer lugar, para los países subdesarrollados y para los trabajadores de los países capitalistas desarrollados. Afectaría también a las más estables economías socialistas. Pero el sistema capitalista dudosamente podría sobrevivir a semejante catástrofe. Y sería difícil que la terrible situación económica resultante no engendrara, inevitablemente, una conflagración mundial. Ya se habla de fuerzas militares especiales para ocupar los campos petrolíferos y las fuentes de materias primas.
Pero si es deber de todos la preocupación por este panorama sombrío, es deber, primero, de los que poseen una mayor suma de riqueza y bienestar material.
A los revolucionarios, al fin y al cabo, la perspectiva de un mundo sin capitalismo no nos asusta demasiado (APLAUSOS).
Se ha propuesto que en lugar del espíritu de enfrentamiento utilicemos el sentido de la interdependencia económica mundial que permita conjugar las fuerzas de todas las economías para obtener beneficios comunes, pero el concepto de la interdependencia solo es aceptable cuando se parte de admitir la injusticia intrínseca y brutal de la actual interdependencia. Los países en vías de desarrollo rechazan el que se les proponga como «interdependencia» la aceptación de la injusta y arbitraria división internacional del trabajo, que el colonialismo moderno les impuso a partir de la revolución industrial inglesa y que el imperialismo profundizó.
Si se quiere impedir la confrontación y la lucha, que es el único camino que aparece abierto para los países en vías de desarrollo —un camino que ofrece largos y difíciles combates cuyas proporciones nadie podría ahora predecir—, es necesario que todos busquemos y encontremos fórmulas de colaboración para resolver los grandes problemas que, si bien afectan a nuestros pueblos, no pueden resolverse sin afectar de alguna forma a los países más desarrollados.
No hace muchos años expresamos que el derroche irracional de bienes materiales y el consiguiente despilfarro de recursos económicos de la sociedad capitalista desarrollada era ya insostenible. ¿Cuál ha sido si no la causa de la dramática crisis energética que estamos viviendo? ¿Y quiénes tienen que soportar las peores consecuencias, sino, los países subdesarrollados no petroleros?
Estos criterios sobre la necesidad de poner fin al despilfarro de las sociedades de consumo son hoy una opinión generalizada.
En un reciente documento de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial se afirma que:
«Las modalidades de vida actuales, especialmente en los países industrializados, tal vez tengan que experimentar un cambio radical y doloroso».
Claro está que los países en vías de desarrollo no pueden esperar, ni esperan, que las transformaciones a que aspiran y los financiamientos que requieren puedan llegarles como una dádiva derivada de meros análisis sobre los problemas económicos internacionales. En este proceso, que implica contradicciones, lucha y negociaciones, los países No Alineados tienen que depender, en primer término, de sus propias decisiones y esfuerzos.
Esa convicción emerge con claridad de la Sexta Cumbre. En la parte económica de la Declaración Final, los Jefes de Estado o de Gobierno reconocen la necesidad de realizar en sus países los cambios estructurales necesarios de índole económica y social, considerando que es esta la única forma de eliminar la vulnerabilidad actual de sus economías y de convertir el simple crecimiento estadístico en un verdadero desarrollo. Solo así —lo reconocen los Jefes de Estado—, los pueblos estarían dispuestos a pagar el precio que les exigiría ser los protagonistas principales del proceso. Como dijimos en aquella oportunidad: «Si el sistema es socialmente justo, las posibilidades de supervivencia, y desarrollo económico y social son incomparablemente mayores».
La historia de mi país es un ejemplo irrefutable de ello.
La necesidad emergente e impostergable de dar solución al subdesarrollo, nos hace volver, Señor Presidente, al problema que hace un momento abordáramos, y que quisiera que fuese el último presentado por mí ante esta XXXIV Asamblea General de las Naciones Unidas. Me refiero al financiamiento internacional.
Uno de los fenómenos más graves que acompaña al endeudamiento acelerado de los países en vías de desarrollo lo constituye, según dijéramos, el hecho de que la mayor parte del dinero que reciben del exterior esos países se ven forzados a emplearlo para cubrir sus balances comerciales y de cuenta corriente negativos, renovar deudas y pagar intereses.
Si tomamos el ejemplo de los países en vías de desarrollo no exportadores de petróleo, a cuya situación me referí en la Conferencia de La Habana, solo en los últimos seis años han acumulado déficits en sus balanzas de pagos que sobrepasan los 200 000 millones de dólares.
Frente a eso, las inversiones que realmente necesitan los países en vías de desarrollo son enormes. Y las necesitan, precisamente y en primer término, casi sin excepción, en ramas y producciones de escasa rentabilidad, que no atraen a los inversionistas y prestamistas privados extranjeros.
Para aumentar la producción de alimentos, con el objeto de eliminar la desnutrición de esos 450 millones de personas que hemos mencionado, habrá que habilitar nuevos recursos de tierras y de agua. Según cálculos especializados, la superficie total de tierra cultivada de los países en desarrollo tendría que aumentarse en los próximos 10 años en 76 millones de hectáreas, y las tierras de regadío en más de 10 millones.
La rehabilitación de las obras de riego exigen atender 45 millones de hectáreas. Es por ello que los cálculos más modestos admiten que la ayuda financiera internacional —y nos referimos a la ayuda y no al flujo total de los recursos— tiene que llegar anualmente a 8 000 ó 9 000 millones de dólares, para conseguir el objetivo de que la agricultura crezca a ritmos entre 3,5 y 4% en los países en desarrollo.
Si examinamos la industrialización, los cálculos exceden con mucho esos parámetros. La Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, al trazar las metas que mencionamos en su reunión de Lima, determinó que en el centro de la política internacional del desarrollo tendría que estar el financiamiento y que este deberá llegar hacia el año 2000 a niveles de 450 000 a 500 000 millones de dólares anuales, de los cuales un tercio —es decir, de 150 000 a 160 000 millones—, tendrán que ser financiamientos de corrientes externas.
Pero el desarrollo, Señor Presidente y señores representantes, no es solo agricultura e industrialización. Desarrollo es, principalmente, la atención al ser humano, que ha de ser el protagonista y el fin de cualquier esfuerzo por el desarrollo. Para tomar el ejemplo de Cuba, señalaré que en los últimos cinco años nuestro país ha empleado en inversiones constructivas para la educación un promedio de casi 200 millones de dólares anuales. Las inversiones de construcción y equipos para la salud pública se desarrollan a un promedio anual de más de 40 millones. Y Cuba es solo uno de los casi 100 países en desarrollo y uno de los más pequeños geográfica y poblacionalmente. Puede estimarse, por ello, que en las inversiones, en los servicios educacionales y de salud pública, los países en desarrollo necesitarán algunas otras decenas de miles de millones de dólares anuales para vencer los resultados del retraso.
Ese es el gran problema que tenemos ante nosotros.
Y ese no es, señores, solo nuestro problema, el problema de los países víctimas del subdesarrollo y del desarrollo insuficiente. Es un problema de toda la comunidad internacional.
Más de una vez se ha dicho que nosotros hemos sido forzados al subdesarrollo por la colonización y la neocolonización imperialista. La tarea de ayudarnos a salir del subdesarrollo es, pues, en primer término, una obligación histórica y moral de aquellos que se beneficiaron con el saqueo de nuestras riquezas y la explotación de nuestros hombres y mujeres durante décadas y siglos (APLAUSOS). Pero, es, a la vez, tarea de la humanidad en su conjunto, y así lo ha hecho constar la Sexta Cumbre.
Los países socialistas no participaron en el saqueo del mundo ni son responsables del fenómeno del subdesarrollo. Pero la obligación, sin embargo, de ayudar a superarlo, la comprenden y la asumen partiendo de la naturaleza de su sistema social, en el cual la solidaridad internacionalista es una premisa.
De la misma manera, cuando el mundo aguarda que los países en desarrollo productores de petróleo contribuyan también a la corriente universal de recursos que ha de nutrir el financiamiento externo para el desarrollo, no lo hace en función de obligaciones y deberes históricos que nadie podría imponerles, sino como una esperanza y un deber de solidaridad entre países subdesarrollados. Los grandes países exportadores de petróleo deben estar conscientes de su responsabilidad.
Incluso los países en desarrollo con mayor nivel deben hacer su aporte. Cuba, que no habla aquí en nombre de sus intereses y no defiende un objetivo nacional, está dispuesta a contribuir en la medida de sus fuerzas con miles o decenas de miles de técnicos: médicos, educadores, ingenieros agrónomos, ingenieros hidráulicos, ingenieros mecánicos, economistas, técnicos medios, obreros calificados, etcétera.
Es, por ello, la hora de que todos nos unamos en la tarea de sacar a pueblos enteros y a cientos de millones de seres humanos del retraso, la miseria, la desnutrición, la enfermedad, el analfabetismo, que les hace imposible disfrutar a plenitud de la dignidad y el orgullo de llamarse hombres (APLAUSOS).
Hay que organizar, pues, los recursos para el desarrollo, y esa es nuestra obligación conjunta.
Existen, Señor Presidente, tal número de fondos especiales, multilaterales, públicos y privados, cuyo objetivo es contribuir a uno u otro aspecto del desarrollo, ya sea agrícola, ya sea industrial, ya se trate de compensar los déficits en los balances de pagos, que no me resulta fácil, al traer ante la XXXIV Asamblea los problemas económicos discutidos en la Sexta Cumbre, formular una proposición concreta para el establecimiento de un nuevo fondo.
Pero no hay duda de que el problema del financiamiento debe ser discutido profunda y plenamente, para encontrarle una solución. Además de los recursos que ya están organizados, por los distintos canales bancarios, por las organizaciones concesionarias, los organismos internacionales y los órganos de las finanzas privadas, necesitamos discutir y decidir la manera de que, al comenzar el próximo decenio para el desarrollo, en su estrategia se incluya el aporte adicional de no menos de 300 000 millones de dólares, a los valores reales de 1977, distribuidos en cantidades anuales que no deben ser menores a los 25 000 millones ya desde los primeros años, para ser invertidos en los países subdesarrollados (APLAUSOS). Esta ayuda debe ser en forma de donaciones y de créditos blandos a largo plazo y mínimo interés.
Es imprescindible movilizar estos fondos adicionales como aporte del mundo desarrollado y de los países con recursos, al mundo subdesarrollado en los próximos 10 años. Si queremos paz, harán falta estos recursos. Si no hay recursos para el desarrollo no habrá paz. Algunos pensarán que estamos pidiendo mucho; yo pienso que la cifra es todavía modesta. Según datos estadísticos, como expresé en el acto inaugural de la Sexta Cumbre de los Países No Alineados, el mundo invierte cada año en gastos militares más de 300 000 millones de dólares. Con 300 000 millones de dólares se podrían construir en un año 600 000 escuelas con capacidad para 400 millones de niños; ó 60 millones de viviendas confortables con capacidad para 300 millones de personas; ó 30 000 hospitales con 18 millones de camas; ó 20 000 fábricas capaces de generar empleo a más de 20 millones de trabajadores; o habilitar para el regadío 150 millones de hectáreas de tierra, que con un nivel técnico adecuado pueden alimentar a 1 000 millones de personas. Esto despilfarra la humanidad cada año en la esfera militar. Considérese, además, la enorme cantidad de recursos humanos en plena juventud, recursos científicos, técnicos, combustible, materias primas y otros bienes. Este es el precio fabuloso de que no exista un verdadero clima de confianza y de paz en el mundo.
Solo Estados Unidos gastará en el decenio 1980-1990 seis veces esta cifra en actividades militares.
Pedimos para 10 años de desarrollo menos de lo que hoy se gasta en un año en los ministerios de Guerra y mucho menos de la décima parte de lo que se gastará en 10 años con fines militares.
Para algunos puede parecer irracional la demanda: lo verdaderamente irracional es la locura del mundo de nuestra época y los riesgos que amenazan a la humanidad.
La enorme responsabilidad de estudiar, organizar y distribuir esta suma de recursos debe corresponder enteramente a la Organización de las Naciones Unidas. La administración de esos fondos debe hacerla la propia comunidad internacional, en condiciones de absoluta igualdad para cada uno de los países, ya sean contribuyentes o beneficiarios, sin condiciones políticas y sin que la cuantía de los donativos tenga nada que ver con el poder de voto para decidir la oportunidad de los préstamos y el destino de los fondos.
Aunque el flujo de recursos debe ser valorado en términos financieros, no debe consistir solo en ellos. Puede estar formado también por equipos, fertilizantes, materias primas, combustible y plantas completas, valoradas en los términos del comercio internacional. También la asistencia de personal técnico y la formación de técnicos debe ser contabilizada como una contribución.
Estamos seguros, estimado Señor Presidente y señores representantes, que si el Secretario General de Naciones Unidas —asistido por el Presidente de la Asamblea, con todo el prestigio y el peso de esta organización, apoyada además, de inicio, por la influencia que los países en vías de desarrollo y, más aun, el Grupo de los 77, le prestarían a esa iniciativa—, convocara a los distintos factores que hemos mencionado para iniciar discusiones en las cuales no habría lugar para el antagonismo llamado Norte-Sur ni para el denominado antagonismo Este-Oeste, sino que allí concurrirían todas las fuerzas como una tarea común, como un deber común y una esperanza común, esta idea que presentamos ahora a la Asamblea General puede ser coronada por el éxito.
Porque no se trata de un proyecto que beneficie solo a los países en vías de desarrollo, beneficiaría a todas las naciones.
Como revolucionarios, la confrontación no nos asusta. Tenemos fe en la historia y en los pueblos. Pero como voceros e intérpretes del sentimiento de 95 países, tenemos la responsabilidad de luchar por la colaboración entre los pueblos. Y esa colaboración, si ella se logra sobre bases nuevas y justas, beneficiará a todos los países que constituyen hoy la comunidad internacional. Y beneficiará en especial a la paz mundial.
El desarrollo puede ser, a corto plazo, una tarea que entrañe aparentes sacrificios y hasta donativos que parezcan irrecuperables. Pero el vasto mundo que hoy vive en el retraso, desprovisto de poder adquisitivo, limitado hasta el extremo en su capacidad de consumir, incorporará con su desarrollo un torrente de cientos de millones de consumidores y productores, el único capaz de rehabilitar la economía internacional, incluyendo la de los países desarrollados que hoy generan y padecen la crisis económica.
La historia del comercio internacional ha demostrado que el desarrollo es el factor más dinámico del comercio mundial. La mayor parte del comercio de nuestros días se realiza entre países plenamente industrializados. Podemos asegurar que mientras más se extienda la industrialización y el progreso en el mundo, más se extenderá también el intercambio comercial, beneficioso para todos.
Es por ello, que pedimos en nombre de los países en vías de desarrollo y abogamos por la causa de nuestros países. Pero no es una dádiva lo que estamos reclamando. Si no encontramos soluciones adecuadas, todos seremos víctimas de la catástrofe.
Señor Presidente, distinguidos representantes:
Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad.
¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos?
Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan (APLAUSOS); hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana.
Unos países tienen mar, otros no; unos tienen recursos energéticos, otros no; unos poseen tierras abundantes para producir alimentos, otros no; unos tan saturados de máquinas y fábricas están, que ni respirar se puede el aire de sus atmósferas envenenadas (APLAUSOS), otros no poseen más que sus escuálidos brazos para ganarse el pan.
Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? (APLAUSOS) ¿Para qué sirve el mundo? No se puede hablar de paz en nombre de las decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos.
¡La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar!
Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados.
Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan.
¡Basta ya de palabras! ¡Hacen falta hechos! (APLAUSOS) ¡Basta ya de abstracciones, hacen falta acciones concretas! ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende (RISAS y APLAUSOS); hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan!
No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico (APLAUSOS).
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (APLAUSOS).
Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana.
La periodista española Isabel Pérez es sin duda el nuevo rostro (informativo y humano) en la Franja de Gaza. Su principal mérito es haberse convertido en un ejemplo de coraje y ética para los corresponsales occidentales que desinforman a la opinión mundial desde cómodos laboratorios mediáticos, situados a millares de kilómetros de distancia del convulsionado territorio palestino.
Isabel, periodista «freelance» (independiente) reporta directamente -y en vivo- desde el paso fronterizo de Rafah, en Palestina, a donde se fue a vivir con su esposo hace tres años, y atraviesa por los mismos peligros y dificultades que cualquier otro habitante de Gaza. Para sus lectores de Hispan TV, El Mundo y eldiario.es, el solo hecho de mostrar la guerra tal como es y no como quieren las agencias internacionales, Isabel es un observador privilegiado y además indesmentible. Además de graduarse de periodista en la Universidad Complutense de Madrid, se preparó como pocos para competir con ventaja en el estrecho mundo de la noticia internacional: estudió el idioma árabe en la Universidad de Alejandría (Egipto) y el persa en el Instituto Dehkhoda (Universidad de Teherán).
Periodismo de riesgo
A pesar de su apariencia menuda y frágil, Isabel Pérez demostró la fortaleza de un roble para cumplir su misión informativa en 2014, cuando las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) lanzaron la operación «Margen Protector», que causó la muerte de más de 2000 civiles palestinos.
«Terrorífico, sí», reconoce. Yo siempre digo que trabajar cubriendo una guerra donde tú vives y tienes a la familia es duro y muy intenso (…) arriesgando tu vida, con la constante preocupación de mantenerte a salvo y poner a salvo a tu familia», confesó en una entrevista anterior a la nuestra.
Hamas e Israel y sus secretos
El contacto directo con la realidad de Gaza le permite a la comunicadora española hablar con propiedad sobre la costumbre de vetar a los enemigos de Israel sin reconocerle méritos como Hamas, que después de haber sido criminalizado como terrorista, hoy es un factor de diálogo en evolución. «En los últimos años, Hamas ha ido cambiando su discurso a uno menos radical desde el punto de vista islamista, y ha mostrado su interés por convertirse en un actor legítimo para entrar a negociar con actores internacionales», sostiene.
Es poco conocido que durante casi un año, de agosto de 2014 a mediados de 2015, se mantuvo en el mayor secretismo que estaban llevándose a cabo contactos entre Hamas e Israel. ¿Por qué el secretismo? Porque esto significaría que Hamas estaría reconociendo a Israel como autoridad y a la inversa. «En agosto de 2015, mientras realizaba una entrevista con uno de los portavoces de Hamas, Sami Abu Zuhri, éste me contó que diplomáticos europeos, entre ellos Tony Blair (exlíder del Cuarteto del Mediterráneo), se encontraban en conversaciones con Hamas. Abu Zuhri dijo que con mediación de países como Turquía o Cátar» comenta.
Menú de violaciones
En contexto, Isabel Pérez recordó los ataques no occidentales de la marina israelí contra los pescadores palestinos, pocos días después de la tregua de 2014. «La marina arrestó a dos pescadores palestinos mientras faenaban (¿no es esto acaso una violación de la tregua?). Nada ocurrió por parte de las milicias palestinas. Nadie lanzó proyectiles contra Israel e, incluso, los pescadores fueron puestos en libertad y sus barcas devueltas a Gaza. Estos ataques, la confiscación de material pesquero y los arrestos, se sucedieron y suceden más a menudo de lo que la gente fuera pueda pensar. El lugar de encuentro para llevar a cabo las formas y el momento de la devolución de barcas y de prisioneros palestinos era (es) el paso fronterizo Beit Hanún-Erez, bajo administración israelí».
Prudencia: estrategia periodística
El trabajo de Isabel Pérez con sus fuentes de información es tan discreto como como el de los negociadores políticos israelíes y palestinos más comprometidos. «En Beit Hanún-Erez, el norte de la franja de Gaza, representantes de Hamas, junto a representantes de Ramallah, se encuentran con representantes israelíes para negociar estas pautas. Mi fuente de información es personal y prefiere mantenerse totalmente en el anonimato, pero está relacionada con el gremio de los pescadores».
Las conversaciones no se dan con facilidad, sostiene. «Hay dificultades para negociar porque los egipcios mantienen una dura guerra contra Daesh en la zona próxima al paso fronterizo con Gaza, al noreste del Sinaí. Si hay que esperar a que esté todo bajo control, no se puede hablar de que «pronto» va a estar el paso abierto permanentemente». Isabel Pérez conjetura que «a instancias políticas, de relaciones entre Hamas y el gobierno egipcio, quizás sí podríamos ver algún avance, siempre contando con el beneplácito de Israel y la insistencia de actores como Cátar o Arabia Saudí.
Genocidio en cámara lenta
El origen del conflicto humanitario en Gaza no puede desligarse del bloqueo, asegura Isabel Pérez. «De hecho, para ser certeros, tendríamos que situar el bloqueo de movimiento de personas y bienes desde que se fundó Israel, en 1948, en territorio palestino.
En 1995 comenzaron a levantar los israelíes la alambrada y un muro, a lo largo de la línea verde con la franja de Gaza. En 2007, con Hamas en el poder, cerraron los pasos fronterizos y se acentuó todavía más el sitio. En la franja existían los pasos de Beit Hanún-Erez, para circulación de personas y bienes de consumo; Nahal Oz, para gas; Carni, también para bienes de consumo; Sofá para material de construcción y Karem Abu Salem para bienes y materiales, todos ellos bajo control israelí.
Israel tiene la llave de la despensa
Hoy por hoy, en Gaza, solo se abren, con restricciones, los pasos fronterizos de Erez para viajeros V.I.P (miembros de la ONU, etc), y algunos pocos enfermos con permisos especiales que expiden los israelíes, y Karem Abu Salem, para (suministro) de bienes y material de construcción bajo la coordinación de Israel, precisa la corresponsal.
«El paso de Rafah es el único que no está bajo control israelí, sino egipcio. El miércoles 11 y el jueves 12 de mayo de 2016, abrió por primera vez después de 85 días consecutivos de cierre, el cierre más largo desde 2007. Solo pudieron salir un 2% de los casos humanitarios que tenían preferencia. Si el bloqueo sigue así, y si llegara otra operación militar israelí contra Gaza, , pronostica, tendríamos que hablar de una auténtica catástrofe humanitaria».
En Gaza no se vive, se sobrevive
Foto: Archivo personal de Isabel
La miseria forma parte de la cotidianidad, afirma la comunicadora sin «maquillar» frases: «Los habitantes de Gaza tienen poco margen para una vida dentro de los estándares de la dignidad humana. Hay gente que come lo mismo tres veces al día: pan con «duqqah». El 80% de la población es refugiada palestina de 1948 y todos ellos, incluyendo otro 10% están en necesidad de ayuda humanitaria.
«El 67% de las familias de la franja de Gaza vive en inseguridad alimentaria. Los y las pequeñas en Gaza sufren, claramente, malnutrición que se traduce en anemias o un mal desarrollo cognitivo y, por lo tanto, mal rendimiento escolar. Esto es un estrangulamiento lento, un genocidio a cámara lenta. Es un régimen maquiavélico. Israel no permite equipamientos hospitalarios para tratar el cáncer», narra.
Isabel Pérez resume el drama de los gazatíes en una frase del profesor Arnon Soffer, uno de los ideólogos israelíes que apoyó el bloqueo como castigo colectivo: «estos animales van a ser más animales todavía.»
Hay expuestos en Yad Vashem, el magnífico y estremecedor Museo del Holocausto en Jerusalén, muchos objetos, muchas fotos, incluso obras de arte. Y también algunos mapas. Uno de ellos siempre me ha parecido muy significativo: muestra la población judía en el mundo por países antes de la Segunda Guerra Mundial para informar de forma gráfica cómo la solución final nazi diezmó a los judíos de forma sistemática y atroz. Aparecen, pues, los judíos en Polonia, Alemania, Francia, etcétera. Y también aparece, del Mediterráneo al Jordán, Israel, como país. El mapa obvia dos detalles: que Israel jamás ha sido un país cuyas fronteras han estado delimitadas por el Mediterráneo y el Jordán; y que antes de la Segunda Guerra Mundial Israel no existía. El Estado hebreo nació en 1948; antes de esa fecha, Palestina era un protectorado británico.
El mapa de Yad Vashem no es fruto de la ignorancia, por supuesto. En primer lugar, establece una continuidad histórica falsa entre el Holocausto y la creación del Estado de Israel, uno de los mitos más potentes del sionismo. La idea está presente en todas partes (Steven Spielberg, en su epílogo en color de ‘La Lista de Schindler’, también la difundió, por ejemplo) y consiste en afirmar que Israel es el Estado que crean los judíos para que no se repita el Holocausto. Muchos judíos emigraron al protectorado de Palestina durante y tras la Segunda Guerra Mundial, pero lo cierto es que el proyecto sionista en tierra palestina nace mucho antes: la primera colonia sionista data de 1870. A pesar del mapa de Yad Vashem, Israel no existe antes de 1948 y no se crea para evitar otro Holocausto. Israe es un proyecto ideológico.
La segunda función del mapa, no menor, es borrar el concepto de Palestina. Otro mito fundacional muy potente del sionismo es la idea de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Al dibujar un Israel del Mediterráneo al Jordán antes de 1948, se establece que lo que había allí antes de que fuera Israel no existía porque, de forma legal o no, reconocido como tal o no, con Estado o no, aquello siempre ha sido Israel, el hogar nacional de los judíos y sólo de los judíos. Es una mezcla de colonialismo (el europeo que va a otra tierra y se apodera de ella sin tener en cuenta el indígena que vive allí, un patrón que se ha dado literalmente en todo el mundo) y nacionalismo (sólo una pueblo, una nación, tiene vínculo con la tierra, no los individuos).
La polémica alrededor del mapa de Google Maps de Palestina entronca con esta utilización política e ideológica de la cartografía. Un artículo de The Washington Postexplica que Google en realidad no se ha borrado Palestina, que si clickas en Cisjordania y Gaza aparece el nombre de Palestina igualmente. La explicación es tan endeble que sólo hace falta imaginarla al revés: que no aparezca Israel sino Palestina pero que si clickas en Tel-Aviv entonces sí se puede leer Israel. e sencillo imaginar la que le caería encima a Google. Que Palestina, más allá del reconocimiento simbólico de la Asamblea de la ONU, no sea un Estado como tal también es una explicación endeble. Google puede argumentar lo que quiera, pero es muy difícil darle mapa por liebre a los palestinos.
Y es que la cartografía es una realidad de la vida palestina. Este mal llamado conflicto produce más mapas de lo que es capaz de digerir. Yo, en casa, tengo uno que compré en una tienda de antigüedades de Jerusalén que data de principios del siglo XX y que dibuja un Plan C de Partición que, sinceramente, no tengo ni idea de qué fue. Hay mapas de todo tipo: zonas A, B, y C; la bantustanización de Cisjordania; el recorrido del muro; la Palestina menguante; los recursos hídricos; las aldeas árabes borradas del mapa; el recorrido del muro; los check points; las barreras; las zanjas; las carreteras sólo para colonos; las carreteras cortadas; los asentamientos; los bosques bajo los que se ocultó la limpieza étnica; la línea verde; las líneas de armisticio; las zonas de exclusión y las zonas pesqueras en Gaza; la declinante población musulmana; la demografía cambiante; el tranvía de Jerusalén; la Palestina histórica; el Plan de Partición; las fronteras del 67…
A los palestinos les encantan los mapas. Y las llaves de casas que perdieron. Y las fotos de parientes que nacieron y vivieron en lugares a los que ya no tiene permitido el acceso. Y las cifras, adoran las cifras que ilustran su desgracia, la injusticia que sufren, la nakba. También saben mucho de matemáticas (la tierra y las vidas que hay que restar, los asentamientos que hay que sumar) y de leyes internacionales, resoluciones de la ONU y fallos de tribunales internacionales. Los palestinos no necesitan inventarse mapas ni manipular fechas ni descontarse en las sumas y las restas ni presionar a las televisiones para que no hagan ejercicios cartográficos cuando informan del mal llamado conflicto. Igual la realpolitik le da espalda, pero la realidad está de su lado.
Por eso, diga lo que diga Google, la cartografía está del lado de Palestina. Como la geografía, como la historia, como la memoria, como las fotografías, como el arte, como la arqueología, como la poesía, como la gastronomía, como la arquitectura, como la agricultura, como la pesca. Como la justicia.
Google mejor que nadie sabe que en la era de la información la memoria es masiva, que nada puede borrarse de esa hemeroteca masiva que es internet. Para la historia queda, pues, que Google, la empresa que hizo del “make no harm” su lema, ha hecho lo que ha hecho. Que en este asunto ha elegido en qué lado quiere estar. Y ese lado es muchas cosas –políticamente correcto, pragmático, probablemente inteligente, sin duda mucho más tranquilo– pero no es el de la justicia.
Desfile de la delegación de Palestina en las Olimpíadas Río 2016. Foto: Reproducción
Por Tali Feld Gleiser, para Desacato.info.
Las noticias que le llegan al mundo sobre la situación en Brasil son bastante confusas. Los grandes medios han sido cautelosos en analizar el proceso como un golpe de Estado. Hablamos de la prensa-empresa, aquella que nunca defiende los derechos de los pueblos y la que, desgraciadamente, moldea la opinión de la mayoría de los habitantes de este planeta.
Por otro lado, es difícil entender lo que sucede por aquí: parlamentarios y políticos con problemas en la Justicia, algunos comprobadamente corruptos, son los que están juzgando a Dilma Rousseff, presidente elegida por el voto popular. Dilma no responde a ninguna investigación judicial ni tiene cuentas bancarias en el exterior, mientras que Eduardo Cunha, quien condujo el espectáculo patético en la Cámara de Diputados, es acusado de múltiples casos de corrupción. Todo esto acontece con la complicidad de los grandes medios y el Poder Judicial.
Expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, se encuentra con el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu. Foto: Amos Ben Gershom/ GPO. 3/6/2015
Dilma Rousseff no cometió ningún delito, como afirman especialistas en Derecho y el Ministerio Público Federal[1], entre otros. El mal uso del «impeachment» es una ruptura institucional. Y, sin delito, estamos delante de un golpe de Estado[2]. Este tipo de golpe “suave”, comenzó en 2009 en Honduras cuando fue derrocado el presidente Manuel Zelaya, siguió en Paraguay en 2012, con la destitución de Fernando Lugo, donde, igual que en Brasil, la ley permite que parlamentarios se transformen en especialistas en derecho, sin serlo[3]. Estos golpes ocurrieron con la mano no tan invisible de Estados Unidos.
Apartada del cargo, la presidente Dilma, quien asumió la presidencia interina es Michel Temer del PMDB, partido de centro-derecha (estas clasificaciones son siempre peligrosas), con el cual el PT, partido de Dilma, hizo una alianza que dejó insatisfechos a muchos militantes y simpatizantes del partido.
Las acciones internas del gobierno de Michel Temer apuntan para medidas neoliberales: recortes en los planes sociales, en la salud, educación, retirada de derechos de los/las trabajadores, privatización de empresas estatales, y la venta (léase regalar) del presal, gigantesco reservatorio de petróleo y gas natural que podría transformar a Brasil en uno de los mayores productores y exportadores de petróleo y gas del mundo.
Esta onda neoliberal que azota de nuevo a la Patria Grande tiene como objetivo, además de las medidas contra los/las trabajadores, realinear a los países más o menos progresistas, que en 2005 dijeron NO al ALCA, bajo la órbita e influencia de Estados Unidos. Una nueva ALCA está siendo construida con la Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Perú, México y Colombia. La Argentina de Macri ya demostró su interés y es probable que el Brasil de Temer siga la misma política. Se trata de deslegitimar los organismos de integración como el Mercosur y, otros, creados a instancia, especialmente, del Comandante Hugo Chávez, como la CELAC y UNASUR.
Wikileaks divulgó en mayo de este año que Michel Temer actuó como informante de la embajada de Estados Unidos en 2006[4]. Eso ya da un perfil del político de 75 años, cuyo padre fue un inmigrante libanés del pueblo de Btaaboura. Una de las primeras medidas del presidente interino fue cerrar las posibilidades para los refugiados sirios. El gobierno de la presidente Dilma había facilitado el ingreso de sirios a través de una visa especial para entrar a Brasil. Cerca de dos mil refugiados llegaron al país[5].
El 9 de junio pasado, el Ministro de Relaciones Exteriores, José Serra (PSDB), candidato a la presidencia derrotado en 2002 por Inácio Lula da Silva y en 2010 por Dilma Rousseff, amenazó con revisar el voto de Brasil en la 199ª Sesión del Consejo Ejecutivo de la Unesco de 15 de abril del corriente año. Votada un día antes, la resolución sobre el patrimonio cultural en los Territorios Ocupados, entre otros puntos, solicita que Israel garantice el acceso de los/las palestinos a la Explanada de las Mezquitas. La decisión fue aprobada por 33 votos a favor, con 6 votos en contra, 17 abstenciones y 2 ausencias[6].
En nota del Itamaraty (el Ministerio de RR. EE. de Brasil), se manifiesta el desagrado en relación a “que la decisión no haga referencia expresa a los vínculos históricos del pueblo judío con Jerusalén, particularmente el Muro Occidental, santuario más sagrado del judaísmo”. Este hecho es considerado “un error, que torna el texto parcial y desequilibrado”. Y muestra su apoyo “a los acuerdos vigentes entre Israel y Jordania para la administración” de los lugares santos de la Ciudad Vieja de Jerusalén (ocupada por Israel desde 1967). El gobierno (interino) brasileño dice que revisará el voto a favor en el caso de que las “deficiencias señaladas en la referida decisión no sean sanadas en un futuro examen del tema por la Unesco”.
De acuerdo con la asesoría del Itamaraty, la nota se concentra en los ítems 19 y 20 del documento, que tratan sobre el status de patrimonio mundial de la Unesco otorgado a la Ciudad Vieja de Jerusalén y sobre las “medidas unilaterales israelíes” sobre el acceso al lugar. A los países que votaron en contra de la resolución no les gustó el uso del término “potencia ocupante” en el texto, en referencia a Israel[7].
Asimismo, el sionismo puede considerarse contemplado con tres representantes en el gobierno interino: En el Ministerio de Defensa, está Raul Jungman; en el sector de Inteligencia, Sergio Etchegoyen; y en el Banco Central el israelí-brasileño Ilan Goldfajn[8]. Hablamos de sionismo y no sobre judaísmo. Siempre aparecen los que quieren confundir a las personas igualando los términos. El sionismo es una ideología que apoya al Estado de Israel supremacista y racista y el judaísmo, una religión compuesta por varias culturas. No todos los judíos son sionistas y no todos los sionistas son judíos.
Es justo aclarar que también el gobierno de Dilma tuvo ministros sionistas, como Jaques Wagner (PT) en el Ministerio de Defensa que, en 2015, declaró al recibir al entonces embajador de Israel en Brasil: “Me puse contento con la visita del embajador de un país que es nuestro socio estratégico”[9]. El mismo año, el gobierno brasileño rechazó la nominación del nuevo embajador israelí: el colono nacido en Argentina, Dany Dayan. Movimientos sociales y entidades en Brasil también repudiaron la designación de Dayan porque las “acciones del nominado, [son] claramente violadoras de las leyes internacionales y de los derechos más básicos del pueblo palestino[10].” Fue una victoria para la diplomacia brasileña, pero insuficiente como para que el país adopte una posición clara en defensa de los derechos humanos del pueblo palestino. Como dice Miko Peled:
“Algunas personas pueden argumentar que este es un paso en la dirección correcta. Pero no lo es, y si lo fuera, el tiempo de pequeños pasos en la dirección correcta se terminó hace mucho. Ahora es momento de acciones serias, de desafíos serios. Israel tiene una larga historia de apoyo y suministro de armas a dictadores y asesinos en América latina. Es hora de que América latina expulse a Israel para siempre. Ningún embajador israelí debería poner el pie en ninguna capital latinoamericana.[11]“.
Durante la masacre israelí a Gaza de 2014, fueron algunos gobiernos latinoamericanos los que tomaron iniciativas para condenar los crímenes de guerra de la entidad sionista. Fueron llamados embajadores y realizadas declaraciones públicas. Pero, en general, todo dentro de la llamada “teoría de los dos demonios”[12], que iguala, en este caso, a la potencia ocupante, que tiene el cuarto ejército mejor equipado del mundo, con el ocupado hace 68 años que es el pueblo palestino, el cual no tiene ejército, ni fuerza aérea, ni siquiera un Estado. Aunque el Estado haya sido reconocido por más de 130 países (dentro de las fronteras de 1967 y no de las originales originales de 1948)[13], entre los que, lógicamente, no se encuentra Israel.
Yasser Arafat, líder histórico de la OLP, reconoció el derecho del Estado de Israel “a existir en paz y seguridad”, en una carta enviada al primer ministro Itzhak Rabin en 1993[14]. Israel no solo no retribuyó el gesto, como aumentó la represión, continuó confiscando tierras palestinas para el asentamiento de colonias (todas ilegales de acuerdo con la Ley Internacional), comenzó y sigue hasta hoy con la construcción del muro (también ilegal según el Derecho Internacional) y continúa profundizando el sistema de apartheid y control sobre cada aspecto de la vida del pueblo palestino, siempre tratado como terroristas.
El gobierno interino de Michel Temer ya comenzó a aplicar la Ley Antiterrorismo, aprobada por el Congreso y sancionada por la presidente Dilma. Antes de las Olimpíadas, la Policía Federal arrestó a diez personas por “actos preparatorios de terrorismo”. El ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, dijo que las “personas fueron detenidas por ‘bautizarse’ en el Estado Islámico, una en cada estado brasileño». De acuerdo con el ministro, el bautismo es un juramento de lealtad al grupo extremista. El ministro reiteró que no hubo contacto de los investigados con miembros del Estado Islámico, apenas un juramento en los grupos de Telegram y Whatsapp. Los arrestos fueron realizados con base en la Ley Antiterrorismo”. Moraes finalizó la rueda de prensa afirmando que habían terminado las posibilidades de un ataque terrorista durante los Juegos Olímpicos[15].
El ministro de Defensa, Raul Jungmann, declaró que la prisión de los sospechosos de terrorismo “fue para demostrar que tenemos capacidad y que la pena será muy dura. Es un efecto de disuasión[16]«. Lo que él no dijo es que se aprovecharon de la cresciente islamofobia para instalarla en Brasil y así seguir la agenda de Estados Unidos y aliados. (El aumento de la compra de armamento israelí probado en la represión al pueblo palestino merece un artículo aparte. Brasil es uno de los cinco mayores importadores de armas del régimen de apartheid.)
Esa misma Ley Antiterrorismo podrá ser aplicada para criminalizar a los defensores de los derechos humanos del pueblo palestino, como ya está sucediendo en España, Francia, Estados Unidos o en Argentina. Los miembros del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel), que ha logrado concientizar cada vez más personas sobre la importancia de esa herramienta, son uno de los blancos que el sionismo quiere alcanzar. La campaña BDS es pacífica y sirve como presión a la entidad sionista, la cual viola sistemáticamente los derechos humanos del pueblo palestino, además de no cumplir las resoluciones de la ONU. La comunidad internacional es cómplice porque prefiere cerrar los ojos y, en el caso de Estados Unidos, también contribuir con miles de millones de dólares para mantener la máquina genocida del Estado de Israel andando.
Activista francesa fue detenida en Francia por usar una camiseta en apoyo al BDS, marzo de 2016. Foto: BDS France
“El movimiento BDS saca la máscara de la narrativa israelí[17].” Y por eso el gobierno de Israel comenzó a destinar abundantes recursos para combatir al movimiento, porque está perdiendo millones de dólares en inversiones y su imagen ya no es la misma. Las personas no se tragan más que el victimario y potencia ocupante discurse que es la eterna víctima. Aquí hay una sola víctima y esa es el pueblo palestino. Israel tiene todo un equipo dedicado a detectar activistas y acciones del BDS y procurar por todos los medios posibles que los responsables sean penalizados. Israel amenaza hasta bancos alemanes con sanciones si les ofrecen servicios a grupos vinculados al BDS[18]. También ha reclamado de Facebook por ser “un monstruo” que actúa contra la seguridad israelí e incita al terrorismo[19], cuando Israel arresta palestinos y palestinas que se expresan contra la ocupación sionista en esa red social[20].
A Israel no le debe haber gustado nada el cancelamiento por parte del estado de Bahia del acuerdo con la empresa estatal israelí Mekorot[21], responsable por el robo del agua palestina. La presión de activistas y organizaciones sociales vinculadas a la campaña BDS surtió efecto otra vez.
Fueron muchas las victorias del BDS el año pasado. (Ver: BDS en 2015: Siete formas en que nuestro movimiento marcó nuevos rumbos en contra del colonialismo y el apartheid israelíes). Pero tenemos que prepararnos porque la represión a los movimientos sociales aumentará, siempre encuadrada en las directrices de Estados Unidos y podremos sufrir retrocesos a causa del apoyo de los nuevos gobiernos a las acciones criminales de Israel. Aun así, los defensores de los derechos humanos del pueblo palestino continuaremos del lado de las víctimas, hasta que Palestina sea libre, del río Jordán hasta el Mar y seguiremos llamando de Golpe a lo que prensa brasileña llama de juicio político («impeachment»).
As notícias que chegam ao mundo sobre a situação no Brasil são bastante confusas. A grande mídia tem sido cautelosa em analisar o processo como um golpe de Estado. Falamos da imprensa-empresa, essa que nunca defende os direitos dos povos, e a que, infelizmente, molda a opinião da maioria dos habitantes desse planeta.
Por outro lado, fica difícil entender o que acontece por aqui: parlamentares e políticos com processos na Justiça, alguns comprovadamente corruptos, são os que estão julgando Dilma Rousseff, presidente eleita pelo voto popular. Dilma não responde a nenhum inquérito, nem tem contas bancárias no exterior, enquanto Eduardo Cunha, quem conduziu o patético espetáculo na Câmara de Deputados é acusado de múltiplos casos de corrupção. Tudo isto acontece com a cumplicidade dos grandes meios e o Poder Judiciário.
Ex-presidente da Câmara, Eduardo Cunha, se encontra com o primeiro ministro de Israel Benjamin Netanyahu. Foto: Amos Ben Gershom/ GPO. 03/06/2015
Dilma Rousseff não cometeu crime, como afirmam especialistas em Direito e o Ministério Público Federal[1], entre outros. O mau uso do impeachment é uma ruptura institucional. E, sem crime, estamos diante de um golpe de Estado[2]. Este tipo de golpe «suave», começou em 2009 em Honduras com a derrubada do presidente Manuel Zelaya, seguiu no Paraguai em 2012, com a destituição de Fernando Lugo, onde, igual que no Brasil, a lei permite que parlamentares se constituam em especialistas em direito, sem sê-lo[3]. Estes golpes ocorreram com a mão não tão invísivel dos Estados Unidos.
Afastada a presidente Dilma, quem assumiu a presidência interina é Michel Temer do PMDB, partido de centro-direita (estas classificações são sempre perigosas), com o qual o PT, partido de Dilma, fez uma aliança que deixou insatisfeitos muitos militantes e simpatizantes do partido.
As ações internas de governo de Michel Temer apontam para medidas neoliberais: cortes nos planos sociais, na saúde, educação, retirada de direitos dos/as trabalhadores, privatização de empresas estatais, e a venda (leia-se dar de presente) do pré-sal, gigantesco reservatório de petróleo e gás natural que poderia tornar o Brasil num dos maiores produtores e exportadores de petróleo e gás do mundo.
Esta onda neoliberal que açoita a Pátria Grande, de novo, tem como objetivo, além das medidas contra os/as trabalhadores, realinhar os países mais ou menos progressistas, que em 2005 disseram não à ALCA, sob a órbita e influência dos Estados Unidos. Uma nova ALCA está sendo construída com a Aliança do Pacífico, integrada pelo Chile, Peru, México e Colômbia. A Argentina de Macri já demonstrou seu interesse e é provável que o Brasil de Temer siga a mesma política. Trata-se de deslegitimar os organismos de integração como o Mercosul e outros, criados a instância, especialmente, do Comandante Hugo Chávez, como a CELAC e a UNASUL.
Wikileaks divulgou em maio deste ano que Michel Temer fora informante da embaixada dos Estados Unidos em 2006[4]. Isso já traça um perfil do político de 75 anos, cujo pai foi um imigrante libanês do povoado de Btaaboura. Uma das primeiras medidas do presidente interino foi fechar as possibilidades para os refugiados sírios. O governo da presidente Dilma tinha facilitado o ingresso de sírios com o outorgamento de um visto especial para entrar ao Brasil. Cerca de dois mil refugiados chegaram ao país[5].
Em 9 de junho passado, o Ministro das Relações Exteriores, José Serra (PSDB) candidato à presidência derrotado em 2002 por Inácio Lula da Silva e em 2010 por Dilma Rousseff, ameaçou com rever o voto do Brasil na 199ª Sessão do Conselho Executivo da Unesco de 15 de abril desse ano. Votada um dia antes, a resolução sobre o patrimônio cultural nos Territórios Ocupados, entre outros pontos, solicita que Israel garanta o acesso dos/as palestinos à Esplanada das Mesquitas. A decisão foi aprovada por 33 votos a favor, com 6 votos em contra, 17 abstenções e 2 ausências[6].
Em nota do Ministério, manifesta-se o desagrado com «que a decisão não faça referência expressa aos vínculos históricos do povo judeu com Jerusalém, particularmente o Muro Ocidental, santuário mais sagrado do judaísmo». Este fato é considerado pelo Itamaraty como «um erro, que torna o texto parcial e desequilibrado». E mostra seu apoio «aos acordos vigentes entre Israel e Jordânia para a administração» dos lugares santos da Cidade Velha de Jerusalém (ocupada por Israel desde 1967). O governo (interino) brasileiro diz que revisará o voto a favor caso as «deficiências apontadas na referida decisão não sejam sanadas em futuro exame do tema pela Unesco».
Segundo a assessoria do Itamaraty, a nota se concentra nos itens 19 e 20 do documento, que tratam sobre o status de patrimônio mundial da Unesco conferido à Cidade Velha de Jerusalém e sobre as “medidas unilaterais israelenses” sobre o acesso ao local. Os países que votaram contra a resolução não gostaram do uso do termo “potência ocupante” no texto, em referência a Israel[7].
Por outro lado, o sionismo pode se considerar contemplado com três representantes no governo interino: No Ministério da Defesa, está Raul Jungman; no setor da Inteligência, Sergio Etchegoyen; e no Banco Central o israelense-brasileiro Ilan Goldfajn[8]. Estamos falando em sionismo e não sobre judaísmo. Sempre aparecem os que querem confundir as pessoas igualando os termos. O sionismo é uma ideologia que apoia o Estado de Israel supremacista e racista e o judaísmo, uma religião composta por várias culturas. Nem todos os judeus são sionistas e nem todos os sionistas são judeus.
É justo esclarecer que também o governo Dilma teve ministros sionistas, como Jaques Wagner (PT) no Ministério da Defesa que, em 2015, declarou ao receber o então embaixador de Israel no Brasil: “Fiquei feliz com a visita do embaixador de um país que é nosso parceiro estratégico”[9]. No mesmo ano, o governo brasileiro recusou o nome do novo embaixador nomeado por Israel: o colono nascido na Argentina, Dany Dayan. Movimentos sociais e entidades no Brasil também rejeitaram a designação de Dayan por que as «ações do nomeado, [são] claramente violadoras das leis internacionais e dos direitos mais básicos do povo palestino[10]. » Com certeza foi uma vitória para a diplomacia brasileira, mas insuficiente como para que o país adote uma posição clara em defesa dos direitos humanos do povo palestino. Como diz Miko Peled: «Algumas pessoas podem argumentar que é um passo na direção certa. Mas não é, e se fosse, o tempo de pequenos passos na direção certa acabou faz muito. Agora é hora de ações sérias, de desafios sérios. Israel tem uma longa história de apoio e fornecimento de armas a ditadores e assassinos na América latina. É hora de que a América latina expulse Israel para sempre. Nenhum embaixador israelense deveria pôr o pé em nenhuma capital latinoamericana[11]«.
Durante o massacre israelense a Gaza de 2014, foram alguns governos latino-americanos os que tomaram iniciativas para condenar os crimes de guerra da entidade sionista. Embaixadores foram chamados, declarações públicas foram realizadas. Mas, em geral, tudo dentro da chamada «teoria dos dois demônios»[12], que iguala, neste caso, a potência ocupante, que tem o quarto exército mais bem equipado do mundo, com o ocupado faz 68 anos que é o povo palestino, que não tem exército, nem força aérea, nem sequer um Estado. Embora o Estado palestino tenha sido reconhecido por mais de 130 países (dentro das fronteiras de 1967 e não das originais de 1948)[13], entre os quais, logicamente, não se encontra Israel.
Yasser Arafat, líder histórico da OLP, reconheceu o direito do Estado de Israel «a existir em paz e segurança», numa carta enviada ao primeiro ministro Itzhak Rabin em 1993[14]. Israel não só não retribuiu, como aumentou a repressão, continuou confiscando terras palestinas para o assentamento de colônias (todas ilegais de acordo com a Lei Internacional), começou e segue até hoje com a construção do muro (também ilegal segundo o Direito Internacional) e continua aprofundando o sistema de apartheid e controle sobre cada aspecto da vida dos/as palestinos/as, sempre tratados como terroristas.
O governo interino de Michel Temer já começou a aplicar a Lei Antiterrorismo, aprovada pelo Congresso e sancionada pela presidente Dilma. Antes das Olimpíadas, a Polícia Federal prendeu dez pessoas por «atos preparatórios de terrorismo». O ministro da Justiça, Alexandre de Moraes, disse que as «pessoas foram presas por se ‘batizarem’ no Estado Islâmico, uma em cada estado brasileiro». De acordo com o ministro, o batismo é um juramento de lealdade ao grupo extremista. O ministro reiterou que não houve contato dos investigados com membros do Estado Islâmico, apenas um juramento nos grupos no Telegram e Whatsapp. As prisões foram feitas com base na lei antiterrorismo». Moraes finalizou a coletiva de imprensa afirmando que tinham acabado as possibilidades de um ataque terrorista durante os Jogos Olímpicos[15].
O ministro da Defesa, Raul Jungmann, declarou que a prisão dos suspeitos de terrorismo «foi para demonstrar que temos capacidade e que a punição será muito dura. É um efeito dissuasório»[16]. O que ele não disse é que se aproveitaram da crescente islamofobia para instalá-la no Brasil e assim seguir a agenda dos Estados Unidos e aliados. (O aumento da compra de armamento israelense testado na repressão contra o povo palestino merece um artigo à parte. O Brasil é um dos cinco maiores importadores de armas do regime do apartheid.)
Essa mesma Lei Antiterrorismo poderá ser aplicada para criminalizar os defensores dos direitos humanos do povo palestino, como já está acontecendo na Espanha, França, Estados Unidos ou na Argentina. Os membros do movimento BDS (Boicote, Desinvestimento e Sanções a Israel) que tem conseguido conscientizar cada vez mais pessoas sobre a importância dessa ferramenta são um dos alvos que o sionismo quer atingir. A campanha BDS é pacífica e serve como pressão à entidade sionista, que viola sistematicamente os direitos humanos do povo palestino e não cumpre as resoluções da ONU. A comunidade internacional é cúmplice porque prefere fechar os olhos e, no caso dos Estados Unidos, também contribuir com bilhões de dólares para manter andando a máquina genocida do Estado de Israel.
Ativista francesa foi detida na França por usar uma camiseta em apoio ao BDS, em março de 2016. Foto: BDS France
«O movimento BDS tira a máscara da narrativa israelense[17].» E por isso o governo de Israel começou a destinar abundantes recursos para combater o movimento, porque está perdendo milhões de dólares em investimentos e a sua imagem já não é a mesma. As pessoas não engolem mais que o vitimário e potência ocupante discurse que é a eterna vítima. Aqui tem uma vítima só e essa é o povo palestino. Israel tem toda uma equipe dedicada a «catar» ativistas e ações do BDS e tentar por todos os meios possíveis que os responsáveis sejam punidos. Israel ameaça até bancos alemães com sanções se eles oferecerem serviços a grupos ligados ao BDS[18]. Também tem reclamado do Facebook por ser «um monstro» que age contra a segurança israelense e incita ao terrorismo[19], quando Israel prende palestinos e palestinas que se expressam contra a ocupação sionista nessa rede social[20].
Israel não deve ter gostado nada do cancelamento por parte do estado da Bahia do acordo com a empresa israelense Mekorot[21], responsável pelo roubo da água palestina. A pressão de ativistas e organizações sociais ligadas à campanha BDS surtiu efeito mais uma vez.
As vitórias do BDS no ano passado foram muitas. (Ver: BDS em 2015: Sete formas em que nosso movimento marcou novos rumos em contra do colonialismo e o apartheid israelenses). Mas temos que nos preparar porque a repressão aos movimentos sociais aumentará, sempre enquadrada nas diretrizes dos Estados Unidos e poderemos sofrer retrocessos por causa do apoio dos novos governos às ações criminosas de Israel. Mesmo assim, os defensores dos direitos humanos do povo palestino continuaremos do lado das vítimas, até que a Palestina seja livre, do rio Jordão até o Mar, e continuaremos chamando de Golpe o que a imprensa brasileira chama de impeachment.
[6]Votos a favor: Argélia, Argentina, Bangladesh, Brasil, Chade, China, República Dominicana, Egito, França, Guiné, Índia, República Islâmica do Irã, Líbano, Malásia, Ilhas Maurício, Marrocos, México, Moçambique, Nicarágua, Nigéria, Omã, Paquistão, Catar, Federação Russa, Senegal, Eslovênia, Sudão, África do Sul, Espanha, Sri Lanka, Suécia, Togo, Vietnã. Votos em contra:Estônia, Alemanha, Lituânia, Holanda, Reino Unido da Grã Bretanha e Irlanda do Norte, Estados Unidos. Abstenções:Albânia, Camarões, Costa do Marfim, El Salvador, Grécia, Haiti, Itália, Japão, Quênia, Nepal, Paraguai, República da Corea, Saint Kitts y Nevis, Serbia, Trinidad y Tobago, Uganda, Ucrânia. Ausentes:Gana, Turcomenistão.
Tal día como hoy hace dos años, los habitantes de la franja de Gaza no daban crédito. Misiles antibúnkeres aplastaban sus casas hechas de ladrillos fabricados con restos de otras casas. Los obuses golpeaban edificios que superaban los dos pisos de altura a lo largo de toda la mitad este del enclave costero. Equipo médico, hospitales y colegios de la UNRWA fueron también objetivos de los bombardeos. Entre el 8 de julio y el 26 de agosto se marca el doloroso recuerdo de la operación militar israelí Margen Protector de 2014 contra la franja de Gaza, la más sangrienta y destructiva hasta la fecha.
Casi dos tercios de los muertos eran civiles
En un informe publicado con motivo del segundo aniversario, la organización de derechos humanos B’tselem afirma que 1.394, o el 63%, de los 2.202 palestinos y palestinas víctimas del Ejército israelí, «no participaban en las hostilidades». De estos, 526 eran menores de edad.
B’tselem es una organización israelí de derechos humanos que actúa en los territorios palestinos ocupados. Khaled al-Azaiza, uno de sus investigadores en Gaza desde 2007, habla bien hebreo y participa –siempre desde Gaza, de donde no puede salir debido al bloqueo– en conferencias dirigidas a la opinión pública israelí o estadounidense. Ha llegado incluso a contactar directamente con representantes del Departamento de Estado de EEUU a quienes ha relatado su experiencia con los crímenes de guerra de su país aliado, Israel.
Bebé palestino herido por bombardeos israelíes durante operación militar israelí Margen Protector en 2014. | FOTO: Isabel Pérez.
«Para este reciente informe invertimos mucho tiempo y esfuerzo. Hemos tardado dos años porque hemos examinado cada muerte, cada caso, para estar seguros de quién era civil y quién militar», explica al-Azaiza a ediario.es.
Se trata de un minucioso trabajo que saca a la luz las violaciones del Derecho humanitario internacional y las normas aplicadas en época de guerra cometidas por Israel. Mientras tanto, las autoridades israelíes se exculpan diciendo que Hamas usaba a los civiles como escudos humanos o que las casas bombardeadas eran zonas militarizadas.
«Como investigadores sobre el terreno, nuestro objetivo es recoger información y enviarla a la oficina, allí la contrastan con otras organizaciones de derechos humanos, comités de investigación o con organizaciones palestinas o internacionales que investigaron lo que ocurrió durante 2014, incluida la Cruz Roja Internacional o las Naciones Unidas», añade el investigador de B’tselem.
El resultado se puede ver en su página web con una herramienta interactiva que ofrece los datos de los y las civiles asesinadas por Israel: nombres, apellidos, edades, cómo fueron asesinados y dónde se encontraban en ese momento. La organización concluye que las autoridades israelíes son responsables de un «daño extremo» provocado a la población civil.
En mayo de este año B’tselem anunció que dejaba de cooperar con la Fiscalía militar israelí después de 25 años. Según apuntan, los casos enviados nunca han sido seriamente investigados, todo parecía ser «una farsa para maquillar la ocupación».
Amnistía Internacional (AI) señala también en el informe ‘Es hora de abordar la impunidad. Dos años después de la guerra Gaza/Israel 2014’, publicado en este segundo aniversario de la operación, que el sistema de investigaciones militares de Israel «adolece de falta de independencia e imparcialidad» y sirve más bien «para proteger a los autores contra el enjuiciamiento y para afianzar la impunidad».
«En Israel falta un mecanismo para establecer la responsabilidad penal», asegura a eldiario.es Saleh Hijazi, palestino hebronita y experto de AI sobre los territorios palestinos ocupados e Israel. «No se puede hacer justicia ni en la franja de Gaza ni en Cisjordania», añade.
Hijazi lleva años sin poder entrar en la bloqueada franja ya que ni Israel ni Egipto le facilitan el permiso necesario. Del otro lado, Amnistía Internacional cuenta con un investigador en Gaza que recoge testimonios, toma fotografías y realiza las entrevistas. «Desde la perspectiva mediática, Gaza no es un tema caliente, pero hay que destacar que la violencia israelí es un círculo vicioso», lamenta Hijazi.
Tanto B’tselem como AI han recogido en sendos informes algunos de los crímenes de guerra cometidos no solo por Israel, sino también por Hamas, cuyos ataques mataron a seis civiles israelíes. AI subraya que Hamas llevó a cabo asimismo ejecuciones sumarias contra supuestos «colaboradores» palestinos.
«Hamas aprovechó para ganar puntos matando a ‘colaboradores’, atacando a sus oponentes incluso si todavía estaban en prisión en un proceso judicial. Lo hicieron bien por venganza o para mostrar su fuerza, pero eso está fuera de la ley», afirma Hijazi.
La ocupación israelí, dice el experto de AI, afecta a la capacidad del poder judicial palestino. Con un sistema de justicia nacional palestino e israelí poco óptimos para que se haga justicia, solo queda la Corte Penal Internacional (CPI). En noviembre de 2015, cuatro organizaciones de derechos humanos palestinas (PCHR, Al-Mezan, Al-Haq y Addameer) entregaron a la fiscal jefe de la CPI, Fatou Bensouda, evidencias de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por Israel en la operación de 2014. El «enfrentamiento jurídico» solo acaba de empezar.
«Israel no tiene un problema con Hamas»
Margen Protector se presentó al mundo como una guerra israelí contra el terrorismo de Hamas. «Pero Israel no tiene un problema con Hamas, no tiene un problema con Gaza. Tiene un problema con Palestina», dice Noura Erakat, imagen y voz del proyecto ‘Gaza in Context’ (Gaza en contexto).
La iniciativa ha sido lanzada por un grupo de académicas, académicos, activistas y artistas, la mayoría de origen palestino, entre los que se encuentra Erakat, conocida abogada y académica, activista propalestina, que participa asiduamente en medios de comunicación angloparlantes.
«Israel no ataca la franja de Gaza por los cohetes, eso está claro», asegura tajante Erakat en entrevista con eldiario.es. «Con este proyecto damos un marco firme para entender las repetitivas ofensivas contra la franja de Gaza, lejos de la versión de los principales medios que reproducen la narrativa israelí de que se trata de un tema de seguridad».
La iniciativa ofrece material didáctico para centros educativos, un recorrido histórico que contextualiza breve, pero intensamente, el conflicto árabe-israelí explicándolo como un proyecto colonial de asentamientos en Palestina.
«Para la otra parte, Israel, un proyecto así sería más fácil: empezarían con el concepto de sionismo. Con Palestina debemos comenzar muchísimos años antes», apunta Erakat. «Hemos hecho vídeos cortos, de unos 5 minutos, así la gente los puede ver incluso en un descanso para comer», añade.
Una pausa para comer y entender que las políticas israelíes, según aseguran en la iniciativa, están destinadas a alcanzar dos objetivos: obtener la máxima cantidad de tierra palestina con el mínimo número de palestinos y concentrar el máximo número de palestinos en la mínima cantidad de tierra.
«Incluso si Hamas desapareciera, la política israelí hacia el pequeño enclave costero sería ininterrumpida. Lo que Israel exige a los palestinos es que acepten la dominación israelí como un modo de vida, una incomprensible posibilidad para el ser humano cuyo primer instinto es ser libre», expone Erakat en uno de los vídeos de ‘Gaza in Context’.
En este segundo aniversario del Margen Protector, la colonización israelí del pensamiento parece haber triunfado: la población gazatí tiene asumido que su sino será sufrir una nueva guerra.
Estados Unidos se ha retirado de la Conferencia Mundial sobre Racismo, llevada a cabo en Durban, Sudáfrica. Y a pesar de que un observador cínico y con sentido histórico podría sospechar que esta decisión no hizo más que ser fiel a nuestra tradicional renuencia a enfrentar el legado del racismo a escala global, la explicación oficial es más acotada. A saber: una moción propuesta en medio de la conferencia, intentó registrar el malestar de varias delegaciones que están empujando resoluciones que condenan a Israel por su tratamiento a los palestinos, y condenando al sionismo mismo: (la ideología del nacionalismo judío que condujo a la fundación de Israel en 1948). Ya que la conferencia se apresura a una conclusión sin duda controversial, tal vez valdría la pena preguntarnos a qué se debe todo este barullo.
A pesar de que se puede discutir la afirmación hecha por algunos de que sionismo y racismo son sinónimos -especialmente dada la definición amorfa de «raza» que transforma una posición como ésa en una cuestión semántica, siempre y para siempre-, es difícil negar que el sionismo, en la práctica si no en teoría, representa al chauvinismo étnico, al etnocentrismo colonial y a la opresión nacional.
Al decir esto, puedo esperar cualquier cosa menos ser llamado hijo de Dios por muchos en la comunidad judía. Sospecho que el término que elegirá la mayoría será: «Odio por sí mismo», la típica respuesta pavloviana que se da a un judío como yo, que siendo judío, se atreve a criticar a Israel o a la ideología que subyace en su existencia como nación.
«Antisemita» será la otra etiqueta que me pondrán, a pesar del hecho de que el sionismo ha conducido a la opresión de pueblos semitas – la mayoría de los semitas palestinos-, tiene sus raíces en una profunda antipatía expresada aún por los mismos judíos. A pesar de que el sionismo se proclama a sí mismo un movimiento de gente fuerte y orgullosa, en realidad se trata de una ideología que ha rebosado de odio autoinfligido desde el principio. Realmente, los primeros sionistas creían, como premisa clave del movimiento, que los judíos éramos responsables de la opresión que habíamos soportado a través de los años, y que tal opresión era inevitable e imposible de vencer, por lo cual necesitábamos nuestro propio país.
Si no han leído las palabras de Theodor Herzl- el fundador del sionismo moderno- o de otros líderes sionistas, la mayoría de los lectores encontrará que esta afirmación es difícil de creer. Pero antes de atacarme, tal vez deberían preguntar quién dijo que el antisemitismo «es una reacción comprensible a los defectos judíos»; o que «cada país puede absorber solamente un número limitado de judíos, si no quiere tener problemas estomacales. Alemania ya tiene demasiados judíos».
Cualquiera podría inclinarse a atribuir estas frases a Adolf Hitler, ya que son merecedoras de su venenosa pluma, pero son, en realidad, comentarios hechos por Herzl y Chaim Weizmann. El primero llegó a ser presidente de Israel, y el segundo -en el momento en que hizo la segunda afirmación- jefe de la Organización Sionista Mundial. Así que en el panteón de los judíos que se odian a sí mismos parece que la crítica debería empezar por casa: por los sionistas.
Nunca, en mis días de escuela hebrea, comprendí el lazo que tenía la mayoría de mis pares, como a una máquina de diálisis, con Israel. Por un lado, nos decían que Dios había entregado la tierra a nuestra gente como parte de su convenio con Abraham. Esto lo sabíamos porque lo decían las Escrituras. Pero nunca tuvo mucho peso para mí. Después de todo, muchos cristianos -con quienes tenía una relación más que pasajera durante toda mi crianza en el sur- tenían mucho interés en señalarme que las Escrituras también decían (en su opinión) que yo me iría al infierno, a pesar de Abraham.
Como tal, aceptar el sionismo por lo que Dios dijo o dejó de decir, parecía arriesgado desde el vamos. Más aún: fue indudablemente el mismo Dios quien les dijo a los viejos hebreos que nunca usaran ropas tejidas con dos telas diferentes, y el que insistió en que quemáramos las entrañas de los animales que consumíamos en un altar, para crear un olor agradable. Siendo conocido por usar una mezcla de algodones y poliésteres libres de arrugas, y no teniendo la fortuna de destripar mis cenas e incinerar sus intestinos, hace mucho tiempo resolví reservarme el juicio sobre lo que Dios dijo o no dijo hasta el momento en que el Supremo decidiera susurrar sus deseos en mi oreja, personalmente. Las palabras del rabino no debían interferir.
Por otro lado, nos dijeron que necesitábamos una patria para prevenir otro holocausto. Sólo un Estado judío independiente podría conseguir la clase de unidad y protección que necesitaba un pueblo que había sufrido tanto, y había perdido seis millones de almas en manos del terror nazi.
Esto también me parece sospechoso. Después de todo, uno podría argumentar que si juntamos a los judíos en un solo lugar -especialmente una tierra tan pequeña como Palestina -el sueño del odio autoinfligido de los judíos se volvería realidad. Sería mucho más fácil terminar con la tarea que Hitler empezó. Es mejor, parecía entonces, y aún parece, tener fuertes comunidades judías en todo el mundo, que poner todos los huevos en la misma canasta, mejor que hacer las valijas y enfilar hacia un lugar donde ya vivía otra gente, esperando que no les cayera terriblemente mal que nosotros llegáramos y los expulsáramos de sus hogares.
En el análisis final, aceptar a Israel como un Estado judío por razones bíblicas no tiene para mí más sentido que aceptar una nación que se identifica a sí misma como cristiana o islámica, dos configuraciones que comprensiblemente llenan de miedo el corazón de cualquier judío. Y juntar a los judíos en Israel por razones de seguridad tampoco tiene sentido para mí. La única lógica del sionismo, entonces, parece ser la «lógica» cruda del poder: la del colonizador. Queríamos la tierra, y para lograrlo debíamos convertirnos en aliados de la política económica y la política exterior de Europa y de Estados Unidos. Así, aplicando presiones y golpeando con fuerza, nos hicimos de la tierra.
Casi 800.000 palestinos serían desplazados para permitir la creación de Israel; alrededor de 600.000 de ellos, de acuerdo con documentos internos de la Fuerza de Defensa Israelí, fueron expulsados por la fuerza de sus hogares. En esa época, estos palestinos, la mayoría de cuyas familias habían vivido en esa tierra durante centurias, constituían dos tercios de la población y poseían el 90% de la tierra. A pesar de que los sionistas afirmaban que Palestina era un lugar casi desierto, salvaje, antes del arribo de los judíos, anteriores colonos fueron más honestos. Como reconoció Ahad Ha’am en 1891:
«nosotros…. estamos acostumbrados a creer que Israel es un lugar casi desolado. Pero… no es así. En todo el país es difícil encontrar campos que no estén sembrados».
En realidad, la gran presencia palestina condujo a muchos sionistas a abogar abiertamente por su expulsión. El jefe del departamento de colonización de la Agencia Judía, afirmó: «no hay espacio para los dos pueblos en este país. No hay otra salida que transferir a los árabes a países vecinos, transferirlos a todos: que no quede ni una aldea, ni una tribu, nadie».
El mismo Herzl aceptó que el sionismo fue «un poco colonialista», indicando de nuevo que nosotros no estábamos descubriendo ni fundando nada. Lo estábamos tomando, y por razones que nunca aceptaríamos en otros. Como dijo Simon Peres -visto como uno de los líderes israelitas más amantes de la paz- en 1985: «la Biblia es el documento decisivo para determinar el destino de nuestra tierra». Ésta es la «esencia del fanatismo», eso es lo que hubiéramos dicho si esta afirmación la hubiese hecho un fundamentalista cristiano refiriéndose al destino de Estados Unidos, o cualquier otro país.
Es un hecho desafortunado que la mayoría de los judíos no hayan examinado los principios fundantes de esta ideología a la que adhieren. Porque si lo hicieran, podrían conmoverse al ver que tan anti-judío es verdaderamente el sionismo.. De tanto en tanto, los sionistas hasta han colaborado abiertamente con antisemitas, por razones de poder político.
Pensemos en Herzl, un hombre que creía que los judíos eran los culpables del antisemitismo y que, por lo tanto, sólo huyendo a Palestina estarían seguros. En El Estado Judío, escribió:
«Toda nación en la que viven judíos es, encubierta, o abiertamente, antisemita. … la causa inmediata es nuestra excesiva producción de intelectos mediocres, que no pueden encontrar salida hacia arriba o hacia abajo. Cuando nos hundimos, nos hacemos proletarios revolucionarios. Cuando estamos en alza, también está en alza el terrible poder de nuestra billetera».
Y hay afirmaciones como éstas: «los judíos están transportando las semillas del antisemitismo dentro de Inglaterra y ya las han introducido en Norteamérica». Si un no judío sugiriera que los judíos tienen la culpa del antisemitismo, nuestra comunidad se sentiría indignada. Pero cuando las mismas palabras vienen del padre del sionismo son aceptadas sin ningún comentario.
Aún peor: a principios del régimen de Hitler, la Federación Sionista de Alemania escribió al nuevo canciller, haciendo notar su deseo de «adaptar nuestra comunidad a estas nuevas estructuras» (es decir, a las leyes de Nuremberg que limitaban la libertad judía), ya que ellas «daban a la minoría judía… su propia vida cultural, su propia vida nacional».
Lejos de resistir el genocidio nazi , algunos sionistas colaboraron con él. Cuando los británicos concibieron un plan para permitir que miles de niños judíos alemanes entraran al Reino Unido para salvarlos del Holocausto, David Ben-Gurion, que llegaría a ser Primer Ministro israelí se resistió, explicando:
«Si yo supiera que es posible salvar a todos los niños de Alemania llevándolos a Inglaterra, y que llevándolos a Israel salvaría sólo a la mitad de ellos, elegiría la segunda alternativa».
Después, los sionistas israelíes harían alianzas otra vez con extremistas antijudíos. En la década de los setenta, Israel recibió al Primer Ministro Sudafricano John Vorster, y cultivó lazos económicos y militares con el estado del apartheid, a pesar de que Vorster había sido identificado como un colaborador nazi durante la Segunda Guerra Mundial. También Israel proveyó ayuda militar al régimen de Galtieri en Argentina, aun sabiendo que los generales fueron conocidos por proteger a exnazis en el país en el pasado, y que tenían en la mira a judíos argentinos para torturarlos y asesinarlos[1].
Realmente, el argumento de que sionismo es racismo encuentra seguidores en las afirmaciones de los mismos sionistas, muchos de los cuales han coincidido con la teoría hitleriana de que el judaísmo es una identidad racial al mismo tiempo que religiosa y cultural. En 1934, el sionista alemán Joachim Pinz, que después fue presidente del Congreso Judío Estadounidense, afirmó:
«Queremos que la asimilación sea reemplazada con una nueva ley: la declaración de pertenencia a la nación judía y a la raza judía. Un Estado construido sobre el principio de la pureza de nación y raza sólo puede ser honrado y respetado por los judíos que declaren su pertenencia a esa nación y esa raza».
Años después, David Ben-Gurión reconoció que el líder israelí Menachem Begin podía ser tachado de racista, pero hacerlo requeriría que uno «juzgara a todo el movimiento sionista, que está fundado en el principio de una presencia puramente judía en Palestina».
Las leyes que garantizaban privilegios especiales a los inmigrantes judíos de cualquier parte del mundo sobre los palestinos, cuyas familias había tenido la tierra durante generaciones, y las medidas tomadas para que la mayoría de la tierra fuera de posesión y uso exclusivamente judíos, no son sino dos ejemplos de legislación discriminatoria que ejemplifican el experimento sionista. Como deja en claro la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, discriminación racista es:
«..cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia, origen étnico o nacional que tenga el propósito o efecto de anular o debilitar el reconocimiento, goce o ejercicio, en un pie de igualdad, de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en el campo político, económico, social, cultural o cualquier otro campo de la vida pública.»
Dada esta definición internacionalmente reconocida, no deberíamos sorprendernos de que, en una Conferencia Mundial sobre Racismo, algunos puedan sugerir que las políticas de nuestra gente en la tierra de Palestina se han ganado un lugar en la agenda. Por lo tanto, deberíamos aprovechar la oportunidad para comenzar un diálogo honesto, no sólo con los palestinos, sino también con nosotros mismos. Ni el chauvinismo, tan intrínseco al sionismo, ni el irónico odio por nosotros mismos que lo acompaña, son apropiados para un pueblo vital y fuerte. Así como una máquina de diálisis no sustituye un riñón saludable, el sionismo no es un sustituto adecuado para un judaísmo fuerte y saludable. Seguramente no fue para esta innoble finalidad que murieron seis millones de judíos.
1 Se calcula en 1.500 a 2000 el número de judíos desaparecidos en la Argentina durante la dictadura de 1976-1983. N del T.
Tim Wise es un activista antiracista, escritor y conferenciante. Se le puede escribir a tjwise@mindspring.com
Título orginal: Reflections on Zionism from a Dissident Jew
Autor: Tim Wise
Origen: ZNet
Traducido por Cristina Feijóo y Lucio Salas Oroño y revisado por Carlos Carmona.
Mujeres de Al-Araqib resistiendo la 101ª demolición de su aldea (Foto: Tarabut Hithabrut).
La última semana de julio, una imagen poderosa se coló en mi Facebook: en ella se ve a un conjunto de mujeres beduinas, de espaldas a la cámara, enfrentando a una enorme excavadora israelí que está destruyendo sus hogares y arrasando su tierra árida.
La imagen desgraciadamente no es novedosa, especialmente en un año en que Israel ha batido el récord de demoliciones de propiedades palestinas: entre enero y junio de este año, destruyó 168 estructuras habitacionales en Cisjordania, dejando a 740 personas sin hogar. 384 de ellas son niñas y niños (más que en un año entero en toda la última década). Y si las demoliciones de poblados palestinos que Israel lleva a cabo regularmente casi nunca son noticia, menos lo son cuando se trata de una demolición…
Este mes de julio se recuerda el segundo aniversario del último y más brutal ataque israelí sobre la bloqueada población palestina de la Franja de Gaza. Muchos han sido los análisis, informes y reportajes gráficos para recordar la masacre de 2200 personas en 51 días (557 de ellas, niñas y niños), encerradas y bombardeadas en una de las zonas más densamente pobladas del mundo. Y para denunciar la impunidad que persiste, no sólo de esos crímenes de guerra sino también del bloqueo que continúa impidiendo la reconstrucción de la destruida Gaza y la sobrevivencia de su población.
Entre esos muchos materiales, elegí compartir este documental de 45 minutos de Al Jazeera, realizado por el joven documentalista Alaa Aloul (que aparece al final mostrando la cámara destruida de su colega asesinado). En él podemos ver las dramáticas imágenes registradas por el camarógrafo Jaled Hamad (26) aun después de caer abatido por un…
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