¡Solidaridad con la resistencia popular palestina! ¡Boicot a Israel ahora!

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Comunicado del Comité Nacional Palestino de BDS del 10 de octubre de 2015.

Hay algo que ya es evidente tanto si la actual fase de intensificación de la represión israelí y de la resistencia popular palestina evoluciona hacia una verdadera Intifada como si no: una nueva generación palestina sigue los pasos de las generaciones anteriores y se alza en masa contra el brutal régimen de ocupación, colonialismo de asentamiento y apartheid de Israel que dura ya varias décadas.

Los gobiernos del mundo, especialmente en Occidente, denominan a lo que está ocurriendo “ciclo de violencia” en el que ambas partes tiene la culpa, con lo que ignoran el origen del conflicto colonial y su propia complicidad en permitir que Israel lo mantenga y viole impunemente el derecho internacional. Casi todos los y las palestinas piden ahora un boicot total a Israel y aislarlo internacionalmente, en todos los ámbitos, de la misma manera que en su momento se aisló a la Sudáfrica del apartheid.

En este último asalto Israel ha avivado las llamas de la resistencia de base al aumentar sus ataques contra el complejo de la mezquita de al-Aqsa, el Santuario Noble, situado en el centro de la ocupada Ciudad Vieja de Jerusalén Oriental. Grupos de colonos judíos fundamentalistas fanáticos y respaldados por el gobierno han profanado constantemente el complejo e insultando llenos de racismo a las personas que rezaban, además de pedir abiertamente la destrucción de la mezquita. Esto ha provocado la ira y varias protestas generalizadas en Jerusalén y entre todos los palestinos de la Palestina histórica.

Como suele ocurrir, la respuesta del ejército israelí fue proteger a los colonos criminales y castigar a las víctimas palestinas y, por último, prohibir a todos los palestinos en acceso a sus santos lugares.

Estas amenazas las toman muy en serio las y los palestinos que sufren a diario las consecuencias de la política oficial del Israel de “judaización” de la ciudad, una política de ir colonizando gradualmente la tierra y sustituyendo a su población originaria cristiana y musulmana por ilegales colonos judíos. Esta política, que equivale a una limpieza étnica y a un crimen de guerra según el derecho internacional, se implementa a través de la constante confiscación de tierras, la expansión del muro colonial, las demoliciones de casas, la apropiación por parte de los colonos de casas palestinas, los asesinatos extrajudiciales, las detenciones y expulsiones. Todo ello apoyado por el sistema “judicial” de Israel, un cómplice en el crimen en el que [Israel] siempre puede confiar y que siempre le da el visto bueno.

Por otra parte, el último ataque israelí a la mezquita de al-Aqsa en el ocupado Jerusalén Oriental no es un incidente aislado. Desde 1948 las milicias sionistas primero y después el Estado israelí han destruido cientos de iglesias y mezquitas históricas. El verano pasado, durante la masacre en Gaza, Israel bombardeó y arrasó hasta los cimientos 73 mezquitas. Solo este año varios extremistas judíos han destrozado o profanados muchas iglesias y mezquitas palestinas en los llamados “ataques etiqueta de precio ” [ price tag attacks ]*. Entre estas iglesias se incluye la Iglesia de los Panes y los Peces sobre el lago Tiberias, quemada el pasado mes de junio.

Estos ataques racistas y criminales contra las y los palestinos y su libertad religiosa se producen como una extensión del giro generalizado hacia la extrema derecha en Israel y del predominio sin precedentes en la sociedad israelí de un racismo colonial y un odio racial hacia la población palestina originaria abiertos y profundamente asentados.

A casi todos los palestinos de Cisjordania y Gaza se les niega el acceso a Jerusalén, que está rodeada de muros, torres de vigilancia y alambre de espino, y son objeto cada día de ataques y de humillaciones.

En un característico “periodo de calma” (tal como lo denominan) Israel hace cumplir su asedio a Gaza, lleva a cabo incursiones en las ciudades palestinas, confisca tierra palestina, incluida la del Naqab (Negev), destruye propiedades palestinas y construye ilegales colonias solo para judíos. En los actuales intentos de consolidar su sistema de apartheid y de gobierno colonial Israel niega a las y los palestinos absolutamente todos sus derechos de la manera más banal, desde el derecho de un niño a la educación al de una madre a la atención sanitaria, pasando por el de un o una agricultora a acceder a sus tierras y el simple derecho de una familia a vivir juntos en una casa. Y todo esto se hace con la bendición de los tribunales de justicia.

A la luz de la apatía o de la complicidad directa de los gobiernos del mundo y de la ONU, y a consecuencia de la impunidad de la que goza Israel para perpetuar su sistema de injusticia respecto a los y las palestinas tanto en la Palestina histórica como en el exilio, el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) ha hecho grandes progresos en lograr que Israel sea considerado en el mundo un Estado paria.

Por medio de boicots a instituciones cómplices de las violaciones por parte de Israel del derecho internacional, por medio de desinversiones de empresas que apoyan la opresión israelí y por medio de un llamamiento de principios a imponer sanciones a Israel, el movimiento de BDS ha aumentado el aislamiento de Israel y ha empezado a imponer costes a su régimen de colonialismo de asentamiento, apartheid y ocupación.

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El Banco Mundial ha revelado que las importaciones palestinas desde Israel están disminuyendo de manera significativa. Los hombres de negocios israelíes informan de que los inversores europeosya no desean invertir en Israel, mientras que un estudio de la ONU confirma que las inversiones extranjera directas en Israel descendieron un 46 % en 2014 respecto a 2013. Un estudio de RAND predice que el BDS puede costar al año a Israel entre el 1% y el 2% de su PIB en los próximos diez años y más recientemente la agencia de calificación de riesgo Moody ha informado de que el BDS es una amenaza potencial para la economía israelí.

Con todo, todavía hay que hacer más para lograr que Israel asuma sus responsabilidades y acabar con su todavía fuerte impunidad. Hay que sacar a la luz a los gobiernos que son cómplices. Las empresas que posibilitan las violaciones por parte de Israel de los derechos humanos y se benefician de ellas deben pagar a costa de su reputación y de sus ingresos. Se debe someter a un embargo militar internacional total a la maquinaria militar de Israel, incluida su rama de investigación, y todos los dirigentes israelíes, altos cargos y soldados implicados en los crímenes actuales y pasados deben comparecer tanto ante el Tribunal Penal Internacional como ante tribunales nacionales que respeten la jurisdicción internacional.

Israel no se limita a oprimir a los palestinos, también exporta al mundo su despiadado modelo de seguridad y de represión. Israel está profundamente implicado en adiestrar y armar a escuadrones de la muerte en América Latina (a menudo como representante de Estados Unidos), en la venta de armas y experiencia militar a dictaduras de Asia y África (a menudo a los dos bandos de una guerra) y en militarizar a las fuerzas de policía en Ferguson, Los Angeles, Londres y en ciudades de todo el mundo. Israel es actualmente un actor clave en la represión interna de los movimientos por la justicia racial, social, económica y medioambiental de todo el mundo.

El Comité Nacional Palestino de BDS (BNC, por sus siglas en inglés), la dirigencia palestina del movimiento global de BDS, pide a las personas de conciencia de todo el mundo que apoyen a los y las palestinas en su búsqueda de libertad en este momento crucial aumentando las actividades de BDS contra el régimen de represión de Israel. En particular y relacionado con las actuales revueltas de masas en las calles de Palestina, pedimos a las personas que apoyan la lucha palestina que:

  • Concienticen acerca de los derechos palestinos según el derecho internacional y apoyen el BDS a través de los medios de comunicación, incluidas los medios sociales;
  • Presionen a los parlamentarios para que impongan un embargo militar a Israel;
  • Hagan campañas en contra de empresas militares israelíes como Elbit Systems;
  • Apoyen las campañas de boicot, desinversión y sanciones contra empresas cómplices [de Israel], como G4S y HP, cómplices descarados de la estructura de opresión de Israel;
  • Aprueben resoluciones eficaces y estratégicas, y no meramente simbólicas, de BDS en sindicatos, asociaciones académicas, juntas de estudiantes y movimientos sociales que puedan llevar a medias concretas y a aumentar el boicot cultural a Israel;
  • Consideren acciones legales contra los criminales israelíes (soldados, colonos, altos cargos y responsables políticos) y contra los ejecutivos de aquellas empresas implicadas en los crímenes y violaciones por parte de Israel del derecho internacional.

Al igual que la generación de sus padres, los miles de jóvenes palestinos de Jerusalén, Gaza, Ramala, Hebrón, Belén, Jaffa, Nazareth y de todas partes que han tomado las calles en multitudinarias protestas contra de la ocupación y el apartheid de Israel están ante todo librándose de su desesperación y del mito de la opresión como un sino. También están alimentando la aspiración de todo el pueblo palestino a la autodeterminación y la vida en libertad y dignidad, y una paz justa .

Ya es hora de aislar al régimen de militarización, seguridad y racismo por ser un peligro no solo para los y las palestinas y la región árabe, sino para la humanidad en general.

* Los ataques “etiqueta de precio” son ataques organizados por colonos fundamentalistas y fanáticos judíos contra civiles, hogares, huertos, iglesias, mezquitas, etc., palestinos como si exigieran un precio a los palestinos por negarse a rendirse a los colonos judíos (N. de la T.).

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Fuente: http://www.bdsmovement.net/2015/solidarity-with-the-palestinian-popular-resistance-boycott-israel-now-13313 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=204381

Cómo hablamos de Palestina cuando decidimos que nos apetece hablar de ella

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NablusPor Sete Ruiz.

Antes de empezar a escribir, aclaro que no voy a analizar lo que está pasando estas últimas semanas en Palestina. En el largo y arduo proceso de descolonizar mi visión del mundo, el primer paso es aprender que no te toca a ti hacer esto. Sí voy a hablar de cómo hablamos de Palestina cuando decidimos que nos apetece hablar de ella.

Ahora que Palestina copa los grandes medios, conviene recordar cómo se ha llegado hasta aquí. Contextualizar. Limpieza étnica, apartheid, diáspora,colonización, ocupación, bloqueo… no son eslóganes, es el día a día al que se enfrenta el pueblo palestino, también cuando no salen en nuestros medios.

Concretamente en las últimas semanas la violencia de soldados y colonos (violencia estructural del Estado israelí) está siendo insostenible. En octubre, 21 personas palestinas asesinadas, 1100 heridas, 650 detenidas, manifestaciones en toda Palestina (también en territorios del 48, en el actual Estado israelí) reprimidas violentamente, incursiones del ejército, ataques diarios de colonos, checkpoints cerrados sitiando ciudades enteras, la ciudad vieja de Jerusalén brutalmente tomada por policía y soldados israelíes… ¿seguimos?

Pero, por arte de lobby, en nuestros grandes medios siempre aparecerá la represión israelí como consecuencia, nunca como causa. Aplican a las y los palestinos una asombrosa cualidad de ser víctimas y victimarios al mismo tiempo; de vivir bajo un régimen de ocupación y colonización y a la vez ser los causantes de todos los crímenes que dicho régimen comete. Ponen la sangre y la culpa. La equidistancia ya la ponemos nosotros.

Sobre la recurrente intifada, no he encontrado mejor que explicación que la que me dio el otro día una palestina: será o no será intifada cuando las y los palestinos decidan, tendrá la forma que consideren, y acabará cuando digan. No necesitan que occidente les conceda la etiqueta.

Lo que nos toca a nosotras, a la sociedad civil, es apoyar al pueblo palestino en su justa lucha por la libertad. Elijan los métodos que elijan. Es imprescindible hacer crecer el boicot a Israel, aislarle internacionalmente, hasta que respete los derechos del pueblo palestino.

Desde la Palestina ocupada, desde la impresionante ciudad de Nablus, montaña de fuego, ¡viva la lucha del pueblo palestino!

Fuente: https://www.facebook.com/setruiz

Los palestinos están luchando por sus vidas, Israel está luchando por la ocupación

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Por Amira Hass.

Sí, esta es una guerra y el primer ministro Benjamin Netanyahu, con el mandato del pueblo, ha ordenado su intensificación. Él no escuchaba los mensajes del presidente palestino Mahmoud Abbas de conciliación y aceptación en tiempos más tranquilos, ¿por qué debería escucharlos ahora?

Netanyahu está intensificando la guerra principalmente en el este de Jerusalén, con orgías de castigo colectivo. Prefiere mostrar el éxito de Israel en desconectar físicamente a Jerusalén de la mayor parte de la población palestina, lo que acentúa la ausencia de dirigentes palestinos en Jerusalén Este y la debilidad del gobierno en Ramallah, que está tratando de detener su hundimiento en el resto de Cisjordania.

La guerra no se inició el pasado jueves, no comienza con las víctimas judías y no termina cuando no hay judíos asesinados. Los palestinos están luchando por su vida, en el sentido pleno de la palabra. Nosotros, los judíos israelíes estamos luchando por prevalecer como una nación de patrones, en la peor crueldad del término.

De que nos demos cuenta de que hay una guerra sólo cuando son asesinados judíos no anula el hecho de que los palestinos están siendo asesinados todo el tiempo y que todo el tiempo estamos haciendo todo lo posible para hacer su vida insoportable. La mayoría de las veces se trata de una guerra unilateral, librada por nosotros, para conseguir que digan «sí» al patrón, muchas gracias por mantenernos vivos en nuestras reservas. Cuando algo en la unilateralidad de la guerra se altera y son asesinados judíos, a continuación prestamos atención.

Los jóvenes palestinos no van a matar judíos porque son judíos, sino porque somos sus ocupantes, sus torturadores, sus carceleros, los ladrones de su tierra y el agua, los que los mandan al exilio, los demoledores de sus hogares, los bloqueadores de su horizonte. Los jóvenes palestinos, desesperados y con deseos de venganza están dispuestos a perder sus vidas y causar a sus familias un gran dolor porque el enemigo que enfrentan demuestra cada día que su maldad no tiene límites.

Incluso el lenguaje es malicioso. Los judíos son asesinados, a los palestinos se les mata y mueren. ¿Es eso así? El problema no comienza con nuestra negación de permitir escribir que un oficial o un policía militar asesinaron a palestinos, a corta distancia, cuando su vida no estaba en peligro o por control remoto o desde un avión o con un dron. Pero es parte del problema. Nuestra comprensión está cautiva de un lenguaje retroactivamente censurado que distorsiona la realidad. En nuestro idioma, los judíos son asesinados porque son judíos y los palestinos hallan su angustia y su muerte, porque, supuestamente, eso es lo que están buscando.

Nuestra visión del mundo está determinada por el engaño constante de los medios de comunicación israelíes, que eluden su deber de informar sobre eventos, o por su carencia técnica y capacidad emocional para contar todos los detalles de la guerra mundial que estamos llevando a cabo con el fin de preservar nuestra superioridad en la tierra, entre el río y el mar.

Ni siquiera este diario cuenta con los recursos económicos para contratar a 10 periodistas y llenar 20 páginas con informes sobre todos los ataques en tiempos de escalada y todos los ataques de la ocupación en tiempos de calma, desde los disparos a través de la construcción de una carretera que destruye un pueblo para la legalización de un puesto de avanzada de asentamientos y un millón de asaltos más. Cada día. Los ejemplos al azar que nos las arreglamos para reportar no son sino una gota en el océano y no tienen ningún impacto en la comprensión de la situación de la gran mayoría de los israelíes.

El objetivo de esta guerra unilateral es forzar a los palestinos a renunciar a todas sus demandas nacionales en su tierra natal. Netanyahu quiere la escalada porque la experiencia hasta ahora ha demostrado que los períodos de calma después de la hemorragia nosotros no volvemos a la línea de salida, sino más bien a un nuevo nivel mínimo en el sistema político palestino, y añade privilegios para los judíos en el Gran Israel.

Los privilegios son el principal factor que distorsiona nuestra comprensión de nuestra realidad, nos ciega. Gracias a ellos, no somos capaces de comprender que incluso con un débil liderazgo «presente-ausente» el pueblo palestino -disperso en sus reservas indígenas- no se dará por vencido y seguirán encontrando la fuerza necesaria para resistir nuestra maliciosa ocupación.

Fuentes: http://www.haaretz.com/opinión/.premium-1.679129 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=204254

No hay moralidad en el sionismo: Sobre la «independencia» de las minorías de colonos

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Desde el principio de la empresa sionista hasta nuestros días Israel ha sido fiel a sus propios principios '.' Desde el principio de la empresa sionista hasta nuestros días Israel ha sido fiel a sus propios principios’. (1 tiro, 2 muertos)

Por Jeremy Sal (Palestine Chronicle).

En Oriente Medio y África hay dos sorprendentes paralelismos con la experiencia palestina. La primera es Argelia, donde la invasión y la ocupación se iniciaron en 1830 y se extendió hasta 1962. Hasta la implantación del estado sionista en Palestina, Argelia fue el peor ejemplo de colonialismo a finales del mundo imperial, pero mientras que los franceses tomaron la tierra, introduciendo un sistema legal racista diferencial y, eventualmente reubicó a gran número de ‘rebeldes’ argelinos, no los expulsó de su propio país.

Así como la Primera Guerra Mundial provocó el colapso de tres imperios (otomano, ruso y austro-húngaro), la Segunda Guerra Mundial anunciaba el final de dos más. En bancarrota por la guerra, Gran Bretaña ya no podía darse el lujo de gobernar un imperio. Se retiró de Palestina y el subcontinente indio antes de que Suez finalmente destrozara los delirios imperiales en 1956. Francia no estaba en su mejor forma. Su derrota a manos de un ejército guerrillero vietnamita en Dien Bien Phu en 1954 alentó a los movimientos de liberación de todo el mundo. Al mismo tiempo, una salvaje guerra librada entre las tropas francesas y el Frente de Liberación Nacional de Argelia estaba llegando a su punto máximo. Con gran riesgo personal para sí mismo, Charles de Gaulle reconoció que el juego había terminado, al anunciar el fin de la presencia francesa. Dada la elección ofrecida por el movimiento de liberación entre la ‘maleta o el ataúd’, cerca de un millón de colonos franceses (pieds noirs) se dirigieron a un país, Francia, que apenas conocían, pero que ahora tenían que considerar como su hogar.

El segundo caso de estudio relevante es Rhodesia. Protectorados y compañías de los gobiernos eran parte integral de la mejor práctica imperial hasta el siglo XIX y más aún. Cuando Theodor Herzl se acercó al sultán otomano, Abdul Hamid II, en la década de 1890, fue a pedir su consentimiento para la constitución de una sociedad corporativa para el establecimiento de judíos en Palestina. A cambio, movilizaría a judíos de todo el mundo para pagar la deuda pública otomana. Como el sionismo tuvo poco apoyo de los judíos en ese momento, no había prácticamente ninguna probabilidad de que Herzl cumpliera su promesa, pero el sultán dijo que no, de todos modos. En Rhodesia, la colonización comenzó bajo la égida de una compañía chárter. De 1889 a 1923 Rhodesia del Sur se desarrolló como una colonia británica por la Cecil Rhodes’ British South African Company. Los primeros colonos llegaron en 1890. El carácter excluyente de la colonización blanca de Rhodesia del Sur era similar al asentamiento sionista de Palestina. En primer lugar, los colonos blancos estaban en una pequeña minoría, incluso más pequeña que la población judía (y en gran medida no sionista) de Palestina en la época, pasando de 1.500 en 1891 a alrededor de 75.000 a finales de la Segunda Guerra Mundial. En ningún momento los colonos blancos ascendieron a más del 5,4 por ciento de la población total.

Del mismo modo que los palestinos debían ser reducidos siempre que fuera posible, incluso durante el mandato británico, a través de su desalojo de las tierras compradas por el Fondo Nacional Judío y por otros organismos y por la negación de su mano obra por parte de la Histadrut, la federación sindical judía, semejantes eran las disposiciones claramente establecidas para adueñarse del suelo para la colonización blanca de Rhodesia del Sur. El primer principio era de mantener el control absoluto de la mayoría en manos de la minoría. Bajo la Constitución de 1923, la propiedad y la educación fueron los principales determinantes para poder votar, de manera que casi todos los africanos carecían de ese derecho: ningún africano podía en algún momento ser elegido bajo esta Constitución. En 1953 sólo 450 africanos aparecían en el censo electoral (con una población africana en ese momento de cerca de cuatro millones de personas). La legislación colonial disponía específicamente la discriminación contra los africanos – ‘los nativos pueden ser objeto de condicionamientos, discapacidades o restricciones no aplicables a los europeos’. Se aprobaron leyes e incluso se introdujo una ley que prohibía a los africanos caminar por las aceras, debían caminar solamente por la calzada. La segregación fue similar a la de Sudáfrica y a los reglamentos racistas que rigen la vida bajo la ocupación en Palestina.

Rhodesia pasó por numerosos cambios constitucionales hasta la Declaración Unilateral de Independencia que hizo el Primer Ministro del régimen de minoría blanca, Ian Smith, en 1965. En 1953 se formó un estado federado, incorporando a Rhodesia del Sur y los protectorados de Rhodesia del Norte (ahora Zambia) y a Nyasalandia (ahora Malawi). La federación perturbó a la minoría blanca, porque su número era ahora aún más severamente menor entre la población africana. Desde el comienzo de la colonización blanca, las colonias africanas de Gran Bretaña estaban destinadas a permanecer para siempre bajo el control de la población blanca, como parte del imperio y de la «civilización occidental». La profundidad con la que estas ideas se arraigaron explica por qué Ian Smith permaneció impenitente incluso cuando la independencia estaba siendo sondeada, incluso por el mismo gobierno británico. No debía haber «ninguna independencia antes del gobierno de la mayoría», pero mientras el sistema electoral estuviera basado en la noción de propiedad y ‘un contribuyente, un voto’, el gobierno de la mayoría estaba destinado a la inexistencia.

Una vez más hay un paralelo trenzado con Palestina: la actitud del gobierno británico fue que a Palestina no se le podía conceder la independencia hasta el momento en que los judíos se convirtieran en la mayoría. ‘El hombre blanco es el amo de Rhodesia «, dijo Smith. ‘Él la ha construido y tiene la intención de mantenerla’. En otras ocasiones, declaró que ‘yo no creo en el gobierno de la mayoría, de cualquier manera’, al tiempo que niega, -en un momento en que los movimientos de liberación se dedicaban a la lucha armada-, que estaba en contra de los africanos: era el marxismo contra el que estaba luchando y en defensa de la ‘civilización occidental’. Una vez más es un eco de las declaraciones tempranas de los colonos sionistas acerca de que los judíos de Palestina actuarían en el este como un baluarte de la civilización contra la barbarie.

El 11 de noviembre 1965, Smith terminó las negociaciones con el gobierno británico sobre el futuro de Rhodesia (la parte sur) mediante la emisión de la Declaración Unilateral de la Independencia. Nadie lo reconoció y en 24 horas fue objeto de la condena y las sanciones por la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Seguridad. Como un país rico en minerales, pero carente de petróleo, Rhodesia habría sufrido gravemente pero por una rendija que el gobierno británico se negó a cerrar, permitió que el petróleo llegue a Rhodesia desde los puertos sudafricanos. Sin embargo, con el colapso de las colonias africanas de Portugal en la década de 1970, incluso Sudáfrica estaba empezando a leer el trasfondo y estaba preocupado por aparecer como dando un apoyo demasiado evidente al gobierno de Smith. El final llegó en 1979 cuando Smith finalmente no tuvo más remedio que inclinarse ante la combinación de presiones internas y externas y aceptar el resultado de las elecciones que dieron al país un nuevo nombre – Zimbabwe – y un gobierno de la mayoría africana.

La declaración Unilateral de la Independencia de Smith debe ser considerada como un acto en estrecha relación con la declaración de la independencia del Estado de Israel en mayo de 1948. En ambos casos, una minoría había tomado el poder, y en el caso de David Ben Gurión en Israel, estaba en el proceso de expulsar a cientos de miles de personas fuera de su patria. Así como Rhodesia debía de permanecer para siempre como un enclave colonial gobernado por los colonos blancos, así Palestina debía ser transformada en un Estado judío para siempre. De una población judía (no sionista) de alrededor del cuatro por ciento en 1850, la presencia judía había crecido hasta alrededor del seis por ciento en 1912, a un cercano 10 por ciento a finales de la Primera Guerra Mundial y a alrededor del 31 por ciento en 1940, sin dejar de poseer sólo una pequeña fracción de la tierra.

Al declarar la independencia de Israel, David Ben Gurión, prometió que seguiría siendo ‘leal a los principios de la Carta de las Naciones Unidas». El 11 de mayo de 1949, fuertemente apoyado por el gobierno de Estados Unidos, que había presionado efectivamente hasta alcanzar el plan de partición de 1947, y con el noruego Trygvie Lie, Secretario General de la ONU, un ardiente prosionista, presionando fuertemente por detrás de las escenas, Israel fue admitido como miembro de la ONU, unas Naciones Unidas que habían recibido las garantías de que se trataba de un Estado amante de la paz y de que ‘es capaz y está dispuesto a cumplir las obligaciones contenidas en la Carta de la [ONU]’. Israel también ‘acepta sin reservas las obligaciones de la Carta de la ONU y se compromete a cumplir con ella cuando se convierta en un miembro de las Naciones Unidas’. El 5 de diciembre de 1949, al hablar ante la Asamblea Constituyente de la Knesset, Ben Gurión declaró que Israel era un miembro de la ONU «no por conveniencia política sino por su profundo compromiso tradicional a la visión de la paz mundial y la hermandad de las naciones, como habían predicado y aceptado nuestros profetas».

En realidad, Ben Gurión consideraba a la ONU con desprecio. Lo había sido disimulado todo el tiempo. Era importante conseguir la resolución de partición a través de la Asamblea General, y para que Israel fuera aceptado como miembro de la ONU, pero el compromiso de Israel en estas ocasiones era táctica y completamente desprovista de cualquier compromiso con los ideales de la ONU. Una vez que la resolución de partición había servido sus propósitos, Israel abandonó su compromiso. La comisión de la ONU sobre Palestina, establecida para supervisar la partición del territorio en dos Estados, no se movió más allá de las palabras en la página. Israel se apoderó de tanto territorio de Palestina como pudo y no tenía intención de respetar la cláusula que consideraba a Jerusalén como un corpus separatum en la resolución de partición. Su toma de Jerusalén Oeste fue seguida por la limpieza étnica y el saqueo de viviendas palestinas, pero esto no era más que parte de un patrón seguido en toda Palestina. Las casas de piedra, que eran el orgullo y la alegría de las familias palestinas, fueron robadas por comandantes militares y políticos. Diplomáticos cercanos a los dirigentes israelíes sabían lo que estaba pasando. Ralph Bunche, el emisario de la ONU para arbitrar negociaciones de armisticio entre Israel y Egipto en la isla de Rodas, a principios de 1949, las abandonó profundamente perturbado por el comportamiento israelí. William C. Burdett, el cónsul general de Estados Unidos en Jerusalén, poco vio que justificara la afirmación de Israel de que era una nación amante de la paz en los primeros ataques militares israelíes en el Naqab, en la Galilea y en contra de Siria. También mostró ‘poco respeto por la organización a la que ahora está tratando de unirse’.

Esto fue evidente no sólo en las continuas agresiones militares de Israel, sino también por su obstruccionismo y/o evasión continua sobre todas las cuestiones importantes. Se negó a aceptar la Resolución Nº 194 de la Asamblea General (1948) con el argumento de que no se podía demostrar que los palestinos estaban dispuestos a vivir en paz con sus ‘vecinos’ hasta que alcanzaran la paz. Interminablemente ponían reparos sobre el estatus de Jerusalén y las fronteras. Se negó a confesar el asesinato del enviado de la ONU, el conde Folke Bernadotte. Aunque no se conocen los nombres de los asesinos, nadie fue jamás acusado de su asesinato.

Las numerosas declaraciones de los líderes sionistas desde el principio de la colonización demostraron que no tenían ningún otro interés que no fuera la confiscación de toda Palestina para convertirla en un Estado judío. Sus acciones durante la guerra de 1948 demostraron que tenían la intención de destruir todo lo que era palestino en Palestina, siendo la presencia viva del pueblo palestino el objetivo más importante. A pesar de la montaña de evidencia que muestra que Israel ya no tenía ninguna intención de respetar la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional o cualquier cosa que se interpusiera en el camino de sus imperativos ideológicos y territoriales, aún así se le concedió la membrecía en las Naciones Unidas. En mayo de 1948, Chaim Weizmann manipuló a Truman para reconocer a Israel y en mayo de 1949, Truman respondió nuevamente a las propuestas de Weizmann haciendo todo lo posible para garantizar que Israel fuera admitido en la ONU, con independencia de las reservas de sus propios diplomáticos y la creencia de otros gobiernos (de Gran Bretaña era uno) de que Israel no tenía ninguna intención de cumplir con las resoluciones de la ONU que no se adapten a sus intereses.

Al mismo tiempo que Ben Gurión confirmaba la lealtad de Israel a la Carta de la ONU en diciembre de 1949, él y otros miembros de la Knesset estaban haciendo declaraciones que desafiaron abiertamente a la paz que las Naciones Unidas estaba tratando de lograr en Palestina (habiendo primero violado su propia carta al otorgar el «derecho» a la autodeterminación a una minoría de colonos y la anómala creación de un Estado colonial que se estableció en el comienzo de la era de la descolonización). Sobre la cuestión de Jerusalén, Ben Gurión dijo ‘al mismo tiempo’ de su declaración de fidelidad a los principios de la ONU, que ‘Jerusalén es una parte orgánica del Estado de Israel ‘. Menahim Begin, que representaba al Herut, declaró que «al mundo se le debe decir que Jerusalén es nuestra, toda ella, el Monte del Templo, el Muro de los Lamentos, Jerusalén dentro y fuera, y que es nuestra capital tanto en la práctica como en la teoría». También para otros, Jerusalén como capital de Israel, era un «hecho probado» que nadie tenía derecho a cuestionar.

Desde el principio de la empresa sionista hasta nuestros días, Israel ha sido fiel a sus propios «principios». De ninguna manera es lo que confirman los principios del derecho internacional y, de hecho, Israel sólo puede seguir siendo lo que es, viviendo en permanentemente violación del derecho internacional. En 1948 y de nuevo en 1967 hizo todo lo posible para convertir una tierra con gente en una tierra sin pueblo para que otras personas pudieran ocuparla. Su tratamiento brutal de los palestinos que lograron aferrarse a su tierra natal ha continuado hasta el asesinato de la joven Hadil Hashlamun en Hebrón, el 22 de septiembre: barbarie no sólo por dispararle diez balas en su cuerpo sino en la forma en que ella quedó tirada en el suelo gravemente herida durante media hora y luego literalmente arrastrados sus despojos de los pies lejos de la escena; y la barbarie en la sonrisa de los colonos cuando llegaron a la escena. Su asesinato sigue al asesinato en un incendio de tres miembros de la familia Dawabshe, un niño y ambos padres, causado por colonos judíos y que el Estado se niega a arrestar a pesar de que está claro quiénes son y dónde viven.

Hadil Hashlamun en el momento de su ejecución por el soldado israelí. Foto: Marcel Leme.

Hadil Hashlamun en el momento de su ejecución por el soldado israelí. Foto: Marcel Leme.

Estas no son anomalías, sino que son totalmente coherentes con ‘la práctica y la teoría’» de las retorcidas nociones sionistas del derecho, la justicia y la moral que han prevalecido desde el comienzo de la colonización sionista de Palestina. Ian Smith fue castigado por la Declaración Unilateral de la Independencia UDI que sometió a su país a la condena internacional, el aislamiento y las sanciones. Si se pueden hacer comparaciones, nada de lo que hizo Smith ni remotamente se compara con los delitos flagrantes cometidos por Israel contra los palestinos en los últimos siete décadas. Sin embargo, mientras que la fuerza de la ley internacional se aplicó contra Rhodesia, Israel fue admitido en la ONU a pesar de que había dejado claro de antemano que no tenía intención de acatar cualquier ley que no le convenía. Animado de este coraje, es la forma en que Israel se ha comportado desde entonces.

Jeremy Sal es profesor asociado de historia y política de Oriente Medio en la Universidad de Bilkent en Ankara, Turquía.

Fuente: http://www.palestinechronicle.com/no-morality-in-zionism-on-the-independence-of-settler-minorities/

Traducción: J. M. para Rebelión.

El cliché de la tercera Intifada

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En Israel el ejército y las escuelas trabajan mano a mano, dicen los maestros

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Por Jonathan Cook.

Vínculos estrechos significa que se está educando a los alumnos israelíes para que sean «buenos soldados» en lugar de buenos ciudadanos

 Se ha alentado a cerca de 300 escuelas a participar en un programa conjunto del ministerio de educación y las fuerzas armadas de Israel llamado «Ruta de Valores» (AFP)

HAIFA – La tarea para los alumnos israelíes: frustrar un ataque terrorista inminente en su escuela. Pero si quieren tener éxito primero deben encontrar las pistas que utilizan, palabras claves que han aprendido en árabe.

Los programas de lecciones de árabe para los escolares judíos de Israel tienen un enfoque extraño.

Los matriculados en el idioma rara vez pueden mantener una conversación en árabe. Y casi ninguno de los cientos de maestros que introducen a los niños judíos en la segunda lengua de Israel tiene esa lengua materna, a pesar de que uno de cada cinco habitantes del país pertenece a la minoría palestina.

La razón, dice Yonatan Mendel, un investigador del Instituto Van Leer de Jerusalén, es que la enseñanza de la lengua árabe en las escuelas judías de Israel está determinada casi exclusivamente por las necesidades del ejército israelí.

Recientes investigaciones de Mendel muestran que los oficiales de una unidad de inteligencia militar llamada Telem diseñan gran parte del plan de estudios de lengua árabe. «Su participación es lo que podría denominarse un ‘secreto a voces’ en Israel», dijo a Middle East Eye.

«Los militares son parte integrante del sistema educativo. El objetivo de la enseñanza de árabe es educar a los niños para que sean útiles en el sistema militar, capacitarlos para convertirlos en oficiales de inteligencia».

Telem es una rama de la Unidad 8200. Decenas de sus oficiales firmaron una carta el año pasado donde revelan que su trabajo consistía en hurgar en la vida sexual, problemas de dinero y enfermedades de los palestinos. La información ayudaba a la «persecución política», «reclutamiento de colaboradores» y «empujar a partes de la sociedad palestina contra sí misma», señalaron los oficiales.

Mendel dijo que se enseñaba el idioma árabe «sin sentimiento», un objetivo establecido en los primeros años del Estado.

«El temor era que si los estudiantes tenían una buena relación con el lenguaje y verían a los árabes como amigos potenciales podrían cruzar al otro lado, de manera que no sería de ninguna utilidad para el sistema de seguridad israelí. Esa fue la razón por la cual el ámbito de los estudios árabes se hizo libre de árabes».

Oficiales en el aula

La enseñanza de la lengua árabe es sólo una de las formas en que el ejército mete la mano en las aulas israelíes, según han contado profesores y expertos en educación a Middle East Eye.

Y muchos temen que la situación no hará sino empeorar con el nuevo ministro de Educación, Naftali Bennett, quien encabeza el partido Hogar Judío, situado en la extrema derecha del movimiento de los colonos.

La mayoría de los niños judíos de Israel están sujetos a un servicio militar cuando finalizan la escuela secundaria a los 17 años. Los varones suelen cumplir tres años y las mujeres dos.

Sin embargo el ejército y los últimos gobiernos de derecha de Benjamin Netanyahu se han preocupado por el creciente número que buscan exenciones, por lo general por razones médicas, psicológicas o religiosas.

Se ha alentado a cerca de 300 escuelas a participar en un programa conjunto del ministerio de educación y el ejército llamado «Ruta de los Valores», cuyo objetivo oficial es «fortalecer los vínculos y la cooperación entre las escuelas y el ejército».

En la práctica, dicen los maestros, los oficiales de ejército han hecho visitas regulares a las escuelas, así como viajes de estudio recíprocos a las bases militares para los niños, como una forma de alentarlos a alistarse cuando terminen su ciclo lectivo.

Aunque lo que ocurre durante las visitas raramente se publicita, los medios de comunicación israelíes informaron en 2011 de que en una simulación de ejercicios de tiro los alumnos tuvieron que disparar sus armas a blancos que llevaban kufiya o el tocado tradicional árabe.

«El militarismo está en todos los aspectos de nuestra sociedad, por lo que no es sorprendente que sea predominante en las escuelas también», dijo Amit Shilo, activista de New Profile, organización que se opone a la influencia del ejército en la vida pública israelí.

«Nos enseñan que la violencia es la primera y la mejor solución para cada problema y ​​que es la manera de resolver nuestro conflicto con nuestros vecinos».

El miedo al despido

Middle East Eye ha tenido que ocultar las identidades de los profesores que hablaron, ya que el ministerio de Educación requiere la aprobación previa de las entrevistas con los medios de comunicación.

La mayoría de los maestros estaban preocupados de que pudieran despedirlos si los ven criticar la política oficial.

Todos los profesores señalaron que las escuelas han estado bajo una creciente presión para que participen activamente en el programa del ejército.

Cada escuela está clasificada ahora anualmente por el ministerio de Educación no sólo por su excelencia académica, sino también por el éxito del proyecto entre los alumnos y los porcentajes con los que supuestamente se beneficiarán las unidades de élite, especialmente en funciones de combate o de inteligencia.

Las escuelas con mayor índice de aprobación del proyecto pueden optar a financiación adicional, dijeron los maestros.

Ofer, un profesor de historia en el centro del país, dijo: «Cuando se trata de trabajo con los alumnos mayores, tú debes aceptar como maestro que el ejército vaya a estar dentro de la escuela y en el aula. Todo el tiempo se prepara a los estudiantes para el servicio militar obligatorio.

«El ejército se trata como algo sagrado. No hay manera de hablar contra el ejército en ningún momento».

Rachel Erhard, profesora de educación en la universidad de Tel Aviv, advirtió recientemente de que las escuelas de Israel están en riesgo de llegar a ser como las de Esparta, la ciudad en la antigua Grecia que fueron famosas por la capacitación de sus jóvenes desde una edad temprana para ser guerreros.

Acoso público

Hay presiones adicionales sobre los directores, cuentan los maestros.

Zeev Dagani, director de una escuela líder en Tel Aviv, que optó por salirse del programa en su lanzamiento en 2010, se enfrentó a amenazas de muerte y fue citado ante una comisión parlamentaria para explicar sus acciones.

El acoso público de los profesores que se oponen a la militarización del sistema educativo de Israes, o que son simplemente activistas fuera del aula en la oposición a la ocupación, ha continuado.

Adam Verete, un profesor de filosofía judía en una escuela en Tivon, cerca de Haifa, fue despedido el año pasado después de que organizara un debate en clase sobre si el ejército israelí podría afirmar justificadamente que es el ejército más moral del mundo.

Cuando comenzó este mes el nuevo ciclo lectivo, padres y alcaldes lanzaron campañas de alto perfil contra dos maestros por sus puntos de vista contra la ocupación.

Avital Benshalom, que acababa de asumir su nuevo cargo de director de la Escuela de las Artes en Ashkelon, se vio obligado a emitir una disculpa por firmar una petición hace 13 años apoyando a soldados que se negaron a servir.

Herzl Schubert, un profesor de historia, de manera similar se encontró frente a una tormenta de protestas después de que le filmasen participando en una manifestación en Cisjordania en apoyo de la aldea palestina de Nabi Saleh durante las vacaciones de verano.

Cabe destacar que ni Bennett ni el primer ministro Benjamin Netanyahu intervinieron para apoyar el derecho de los dos maestros a la libre expresión.

Representaciones racistas

Los maestros y expertos en educación que hablaron con Middle East Eye dijeron que tales incidentes habían creado un clima de temor con la intención de intimidar a otros profesores.

Neve, un profesor de historia en una escuela cerca de Tel Aviv, dijo: «Los maestros tienen miedo de hablar. La presión proviene no sólo del ministerio de Educación, sino de los alumnos y los padres también. Los directores tienen miedo de que algo malo va a pasar a la reputación de la escuela».

El ministerio de Educación se negó a responder a las acusaciones.

Los maestros y expertos en educación señalan ejemplos de colusión entre las escuelas y el ejército israelí en todos los aspectos del sistema educativo.

Nurit Peled-Elhanan, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dijo que su estudio sobre los libros de texto israelíes mostraron que las representaciones de los árabes y los palestinos eran «racistas, tanto verbal como visualmente».

«Son necesarios para legitimar un Estado judío, la historia de las masacres de los árabes, la discriminación contra los ciudadanos palestinos y la ausencia de derechos humanos en los territorios de ocupación», dijo.

«El objetivo es formar buenos soldados que están dispuestos a torturar y matar y todavía piensan que están haciendo lo mejor para la nación».

Estudios separados de mapas en los libros de texto han mostrado que las tres cuartas partes no indican la Línea Verde que separa Israel de los territorios palestinos ocupados, lo que está en consonancia con la idea de la derecha del Gran Israel.

Revital, una profesora de lengua árabe, dijo que los planes de las lecciones del ejército eran populares entre los alumnos. «Yo no los apruebo, pero a los estudiantes les gustan. Celebran y se ríen cuando matan a los terroristas».

Revital dijo que había sido amonestada por decir lo que piensa en la clase y ahora era mucho más cautelosa.

«Uno termina dudando antes de decir cualquier cosa que no es lo que todo el mundo está diciendo. Me encuentro dudando mucho más que hace 20 años. Hay mucho más fascismo y racismo en torno a la sociedad en general «, dijo.

Estudios sobre el Holocausto

Algunos de los estrechos vínculos entre el ejército israelí y el sistema educativo son bien conocidos.

Los fondos del ministerio de educación financian varias escuelas de prestigio, como el Reali en Haifa, cuyos estudiantes combinan la educación con la formación militar como cadetes.

Ofer dijo que muchos profesores y directores de alto nivel fueron reclutados directamente del ejército, cuando se retiraron a los 45 años. «Luego pasan a una segunda carrera para inculcar ‘valores sionistas’ a los estudiantes «, dijo.

Pero los ejemplos de la educación abiertamente militarizada tienden a eclipsar la ingeniería más sutil del plan de estudios de las escuelas normales, se quejan los maestros.

Hay especial preocupación por el énfasis en el plan de estudios sobre el Holocausto, incluyendo una decisión del año pasado de ampliar los estudios obligatorios del Holocausto para todas las edades, incluidos los jardines de infancia.

A raíz de las objeciones del pequeño partido de izquierda Meretz, el entonces ministro de Educación Shai Piron instituyó que para entrar en los jardines de infancia, los soldados no deben llevar armas de fuego en el salón de clases, para garantizar la seguridad de los niños.

Sin embargo Tamar Zandberg, legisladora de Meretz, observó que los soldados uniformados, en principio, no deben estar en los jardines de infancia.

«La gente ve la inserción del ejército en el sistema educativo como algo natural, y es hora de que el sistema educativo internalice el hecho de que su lugar es educar en los valores cívicos», dijo.

Neve dijo que los estudiantes ya no aprenden acerca de los derechos humanos o los valores universales en las clases de historia.

«Ahora está todo basado en la historia judía y el Holocausto está en el centro de la misma.

«Cuando llevamos a los niños a los campamentos de muertes en Polonia, el mensaje es que todo el mundo está contra los judíos y tenemos que luchar por nuestra supervivencia. Están llenos de miedo.

«La conclusión más destacable es que si hubiéramos tenido un ejército entonces el Holocausto podría haber sido detenido y el pueblo judío, salvado».

Atmósfera de miedo

Los maestros dijeron que una atmósfera de miedo y sentimiento de victimización domina las aulas y esto se traduce en una joven generación aún más derechista que sus padres.

David, que enseña ciencias de la computación en una escuela de Galilea, dijo: «Tienes que vigilarte a ti mismo todo el tiempo, porque los alumnos son cada vez más nacionalistas y más religiosos. La sociedad, los medios de comunicación y el sistema educativo se están moviendo a la derecha».

Una encuesta de 2010 mostró que el 56 % de los alumnos judíos creían que sus compañeros ciudadanos palestinos deben ser despojados de los votos, y el 21 % pensaba que era legítimo gritar «muerte a los árabes».

Las materias que se han vuelto especialmente vulnerables por la promoción de los valores militares, de acuerdo con los profesores, son el árabe, la historia y la educación cívica.

Naftali Bennett trajo un nuevo jefe de educación cívica en julio. Asaf Malach es un aliado político que cree que no se debe permitir que los palestinos tengan un Estado.

Un plan de lección de historia propuesto el año pasado, poco después de un ataque de 51 días de Israel contra Gaza, que dejó al menos 500 niños palestinos muertos, animó a los alumnos a ser «combatientes judíos» y decía que debían verse reflejados en la figura bíblica de Josué.

Pero Revital dijo que la mayoría de los profesores no estaban preocupados por estos acontecimientos. «De los 100 profesores de mi escuela tal vez dos o tres piensan como yo. El resto cree que es importante que el ejército esté en la escuela».

Entre ellos está Amit, profesor de judaísmo en el centro de Israel. Dijo que «invitar a los soldados al aula no se trata sólo de alentar a los estudiantes a alistarse, sino que a nosotros nos permite hablar sobre el valor de la solidaridad y de la contribución que cada persona puede hacer a la sociedad».

«Nuestro trabajo es prepararlos para los retos del futuro y eso incluye el ejército. No podemos ignorar la realidad de que vivimos en un país donde hay soldados en todas partes».

Neve, sin embargo, dijo que la esperanza de poner fin a los conflictos de Israel en la región depende de volver traer un nuevo carácter civil en las escuelas.

«Si nuestros estudiantes no aprenden sobre la historia de los demás, sobre los palestinos, entonces ¿cómo pueden desarrollar empatía por ellos? Sin ella, no puede haber esperanza de paz”.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/news/israel-s-army-and-schools-work-hand-hand-say-teachers-201601890#sthash.iJBZf9C4.dpuf

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203903

 

Israel, Un Estado Carcelario

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06-checkpointPor Rashid Khalidi.

Hay numerosas maneras engañosas de enmarcar el conflicto en Palestina. Estas incluyen tergiversaciones de larga data, tales como: que ha estado sucediendo «desde tiempos inmemoriales», o que todo el derramamiento de sangre en resultado directo de un histórico rechazo árabe o musulmán a los judíos, vinculado a un deseo de «tirarlos al mar»; o que es una trágica lucha entre dos movimientos nacionales con prácticamente la misma valencia, para la Francia y la Alemania de los años 1870 a 1945. Otro enfoque defectuoso, favorecido por los medios de comunicación, es considerar todo exabrupto como parte de un irracional y autogestado «ciclo de violencia», como si fuera imposible atribuir causa y efecto a lo que está ocurriendo. Todas estas representaciones fallidas suprimen en esencia que se trata de un enfrentamiento de naturaleza colonial, a pesar de los apasionados nacionalismos y los fervientes sentimientos religiosos en juego de ambos lados. Los protagonistas son, por un lado, una población de colonos protegidos por su propio estado-nación poderoso, militarizado y con armas nucleares, y por el otro, una nación arraigada en la población autóctona originaria a la que siempre se le ha negado un estado.

Comenzando por tal premisa, hay un enfoque mucho más fructífero para comprender lo que ocurre en Palestina. Tal enfoque es fiel a la historia y a la forma en la que hoy se manifiesta sobre el terreno en Palestina para cualquier observador que examine atentamente los asentamientos, puestos de control y muros que definen esta realidad. Este enfoque considera al movimiento sionista y al estado israelí que surgió de él como un proyecto carcelario en lo que al pueblo palestino se refiere. Es en este marco que este número del Journal of Palestine Studies [Revista de Estudios sobre Palestina] presenta un informe sobre los prisioneros palestinos.

Vallar las tierras para impedir el acceso a sus propietarios autóctonos, o amurallar, confinar, y reducir a la población nativa de la tierra a «reservaciones» a fin de permitir a la población de colonos la libertad de movimiento y acción, y a la vez encarcelar (o matar) a quienes refutan activamente la legitimidad del proyecto colonial, son las características típicas de los intentos coloniales colonizadores. Demás está decir, que los asesinados y encarcelados durante tal proceso son despectivamente descriptos como «bandidos», «fanáticos», o «terroristas».

A barbed wire fence stands in front of Al Aqsa Mosque and the Dome of the Rock in Jerusalem on August 26, 2005.

Valla de alambre de púa frente a la mezquita Al Aqsa y el Domo de la Roca en Jerusalén, 26 de agosto de 2005.

Aparte de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, que han extirpado o marginado a sus poblaciones originarias, Israel permanece como el último estado colonial colonizador en pie. En los territorios ocupados en 1967, Israel llevó los tradicionales métodos de aislamiento, confinamiento y control a nuevos niveles. Lo hizo creando bloques de asentamientos coloniales ubicados estratégicamente para separar, aislar y desintegrar las concentraciones de población palestina; una red de muros, vallas, puestos fronterizos y puestos de control, una red de rutas segregadas y un sistema altamente sofisticado para la reglamentación del movimiento; y una vasta estructura penitenciaria vigilada por un intrusivo y omnipresente servicio de inteligencia y un sumiso y servil ejército y aparato jurídico civil. En resumen, se trata de un inmenso edificio carcelario, que la periodista israelí Amira Hass memorablemente describió como una «matriz de control».

03-prisioneros-1968

La proporción de palestinos que han pasado por el sistema penal israelí durante generaciones es extraordinariamente alta, estimándose en 800.000 personas, o alrededor del 40% de la población masculina de los territorios ocupados que han sufrido alguna forma de detención, desde 1967. Por supuesto, sólo una fracción del total de la población palestina está encarcelada al mismo tiempo: al 1 de mayo 2014, Israel retenía a 5.271 prisioneros políticos y «detenidos administrativos» según la Asociación Addameer, ONG palestina líder dedicada al tema de los prisioneros. Usando criterios algo diferentes, B’Tselem, contraparte israelí de Addameer, estima esa cifra en 5.053 hacia el final del mismo mes. Sin embargo, esos números son falazmente bajos. Miles de otros palestinos, muchos cientos de ellos niños, han sido detenidos para someterlos a interrogatorio o antes del juicio por corto tiempo, o retenidos por el «crimen» de tratar de entrar a Israel para conseguir trabajo (los ciudadanos israelíes van a donde quieren por todo «Eretz Israel»; los palestinos de Cisjordania o la Franja de Gaza que intentan) entrar a Israel son sometidos a severas sanciones penales). Es más, el inofensivo término «detención administrativa», como todas las construcciones orwellianas (por ejemplo, «proceso de paz»), encubre la brutal realidad de una detención potencialmente indefinida sin acusación, juicio ni sentencia, por períodos -de tres a seis meses- renovables a veces por años, y en algunos casos por una década y más también. Se calcula que unos 100.000 palestinos han sido objeto de esta práctica en los casi 50 años transcurridos desde la ocupación de 1967.

La “detención administrativa” es una de muchas reliquias coloniales en el arsenal israelí de herramientas para someter a la población palestina. Es el fruto amargo del Reglamento de Excepción de Gran Bretaña de 1945, un cuerpo de legislación abusiva que ha sido la columna vertebral de las políticas jurídicas y carcelarias de Israel en las zonas de Palestina ocupadas en 1967. Y no es casualidad. Esencial para el régimen restrictivo de Israel respecto a los palestinos, la detención administrativa –y muchas otras prácticas, tales como la demolición de viviendas, el exilio y los castigos colectivos, prohibidos internacionalmente- proviene directamente del libro británico de jugadas estratégicas: Las políticas y prácticas de Israel están directamente arraigadas en la larga experiencia de Gran Bretaña en mantener a los nativos alineados en India, Irlanda, Egipto, África Subsahariana y gran parte del resto del mundo.

04-checkpointLa mayoría de los detenidos administrativos palestinos, que en mayo de 2014 sumaban 194 (y algunos de los cuales han sido mantenidos en esa condición por más de 10 años), realizaron entonces una huelga de hambre, exigiendo el fin de esta arbitraria práctica. La huelga consiguió la simpatía de muchos cientos de otros prisioneros políticos palestinos, que se negaron a alimentarse en solidaridad con los detenidos administrativos en huelga. También tocó una cuerda sensible en muchos sectores de la sociedad civil palestina, que respondió con protestas y manifestaciones a lo largo de los territorios ocupados. La población de la mayor parte de Cisjordania parecía pasiva antes de eso, casi paralizada, ante la combinada represión israelí y la cooperación de seguridad de la Autoridad Palestina (AP) con Israel, descaradamente descripta por el presidente Mahmud Abbas como «sagrada», en un mensaje destacando el bienestar individual y la seguridad para los sectores acomodados de la sociedad palestina. Aunque esa huelga de hambre fue suspendida en junio 2014 sin lograr su principal objetivo de poner fin a la práctica de la detención administrativa, para entonces ya había llevado a un nuevo nivel de efervescencia popular. Junto a la repulsión producida por la represión israelí de los palestinos que protestaban contra las prácticas israelíes de detención, incluyendo el asesinato a tiros de cinco jóvenes manifestantes en mayo y principios de junio 2014, este fermento contribuyó a una posterior escalada de protestas. Esta escalada de una situación ya explosiva -que conllevó los más altos niveles de descontento popular palestino, en Jerusalén y otros lugares, que se hayan visto en más de una década- comenzó con el secuestro y asesinato en junio de 2014 de tres israelíes que estudiaban en una yeshiva [seminario religioso judío] en Cisjordania ocupada. Desde entonces, Israel lanzó una campaña deteniendo a cientos de palestinos por toda Cisjordania. El «vengativo» secuestro, tortura y asesinato de Muhammad Abu Khudeir, de 16 años, fue perpetrado entonces, el chico fue quemado vivo por sus secuestradores israelíes en Jerusalén. Todo esto formó el telón de fondo del masivo ataque militar de Israel contra Gaza en julio 2014.

Sin embargo, y a pesar de su importancia, el encarcelamiento y la detención son sólo una parte del cuadro. La estructura entera del régimen de ocupación establecido después de 1967 en Cisjordania, Franja de Gaza y Jerusalén Este -que en sus características esenciales se asemeja a lo que fue hecho anteriormente en las zonas incorporadas a Israel en 1948-49- puede verse como una empresa carcelaria, diseñada para controlar, confinar y dominar a los palestinos que viven en estas zonas. El ejemplo más extremo y más perfeccionado de esta estrategia es el trato dado a la Franja de Gaza, que se ha convertido en la prisión al aire libre más grande del mundo, donde 1,8 millones de personas están acorralados dentro de 360 km2, un gueto en el cual la mayoría de ellas están confinadas por años. Pero incluso en las circunstancias más aparentemente «abiertas» de Cisjordania y Jerusalén Este, se utilizan los mismos principios de controlar, confinar y dominar, como en cualquier sistema penitenciario.

Este método tiene una historia, con dos distintos períodos dignos de atención: antes de 1948 y desde 1948 hasta 1967. El antiguo movimiento sionista, intentó colonizar y finalmente apropiarse de la totalidad del densamente poblado territorio de Palestina árabe, utilizando una estrategia de erigir rápidamente la llamada estacada y asentamientos atalayas (homah v’migdal) para dominar sus entornos estratégicamente elegidos y al mismo tiempo excluir a la comprensiblemente hostil población palestina cuyas tierras fueron invadiendo los colonos. Al principio, cuando la población de colonos era una parte del total y la implementación del proyecto sionista era completamente dependiente del poderío de la potencia colonial británica, fue aplicado tal conjunto de medidas para excluir a «los nativos» de las zonas que habían sido apropiadas por los recién llegados. Después de la victoria militar y la limpieza étnica de 1948-49, consiguiente al establecimiento del Estado de Israel, sin embargo, fue adoptado un conjunto de criterios completamente nuevos extraídos de este modelo carcelario básico. Por lo tanto, los palestinos que permanecieron en el nuevo Estado de Israel, ahora convertidos en pequeña minoría, fueron confinados desde 1948 hasta 1966 a zonas limitadas del país por un gobierno militar que usó su altamente desarrollado servicio de inteligencia para reglamentar meticulosamente sus movimientos y por una política de robo de tierras ‘legalizado’. Esta política restringió a las poblaciones árabes de zonas como Galilea y el Triángulo [zona sobre la llanura costera entre Haifa y Ramle] a una porción de tierras que era de propiedad árabe antes de 1948. Los palestinos dentro de Israel fueron rodeados no con vallas y torres de vigilancia sino con kibutz, moshav, «zonas verdes», áreas restringidas, zonas militares, y otras formas ‘ingeniosas’ para controlar la tierra recientemente apropiada, con sus comunidades densamente rodeadas los palestinos no podían expandirse. Al mismo tiempo, fueron erigidas barreras físicas y jurídicas para evitar que los cientos de miles de palestinos que fueron expulsados o tuvieron que huir de sus hogares en medio del terror durante los combates de 1948-49 puedan regresar a su patria o reclamar sus propiedades robadas. Por lo tanto, fue diseñado el nuevo régimen carcelario israelí después de 1948 para confinar física y jurídicamente y controlar a la pequeña parte de la población palestina que permaneció dentro de los límites del estado, y excluir a la mucho mayor cantidad de palestinos que habían sido expulsados.

01-mapa

Después de 1967, los modelos preestatal y del 1948-66 que habían sido perfeccionados dentro de Israel, fueron «exportados» a los recién conquistados territorios de Cisjordania, Franja de Gaza y Jerusalén Este. Los asentamientos coloniales fueron construidos para demarcar reclamos territoriales y para confinar a la población palestina a zonas cada vez más pequeñas de lo que quedaba de su patria. El apogeo de este proceso fue el trazado, a mediados de la década de 1990, del sistema de Oslo que divide Cisjordania en las áreas A, B y C y por el cual Israel mantiene el control absoluto sobre la mayor parte del territorio y su posición predominante sobre el resto. Mientras tanto, algunas de las prisiones que fueron utilizadas por los británicos para encarcelar a los palestinos durante la época del Mandato y por Israel después de 1948 para encarcelar a los recalcitrantes ciudadanos árabes del nuevo estado, están siendo utilizadas ahora para detener a los palestinos de los territorios ocupados en 1967. Son parte de un archipiélago de 25 centros de detención, prisiones y centros de interrogatorios, 21 de ellos dentro de Israel, desparramados por este pequeño país. Las instalaciones están abarrotadas de palestinos detenidos hasta el interrogatorio y juicio, mantenidos como detenidos administrativos sin acusación ni juicio ni condena, o encarcelados después de un juicio y una sentencia en tribunales militares que invariablemente encuentran al acusado culpable: una farsa de proceso judicial nefastamente detallado en el documental israelí de 2011 «The Law in These Parts» [La Ley de Aquí].

Mientras se estaba escribiendo esta presentación, se estaban produciendo disturbios, que duraron semanas, en barrios palestinos de Jerusalén Este árabe ocupada, en parte de zonas de mayoría árabe dentro de Israel y en Cisjordania, mientras que la Franja de Gaza estaba siendo atacada por la fuerza aérea, naval y de artillería de Israel y tropas terrestres penetraban en el territorio y en tanto desde allí se disparaban cohetes dentro de Israel. Cualesquiera sean sus causas directas y cualquiera sea su imprevisible desenlace, estos acontecimientos representan la inevitable respuesta de una sociedad oprimida por un poder colonial, que ha confinado, aislado, separado y expulsado, durante generaciones, a un pueblo entero por medio de un sofisticado y vasto sistema carcelario. A pesar de su amenazante e intrusiva presencia en las vidas de todos los palestinos, ya sea los que están confinados dentro, o los que son mantenidos fuera prohibiéndoles retornar a su patria, este sistema es aún más siniestro por hacerse invisible para muchos en Occidente gracias a décadas de exitosa manipulación mediática.

Tal vez sea una señal de que la vieja y confusa fórmula ya no puede ser fiable para engañar a toda la gente todo el tiempo, respecto al trato de Israel hacia los palestinos, que uno de los objetivos más vulnerables del creciente movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) haya sido la empresa de seguridad G4S. Diversos componentes de esta corporación mundial proveen equipamiento para prisiones, vallados y sistemas de vigilancia en Israel y en las partes de Palestina ocupadas en 1967, así como en prisiones y centros de detención en el Reino Unido, a lo largo de la frontera entre EEUU y México, y en las principales prisiones de EEUU. La Iglesia Metodista Unida, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana (EEUU), la Fundación Bill y Melinda Gates, y Unite -el mayor sindicato de Gran Bretaña-, han desinvertido o llamado a desinvertir en la empresa, que se destaca por prestar servicios de sistemas y equipamientos para el encarcelamiento y control de los palestinos. Son cuatro pesos pesados en el mundo occidental. Esta y otra presión similar llevaron a este peso pesado empresarial (con más de 600.000 empleados en todo el mundo), a declarar en junio de 2014 que no renovaría sus contratos con Israel. Estos contratos prevén suministrar equipamientos de seguridad y control a los puestos de control militar israelíes, a la tristemente famosa prisión de Ofer (fuera de la cual, según mostró un video, soldados israelíes asesinaron a tiros a dos adolescentes palestinos en mayo 2014), a una estación de la policía israelí en Cisjordania, y también a prisiones dentro de Israel en las que están detenidos los palestinos. Es particularmente apropiado que este tipo de empresa esté en la mira del movimiento BDS, dado que las prisiones y el confinamiento, el aislamiento y la separación han sido fundamentales para el proyecto sionista y su descendiente, el Estado de Israel. Es también un signo de los tiempos que tal presión haya tenido éxito.

Ahmad Saadat y Marwan Barghuthi son quizás los dos prisioneros políticos más conocidos. El primero, secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), fue sentenciado a treinta años de prisión por un tribunal militar israelí, en 2008, que lo acusó de encabezar «una organización terrorista ilegal» y de ser responsable de todas sus acciones, incluyendo el asesinato, en octubre de 2001, del general (retirado) Rehavam Zeevi, un exministro israelí de turismo. Barghuthi fue condenado a cinco cadenas perpetuas (de por vida) por un tribunal civil israelí, por ataques en Israel en 2001-2002, durante la segunda intifada, en los cuales fueron asesinados cinco israelíes.

Más de cuarenta líderes palestinos han sido asesinados por Israel (más de veinte de ellos entre 1972 y 1988, y otro tanto desde 1994), Mientras que el de Zeevi es el único caso similar del lado israelí. De más está decir que, ya sea por perpetrar asesinatos contra palestinos de alto nivel jerárquico o ataques contra civiles palestinos, los perpetradores israelíes no son descriptos como terroristas. Entre el año 2000 y el 2014, las fuerzas militares y/o los colonos israelíes asesinaron a más de 1.407 niños palestinos, un promedio de dos por semana, según datos de Defence for Children International. Mientras que los responsables de tales matanzas no son considerados terroristas, Barghuthi y Saadat, así como miles de otros prisioneros políticos palestinos, son clasificados como tales por Israel. Los medios occidentales generalmente siguen su ejemplo, nunca describen a los israelíes responsables de actos sanguinarios como terroristas, y frecuentemente repiten el uso que Israel hace del término para describir a los palestinos. El sistema jurídico norteamericano tiende a obedecer a Israel de manera servil. Por lo tanto, el «apoyo material» para muchos grupos palestinos está severamente proscripto en virtud de la legislación estadounidense debido a que están clasificados como organizaciones terroristas, pero no existen impedimentos legales para realizar contribuciones deducibles de impuestos para organizaciones «benéficas» que respaldan a los asentamientos coloniales israelíes en Cisjordania de donde salen los vigilantes extremistas que habitualmente asesinan y mutilan a palestinos.

Como se señaló anteriormente, etiquetar a quienes resisten la opresión como «terroristas» es una figura retórica colonial estereotipada, y valdría la pena retomar el caso de otra situación colonial, la de Sudáfrica bajo el régimen del apartheid, para examinar cómo ésta se ha desarrollado a través del tiempo. Para la Pretoria gobernada por los blancos y para la administración Reagan, que la apoyó firmemente durante la Guerra Fría, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder Nelson Mandela eran simplemente terroristas. Es digno de mencionar, que el brazo armado del CNA, liderado por Nelson Mandela, realizó violentos ataques de sabotaje contra instituciones sudafricanas y que Mandela era miembro de la dirección del Partido Comunista sudafricano, así como comprometido defensor de la lucha armada. Hacia el final de su confinamiento en la isla Robben, él se negó a renunciar a la violencia, lo cual le había exigido el régimen del apartheid como condición para su liberación.

A pesar de todo esto, Nelson Mandela finalmente tomó notoriedad pública, convirtiéndose en foco de una gran campaña internacional con el lema «Liberen a Nelson Mandela», que dio título a una exitosa canción de [la banda británica] The Specials en 1984. Él y sus compañeros del CNA, encarcelados, fueron de ese modo transformados a los ojos del mundo de «terroristas» a combatientes por la libertad y pasaron a ser considerados prisioneros políticos. El fallecido líder sudafricano ha entrado ahora en el panteón de los héroes en la lucha contra la opresión colonial y racista junto a Mahatma Gandhi y el Dr. Martin Luther King, aunque a diferencia de estos dos, Mandela nunca fue un apóstol de la no-violencia. Aunque se ha endiosado a Mandela y a muchos otros líderes de movimientos anti-coloniales que utilizaron la lucha armada antes que él, que se remonta a los arquitectos de la independencia de EEUU hace más de dos siglos, los palestinos que lo hacen son sistemáticamente manchados con la brocha del terrorismo.

Notas: Rashid Khalidi es historiador especialista en Medio Oriente, profesor en la Universidad de Columbia y redactor en jefe del Journal of Palestine Studies.

Este artículo fue escrito como presentación de un número especial del Journal of Palestine Studies dedicado al tema de las prácticas israelíes de encarcelamiento y detención, que incluyó entrevistas a los prisioneros políticos M. Barghuthi y A. Saadat, un extenso artículo de Salman Abu Sitta y Terry Rempel sobre la poco conocida historia de la detención de más de 5000 civiles palestinos en campos de trabajos forzados israelíes desde 1948 a 1956, y un análisis jurídico de Sahar Francis –directora de la Asociación Addameer- sobre las violaciones israelíes al derecho internacional.

Fuente: Journal of Palestine Studies, 172, Vol. 43, N°4, p. 5, Summer 2014
Traducción: Bea Esseddin

Fuente: http://laestrellapalestina.info/ocupacion/israel-un-estado-carcelario-r-khalidi-sep-2015.html

El origen del campo de Yarmouk: El papel descarado de Israel en la crisis siria de refugiados

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Campo de refugiados de Yarmouk, Siria. Foto: AP

Campo de refugiados de Yarmouk, Siria. Foto: AP

Por Remzy Baroud-Znet.

Cuando las milicias sionistas Haganá realizaron la Operación Yiftach, el 19 de mayo de 1948, el objetivo era expulsar, fuera de la frontera de Israel, a los palestinos del Distrito Safad en el norte, que había declarado su independencia solo cinco días antes.

La limpieza étnica de Safad y sus numerosas aldeas no ocurrió solo en esa área. De hecho, fue el modus operandi de milicias sionistas en toda Palestina. Poco después de la independencia de Israel, las milicias fueron unidas para formar las fuerzas armadas israelíes.

No todas las aldeas, sin embargo, fueron completamente despobladas. Algunos residentes en aldeas como Qaytiyya cerca del río Jordán, permanecieron en sus casas. La gente del lugar, ubicado entre dos afluentes del Jordán –los ríos al-Hasbani y Dan– esperaba que la normalidad volvería a su otrora tranquila aldea una vez que la guerra se apaciguara.

Su suerte, sin embargo, fue peor que la de quienes fueron expulsados, o quienes huyeron por temor a una suerte terrible. Las fuerzas israelíes volvieron casi un año después, cargaron a los aldeanos restantes en grandes camiones, torturaron a muchos y los descargaron en algún sitio en el sur de Safad. Se sabe poco sobre su suerte, pero muchos de los que sobrevivieron terminaron en el campo de refugiados Yarmouk en Siria.

Yarmouk no fue establecido hasta 1957, e incluso no fue un campo ‘oficial’ de refugiados. Muchos de sus habitantes eran precaristas en Sahl al-Yarmouk y otras áreas, antes de ser llevados a Shaghour al-Basatin, cerca de Ghouta. El área fue rebautizada Yarmouk.

Muchos de los refugiados en Yarmouk provienen del norte de Palestina, el Distrito Safad, y aldeas como Qaytiyya, al-Ja’ouneh y Khisas. Subsistieron en esa región durante casi 67 años. Imposibilitados de volver a Palestina, pero con la esperanza de poder hacerlo, nombraron las calles de su campo, sus vecindarios, incluso sus panaderías, farmacias y escuelas, según las aldeas de las que habían sido expulsados.

Cuando el levantamiento sirio convertido en guerra civil comenzó en marzo de 2011, muchos propugnaron que los palestinos en Siria no fueran afectados por el conflicto. Las cicatrices y horrendos recuerdos de otros conflictos regionales –la guerra civil jordana, la guerra civil libanesa, la invasión iraquí de Kuwait, y la de Iraq por EE.UU.– en los que cientos y miles de civiles palestinos sufrieron terriblemente, seguían presentes en los corazones y mentes de muchos de ellos.

Pero los llamados a la ‘hiyad’ –neutralidad– no fueron escuchados por las múltiples partes en la guerra, y la dirigencia palestina, incompetente y encerrada en Ramala, no vio la seriedad de la situación, ni suministró ninguna guía – moral o política.

Yarmouk

Los resultados fueron horribles. Más de 3.000 palestinos murieron. Decenas de miles de refugiados palestinos huyeron de Siria, miles más fueron desplazados en el interior y el desesperado viaje lejos de la patria continuó su terrible camino.

Yarmouk –un campo de refugiados de más de 200.000 habitantes, que en su mayoría son refugiados registrados por la agencia de la ONU, UNRWA– fue reducido a menos de 20.000. Gran parte del campo estaba convertido en ruinas. Cientos de sus residentes murieron de hambre o fueron muertos en la guerra. El resto huyó a otras partes de Siria, Líbano, Jordania, Turquía y Europa.

El más natural orden de las cosas habría sido el retorno de los refugiados a Safad y aldeas como Qaytiyya. Sin embargo, pocos solicitaron la posibilidad de hacerlo, y esas demandas presentadas por funcionarios palestinos fueron rechazadas por Israel como inaceptables.

De hecho, mientras países como Líbano habían aceptado 1,72 millones de refugiados (uno de cada cinco personas en el Líbano es un refugiado sirio), Turquía 1,93 millones, Jordania 629.000, Iraq 249.000, y Egipto 132.000, Israel no ofreció aceptar ni un solo refugiado.

Israel, cuya economía es la más fuerte en la región, ha sido el más reacio en términos de ofrecer asilo a refugiados sirios. Es un doble pecado considerando que incluso los refugiados palestinos de Siria, quienes fueron expulsados de sus propios hogares en Palestina, también fueron dejados sin casa ni hogar.

No es sorprendente que no haya habido una protesta contra un Israel financieramente capaz por cerrar claramente su puerta contra refugiados desesperados, mientras Grecia en bancarrota era correctamente reprendida por no hacer lo suficiente para recibir cientos de miles de refugiados.

Según estadísticas de las Naciones Unidas, a fines de agosto de este año, casi 239.000 refugiados, sobre todo sirios, desembarcaron en islas griegas a la busca de paso a Europa continental. Grecia no está sola. Entre enero y agosto de este año 114.000 desembarcaron en Italia (provenientes en su mayoría de Libia), en busca de seguridad. Aproximadamente al mismo tiempo del año pasado, casi la misma cantidad de refugiados fueron registrados buscando acceso a Europa.

Europa es responsable tanto moral como políticamente por albergar y cuidar a estos refugiados, considerando su culpabilidad en las pasadas guerras en Oriente Próximo y en los actuales conflictos. Algunos están haciendo exactamente eso, incluyendo Alemania, Suecia y otros, mientras países, como Gran Bretaña, se han mostrado del todo inconscientes y categóricamente insensibles hacia los refugiados. A pesar de ello, miles de ciudadanos europeos de a pie, como lo haría cualquier ser humano con un poco de empatía, se están alistando como voluntarios para ayudar a refugiados en Europa oriental y occidental.

No se puede decir lo mismo de Israel, que por sí solo ha iniciado la mayoría de los conflictos en Oriente Próximo en las últimas décadas. Por su parte, el debate en Israel se sigue centrando en amenazas demográficas, cargadas de connotaciones raciales sobre la necesidad de preservar una así llamada identidad judía. Extrañamente, pocos en los medios de comunicación han llamado la atención a esta actitud o han considerado que una posición semejante es particularmente atroz en un tiempo de crisis humanitaria sin precedente.

En recientes comentarios el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechazó llamados a admitir refugiados sirios en Israel, usando una vez más la justificación demográfica, que ve a cualesquiera no judíos en Israel, sean refugiados africanos, sirios o incluso los habitantes originales palestinos, como una “amenaza demográfica”.

“Israel es un estado muy pequeño. No tiene profundidad geográfica o demográfica”, dijo el 6 de septiembre.

Cuando Israel fue establecido sobre las ruinas de Palestina destruida, los palestinos judíos eran una pequeña minoría. Fueron necesarias múltiples campañas de limpieza étnica, las que crearon el problema de los refugiados palestinos para comenzar, a fin de crear una mayoría judía en el recientemente fundado Israel. Ahora, los árabes palestinos representan solo un quinto de la población de Israel de 8,3 millones. ¡Y para muchos en Israel, incluso una cifra tan pequeña es causa de alarma!

Mientras a los palestinos de Qaytiyya, que se convirtieron en refugiados una y otra vez, se les sigue negando su derecho al retorno internacionalmente consagrado por la resolución 194 de las Naciones Unidas de diciembre de 1948, a Israel se le otorga una condición especial. No es reprendido ni obligado a repatriar refugiados palestinos, y ahora es incluso eximido de un papel menor en el alivio de la crisis de refugiados en pleno deterioro.

Grecia, Hungría, Serbia, Macedonia, el Reino Unido, Italia y otros países europeos, junto con los ricos países del Golfo Pérsico deben ser incansablemente presionados para ayudar a los refugiados sirios hasta que puedan retornar con seguridad a su país. ¿Por qué entonces debe excluirse a Israel de la participación en esta acción necesaria? Además, debe, incluso ser presionado con aún más energía a actuar en el alivio de la crisis de refugiados, comenzando por los refugiados de Qaytiyya, que vuelven a vivir la suerte que sufrieron hace 67 años.

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El Dr. Ramzy Baroud escribe sobre Oriente Próximo desde hace más de 20 años. Es un columnista cuyos trabajos son publicados en muchos países, un consultor en medios de comunicación, autor de varios libros y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story (Pluto Press, Londres). Su sitio en la web eswww.ramzybaroud.net .

Fuente: https://zcomm.org/znetarticle/how-yarmouk-came-about-israels-unabashed-role-in-the-syrian-refugee-crisis

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203751

La supremacía de los sionistas de Israel

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La prensa española dedica diariamente alguna página a normalizar el crimen de Estado sionista israelí. Se presenta a Israel como democrático, a pesar de las leyes de discriminación racial, de la expulsión de los habitantes de Palestina, de las continuas detenciones, de los encarcelamientos sin juicio, de su legalización de la tortura, de la ocupación, de las matanzas de palestinas y palestinos, del enfrentamiento con el Derecho Internacional, de las numerosas condenas del Tribunal Internacional por crímenes de guerra y genocidio, del muro ilegal en Cisjordania, del bloqueo a Gaza, de la desobediencia de las Resoluciones de la ONU, de …

Un ejemplo de la normalización de los crímenes del Estado sionista de Israel lo encontramos en el artículo aparecido en El País el viernes 28 de Octubre, 3/4 de página bajo el título: “Israel, paraíso para la ciencia en situación excepcional”, magnificando “el paraíso para la ciencia” y encubriendo…

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La solidaridad con Palestina – Edward Said (1935-2003)

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Edward SaidA principios de mayo estuve unos días en Seattle para dar unas conferencias. Durante mi estancia, cené una noche con los padres y la hermana de Rachel Corrie, que todavía no habían superado la conmoción del asesinato de su hija el 16 de marzo, en Gaza, por parte de un bulldozer israelí. El señor Corrie me dijo que él había manejado bulldozers, pero que el que mató de forma deliberada a su hija -por intentar proteger valientemente de la destrucción un hogar palestino en Rafah- era un monstruo de 60 toneladas diseñado especialmente por Caterpillar para demoler casas, una máquina mucho más grande que cualquiera de las que él había visto o manejado. En mi breve visita a los Corrie me impresionaron dos cosas. Una, el relato de su regreso a Estados Unidos con el cuerpo de su hija. Se apresuraron a llamar a sus dos senadoras, Patty Murray y Mary Cantwell, ambas demócratas, les contaron su historia y recibieron las expresiones de horror e indignación que eran de esperar, así como promesas de que habría una investigación. Cuando las dos senadoras volvieron a Washington, los Corrie no volvieron a saber nada de ellas, y la investigación prometida no se hizo realidad. Como era previsible, el lobby israelí les había explicado la realidad, y decidieron desentenderse. Una ciudadana estadounidense asesinada deliberadamente por los soldados de un Estado cliente de Estados Unidos no mereció ningún comentario oficial, ni siquiera la investigación de rigor que le habían prometido a su familia.

Pero el segundo y principal aspecto que me llamó la atención de la historia de Rachel Corrie fue la acción de la joven en sí, heroica y digna. Nacida y educada en Olympia, una pequeña ciudad a 90 kilómetros al sur de Seattle, Rachel se incorporó al Movimiento Internacional de Solidaridad y fue a Gaza para apoyar a unos seres humanos que sufrían y con los que no había tenido ningún contacto hasta entonces. Las cartas que escribió a su familia son unos documentos extraordinarios que muestran su humanidad cotidiana y constituyen una lectura difícil y conmovedora, sobre todo cuando describe la amabilidad y el interés demostrados por todos los palestinos con los que habla, que la reciben claramente como a una más de los suyos porque vive igual que ellos, comparte sus vidas, sus preocupaciones y los horrores de la ocupación israelí, con sus terribles repercusiones incluso para los niños más pequeños. Comprende el destino de los refugiados y lo que considera el intento insidioso del Gobierno israelí de llevar a cabo una especie de genocidio al hacer la supervivencia prácticamente imposible para este grupo concreto de personas. Su solidaridad es tan emocionante que inspira a un reservista israelí llamado Danny, que se ha negado a servir en el Ejército, a escribirle para decir: «Está haciendo algo bueno. Le doy las gracias por ello».

Lo que se desprende de todas las cartas que escribió a su familia, y que posteriormente publicó The Guardian, es la asombrosa resistencia del pueblo palestino, seres humanos corrientes que se encuentran en una situación horrible, llena de sufrimientos y desesperación, pero que, aun así, siguen sobreviviendo. Hemos oído hablar tanto, en los últimos tiempos, de la Hoja de Ruta y las perspectivas de paz, que nos hemos olvidado del hecho fundamental, que es que los palestinos se han negado a capitular o rendirse, ni siquiera ante el castigo colectivo que les impone el poder conjunto de Estados Unidos e Israel. Ésa es la razón de que exista una Hoja de Ruta y de todos los llamados planes de paz anteriores; no que Estados Unidos, Israel y la comunidad internacional se hayan convencido, por motivos humanitarios, de que es preciso acabar con las muertes y la violencia. Si no somos conscientes de la fuerza que tiene la resistencia palestina (y no me refiero, en absoluto, a los atentados suicidas, que causan mucho más daño que beneficio), a pesar de sus fallos y sus errores, no entenderemos nada. Los palestinos siempre han constituido un problema para el proyecto sionista, y las supuestas soluciones que se han ofrecido, en vez de resolver el problema, le quitan importancia. La política oficial israelí, independientemente de que Ariel Sharon utilice la palabra «ocupación» o no, de que desmantele una o dos torres herrumbrosas o no, ha consistido siempre en no aceptar la realidad del pueblo palestino en pie de igualdad ni admitir que Israel ha violado constantemente sus derechos de forma escandalosa. Aunque, a lo largo de los años, ha habido valerosos israelíes que han intentado hacer frente a esa historia oculta, la mayoría de ellos y, según parece, la mayoría de los judíos estadounidenses, han hecho todos los esfuerzos posibles para negar, evitar o rechazar la realidad palestina. Por eso no se ha alcanzado la paz.

Además, la Hoja de Ruta no habla de justicia ni del castigo histórico impuesto al pueblo palestino desde hace demasiadas décadas. Sin embargo, lo que la labor de Rachel Corrie en Gaza reconocía era, precisamente, la gravedad y la densidad de la historia viva del pueblo palestino como comunidad nacional, no sólo como un grupo de refugiados que sufren privaciones. Con eso era con lo que mostraba su solidaridad. Y debemos recordar que ese tipo de solidaridad ya no la ofrecen sólo unas cuantas almas intrépidas repartidas aquí y allá, sino que se reconoce en todo el mundo. En los últimos seis meses he dado conferencias en cuatro continentes, ante miles de personas. Lo que les une a todas esas personas es Palestina, la lucha del pueblo palestino, que se ha convertido ya en sinónimo de emancipación y tolerancia, a pesar de todas las injurias cometidas contra ellos por sus enemigos.

Siempre que se informa de la realidad, se produce un reconocimiento inmediato, la expresión de la máxima solidaridad con la justicia de la causa palestina y la valiente lucha del pueblo palestino. Es extraordinario que, este año, Palestina fuera un tema central tanto en los encuentros antiglobalización de Porto Alegre como durante las conferencias de Davos y Ammán, es decir, en ambos extremos del espectro político mundial. Dado que los medios de comunicación estadounidenses administran a los ciudadanos una dieta espantosamente tendenciosa de ignorancia y distorsiones -en la que nunca se habla de la ocupación con las escabrosas descripciones que se utilizan para los atentados suicidas, el muro delapartheid que está construyendo Israel, de 8 metros de altura, 1,50 metros de espesor y 350 kilómetros de longitud, no aparece jamás en CNN y las grandes cadenas (ni se menciona, ni siquiera de pasada, en la prosa anodina de la Hoja de Ruta), ni se muestra el tormento diario que representan los crímenes de guerra, las destrucciones y humillaciones gratuitas, las mutilaciones, los derribos de casas, la destrucción del campo y las muertes que sufre la población civil palestina-, no es de extrañar que los estadounidenses, en general, tengan pésima opinión de los árabes y los palestinos. Al fin y al cabo, hay que recordar que los principales medios de comunicación, desde la izquierda progresista hasta la derecha alternativa, tienen una actitud unánimemente antiárabe, antimusulmana y antipalestina. No hay más que ver la pusilanimidad de la que hicieron gala durante los preparativos de una guerra ilegal e injusta contra Irak, la poca cobertura que recibieron los grandes perjuicios provocados en la sociedad iraquí por las sanciones y las noticias, relativamente escasas, sobre la inmensa corriente mundial de opinión contra la guerra. Prácticamente ningún periodista, salvo Helen Thomas, ha llamado la atención al Gobierno por las escandalosas mentiras y «verdades» fabricadas que se vertieron sobre Irak justo antes de la guerra, las afirmaciones de que constituía una amenaza militar inminente; igual que, ahora, los grandes medios eximen de responsabilidad a esos mismos propagandistas del Gobierno, cuyos «datos» cínicamente inventados y manipulados sobre las armas de destrucción masiva son ya una cosa olvidada o que se considera irrelevante, cuando se habla de la horrible situación, literalmente inexcusable, que ha creado con gran irresponsabilidad Estados Unidos para el pueblo de Irak. Por mucho que se acuse a Sadam Husein de ser un tirano cruel, cosa que era, es cierto que había proporcionado al pueblo de Irak la mejor infraestructura de servicios como agua, electricidad, sanidad y educación de todos los países árabes. No queda nada en pie.

No es extraño, pues -dado el extraordinario miedo a ser acusados de antisemitas por criticar a Israel en virtud de sus crímenes de guerra cotidianos contra civiles palestinos inocentes y desarmados, o de antiamericanos por criticar al Gobierno estadounidense por su guerra ilegal y la pésima gestión de su ocupación militar-, que la perniciosa campaña de los medios y el Gobierno contra la sociedad, la cultura, la historia y la mentalidad árabes, dirigida por propagandistas y orientalistas del Neandertal como Bernard Lewis y Daniel Pipes, nos haya llevado a demasiados de nosotros a creer que los árabes son verdaderamente un pueblo subdesarrollado, incompetente y maldito, y que, con todos los fallos en materia de democracia y desarrollo, los árabes son los únicos del mundo tan atrasados, retrógrados, anticuados y profundamente reaccionarios. Ha llegado el momento de recurrir a la dignidad y el pensamiento histórico crítico para examinar qué es cada cosa y separar la realidad de la propaganda.

Nadie puede negar que la mayoría de los países árabes están gobernados en la actualidad por regímenes impopulares, y que numerosos jóvenes pobres y desfavorecidos están expuestos a las tácticas implacables de la religión fundamentalista. Pero decir, como hace habitualmente The New York Times, que las sociedades árabes están totalmente controladas, y que no hay libertad de opinión, ni instituciones civiles, ni movimientos sociales de y para el pueblo, es mentir. Sean cuales sean las leyes de prensa, uno puede ir hoy al centro de Ammán y comprar un periódico del partido comunista a la vez que otro islamista; Egipto y Líbano están llenos de publicaciones que indican que en esas sociedades hay mucho más debate y discusión de lo que se cree; los canales de televisión por satélite rebosan de opiniones de una variedad vertiginosa; en todo el mundo árabe, las instituciones civiles están muy vivas, muchas veces relacionadas con los servicios sociales, los derechos humanos, los sindicatos y los organismos de investigación. Es preciso trabajar mucho más para alcanzar un nivel de democracia suficiente, pero estamos en el buen camino.

Sólo en Palestina existen más de mil ONG, y son esa vitalidad y esas actividades lo que ha permitido que la sociedad siguiera funcionando a pesar de los esfuerzos diarios de Estados Unidos e Israel para herirla, detenerla o mutilarla. En las peores circunstancias posibles, la sociedad palestina no está derrotada ni se ha derrumbado por completo. Los niños siguen yendo al colegio, los médicos y enfermeros siguen cuidando de sus pacientes, los hombres y mujeres van a trabajar, las organizaciones celebran sus reuniones y la gente sigue viviendo, y eso parece ser una ofensa para Sharon y los demás extremistas que no quieren más que ver a los palestinos en la cárcel u obligados a marcharse. La solución militar no ha servido de nada, ni nunca servirá. ¿Por qué no lo entienden los israelíes? Tenemos que ayudarles a que lo entiendan, no mediante atentados suicidas, sino con argumentos racionales, actos masivos de desobediencia civil y protestas organizadas en todas partes.

Lo que intento decir es que tenemos que pensar en el mundo árabe, en general, y Palestina, en particular, con más sentido crítico y un punto de vista más comparativo que los que sugieren libros tan superficiales y despreciativos como What Went Wrong, de Lewis, y las ignorantes afirmaciones de Paul Wolfowitz sobre la democratización del mundo árabe e islámico. Se piense lo que se piense de los árabes, hay que saber que poseen una dinámica activa producida por el hecho de ser personas reales que viven en una sociedad real, con todo tipo de corrientes y contracorrientes, que no pueden caricaturizarse simplemente como un hervidero de fanatismo violento. La lucha palestina por la justicia, especialmente, es una cosa que suscita la solidaridad, no críticas sin fin, un desaliento frustrado y exasperado o divisiones agobiantes. Recordemos la solidaridad mostrada en Estados Unidos y en todos los rincones de Latinoamérica, África, Europa, Asia y Australia, y recordemos que es una causa con la que se ha comprometido mucha gente, a pesar de las dificultades y los terribles obstáculos. ¿Por qué? Porque es una causa justa, un ideal noble, una búsqueda moral de la igualdad y los derechos humanos.


Edward Said: Un símbolo de la diáspora palestina

Hasta fines de los ’60 Edward Said hacía clases de literatura en la Universidad de Columbia en Nueva York y pocos tenían claro su origen étnico. Sin embargo, cuando la entonces primera ministra israelí Golda Meir aseguró en 1969 que «ya no existen los palestinos», su visión sobre el tema cambió. Asumió sus orígenes y se convirtió en un defensor de la causa palestina -desde una postura secular- algo que mantuvo hasta su muerte, ocurrida ayer, 25 de septiembre, en Nueva York a los 67 años, víctima de la leucemia que lo afectaba desde 1992.

Su compromiso con el pueblo palestino lo llevó a integrar durante 14 años, entre 1977 y 1991, la Conferencia Nacional, el virtual Parlamento palestino en el exilio. Durante esos años fue un estrecho colaborado del líder palestino Yasser Arafat y el interlocutor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ante el Gobierno norteamericano. Sin embargo, cuando Arafat firmó los acuerdos de Oslo con el primer ministro israelí Isaac Rabin, Said rompió con él, acusándolo de haber «vendido a su pueblo a la esclavitud».

La situación llevó incluso a que en los últimos años algunos prohibieran sus libros. Un hecho que acrecentó su prestigio y que no afectó su compromiso con la causa palestina. Incluso hace dos años estuvo en el centro de la polémica, cuando durante una vista al sur de Líbano fue fotografiado lanzando piedras hacia el lado donde se encontraban los soldados israelíes que ocupaban el sur libanés. El lo calificó de «un acto simbólico de resistencia frente a la máquina militar israelí».

Nacido en Jerusalén en noviembre de 1935, abandonó esa ciudad a los 14 años junto a su familia después de que en 1947 Naciones Unidas decidiera, sin consultar al pueblo palestino, la partición del territorio de Palestina en un Estado judío y otro árabe. Su padre se trasladó entonces a Egipto, matriculando a su hijo primero en el American School de El Cairo y luego en el Victoria College, una institución de elite donde tenía entre sus compañeros de curso a destacados intelectuales y políticos árabes.

Doctorado en Literatura Inglesa en Princeton, en 1964, Said tuvo durante su vida tres grandes pasiones: la literatura, la causa palestina y la música. En este último caso, además de pianista llegó a ser crítico de música de la revista norteamericana The Nation. Además, junto a su amigo el músico Daniel Baremboin impulsó un proyecto musical que promueve la integración y la convivencia entre palestinos e israelíes a través de la música y que le valió ganar el año pasado el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Sus principales libros, entre los que destacan Orientalismo y Crónicas palestinas, entregan una visión crítica de la concepción occidental que ve a Oriente y Occidente como dos mundos virtualmente opuestos. Sus postulados lo enfrentaron en más de una ocasión a otro de los mayores orientalistas coloniales de la actualidad, Bernard Lewis, quien siempre cuestionó que los postulados de Said estaban demasiado influidos por sus propios resentimientos personales.

En el último tiempo Said había reconocido la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre un Estado palestino por la negativa israelí y el apoyo de Occidente al Estado judío y postulaba la creación de un Estado binacional, donde ambos pueblos convivieran con iguales de derechos.

BACH Y CHOPIN

Said, un gran apasionado por la música, se ocupó de aspectos relacionados con la teoría literaria, la crítica cultural y la musicología. Era además un consumado pianista, que interpretaba a Bach, Chopin o Beethoven y a quien le encantaba tocar piezas a cuatro manos con Barenboim, un gran amigo suyo.

Ambos crearon el Taller-orquesta West Eastern Diván, formado por músicos jóvenes palestinos, judíos y europeos, de edades entre los 15 y los 25 años.

Candidato al premio Nobel de la Paz, Said fue designado en 1992 miembros del «Foro de Sabios» de la UNESCO, un grupo encargado de identificar y definir los asuntos vitales para la labor presente y futura de la organización.

Fuente: http://www.mundoarabe.org/edward_said1.htm