1+12 razones de la guerra contra Siria

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Por Nazanín Armanian.

La destrucción de Siria, el miembro del “Eje del mal”, había sido planeada en 2003, una vez que la OTAN hubiese desmantelado Irak, Irán y Libia. El motivo, obviamente, no era acabar con otro de los “regímenes patrocinadores del terrorismo” teniendo en cuenta que Pakistán o Arabia Saudita no estaban en aquella lista de George Bush, que en realidad perseguía otros objetivos:

1. Eliminar a los rivales de Israel, que no “destruir países musulmanes porque era islamófobo” como afirman algunos, ni porque el “extremismo islámico fuese enemigo del occidente” como abogan otros. Que los regímenes de Saddam Husein, Gadafi o Assad hayan sido semilaicos, y que el “Occidente” haya tenido magníficas relaciones con los integristas oscurantistas saudíes, invalidan ambos argumentos

2. Engendrar “El Nuevo Oriente Medio”, que iría acompañado de grandes “dolores de parto”, según decía Condoleezza Rice. Su diseño exige despedazar los grandes Estados, formando mini protectorados y así garantizar el dominio duradero del imperio sobre la estratégica región con mayor reserva de hidrocarburo del mundo, pugnado por China, Rusia y Europa.

El plan ha sido exitoso: desde 1991 han sido desmembrados Irak (pues su Kurdistán es prácticamente independiente), Yugoslavia, el último país socialista de Europa, también Sudán, el país más grande del África “musulmán” y con importantes bolsas de petróleo, Libia defensora de Palestina, dueña de inmensos campos de petróleo y de bolsas de agua dulce, dividida entre yihadistas socios de la OTAN. Es hora de Siria, como un paso más para hacerse con el verdadero trofeo: Irán, la primera reserva del gas y la tercera del petróleo mundial.

Una desgraciada ubicación

Tras convertir al moribundo Irak en un montón de escombros, George Bush se centró en Irán, siguiendo la doctrina de “Doble contención” (Dual containment), que propone frenar el desarrollo de las naciones de Irán e Irak a beneficio de la supremacía de Israel. Para ello, además de imponerle sanciones económicas y castigos políticos a Irán, tenían que desintegrar el Eje de Resistencia (a Israel), alianza creada por Teherán con tres actores “vecinos” del país judío:  Siria, Hizbolá y Hamas. A cambio de prestarles apoyo financiero, político y militar, Irán contaría con su cooperación en caso de ser atacado por Israel. Por lo que:

1. Para realizar una agresión militar exitosa contra Irán, el equipo de Bush decidió primero desestabilizar Siria; con ello también desactivaría a Hamas y Hizbolá. Así lo confirman los cables del WikiLeaks de 2006 sobre las operaciones encubiertas de la CIA contra Damasco. Este es el principal motivo de la guerra que ha devastado Siria, aprovechando el caldo de cultivo de la crisis económica y social del país. Mientras, Barak Obama cuya prioridad es contener a China, se negó a una guerra bélica contra Irán —pero no a una ciberguerra y a una guerra económica—, y optó por convertir a Siria en una trampa para los rivales de Israel, alargando el conflicto hasta hoy. La crisis de refugiados” sirios en Europa hará de catalizador a la hora de desmantelar el Estado Sirio y poner fin al régimen de Assad.

2. Que EEUU pretenda:

3. Hacerse con el control militar de todo el levante mediterráneo: Siria, después de la caída de Libia de Gadafi, es el único país fuera de la área de la OTAN en la zona.

4. Dominar Eurasia —el “heartland” o “ Área Pivote”— desde Siria.

5. Desmantelar la base militar rusa en el puerto de Tartus. Destruir al ejército sirio, por sus tradicionales y profundos vínculos con Moscú —lo mismo hizo con los ejércitos de Irak y de Libia—.

6. Cortar la ruta siria de la Seda de China.

7. Y ahora presentar “la caída de Assad” como trofeo en la víspera de las elecciones presidenciales de 2016. Los demócratas no pueden permitir que Asad sobreviva a Obama.

8. Arabia Saudita y Qatar necesitan instalar en Irak y Siria regímenes sunnitas aliados para poder trazar el “Gaseoducto Árabe” que debe atravesar aquellos países para llegar al Mediterráneo. Pretenden reemplazar a Rusia en el suministro de gas a Europa, y anular el proyecto de gaseoducto Irán-Irak-Siria-Mediterráneo. Su objetivo de mantener bajos los precios del petróleo es forzar a Rusia e Irán —fuertemente dependientes de la renta de su hidrocarburo—, a que abandonen a Assad.

9. Turquía pretendía recuperar la hegemonía “otomana” y sunnita (versión Hermanos Musulmanes), sobre Siria, su mercado y sus reservas de gas y petróleo. Sin conseguirlo, ahora le urge impedir la creación de una autonomía kurda siria. Para ello planea incluso invadir Siria, a pesar del riesgo de quedarse atrapada en su lodazal.

10. Israel, que sigue bombardeando Siria, ha conseguido sus objetivos de acabar con aquel Estado y dejar a Irán sin su “profundidad estratégica”. En una insólita alianza antiiraní con Arabia Saudita y Turquía, ha aumentado el cerco del Estado Islámico a Irán, que ya está rodeado por miles de soldados de la OTAN.

11. Rusia, desde Siria, ha querido detener el avance de los yihadistas, con muchos chechenos en sus filas; mantener este gran mercado de armas; salvar su base naval en Tartus –cuyo valor estratégico es la base de Crimea en el Mar Negro-, y evitar el dominio absoluto de EEUU sobre Oriente Medio.

12. Los militares de Irán que se niegan a perder a Assad (y miran con preocupación el aumento de la tensión en el Líbano), se han involucrado directamente en la guerra, mientras el gobierno de Hasan Rohani ya habla de Siria sin Assad. Una división, aunque normal, podrá generar una peligrosa fractura política en el seno de la República Islámica.

Con tantos intereses enfrentados, ¿Será posible la paz en Siria?

Fuente: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3009/112-razones-de-la-guerra-contra-siria/

¿Por qué se libraron de la justicia los asesinos de Sabra y Chatila?

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Trigésimo tercer aniversario de la masacre. Entrevista.

En la conmemoración de 2010 una mujer palestina lleva el retrato de un ser querido asesinado durante la masacre de Sabra y Chatila (Sharif Karim Reuters)

En la conmemoración de 2010 una mujer palestina lleva el retrato de un ser querido asesinado durante la masacre de Sabra y Chatila (Sharif Karim Reuters)

Por Zeina Azzam, Electronic Intifada.

Esta semana se conmemora el 33 aniversario de uno de los crímenes más atroces de Israel. En septiembre de 1982 el ejército israelí rodeó el barrio de Sabra y el contiguo campo de refugiados [palestinos] de Chatila en el sur de Beirut. Israel dio a sus aliados de la milicia cristiana de derecha conocida como la Falange (1) carta blanca para masacrar a gran cantidad de civiles palestinos y libaneses que vivían en esta zona. Los soldados israelíes incluso lanzaron bengalas durante la noche para ayudar a los falangistas a encontrar sus objetivos.

Sigue sin saberse cuántas personas fueron asesinadas exactamente entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982. Los cálculos fluctúan entre 800 y 3.500 personas. Es difícil determinar la cifra exacta porque los cuerpos fueron quemados rápidamente en fosas comunes o no se encontraron nunca y muchos hombres fueron obligados a salir del campo y “desaparecieron”. A día de hoy no se ha dado información alguna sobre ellos.

Poco antes de la masacre la Organización para la Liberación de Palestina había sido evacuada de Líbano a consecuencia de un acuerdo al que se había llegado tras la invasión israelí de este país. Eso significaba que los habitantes de Sabra y Chatila se quedaban sin protección a pesar de la promesa que les había hecho Philip Habib, enviado del entonces presidente de Estados Unidos, de que se garantizaría su seguridad.

Ellen Siegel, una enfermera judía estadounidense, trabajaba en Chatila cuando se produjo la matanza. Testificó ante la Comisión Israelí de Investigación Kahan (2) que en 1983 concluyó que Israel era responsable indirectamente de la masacre. Cada año vuelve a Líbano para participar en las conmemoraciones.

***

Zeina Azzam: ¿Puede hablarnos de la conmemoración de las masacres de Sabra y Chatila que se celebra cada año en Bairut el mes de septiembre?

Ellen Siegel: Es desgarrador ver a los supervivientes, que perdieron a sus hijos, sus parejas, sus padres y otros miembros de la familia durante la masacre. Año tras año acuden a la conmemoración y llevan unos envejecidos marcos que contienen fotos amarillentas de sus seres queridos muertos durante la masacre hace 33 años.

En sus recuerdos sus hijos permanecen en sus corazones y en sus mentes como si el tiempo no hubiera pasado.

Para las personas supervivientes es muy importante saber que la gente todavía les recuerda y se preocupa por ellos, es importante venir a expresarles su solidaridad. Quieren que el mundo no olvide la masacre.

Fui a visitar a una mujer que todavía vive en el campo. Era una niña cuando ocurrió la masacre. Le hicieron ponerse en fila durante la redada de la gente del campo que hicieron los falangistas en 1982. O bien los milicianos le dejaron salir o escapó. Me dijo que en 32 años nunca había hablado de aquellos días y empezó a llorar. Como tantas personas de los campos compartieron la misma tragedia, no hablan de ello ni comparten sus experiencias. Parecen creer que sería casi autocompasivo.

Sigue habiendo personas que no saben qué ocurrió con sus seres queridos que “desaparecieron”.

ZA: ¿Qué cree que quieren estas mujeres que sepa el mundo cuando se manifiestan con las fotos de sus hijos asesinados?

ES: Dirían que recuerdan a sus seres queridos tal como eran entonces, que no tienen edad, siguen siendo unos maridos guapos, unos hijos queridos y unos familiares magníficos que en sus mentes permanecen tal como están en las fotos. Los siguen echando de menos y siempre los echarán de menos.

ZA: ¿Qué cree que los supervivientes de la masacre quieren del gobierno libanés en términos de responsabilidad por la masacre? ¿Qué cree que quieren de Occidente?

ES: Quieren que sean castigados los libaneses que participaron en esta masacre. Quieren saber qué les ocurrió a todas la personas “desaparecidas” desde 1982.

Ahora los falangistas han obtenido la inmunidad jurídica del gobierno, no pueden ser juzgados. Algunos de quienes participaron en la masacre conducen ahora taxis por Beirut, venden perfumes y hacen compras en Chatila los sábados porque es barato.

También querrían se impute a Israel la responsabilidad y no solo la denominada responsabilidad indirecta. Justo antes de la masacre y durante esta hubo una comunicación fluida entre Líbano, Estados Unidos e Israel.

También hay que imputar a estados Unidos la responsabilidad. Sigue habiendo documentos no clasificados al respecto.

ZA: ¿Cuál es la experiencia de los refugiados palestinos de Siria que están en los campos?

ES: Como sabemos la mayoría de nosotros, la situación en los campos de refugiados de Líbano ha empeorado mucho. Antes de la crisis de los refugiados sirios los campos de refugiados ya estaban extremadamente superpoblados y ahora uno de cada cuatro personas en Líbano son sirias, la mayoría de ellas pobres.

Muchos refugiados de Siria están escondidos en los campos. No pueden salir de ellos porque no tienen papeles y temen ser detenidos y/o deportados.

Se puede imaginar lo pésima que se ha vuelto la situación en los campos y en las calles. Algunas calles están abarrotadas de mendigos (mujeres con bebés, muchos refugiados acampados en la entrada del aeropuerto y otros que venden cosas como bolígrafos de coche en coche por las calles con mucho tráfico).

El pasado mes de septiembre visité a una familia procedente del campo de Yarmouk cerca de Damasco. Vivían en un espacio diminuto en Chatila, dos habitaciones muy pequeñas, un cuarto de baño pequeño y una cocina, sin muebles, prácticamente solo había colchones por los suelos. El padre tenía un buen trabajo en Siria: tenía varias gasolineras. Aquí se ve reducido a alguien que apenas puede sobrevivir o cuidar de su familia, incluido un niño enfermo. Le pregunté si había traído la llave de su casa en Siria. Me dijo que sí y también la llave de su casa en Palestina.

Me temo que no volverán a ninguna de las casas. Los hechos de 1948 se producen una y otra vez.

ZA: ¿Por qué vuelve cada año para la conmemoración? ¿Qué significa para usted personalmente?

ES: Para mostrar solidaridad, para recordar a las víctimas, para dar esperanza a los supervivientes, para hacerles saber que está bien llorar la pérdida y estar enfadado. Y, sobre todo, para decirles que seguiré luchando por la justicia.

Tengo un enorme respeto por las personas supervivientes. Quiero rendir tributo tanto a sus seres queridos como a ellas. Me siento muy agradecida de tener su amistad, el hecho de conocerlas y de formar parte de su historia me hacer sentir mejor persona. Les agradezco la oportunidad de tenerlas como parte de mi vida.

Notas de la traductora:

(1) Esta milicia cristiana libanesa tomó su nombre de la Falange española fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera como homenaje a esta.

(2) Véase “Informe de la ‘Comisión Kahan’ sobre la responsabilidad de Ariel Sharon en las matanzas de Sabra y Chatila (extractos)”, http://www.nodo50.org/csca/palestina/com-kahan_83.HTML

Zeina Azzam es directora ejecutiva [de la ONG estadounidense] The Jerusalem Fund.

Fuentes: https://electronicintifada.net/content/why-have-killers-sabra-and-shatila-escaped-justice/14841

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203455

 Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

 

Uruguay y las familias sirias refugiadas: Hacerse cargo

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Si el programa de reasentamiento gozó del lujo de seleccionar a cinco familias entre el millón y pico de refugiados sirios que se encuentran en Líbano, ¿por qué decidió traer a familias de las cuales duda que puedan sustentar a sus hijos en Uruguay? Si este país quiere seguir afirmando que traerlos es un gesto humanitario se tendrá que hacer cargo.

Por Florencia Rovira.
Ombu contratapa
Sirios por Ombú.

“¡Váyanse!”, fue lo más suave que algunos nacionales les gritaron a las familias de refugiados sirios en la plaza Independencia la semana pasada. “Sólo faltó que les tiraran piedras”, relató a Brecha –respecto del ambiente que se vivió en la plaza– Lourdes Buzakr, directora de uno de los programas educativos que recibió a algunos de los refugiados. Los uruguayos se quejan: de lo cara que es la vida, de lo malos que son los sueldos, del mal funcionamiento de los servicios, se organizan y protestan. Al sirio que quiso hacer lo mismo, que con sus pocos recursos y su escaso vocabulario logró formular un reclamo frente a periodistas que no tenían ni tiempo ni, en muchos casos, interés por comprender cuál era su situación, se lo llamó “de-sagradecido”.

En las redes, la conmiseración que la semana anterior había provocado la fotografía de un niño sirio ahogado en las costas turcas se transformó rápidamente en insultos a los refugiados en nuestro país.

Hasta ahí llegó, al parecer, la solidaridad uruguaya. Al instalarse los extranjeros frente a la Torre Ejecutiva, en una acción colectiva de protesta, el uruguayo promedio sintió que el honor patrio estaba siendo casi que mancillado. Inmediatamente brotaron en los medios las más variadas opiniones sobre supuestas barreras culturales que harían imposible su arraigo en Uruguay, concebidas la más de las veces por personas que nunca cruzaron una palabra con estas familias sirias.

El gobierno uruguayo por su parte se puede felicitar de haber superado el desafío de salir relativamente indemne de lo que se podría considerar como un fracaso de su política; hay que tener muy poca fe en el programa de acogida para pedir volverse al Líbano.

Naturalmente, el secretario de derechos humanos de la Presidencia, Javier Miranda, no se esforzó demasiado en explicarle a la prensa que la familia más urgida de irse de Uruguay era la misma a la que su equipo le había informado que podía viajar a Serbia como cualquier uruguayo. Este tropezón burocrático, que el propio secretario admitió a Brecha, le costó a esta familia la venta en Siria de un bien para pagar los caros pasajes y unas tres semanas durmiendo con sus seis hijos en el piso del aeropuerto de Estambul, antes de ser deportados de vuelta a Uruguay.

La ambición del programa de acogida, que Javier Miranda presentó en su inicio como “una jugada humanitaria” y “una trasmisión de valores al mundo” (véase Brecha, 11-VII-14), se trocó un año más tarde en un lacónico mensaje: “no somos los padres de esta gente”, y en la resignación poco culposa de que en Uruguay a lo sumo “serán pobres y dignos”. ¡Y cuán pobres!, habría que agregar. Unos rápidos cálculos bastan para descartar la idea que trascendió estos últimos días, de que las familias de refugiados reclamaban vivir en el lujo. Es que los medios se olvidaron de informar de que se trata de familias con muchos hijos (entre tres y 13), y para mantenerlos al menos en el umbral de la pobreza los adultos necesitan generar bastante más que un salario mínimo.

El umbral de pobreza de un hogar depende de la cantidad de sus integrantes. Si se considera la cantidad de integrantes de estas familias queda claro que el temor de no poder mantener a sus hijos dentro de un año, al terminarse los subsidios económicos, no tiene nada de disparatado. Para una pareja con seis hijos –tal es el caso de una de las familias–, aun un ingreso de 1.500 dólares mensuales no basta para evadir la pobreza. El padre de la familia con menos hijos (tres), que gana 11 mil pesos por mes, también tiene razón en preocuparse, y así lo admitió el mismo Javier Miranda a Brecha: “No estamos seguros de que esas personas vayan a poder sustentar a sus familias (con sus sueldos)”. Si él y su esposa trabajan cada uno por ese sueldo, apenas lograrán un ingreso que corresponde a la mitad de lo necesario para superar el umbral de pobreza en Montevideo para un hogar de su tamaño. Sus hijos no serán pobres, pues, sino muy pobres.

De estas consideraciones surge una interrogante obvia: si el programa uruguayo de reasentamiento gozó del lujo de seleccionar a cinco familias entre el millón y pico de refugiados sirios que se encuentran en Líbano, ¿por qué decidió traer a familias de las cuales duda que puedan sustentar a sus hijos en Uruguay?

Un argumento que se ha esgrimido en defensa del programa lo formuló el ex presidente José Mujica: “Pedí que me trajeran campesinos y me trajeron clase media”. La idea parecería ser que el único tipo de familias al que Uruguay puede garantizar un futuro viable es a aquellas que tienen un perfil agropecuario. Sin embargo, resultó que la familia que cumple con este requisito y se instaló cerca de Juan Lacaze sólo recibió una hectárea y media de tierra para labrar. Claro está que no le alcanza para alimentar a las 15 bocas que la conforman, ni para comprar las túnicas y cuadernos de los ocho escolares de la familia, además de cubrir los gastos de electricidad, agua, alquiler y teléfono.

En las discusiones que abundaron en los medios tradicionales y en las redes sobre las condiciones de vida de las cinco familias refugiadas se recurrió a una estrategia muy común a los movimientos xenófobos: confrontar a los pobres entre sí. En Uruguay ya hay pobres, por qué nos vamos a preocupar más por los sirios, se preguntaron muchos.

Más allá de que esta oposición es contraria a todo concepto de solidaridad, esa que tantos uruguayos defienden cuando apoyan, por ejemplo, una lucha sindical en la educación pública, desde un punto de vista filosófico la comparación directa entre una familia uruguaya y las familias que trajo el programa de reasentamiento es problemática en varios aspectos. La diferencia más conspicua es que los adultos de las familias de refugiados no dominan una herramienta indispensable para avanzar en la sociedad: el idioma. A los sirios se les ha negado esta posibilidad, ya que la Secretaría de Derechos Humanos admitió a Brecha que los adultos no saben leer y escribir en español y que tampoco es una meta del programa que lo sepan (véase Brecha, 11-IX-15). No recibirán más enseñanza de idioma que los cuatro meses de introducción que tuvieron, con lo cual los adultos responsables de mantener a sus familias todavía no dominan ni la escritura ni la lectura en español, y en la mayoría de los casos les cuesta mantener hasta una conversación muy básica. La falta de dominio del idioma es uno de los factores más importantes que juegan en la exclusión social, no paran de repetirlo sociólogos y economistas que estudian la integración de refugiados al mercado laboral. Es que ya no vivimos en épocas de la posguerra. En el Uruguay del siglo XXI es cada vez más inconcebible que un empleado no pueda leer en español para manejar una computadora o escribir un e-mail.

Las cinco familias sirias ya están acá, Uruguay es responsable de eso, y ahora también sabemos que no se podrán ir fácilmente aunque así lo deseen. Si Uruguay quiere seguir afirmando que traerlos es un gesto humanitario, se tendrá que hacer cargo. Si no, estas personas estarán condenadas a la exclusión. La mejor manera de aprender un idioma y manejarse en un nuevo país es mediante el intercambio humano. A ver si el uruguayo común que tanto rechazo expresó estos últimos días puede cambiar el insulto por una conversación y una mano. Seguro que le hará bien.

Ilan Pappé habla sobre apartheid, ideología, Chomsky y las contradicciones del “sionismo liberal”

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Ilan Pappé en Chile. Foto: Alejandra Fuenzalida

Ilan Pappé en Chile. Foto: Alejandra Fuenzalida

Khalil Bendib (KB): Ilan, su libro más reciente, escrito con Noam Chomsky y titulado: «Sobre Palestina», ofrece un interesante contraste entre las viejas y las nuevas perspectivas de la izquierda sobre la cuestión de Palestina, entre el pensamiento de dos generaciones sobre esta cuestión. Uno de los contrastes más marcados es la cuestión fundamental de la llamada solución de dos estados: gran parte de la izquierda liberal –siguiendo los pasos de la venerada ‘eminencia gris’ de la izquierda estadounidense, Noam Chomsky– básicamente abandona el principio ético de la igualdad de derechos para todos en nombre del pragmatismo. Usted habla de una vieja conversación versus una nueva conversación, y de un cambio de paradigma. Háblenos un poco más sobre esto.

Ilan Pappé (IP): La idea surgió porque cada vez que viajo fuera de Palestina y hablo con la gente, las personas tienen dudas acerca de estas ideas de dos estados, un estado, y me dicen: «Usted sabe que es el pueblo mismo el que tiene que decidir. No es nuestro papel fuera de Palestina o fuera del contexto palestino o israelí, dar consejos a las personas sobre cuál solución es correcta o equivocada”. Y yo por lo general respondo –y esa es la cuestión que planteo en el libro– que no es sólo cuestión de si uno apoya una u otra solución; el aspecto más importante de esto es: ¿entiendes las implicaciones que tiene el paradigma de la solución de dos estados? Porque de lo contrario uno se enreda en preguntas: ¿Es eso posible? ¿Es viable un solo estado? Y para mí eso no es lo que está en discusión, todavía. El debate principal es qué se esconde detrás de la idea de la solución de dos estados. Lo que está detrás de la solución de dos estados es este concepto: si el movimiento nacional judío y el movimiento nacional palestino llegaron más o menos al mismo tiempo al mismo lugar, y no fueron capaces de resolver la cuestión de a quién pertenece la tierra, y no fueron capaces de reconciliarse, lo que se necesitaba era una suerte de hermano mayor –en la forma de Estados Unidos y Gran Bretaña– que ayudara a estas dos partes a reconciliarse sobre la base de un enfoque yanqui de tipo empresarial, donde se divide la tierra, se divide la responsabilidad, y etc. Y esa es una manera muy equivocada de leer toda la historia de Palestina desde la llegada del movimiento sionista a finales del siglo XIX hasta la actualidad.

Esto no es un conflicto entre dos movimientos nacionales que luchan por el mismo pedazo de tierra. Se trata de la lucha entre un movimiento colonialista de asentamiento que llegó a fines del siglo XIX a Palestina y todavía intenta hoy colonizarla haciéndose de la mayor parte de la tierra con la menor cantidad de población nativa posible. Y la lucha de la población nativa es una lucha anticolonialista. Hay que ir a cualquiera de los estudios de caso históricos de un movimiento anticolonialista luchando contra una potencia colonialista y preguntarse: ¿en algún momento la idea de dividir la tierra entre el colonizador y el colonizado se presentó como solución razonable? Sobre todo para las personas que eran de izquierda o se consideraban a sí mismas como miembros conscientes de la sociedad. Y la respuesta es un rotundo no; por supuesto que nadie admitiría la división de Argelia entre los colonos franceses y los nativos argelinos. E incluso en lugares en los que hubo colonialismo de asentamientos, es decir, en los que la población blanca en cierto modo no tenía adónde ir, como en Sudáfrica: si una persona progresista sugiriera hoy que había que dividir el territorio de Sudáfrica entre la población blanca y la población africana, sería considerada demente en el mejor de los casos, y en el peor, hipócrita y fascista. Esta lógica, que es tan clara para mucha gente en cualquier otro lugar del mundo, de alguna manera no funciona en el caso de Palestina. Y por eso es tan importante para mí explicar que parte del problema es lo que yo llamo la vieja ortodoxia, el viejo lenguaje que utilizamos, incluso las personas progresistas que apoyan al pueblo palestino. El discurso de los dos estados en realidad es un lenguaje que no describe adecuadamente la realidad sobre el terreno en Palestina.

KB: Un problema fundamental que usted plantea es que, a diferencia de la lucha sudafricana, donde los opositores al apartheid no tenían ningún reparo en oponerse a la ideología de apartheid, una gran parte del movimiento de solidaridad con Palestina no se atreve a denunciar la naturaleza del sionismo. Y cuando eso ocurre se lo considera o se lo llama antisemitismo. Comente más por qué esa es una falla fundamental del movimiento.

IP: Sí, sin duda. Éste es un ejemplo importante. Está conectado con otro término –tal vez vamos a volver sobre esto en la charla–, y es que en vez de hablar de la solución de un estado, yo sugiero hablar del cambio de régimen.

KB: Sí, sí. Hemos hablado de eso.

IP: Los dos están conectados en el sentido de que cuando se analiza la situación en Palestina, cuando nos preguntamos por qué la población palestina fue expulsada masivamente en 1948, por qué a las y los palestinos en Israel se les puso bajo régimen militar entre 1948 y 1967, por qué ese régimen militar fue trasladado desde Israel a Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas en 1967, por qué los beduinos en el sur de Israel y las poblaciones palestinas en el norte de Israel, al igual que los que viven en Jerusalén, están sometidas a una política de expropiación de la tierra y de estricto control en los lugares donde viven, y por supuesto la pregunta: por qué Israel se niega a permitir que los refugiados regresen, e impone un sitio tan inhumano a Gaza; cuando nos hacemos todas estas preguntas y buscamos la respuesta, sabemos ahora –mejor de lo que sabíamos antes– que la razón de todo esto es ideológica: es la ideología sionista.

Todas estas políticas son tácticas que tratan de conservar la tierra de Palestina como parte de Israel sin considerar demográficamente a las y los palestinos como parte de los ciudadanos y ciudadanas de esa tierra. Y esta idea de segregar los derechos de las personas nos es familiar. Ahora bien, eso es una ideología; no es una respuesta táctica a un problema, ni es sólo una política. Ni siquiera es una estrategia. Es la visión sionista, compartida por todos los partidos sionistas. Y es el principal y casi el único obstáculo para la paz y la reconciliación en Israel y Palestina. No abordarlo, y sólo hacer frente a las políticas israelíes aquí o allá, sería similar a abordar ciertas políticas de Sudáfrica durante el apogeo del Apartheid sin tocar en absoluto al apartheid. Y esto, por supuesto, se complica aún más. No sólo los políticos y los medios de comunicación y el mundo académico se niegan a reconocer que la razón principal de la inhumanidad que campea en Palestina desde el siglo pasado es la ideología sionista; no sólo lo ignoran, sino que acusan a cualquiera que no lo haga de ser antisemita. Como si quienes condenaban al apartheid como ideología durante el apogeo de ese régimen nefasto hubieran sido acusados de ser anti-cristianos. Como te habrás dado cuenta en el libro, estoy aún más perplejo porque amplios sectores en el mundo occidental que por fin entienden esto, están siendo condenados por antisemitas por sus propias élites políticas; a pesar de que, por cierto, muchas de esas personas son judías.

KB: Bueno, entonces son “judíos que se odian a sí mismos”. [risas]. Así que no se puede escapar del estigma.

IP: No. De hecho, es un fenómeno que si uno lo mira con ojos fríos, es una locura. Es realmente una locura que, por ejemplo, cuando activistas judíos progresistas de Estados Unidos –que estuvieron en la vanguardia de la lucha por los derechos civiles en la década de 1960, que iniciaron el movimiento de solidaridad contra el apartheid en Sudáfrica, que se opusieron al imperialismo en Vietnam, en Chile, en otros lugares– aplican el paradigma universal de los derechos humanos a Israel, se les acuse de ser judíos que se odian a sí mismos; esto demuestra que se trata de algo anormal. Y eso sólo se puede hacer mediante la intimidación, el lobby, la presión y probablemente una buena dosis de islamofobia. De lo contrario, es muy difícil explicar lógicamente por qué esta manera tan humana y normal de analizar la situación es tratada así.

KB: En su libro, «Sobre Palestina», en coautoría con Noam Chomsky, usted habla del término «ortodoxia de la paz», al que considera como una tendencia más racista que pragmática. Usted llega a decir que entre los defensores de la solución de dos estados «el diccionario de la ortodoxia de la paz surgió de la creencia casi religiosa en la solución de dos estados. Y eso viene directamente de una versión temporal de ‘1984’ de Orwell”.

IP: Sí. Es una neolengua. Quiero decir, aquí estoy usando a Orwell en su referencia a la neolengua, ese tipo de lenguaje que no sólo nos impide llamar al pan, pan, sino que designa exactamente lo contrario. Por lo general, una realidad cruel se describe como algo benévolo en la neolengua de Orwell. Y creo que lo mismo pasa con ciertos términos que para mí son sagrados: «paz», «justicia», «reconciliación» son tres de las palabras más sagradas en nuestro vocabulario como seres humanos. Ellas realmente representan la forma más alta del anhelo humano de vivir en paz unos con otros, de vivir en una sociedad mejor. Ahora, utilizar estas palabras con el fin de encubrir un proceso que en los hechos logra exactamente lo contrario –en lugar de la reconciliación, siembra más división, animosidad y odio; en lugar de paz, crea la guerra; y en lugar de justicia, mantiene un sistema de apartheid–; usar estas palabras como un escudo protector para describir una realidad que es exactamente lo contrario de lo que significan, eso para mí es incluso peor que el racismo. Es una especie de pesadilla orwelliana que tengo cuando la gente empieza a usar las palabras de esa manera.

Creo que lo que pasó –y yo trato de describirlo en la introducción al libro– es que la idea de los dos estados comenzó como una estratagema israelí sionista después de 1967 para conciliar un problema muy simple: habían expulsado a millones de palestinas y palestinos en 1948, pero debido a su apetito territorial, querían tomar las partes de Palestina que no habían ocupado en 1948 (Cisjordania y la Franja de Gaza); pero con el territorio llegó otro millón y medio de población palestina (hoy en día tres millones). Para conciliar el hecho de que ahora tienen la totalidad de la tierra, pero enfrentan lo que para el movimiento sionista es una pesadilla demográfica, uno de los medios que han utilizado es el proceso de paz. El proceso de paz fue utilizado por los israelíes como una especie de mensaje para decirle al mundo: «Como pueden ver, ahora le estamos negando a los palestinos en los territorios ocupados todos los derechos humanos y civiles fundamentales. Como pueden ver, estamos expropiándoles sus tierras, estamos construyendo asentamientos judíos en ellas, estamos expulsándoles masivamente y encarcelándoles incluso por atreverse a izar la bandera palestina. Pero todo esto es temporal, por supuesto; cuando llegue la paz, se eliminarán todas estas medidas». Por supuesto, se puede entender por qué las personas de izquierda en Occidente sucumbieron a esta explicación después de cinco o de 10 años de ocupación. Todavía se puede entender por qué podrían seguir teniendo esperanza de que los israelíes fueran sinceros, o de que el mundo tiene el poder de obligar a Israel a serlo. Pero después de casi 50 años, aferrarse a esta idea –que es una estratagema israelí para profundizar la colonización de las zonas que ocuparon en 1967 y para eliminar cualquier posibilidad de negociar las zonas que ocuparon en 1948, o el retorno de las y los refugiados– es ser realmente muy rígido y dogmático en la percepción de la realidad. Se podría haber esperado que las voces críticas de las izquierdas estadounidense y europea estuvieran un poco más alertas a la clase de trampa que Israel muy hábilmente les ha puesto.

KB: Usted dice que la limpieza étnica está en el ADN mismo del Estado judío, que el cambio no puede venir desde dentro y que tendrá que venir, como en Sudáfrica, desde el exterior. De ahí la necesidad de un movimiento mundial para obligar a Israel, o para forzar un cambio de régimen en Israel, como usted decía. Díganos más sobre esta idea del cambio de régimen (que en Estados Unidos tiene una connotación más bien negativa) [risas].

IP: Por supuesto. Lo vinculo a otra forma en que el lenguaje correcto es falseado por la gente. Creo que cuando las masas salieron a manifestar en Egipto y en Túnez, en el mundo árabe y en otras partes, y exigían que cayera el régimen, la mayoría de nosotros se identificó con ellas. Pensamos que era un movimiento masivo no violento de personas que le decían a sus gobiernos: ustedes no son democráticos, son autoritarios; queremos que su régimen cambie. Pero el único cambio de régimen que funcionó, como sabemos, fue el que fue derrocado por la fuerza aérea y el poder estadounidense junto con sus aliados en Irak y Afganistán. Y las consecuencias terribles de esto se pueden ver hoy en día. Por otro lado, hemos visto la caída de regímenes autoritarios en América Latina y Europa del Este. El cambio de régimen no siempre fue un ataque sangriento de fuerzas extranjeras contra la voluntad del pueblo. Así, cambio de régimen por sí mismo no es un término negativo. Depende de qué régimen se cambia y cómo se lo cambia.

Y acabo de decir que esto es ahora un discurso legítimo entre los estrategas en EE.UU., entre los que diseñan las políticas; y ellos dicen –aunque yo, como tú, tengo muchas dudas sobre su sinceridad– que les gustaría ver a los regímenes no democráticos volverse democráticos. Dejando de lado el cinismo en ciertos casos, es sorprendente que, de nuevo como en el caso de la ideología, cuando alguien plantea esa posibilidad acerca de Israel, inmediatamente lo acusan de que quiere ver la destrucción del pueblo judío. Pero es mucho peor que eso. Soy consciente de la correlación de fuerzas; incluso con la mayor ayuda exterior, cambiar la realidad en Israel no sería un proyecto fácil. No sería fácil convencer a los millones que viven allí –hoy ya en la tercera generación– de que renuncien a los privilegios, al poder que tienen. Por supuesto, la presión internacional puede ayudar a lograrlo. Pero aún más que eso, tenemos que darnos cuenta de que generar la presión internacional desde el exterior, como cualquier palestino te dirá, es un proceso muy largo y lento. Y mientras esperamos que la presión exterior se materialice, el ritmo de destrucción sobre el terreno se ha acelerado. Estamos frente al peligro de que, aun cuando tengamos éxito en reclutar esa presión internacional eficaz, quedará muy poco que salvar en la práctica. Y debido a eso, creo que también es importante tener metas realistas para el movimiento que lucha desde dentro.

Hemos creado un movimiento por un solo Estado, al que llamamos TODS (The One Democratic State) en toda la Palestina histórica, incluyendo Ramala, Yaffa, Haifa. Creemos firmemente – palestinos/as y judíos/as–que debemos lograr también pequeños avances hacia un cambio de régimen. Si no podemos obligar al gobierno a cambiar sus leyes de apartheid, sus políticas de limpieza étnica o de genocidio en Gaza, debemos tratar de crear enclaves que muestren que existe una forma alternativa de vivir, que vamos a seguir resistiendo estas políticas como un movimiento masivo. No es sólo la presión exterior lo que va a funcionar. Creo que es muy importante establecer una meta realista, y que sea viable, para las personas que luchan en la base. Si tú escuchas a la Autoridad Palestina, la única meta por la que las y los palestinos deberían luchar es por un bantustán en Ramala. Esto no despierta la imaginación de nadie, como se puede ver. Ni aterroriza a los israelíes; por el contrario, están muy contentos con semejante objetivo final de la lucha palestina. No ofrece nada a las y los judíos progresistas que comprenden que viven en una sociedad colonialista pero que sigue siendo su tierra natal, y querrían vivir en una sociedad más justa. Así que creo que el cambio de régimen aquí no es algo para esperar sólo del exterior. Es algo que se quiere hacer también desde adentro, aun si sólo se puede avanzar muy lentamente, paso a paso. Eso une a la gente, le da un objetivo claro, y la aleja de los falsos paradigmas de la paz, como la solución de dos estados.

KB: Usted acaba de mencionar el término apartheid y el paralelo entre Sudáfrica y Palestina, que de hecho es tan novedoso como inspirador para el futuro. Pero Chomsky, en este libro «Sobre Palestina» le responde que las cosas no son tan simples y que en Sudáfrica un par de cosas eran diferentes: el asentamiento de los colonos no buscaba, como en Palestina, reemplazar a la población nativa; y en Sudáfrica la intervención militar cubana en los años Ochenta contribuyó a la derrota del apartheid, incluso militarmente, mientras que el equivalente no se da en Palestina. ¿Qué responde a estas dos críticas de Chomsky?

IP: Tiene razón, y hay muchas otras diferencias entre los dos estudios de caso. Pero creo que Chomsky y yo diferimos en una línea tenue –y creo que fue el difunto Edward Said quien definió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo esa línea tenue que hay entre un análisis académico y el análisis de un activista. Desde un punto de vista académico, hay muchos aspectos de la realidad de Sudáfrica que son diferentes de la de Palestina; podría mencionar la falta de cualquier equivalente al lobby judío en el caso de Sudáfrica; puedo mencionar también el Holocausto como un elemento decisivo en la historia de Palestina, y no hay nada equivalente a eso en el caso de Sudáfrica. Y por supuesto, hay diferencias entre la forma en que el régimen de apartheid se manifestó en Sudáfrica y la forma en que el paradigma o la estructura de la limpieza étnica funciona en Israel. Pero éstas son minucias que en realidad no socavan la comparación fundamental, que es la más importante.

Hay tres cuestiones aquí que creo que sólo se pueden entender si uno ve su papel no sólo como erudito que compara dos estudios de caso, sino como un activista que quiere inspirarse en una lucha exitosa y trasladar ese éxito a una lucha que hasta ahora no lo ha tenido. Los tres puntos son los siguientes: A) La imagen internacional de la Sudáfrica del apartheid y la imagen internacional de Israel. En muchos aspectos, lo que Israel está haciendo es mucho peor que lo que hizo Sudáfrica. Esto ha sido reconocido por líderes sudafricanos y por muchas personas de conciencia en todo el mundo. Así que ¿por qué no recibimos el mismo tipo de condena internacional, siendo Israel un Estado delincuente, como en el caso de Sudáfrica? Y una de las razones por las que no podemos hacerlo, es porque todavía no hemos hecho lo suficiente para lograrlo. No es imposible: el movimiento BDS ha demostrado en su corta historia, con sus increíbles logros hasta el momento, que podemos hacerlo; definitivamente podemos hacerlo. B) La inspiración que la generación más joven de activistas, especialmente en Occidente, recibió de la lucha a favor del Congreso Nacional Africano, del movimiento anti-apartheid; eso es muy importante. Y la Semana del Apartheid Israelí (IAW) ha transformado las universidades norteamericanas y europeas en espacios donde los voceros oficiales israelíes no son bienvenidos. Y esto no se podría haber hecho si nos hubiéramos atenido a un tipo de comparación meramente académica entre la Sudáfrica del apartheid e Israel. Esto sólo se puede hacer cuando la gente entiende que la misma energía que enfureció a las personas decentes en Occidente acerca de las realidades de Sudáfrica puede enfurecer hoy a la gente sobre la situación de Palestina. Y no hubo ninguna necesidad de inventar la rueda, a pesar de que muchos estudiosos hayan demostrado que el apartheid en Israel es un poco diferente del apartheid en Sudáfrica. C) En tercer lugar –y para mí el punto más importante–, algo que tiene que ver con los apellidos y los nombres de pila. El apellido familiar es «racismo». El apartheid sudafricano era una sociedad racista. Israel es una sociedad racista. Sí, tienen diferentes nombres, pero pertenecen a la misma familia. Y esa familia es un paria, al menos oficialmente, en todo el mundo, excepto en un caso. Y no se puede poner de relieve este excepcionalismo sin mostrar el último caso de excepcionalismo que fue desafiado con éxito.

Y creo que por eso es tan importante no atenerse siempre a los datos minuciosos, a la comparación erudita, estricta de categorías y subcategorías, y permitirse a veces dejarse llevar por la energía que proviene de las activistas. Esa energía a veces se da cuenta intuitivamente, no de forma académica, de lo que es y lo que no es comparable; de lo que es fuente de inspiración y lo que no lo es. Por eso estoy editando un libro –que espero que salga muy pronto; la elaboración llevó mucho tiempo por varias razones técnicas– que compara a Sudáfrica con Israel. Soy el editor de esa recopilación.

Se trata de una colección de artículos editados por Publicaciones Zed en Londres. Y allí los estudiosos muestran las diferencias de una forma mucho más detallada de la que Noam describe en el libro. Sin embargo, lo que creo que es común a todos estos estudiosos es la comprensión de que hacer un estudio comparativo con Sudáfrica les abrió los ojos sobre las posibilidades en Palestina, cambió la forma de abordar la realidad de Palestina. De hecho, es el modelo sudafricano, o el estudio de caso, lo que nos permitió deshacernos de la solución de dos estados, no sólo como una solución imposible, sino también muy peligrosa. Y no creo que se podría haber desarrollado esta perspectiva sin entender cómo funcionó el movimiento colonialista en Sudáfrica.

KB: De nuevo, en oposición al ‘pragmatismo’ de Chomsky, usted coloca no sólo el derecho al retorno de las y los refugiados en el centro de una eventual solución a la cuestión palestina, sino también la reparación por lo que les pasó durante los últimos sesenta y pico de años. Explíquenos por qué esto no es sólo un sueño utópico, y cómo estas dos condiciones esenciales son fundamentales para una verdadera solución de futuro en Palestina-Israel.

IP: Sí, en efecto. Creo que mi punto de partida sobre el derecho al retorno es muy diferente del de quienes lo valoran pragmáticamente. Es decir, si es factible, o incluso la cuestión –que de todos modos es discutible– de si Israel tiene la capacidad de absorber tal cantidad de gente, en caso de que todos los refugiados y refugiadas quisieran volver. Creo que esa no es la cuestión ahora, y no es la razón por la que estamos planteando el tema. El derecho al retorno es un síntoma de la naturaleza racista del régimen sionista en Israel. Ese es el problema principal. La objeción de Israel al retorno se deriva del mismo razonamiento ideológico que hay detrás de la política de judaización en Galilea, la destrucción de aldeas beduinas en el Naqab (Negev) en el sur de Israel, la bantustanización de Cisjordania y la guetización de Gaza . Se deriva de la misma razón: los sionistas, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, siempre han querido tener la mayor cantidad posible de tierra con el menor número posible de población árabes. Y por lo tanto, cuando uno apoya el derecho al retorno, no sólo está reconociendo un derecho individual que fue reconocido por la comunidad internacional en la Resolución 194 del 11 de diciembre de 1948; no sólo está adhiriendo a todas las convenciones internacionales sobre el derecho de las y los refugiados a regresar; lo que es más importante, uno está echazando que sea legal, moral y políticamente aceptable la idea de que la población indígena no tienen derecho a vivir en su propia tierra. Y creo que ese es el tema principal. Ahora, por supuesto –y otra vez voy a la diferencia entre el trabajo académico y la perspectiva activista– los académicos le dirán, y con razón, que si usted hace un análisis antropológico de la población palestina que está en los campamentos de refugiados, entre los palestinos que viven en el exilio, e incluso en lugares que ellos mismos eligieron, encontrará interpretaciones absolutamente diferentes de cómo ven la aplicación del derecho al retorno. Claro. Las personas tienen diferentes puntos de vista si, por ejemplo, ahora están refugiadas por segunda vez en el Líbano, después de salir del campo de Yarmuk destruido, o si viven…

KB : En Siria, sí.

IP: Sí. Tendrán una perspectiva diferente. Pero ese no es el punto. El punto sobre el derecho al retorno no es en este momento su viabilidad, sino ¿qué es lo que indica? Y tenemos un ejemplo horrible de eso, que, por supuesto, los medios de comunicación occidentales han ignorado totalmente, y creo que a propósito. No recuerdo si lo he mencionado en el libro, pero yo lo mencioné recientemente en un artículo. El único país vecino de Siria que no recibió a un solo refugiado, el único país, es Israel. Todos los otros vecinos de Siria, con todos sus problemas internos, con toda su pobreza, con todos los aspectos más negativos de sus regímenes, no rechazaron a las y los refugiados de Siria, y les dieron refugio. El único país que no lo hizo fue el vecino más rico de Siria. Ni siquiera tendió la mano desde un punto de vista humanitario –olvidémonos de la política– para decirle a la gente que vive en Yarmouk: «Sabemos que sus hermanos y hermanas que viven en Galilea (y no estoy usando el término metafóricamente: sus hermanos y hermanas, sus sobrinas y sus primos reales) están esperándoles para recibirles, para darles una solución temporal al infierno en el que están viviendo». Lo único que Israel está haciendo es recibir en sus hospitales a algunos de los combatientes islámicos más fanáticos; los cura y los envía de nuevo para que continúen la guerra en Siria. Esto te muestra lo que significa el derecho al retorno. Y de un cuarto de millón de personas desplazadas internas palestinas, Israel se niega a permitirle a una sola de ellas regresar a sus aldeas demolidas. Y todo tiene el mismo origen. Así que si usted utiliza razones pragmáticas para explicar por qué el derecho al retorno es una utopía y no es factible, usted está diciendo que oponerse al racismo sionista es una utopía y no es realista. Bueno, si ese es su punto de vista, allá usted. Yo considero que luchar contra el racismo es la misión más realista, menos utópica, que he asumido en toda mi vida adulta.

KB: Así que para usted es tanto una cuestión de principios, de valores universales, así como la base fundamental de algo que en realidad podría funcionar en el futuro.

IP: Absolutamente. Usted sabe, hay investigaciones famosas de Salman Abu Sitta, quien mostró que la mayoría de la población refugiada podría asentarse en sus lugares de origen sin quitar a una sola de las personas judías que viven allí. Y hay mecanismos para reasentar a personas retornadas, se ha hecho antes. Y para curar las heridas, no sólo en Palestina, sino también en el resto del mundo árabe, habrá que ponerle fin al problema de las y los refugiados palestinos. La única manera es reconocer el derecho individual de cada una de ellas, ya sean muchas o pocas las que decidan regresar. Si usted empieza a hablar del problema de la implementación en un país que gustosamente recibió a un millón de judíos y judías de Rusia sin ningún problema de infraestructura, entonces está cayendo en la trampa de eludir la pregunta: ¿Por qué Israel rechaza el derecho al retorno?, y no si el derecho al retorno es factible. Yo creo que, por supuesto, es posible y es factible. La paz es posible, la reconciliación es posible. Lo hemos visto en Sudáfrica. Lo que es muy difícil es convencer a la gente que tiene todos los recursos naturales en sus manos, todos los privilegios, toda la tierra, que tiene que redistribuir esos activos para que todos puedan vivir en una relativa paz con justicia.

KB: Usted mencionó también, volviendo al paralelismo entre Palestina y Sudáfrica, a sabiendas de que tantas personas de buena voluntad, progresistas, que lucharon contra el racismo, están decepcionadas por el resultado del post-apartheid en Sudáfrica en el presente, donde las personas son tan infelices –si no más en muchos aspectos, al menos económicamente. Por eso usted indica en este libro «Sobre Palestina» que un sistema económico más justo e igualitario debe ser parte de la solución en Palestina. Esto también puede sonar utópico hoy, porque estamos inmersos en este sistema económico neoliberal increíblemente fundamentalista, pero que tampoco puede durar para siempre. Usted señala que eso es parte de la solución, que más allá de la igualdad de derechos para todos, también se necesitará un sistema más igualitario.

IP: Exactamente. Déjame decirlo de esta manera: hay dos cuestiones que uno tiene que decir sobre el apartheid económico en Sudáfrica, que continúa. Por un lado, no se debería subestimar el éxito de haber eliminado el apartheid político. No es la misma Sudáfrica. Como dije en mi última gira en Sudáfrica a las personas que me cuestionaron sobre eso: «Bueno, ustedes tomaron el tren para poner fin al apartheid político, y llegaron a la estación final. Ahora tienen que subirse al tren para poner fin al apartheid económico. Esto no significa que el viaje ha terminado”. Les dije: «Nosotros en Palestina seguimos buscando la estación para empezar el viaje hacia el fin del apartheid político». Por lo tanto, desde nuestra perspectiva, las cosas han cambiado en Sudáfrica, pero estamos plenamente conscientes de todo lo que falta hacer. La segunda cuestión es que, por supuesto, usted puede aprender de eso. Y tenemos un ejemplo con la Autoridad Palestina, en la forma en que la ayuda internacional neoliberal llega a Cisjordania: cientos de millones que ayudan –involuntariamente en la mayoría de los casos, se podría decir– a sostener el control israelí de Cisjordania. No cambian de ninguna manera significativa la realidad sobre el terreno, aun cuando algunos donantes hayan querido usar ese dinero para buenos propósitos. Y eso significa que, cuando hablamos de lo que yo he llamado el cambio de régimen, y buscamos la pequeña estación en el camino hacia el gran éxito, a veces, por ejemplo, trabajar por la justicia social no es menos importante que trabajar por la justicia en general. Cuanto más se integren plenamente ambas dimensiones en la lucha, más realista será. Éste es un buen ejemplo: no creo que se pueda realmente construir una realidad diferente en Palestina sin redistribuir la tierra.

Porque el sionismo fue construido fundamentalmente mediante la expropiación de tierras. Si hoy hay 12 millones de personas entre el río Jordán y el Mediterráneo, y la mitad de ellas son palestinas y la otra mitad son judías, éstas tienen más o menos el 85% de la tierra. Ahora, si alguna vez hay buena voluntad o incluso una campaña internacional exitosa, esa no es la base para construir algo nuevo. Por lo tanto, eso tiene que ser integrado en la nueva conversación, en el proyecto educativo que algunos estamos tratando de impulsar en Israel y Palestina, y también en el debate internacional sobre el tema. Pero, ya sabes, la solución de los dos estados se adapta tan bien al paradigma neoliberal, que afirma que está utilizando una medida muy sensible llamada partición entre dos bandos en conflicto, cuando en realidad le está dando a una de las partes el 80% de la tierra y a la otra el 20%; y lo vende como un trato justo. Eso es exactamente el neoliberalismo: la idea de que la correlación de fuerzas determina qué significa la igualdad. En realidad, es la desigualdad en esencia. Pero, de nuevo, este nuevo discurso sobre el neoliberalismo es muy, muy importante.

Es posible que yo sea un poco más optimista que tú en esto porque soy historiador, y creo que algo se quebró en el sistema capitalista en 2008. Y todas las soluciones cosméticas que parecen estar funcionando para que todo el mundo mire las pantallas verdes en lugar de mirar la pantalla roja, y Wall Street y todas las demás medidas del crecimiento económico… Creo que eso es una fachada. La realidad es que 2008 le mostró a las personas que no han leído a Marx, que no han sido educadas como socialistas, el lado siniestro del sistema. Fue muy interesante ver cómo Naomi Klein cambió de una agenda totalmente enfocada en la ecología hacia una agenda que conecta el capitalismo al desastre ecológico. Creo que todas estas cosas indican que estamos en el comienzo de un proceso que realmente preocupa a la gente, incluso en Occidente. No sé si va a tener éxito con todas las distracciones, la más importante de ellas, la islamofobia. Como si estuvieran más ocupadas con el terrorismo que con su seguridad social. Pero esto no se va a sostener fácilmente. Yo sé que los poderes fácticos son omnipotentes en muchos sentidos. Pero creo que en la era de la información les está resultando más difícil seguir engañando, desinformando y distrayendo a la gente de las realidades concretas. Creo que sería genial que pudiéramos integrar la cuestión de Palestina a la discusión sobre la justicia social en Estados Unidos, en América Latina. Estamos empezando a hacerlo, y no es de extrañar. Tú puedes ir a Noruega y encontrarte a las mujeres que protestan por los salarios en una fábrica textil, agitando la bandera palestina. Si les preguntas: «¿Por qué la bandera palestina?», te dirán: «Porque para nosotras es un símbolo de la justicia social».

KB: Sí, y vistiendo la kuffiyah, es cierto. [risas]

IP: Sí. Y lo ves en otros lugares.

KB: En este libro con Chomsky, «Sobre Palestina», así como en el anterior, usted habla del importante concepto de la producción de conocimiento como una herramienta fundamental para perpetuar el statu quo y continuar la limpieza étnica de Palestina. Esto también es controversial, porque incluso fuera de Israel esa producción de conocimiento, cuando se trata del tema Palestina, está controlada en gran medida por las fuerzas pro-Israel. ¿Por qué es un tabú? Chomsky, en particular, se niega a tomarlo en cuenta; le resta importancia dramáticamente. El origen de este sesgo es algo que nunca entra en la discusión. Y él dice que es simplemente el imperialismo en acción, la sed de petróleo, etc. Una gran parte de izquierda norteamericana y de la izquierda europea siguen a Chomsky en esa dirección. ¿En verdad es tan irrelevante como se lo presenta el hecho de que ‘la gente del libro’ está a cargo de la producción de conocimiento, incluso fuera de Israel? No exclusivamente, pero tienen un gran poder en la industria editorial, en los medios de comunicación, en Hollywood, etc. ¿No es eso parte de lo que enfrentamos?

IP: Creo que es un análisis muy estático. Creo que la producción de conocimiento es un proceso dinámico. Si tomas una imagen fija de ella, entonces sí es una buena descripción. Pero si tratas de filmarlo, es un movimiento, lento por supuesto; se trata de un movimiento tectónico, no es un terremoto. Quiero decir, es un lento movimiento de bloques, si quieres, pero está sucediendo. Se entiende esto cuando se compara el tipo de cosas que se escribían, se enseñaban y se estudiaban sobre Palestina hasta la década de 1980 con nuestros días. Hay un cambio fundamental en la forma en que se produce conocimiento sobre Palestina. Es cierto que, como en el caso de los medios de comunicación, el sector académico convencional es tímido, a veces islamófobo, y por lo tanto los cambios no han llegado a un nivel importante de la producción de conocimiento. Esto también está conectado con el capitalismo y el neoliberalismo. Quiero decir, las universidades hoy en día trabajan con el supuesto de que pueden, al igual que los grandes bancos, determinar qué publicación es importante y cuál no lo es. Por lo tanto, el poder, el capital y el conocimiento están conectados de una manera que sirve a los israelíes más que a los palestinos. Bueno, en realidad no le sirve a ningún sector desfavorecido de la sociedad. Pero si sólo miras eso, lo sacas del contexto de la revolución en la producción de conocimiento que hemos tenido a través de internet, por ejemplo; y de la creciente sospecha, incluso entre los mismos académicos, sobre la forma en que se produce el conocimiento y sobre la jerarquía en la producción de conocimiento. De nuevo, entiendo que esos son cambios, aunque muy lentos.

A la gente le gustaría tal vez ver resultados más rápidos, tangibles. No tiene paciencia para mirar las cosas desde una perspectiva más histórica. Pero yo soy historiador y puedo ver el cambio; puedo ver la transformación. Creo que Noam, por ejemplo, en cierto modo soslaya la decisión [de boicot académico a Israel] adoptada por la Asociación de Estudios Americanos, la Asociación de Lingüística, la próxima decisión de la Asociación de Estudios de Medio Oriente. Él no cree que sean muy importantes. Yo creo que son altamente significativas. Estamos empezando a arañar los bordes de los centros de poder. Sí, aún no son los centros mismos del poder, pero estamos muy, muy cerca. Para agregar algo más: en Israel mismo, como se ha visto en las últimas elecciones, el otro resultado inevitable del sionismo se revela ante nuestros ojos. Es una consecuencia terrible para las y los palestinos; pero por otro lado nos dimos cuenta de que el sionismo es una trampa horrible también para las y los judíos en Israel. El tipo de políticas que se elaboran, la clase de ideología que sale de lo que es Israel hoy, no permite ni siquiera a los judíos que eran sionistas liberales permanecer indiferentes. Ellos ahora están tratando de buscar la forma de decirnos: «No, no. No nos identifiquen con eso». Incluso sin hacer nada, Israel está acelerando el ritmo por el cual se convertirá en un estado paria. Esto tendrá un efecto también en la producción de conocimiento. Pero creo que no debemos subestimar lo que ha sucedido en la década de 1980. Hoy es imposible en ningún lugar serio vender el relato sionista como una narrativa seria. Quienes la aceptan como una narrativa seria admiten casi abiertamente que lo hacen ya sea porque reciben dinero o porque le tienen miedo a alguien. Muy pocas personas dirán que es porque esa narrativa refleja lo que realmente piensan sobre la realidad.

KB: Usted mencionó anteriormente en nuestra discusión lo que llama el lobby judío, que nosotros solemos llamar el lobby israelí, para no incluir a toda la comunidad judía; porque la gente es muy sensible al respecto. Y en realidad, si nos fijamos en cómo funciona en Estados Unidos, no es sólo el Comité de Asuntos Públicos EE.UU.-Israel (AIPAC), ni siquiera es sólo la comunidad judía organizada, que es muy de derecha y tiende a ser más de derecha que el conjunto de la comunidad: es también una cantidad de personas que sienten algo por Israel, que simpatizan y ayudan de cualquier forma que puedan; ya sea si trabajan en los medios de comunicación, o donde quiera que estén, y aportan mucho dinero. Así que es todo un esfuerzo de grupo, aun si representan sólo al 30% o 40% de la comunidad, pero son muy poderosos, nos guste o no. Es un hecho que Chomsky se niega firmemente a reconocer. De joven era un ferviente sionista; él lo reconoce, admite incluso que estuvo en un kibutz por un par de años, si no recuerdo mal, en la década de 1950. Afirma que no está a favor de un Estado judío en Palestina y hace un buen trabajo, critica a Israel en aspectos fundamentales, lo que es bueno; pero por otro lado, cuando se trata del BDS, es muy ambivalente. Ciertamente, cuando se trata del boicot académico, está en contra. Cuando se trata de la solución de dos estados, está fervientemente a favor, a pesar de que afirma no estarlo. Básicamente refleja esa idea paternalista del ‘hombre blanco’ de que los palestinos no saben lo que es bueno para ellos, de que él sabe mejor que los propios palestinos. ¿Cómo se explica este tipo de actitud viniendo de un individuo tan brillante, que por otro lado es muy progresista, incluso radical, en tantos otros asuntos?

IP: Sí, creo que son algunas de las razones por las que decidimos tener esta conversación en el libro. Porque yo lo admiro, él fue en muchos aspectos una guía moral, una guía ideológica, no sólo para mí, sino para mi generación. Y sí, hubo una decepción debido a algunas de sus posiciones sobre Palestina. Pensé que el libro al menos ayudaría a aclarar algunas de ellas, y que era importante entender su posición. Creo que hay dos aspectos en conflicto aquí. Uno de ellos es una preocupación genuina por el poder del imperialismo estadounidense. Él realmente cree que nosotros podríamos estar mirando la cola del perro en lugar del perro si le damos tanto crédito al poder del lobby israelí y nos olvidamos del objetivo básico del capitalismo estadounidense. Quiero decir, él te explicará que el 5% de la humanidad posee el 25% o más de los recursos naturales, y etcétera; esas estadísticas impresionantes sobre cómo Estados Unidos necesita, en muchos sentidos, controlar el mundo económica y ecológicamente para mantener su estilo de vida. Es por eso que quiere poner el tema en un contexto más amplio. En eso me puedo identificar. Donde creo que hay un problema es en lo que mencionabas; a pesar de que él no es un caso típico de lo que llamamos PEP: Progresista Excepto sobre Palestina. Creo que, como muchos de su generación que pasaron por un período sionista en sus vidas, y experimentaron un poco de ansiedad como judíos, casi de manera subconsciente, tienen miedo de dejar de lado el sionismo. Puedo entenderlo también porque él no vivió aquí durante estos últimos 67 años. No vio la enfermedad, y cómo funciona realmente. Más que verla, leyó sobre ella; y esperaba que hubiera una mejor versión de ella. Si recuerdas, en el libro él habla de la necesidad de ver las variantes del sionismo; y yo no veo que haya variantes del sionismo desde el punto de vista de la población nativa. Por lo tanto, creo que tienes razón. Es algo que se nota en muchos otros intelectuales europeos: en cualquier otro tema te puedes identificar por completo con ellos, pero tarde o temprano esta excepcionalidad de Israel se desliza, a veces oculta, a veces muy clara, a veces de una manera ambivalente. Y se cubre con comentarios generales, como cuando Noam dice: «Básicamente estoy en contra de los estados en su conjunto». Porque, no sé, no soy psicólogo; pero habiendo hecho el proceso yo mismo, sé de lo que hay que liberarse. Y n o es fácil.

KB: Hay mucho miedo. La gente en general todavía es temerosa de lo que le sucedió en el pasado a una gran cantidad de comunidades judías.

IP: Exactamente. Yo lo llamo ‘la compañía de seguros’.

KB: [risas] Exactamente. Por eso es difícil…

IP: Tal vez Israel sigue siendo una compañía de seguros, pero tu agente de seguros es un lunático. Yo te diría: búscate otro agente de seguros.

¿Cómo puede alguien vender a Israel como un seguro? Pero sí, creo que tienes razón. Creo que, en el fondo, hay miedo. A veces pienso que el hecho de que desde una edad muy temprana viví con los palestinos –conozco el idioma, lo hablo, compartí tantas cosas con amigos íntimos– me curó de ese miedo. Es probable que uno tenga que pasar por la experiencia. Así que soy un gran creyente en el sistema educativo que estamos construyendo aquí, debajo del radar del sistema educativo israelí. Desde el nivel de jardín de infantes, creo realmente que es algo que tiene el potencial de rehumanizar a las y los palestinos a los ojos de la próxima generación de judíos, y también de hacer frente a estos temores básicos.

KB: Usted menciona en el libro que ese temor está combinado o agravado con un racismo real, y es difícil decir dónde termina uno y empieza el otro. En el imaginario israelí y pro-israelí, una gran parte del miedo es auto construido. «Este es el árabe loco del otro lado, ¿realmente puedo confiar en los árabes?»

IP: Y es producto del adoctrinamiento y la manipulación que ha estado trabajando durante 100 años, capa sobre capa. Quiero decir, la gente aquí está expuesta a esa intoxicación desde la cuna hasta la tumba; es una verdadera sobredosis. Creo que los judíos estadounidenses también estuvieron muy expuestos a eso. Tal vez a veces es difícil limpiar completamente el cuerpo de esta intoxicación, de este veneno.

KB: Finalmente, muchas gracias por dedicarnos tanto tiempo, Ilan. La última pregunta es: ¿cuándo saldrán a la venta estos libros? Estamos deseando que salga el próximo de cada uno de estos libros brillantes que usted ha estado produciendo, y que hemos estado siguiendo.

IP: Van a salir muy pronto. Tiene que haber un cierto lapso entre los libros; es una de las razones para retrasar algunos de los libros. Esperamos el próximo año ver dos libros de los que estoy muy satisfecho. Uno de ellos será la comparación entre Israel y Sudáfrica; y el otro –realmente, lo estuve escribiendo durante 20 años; verás cuando el libro salga por qué tardé tanto tiempo– trata de explicar la historia de la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza como parte del contexto general de la limpieza étnica. No era tanto una cuestión de acumular nuevas evidencias, aunque una parte importante del libro expone las decisiones israelíes entre 1963 y 1968, un período muy importante. Fue realmente encontrar la manera más persuasiva –que me parecía realmente importante para el público en general– de explicar por qué todo el mundo fue engañado y llevado de la nariz con toda esta charla sobre el proceso de paz y la solución de dos estados. Cómo todo eso fue realmente una parte integral de lo que hablamos, una pantalla destinada a encubrir la limpieza étnica continuada de Palestina.

KB: Estos libros que tanto admiramos y son tan importantes para dar a conocer la verdad histórica y difundirla, ¿cómo son recibidos, no por el público en general, sino por la izquierda? Por gente como la de The Nation, Amy Goodman, Democracy Now, etc.?

IP: Es una excelente pregunta. Es muy interesante que menciones a Democracy Now o The Nation. En esos lugares hay personas que estiran la palabra sionismo como una goma elástica, hasta el punto de que si algún día la sueltan, no quiero estar allí para que me dé en la nariz. Realmente han logrado mantenerse fieles a una idea sionista básica y sin embargo ser muy, muy liberales y de mente abierta. Creo que lo que yo estoy haciendo es demasiado para ellas. Yo les pincho el globo y les digo: «Chicos, lo siento, no es posible». Y yo sé que realmente tienen buena intención. De alguna manera creen que podría existir un Estado judío que fuera a la vez liberal y democrático. Y que las y los palestinos estarían contentos con eso. [Risas]

Y hacen malabarismos con las palabras y las ideas. Hacen cuadrados con círculos, es increíble. Y son buenas personas; realmente las aprecio. No lo digo cínicamente: las conozco muy bien, de verdad; a algunas las conozco personalmente. Pero creo que ya es hora de que entiendan que el cambio es doloroso. Tienen que hacer lo que yo hice, y no es agradable. Te lo digo, no es agradable salir de la tribu. Salir del cálido abrazo de la ideología. No es una sensación agradable.

KB: No es divertido.

IP: No, ¡no es en absoluto divertido!

KB: Pero la buena noticia –estoy seguro de que ya lo sabe– es que cada vez más y más personas, la nueva generación sobre todo, aprenden realmente de sus libros. Y de hecho lo citan abiertamente, y dicen: «Sí, he leído el libro».

IP: Voy a contarte un secreto que es realmente increíble para mí. Todos los nuevos embajadores y cónsules generales que vienen a Israel me dicen que sus predecesores les recomiendan leer mis libros, pero que tengan mucho cuidado de no mencionar las ideas que planteo en ellos. Esa es una buena señal. Creo que ellos saben que allí hay algo que les cuenta la verdad.

KB: Usted ha despertado a esta nueva generación. Yo estaba hablando con Lia Tarachansky el otro día, la cineasta israelí. Me dijo que ella fue influenciada por sus libros. Porque nos encantó su película.

IP: Oh, es una muy buena película.

KB: Y yo pensaba: “Hey, esto huele a mi amigo Ilan Pappé”. Y viene ella y, sin que yo le pregunte nada, me dice: “Yo leí a Ilan Pappé, realmente me abrió los ojos». ¡Bien por usted! Hay más jóvenes, como Max Blumenthal y otros, que ahora se están atreviendo a salir a la palestra.

IP: Absolutamente. Ellos son el futuro, sin duda. Son muy claros, muy francos y directos. Sus conceptos son muy estructurados. Así que creo que eso llegará también. Tal vez un día The Nationserá lo suficientemente audaz para publicar un artículo mío.

Publicado en Mondoweiss. Traducción: María Landi.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203219

Palestina: Los niños de la ocupación

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Hay un video que muestra al mundo cómo un niño de doce años escapa de forma increíble de la presa que le hace un soldado israelí. Sin embargo, hay cientos de niños palestinos que no son tan afortunados, hasta el punto de que pueden llegar a morir.

Por Gideon Levy.

Hay algo que desde los albores del teatro ha resultado evidente: los niños eclipsan a todos los demás. “Satanás no ha creado aún la venganza… por la sangre de un niño”, proclamaba el poeta nacional israelí Chaim Nahman Bialik en su poema “Sobre la masacre”. Los miles de informes sobre los crímenes de la ocupación palidecerán siempre frente a la foto de un pequeño asesinado o detenido o sometido a malos tratos o herido.

En el icónico videoclip que se convirtió en viral recientemente, un soldado israelí, enmascarado y armado, intenta detener a un niño palestino que lleva el brazo escayolado. El niño está aterrado mientras su madre, una adolescente y unas pocas mujeres más tratan de impedir que el soldado se lo lleve detenido.

Las mujeres luchan fieramente, arrancando la máscara del rostro del soldado, mordiéndole la mano. Están desarmadas y no representan peligro mortal alguno para el soldado.

Esto sucedió un viernes de hace poco tiempo durante la manifestación semanal en el pueblo palestino de Nabi Saleh para protestar contra la apropiación por los colonos del manantial del pueblo, al que desde entonces no pueden acceder sus vecinos.

Esta vez la historia tuvo, cosa rara, un final feliz. Quizá porque se estaba grabando en video o por cualquier otra razón desconocida, el soldado se comportó con relativa moderación y no hizo ningún intento de utilizar su arma. Su comandante le ordenó que liberase al niño, Mohammed Tamimi, de doce años, pero no antes de lanzar una granada de aturdimiento hacia los manifestantes, después de lo cual los soldados se retiraron.

Cuando el video del incidente se convirtió en viral, propiciando un inusual aluvión de discusión pública entre un pueblo israelí normalmente indiferente, el ejército israelí trató de afirmar que el joven Tamimi había estado lanzando piedras a los soldados, una afirmación que contradijo un testigo, Jonathan Pollack, activista israelí por la paz, que se había incorporado a la protesta de Nabi Saleh.

Entonces el ejército israelí aseguró, de forma más increíble aún, que el soldado que había intentado detener a Tamimi no sabía que se trataba de un niño. Teniendo en cuenta la evidencia del video distribuido por todo el mundo, esa afirmación es ridícula.

Como era de prever, la mayoría de las respuestas en Israel se referían a la “moderación” del soldado, enmarcándola en términos de derrotismo del ejército israelí y la humillación de sus soldados. Ministros del gobierno, parlamentarios y otras personalidades públicas sostuvieron que el soldado tenía las manos atadas debido a las excesivamente estrictas regulaciones respecto a abrir fuego, que no son tales, y que el soldado debería haberle disparado a Tamimi.

Hay amplios sectores de la derecha israelí demasiado sedientos de sangre como para aceptar (aunque sea relativamente menor) la moderación por parte de soldados israelíes, incluso al tratar con un niño palestino, y hubieran preferido que el soldado disparara a matar.

Otros israelíes se vieron de repente enfrentados a la naturaleza inhumana, despiadada y fea de la ocupación de la que son responsables, porque es en su nombre que se mantiene.

Como siempre, hay una foto que vale más que mil palabras: un niño aterrado sujeto por un soldado cuya máscara ha sido arrancada por la madre, exponiendo la realidad fea y desnuda de la ocupación. El ejército más moral y poderoso del Oriente Medio contra un niño de doce años.

No obstante, la mayor parte de los israelíes estaban preocupados por una cuestión menor, sobre cómo debería haberse comportado el soldado en esta complicada situación. Muy pocos, si es que hubo alguno, se preguntaron en primer lugar qué hacía el soldado allí, que es la única pregunta que cabía hacer y sin embargo no se hizo.

Si el soldado hubiera disparado a Tamimi y le hubiera matado, sin cámaras que lo hubieran recogido, no habría habido historia alguna desde el punto de vista de los medios de comunicación y la opinión pública israelíes.

El ejército israelí habría proclamado que el soldado estaba en peligro mortal y la mayoría de los israelíes no hubieran dudado nunca ni en lo más mínimo de ese relato, la policía militar habría lanzado una “investigación”, por lo general sin principio ni final, y el mundo de la ocupación hubiera seguido sin más adelante.

Así ocurrió unas cuantas semanas antes, por ejemplo, cuando el coronel Yisrael Shomer, comandante de la brigada Binyamin, disparó un tiro mortal a Mohammed Kasbeh, de 17 años. Hubo alguien que lanzó piedras contra el jeep del comandante –quizá fue Kasbeh o quizá no- y el comandante de la brigada salió de su vehículo y cazó a Kasbeh, disparándole por la espalda y matándole cuando huía. El comandante de brigada no estuvo nunca en peligro mortal, sin embargo utilizó fuego real.

Este es el ejemplo que aportan los oficiales del ejército israelí y así es como se espera que se comporten.

El comandante de brigada no sabía, cuando apuntó y disparó, que Mohammed era el tercer hijo de Sami Kasbeh asesinado por soldados israelíes tras incidentes de lanzamiento de piedras. Dos de los hermanos de Mohammed le habían precedido: Tamer, de 14 años, y Yaser, de 10, asesinados con una diferencia de cuarenta días en 2002, un año que fue muy sangriento.

Ahora, el 3 de julio, el oficial israelí hizo que la familia de Mohammed tuviera que pasar por un duelo por tercera vez.

Sin embargo, a Israel no le interesó especialmente este incidente, y el comandante ya ha sido promovido a otro puesto, la investigación del caso está a punto de concluir, a pesar del hecho de que los investigadores cuentan con el video de las cámaras de seguridad donde se muestra claramente que al joven Mohammed le dispararon cuando huía y que el comandante no corría peligro alguno.

Volviendo al joven Tamimi: si el soldado hubiera logrado arrestarle, su destino hubiera sido bastante más cruel. Por algo las mujeres de ese pueblo lucharon con tanta determinación para impedir su detención. Defense of Children International ha informado que Israel arresta entre 500 y 700 niños y adolescentes palestinos cada año.

Según los datos de B’Tselem, una ONG que documenta casos de violaciones de derechos humanos en los territorios ocupados, por una razón u otra, pero sobre todo por lanzamiento de piedras, a finales de junio, Israel tenía detenidos a 160 menores palestinos; otros trece habían sido arrestados por haber entrado ilegalmente en Israel.

De esos menores, 70 habían sido juzgados por un tribunal, 81 estaban detenidos hasta que finalizaran lo procedimientos en su contra y nueve habían sido encarcelados durante diversos períodos de tiempo.

Por lo general, durante el tiempo de su detención y juicio no disfrutaron de los derechos que les concede la ley y que les reconocen los tratados internacionales que rigen en los casos de interrogatorio y detención de menores.

Los soldados israelíes o la policía detienen a menudo a niños palestinos con edades inferiores a la edad legal de responsabilidad (12 años). Así, por ejemplo, en julio de 2013, arrestaron en Hebron a Wadi Maswadeh por sospechas de lanzar piedras a los soldados. Maswadeh tenía cinco años. Su padre fue esposado delante de él, hasta que poco después los dos fueron liberados.

Maswadeh no ha sido el único niño arrestado ilegalmente antes de llegar a la edad mínima legal bajo el derecho israelí.

Los muchachos detenidos son a menudo golpeados. Sus padres no suelen estar presentes en los interrogatorios, algo que la ley exige y, en ocasiones, tampoco están presentes sus abogados. Algunas veces son encarcelados con los adultos, otra práctica ilegal. Y a veces son trasladados a prisiones que están dentro del territorio israelí, contraviniendo el derecho internacional, que prohíbe el traslado de prisioneros fuera del territorio ocupado.

Hay toda una serie de informes, incluido un documental australiano que se exhibió en el programa de actualidad de Australia titulado “Four Corners”, que abordan el difícil tema de la detención israelí de los niños palestinos, pero nada ha cambiado.

Ni tampoco ha cambiado nada respecto a la demolición de las casas pertenecientes a los residentes beduinos palestinos en ciertas áreas de Cisjordania. En agosto de 2015, la Administración Civil de Israel destruyó alrededor de 50 edificios pertenecientes a los palestinos de los territorios ocupados, dejando a docenas de niños sin hogar justo antes del comienzo del nuevo curso escolar.

En el valle del Jordán, cerca del asentamiento de Ma’aleh Adumin, en las cercanías de Ramala, hay docenas de niños durmiendo al aire libre. Nadie parece preocuparse por su futuro.

En Gaza, hace ya un año desde que el ejército israelí lanzó un proyectil contra los cuatro niños de la familia Bakr que se encontraban en la playa durante la guerra del pasado verano contra Gaza. Ismail, Ahed, Zakariya y Mohammed Bakr, todos ellos entre 9 y 11 años de edad, fueron los niños asesinados en la playa de Gaza frente a la cercana presencia de periodistas extranjeros.

Cuando escribo estas líneas, el pequeño Ahmed Dawabshe, de cuatro años, sigue luchando por su supervivencia, recuperación y rehabilitación en un hospital israelí. Su padre y su hermano, un bebé, murieron calcinados en su hogar de Duma tras ser incendiado por cuatro extremistas israelíes; su madre sigue luchando también por su vida (N. de la R. Riham, su mamá falleció después de la conclusión de este artículo).

El pequeño Ahmed Dawabshe, con graves quemaduras y envuelto en vendajes de la cabeza a los pies llora en vano por la presencia de su madre, cuya vida pende de un hilo, y por su padre, al que nunca volverá a ver.

Gideon Levy es columnista de Haaretz y miembro de la junta de editores del periódico. Ha recibido diversos premios internacionales e israelíes por sus trabajos. Su nuevo libro The punishment of Gaza ha sido publicado por Verso.

Fuentes: Children of the occupation

 Gideon Levy, Middle East Eye / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández)

http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=57762

«En la guerra sin fin contra el terrorismo, todas las personas estamos condenadas a volvernos palestinas»

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Avatar de María LandiPalestina en el corazón

El nuevo libro de Jeff Halper arroja luz sobre la industria armamentística y sostiene que Israel es hoy en día el principal país de referencia para las fuerzas armadas y policiales de todo el mundo.

Jeff Halper en uno de los tours del ICAHD en E1, una zona ubicada en las afueras de Jerusalén, en la cual Israel planea expulsar a la población beduina para construir más colonias judías y dividir definitivamente el norte del sur de Cisjordania. (Foto: Jonathan Cook). Jeff Halper en uno de los tours del ICAHD en E1, la zona en las afueras de Jerusalén donde Israel planea expulsar a la población beduina para construir más colonias judías y dividir definitivamente el norte del sur de Cisjordania. (Foto: Jonathan Cook).

Jonathan Cook*

 

Desde hace 18 años Jeff Halper ha estado en la primera línea del conflicto entre Israel y Palestina, ayudando a reconstruir casas palestinas demolidas en los territorios ocupados. Su nuevo libro sobre Israel sale publicado cuando está a punto de dejar su cargo como director del Comité Israelí contra las Demoliciones de Casas (ICAHD, por su sigla en inglés).

La principal conclusión de Halper es inquietante. Israel…

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No es en Europa, no interesa…

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18:45 Fue confirmada la muerte de Riham Dawabsha.

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Por Danilo Bell, desde Cisjordania.

Hoy los médicos han declarado clínicamente muerta a Riham Dawabsha, la madre de la familia quemada viva. Además hoy era su cumpleaños. El bebé Ali de 18 meses y el padre Saad murieron al poco del ataque terrorista. Sólo queda vivo Ahmed de 4 años.

Visitar su casa en la aldea de Duma (Nablus) ha sido visitar la tumba de cientos de miles de familias palestinas asesinadas y expulsadas de esta forma en la Nakba en 1948 y 1949.

La limpieza étnica por Israel hoy se hace de forma más «técnica» en Cisjordania: órdenes israelíes de derribo, expropiación y expulsión. Los asesinatos son más habituales en checkpoints, manifestaciones o incursiones militares nocturnas.

Para Gaza siguen utilizando la agonía cotidiana sumada a la masacre periódica.

El niño muerto en la playa de la humanidad

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Por Santiago Giménez.

Tengo muy buenas noticias. Parece que el humanismo ha triunfado. Sí, costó mucho pero finalmente llegó el momento.

¡Salgan a festejar! ¡Salgamos a festejar! Se han caído las fronteras y todo es de todos y todas. No hay más división entre los seres humanos. Todos y todas somos a partir de ahora “la humanidad”.

Parecía que este momento no iba a llegar nunca pero llegó, inesperadamente.

Y este logro de la humanidad, este triunfo de la igualdad que hoy reina en el planeta Tierra es hijo de una tragedia, sí, una tragedia terrible que ha quedado inmortalizada en una fotografía atroz.

Pero sabemos que los grandes triunfos en la Historia han costado sangre, que las grandes victorias humanas provienen de un derramamiento de vidas.

Pero tengo muy buenas noticias, la humanidad ha triunfado. Me lo ha confirmado una persona europea de buenas intenciones y también una persona latinoamericana y otra africana que han coincidido en algo: han visto la foto de un niño muerto en una playa y han dicho “qué terrible es la humanidad”.

Entonces, frente a esta tragedia parece que en diferentes puntos del planeta coincidimos en que “la humanidad” es culpable de las hordas de refugiados que golpean los muros de piedra que Europa construyó para dejar a los inmigrantes afuera.

“La humanidad” o sea los seres humanos somos responsables de este niño muerto tirado boca abajo en una playa, ahogado, inerme.

Es algo terrible, pero debemos hacernos cargo de eso entre toda la humanidad.

Y quiere decir que si toda la humanidad causó la muerte de los refugiados que -como dicen los medios europeos, “se traga el Mediterráneo”- si todos y todas somos responsable de la muerte de ese niño, quiere decir que todos somos los dueños de todo, de lo malo, de lo terrible, de lo asqueante, pero de lo bueno, de lo lindo.

Quiere decir que ahora a ningún miembro de la “humanidad” le van a pedir papeles para entrar a Europa, porque se han caído las fronteras. Europa ahora es de “la humanidad”, así como la humanidad le perteneció a Europa durante tantos siglos a fuerza de muerte.

La humanidad es una sola y puede transitar libre y sin visa por donde circulan los europeos y los primermundistas en general, porque ahora todo es de “la humanidad”, ya que el fallecimiento de la criatura es de la humanidad.

Los paraísos hoteleros ya no estarán divididos entre europeos turistas que disfrutan y personal de servicio nacido allí que trabaja de sirviente de los europeos. Ahora toda la humanidad andará por todo el mundo y los europeos serán los sirvientes por un rato y los sirvientes serán los turistas por otro rato.

De “la humanidad” es la muerte del niño en la playa, pero de “la humanidad” es la Torre Eiffel, así que ya no se necesitan pasaportes, ni visa, ni carta de invitación. Toda la humanidad tiene las fronteras abiertas para vagar por Europa entera, como toda “la humanidad” ha causado la muerte del niño ahogado.

De la humanidad son los museos británicos, repletos de tesoros de África y, por lo tanto, no cobrarán entrada en esos museos para ver las cosas que los países invadidos por europeos les “donaban” a los museos europeos.

Todo es de la humanidad. De la humanidad son las colonias que Europa mantiene fuera de Europa, y a partir de ayer podemos viajar a las Malvinas sin problemas porque, así como la muerte del niño nos pertenece, también nos pertenecen las islas y los territorios.

La Gioconda nos pertenece, la hicimos nosotros y nosotras “la humanidad”, así que prepárense porque va a comenzar un itinerario del cuadro por los museos de todo el mundo para que “la humanidad” pueda ver gratis su obra.

De la humanidad son ahora las riquezas saqueadas por Europa al resto de los continentes, así que prepárense porque seguro que en breve alguien va a hacer un inventario y a cada miembro de la humanidad le va a tocar una porción. La foto del niño muerto es atroz, pero su muerte la causó la humanidad y es lógico entonces que la humanidad se haga en partes iguales de lo que ha producido y está hoy en Europa.

Los haitianos ahora podrán ir a Francia, no sólo hablar francés, porque son parte de la humanidad.

Alemania nos pertenece a todos, sus fábricas y sus laboratorios médicos son de los africanos que ahora podrán tener medicamentos con sólo ir a Alemania a buscarlos, porque el niño ahogado en la playa y el nazismo son tragedias de “la humanidad”. No son tragedias de los alemanes que inventaron el nazismo, ni de los muros fronterizos de los europeos, ni de la pobreza sembrada en el mundo a través del saqueo de los europeos y, como los africanos son parte de “la humanidad” serán bien recibidos en los hospitales alemanes y tendrán acceso a medicamentos de los laboratorios alemanes, en los hospitales alemanes que son de la humanidad.

Todo lo que hay en la Tierra será de la humanidad gracias a un niño que mató Europa, gracias a que la humanidad se hizo cargo de su muerto, de ese muerto de los saqueos, de las guerras hechas con armas que fabrica y vende Europa.

Toda la humanidad, los tataranietos sometidos de tatarabuelos sometidos se harán cargo del cadáver; los nietos latinoamericanos de europeos pobres que escapaban de Europa por el hambre y la guerra entre europeos  se harán cargo de que Europa les cerró las puertas a quienes escapan del hambre y la guerra en otros lados hoy, a causa de los intereses europeos.

 Todo será de la humanidad, todo, como el niño muerto.

Aylan

Cisjordania: Nabi Saleh y la familia Tamimi, iconos de la ocupación

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Informe de Mikel Ayestaran. @mikelayestaran

Charla: «Historia y actualidad del pueblo armenio, palestino y kurdo»

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Audio completo de la charla del 1º de septiembre sobre «Historia y actualidad del pueblo armenio, palestino y kurdo» en el marco de las V Jornadas «Terciarios Hacen Historia» en el Instituto Joaquín V. González, de la ciudad de Buenos Aires. Con Gabriel Sivinian, Fernando Isas y Mehmet Dogan.

https://mega.nz/#!K9VExSII!P-70Evc3p_j5n-W0drhAB4vxHlpht95oT9sNvW93lNs

Mehmet