En torno al uso del concepto antisemitismo (estirado ad nauseam por sionistas y próximos)

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Sobre un artículo del director ejecutivo del Comité Judío Estadounidense.

Por Salvador López Arnal.

Para que no abonar ninguna confusión político-cultural: el antisemitismo –matizo: todo antisemitismo- es una de las cosmovisiones y prácticas sociales más odiosas, criminales, sesgadas e injustificadas de la historia de la Humanidad. Cualquier concesión es un camino que no debe recorrerse. La precaución, atención y crítica deben imperar siempre.

Empero, como también es sabido, el sionismo y sus partidarios tienden a usar la ideología (falsa consciencia en este caso) del “antisemitismo” como coletilla o paraguas para justificar lo injustificable y confundir la primera letra del alfabeto hebreo con la derivada segunda de la función logarítmica. David Harris, director ejecutivo del Comité Judío Estadounidense (AJC) y usual colaborador del diario de don Cebrián y del capital usamericano, es un experto en estos cometidos. Uno de los últimos ejemplos de ello: su artículo –“Antisemitismo europeo”- del pasado sábado 25 de mayo en el global-imperial-antichavista [1].

Afirma Mr. Harris en él que un informe reciente de la Universidad de Tel Aviv ha llegado a la conclusión de que el número de incidentes de antisemitismo en Europa aumentó un 30% entre 2011 y 2012. Desconozco cómo pueden medirse esos incidentes con tamaña precisión, se me escapa qué incidentes se tienen en cuenta, pero sea así, admitámoslo, sobre todo si -vale la pena insistiR-, incluimos en el recuento todo tipo de antisemitismo. En concreto, prosigue Mr. Harris, “el análisis de los incidentes antisemitas en Francia observa un 58% de aumento en ese periodo”. La mitad de todos los actos racistas que se cometen en Francia están dirigidos contra los judíos a pesar de que estos no constituyen más que el 1% de la población, añade. Tal vez sea así, no afirmo lo contrarIO. Aunque parece raro, muy raro, en estos tiempos de “lucha contra el terrorismo global”, con marcada, destacada y muy poco matizada arista antimusulmana.

Harris tiene toda la razón y maneja una excelente información cuando recuerda que en la actualidad existen dos partidos políticos, “cuyos programas contienen una gran agresividad antisemita y xenófoba”, que están representados en los parlamentos de dos Estados de la UE, el Jobbik en Hungría y Amanecer Dorado en Grecia. No hay que menospreciarles; por supuesto. El segundo, recuerda, “para impulsar su programa, invoca imágenes de tipo nazi al tiempo que demoniza a judíos e inmigrantes, lo cual hace aún más incomprensible su éxito relativo en un país que sufrió la brutal ocupación del Tercer Reich” (Mr. Harris tal vez no conozca bien la historia reciente de Grecia y seguramente desconoce o no quiere recordar la cosmovisión que abonó el eje esencial de la resistencia griega antinazi). Remarco: judíos e inmigrantes que no son judíos.

Mr. Harris, por otra parte, señala que “las encuestas muestran que persisten actitudes antisemitas muy arraigadas en ciertos países de la UE, en particular en España y Polonia”. No cuadra bien la afirmación con lo que se observa (superficialmente) en nuestro país pero podemos admitirlo. No es solidaridad y corrección todo lo que reluce por supuesto. Pero, a continuación, prosigue Mr. Harris confundiendo planos, y éste suele ser el nudo básico, la eterna y repetida melodía de sus artículos pro-estado-de-Israel, denunciando “la campaña para demonizar y deslegitimar a Israel” que es, por si faltara algo, “cada vez más intensa”.

Si así fuera, está por ver desde luego, podría no tener nada que ver con el antisemitismo sino con las actividades político-belicistas de un estado temible. La campaña para deslegitimar a la Sudáfrica del apartheid, por ejemplo, no fue un ataque a la “cultura blanca”, ni tampoco, sin más, a la población blanca, sino a un régimen político racista, clasista, odioso y criminal, y a la cosmovisión cultural e histórica que le daba cobijo, abono y justificación.

Harris dice no hablar de quienes critican políticas concretas de Israel. Tomamos nota: no habla de ello. Parece admitir la legitimidad o cuanto menos la posibilidad democrática de esas críticas. Él se refiere –es decir, dice referirse- exclusivamente a lo que la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE define como antisemitismo. ¿Y qué entiende la agencia por ello? Lo siguiente: “negar al pueblo judío el derecho a la autodeterminación”, “emplear un doble rasero al exigir a Israel un comportamiento que no se espera ni se requiere de ningún otro país democrático”, “utilizar los símbolos y las imágenes del antisemitismo clásico para caracterizar a Israel y los israelíes” y “equiparar la política israelí contemporánea con la de los nazis”. ¿Quiénes han empleado el doble rasero? ¿Israel tal vez? ¿Quién exige a Israel un comportamiento que no exige a ningún otro país democrático (sin que deba admitirse que Israel lo sea, porque no lo es)? ¿El estado de Israel no niega el derecho de autodeterminación –real, efectivo, real- del pueblo palestino? ¿Asesinar a un adversario político por un comando de la policía del propio país no es una práctica que recuerde o esté relacionada con actuaciones nazi-fascistas? ¿No hay aquí algún punto de contacto con otros regímenes odiosos que, obviamente, no coinciden en todos sus vértices con las prácticas inadmisibles de un Estado étnico que dice ser y querer ser judío de forma exclusiva? ¿Cómo trata ese Estado a sus ciudadanos no judíos? ¿No es Israel un estado que ha amenazado en ocasiones con el uso del armamento atómico que guarda en sus secretos arsenales? ¿Es esa una política democrática?

Para Mr. Harris la expansión del antisemitismo en Europa está alimentada por tres sectores: la extrema derecha, la extrema izquierda, que se niega a aceptar el derecho de Israel a existir; y los musulmanes que apoyan el odio hacia los judíos e Israel. No digo nada de este último sector ni por supuesto del primero. ¿La extrema izquierda europea niega el derecho a la existencia de Israel o más bien critica, como parece razonable, las actuaciones racistas, xenófobas, anexionistas, belicistas, criminales, antisemitas en el fondo, de un Estado étnico y confesional que no es ni siquiera capaz de respetar ni a una parte importante de sus propios ciudadanos por haber cometido el crimen de nacimiento de no ser judíos y niega a sus vecinos el pan, el territorio, el espacio y el aire incluso? ¿Todo esto es equivalente a negar la existencia de Israel? ¿No será más bien que el estado de Israel, con su política efectiva, se niega a sí mismo su propia existencia?

Nota:

[1] http://elpais.com/elpais/2013/05/24/opinion/1369385647_944487.html

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia).

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168879

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