Los niños palestinos no son niños

Estándar

“Cuando era niño, los amigos a los que habían detenido antes me contaban que habían visto las estrellas al mediodía. Era un dicho que solíamos tener entre nosotros. Las estrellas no se pueden ver de día, cuando el sol está brillando. Pero cuando los niños sufren malos tratos y tortura, especialmente cuando les golpean en la cabeza, ven una especie de flashes, incluso cuando los ojos están tapados. Eso era a lo que mis amigos y yo llamábamos ver las estrellas al mediodía.”

A Ziad Abbas los soldados israelíes le detuvieron cuando tenía 14 años. Hoy tiene algo más de 40 pero ni siquiera ahora tiene que cerrar los ojos para recordar las estrellas de día de su historia.

Una historia que, lejos de quedar atrás, no ha dejado de repetirse. Cada día el ejército de Israel arresta una media de 2 niños palestinos de entre 12 y 17 años. 700 niños al año. 7000 niños palestinos han sido arrestados por las fuerzas israelíes en los últimos 10 años. Tirar piedras a vehículos militares, el delito más generalizado.

El proceso suele ser bastante parecido para la mayoría de las detenciones. Por la noche, de madrugada, los soldados irrumpen en la casa de los niños “sospechosos”; empiezan rompiendo el silencio y acaban destrozando la realidad. Se los llevan sin que sus padres puedan acompañarles, hacia cárceles israelíes fuera de territorio palestino, con las manos atadas, los ojos vendados, el miedo en los bolsillos. Muchas veces –demasiadas- son golpeados, insultados y sometidos a interrogatorios en los que, sin explicarles su derecho al silencio, les obligan a confesar un delito que, en numerosas ocasiones, ni siquiera han cometido. Nueve de cada diez niños se declaran culpables en los tribunales militares: reconocerse culpable significa volver a casa, acabar con la tortura mucho antes.

Pero incluso de vuelta en casa, el trauma de la experiencia permanece en los bolsillos.

El “maltrato” al que los niños palestinos son sometidos dentro del aparato de detención militar está “extendido, sistematizado e institucionalizado”. Así lo denunciaba Unicef en un informe que publicaba en marzo de 2013. “Israel es el único lugar del mundo en el que un niño detenido es llevado por sistema ante un tribunal militar”, explicaba Jean-Nicolas Beuze, consejero regional de la agencia de la ONU. Meses más tarde, en noviembre de 2013, Unicef publicaría otro informe de seguimiento en el que volvería a denunciar un empeoramiento en el trato recibido por los niños palestinos sometidos a detención militar israelí. En todos sus testimonios, sin ninguna excepción, todos los niños declaraban haber sufrido violencia física como golpes en la cabeza.

Otra vez, de nuevo, las estrellas de día.

“Me sacaron fuera y empezaron a pegarme, a empujarme contra la pared. Empezaron a insultarme en árabe y me ataron las manos muy fuerte; dejé de sentir mis dedos. Tenía mucho miedo, estaba solo en la calle con los soldados. Me quitaron las gafas y me cubrieron la cabeza para que no pudiera verlos. Siguieron pegándome, me llevaron al jeep.”

A Mohammad (nombre ficticio) también le detuvieron de noche en noviembre de 2010. Cuando volvió a la escuela, después de tres meses en la cárcel, las cosas no fueron fáciles. “Mis amigos no querían acercarse, tenían miedo de que también se los llevaran a ellos a prisión”. Todos lo saben, cualquiera de ellos puede correr la misma suerte. Lo apuntaban en su informe un grupo de abogados británicos independientes que visitaron los territorios palestinos para analizar las detenciones: “para los soldados israelíes, cada niño palestino es un potencial terrorista”.

Como este, desde el comienzo de la Segunda Intifada no han cesado los informes de organizaciones locales e internacionales (también de organizaciones isrelíes), en los que se denuncia el “maltrato” hacia los niños palestinos y la violación por parte de Israel de todos los tratados internacionales que amparan a la infancia. Israel ratificó en 1991 la Convención sobre los Derechos del Niño. Lo que ha quedado violentamente demostrado desde entonces, es que para los mandatarios israelíes el derecho de un niño no es el mismo cuando ese niño es palestino. En las primeras 24 horas de arresto de un niño palestino, Israel hace saltar por los aires la Convención de los Derechos del Niño, la Cuarta Convención de Ginebra, la Convención contra la Tortura e incluso su propia Ley Juvenil Israelí.

Los especialistas apuntan a que los efectos psicológicos de este tipo de detenciones permanecen con los niños para el resto de su vida. No es fácil vaciar los bolsillos y recuperar una vida normal tras la cárcel y, sobre todo, tras la humillación de los maltratos. En 2013, tres de cada cuatro niños palestinos detenidos sufrieron violencia física. Lo dicen los testimonios, lo cuentan las cifras.

“Es una epidemia; llegan y se llevan a nuestros hijos para rompernos emocionalmente. Y esto afecta a toda una sociedad, a toda una población. Creo que ninguno de nosotros se recuperará nunca del trauma de que se hayan llevado a nuestros hijos”. Lo explicaba una madre palestina. Sus tres hijos habían sido detenidos.

6a00d8341bfb1653ef01a73d7a502b970d-550wi

Autora: Natalia Quiroga para http://blogs.elpais.com

Anuncios

Los comentarios están cerrados.