Las conversaciones del Estado-nación de Israel implican el retorno de la estrella amarilla

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Foto: AP

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Por Gideon Levy (Haaretz).

Este tipo de conversación sólo puede tener lugar en la sombra, en las bodegas de cerveza, en violentas manifestaciones marginales o en las sedes de las organizaciones ilegales. Sólo la extrema derecha fascista neonazi, antisemita y xenófoba se atrevería a decir una palabra sobre el tema. Sólo los cabezas rapadas y sus amos se atreverían a hablar de la pureza nacional y de la definición de su país basado en la etnia, la religión, la raza, la nacionalidad o la herencia.

Nadie se atrevería a decir Francia para los franceses, América solo para los americanos, Alemania es un estado alemán o Italia es un país católico. Cualquier persona que hablara de esto, no se consideraría creíble. Estos países son democracias de todos sus ciudadanos, su carácter está determinado por los componentes de toda la población. Viven en ellos minorías, su número es cada vez mayor en esta era de globalización y migración. Nadie habla de un Estado-nación, de un estado de una sola religión o de un grupo racial.

Pero este tipo de conversación es moda en Israel. Es legítimo e incluso sionista: un Estado judío. Sólo en Israel los derechos individuales y el carácter del estado esta determinado por el origen, como por ejemplo tener una bisabuela judía. Al diablo con los miembros de los grupos minoritarios, la mayoría de los cuales nacieron aquí.

Este tipo de conversación también se ha convertido en una condición básica para las negociaciones con los palestinos. Es sólo una excusa barata, por supuesto, un obstáculo más en el camino de llegar a un acuerdo de paz, el cielo no lo permita. Pero los malignos síntomas de la enfermedad están profundamente grabados en el ADN de Israel.

Israel vuelve al gueto, construyendo su propio neogueto con sus propias manos. Bienvenido al gueto de Israel, construyó los muros y vallas que lo rodean hace mucho tiempo, y los muros mentales y culturales están en camino. Lo que se les hizo a los judíos durante generaciones, los judíos se lo están haciendo a sí mismos: juzgar a la gente por sus antepasados ​​ y encerrarse en un Estado-gueto cuya naturaleza será determinada por su grado de pureza.

Esta vez no es culpa de los goyim, es Israel, que anhela vivir en un gueto. Es una vieja-nueva obsesión, y la historia se ríe en una risa amarga. Los nuevos judíos, los israelíes, abrazan los métodos y las normas de los nazis, se su nombre y memoria sean borrados. Los israelíes comprueban sus líneas de sangre y luego los ponen en un gueto.

Lo único que falta es la estrella amarilla, tal vez también volverá. Después de todo, ¿cómo vamos a saber quién es judío en el Estado judío? Tiene que haber una manera de identificar quién es (y lo más importante, quién no lo es) judío. El identificador más evidente es la cruel vieja estrella de David amarilla cosida en la ropa.

Sí, es un tiempo nuevo de color amarillo en la que los judíos se están aislando nuevamente en el ghetto. Israel está haciendo todo lo posible por no ser aceptado en su entorno – la “mansión en la selva”, como Ehud Barak llamó a Israel, y el esfuerzo va más allá de la seguridad y la política.

Es la manera de “no entrada” a la cultura de Oriente Medio, al arte y la historia árabes, a los solicitantes de asilo africanos, a cualquier persona que no es un judío. Cada israelí conoce el mantra “un Estado judío”, pero es dudoso que alguien sepa lo que significa. ¿Es un paso hacia un Estado de acuerdo con la ley judía? ¿Es una teocracia sin matrimonios civiles, sin transporte público en el día de reposo y una mezuzá en casi cada jamba de la puerta?

Eso es un estado judío. ¿Y sería Israel no judío sin estas tradiciones? ¿Sería no judío con 50.000 solicitantes de asilo y judío sin ellos? Todavía no hemos decidido si el judaísmo es una religión o una nacionalidad, o incluso qué es un judío. Lo principal es que queremos un estado judío, el que el presidente palestino, Mahmoud Abbas deberá reconocer para siempre.

Pero el carácter de Israel se determinará de otras maneras – no por la sangre que corre por las venas de sus habitantes, sino por su sistema de gobierno, la cultura y la sociedad. Un árabe de Taibeh no es menos israelí que un miembro de Bnei Menashé, que una comunidad de Birmania y la India, que fue llevada al asentamiento de Kiryat Arba, cerca de Hebrón.

El hijo de refugiados de África que nació y creció en Israel, cuyo idioma es el hebreo, cuyo cantante favorito es Eyal Golan y cuyo equipo de fútbol es Hapoel (o Maccabi) Tel Aviv no es menos israelí de un estudiante de la yeshivá Ateret Cohanim. Si ha de haber una estrella amarilla, debe ser para todos. Para todos los israelíes.

Traducido para Rebelión por J. M.

Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.580021 

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