Palestina. Histórico informe de la ONU respalda el Boicot a Israel

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end-israeli-apartheid.jpgNuevo informe de la ONU concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto” y pide un amplio apoyo al Movimiento de Boicot. Foto: Ryan Rodrick Beiler, ActiveStills

Por Ali Abunimah.

Un nuevo informe de la ONU ofrece un apoyo explícito a la campaña dirigida por palestinos Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) para poner fin al Apartheid de Israel y apoyar una paz justa.

El histórico informe de respaldo al boicot, sanciones económicas y otras iniciativas de base se produce en un momento en que Israel está tratando desesperadamente de criminalizar y reprimir el apoyo internacional a los derechos de los palestinos.

Publicado por la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (Cespao) de las Naciones Unidas, el informe concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto”.

Se encuentra “más allá de una duda razonable de que Israel es culpable de las políticas y prácticas que constituyen los crímenes de apartheid” tal como se define en el derecho internacional.

Se insta a los gobiernos nacionales a “apoyar las actividades de boicot, desinversión y sanciones y responder positivamente a las peticiones de este tipo de iniciativas”.

Régimen Racial

El informe de la ONU indica que “las prácticas israelíes contra el pueblo palestino y la cuestión del apartheid»  no es una comparación entre Israel y el apartheid de Sudáfrica, sino una evaluación de las prácticas de Israel contra la  Convención Internacional de 1973 sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid y otras leyes fundamentales de derechos humanos.

La Convención define el crimen de apartheid como “actos inhumanos cometidos con el propósito de establecer y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial de personas y de oprimirlo sistemáticamente”.

El derecho internacional define la discriminación racial como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen étnico o nacional”, señala el informe.

El movimiento sionista “reclamó a Palestina como la patria exclusiva del pueblo judío basado en una concepción racial expresamente de ambos grupos”, indica el informe. “Esto significa que los judíos y los palestinos son “grupos raciales” a efectos de la aplicación de la Convención sobre el Apartheid.

“La misión de preservar a Israel como un Estado judío ha inspirado o incluso obligado a Israel a seguir varias políticas raciales generales”, dice el informe.

Estos incluyen la “ingeniería demográfica, con el fin de establecer y mantener una abrumadora mayoría judía en Israel.”

Esto abarca la limpieza étnica de casi 800.000 palestinos en 1948, la negación del derecho de retorno de los refugiados palestinos y “una serie de políticas destinadas a limitar el tamaño de la población palestina”.

A pesar de que pueden votar, los derechos de los ciudadanos palestinos en Israel, una quinta parte de los ciudadanos del Estado,  también están restringidos de forma sistemática, mientras que los derechos completos sólo se les conceden a los judíos.

Mientras tanto, en Israel la discriminatoria “Ley del Retorno” concede automáticamente la ciudadanía a los judíos desde cualquier parte del mundo, “mientras  que niega la ciudadanía, incluso a aquellos palestinos que tienen una historia documentada de residencia en el país”.

Simulacro de democracia

“Al igual que en cualquier democracia racial”, sostiene el informe, “la mayoría de este tipo permite la parafernalia de la democracia: elecciones democráticas, una legislatura firme, sin amenazar la pérdida de la hegemonía por el grupo racial dominante”.

En una clara ilustración de la lógica racial propugnada por el liderazgo de Israel, el ministro de defensa del país, Avigdor Lieberman, esta semana reiteró la opinión de que el Estado judío con el tiempo debe ser limpiado étnicamente de prácticamente todos los palestinos.

“No hay ninguna razón por la cual el jeque Sheikh Raed Salah, Ayman Odeh, Basel Ghattas o Haneen Zoabi  deban seguir siendo ciudadanos israelíes”, señaló en referencia a los prominentes políticos palestinos, tres de ellos miembros del Parlamento israelí, la Knesset.

Israel prohíbe a alguien usar su sistema en apariencia democrático para desafiar la estructuración fundamentalmente racista del régimen. Su Ley Fundamental, lo más cercano que Israel tiene a una Constitución escrita, impide que los partidos se lancen en una plataforma que explícitamente o implícitamente incluya “la negación de la existencia del Estado Israel como un estado judío y democrático”.

“Los derechos de voto pierden su importancia en términos de igualdad de derechos cuando un grupo racial está prohibido legalmente de impugnar las leyes que perpetúan la desigualdad”, indica el informe. “La ley israelí prohíbe una organización palestina en oposición a la dominación judía, lo que hace que sea ilegal e incluso sedicioso”.

Este no es el primer análisis para encontrar que las políticas israelíes cumplen con la definición legal del apartheid: un estudio realizado en 2009 por el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Sudáfrica llegó a la conclusión de que Israel practica el apartheid en Cisjordania y la Franja de Gaza.

Pero el nuevo estudio de la ONU va mucho más allá al encontrar que el sistema de apartheid de Israel domina a todo el pueblo palestino. Se llega a la conclusión de que la “fragmentación estratégica” de la población palestina en unidades territoriales separadas y regímenes jurídicos, como ciudadanos con derechos limitados dentro de Israel, como apátridas en Cisjordania y Gaza, como “residentes permanentes” en Jerusalén Este, o como refugiados y exiliados sin derecho de retorno, “es el método principal por el cual Israel impone un régimen de apartheid”.

El estudio de 2009 fue supervisado por la politóloga Virginia Tilley. Tilley y el eminente profesor de derecho internacional Richard Falk, son coautores del nuevo informe de la ONU.

Finalización de una “empresa criminal”

Los gobiernos tienen la obligación legal de actuar de inmediato para poner fin al crimen de apartheid. Esto incluye negarse a reconocer un régimen de apartheid como lícito, negándose a ayudar a un Estado en el mantenimiento de un régimen de este tipo y que coopera con los órganos de las Naciones Unidas y otros Estados para poner fin al mismo.

El informe insta a los organismos de la ONU a actuar, e incluso sugiere buscar una opinión formal de la Corte Internacional de Justicia en el sistema de apartheid de Israel. Los gobiernos nacionales también deben respaldar al BDS y permitir que “la persecución penal de los funcionarios israelíes demostrablemente relacionados con las prácticas de apartheid”.

Pero dado que los Estados y los organismos oficiales no son propensos a tomar la iniciativa, el informe reconoce que “las instituciones de la sociedad civil y los individuos tienen el deber moral de utilizar los instrumentos a su disposición para crear conciencia de esta empresa criminal en curso”.

Se deben utilizar estas herramientas para “ejercer presión sobre Israel para desmantelar las estructuras del apartheid y negociar de buena fe para para alcanzar una paz duradera que reconozca los derechos de los palestinos bajo la ley internacional y hacer posible que los dos pueblos vivan juntos sobre la base de la igualdad real”.

Movimiento transnacional

Recordando una época anterior, el informe señala que la investigación y el análisis jurídico de los órganos de las Naciones Unidas, tales como el Centro de las Naciones Unidas contra el Apartheid, fueron recursos importantes para los activistas de la sociedad civil en sus esfuerzos encaminados a “legitimar el boicot, desinversiones y sanciones, y contribuir a la formación general de un movimiento internacional contra el apartheid en Sudáfrica”.

Uno de los objetivos clave del informe de hoy es fomentar “la adopción de medidas prácticas en conformidad con el derecho internacional para ejercer presión sobre Israel a desmantelar su régimen de apartheid”.

“Se deben hacer esfuerzos para ampliar el apoyo a las iniciativas de boicot, desinversión y sanciones entre los actores de la sociedad civil”, recomienda el informe.

Empresas del sector privado deben ser “recordadas de su responsabilidad legal, moral y política para romper los lazos con empresas comerciales y proyectos que directa o indirectamente ayudan y apoyan el régimen del apartheid”.

Todo esto confirma el razonamiento y las tácticas del movimiento palestino BDS, que ha sido apoyado incluso la incondicionalmente pro-Israel, Unión Europea, que ha reconocido finalmente como un derecho democrático.

Ver informe aquí

Acerca del autor: Ali Abunimah es activista del BDS, además es cofundador de The Electronic Intifada y autor de One Country: A Bold-Proposal to End the Israeli-Palestinian. Sus opiniones en Twitter y en Facebook.

Fuente: Landmark UN report backs Israel boycott

Fuente: Ali Abunimah, The Electronic Intifada / Traducción: Palestinalibre.org

Assaf Harel, ¿un monólogo para despertar a la sociedad israelí?

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A continuación se muestra un video cuyo contenido no sorprendería en absoluto a muchos observadores internacionales y que, sin embargo, ha tenido un impacto relativamente importante sobre la sociedad israelí; aunque solo sea temporal o anecdótico.

Estamos hablando de Assaf Harel, un cómico israelí que hace pocos despedía su “late night show” – Good Night en ‘Channel 10’ – con un monólogo casi demoledor. Y digo ‘casi’ demoledor por dos motivos.

Primero, el argumento central del monólogo es algo que se viene diciendo durante las últimas décadas: el estado israelí aplica un extensivo sistema de apartheid sobre Palestina. El segundo motivo, quizás el más problemático, es que el argumentario de Assaf Harel es el mismo que el de un sionista liberal. Es decir, en principio el cómico israelí es partidario de una solucion “dos-estados” por aquello del coste humano y financiero que la ocupación supone para los soldados y el herario israelí respectivamente. Esto último es quizás un táctica para intentar ganar adeptos, pero ya se ha visto en multitud de ocasiones que el sionismo liberal también acaba en un callejón sin salida: subyugando la liberación de Palestina a los intereses israelíes.

A pesar de todo, lo novedoso del asunto es algo tan simple como que un israelí ha reconocido públicamente un sistema de apartheid y ocupación sobre Palestina. Es cierto que el programa no contaba con una gran audiencia y por tanto no fue renovado. Pero las hemerotecas y redes sociales siguen aquí.

Hay que recordar que en la sociedad israelí, quienes usan los términos “apartheid” y “ocupación” son la minoría de la minoría, y no es que sean de agrado para los grandes medios. Estos vocablos en ocasiones surgen cuando hay un “internacional” entre un grupo de israelíes, que escuchan atónitos y pesadumbrados cómo destruyen la narrativa de la democracia sionista. Finalmente Assaf también reconoce, aunque de manera indirecta, que la resistencia palestina – en este caso las Intifadas – fueron las que dotaron de cierto capital político a las facciones palestinas para negociar los Acuerdos de Oslo; independientemente del resultado de dicha negociación.

Assaf Harel se convierte por tanto en una especie de quinta columna que intenta salvar a la sociedad israelí de la locura sionista. La intención es buena, el análisis debatible. Assaf podría haber intentado cantar un ‘bingo’ si hubiera incluído el término “genocidio”, pero tampoco queríamos hacer fibrilar al paciente… ¿O sí?

Fuente: Disparamag.

El apoyo cultural es el gran pilar de distopía del apartheid en Palestina

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Hotel de Banksy con vista al muro que separa Belén. Foto: Dusan Vranic/AP

Por Sergio Yahni.*

El famoso y anónimo grafitero Banksy abre un hotel adyacente al muro del apartheid en la ciudad palestina de Belén invocando la ocupación israelí para crear un artefacto a la moda de voces que han adoptado la distopía como una realidad cotidiana.

Claro, no cualquiera se puede dar el lujo de tomar un Gin Tonic en un hotel de estilo colonial inglés frente al muro de separación. Para eso es necesario estar dispuesto a pagar 300 dólares por noche. Para los mochileros idealistas el precio sería de 30 dólares en una habitación compartida entre seis. No son precios fuera de lo normal, es casi lo mismo que se pagaría en cualquier otro hotel de la ciudad, pero ningún otro hotel hace de la ocupación una mercancía.

El Walled Off Hotel de Banksy marcha a la par de los tiempos contribuyendo a establecer un nuevo sentido de normalidad.

“¿Funciona el boicot cultural contra Israel? se pregunta Itai Stern en el matutino Haaretz respondiendo que el boicot cultural se derrumbó cuando los artistas vieron que no perdían cantando en Tel Aviv. Algo parecido ocurrió cuando Ann Margaret, la cantante que se hizo famosa amenizando la presencia de los soldados norteamericanos en Vietnam, se convirtió en líder moral en una cultura que prefería sus amaneceres con olor a Napalm y realmente es indiferente, siempre y cuando la dejen sentirse normal.

Banksy no denuncia la ocupación. Ésta se normaliza invitando a los israelíes a pasar la noche en el “hotel con la peor vista del mundo”. Visto así, Stern podría escribir en Haarez, el periódico liberal de Israel, que Roger Waters, el vocalista de Pink Floyd, se ha quedado solo en su denuncia.

La normalización de la distopía sionista cuenta con que la percepción de la dignidad humana por parte de los artistas sea limitada, o, por lo menos, concebida como un envoltorio de puro marketing. Alternativamente, sería suficiente que no se utilicen los escenarios para defenderla.

Esta situación provoca que Tel Aviv puede presentarse como una ciudad global a orillas del Mediterráneo donde se ha descriminalizado la marihuana olvidándose de que la ocupación y el apartheid realmente existen.

Ya han pasado casi dos años desde que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaro nulos los acuerdos de Oslo. Ahora, el gobierno israelí ha dado un paso adelante reintroduciendo políticas de colonización y preparándose para regularizar la primera colonia desde los años 90.

No se trata de que Israel no haya construido colonias en los últimos 27 años, sino que estas se creaban con un estatus anormal, no reconocido y siempre precario frente a los vaivenes políticos. En esta nueva realidad las colonias se normalizan – lo que significa que algunas, como Amona, por ejemplo, dejan de existir en cierto lugar solamente para ser reconstruidas, ya con un estatus legal, en otro. Hay quienes razonan que todas las colonias son ilegales, pero en la política internacional la idea de los dos Estados presume asimilar los hechos consumados a los mapas del futuro.

Israel negocia frente a la Unión Europea qué tipo de proporción de las colonias se legalizaría o, por lo menos, cuántas serían aceptables como beneficiarias de fondos en acuerdos bilaterales. Las fórmulas son técnicas, complejas y responden contradictoriamente a directivas que en sí habían sido ideadas para hacer difícil comprender que hace la burocracia con los fondos públicos.

Este ímpetu normalizador nos señala el valor subversivo del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) que rompe con la solidaridad cosificada, con la subalterna actitud de aceptar dictados y directivas burocráticas. El BDS demanda responsabilidades a quienes se transforman en cómplices y empantana burocracias que prefieren declaraciones vagas y denuncias inermes.

Tal y como se ven las cosas, el 2017, el año en que Israel cree haber vencido al BDS, no será solamente el año de la construcción de nuevas colonias, sino que será un año donde se haga hincapié en las restricciones impuestas sobre los palestinos. Sobre todo en las restricciones en el derecho de los palestinos a vivir en Jerusalén. Ya sea a no perder su derecho a residencia como a construir libremente su hogar.

Tel Aviv pretende minar el compromiso del BDS escondiendo el apartheid tras una cortina de humo recientemente legalizado. Los “compromisos constructivos” propuestos por artistas que prefieren cantar su hipocresía en el Park Hayarkon de Tel Aviv critican levemente los excesos de la ocupación sin denunciar el régimen de apartheid normalizando un pequeño espacio distópico.

Pero nosotros rechazamos normalizar la distopía, cosificar el apartheid. Lo hacemos porque todavía creemos que otro mundo es posible.

distopía

1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.


* Periodista israelí, co-Director del Centro de Información Alternativa (AIC), una organización mixta que promueve la corresistencia a través de la lucha conjunta entre palestinos e israelíes.

 

Fuente: Público.es

Mujeres de la Patria Grande: Hermanas Mirabal

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El asesinato de las hermanas dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal dio origen al día 25 de noviembre en que se conmemora el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer. Conoce un poco de la vida de las Tres Mariposas, asesinadas atrozmente por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Subtítulos en español.

 

Carta abierta de estudiantes palestinos en Gaza: ‘Llamado a participar en la Semana del Apartheid Israelí’ 

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Campaña de estudiantes palestinos por el Boicot Académico de Israel – 28 de febrero 2017.
Les escribimos a ustedes, estudiantes del mundo, como estudiantes de la sitiada Franja de Gaza, cuyo sistema educativo ha sido paralizado como resultado de diez años de bloqueo israelí. Les invitamos a participar en la Semana del Apartheid Israelí (IAW por sus siglas en inglés) de este año y hacer crecer el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) en sus campus. Ganamos una esperanza de la campaña en curso por la justicia en Palestina en los campus del Reino Unido como la magnífica victoria del BDS y muestras de apoyo del Sindicado de Estudiantes d la Universidad de Manchester y la Campaña Palestina de Desinvertir solicitando a las universidades retirar sus inversiones de compañías cómplices de crímenes contra el pueblo palestino.

Estamos consternados por las acciones recientes de la Universidad Central de Lancashire, capitulando…

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La visión israelí del futuro es escalofriante

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Palestinos esperan para cruzar el check-point de Hawaram, cerca de la ciudad ocupada de Cisjordania de Nablús [APA Images]

Palestinos esperan para cruzar el check-point de Hawaram, cerca de la ciudad ocupada de Cisjordania de Nablus [APA Images]

Por Ramzy Baroud.

La evidencia empírica histórica, combinada con un poco de sentido común, es suficiente para decirnos qué clase de opiniones de futuro tiene Israel respecto al pueblo palestino: un apartheid perpetuo o una limpieza étnica, o una combinación de ambas.

La aprobación el 6 de febrero de la “Ley de regularización” es todo lo que necesitamos para imaginarnos la visión israelí del futuro. La nueva ley permite al gobierno israelí a reconocer retroactivamente los puestos avanzados israelíes construidos sin permiso oficial en tierras palestinas privadas.

Todos los asentamientos – los reconocidos oficialmente y los puestos no autorizados – son ilegales bajo la ley internacional. El veredicto ha sido aprobado varias veces por las Naciones Unidas, y, hace poco, ha sido pronunciado con una claridad inequívoca en la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Israel respondía anunciando la construcción de más de 6.000 nuevas unidades en los territorios palestinos ocupados, la construcción de un nuevo asentamiento (el primero en 20 años), y la promulgación de una nueva ley que allana el camino para la anexión de grandes facciones de Cisjordania.

Sin duda, esta ley es “el último clavo del ataúd de la solución de dos Estados”, pero eso no es importante. Nunca le importó a Israel. El tanteo de una solución era puro paripé, por lo menos para Israel. Todas las “conversaciones de paz” y el “proceso de paz” en general, incluso cuando estaba en su cénit, rara vez ralentizaban a las excavadoras israelíes, o la construcción de “hogares judíos”, o la limpieza étnica contra los palestinos.

Diana Buttu describió en Newsweek cómo el proceso de construcción de asentamientos siempre va acompañado de la demolición de hogares palestinos. 140 estructuras palestinas han sido demolidas desde que comenzó 2017, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en los Territorios Ocupados.

Desde que Donald Trump fue nombrado presidente de Estados Unidos, Israel se ha visto liberado de su obligación de expresar dos actitudes. Durante décadas, muchos oficiales israelíes han hablado apasionadamente de la paz, e hicieron todo lo que estuvo en su mano para impedir su consecución. Ahora, ya no les importa. Y punto.

Han perfeccionado su doble actitud simplemente porque tenían que hacerlo, porque era lo que Washington esperaba y pedía. Pero Trump les ha dado un cheque en blanco: haced lo que queráis; los asentamientos no son un obstáculo para la paz; Israel ha sido tratado “muy, muy injustamente” y corregiré esta injusticia histórica, etcétera.

Casi inmediatamente después de la inauguración de Donald Trump como presidente el 20 de enero, todos se quitaron las máscaras.

El 25 de enero, el verdadero Benjamin Netanyahu resurgió, dejando de actuar, y declarando descaradamente: “Construimos, y seguiremos construyendo” asentamientos ilegales.

¿Qué más se puede hablar con Israel llegados a este punto? Nada. La única solución que le importaba a Israel era su propia “solución”, siempre impulsada por el apoyo ciego americano, la inutilidad europea, y siempre impuesta a los palestinos y a otros países árabes, si era necesario, por la fuerza.

Los representantes de la gran farsa de la solución de dos Estados, que elaboraron ingeniosamente el “proceso de paz” y bailaron al ritmo de Israel están ahora desconcertados. Han sido expulsados por los terribles planes de Israel, que han disparado a la cabeza de su “solución”, dejando a los palestinos a elegir entre la subyugación, la humillación o el encarcelamiento.

 Jonathan Cook tiene razón. La nueva ley es el primer paso hacia la anexión de la mayor parte de Cisjordania. Una vez que se legalicen los puestos más pequeños, tendrán que fortificarlos, expandirlos y protegerlos (“obviamente”). La ocupación militar, que lleva en pie 50 años, ya no será temporal y reversible. La ley civil continuará aplicándose a los judíos de los Territorios Palestinos Ocupados, y la ley militar, a los palestinos.

En caso de que aún no lo tengan claro: es la mera definición de un apartheid.

Para cumplir con las “necesidades de seguridad” de los colonos, se construirán más carreteras de circunvalación “exclusivas para judíos”, más muros, y más puertas que mantendrán a los palestinos lejos de su tierra, lejos de sus escuelas y sus vidas; y más puestos de control causarán más sufrimiento, más dolor, más ira y más violencia.

Esa es la visión de Israel. Incluso Trump se frustra frente al descaro de Israel. En una entrevista con Israel Hayom, pidió a Israel que fuese “razonable y respetuoso respecto a la paz”.

“Aún queda mucho terreno. Y cada vez que construyes asentamientos en él, queda menos terreno”, dijo Trump. Se está echando atrás respecto a su promesa de desplazar la embajada estadounidense y de permitir la expansión de los asentamientos, ya que se está dando cuenta de que Netanyahu y sus partidarios en la ONU le han llevado al borde de un precipicio y ahora le están pidiendo que salte.

Pero la verdad es que importa poco. Si Trump mantiene su posición pro-Israel extrema o si la revierte a una postura despreocupada similar a la de Barack Obama, no cambiará nada – ya que sólo Israel puede influir en los resultados.

La aprobación de la ley por parte de Israel es el fin de una era. Hemos llegado al punto en el que podemos declarar abiertamente que el llamado “proceso de paz” siempre fue una ilusión, ya que Israel nunca tuvo la intención de conceder Cisjordania y Jerusalén oriental a los palestinos.

El liderazgo palestino también carga con parte de la culpa.

El mayor error que cometió el liderazgo palestino (además de una vergonzosa falta de unidad) fue confiar a los Estados Unidos, principal aliado de Israel, la gestión del “proceso de paz”, lo que ha otorgado a Israel tiempo y recursos para finalizar sus proyectos coloniales, a la vez que ha destrozado los derechos y las aspiraciones políticas de Palestina.

Volver a los mismos viejos canales, usar el mismo lenguaje y buscar la salvación en el altar de la antigua “solución de dos Estados” no servirá para nada más que para malgastar tiempo y energía.

Pero las humillantes opciones de Israel para Palestina se pueden interpretar de una manera diferente. De hecho, es la obstinación israelí la que ahora deja a los palestinos (e israelíes) con otra y única opción: la igualdad de ciudadanía en un Estado único, o un terrible apartheid.

Según dijo el ex presidente Jimmy Carter: “Israel nunca encontrará la paz hasta que no permita a los palestinos poseer sus derechos humanos y políticos básicos”.

Esta “permisión” israelí aún está por llegar, lo que deja a la comunidad internacional con la responsabilidad moral de exigirla.

Fuente: Monitor de Oriente.

 

QEPD Gerald Kaufman. Video: Condena de las políticas del Estado de Israel en el parlamento inglés

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Falleció ayer, domingo 26 de febrero, a los 86 años, el miembro del parlamento inglés sir Gerald Kaufman, conocido por su defensa de los derechos humanos del pueblo palestino. También formó parte del movimiento laborista judío y llamó a las sanciones económicas y la prohibición de la venta de armamento a Israel, tomando como ejemplo el éxito de las medidas contra la Sudáfrica del apartheid.

Foto: Rathfelder. English Wikipedia

Foto: Rathfelder. English Wikipedia

La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) 

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​»Llamado a la acción»

La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) es una iniciativa palestina dirigida a movilizar a los grupos de solidaridad internacional con la población palestina de Hebrón/Al-Jalil en su lucha por vivir en paz en su propia ciudad. Las fuerzas de ocupación israelíes (FOI) continúan con su estrategia de presionar a las y los palestinos para que abandonen sus hogares en el centro de Hebrón. Esta presión viene en forma de cierre de mercados y calles, puestos de control militares, sometimiento a la ley militar (incluyendo cacheos frecuentes al azar y detenciones sin cargos), y violencia rampante de los colonos.

Las FOI cerraron la calle Shuhada de Hebrón a los vehículos palestinos en 1994, a raíz de la masacre en la mezquita Abrahán, cuando el colono americano-israelí Baruch Goldstein, de la organización extremista judía Kach, abrió fuego contra los…

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«Redwashing», discursos de «izquierda» para limpiar los crímenes del Estado de Israel

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Por Berenice Bento.

Traducción Ana Rosa Moreno, para Los Otros Judíos y BDS México.

No sólo es la fuerza militar la que explica el secreto del éxito del Estado de Israel en su política de eliminación de la población palestina. La neocolonización que allí tiene lugar posee diferentes niveles de sofisticación. No estamos ante un proceso clásico de genocidio, en donde la muerte del Otro sucede rápidamente, ahorrando tiempo y recursos. Barrer la nación palestina del mapa lo lleva a diseñar una compleja estructura de políticas complejas que, poco a poco, han socavado cualquier posibilidad de existencia de un Estado palestino. Nada parece escapar a la necropolítica (concepto de Achille Mbembe) tentacular del Estado de Israel. Incluso los cuerpos de los/las palestinos/as ejecutados por el ejército´, a menudo, tardan años en ser entregados a las familias, en una clara política de terrorismo psicológico (hay varios artículos sobre el tema, inclusive en nuestra prensa hegemónica).

Si, internamente la fuerza militar asegura el éxito de la necropolítica, en la disputa de la opinión internacional, otras armas son accionadas, entre ellas las imágenes retóricas que construyen un país democrático, garante de los derechos humanos (en especial la libertad de las personas LGBT) y animal. Sarah Schulman, en un artículo publicado en el New York Times, acuñó un término ampliamente citado. Lo que el Estado de Israel hace es pinkwashing. La palabra «cal» (pintura que usa para pintar paredes) se llama whitewashing (discriminación racial). La expresión pinkwashing (pintura rosa), por lo tanto, es un conjunto de discursos que utiliza la supuesta libertad de las personas LGBT para limpiar, ocultar los crímenes contra la humanidad cometidos por Israel. Los discursos trabajan allí como armas de guerra, simbólicamente estructuran una posición superior de la nación israelí en relación al resto de Medio Oriente y, más específicamente, garantizan una supuesta legitimidad y superioridad moral al atraso de la población palestina.

Muro en Belén. Foto: Tali Feld Gleiser

Muro en Belén. Foto: Tali Feld Gleiser

Otro concepto que también denuncia el señuelo del Estado de Israel a presentarse como un defensor de los animales: veganwashing. Para la realización con éxito de la «limpieza étnica», que comenzó en 1948, otras formas de limpieza eran y son necesarias. Lo que apunta para el carácter singular del tipo de neocolonialismo que allí sucede.

No estoy apuntando, en este artículo, a discutir veganwashing o pinkwashing. Me gustaría proponer otro concepto que intente comprender el papel dañino de que los discursos basados en una supuesta ideología de izquierda acaban legitimando las acciones del Estado de Israel. Yo lo llamaré redwashing, o autodenominados dispositivos discursivos de «izquierda» dirigidos a limpiar los crímenes del Estado de Israel. El red (rojo) se refiere al símbolo del color de la izquierda. Aunque los sionistas de izquierda son los más conocidos por esta limpieza, esta práctica discursiva, redwashing, no se limita a este brazo discursivo. Para una discusión sobre el redwashing bajo el sionismo izquierdista, sugiero leer el artículo «Con un discurso ‘pacifista’, la izquierda sionista contribuye al exterminio del pueblo palestino», de Shajar Goldwaser.

El redwashing se estructura alrededor de algunos ejes discursivos:

Defensa del pueblo palestino. Los fanáticos del redwashing harán un discurso casi emocionado en defensa del pueblo palestino. Dirán que el gobierno israelí es cruel. Señalarán, en detalle, cada una de las acciones de este gobierno que transforma la vida de un/a palestino/a en una infiltración de interminables mecanismos burocráticos. Incluso podrán dedicar parte de su tiempo a proteger al gobierno palestino contra un gobierno inhumano. También señalarán los males del neoliberalismo para un/a trabajador/a  palestino/a que, en general, recibe un tercio del valor del salario mínimo pagado a un/a israelí.

Conocí a una señora israelí que, después de una disertación sobre redwashing en relación a la miseria palestina y de sensibilizar al público por su trabajo humanitario en los puestos de control militares, dijo orgullosamente: «pero le pago a mi trabajadora  palestina de acuerdo a la ley». Al final estarás convencido de que él /ella es más palestino/a que cualquier palestino/a.

La visión paternalista/maternalista oculta la verdad. Él/ella sabe que esto no es una «política de gobierno», sino de Estado. El Poder Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo actúan en armonía para mantener la política de robar las tierras del pueblo palestino y la eliminación física de la población palestina. Cuando se detiene a un/a palestino/a (por lo general, acusado de arrojar piedras a los soldados),  es entregado a la justicia militar. Todo el proceso del terror sucede estrictamente dentro de la ley. Es decir, las esferas constitutivas del Estado trabajan en conjunto para asegurar la continuidad de los necropolítica que el Estado de Israel ha venido implementando desde su fundación. Al limitar la opresión que el pueblo palestino sufre a los tropos «burocracia» y «gobierno», se está tejiendo un subtexto delicado: Éstas políticas contra el pueblo palestino no son la estructuración del Estado de Israel. Vamos a cambiar el gobierno y todo va a cambiar. Sin embargo, hasta la fecha, Estado de Israel y la limpieza étnica son términos inseparables.

Defensa de los dos Estados. Para demostrar una vez más que son más palestinos/as que los/as propios/as palestinos/as, los/as partidarios/as del redwashing harán una defensa ardiente del derecho del pueblo a tener su Estado. Algunos dirán que no es el momento porque es necesario poner fin a los terroristas; otros, harán discursos más radicales, defendiendo el fin de la ocupación inmediata. Pregunta a él/ella: ¿Cuál es el límite territorial? ¿Anterior a 1967 o 1948? ¿Qué se hará con los más de 500.000 colonos israelíes que robaron y roban, bajo la protección y el fomento del Estado de Israel, las tierras de los palestinos? Mira el siguiente mapa. Mira lo que queda de Palestina. Un cuerpo político amputado.

palestina-perdida-de-tierra

Todos/as los/as palestinos/as con los/as que hablé en los 66 días de mis viajes a Israel y los territorios palestinos ocupados afirman que la fragmentación territorial posterior a Oslo  (1993)  y  la instalación de los asentamientos territoriales desde 1970 tornaron la  solución de los dos Estados imposible. La única solución posible, dijeron, sería un solo Estado. Pregunta a los formuladores del redwashing lo que piensan de esta propuesta. Ellos  siguen insistiendo en el derecho del pueblo palestino a su Estado, pero no salen de este discurso abstracto (sugiero el informe especial de Al Jazeera sobre el lobby de Israel en Inglaterra con el «disfraz» de la defensa de los dos Estados»).

El Estado de Israel actúa como si los territorios ocupados ya formasen parte de su territorio, pero anexarlos abiertamente traería a sus marcos nacionales a la población palestina. ¿Qué hacer? El caso de Jerusalén Este (ocupado por Israel) es paradigmático. A pesar de que, a nivel internacional, la ciudad se considera ocupada hace 50 años, para Israel, de hecho, Jerusalén Este ya fue anexada. Pero si se anexa, ¿son israelíes todos los habitantes? No, los/as palestinos/as no son ciudadanos/as; tienen una residencia «permanente», revocable en cualquier momento por el Estado de Israel.

Derecho del retorno de los/as  palestinos/as. En 1948, el Estado de Israel implementó la primera fase de la limpieza étnica. Pueblos enteros fueron destruidos y millones enviados al exilio o a campamentos de refugiados (sobre la  limpieza étnica sugiero la conferencia de  Ilan Pappe). Esta tragedia, o nakba en árabe, no paró allí;  es continua. Una de las demandas centrales de los/las palestinos/as es el derecho al retorno, reconocido como legítimo por la ONU. Muchas familias palestinas todavía tienen la llave de su casa robada por Israel. Sobre esta afirmación, los adeptos al  redwashing dirán que ya pasaron muchos años, nacieron generaciones, hubo una gran batalla, el Estado de Israel ganó y la propuesta del retorno es inviable.

Derecho universal del «retorno» judío. Desde la fundación del Estado de Israel, hay una  ley que asegura que todos los judíos del mundo tienen el derecho de «retornar» a Israel. Pero si el «retorno» se refiere a un pasado distante bíblico, nada más coherente que los practicantes del redwashing también tomen una posición en contra de esta ley, después de todo, han pasado siglos. Esta fue la pregunta que le hice a una señora prácticante del redwashing, la misma que tiene una empleada palestina, la misma en contra del retorno de los palestinos/as. Volvió la cabeza y me dijo: No voy a responder a esta pregunta.

Solución. En el léxico del redwashing  están prohibidas palabras como «genocidio», «apartheid» y  «limpieza étnica». Se admite que su «gobierno» comete «opresión». ¿Qué hay que hacer para acabar con la opresión? Renunciar a convencer a él /ella que la solidaridad internacional con el pueblo palestino de hoy en día, más que nada, pasa a través de la membrecía al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Él/ella probablemente va a insistir en que es necesario defender el diálogo entre las partes implicadas en el «conflicto» (ilusión retórica que sugiere un cierto equilibrio de fuerzas entre Israel y los palestinos). Poco importa que Palestina siga desapareciendo, los métodos de terror utilizados por el Estado de Israel no se han enfriado a lo largo de  sus años de existencia. Y al final, el practicante del redwashing te dirá que es un aliado del pueblo palestino. Con un aliado como éste, ¿quién necesita enemigos?

Este artículo no pretende agotar todos los elementos discursivos estructurales del redwashing. Se fueron tejiendo  con mi experiencia y la lectura. He escuchado muchos discursos y leí varios artículos de ONG israelíes que se llaman a sí mismas defensores del pueblo palestino. La gran mayoría, lamentablemente,  en un teórico trabajo para romper el silencio de las necropolíticas implementadas por el Estado de Israel, de hecho, hace una obra sofisticada para justificar estas mismas políticas accionando el ideario socialista. Dicen que es exagerado definir lo que ocurre como genocidio. En este exceso lingüístico cometido por militantes de los movimientos de solidaridad mundial, los redwashing no tienen timidez en tipificarlo como «antisemita».

En una de estas reuniones, escuchaba, una vez más, la importancia de la existencia del Estado de Israel para proteger a una masa de trabajadores pobres de Europa de principios del siglo 20, perseguidos por los gobiernos antisemitas. De repente, me detuve, miré a mi alrededor y pregunté mi interlocutor: ¿Tú te olvidas de dónde estamos? Estábamos en el campo de refugiados de Aida. Allí viven, hace décadas, miles de palestinos/as a los que les robaron sus casas para construir el Estado de Israel. ¿Hay una superioridad moral de los excluidos que les permite convertirse en opresores? ¿Qué hace que mi dolor me califique para entrar en un régimen de opresión del otro? Es como si mi interlocutor no viera la tragedia humana que nos rodeaba. A la entrada de Aida, en una de las paredes, era posible leer docenas de nombres de los niños que fueron asesinados por el Estado de Israel. Hay un nivel de blindaje emocional entre los redwashing que  no deja que ellos se acerquen empáticamente al dolor de los/las palestinos/as, que sientan como suyo el dolor de otro, principio, en mi opinión, que estructura de la noción de solidaridad internacional.

Sin embargo, para recuperar la esperanza, también me encontré con activistas israelíes del BDS, jóvenes que se niegan a servir en el ejército y ven la alta tasa de suicidios en las fuerzas armadas de Israel como un síntoma de una sociedad que, hegemónicamente, tiene la violencia como un valor organizador de la mirada sobre el Otro Absoluto (Simone de Beauvoir): el pueblo palestino.

Como he dicho, este discurso se propaga de manera rizomática. No es propiedad de un grupo religioso, nacional, étnico o política. De ahí su eficacia. Es posible encontrarlo entre sus ciudadanos/ciudadanas con una cierta simpatía por la izquierda, incluso entre diputados defensores de los derechos humanos y los derechos de las personas LGBT (y, aquí, trágicamente, se combinan dos tipos de limpieza discursiva: redwashing y pinkwashing).

En 1956, Aimé Césaire escribió una carta rompiendo con el Partido Comunista Francés (PCF). Afirmó que no iba a tolerar los crímenes de Stalin, y tampoco sería cómplice de un Estado que, a pesar de definirse como socialista, era, en su esencia, capitalista y aplicaba la misma política colonialista de otros Estados europeos, atacando y masacrando a otras personas. Con este acto, el poeta de la negritud retoma ese eje que  históricamente ha orientado las sensibilidades de  izquierda: la solidaridad internacional no puede estar sujeta a la identidad nacional o religiosa.

La lucha por la justicia social interseccional sigue, en mi opinión, siendo el vector que unifica a los que luchan contra las múltiples formas de exclusión en un contexto neoliberal globalizado. El discurso redwashing, así como la política del PCF en aquel momento, no es sólo un cómplice para ayudar en la desaparición de un pueblo. Es una parte estructural de la sofisticada y tentacular necropolítica del Estado de Israel.

Berenice Bento tiene un doctorado en Sociología y es profesora de la UFRN (Universidad Federal de Río Grande del Norte).

Fuente: Desacato.

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