Bernarda Alba en Palestina

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«Cuando llegué a vivir a Belén, Palestina, lo primero que me llamó la atención fue su población, tan lejos de los prejuicios a los que nos tienen sometidos la mayoría de los medios de comunicación, así como de la propaganda de todo tipo contra este pueblo que lo único que quiere es que les concedan su legítimo lugar en el mundo.
Cuando Eva Chaves, la profesora de español de la Universidad de Belén, me habló de representar una obra nos pusimos a ello, «La casa de Bernarda Alba» era perfecta y además solo se habían presentado mujeres a la convocatoria. La dificultad añadida era que la tenían que representar en español. Yo me apunté a actuar también, me parecía que era la mejor manera de acercarme a las chicas. Y luego tenía mi cámara, algo básico de sonido y decidí lanzarme, sabía que las limitaciones técnicas eran todas, éramos dos, mi cámara y yo, pero con muchas ganas de acercarnos lo más posible a estas mujeres inteligentes, guapas, alegres, buenas y con sueños a pesar de la realidad que las mantiene encerradas»
Bernarda Alba en Palestina ha sido seleccionada en números Festivales y esto me pone muy contenta ya que muchas personas han podido conocer a estas magníficas mujeres.

Cristina Andreu

N.de la R.: La distancia entre Belén y Jerusalén es de 10 km, pero para los pocos palestinos que pueden ir es toda una humillación de permisos especiales, puestos de control y horarios que cumplir.

El derecho de Israel a ser racista

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Un artículo de 2007, pero que sigue siendo actual.

Por Joseph Massad. 

Los esfuerzos de Israel por la paz son sinceros. De hecho, Israel desea vivir en paz no sólo con sus vecinos, sino también y especialmente con su propia población palestina, y con los palestinos cuyas tierras ocupa por la fuerza. El deseo de paz de Israel no es sólo retórico sino concreto, y profundamente psicológico. Con pocas excepciones, los líderes sionistas más prominentes, desde los orígenes mismos del sionismo colonial, han deseado establecer la paz con los palestinos y los demás árabes cuyos países decidieron tomar para su ocupación y asentamiento. La única cosa que Israel ha reclamado, y sigue reclamando para terminar con el estado de guerra contra los palestinos y sus vecinos árabes, es que todos ellos reconozcan su derecho a ser un estado racista, que discrimina por ley a los palestinos y otros árabes y que garantiza derechos legales diferenciados y privilegios a sus propios ciudadanos judíos. La resistencia que el pueblo palestino y otros árabes han organizado contra el derecho de Israel a ser un estado racista es lo que continúa interponiéndose entre Israel y esa paz por la que ha luchado durante décadas. De hecho, esta resistencia es nada menos que el “nuevo antisemitismo”.

Israel está dispuesto a hacer lo que sea para convencer a los palestinos y a los demás árabes de que necesita gozar del derecho a ser racista. Incluso a nivel teórico, y antes de que empezara a construirse realmente, el proyecto colonial sionista buscó diferentes formas para convencer a los pueblos cuyas tierras quería robar y aquellos a quienes quería discriminar de que admitieran como aceptable su necesidad de ser racista. Todo lo que pedían es que los palestinos “reconocieran su derecho a existir” como un estado racista. Los métodos militares no fueron los únicos instrumentos persuasivos disponibles; también hubo otros, incluyendo los incentivos económicos y culturales. El sionismo desde el comienzo ofreció a algunos palestinos beneficios económicos si aceptaban su propuesta de que tenía derecho a ser racista. De hecho, el Estado de Israel todavía lo hace. A muchos funcionarios de la Autoridad Palestina y de la Organización para la Liberación de Palestina se les han ofrecido y han aceptado numerosos incentivos económicos para reconocer esta crucial necesidad israelí. Aquellos entre los palestinos que deplorablemente continúan resistiendo son penalizados por su intransigencia con la asfixia económica y el hambre, complementados con bombardeos regulares y raids, así como con el aislamiento internacional.

Estos persuasivos métodos, así lo espera Israel, convencerán finalmente a esa recalcitrante población para que acepte la necesidad de Israel de ser un estado racista. Después de todo, el racismo israelí sólo se manifiesta en su bandera, en su himno nacional y en un puñado de leyes que son necesarias para salvaguardar los privilegios de los judíos, incluidas la Ley del Retorno (1950), la Ley de la Propiedad Ausentada (1950), la Ley de la Propiedad del Estado (1951), la Ley de Ciudadanía (1952), la Ley del Estatus (1952), la Ley de Administración de las Tierras de Israel (1960), la Ley de Construcción y Edificación (1965) y la ley de 2002 prohibiendo los matrimonios entre israelíes y palestinos de los territorios ocupados.

Comencemos hablando de por qué Israel y el sionismo necesitan asegurar que Israel continúe siendo un estado racista por ley, y por qué se cree merecedor de tal derecho. La argumentación es triple y está basada en las siguientes aseveraciones:

Los judíos estarían siempre en peligro en el mundo abierto; sólo en un estado que los privilegie religiosa y racialmente podrían estar a salvo de la opresión de los “gentiles” y podrían prosperar. Si Israel quitara sus leyes y símbolos racistas y se convirtiera en un estado democrático no-racista, los judíos podrían dejar de ser una mayoría y se convertirían en lo mismo que los judíos de la Diáspora: una minoría en un estado no-judío. Estas preocupaciones han sido expuestas claramente por los dirigentes israelíes tanto individual como colectivamente. Shimon Peres, por ejemplo, la paloma del Israel oficial, se ha quejado durante tiempo del “peligro” demográfico palestino, en cuanto la Línea Verde que separa Israel de Cisjordania está “comenzando a desaparecer, lo que puede llevar a unir los futuros de los palestinos de Cisjordania y de los árabes israelíes”. Peres espera que la llegada de 100.000 judíos a Israel pueda aplazar este “peligro” demográfico por más de una década, aunque finalmente, como él subraya, “la demografía venza a la geografía”.

En diciembre de 2000, el Instituto de Política y Estrategia del Herzliya Interdisciplinary Centre en Israel comenzó sus series de conferencias anuales sobre la fuerza y la seguridad de Israel, especialmente centradas en la cuestión de mantener la mayoría demográfica judía. El presidente de Israel y los actuales y anteriores primeros ministros y ministros acudieron al completo. Uno de los “puntos principales” señalados en el informe de 52 páginas sobre las conferencias es la preocupación sobre el número que se necesita para que los judíos mantengan la supremacía demográfica y política de Israel: “El alto índice de natalidad de los “árabes israelíes” plantea la cuestión del futuro de Israel como un estado judío… Las actuales tendencias demográficas, de continuar, pondrán en riesgo el futuro de Israel como estado judío. Israel tiene dos opciones estratégicas: adaptación o contención. La última requiere una enérgica política demográfica sionista de largo alcance, cuyos efectos políticos, económicos y educativos garanticen el carácter judío de Israel.”

El informe añade afirmativamente que “los que apoyan la preservación del carácter de Israel como un estado judío para la nación judía constituyen mayoría entre la población judía de Israel”. Lógicamente esto supone el mantenimiento de todas las leyes racistas que garantizan el carácter judío del estado. Los siguientes encuentros anuales que se han producido han confirmado este compromiso.

Los judíos serían los portadores de la civilización occidental y constituirían un baluarte en Asia para defender tanto la civilización occidental como sus intereses económicos y políticos frente al terrorismo y a la barbarie de Oriente. Si Israel se transformara a sí mismo en un estado no-racista, su población árabe podría arruinar su compromiso con la civilización occidental y su defensa de los intereses económicos y políticos occidentales, pudiendo incluso llegar a transformar a los propios judíos en una población bárbara oriental. Así es como lo expresó en una ocasión Ben Gurion: “No queremos que los judíos se conviertan en árabes. Tenemos el deber de luchar contra el espíritu de Oriente, que corrompe a los individuos y a las sociedades, y de preservar los auténticos valores judíos tal y como cristalizaron en la Diáspora [europea]”. Sin duda Ben Gurion fue claro sobre el papel sionista en la defensa de tales principios: “Nosotros no somos árabes, y se nos mide con un rasero diferente… Nuestros instrumentos de guerra son diferentes de los árabes, y sólo nuestros instrumentos pueden garantizar nuestra victoria”. Más recientemente, Naftali Tamir, embajador de Israel en Australia, ha señalado que: “Estamos en Asia sin tener las características de los asiáticos. No tenemos la piel amarilla ni los ojos rasgados. Asia es fundamentalmente la raza amarilla. Australia e Israel no lo son – nosotros somos básicamente la raza blanca.”

Dios habría dado esta tierra a los judíos y les habría dicho que se guardaran de los “gentiles” que los odian. Hacer de Israel un estado no-judío sería correr el riesgo de desafiar al propio Dios. Esta posición no sólo es mantenida por los fundamentalistas cristianos y judíos, sino incluso por sionistas laicos (tanto judíos como cristianos). Lo entendió así el mismo Ben Gurion (“Dios nos prometió esto a nosotros”), y también Bill Clinton y George W. Bush.

Es importante señalar que estos argumentos sionistas sólo son válidos si uno acepta previamente la proposición del excepcionalismo judío. Recuérdese que el sionismo e Israel son muy cuidadosos en no generalizar los principios que justifican la necesidad de Israel de ser racista, más bien son vehementes en mantenerlos como un principio excepcional. No es que otros pueblos no hayan sido oprimidos históricamente, es que los judíos han sido oprimidos más. No es que la existencia cultural y física de otros pueblos no haya sido amenazada, es que la existencia cultural y física de los judíos ha sido amenazada más. Estas ecuaciones cuantitativas son la clave de por qué el mundo, y especialmente los palestinos, deben reconocer que Israel necesita y se merece el derecho a ser un estado racista. Si los palestinos o algún otro rechazan esto, es que están decididos a la aniquilación física y cultural del pueblo judío, sin mencionar que estarían enfrentándose al Dios judeocristiano.

Es un hecho que los dirigentes palestinos y árabes no son fáciles de persuadir acerca de estas necesidades especiales que tiene Israel; son décadas ya de asiduos esfuerzos por parte de Israel para convencerlos, especialmente mediante instrumentos “militares”. En las últimas tres décadas ha habido signos de venirse a razones. Aunque Anwar El-Sadat inauguró este cambio en 1977, le costó mucho a Yasser Arafat reconocer las necesidades de Israel. Pero Israel continuó pacientemente y se volvió más innovador en sus instrumentos persuasivos, especialmente en los militares. Cuando Arafat recobró la cordura y firmó los acuerdos de Oslo de 1993, reconoció por fin el derecho de Israel a ser racista y a discriminar legalmente a sus propios ciudadanos palestinos. Debido a este tardío reconocimiento, un magnánimo Israel, siempre deseoso de paz, decidió negociar con él. Sin embargo él continuó resistiéndose en algunos asuntos. Porque Arafat esperó que su reconocimiento de la necesidad de Israel a ser racista dentro de Israel sería a cambio del final del sistema racista israelí de apartheid en los territorios ocupados. Y eso fue sin duda un malentendido por su parte. Los líderes israelíes se lo explicaron a él y a su principal negociador de paz, Mahmud Abbas, en discusiones maratonianas que duraron siete años: que las necesidades de Israel no se limitan a imponer sus leyes racistas dentro de Israel, sino que éstas deben extenderse también a los territorios ocupados. Arafat sorprendió a todos no contentándose con los bantustanes que Israel ofreció al pueblo palestino en Cisjordania y Gaza, alrededor de los asentamientos coloniales judíos que Dios había garantizado a los judíos. Se llamó a los Estados Unidos de América para que persuadieran al maleable dirigente de que la solución del bantustán no era tan mala. De hecho otros colaboradores tan honorables como Arafat habían disfrutado de sus beneficios, como Mangosutho Gatcha Buthelezi en la Sudáfrica del Apartheid. No había de qué avergonzarse por aceptarla. El presidente Clinton insistió a Arafat en Camp David en el verano de 2000. Mientras Abbas resultó convencido, Arafat permaneció indeciso.

Es verdad que en 2002 Arafat se vino a razones un poco más y reafirmó su reconocimiento de la necesidad de Israel de tener leyes racistas dentro del país, al desistir del derecho de retorno de los seis millones de exiliados palestinos, a los cuales, en virtud de la racista ley de retorno israelí, se les impide volver a los hogares de los que Israel los expulsó, mientras que los judíos ciudadanos de otros países obtienen automáticamente la ciudadanía en un Israel que la mayoría de ellos nunca ha visto previamente.

En The New York Times Arafat declaró: “Comprendemos las preocupaciones demográficas de Israel, y comprendemos que el derecho de retorno de los refugiados palestinos, un derecho garantizado por la ley internacional y la resolución 194 de las Naciones Unidas, debe tratarse de forma que tenga en cuenta tales preocupaciones”. Arafat afirmó que estaba intentando negociar con Israel “soluciones creativas sobre la grave situación de los refugiados respetando al mismo tiempo las preocupaciones demográficas de Israel”. Esto sin embargo no era suficiente, dado que Arafat continuaba sin ser persuadido de la necesidad de Israel de imponer su apartheid racista en los territorios ocupados. Israel no tuvo más remedio que aislarlo, mantenerlo bajo arresto domiciliario, y posiblemente envenenarlo al final.

El presidente Abbas, sin embargo, aprendió bien de los errores de su predecesor y ha mostrado más apertura a los argumentos israelíes acerca de la necesidad de imponer su sistema de apartheid racista en Cisjordania y Gaza, y de que la legitimidad de este apartheid debe ser reconocida por los propios palestinos como una condición necesaria para la paz. Abbas no ha sido el único dirigente palestino en ser convencido. Otros dirigentes palestinos quedaron tan convencidos que ofrecieron ayuda para construir la infraestructura del apartheid israelí, suministrando a Israel la mayor parte del cemento que necesitaba para construir sus colonias sólo-para-judíos y el Muro del Apartheid.

El problema ahora era Hamas, que, aun queriendo reconocer a Israel, permanecía negándose a reconocer su especial necesidad de ser racista dentro de la Línea Verde y de imponer un sistema de apartheid en el interior de los territorios ocupados. Aquí es cuando se trajo a Arabia Saudí el mes pasado, con la reunión en la ciudad de la Meca. ¿Quién podría, decían de manera admirativa los saudíes, romper un acuerdo en el que los líderes de las víctimas del racismo y la opresión israelíes prometieran solemnemente reconocer la necesidad especial de su opresor a oprimirles? Bueno, Hamas ha estado resistiéndose a esta fórmula, que Al-Fatah ha apoyado durante cinco años, en concreto a “incurrir” en este reconocimiento crucial. Hamas decía que todo lo que podía hacer era “respetar” pasados acuerdos que la Autoridad Palestina había firmado en su día con Israel y que reconocían su derecho a ser racista. Esto, insisten Israel y los Estados Unidos de América, es insuficiente y los palestinos van a continuar siendo aislados a pesar del “respeto” de Hamas por el derecho de Israel a ser racista. La condición para la paz, tal y como la entienden Israel y los Estados Unidos de América, es que tanto Hamas como Al-Fatah reconozcan y asuman el derecho de Israel a ser un estado de apartheid tanto dentro de la Línea Verde como en Cisjordania y Gaza. Y no hay nada que negociar aquí. La siguiente cumbre entre Condie Rice, Ehud Olmert y el excitado presidente de la Autoridad Palestina Abbas se empleó en que Olmert interrogara a Abbas acerca de cuánto seguía apoyando la necesidad israelí de apartheid en los territorios ocupados. Una cumbre menor ha sido celebrada sobre las mismas bases hace algunos días. Abbas ha esperado que las dos cumbres pudieran convencer a Israel para terminar los preparativos de los bantustanes sobre los que él piensa mandar, pero Israel, comprensiblemente, se ha sentido inseguro y ha querido asegurarse de que el propio Abbas estaba todavía apoyando su derecho a imponer el apartheid primero. Mientras, conversaciones “secretas” israelo-saudíes han dado a Israel la esperanza de que la próxima cumbre de la Liga Árabe en Riad puede muy bien cancelar el derecho palestino al retorno, que está hasta ahora garantizado por la ley internacional, y afirmar la inviolabilidad del derecho de Israel a ser un estado racista garantizado por la diplomacia internacional. Todos los esfuerzos de Israel por conseguir la paz finalmente darían sus frutos, si los árabes conceden lo que ya la mediación internacional ha concedido a Israel antes que ellos.

Debería quedar claro que en este contexto internacional, todas las soluciones existentes a lo que se da en llamar el “conflicto” palestino-israelí garantizarían la necesidad israelí de mantener sus leyes racistas y su carácter racista, y su derecho a imponer el apartheid en Cisjordania y Gaza. Lo que a Abbas y a los palestinos se les permite negociar, y al pueblo palestino y a los demás árabes se les invita a participar, son las características políticas y económicas (pero no geográficas) de los bantustanes que Israel está preparando para ellos en Cisjordania, y las condiciones del asedio en torno a la Gran Prisión llamada Gaza, y en torno a las otras menores de Cisjordania. No nos equivoquemos sobre esto, Israel no negociará sobre ninguna otra cosa, porque hacerlo podría ser equivalente a renunciar a su dominio racista.

Y para aquellos de entre nosotros que insisten en que ninguna resolución será factible hasta que Israel revoque todas sus leyes racistas, abriendo entonces el camino a un futuro no racista para palestinos y judíos, en un descolonizado estado bi-nacional, Israel y sus apologistas tienen una respuesta ya preparada. Una respuesta que redefine el significado de “antisemitismo”. Antisemitismo ya no es el odio y la discriminación contra los judíos como grupo religioso o étnico; en la era del sionismo, “antisemitismo” se ha metamorfoseado en algo más insidioso. Hoy, tal como Israel y sus partidarios en Occidente defienden, el antisemitismo genocida consiste mayormente en cualquier intento de rechazar el absoluto derecho de Israel a ser un estado judío racista.

Traducción Observatorio de la Islamofobia http://islamofobia.blogspot.com/

Fuente: Al-Ahram Weekly, 15-21 de marzo de 2007 http://weekly.ahram.org.eg/2007/836/op1.htm

Occidente castigó a Palestina cuando votó por Hamas, pero apoya a Israel cuando vota por el ‘apartheid’

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Los mensajes de las elecciones israelíes

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Colonia israelí (ilegal) en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania Ocupada. Foto: Tali Feld Gleiser.

Colonia israelí (ilegal, como todas) en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania Ocupada. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Ilan Pappé.

The Electronic Intifada
Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Riba García.
A quienes conocemos la naturaleza de la bestia no pudo sorprendernos el resultado de las elecciones en Israel.Como muchos de mis amigos, yo también me sentí aliviado por el hecho de que no se eligiera un gobierno sionista “progresista”. Eso habría permitido que siguiera la farsa del “proceso de paz” y la ilusión de la “solución de los dos estados” para continuación del sufrimiento de los palestinos.

Como siempre, el mismo primer ministro Benjamin Netanyahu ofreció la inevitable conclusión cuando declaró el fin de la solución de los dos estados, invitándonos así al largamente postergado funeral de una idea mal concebida que concedía a Israel la necesaria inmunidad internacional para su proyecto colonialista en Palestina.

La potencia de la farsa quedó al descubierto cuando tanto los expertos internacionales como los locales predijeron la tan alejada de la realidad victoria del sionismo progresista, una tendencia ideológica israelí en vías de extinción, encarnada por la lista de la Unión Sionista encabezada por Isaac Herzog y Tzipi Livni.

Los sondeos a pie de urna compilados por los mejores técnicos estadísticos de Israel reforzaron el pensamiento irreal y condujeron a un enorme fiasco mediático cuando las expectativas de una victoria del campo “progresista” se convirtieron en shock y consternación ante el triunfo de Netanyahu.

La debacle

Vale la pena hacer un primer análisis de las elecciones israelíes dedicando una atención más detenida a esta debacle.

Un segmento importante de quienes votaron por el Likud del Netanyahu pertenece a la segunda generación de judíos llegados de países árabes y musulmanes.

En esta oportunidad, se unieron a ellos los habitantes de los asentamientos de la Cisjordania ocupada, que votaron en bloque por Netanyahu. Los judíos procedentes de países árabes votaron mucho más al Likud que a Netanyahu. Los que viven en los asentamientos hicieron lo mismo a expensas de su nueva base política –la Casa Judía de Naftaly Bennett– para asegurar que el Likud sea el partido mayoritario en el próximo parlamento.

Ninguno estaba del todo contento con su opción pero no era tan orgulloso como para llevar prendida en la solapa la decisión de votar una vez más por Netanyahu. Quizás es por eso que tantas de estas personas no reconocieron a quién habían votado en los sondeos a pie de urna.

El resultado ha sido bastante catastrófico para los más renombrados encuestadores. Se perdieron el titular que deberían haber escrito cuando hicieron los sondeos a pie de urna: una aplastante victoria del Likud en 2015 y un decepcionante resultado para el sionismo progresista. La noticia más interesante fue el éxito de los ciudadanos palestinos de Israel, que se unieron en la Lista Unitaria y quedaron en tercer lugar por el número de escaños, detrás del Likud y la Unión Sionista.

La victoria del Likud

Los tres resultados –un revigorizado Likud, un derrotado Partido Laborista -la Unión Sionista es una alianza formada por el laborismo y la lista “Iniciativa” de Livni, y una representación palestina unificada– pueden ser ignorados por la comunidad internacional como servir también como catalizador de un nuevo pensamiento sobre la eterna cuestión palestina.

La victoria del Likud, a pesar del descontento reinante en Israel por las crecientes dificultades económicas y el desprestigio sin precedentes del estado judío en la comunidad internacional, indica claramente que en el futuro cercano no habrá un cambio dentro de Israel.

Mientras tanto, el laborismo ha maximizado su potencial: es improbable que mejore, por lo tanto no ofrece una alternativa. La razón principal es que el laborismo no es una alternativa. El Israel de 2015 sigue siendo un país colonial y de asentamientos; una versión progresista de esta ideología es incapaz de proponer una reconciliación a la población autóctona de Palestina.

Siempre, desde que el Likud se hizo por primera vez con el poder después de su histórica victoria en 1977, los votantes judíos han preferido, digamos, lo auténtico y apartarse continuamente de la versión más pálida y liberal del sionismo.

El laborismo estuvo en el poder el tiempo suficiente como para que supiéramos que era incompetente para proponer el acuerdo más moderado a los líderes palestinos que les garantizara una soberanía genuina; ni siquiera en Cisjordania y en la Franja de Gaza, que solo es la quinta parte de la Palestina histórica.

La razón es muy simple: la raison d’etre de una sociedad colonialista es el alejamiento de los nativos y su reemplazo por colonos. En el mejor de los casos, los nativos pueden ser confinados en enclaves cercados; en el peor, condenados a la expulsión o eliminados.

La descolonización

En este momento, la conclusión de la comunidad internacional debe ser clara. Solo la descolonización del estado colonial puede conducir a la reconciliación. Y la única manera de dar inicio a esta descolonización es mediante la utilización de los mismos medios que emplearon contre el otro estado de larga práctica colonial en el siglo XX: Sudáfrica.

La iniciativa BDS –boicot, desinversión y sanciones– nunca ha sido tan válida como ahora. Se espera que esto, junto con la resistencia popular en el propio Israel, atraiga al menos a una parte de la segunda y tercera generaciones de la sociedad colonialista judía y se una a la tarea de detener el proyecto sionista de colonización.

La presión desde fuera y desde el movimiento interior de resistencia es la única forma de forzar a los israelíes a la reformulación de la relación con todos los palestinos, incluyendo los refugiados, sobre la base de los valores de la democracia y la igualdad. De no ser así, podemos esperar que el Likud obtenga 40 escaños, tal vez a costa del siguiente indignado levantamiento de los palestinos.

Hay dos razones por las que esta propuesta todavía es viable. Una es la Lista Unitaria. Sea como sea, no tendrá un impacto significativo en la política de Israel. De hecho, al igual que la Autoridad Palestina, los días de la representación palestina en la Knesset, el parlamento israelí, están contados. Si una lista unificada no tiene consecuencias y una Autoridad Palestina carente de poder ni siquiera satisfacen a los sionistas progresistas es que ha llegado el tiempo de buscar nuevas formas de representación y acción.

La importancia de la Lista Unificada está en otra parte. Puede disparar la imaginación de otras comunidades palestinas en relación con las posibilidades de la unidad de propósito. Que los islamistas y los izquierdistas laicos puedan trabajar juntos por un futuro mejor es algo que puede tener implicaciones de largo alcance, no solo para palestinos e israelíes sino también para una Europa cada día más polarizada. La Lista Unificada representa a un conjunto de palestinos que conocen bien a los israelíes, están profundamente comprometidos con los valores de la democracia y han visto crecer su importancia entre el resto de los palestinos después de años de marginados y prácticamente olvidados.

La segunda razón para tener la esperanza de que surgirán nuevas alternativas es que a pesar de toda su maldad y crueldad, el proyecto colonialista del sionismo no es el peor de la historia.

Con todo el horrendo sufrimiento que ha provocado, el más reciente en la matanza en Gaza el último verano, ciertamente no ha exterminado la población local y su desposeimiento continúa estando inacabado. Esto no significa que eso no irá a peor ni que debamos subestimar el sufrimiento de los palestinos.

La visión

Lo que significa es que la principal motivación entre los palestinos no es la retribución sino la restitución. Su deseo es vivir una vida normal, algo que el sionismo niega a todos los palestinos desde que esa ideología llegó a Palestina en los últimos años del siglo XIX.

Una vida normal es el fin de las políticas discriminatorias propias del apartheid contra los palestinos en Israel, el fin de la ocupación militar y el asedio en Cisjordania y la Franja de Gaza y la aceptación del regreso de los refugiados palestinos a su tierra.

El quid pro quo es el reconocimiento de que el grupo étnico judío surgido en Palestina forma parte de una nueva, descolonizada y plenamente democrática administración basada en unos principios que deberán ser acordados por todos los concernidos.

La comunidad internacional puede desempeñar un papel positivo en la materialización de esta visión adoptando tres supuestos básicos. El primero es que el sionismo continúa siendo una forma de colonialismo, por lo tanto estar contra el sionismo no es antisemitismo sino anticolonialismo.

El segundo es que si se deja atrás la excepcionalidad de la que ha gozado Israel durante años, sobre todo en relación con los derechos humanos, tiene las mejores posibilidades de desempeñar un papel constructivo en la salvaguarda de esos derechos en el conjunto de Oriente Medio.

Y finalmente, debemos ser conscientes de que la ventana de oportunidad para salvar vidas inocentes en la Palestina histórica se está cerrando rápidamente: si los poderes de Israel permanecen intactos, una repetición de las masacres de lo últimos años es más que probable. Es urgente abandonar las viejas fórmulas de “paz”, que no han funcionado, y empezar a buscar alternativas justas y viables.

Ilan Pappe es autor de numerosos libros, profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter, Inglaterra.

Fuente: http://electronicintifada.net/content/messages-israels-election/14359

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196802

Netanyahu será recordado por contar la verdad de Israel: No habrá Estado palestino

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Palestina colgantePor Gideon Levy.

Quisiera decirle gracias, Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Gracias por decir la verdad. La semana pasada Ud. se reveló como el primer primer ministro israelí que dice la verdad. Hace por los menos 25 años que la mayoría de los estadistas israelíes mienten, engañan al mundo, a los israelíes y a sí mismos. Hasta que apareció Netanyahu – justo él entre todos los estadistas – y dijo la verdad. Si tan solo esta verdad hubiera sido contada por un primer ministro hace 25 años, incluso tal vez hace 50,  cuando nació la ocupación. Aun así, es mejor tarde que nunca. El público lo recompensó por esta verdad, y Netanyahu fue elegido para un cuarto mandato.

Netanyahu dijo la semana pasada que si era reelegido, con él no habría Estado. Simple y claro. Esta  verdad pura y simple también fue el caso para todos sus predecesores – todos los primeros ministros, amantes de la paz y buscadores de justicia del centro y la izquierda, que hicieron promesas falsas. Pero antes de él ¿quién pensó en admitirlo? ¿Quién tuvo el coraje de revelar la verdad? El más reciente de estos impostores fue el líder de la Unión Sionista Isaac Herzog: Su querido plan incluía cinco años de negociaciones. El público lo recompensó por eso.

Después de todo, hubo que engañar a los estadounidenses, embaucar a los europeos y engatusar a los palestinos, maquillar las cosas para el Cuarteto de Oriente Medio y mentirles a algunos israelíes.  También hubo que ganar tiempo, construir asentamientos y deshacerse de cualquier posible socio palestino – Yasser Arafat, que era demasiado fuerte;  el presidente Mahmoud Abbas,  quien es demasiado débil, y  Hamas,  que es demasiado extremista. Había que ganar tiempo para que los palestinos se volvieran más extremistas y todos entendieran que no hay con quien conversar.

Ahora viene el hombre considerado un charlatán y solo él dice esta verdad histórica, trascendental: no habrá un Estado palestino. No durante su gobierno, que ahora parece eterno. Y no después de él, porque entonces será demasiado tarde. El fin de las negociaciones, el fin de los juegos. No más viajes diplomáticos, Cuartetos, emisarios, procesos, borradores, mediadores ni planes. Eso es; no va a suceder.

No era posible desde el comienzo. En Israel, no hubo ningún primer ministro – incluyendo los dos ganadores del Premio Nobel – que tuvieran, por un minuto, la intención de permitir el establecimiento de un Estado palestino. Pero el «bluff» del siglo era conveniente para todos. Ahora, Netanyahu le ha puesto fin.

Si Israel hubiera mostrado sus cartas desde el principio, como lo ha hecho, tal vez estaríamos en un punto diferente, uno mejor.

Si tan solo Israel hubiera dicho la verdad: que desea todo el territorio ocupado para él y no lo va a abandonar nunca; que cientos de miles de judíos viven allí y no tiene intención de evacuarlos; que no le importa la ley internacional ni lo que piense el resto del mundo; que los palestinos no tienen allí ningún derecho; que  Abraham nuestro patriarca está enterrado allí; que Raquel nuestra matriarca llora allí; que la seguridad de Israel depende de ello y que el Holocausto es inminente. Las razones son muchas y variadas; y todos dicen lo mismo: ahora y para siempre, de Hebron a Jenin. Sí a la autonomía, a la autoadministración, a las ligas de las aldeas o a la Autoridad Palestina. Pero no a un Estado. Nunca.

Si un líder honesto como Netanyahu hubiera aparecido hace unos años, nosotros los israelíes lo habríamos sabido, los palestinos habrían sabido y también el mundo entero: No habrá. Entonces hubiera sido posible lidiar con otras soluciones en vez de desperdiciar tiempo conversando, tiempo en que el odio solo creció y sangre fue derramada en vano. Podríamos haber empezado hace mucho a pensar en alternativas a la solución de los dos Estados – y solo hay una: un Estado. Y podríamos haber comenzado a debatir qué régimen tendría– y solo hay dos: democrático o de apartheid. En vez de eso, nos engañaron.

Ahora, Benjamin Netanyahu ha venido y le puso un punto final a todo eso. Tenemos que agradecerle. La Historia recordará que él fue el primer primer ministro israelí a decir la verdad.

Traducción: LosOtrosJudíos.com

Foto: Tali Feld Gleiser.

Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.648122?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

Netanyahu merece al pueblo israelí e Israel se merece a Netanyahu

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criminalPor Gideon Levy.*

La primera conclusión a la que se llegó solo minutos después del anuncio de los sondeos de boca de urna fue particularmente desalentadora. Hay que reemplazar la nación. No se precisa otra elección para la dirigencia del país, sino elecciones generales para escoger un nuevo pueblo israelí – de inmediato. El país lo necesita urgentemente. No podrá resistir otro período de Benjamin Netanyahu, quien emergió anoche como el hombre que formará el próximo gobierno.

Si después de seis años de nada, después de seis años sembrando miedo y ansiedad, odio y desesperación, esta es la elección de la nación, entonces está verdaderamente muy enferma. Si después de todo esto, el fénix israelí logró levantarse de las cenizas y ser reelegido, si después de todo esto el pueblo israelí lo prefirió para dirigir durante otros cuatro años, algo está verdaderamente roto, tal vez irreparablemente.

Netanyahu merece al pueblo israelí y este se lo merece. Los resultados indican la dirección que toma el país. Una proporción significativa de israelíes ha terminado por separarse de la realidad. Es el resultado de años de lavado de cerebro y de provocación. Esos israelíes votaron por el hombre que llevará a EE.UU. a adoptar medidas duras contra Israel, por el hombre del que el mundo está harto hace mucho tiempo. Votaron por el hombre que admitió que engañó a la mitad del mundo durante su discurso de Bar-Ilan; ahora se ha sacado la máscara y ha desautorizado esas palabras de una vez por todas. Israel dijo “sí” al hombre que dijo “no” a un Estado palestino. Queridos votantes del Likud, ¿a qué diablos le dicen “sí”? ¿Otros 50 años de ocupación y ostracismo? ¿Creen verdaderamente en eso?

El martes se colocaron los fundamentos para el Estado de apartheid que está por venir. Si Netanyahu logra formar el próximo gobierno en su espíritu e imagen, la solución de dos Estados será finalmente enterrada y comenzará la lucha por el carácter de un Estado binacional. Si Netanyahu es el próximo primer ministro, Israel no se habrá divorciado solo del proceso de paz, sino también del mundo. Al diablo, querido mundo, estamos solos. Por favor no interfieran, estamos dormidos, el pueblo está con Netanyahu. Los palestinos podrán calentar los escaños en el Tribunal Penal Internacional en La Haya, los boicoteadores de Israel podrán ponerse en marcha y Gaza puede esperar el próximo cruel ataque del ejército israelí.

La batalla por todo esto aún no ha sido oficialmente decidida. El próximo primer ministro será ungido por Moshe Kahlon y los jefes de otros pequeños partidos. Al escribir estas líneas, Kahlon todavía no ha declarado su intención. De esos partidos depende; ellos decidirán si Netanyahu continúa. La mayoría lo desprecia, pero es dudoso que tengan el valor de dar la espalda al público. Esa será su prueba. Esa será la prueba de su coraje e integridad. Moshe Kahlon y Aryeh Dery ¿creéis verdaderamente que Netanyahu es mejor que Isaac Herzog para la sociedad y el bienestar social que pretendéis defender? ¿Cree el presidente decente y valeroso del país, Reuven Rivlin, que Netanyahu será un mejor primer ministro que Herzog? Mucho depende de él actualmente – pero el hecho de que un personaje como Netanyahu y un partido como Likud lograron mantener el poder como la principal facción del país ya resulta muy significativo.

Netanyahu amenaza con sobrepasar a David Ben-Gurion como el líder con más tiempo en el puesto de primer ministro. Ya ocupa el segundo lugar, y cuesta pensar en un solo logro significativo por su parte. La lista del daño que ha cometido es larga. Pero es el elegido por la nación, o gran parte de ella. Hay que respetar esa elección, incluso si dificulta que se llegue a un buen resultado. El único consuelo es que otro período de Netanyahu provocará la acción del mundo. Esa posibilidad es nuestro único refugio.

Gideon Levy es un periodista israelí, que escribe artículos de opinión y una columna semanal en el periódico Haaretz que a menudo se centran en la ocupación israelí de los territorios palestinos. Es un destacado periodista de la izquierda israelí. Sígalo en Twitter: @levy_haaretz

© 2015 Haaretz

* ICH/Haaretz

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article41279.htm

Foto: Manifestación pacífica semanal en Bil’in, Cisjordania Ocupada, reprimida por Israel con gases lacrimógenos, balas de goma y munición real.

Gana Jabotinsky

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La «única democracia de Oriente Medio» fue a las elecciones. ¿Una potencia ocupante puede ser democrática? ¿Una entidad donde no todos son ciudadanos ni votan (los palestinos de Gaza y Cisjordania) es una democracia?

Elecciones en Israel: cambiar para que nada cambie

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El partido al que llaman «alianza de centro izquierda», que se denomina «Campo Sionista» o «Unión Sionista» es un Frankenstein armado para sacarle la batuta a Netanyahu, que según ellos es demasiado sincero y directo. Quieren volver a las épocas en que la limpieza étnica se hacía en forma un poco menos evidente y detrás del blanqueo de discursos moderados y tapada por cortinas de humo de «negociaciones de paz», hipócritas con los palestinos «arbitradas» por el imperialismo de EEUU. Si gana el «Campo Sionista» será muy educativo para aquellos que por ignorancia o ingenuidad piensan que el problema del Estado de Israel es porque tiene un gobierno de «derecha» y que todo se arreglará con el «Campo Sionista». No existe sionismo de izquierda porque la izquierda es Universal y socialista, mientras que el sionismo es desde su incepción sectario, etnicista y servil al capitalismo y al imperialismo por naturaleza. (David Comedi)

Israel-elecciones

Resumen Latinoamericano/Leandro Albani, 16 de marzo de 2015 Este martes los israelíes votarán a los legisladores de la Knesset (Parlamento), quienes definirán al nuevo primer ministro. Los comicios se celebran en medio de una avalancha de encuestas que dan como perdedor al actual premier Benjamín Netanyahu, que ve resquebrajar cada día más su gobierno de unidad.

Ante esta situación, Netanyahu redobló sus acciones y discursos, en los que confluyen guerrerismo y terror. Dejó en claro que un eventual triunfo opositor significaría un “gran riesgo” para la seguridad israelí porque vendrán épocas de “políticas débiles” hacia Palestina e Irán, sus principales enemigos.

El líder del partido Likud, vapuleado por su reciente presentación como único orador en el Congreso estadounidense, también debe lidiar con sus actuales ministros, como el canciller Avigdor Lieberman, quien aspira a conseguir el máximo poder del Estado israelí. Lieberman, encolumnado en la ultraderecha, declaró que los árabes que viven en Israel y son infieles al Estado deberían ser decapitados. “Me gustaría decir que cualquiera de los que están con nosotros se merece todo, pero con esos que están en nuestra contra no hay nada que hacer y tendríamos que agarrar un hacha y cortarles la cabeza. Si no, no sobreviviremos”, expresó el ministro de Exteriores, quien en repetidas ocasiones llamó a invadir la Franja de Gaza con toda la fuerza militar de Israel.

¿La centroizquierda israelí?

Un término repetido en los grandes medios de comunicación es “centroizquierda israelí”. La palabra designa, según los analistas de esos medios, a partidos o dirigentes que forman parte del establishment de Tel Aviv pero con una visión “progresista”. En estas elecciones, “la centroizquierda” estará representada por Tzipi Livni e Isaac Herzog, ambos con una prolífera carrera dentro de la política hebrea.

Livni, nacida en 1958 y graduada en la carrera de Derecho en la Universidad Bar Illán, se destacó como teniente de las Fuerzas Armadas israelíes y formó parte del temido servicio de inteligencia Mossad. En 2001 fue elegida al Parlamento y luego se desempeñó en varias carteras con diferentes gobiernos: ministra de Cooperación Regional, de Agricultura y de Inmigración. Los puntos más altos en su carrera se produjeron al ser designada como canciller y viceprimer ministra en la administración de Ehud Ólmert (2006-2009). Durante la invasión israelí a la Franja de Gaza en 2008-2009, conocida como operación “Plomo Fundido”, Livni declaró que en esa región no existía una crisis humanitaria, rechazando todas las denuncias presentadas por Naciones Unidas al respecto. Durante “Plomo Fundido”, 1300 palestinos fueron asesinados y más de 5000 heridos. A finales de 2009, Livni canceló una visita Gran Bretaña porque un tribunal de Londres emitió una orden de arresto en su contra bajo la acusación de crímenes de guerra.

“Intentar matar a una persona que está involucrada en terrorismo no es sólo legítimo sino deseable a mis ojos. Durante todo este tiempo, he apoyado matar a los líderes terroristas”, declaró Livni en agosto de 2014, justificando de esta manera la metodología militar que Israel repite una y otra vez: los bombardeos indiscriminados sobre la población civil bajo la excusa de perseguir a los enemigos de turno.

Ahora con un discurso crítico y punzante contra Netanyahu, Livni fue su ministra de Justicia hasta finales del año pasado. Con su nuevo partido Hatnua, se alió a Herzog bajo un lema inquietante: “Un centro sionista contra los partidos de la derecha extremista”. Uno de los partidos a los que se refiere Livni es Likud, del que formó parte y en donde se la consideraba “la princesa” de la organización.

Aunque se perfile como opositora al actual régimen, los muertos palestinos durante “Plomo Fundido” y “Margen Protector” todavía pesan sobre la espalda de la blonda Livni.

“Campo sionista” es la traducción del nombre del partido de Herzog, hombre cansino, sin carisma y de “voz algo nasal”, según los medios masivos. El postulante a primer ministro es un abogado de 54 años y connotado dirigente del laborismo. Luego de estudiar en las universidades de Cornell y Nueva York, Herzog se alistó en el Ejército a finales de 1970, obteniendo el grado de Mayor en el cuerpo de inteligencia.

Nacido en Tel Aviv en 1960 e hijo de Haim Herzog -general y jefe en dos ocasiones de la inteligencia militar además de sexto presidente del Estado-, “Buyi” (así lo apoda su familia) fue secretario de Ehud Barak, primer ministro entre 1999 y 2001. Luego de ingresar al Parlamento en 2003, Herzog comandó, entre 2005 y 2011, los ministerios de Asuntos Sociales, Turismo, Construcción o Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo.

En 2013, el líder de Campo Sionista se reunió con el titular de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, y se mostró favorable a una solución pacífica con Palestina y que incluya la creación de dos Estados. El mes pasado, Herzog aclaró que si el “liderazgo” palestino está “demasiado enamorado de los pasos unilaterales, incluidas amenazas a nuestros hijos e hijas en la Corte Internacional de Justicia”, eso será “totalmente inaceptable para mí”.

El último espaldarazo al dirigente laborista se lo dio el ex presidente Shimon Peres, el mismo que en 1947 se unió al grupo paramilitar Hagana (que tuvo la función de arrasar poblados palestinos para que en 1948 se creara el Estado de Israel) y que luego se convertiría en hombre de confianza de David Ben Gurión, padre e ideólogo del sionismo.

Desde que Herzog comenzó su carrera política como secretario de Barak, Israel invadió y atacó infinidad de veces suelo palestino, además de mantener su férrea política de anexión territorial. Desde 1999, año en que “Buyi” comenzó a escalar posiciones, el Estado del que fue diputado y ministro, es condenado por la mayoría de los miembros de la ONU debido a las violaciones a los derechos humanos que comente.

Árabes unidos

El nuevo dato para los comicios israelíes es la presencia del Partido Árabes Unidos (PAU), que podría obtener hasta 13 escaños en el Parlamento, convirtiéndose en la tercera fuerza política.

Integrado por cuatro organizaciones de diferentes ideologías (nacionalistas, socialistas, comunistas e islamistas) el PAU busca captar el electorado conformado por los ciudadanos árabes, que suman el 20% del total de la población en Israel.

Hanin Al Zoabi, actual diputada árabe en la Knesset, afirmó que el objetivo de la nueva organización es “desafiar un proyecto sionista discriminatorio que legaliza privilegios de los judíos con respecto a los palestinos”. Recientemente, Al Zoabi sufrió un ataque de extremistas israelíes luego de brindar una conferencia en Tel Aviv.

El PAU, que tiene como máximo referente al abogado Ayman Odeh, podría convertirse en la tercera fuerza dentro de Israel, por lo cual tendría derecho a realizar consultas periódicas con el primer ministro sobre cuestiones como la seguridad.

Aunque los partidos árabes nunca formaron parte de los gobiernos de unidad hebreos y son considerados por la derecha israelí como aliados de la causa palestina, en 1993 apoyaron los acuerdos de paz entre el primer ministro Isaac Rabin y Yasser Arafat.

“Si los ciudadanos árabes salen, votan por la lista común y obtienen 15 o más escaños será un paso histórico, porque ganarán influencia en el Parlamento y, por lo tanto, en la legislación, los presupuestos y todos los aspectos de la vida relacionados con los árabes”, analizó Osamah Kahawish, integrante del PAU.

El Partido Árabes Unidos nació en marzo de 2014 cuando el Parlamento israelí aprobó una ley impulsada por Israel Beitenu, agrupación liderada por Lieberman, que elevó la barrera de acceso a la Cámara al 3,25% de los votos, propuesta vista como un intento de dejar afuera a dos de los cuatro partidos árabes.

Para Ahmed Tibi, miembro de la lista del PAU, Lieberman representa al “Estado Islámico (EI) Judío”. La referente árabe aseguró que finalizadas las elecciones el PAU “chará a los racistas y fascistas a través de las vías democráticas. Cuanto más fuertes seamos, más débil será el EI judío”.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/03/16/elecciones-en-israel-cambiar-para-que-nada-cambie/

Ser menor, palestino y juzgado ante un tribunal israelí

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Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania. / Olga Rodríguez

Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania. / Olga Rodríguez

Por Ana Garralda.

Ubaida Ayesh (de 7 años). Islam Zeitun y Udai Rayabi (ambos de 9). Los tres niños, residentes del barrio de Siluán en Jerusalén, fueron detenidos por las fuerzas israelíes en 2014 según los datos de la ONG Wadi Hilwe Information Centre, que cifra en 700 los menores arrestados en Jerusalén el año pasado. Las organizaciones internacionales alertan del aumento de detenciones de niños palestinos y de los casos de malos tratos bajo custodia. Además, los menores arrestados en Cisjordania comparezcen ante juzgados militares, algo que vulnera las garantías reconocidas en la Convención de Derechos de la Infancia.

Ver a policías encapuchados con pasamontañas, dotados de armas cada vez más potentes y sofisticadas, se ha convertido en un fenómeno tristemente frecuente desde comienzos de año. En lugares como Israel, Cisjordania y, sobre todo, Jerusalén oriental, esta visión no solo es frecuente sino cotidiana, a veces diaria. Ya no solo por las posibles operaciones antiterroristas que puedan tener lugar por parte de las fuerzas de seguridad israelíes; también para hacer frente a disturbios y manifestaciones o para efectuar detenciones de palestinos sospechosos de haber cometido algún delito. Muchos de ellos son menores y la familiaridad con la que se percibe su arresto, sí marca una diferencia con el otro lado de la ribera.

Según un informe elaborado por la ONG Wadi Hilwe Information Centre, situada en el conflictivo barrio de Siluán en Jerusalén (en el este de la ciudad, zona ocupada por Israel y adyacente al complejo de Haram el-Sharif), el año 2014 registró un aumento notable en el número de detenciones aleatorias de palestinos practicadas por parte de las fuerzas de seguridad israelíes.

Según las estadísticas de esta organización, los arrestos en Jerusalén –donde los palestinos no cuentan con un estatus de ciudadanía plena, pero sí de residencia, lo que les da derecho a disfrutar de beneficios sociales y ciertas garantías jurídicas– ascendieron a más de 2.250. De ellos, 700 fueron menores de 18 años. De esta cantidad, 70 solo tenían 13, o incluso menos, como Ubaida Ayesh o Islam Zeitun y Udai Rayabi.

Aquí las fricciones son frecuentes entre los cientos de colonos que se han instalado en este barrio árabe y las decenas de miles de palestinos que allí habitan desde antes de 1967, año en que Israel desplegó sus tropas tras ganar la guerra de los Seis Días.

Detenciones que vulneran la legalidad internacional

Pero para algunas organizaciones internacionales como Unicef, estas detenciones de menores podrían incurrir en varias ilegalidades. Entre ellas, el hecho de que los niños arrestados en Cisjordania comparezcan ante juzgados militares. «Por principio, los niños no deben ser juzgados ante la magistratura militar, dado que ésta no ofrece las garantías jurídicas que establece la Convención de Derechos de la Infancia», comenta la portavoz de esta agencia de la ONU en Jerusalén, Catherine Weigel.

«Israel es el único país del mundo que sistemáticamente procesa a menores ante tribunales militares», señala Weigel para el caso de Cisjordania, donde incluso existe desde el año 2009 un tribunal militar juvenil. En cambio, en Jerusalén Oriental son juzgados ante tribunales civiles, «lo que les otorga un nivel de protección mayor», asegura.

El caso de la niña Malak al-Jatib, de 14 años y residente del pueblo cisjordano de Beitin se ha convertido en las últimas semanas en un icono de la lucha contra las detenciones a menores por parte de Israel. Fue condenada a dos meses de prisión por un tribunal militar israelí tras haber querido lanzar presuntamente una piedra contra unos colonos y estar en posesión de un cuchillo con intención de atacar a soldados, según dijeron entonces las autoridades hebreas. Acusación que su padre siempre negó, afirmando que su hija confesó los cargos de los que se le acusaba bajo presión de las fuerzas de seguridad. La adolescente tuvo que cumplir con la correspondiente pena de privación de libertad y pagar una multa de 1.500 dólares.

Según esta portavoz de Unicef, la diferencia entre Cisjordania y Jerusalén también se aprecia en el ámbito de los posibles malos tratos que puedan llegar a sufrir los menores durante el período de detención. « Una investigación nuestra de 2013demuestra cómo el sistema de detención militar israelí presenta un patrón de malos tratos hacia los menores», continúa Catherine Weigel. Las primeras 48 horas son las más susceptibles de presentar este tipo de prácticas (el tiempo que va desde el momento de la detención –tras la que tiene lugar el interrogatorio por parte del Shabak o servicio de seguridad interior o por la Policía Nacional– y antes de que tenga lugar el correspondiente traslado a prisión).

En 2013 y hasta septiembre de 2014 Unicef recogió los testimonios de 208 menores palestinos que aseguraron haber sufrido malos tratos durante las primeras horas de su arresto. La mayoría de ellos (171) afirmaron haber sido objeto de violencia física y más de la mitad (144) sufrir intimidaciones o abusos verbales. Un porcentaje menor (63) constató haber sido obligado a firmar una confesión en hebreo (lengua que en ocasiones no entienden) y otros 28 atestiguan haber estado en celdas de aislamiento.

La ONG Wadi Hilweh Information Center va incluso más allá en sus conclusiones. Afirma que las autoridades israelíes violan las leyes y reglamentos internacionales en materia de detención y custodia de menores. Aduce que en cumplimiento de la legalidad internacional, todo arresto en frío debería tener lugar en función de una orden judicial previa, a menos que la persona haya cometido una ilegalidad flagrante delante de las propias fuerzas de seguridad. Sin embargo, en gran parte de los supuestos registrados en Jerusalén Oriental y Cisjordania, tal misiva no existe.

Arrestos que violan la ley israelí

Igualmente aseguran que estas detenciones no solo atentan contra la legalidad internacional, sino también contra la propia ley israelí. Según apuntan sus portavoces, la mayoría de las detenciones se realizan entre las 3 y las 6 de la madrugada, mientras que en el artículo 9 de la Ley de Menores israelí se recoge que cualquier menor de 14 años de edad solo debe ser interrogado entre 7 de la mañana y las 8 de la tarde. Este horario se amplía hasta las 10 de la noche en el caso de los menores que tienen entre 14 y 18 años. Asimismo, la ley también contempla que el menor de edad no debe ser esposado si es posible controlar su detención, y que los menores de 12 años no deberían ser arrestados por fuerzas policiales bajo ninguna circunstancia.

Otra práctica policial contraria al ordenamiento jurídico local, según fuentes del Wadi Hilweh Information Center, es que en la mayoría de las detenciones de menores la familia del detenido no suele tener acceso a la orden de arresto que debe mostrar por qué se le ha detenido. De acuerdo a las leyes israelíes, los padres deben ser informados inmediatamente después de la detención del niño, se les debe proporcionar una copia de dicha orden y se les debe informar de dónde se encuentra, algo que normalmente no ocurre en tiempo real. A menudo tardan días en comunicárselo a los parientes.

La detención y el juicio de la joven Malak al-Jatib fueron recordados el pasado fin de semana en la movilización convocada por el Ministerio de Asuntos de la Mujer de la Autoridad Nacional Palestina y la Unión General de Mujeres frente al control fronterizo de Qalandia (entre Jerusalén y Ramala), con motivo de la celebración del Día Mundial de la Mujer.

Malak estuvo en las mentes de muchas de las mujeres que asistieron a la concentración, pero también el de otras adolescentes que no corrieron la misma suerte y aún siguen encarceladas, por ejemplo, Dima Qunbar, de 17 años. Sigue detenida en una prisión israelí bajo la acusación de intentar apuñalar a un agente de la Guardia de Fronteras en la ciudad vieja de Jerusalén en enero de 2014. Entonces tenía 16 años.

Fuente: ElDiario.es

El Gobierno argentino dispuso la desclasificación de todos los documentos de la causa AMIA

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AMIA télam
BUENOS AIRES.- El Gobierno dispuso la desclasificación de la «totalidad de la documentación» referida a la investigación por el atentado contra la sede de la AMIA, que el 18 de julio de 1994 causó la muerte a 85 personas y heridas a más de 300.
El decreto 395, que ordena esa medida, fue publicado hoyen el Boletín Oficial con las firmas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, e instruye a la exSecretaría de Inteligencia que remita la documentación a la Unidad Fiscal AMIA.
Quien era titular de esa UFI AMIA era Alberto Nisman, que fue encontrado muerto en su departamento el 18 de enero pasado pocos días después de haber denunciado a la Presidencia por supuesto encubrimiento a Irán en la causa del ataque contra la mutual judía, informó DyN.
Foto: TELAM