Mural de solidaridad con Palestina es borrado por desconocidos

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Por Tali Feld Gleiser.

Ayer, sábado 22 de noviembre, la Comisión de Solidaridad con Palestina de la ciudad de Mendoza, Argentina, invitó a la inauguración de un mural a favor de Palestina y denuncia de la más reciente masacre israelí a Gaza, en la estación 25 de mayo del tranvía, Godoy Cruz.

La sorpresa fue que el mural había sido completamente cubierto con dos tipos de pintura: una base al agua y una mano de esmalte sintético. El vecino, dueño del muro, informó que hasta su auto había sido salpicado con pintura y que el hecho sucedió después del mediodía.

Según testimonios de vecinos y habitantes de Godoy Cruz, la municipalidad incentiva esta intervención artística, lo que se puede constatar en los muros cercanos que están todos pintados con grafittis y murales

 Finalmente la obra de arte fue rehecha con la poca pintura que había sobrado.

Podrán destruir los murales, pero jamás borrarán la solidaridad con el pueblo palestino!

 

Espiral de violencias

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David Segarra: “Cada palestino es un libro que camina. Sus historias viven en ellos”

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Entrevista de María Álvaro Navarro.

En medio de la tragedia y el horror sigue habiendo vida. Una vida que en Palestina nunca se ha detenido, a pesar de todo, como el periodista David Segarra quiere transmitir en su libro Vivir, morir y nacer en Gaza. Cien fotografías en las que se refleja “el rostro humano de Palestina”. Imágenes acompañadas de las palabras de poetas, escritores y pensadores del mediterráneo como Ausiàs March, Al-Russafí, Ibn Arabí o Lorca, entre otros, con los que el autor pretende acercar Palestina de una manera más reflexiva.

Cien días y un centenar de fotografías. Imágenes de pescadores, campesinos, mezquitas e iglesias, familias y niños que nos acercan a la cotidianidad más extraordinaria de los gazatíes. “Un mosaico de la vida que se resiste a la muerte”, como lo define su autor. Un lugar en donde la capacidad de vivir, de resistir y de amar se abren paso en medio del horror. La otra Gaza. Caras, historias y vidas que no abren los informativos a diario. Hace tan solo unos días la campaña de micromecenazgo para poder financiar el libro llegó a su fin. Con el objetivo cumplido Vivir, morir y nacer en Gaza (Editorial Sembra Llibres), verá la luz antes de que termine el año:

Este proyecto que nació en 2009, se siguió construyendo en 2010 y que el periodista y documentalista David Segarra pudo finalizar una semana antes de que comenzara la operación militar israelí del pasado julio. Pasó tres meses en Gaza antes de que estallara la guerra, periodo en el cual pudo vivir de cerca el día a día de la sociedad gazatí, y reflejo de ello son sus fotografías. “No queremos sólo darles rostro. Queremos escuchar. Queremos aprender. Y queremos que lo que hemos aprendido les llegue. Sin diálogo, sin conversaciones, no seríamos mediterráneos. No seríamos gente”, señala Segarra.

¿Cómo empieza la historia de Vivir, morir y nacer en Gaza?
Puede ser que comenzara en 1987 cuando con once años vi por televisión como soldados israelíes rompían con rocas los brazos de niños de mi edad. O tal vez, en 2009 cuando fui a Palestina e Israel por primera vez. Allá pude ver con mis propios ojos la existencia de ghettos en pleno siglo veintiuno. Pero lo que me impresionó no fue la visión directa del mal. Lo que más me impactó, tanto en Gaza como en Cisjordania, fue la capacidad de la gente para proteger la belleza, la alegría y la paz interna. Después de décadas de ocupación, bloqueo y guerras los palestinos no habían sucumbido ante el horror. Al contrario, habían crecido como pueblo, y como personas. En 2010 me sumé a la Flotilla de la Libertad con el objetivo de llegar a Gaza. Pero, acabamos en las prisiones de Israel. En 2014 vuelvo a Gaza junto a los brigadistas de Unadikum. Mi objetivo es preparar un documental. No llevo ni cámara ni ordenador. Sólo un teléfono, libros y libretas. Pero Manu, uno de los activistas, me presta una Nikon. Y al cabo de tres meses estalla el enésimo ataque israelí. Cuando me doy cuenta, tengo miles de fotografías. Así que el libro nace por sí mismo. La semilla había sido sembrada y debía nacer.

Dices que pocas veces se tiene en cuenta cómo es la vida cotidiana de la población palestina. Tú que has podido vivir allí y conocerlo, ¿Cómo es el día a día de los ciudadanos palestinos?
Son un pueblo mediterráneo. No muy diferente de nosotros. Y al mismo tiempo sus circunstancias y su historia los hacen especiales. Los grandes medios los muestran sólo a través del conflicto creando una imagen distorsionada de la realidad. Para los medios pro-israelíes son terroristas y extremistas. Para los medios más sensibles son víctimas de guerras y bombardeos. Es decir, la imagen resultante es la de un lugar en ruinas humeantes lleno de muerte, caos y destrucción. Pero esa no es la única realidad. ¿Por qué nadie nos cuenta que los palestinos son uno de los pueblos más educados del mundo árabe? ¿Porqué nadie sabe que Gaza es una de las ciudades más antiguas del mundo? ¿Alguien sabe que San Jorge fue palestino y sigue siendo venerado? ¿Qué sabemos de los poetas, las fotógrafas, las periodistas, los escritores y de los creadores? ¿Qué piensan y qué sienten los enamorados, los padres, las madres, los abuelos, las campesinas o los pescadores? Cada palestino es un libro que camina. Sus historias viven en ellos y sólo hay que escucharlos para aprender. Pero hay que querer escuchar. Y los grandes medios de esta época parece que sólo saben gritar.

Como periodista, ¿Cómo fue tu vida en Gaza?
En tres meses no tuve un sólo problema. Pude moverme por toda la franja con total libertad. Me desplazaba con una motocicleta para poder llegar sin prisas a cualquier punto de Gaza. Junto a la gente de Unadikum y junto a amigos palestinos fui conociendo sin prisas la realidad del día a día de los palestinos de Gaza. Comiendo, hablando, tomando té y café. Yendo a misa o a los rezos islámicos. Yendo a la playa, a comprar a los mercados, visitando los pueblos. En definitiva, viendo y compartiendo la vida de la gente común iban apareciendo historias extraordinarias. Por ejemplo, la mujer a la que acababa de fotografiar había sobrevivido a la masacre de Sabra y Shatila y había perdido a su hija. Con la que se reencontró veinticuatro años después. Yo sólo la fotografié y fue luego que supe de la historia de su vida. Pero así es todo en Gaza. Cada rincón esconde una epopeya. Cada niño puede ser un sabio. Y cada anciano es un olivo milenario. Pero hay que detenerse para poder ver eso.
A simple vista tal vez sólo vemos niños jugando, abuelos ensimismados y jóvenes como los de cualquier ciudad del mundo. Para los periodistas palestinos es muchísimo más difícil. Recordemos que durante la operación militar israelí diecisiete miembros de la prensa fueron asesinados. Ser periodista palestino es jugarte la vida a cada momento. Y aun así hacen su trabajo y cuentan lo que pasa con sus propias palabras y con su propia mirada. La más necesaria y la más importante.

¿Qué has querido reflejar con este libro fotográfico?
Que en Gaza, y en toda Palestina, se encuentra un tesoro oculto que debemos conocer y proteger: es la capacidad que tenemos la humanidad de trascender el dolor y las dificultades y dotarlas de sentido. Es decir, el arte de crecer y fortalecerse gracias a las dificultades. Tal vez esa sea la esencia de ser humano. En cambio, en el mundo moderno hemos ido perdiendo cada vez más esa capacidad y volviéndonos más débiles y egoístas. Creo que Palestina es un espejo que refleja lo que todos fuimos alguna vez. Es un libro, por tanto, que no está hecho para ayudar a los palestinos, sino para intentar acompañarlos y aprender junto a ellos.

¿Qué tipo de fotografías podremos encontrar en este libro?
Son fotografías en blanco y negro. De esta manera, nos separamos un poco del tiempo, y del espacio. Es decir, las fotografías no quieren mostrar el año 2014 ni Gaza solamente. Son imágenes que podrían ser de cualquier época o lugar de Palestina. Incluso, podrían ser fotos de cualquier país del Mediterráneo a lo largo del conflictivo siglo veinte. Hay fotografías de los rostros de la gente. Hay imágenes de las playas, del mar, los pescadores, de los campos, de los campesinos, de las mezquitas e iglesias, de animales, de familias, de niños y viejos, de trabajadores, de periodistas. También del sufrimiento, la destrucción y las bombas. Es un mosaico de la vida que se resiste a la muerte.

¿Por qué decidiste complementar la fotografía con textos de autores del mundo mediterráneo?
Hay veinticinco textos que reflejan mis experiencias personales o que aportan el contexto histórico, social y político de las fotografías. Pero creo que son precisamente los clásicos de nuestro mundo, el mundo del Mediterráneo, quienes expresan mejor que yo la esencia de lo que somos. Por eso recurro a poetas y pensadores greco-latinos, de Al Andalus, palestinos, turcos, árabes, andaluces, valencianos y catalanes entre otros. Y recojo también la sabiduría que se esconde en los orígenes del judaísmo, el cristianismo y el islam. Pienso que este conjunto de fotografías, crónicas, historia, poesía y reflexiones humanas y espirituales pueden reflejar y acercarnos a Palestina de una manera diferente, más reflexiva. Espero que sirva para acercarnos y hacernos pensar sobre ellos y sobre nosotros.

¿En que ha podido cambiar tu visión del conflicto cuando lo has podido vivir en primera persona?
Había estado en Palestina en otra ocasión, pero lo que me sorprendió al entrar en Gaza es que gran parte de la destrucción de Plomo Fundido en 2009 había sido reparada. Cuando recorríamos la carretera Saladino iba viendo cada rincón de tierra cultivado, higueras, olivos, naranjos, los edificios reparados, la carretera en obras. Esperaba encontrar todo en mucho peor estado. En cuatro años los palestinos habían sido capaces de reconstruir casi todo. Bajo bloqueo. Y esto es una proeza extraordinaria. Lamentablemente, Israel ha vuelto a destruir todo en su último ataque. Y esta vez parece que con una saña y brutalidad sin precedentes. Todo lo que significa vida, belleza, historia o conocimiento ha sido demolido por la maquinaria de guerra. Mezquitas e iglesias milenarias, hospitales, escuelas, universidades, cultivos, viviendas, animales. Los niños han supuesto la cuarta parte de los asesinados. Quinientos niños y niñas muertos. El mal en estado puro. Los palestinos son maestros en la supervivencia. El símbolo de la ciudad de Gaza es el fénix, que renace de entre las llamas, de sus propias cenizas. Pero tal vez Israel está yendo demasiado lejos y los está llevando al límite.

¿Se olvidará el mundo y los medios de comunicación de este conflicto como lo ha hecho en otras ocasiones?
Yo estuve en la guerra, bajo las bombas, muy pocos días. Estuve justo los tres meses anteriores. Y una de las cosas que me llamó la atención fue que no había prácticamente ningún periodista internacional. La vida no interesa. Interesa la muerte. Los medios buscan la oscuridad y no la luz. No quieren que aprendamos y nos unamos. Los grandes medios ya se han olvidado de Palestina una vez más. Por eso, es la obligación de quienes nos sentimos hermanados de seguir mostrando su realidad. Mostrando su sufrimiento pero también su sabiduría. Esa es la idea del libro. Que cada persona que lo tenga en sus manos sienta la fuerza y el fuego que arde en Palestina. Además, una parte de los libros son para los palestinos. Es nuestra manera pequeña de decirles que estamos con ellos, que los queremos.

¿Cómo calificarías la visión de Palestina y de los palestinos y palestinas que se transmite a la sociedad española desde los medios de comunicación? ¿Qué no nos cuentan los medios?
Lo que no nos muestran los medios es la vida, la belleza y la sabiduría. Por que podríamos aprender, podríamos pensar y reflexionar. Si supiéramos lo maravillosos que son tal vez nos resultaría insoportable saber que los están destruyendo. La clave de los grandes medios de hoy en día es fundamentalmente separar. Los otros no son como nosotros. Sólo podemos lamentarnos. Y sentirnos afortunados de no pasar lo que ellos pasan. Una de sus características es la negación del contexto, las causas y las explicaciones. Para el espectador o el lector todo sucede de manera mágica e inexplicable. Se oculta todo: el colonialismo, el alejamiento de la naturaleza, las clases sociales, etc…
Paradójicamente, los periodistas son mucho más sensibles y humanos. En estos años he podido observar y conocer como decenas y decenas de trabajadores de la prensa realmente sienten y se emocionan ante el sufrimiento. En este sentido podemos ver claramente como los periodistas del Estado español son de los más cercanos a los palestinos de toda Europa. Y eso, déjame decírtelo, da gusto. Frente a los grandes empresarios todavía existe una rebeldía de los
periodistas que se niegan a borrar su humanidad. En ese sentido Palestina nos ayuda a todos, también a los periodistas, a ser más humanos.

¿Cuándo llegará el fin del conflicto?
Yo no sé del futuro, pero sí de la historia. Ningún conflicto es eterno. Por Palestina han pasado incontables conquistadores. Y todos se han ido. No hay un sólo imperio que haya perdurado en tierras palestinas. Los estados cruzados duraron décadas y siglos. Para desmoronarse y caer en el olvido. Desde los faraones hasta los británicos, todos se han marchado. Es una ley de la historia que todo régimen tiránico caerá, antes o después. Los palestinos han demostrado ser capaces de resistir durante milenios e irse transformando y evolucionando. Los israelíes deberán algún día aceptar integrarse en Palestina y en el mundo árabe como hicieron los blancos en Sudáfrica que aceptaron ser parte de África. ¿Cómo y cuándo?, no lo podemos saber. Pero es la única opción. Para así volver a una Palestina dónde judíos, musulmanes, samaritanos, drusos y cristianos vivan juntos.

Fuente: http://locodelpelorojo.com/2014/11/10/david-segarra-cada-palestino-es-un-libro-que-camina-sus-historias-viven-en-ellos/

Frank Barat, activista pro palestino y miembro del Tribunal Russell: ‘En muchas partes de Gaza no queda nada’

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De visita en Chile, este periodista francés desmenuzó la situación en ese territorio.

Frank Barat durante la entrevista en un hotel en Bellavista© AGENCIAUNO

El año pasado, Frank Barat intentó viajar a Israel y los Territorios Palestinos, tal como lo había hecho muchas veces en los últimos años. Pero el gobierno israelí le prohibió el ingreso, lo interrogó y luego lo expulsó, prohibiéndole la entrada por los próximos cinco años, acusándolo de difundir «mentiras». Barat, un activista de derechos humanos francés, dirige actualmente el Tribunal Russell para Palestina. De visita en Santiago, conversó con La Tercera.

¿Cuál es la función del Tribunal Russell?

El primer Tribunal Russell comenzó a funcionar en 1967 y estaba liderado por el filósofo francés Jean-Paul Sartre, para exponer los crímenes de EE.UU. en Vietnam. La idea es cuando no hay modo de ejercer justicia, se acude a nosotros para que le demos voz a la gente que no tiene voz. Hubo otro tribunal en 1974 con foco en las violaciones a los derechos humanos de las dictaduras en América Latina, con énfasis en Brasil y Chile. Ahí fue clave el rol de la viuda de Salvador Allende. Mostramos el lado de la historia que no aparece en los medios masivos.

¿Entonces la idea que tienen ahora con los palestinos es similar al trabajo anterior?

Sí. Comenzó en 2009, después de la operación en Gaza. Pero nuestro foco no es si Israel es culpable o no. La pregunta es sobre la complicidad de terceros. Es decir, si Israel hace esto con la complicidad de otros. Si es que viola el derecho internacional sin sanciones. Vemos la complicidad de EE.UU.

¿Cuál es el principal logro que han obtenido hasta ahora?

Estudiando si Israel es culpable de genocidio por la última guerra que hubo en Gaza. Es muy difícil hablar de un gran logro concreto. La situación en el terreno es muy delicada. Pero nuestro objetivo es cambiar la narración de las cosas, la narración oficial de Israel. Y tener un impacto en la opinión pública y por supuesto en los líderes. Por ejemplo, Roger Waters de Pink Floyd es miembro de nuestra organización.

¿Han tenido algún impacto en los líderes mundiales?

No lo creo, para ser sincero ¿Quién tiene impacto en los líderes mundiales? Pero, por ejemplo, durante la guerra de Vietnam, el tribunal tuvo mucho impacto entre los estudiantes y la opinión pública.

¿Qué ha podido saber de las personas en Gaza tras el conflicto?

Gaza está devastada. Barrios completos destruidos. En muchas partes no queda nada. Durante la operación anterior (2008-2009) Israel lanzó 50 toneladas de municiones. Ahora lanzaron 700 toneladas de bombas. Es una locura. Ni siquiera comparable al bombardeo que hubo en su momento en Laos y Camboya durante la guerra de Vietnam. El proceso de reconstrucción tomará años porque Israel no deja pasar materiales de construcción. Pero, como siempre, la gente que está ahí, resistirá y volverá a reconstruir. Otra cosa impactante es que 1.500 niños quedaron huérfanos. Pensemos que niños palestinos de siete años en Gaza ya han viso cuatro guerras.

¿Y cómo analiza la creciente tensión en Jerusalén?

Para algunos es la capital del apartheid. Incluso columnistas del diario israelí Haaretz la han comparado con Pretoria, en Sudáfrica.

Fuente: Alejandro Tapia, La Tercera -Chile y http://www.palestinalibre.org/

Jerusalén y las cerillas

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Chantaje israelí, o reconocimiento del Estado Palestino.

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El Derecho Internacional reconoce el Derecho del Pueblo Palestino a crear su propio Estado. ¿Quién se lo impide? Tanto Israel como EEUU hablan de alcanzar “acuerdos entre las partes -Israel, Palestina-”, lo que sostienen con ello es que no admiten el Derecho Internacional, que deja claro cuál es el Derecho inalienable del Pueblo Palestino, el Derecho Internacional, sí, ese conjunto de leyes que EEUU tergiversa siempre para dar golpes de Estado, invadir o promover bloqueos para ahogar al pueblo que elige su propio camino.

El caso del Pueblo Palestino es único, al poco tiempo de la creación de la ONU, en contra de los mismos principios que conformaron este organismo como protector de la paz, se entregó la tierra de Palestina a las bandas armadas sionistas para llamar Israel a la tierra ocupada, dejando sin derechos al Pueblo Palestino.

El gobierno sueco ha declarado su reconocimiento del Estado Palestino, también…

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El reconocimiento de Palestina

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Cuestionando la “audaz” iniciativa de Suecia.

Por Richard Falk.

Fue un paso positivo, pero sólo en algunos aspectos. El nuevo Primer Ministro sueco de centro-izquierda, Stefan Lofven, en su discurso de investidura ante el parlamento, indicaba el 3 de octubre la intención del gobierno sueco de reconocer el Estado palestino. Explicó que esa medida, incluida en la plataforma de su partido, está de acuerdo en promover la solución de los dos Estados y, lo que es más significativo, que debe “negociarse de conformidad con el derecho internacional”. El llamamiento para ajustarse al derecho internacional en la diplomacia futura supone realmente algo más que un paso adelante en la anunciada intención de futuro reconocimiento, intención que ha recibido hasta ahora toda la atención de los medios e incurrido en la ira de Tel Aviv.

Ajustarse al derecho internacional en las futuras negociaciones equivaldría a una modificación radical del “proceso de paz” que surgió de la Declaración de Principios de Oslo en 1993. El punto de vista de Israel/EEUU permitía que de un proceso de negociaciones pudiera surgir cualquier acuerdo entre las partes, lo que resulta clave para reconocer la primacía del poder teniendo en cuenta “los hechos sobre el terreno” (es decir, los ilegales asentamientos) y el apalancamiento diplomático (al permitir que EEUU simulara el papel de “intermediario honesto” a la vez que aseguraba que los intereses de Israel estuvieran protegidos).

Sospecho que este esperanzador lenguaje que sugiere la importancia del derecho internacional se insertó sin conciencia alguna de su importancia o relevancia. Esa interpretación está en línea con las explicaciones oficiales suecas sobre su iniciativa como una vía que ayudará a los líderes palestinos “moderados” a hacerse con el control de la diplomacia, facilitando por tanto el objetivo final de la coexistencia mutua basada en dos Estados.

Estocolmo daba por hecho, sin ningún razonamiento que lo apoyara y teniendo en contra el peso de las evidencias y la experiencia, que de una diplomacia revitalizada podría surgir un Estado palestino. No se hacía mención alguna a los asentamientos, al muro de separación, a la red de carreteras que han rebanado tan profundamente los restos de Palestina, que a partir de las fronteras de 1967 sólo suponían el 22% de la Palestina histórica, y menos de la mitad de lo que el plan de partición de la ONU había ofrecido a los palestinos en 1947, que en aquel momento parecía ya ser injusto e incompatible con los derechos palestinos en virtud del derecho internacional.

El portavoz del gobierno de EEUU, Jan Paski, tuvo la precaución de confirmar el enfoque de Oslo adoptado por Washington que tan lesivo ha sido para las perspectivas palestinas de un Estado viable: “Desde luego que apoyamos la estatalidad palestina, pero sólo puede accederse a la misma a través de un resultado negociado, la resolución de las cuestiones del estatuto final y el mutuo reconocimiento por ambas partes”. Nótese la intencionada ausencia de cualquier referencia al derecho internacional.

Más allá de esto, hay cada vez menos razones para suponer que el gobierno israelí vaya a apoyar un proceso que lleve a la estatalidad palestina en algún sentido significativo, aunque Netanyahu repita en los marcos internacionales el mantra estéril de que cualquier resultado sólo puede derivarse de las negociaciones directas entre las partes, añadiendo que de llevarse a cabo la iniciativa sueca, sería un obstáculo para ese resultado. Por tanto, y para no despertar esperanzas, Netanyahu añade que no se llegará a ningún acuerdo que no proteja los intereses nacionales de Israel y garantice la seguridad de los ciudadanos israelíes. Cuando habla en casa en hebreo, la perspectiva de un Estado palestino resulta tan remota como el establecimiento de un gobierno mundial.

Como era de esperar, Isaac Herzog, el jefe de la oposición, el Partido Laborista, se mostró activo a la hora de reforzar la objeción de Netanyahu al curso de acción propuesto por Suecia. Herzog, en conversación con Lofven, trató de disuadir a Suecia de actuar “unilateralmente”, sugiriendo que era probable que tal medida produjera “consecuencias indeseables” no reveladas.

Hasta ahí llega el “campo de la paz” israelí, que ahora parece conformarse con actuar como el chico de los recados de una política estatal dirigida por el derechista Likud.

La Autoridad Palestina (AP), que anda falta de buenas noticias desde los ataques de Gaza, en sus más altos niveles (Abbas, Erakat) tildó la medida sueca de “notable y valiente”, así como de “excelente”. El liderazgo de la AP llegó hasta a sugerir que el reconocimiento de la estatalidad palestina podría aumentar las presiones para la reanudación de las negociaciones sobre la solución de dos Estados como si eso fuera beneficioso para Palestina. Esos sentimientos hacen la vista gorda respecto al record de fracasos de Oslo desde el punto de vista palestino, y todo lo contrario para Israel.

¿Cuál es el valor de la medida propuesta por Suecia en caso de que acabe llevándose a cabo?

Israel y EEUU estaban decididos a presionar de firme y persuadir a Suecia de que aplazara indefinidamente ese paso, y Suecia ha dado marcha atrás tranquilizando al mundo, diciendo que no estaba pensando ponerse a actuar “mañana por la mañana” y que confía en escuchar los puntos de vista de todos los gobiernos interesados para entablar un diálogo antes de seguir adelante.

Al mismo tiempo, el Parlamento británico votó el 13 de octubre una resolución no vinculante instando el reconocimiento de Gran Bretaña del Estado palestino.

No hay duda de que incluso la mera propuesta del reconocimiento de la estatalidad palestina supone un aliento psicológico para la AP, pero no cambia nada sobre el terreno, y probablemente hace que Israel adopte más medidas desafiantes, como por ejemplo el provocador permiso de nuevas viviendas en los asentamientos, lo que hizo también en 2012 como venganza por la exitosa petición de reconocimiento de Palestina como Estado observador no miembro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (similar al estatus que disfruta el Vaticano).

El reconocimiento le concede también a Palestina un potencial acceso a la Corte Penal Internacional, algo que de nuevo debería preocupar a Israel, aunque hasta ahora la Autoridad Palestina se ha abstenido de intentar llegar a ser parte ante la CPI y, si así lo hiciera, obtendría la capacidad para solicitar que el fiscal de la Corte investigue varias acusaciones de crímenes de guerra perpetrados por Israel, incluidos los asentamientos.

En el derecho internacional, el reconocimiento diplomático de los Estados se ha considerado tradicionalmente y en gran medida una materia discrecional. EEUU se resistió durante décadas al reconocimiento de la China continental una vez que esta consolidó su control gubernamental sobre el territorio y su población.

Palestina ha sido ya reconocida al menos por 125 países, y disfruta de relaciones diplomáticas como si fuera un Estado. El ser miembro de la ONU presupone la condición de Estado, pero es también algo muy politizado y sujeto al veto de cualquier miembro permanente del Consejo de Seguridad. Hay indicios de que, en caso necesario, a EEUU no le importaría quedarse solo utilizando su veto para impedir que Palestina se convirtiera en un miembro más.

Pero, ¿por qué a Israel le importa tanto que nada cambie sobre el terreno?

Podría responder a tres razones, ninguna de ellas muy convincente.

En primer lugar, ya que Palestina quiere urgentemente ser Estado soberano y miembro de la ONU, se harían más concesiones a Israel si Palestina obtuviera tal estatus en el curso de nuevas negociaciones.

En segundo lugar, Israel parece ansioso de tener capacidad formal para negar la estatalidad palestina en sentido pleno, con objeto probablemente de poder incorporarse a Cisjordania cuando piense que ha llegado el momento oportuno. Este es un curso de acción favorecido por el recientemente elegido presidente israelí, Reuven Rivlin, que ofrece a los palestinos una supuestamente benevolente “paz económica” a cambio de que se traguen su orgullo político.

En tercer lugar, el reconocimiento podría dar a la Autoridad Palestina más apalancamiento en la ONU y ante la Corte Penal Internacional, y mayor autoestima en los círculos palestinos, especialmente si otros miembros de la UE siguieran el ejemplo sueco. En algún punto, más adelante, la prolongada ocupación israelí de Palestina, en las condiciones señaladas, estaría cada vez más bajo el fuego legal, moral y político.

Sin embargo, desde la perspectiva del pueblo palestino como entidad distinta de la Autoridad Palestina, ¿tiene sentido que en esta etapa de su lucha se continúe actuando como si la solución de los dos Estados pudiera aún traer la paz? La febril actividad israelí de ampliación de asentamientos de estos últimos años parece ser un mensaje claro de que un Estado palestino soberano y viable no tiene ya posibilidades.

En realidad, Suecia parece estar jugando al juego de Oslo sin tener en cuenta que el juego ha acabado a todos los efectos prácticos.

En otras palabras, si el acto de reconocimiento de Suecia hubiera estado vinculado al fracaso de Oslo, estaría señalando el camino hacia un cambio constructivo en la diplomacia de la paz, pero justificarlo como un paso hacia la solución de los dos Estados lograda mediante negociaciones directas como las que no han hecho sino fracasar repetidamente desde hace más de veinte años, parece una irreflexiva expresión de inocencia política por parte de los nuevos y poco experimentados dirigentes de Estocolmo, un gesto por la paz que sin duda manifiesta buena fe pero que, al parecer, no es en absoluto consciente de que el paciente enfermo hace años que murió.

Richard Falk es profesor emérito de Derecho Internacional en la Universidad de Princetown. Acaba de terminar un mandato de seis años como Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos de los Palestinos. Fue nombrado para este puesto por el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU en 2008. Forma parte de la Transnational Foundation for Future Research.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2014/10/27/on-swedens-bold-initiative/

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Israel y el exilio indentitario

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Los palestinos tendrán prohibido viajar en autobuses israelíes en Cisjordania

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Ruta 60, Cisjordania. Bus israelí. Foto: Tali Feld Gleiser.

Ruta 60, Cisjordania. Bus israelí. Foto: Tali Feld Gleiser.

Una nueva directiva promovida por el titular de Defensa de Israel, Moshé Yaalón, y que debe entrar en vigor el próximo mes prohibirá a los palestinos viajar en autobuses israelíes en Cisjordania, informan este domingo medios locales. Centenares de palestinos viajan cada día desde el territorio ocupado de Cisjordania hasta Israel para trabajar, principalmente en la construcción, y lo hacen atravesando el puesto de control militar de Eyal, cercano a Kalandia, una de las entradas a Ramala, donde presentan sus permisos de trabajo y desplazamiento. Hasta la fecha, estos obreros, que cuentan con la autorización israelí para desplazarse en su territorio, regresan a suelo cisjordano en el mismo día y viajando en autobuses que suelen emplear colonos judíos desde el centro de Israel hasta asentamientos como el de Ariel, en el extremo central de Cisjordania. Pero la nueva medida, anunciada por el titular de Defensa israelí, pretende cambiar esta situación y que los palestinos regresen a Cisjordania a través del mismo puesto de control desde el cual deberán buscar medios de transporte alternativos hasta poder llegar a su lugar de origen, informa este domingo el diario Haaretz.

Contradicción en las autoridades israelíes

La decisión —precisa el rotativo— se contradice con la posición defendida por las Fuerzas Armadas israelíes, que no consideran la presencia de palestinos en autobuses en Cisjordania como una amenaza a la seguridad. Tienen que admitir que ese procedimiento militar complace  a la demanda de segregación racial en los autobuses. Además, choca frontalmente con la postura del Ministerio de Transportes, que aduce que no se puede impedir a los palestinos por ley desplazarse en esos autobuses. El Ministerio de Defensa no se ha pronunciado sobre la cuestión. La decisión, abunda el medio, responde a las fuertes presiones ejercidas por parte de dirigentes de los colonos para que los autobuses no sean abordados por palestinos, a los que consideran un riesgo para su seguridad, según lo exponen en una campaña en la que han incluido un vídeo para solicitar esta medida. La organización israelí defensora de los derechos humanos en el territorio ocupado, Betselem, criticó duramente el anuncio y señaló en un comunicado que «no contento con mover a los palestinos a la parte de atrás del bus, el ministro Yaalón trata de impedirles que se suban a los autobuses». «Es hora de dejar de esconderse detrás de arreglos técnicos (…) y admitir que ese procedimiento militar complace veladamente a la demanda de segregación racial en los autobuses». El año pasado esta ONG denunció al Ejecutivo israelí por su decisión de lanzar líneas de autobuses separadas para obreros palestinos en Cisjordania, territorio ocupado por Israel desde 1967.

Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/2277760/0/trabajadores-palestinos/autobuses-israelies/cisjordania/#xtor=AD-15&xts=467263

Deseando lo imposible: una entrevista con Judith Butler

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Avatar de lasdisidentesLas disidentes

Por Ray Filar

25 de julio de 2014

Traducción de Las Disidentes del original en inglés Willing the impossible: an interview with Judith Butler.

Yo me enfrento al problema de una judía que no quiere ser representada por el estado de Israel, un estado que pretende representar a todos los judíos y me convierte en su potencial ciudadana.

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