Un día en un tribunal militar de menores israelí. No hacen falta las palabras.

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Prisión de Ofer y tribunal militar. Foto: Dawn

Por 4JustPeace.

No entendíamos una palabra, sin embargo entendimos todo _“¿Hablan hebreo? ¿Árabe? ¿Entienden lo que sucede aquí?”_. Los prisioneros habían entrado esposados uno al otro. El juicio ya había empezado en el tribunal. ¡Me llevó unos segundos darme cuenta de que las preguntas del juez estaban dirigidas a nosotros! _“No, su señoría.” _. Podemos no saber el idioma, pero ¡algunas cosas no precisan palabras para ser entendidas!_. La angustia de un padre, las lágrimas de una madre, la aprehensión de un joven, el miedo de un niño, la arrogancia de un soldado, el desdén de un guardia, la indiferencia de un abogado, el pronunciamiento de un juez, es un mensaje transmitido sin palabras.

Jaula para las familias palestinas que esperan para entrar. Foto: Oren Ziv, Active Stills

Mi colega y yo habíamos pedido un permiso para pasar el día en el tribunal militar de la prisión de Ofer. ¡Para creer en lo que allí pasa hay que vivirlo! Llegamos en taxi antes de las 9:00 y buscamos la entrada en vano. No hay señalización. Descubrimos una “jaula” de alambre llena de familias palestinas -más de 200 personas- tal vez el “área de espera” para obtener la autorización para presenciar la audiencia. Los saludamos – ¡Assalamu ‘Alaykum! El padre de uno de los dos niños a los que vinimos a apoyar nos ve y viene hasta la cerca, con una amplia sonrisa en el rostro. El idioma es una barrera, pero se torna innecesario. Se nota que está contento de que hayamos venido.

Nuestra “área de espera” está separada y pasamos las dos horas y media siguientes tratando de convencer a los militares israelíes de que ya teníamos autorización para presenciar las audiencias de ese día. Después de fracasar en varios intentos, finalmente lo logramos y pasamos por una sucesión de puertas, detectores de metal, molinetes, jaulas, una máquina de rayos X y un registro corporal -nos dejaron solo la ropa y unos shekels para la “cafetería” de la cárcel. Nos juntamos con los palestinos que esperaban en otro recinto al aire libre con una pequeña “cantina”, una fuente de agua, baños y algunas sillas. Del lado de afuera están estas 8 “caravanas” (casas rodantes) en ruinas donde se realizan los procedimientos judiciales.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

La lista de la mañana revela que la audiencia de nuestra familia no será sino hasta las 3:00. Aprovechamos la oportunidad para presenciar otros casos, yendo de caravana en caravana. Es en una de estas sesiones que las preguntas del juez interrumpen mis pensamientos… Pensaba en la audiencia anterior en que una madre orgullosa se dio vuelta hacia mí y me dijo en un inglés chapurreado: _ Vea, este chico (señalándolo), ¡es mi hijo! Solo lo veo aquí. No tengo visitas_. Yo observaba sus rostros mientras intercambiaban palabras, gestos, miradas robadas. La vi llorar mientras esposaban las muñecas de su hijo y se lo llevaban. Le apreté la mano. No entendí los detalles de por qué estaba allí. No importaba.

A las  2:30 decidimos sentarnos con nuestra familia y esperar a que nos llamaran. El tiempo pasa. El sol se hunde en el poniente. El viento está frío. Y esperamos. Ahora hay como 20 personas en la jaula de espera. El guardia había dejado su puesto. La puerta giraba sobre sus goznes. La cantina cierra hasta el próximo día. El lugar parece desierto. Y seguimos esperando. El padre va y viene con ansiedad. La madre se agarra la cabeza con las manos. Sentimos que no podemos ayudar; no tenemos palabras. Y seguimos esperando. Finalmente, a las 4:50 -10 minutos antes de cerrar- la familia es llamada. Nos hacen una señal y caminamos rápidamente  detrás de ellos, nos dirigimos en fila hacia la única hilera de sillas. El juez trata de impedir que nos quedemos en la audiencia. “Este es un tribunal de menores.” Le decimos que somos amigos de la familia y que tenemos su permiso. Cuando les preguntamos, todos asienten. Estamos orgullosos de acompañarlos.

Pero no estamos preparados. Los dos niños se ven tan pequeños y vulnerables sentados en el área de los presos, los pies esposados el uno al otro. Es evidente que tienen miedo y no saben qué hacer. Los niños miran a sus mamás que tratan, con gestos, de averiguar si están bien. Están en la cárcel hace dos meses, sin permiso para que sus padres los visiten, arrestados por supuestamente tirar piedras a los colonos (N. de la R.: de los asentamientos ilegales) mientras sus ovejas pastaban. Las audiencias habían sido pospuestas todo lo posible. Hoy les dan el veredicto. El juez se dirige a ellos. Los pequeños se ponen de pie, tratando desesperadamente de ser valientes. Leen el veredicto. Las madres se echan a llorar. Se llevan a los chicos, que se enjugan el llanto esperando que nadie lo note. En fila salimos de la caravana sin hablar. El padre nos da la mano, con lágrimas en los ojos.  Los nuestros se llenan de lágrimas cuando abrazamos a las madres. Solo les hemos podido ofrecer el regalo de nuestra presencia –es lo único que podemos darles. Con nuestro limitado árabe creemos entender que los muchachos tienen que cumplir tres meses más y las familias deben pagar 3.000 shekels (U$1,000). Pero en este momento, los detalles no importan.

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La familia tiene que usar el “pasadizo enjaulado” que lleva a Cisjordania, mientras que nosotros recibimos autorización para volver hacia el lado de Jerusalén. Nos decimos adiós a través de la cerca y les aseguramos que los iremos a visitor en su aldea. Sumidos en nuestros pensamientos, caminamos en silencio hasta la autopista para buscar un taxi. El sol ya se puso y la luna casi llena se levanta atrás de nosotros sobre el complejo de la prisión. Pero lo único que veo es la imagen de esos dos pastorcitos asustados llorando, vestidos con ropa de presidiaro marrón y con los pies esposados el uno al otro.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

Fuente: http://4justpeace.wordpress.com/2014/01/17/words-are-not-needed-a-day-in-the-military-courts/

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