Archivos Mensuales: agosto 2014

Argentina – Difamaciones a David Comedi por parte de sionista tucumana: RESPUESTA

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Banderas trelew

Hay una carta difamatoria a mi persona que está circulando por las redes sociales, que resulta de un rejunte de comentarios en una nota del diario tucumano “La Gaceta online” firmados por una tal Priscila Ko.

La carta me difama a mí personalmente porque alega que las denuncias que publico como comentarios a las noticias en dicho diario o en otros medios acerca de los crímenes cometidos por el Estado de Israel serían:

1)     Mentiras

2)     Originadas en un odio hacia Israel

3)     Originadas en un resentimientopersonal hacia Israel

4)     Un indicativo de que reniego de mis raíces judías.

Respondo a cada una de las acusaciones, todas infundadas:

1)     Mentiras: para demostrar que una denuncia es mentira, es necesario citar las denuncias adecuadamente y demostrar que los argumentos no son verdad. Esto no es hecho en ningún pasaje de la carta. Como mostraré resumidamente al final de ésta, la que en realidad miente es Priscila Ko.

2)      Odio hacia Israel: El difundir los crímenes de un Estado que ha violado más de 80 Resoluciones de la ONU, que practica la limpieza étnica en Palestina desde hace más de 66 años, que practica el genocidio contra un pueblo al que mantiene cautivo detrás de muros, que es responsable por la muerte de cientos de miles de personas inocentes, que produce y exporta armas con las que promueve la guerra y que asiste con equipamiento y logística a varios regímenes dictatoriale sno es un acto de odio. Odio hacia un país sería desearle el mal a ese país.Sería callar las denuncias para que el país criminal continuase igual. Muy por el contrario, al Estado de Israel yo no le deseo el mal; le deseo el bien. Le deseo que deje de cometer crímenes. Le deseo Justicia, paz y amor. Si para Priscila Ko “Justicia” es equivalente a “odio”, entonces ella tendría que revisar su definición de odio y de Justicia. Las denuncias de los crímene ssiempre buscan que se haga justicia, buscan ayudar a sacar al país en cuestión del pantano criminal donde está. Por suerte no estoy solo en este trabajo.

3)      Resentimiento personal hacia Israel: No tengo resentimiento contra Israel. Lo que sí, como un buen ciudadano que metió el pie en el pozo alertará a otros ciudadanos sobre la existencia del pozo, es que deseo advertir a las personas acerca del peligro del sionismo. Como es sabido, fui un fervoroso sionista durante mi adolescencia. Por influencias del entorno sionista donde crecí, fui inducido a creer que el sionismo se trataba de la autodeterminación del Pueblo Judío, de una especie de “liberación nacional”. Por eso terminé emigrando a Israel cuando tenía tan solo 17 años de edad. A Israel le di muchos años de mi juventud, más de 10. En esos años, podría haber estado luchando junto a la juventud argentina para reconstruir un país que tenía que pararse ante una dictadura militar atroz (la cual, irónicamente, recibió apoyo militar israelí) para después, ya reconquistada la Democracia, resurgir valientemente de un genocidio. Pero el sionismo me había convencido que había nacido en Argentina meramente por error y que como judío mi lugar era el Estado de Israel. Tardé muchos años en entender que el sionismo es en realidad una doctrina inventada en Europa durante el siglo 19 por un pequeño grupo de europeos que en realidad renegaban de la religión judía. Cansados de ser perseguidos por judeófobos que los acusaban de no ser leales al país donde habían nacido, habían decidido bajar los brazos y renunciar a su nacionalidad local. Habían decidido adherir a las premisas judeófobas. Herzl escribió entonces su famoso libro “El Estado Judío”, donde exponía sus novedosas ideas. En los primeros congresos sionistas mundiales en Europa se propuso Uganda, luego el sur argentino, otros lugares, y por fin se decidió Palestina. Había entonces que ocupar las tierras palestinas para establecer allí un “Estado Judío”, es decir, un país con supremacía judía. Pero para poder hacerlo era necesario deshacerse de la población autóctona, la población palestina, al menos de una buena parte de Palestina. El sionismo no era tan inocente como me lo habían pintado, y en realidad no era que los árabes querían echarnos al mar, sino todo lo contrario: habían sido los sionistas los que habían echado al mar a 80% de la población palestina para obtener la contigüidad territorial que necesitaban para fundar el estado con hegemonía judía. La toma paulatina de conciencia de estos hechos criminales me llevó a renunciar paulatinamente al sionismo. Cuando salimos de Israel con mi familia, viajamos por el mundo, donde comencé a apreciar la artillería de mentiras que el departamento de propaganda israelí difunde por todo el mundo para blanquear sus crímenes. La indignación ante tanta mentira me llevó a comprometerme con las denuncias que hago y que seguiré haciendo, aunque a Priscila Ko y otros sionistas no les guste.

4)      No reniego de mis raíces judías:  Mis ancestros judíos más lejanos tenían una relación mística, religiosa y espiritual con Eretz Israel, la tierra de los hebreos antiguos. Visitaban Jerusalén y el Muro cuando lo deseaban; hay registros anteriores a la era sionista que muestran a los religiosos judíos rezando frente al muro. Mi abuelo materno nació allí; él decidió inmigrar a la Argentina, pero gran parte de su familia se quedó allí. Ellos formaban parte de la minoría árabe judía de Palestina de fines del siglo 19 y principios del 20. Eran árabes palestinosjudíos pero con el establecimiento del sionismo europeo y posteriormente la declaración del Estado de Israel, se volvieron “israelíes”. Yo admiro y respeto profundamente mis raíces judías. Pero no asocio mi identidad a una “nacionalidad” judía. Para mí la nacionalidad pasa por la Patria, es decir, el lugar que me vio nacer y crecer: mi nacionalidad es Argentina. Me rehúso a  aceptar que mi país es el Estado de Israel. Al igual que mis ancestros lejanos, mantengo la relación mística, espiritual y religiosa con Jerusalén, pero repudio al sistema político-militar que se estableció allí a través de la colonización sionista por ser éste intrínsecamente criminal. No creo que mis raíces judías signifiquen que tenga que ir a matar palestinos o a pelear con ellos por la tierra o a impedir a fuerza de metralla que los refugiados palestinos puedan volver a sus tierras.

Quizás una cita de Juan Gelman, gran poeta argentino judío, pueda ilustrar en algo esta visión: “¿Qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores; discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo de los siglos.”

Para finalizar, quisiera puntualizar algunas de las incoherencias y mentiras que Priscila Ko utiliza en su difamatoria carta para “explicar” el conflicto entre el Estado de Israel y el Pueblo Palestino. Según ella, en realidad:

1)     Israel no tiene ningún problema con los palestinos, porque estos viven bien en Israel. El conflicto en realidad es por culpa de la organización islamista Hamas, a quien ella llama “grupo terrorista” y a quienes describe como monstruos fanáticos que esperan ansiosos a que los maten.

2)     Una  “vida judía” valdría mucho más que “una vida palestina” tanto para Hamas como para Israel ya que al soldado Gilad Shalit lo intercambiaron por cientos de prisioneros palestinos.

Analicemos ambos puntos:

1)     ¿Qué Israel no tiene problema con los palestinos? ¡Vaya! Entonces no se entiende por qué tantos historiadores y periodistas hablan desde tiempos inmemoriales sobre el “conflicto israelo-palestino”. Palestina es el nombre de la región que hoy ocupa Israel, incluyendo Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Se calcula que hay 7 millones de refugiados palestinos dispersos por el mundo. En Cisjordania hay varios más millones de palestinos que protestan permanentemente bajo terrorismo de estado israelí contra la ocupación, los humillantes check-points y el Muro de la separación que les ha confiscado enormes porciones de tierra. Los palestinos de Gaza están encerrados bajo un bloqueo criminal en una hacinada región de tierra que se asemeja a un campo de concentración a cielo abierto (ahora con los bombardeos podría ser considerado como un campo de exterminio). Los palestinos de la Galilea sufren discriminación; por ejemplo han sido duramente reprimidos por haber protestado contra la masacre en Gaza. Toda esta situación comenzó con masacres perpetradas por las milicias sionistas ya en 1948 y la expulsión de casi 80% de la población palestina de la época. El conflicto tiene ya más de 66 años de historia. ¿¿Y quiere Priscila Ko hacernos creer que el mismo es por culpa de la organización Hamas, que fue fundada en Gaza recién en el año 1987?? Va quedando claro quién es la que miente.

2)     Priscila Ko utiliza gran parte de su carta para intentar deshumanizar a los miembros del grupo Hamas y a los palestinos en general. En uno de sus argumentos, insiste que una “vida judía” vale mucho más que la de un palestino de Hamas. Esto es muy cierto desde la óptica del Estado de Israel, que mata palestinos de a cientos o miles y también tiene recluidos a miles de presos políticos palestinos, muchos sin derecho aabogado (detención administrativa indefinida). Constituye esta la visión racista típica de toda sociedad colonial en su desprecio de la vida del pueblo originario. En este caso la “vida judía” es sagrada, mientras que la vida del aborigen vale poco o nada. En su manipulación, Priscila Ko utiliza la declarada disposición de los combatientes de Hamas a morir por su causa como una supuesta prueba de que los palestinos de Hamas desprecian la vida.

Por todo lo expuesto, no quedan dudas de que la carta de Priscila Ko donde se larga a difamarme y a mentir sobre la naturaleza de la tragedia palestina tiene un objetivo evidente: desacreditar mis denuncias y encubrir el genocidio palestino.

Como literatura sugerida a aquellos que quisieran saber más sobre los orígenes de la Tragedia Palestina:

El libro «La Limpieza Étnica de Palestina», del Historiador Israelí ilán Pappe.

El artículo «El origen de Israel es como el del niño que nace de una violación”, Entrevista al historiador israelí Shlomo Sand: http://www.publico.es/internacional/536829/el-origen-de-israel-es-como-el-del-nino-que-nace-de-una-violacion

El artículo «Perspectivas Imperiales», del intelectual estadounidense-palestino Edward Said:
http://elpais.com/diario/2003/07/27/opinion/1059256807_850215.html

Ali Abunimah, «The Battle for Justice in Palestine» http://www.haymarketbooks.org/pb/The-Battle-for-Justice-in-Palestine

Foto: Mariela Flores Torres – Trelew

La maleducación sentimental

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UrielPor Uriel Kon.

Se va cerrando esta pequeña y paradisíaca ventana abierta de Oriente Medio al mundo. El flujo de noticias se irá diluyendo. La operación masacre quizás se olvide. En Israel, es hora de resumir y decantar la guerra en números, como en el final de un videojuego: tantos ataques aéreos, tantos cohetes, tantos muertos, tanto dinero invertido.

Pero queda el zumbido. Repiqueteo monótono, torturante e insistente – efecto de la repetición sin fin de las diez frases hechas que conforman la consciencia israelí. Casi como disciplina para entrar en trance; manera de espantar pensamientos intrusos, dudas, debilidades, y de acallar voces inapropiadas.

Queda el zumbido, queda el repiqueteo retórico. Aprovechémoslo, aprovechemos el momento, horas antes de que la magia israelí dicte la amnesia colectiva y que la gente diga: ¡ah! ¿Cómo? ¡¡Nosotros no!! Pero ¿qué? ¡¡Por favor!! Seguiremos buscando la paz como siempre, incluso bajo las piedras…

Aprovechar este momento para cerrar esta ventana, ritualmente. Justo cuando la prensa local comienza, por primera vez en este último mes, a hacerse eco del sufrimiento ajeno para esculpir el consenso sobre la necesidad de interrumpir la fiesta guerrera – ya al borde de un cataclismo diplomático.

Justo cuando el escritor Amos Oz, como un Vargas Llosa obsesionado por el premio Nobel de literatura, decide acordarse y recitar en inglés – luego de 1800 muertos – que «solo la paz derrotará a Hamas».

Justo cuando comienzan a multiplicarse los artículos sobre el desastre humanitario en los hospitales de Gaza: «el ER palestino», decía casi a modo de burla cínica un medio israelí masivo, para describir el primitivismo tecnológico en la medicina gazatí de emergencia.

Justo cuando se multiplican los reportajes a soldados enojados al haberse quedado, según ellos, con las ganas, con un «gran sentimiento de oportunidad desperdiciada». Justo cuando comienzan a mutar las «playlist» de la radio, de la cadena de temas victimistas de holocausto, al mero pop alegre.

Recalquemos, entonces, antes de la vuelta a la rutina, que nada cambiará en este país, mientras sus habitantes sigan adorando la mitología militar, mientras se nieguen a rechazar organizadamente al enrolamiento – materializador de políticas de destrucción.

Nuevamente: la negativa al ejército, o al «ejército del pueblo» como lo llaman ellos, es la única esperanza de paz. La negativa masiva a pelear por la manutención de las colonias enquistadas en los territorios ocupados. La negativa a vivir del horizonte bochornoso creado por el aparato colonizador israelí.

Lástima que esta esperanza no sea más que una utopía irrealizable: he llegado a ver padres relatando guerras a sus hijas sentadas a upa, luego de unas copas. Fui testigo de conversaciones nostálgicas entre hombres – con sus mujeres observando pasivamente, obnubiladas – sobre guerras pasadas. Al vivir entre soldados latentes, eternos reservistas y nacionalistas castrenses, se pierde la esperanza de civilización.

Esta mañana en una librería, me dediqué, un rato, a la lectura de textos escolares adoctrinadores de escuela primaria y secundaria: «Vivir juntos en Israel», «Ser ciudadanos en Israel: estado judío y democrático» e «Israel: país judío y democrático». Salpicados de contradicciones imposibles, utilizando explicaciones confusas, aquellos libros intentan describir una falacia: un estado que por un lado otorga un estatus especial al israelí-sionista-judío, pero que por el otro dice preservar los derechos y la igualdad de las minorías.

Cualquier lector sensible, se dará cuenta de que bajo la escritura intrincada de dichos textos, subyace la problemática misma de esta sociedad; los textos nos están diciendo que evidentemente no existe el «vivir juntos» y menos el acto de convivir: existe una notoria separación entre el «nosotros» y el «ellos», entre «nuestra cultura» y «sus costumbres tribales».

Pero el horror y el escalofrío irrumpen al darnos cuenta de lo que ya sospechábamos intuitivamente – que en ninguno de los libros, ni siquiera en un apartado, o en un párrafo o una palabra, figura el pueblo palestino. No figuran los tres millones y medio de palestinos rehenes. No figura ni el pueblo, ni su territorio, ni sus aspiraciones, ni su historia. Tampoco figura la Nakba – desastre palestino de 1948 que fuera la contracara de la independencia israelí.

El lector informado sabrá de la existencia de libros de texto alternativos «Viaje a la vida cívica» y ״Como se dice Nakba en hebreo», ambos censurados, anulados y prohibidos por el ministerio de educación israelí: el primero por hablar críticamente de la violencia de base racial de la derecha sionista, y el segundo por narrar la catástrofe palestina en paralelo al imaginario nacional Reinante.

Si preguntásemos al alumnado israelí qué es la Nakba, no sabrían darnos una respuesta. Es así que la negativa israelí a reconocer y a hacerse eco del sufrimiento del otro, está profundamente enraizada en el plano educativo. Diríase que no existe el sufrimiento del otro, ya que no existe tal cosa, la otredad – salvo, como ya sabemos, una otredad demonizada, carente de territorio y de rostro.

Este es mi último textito, desordenado, rápido, sin dirección. Mi agencia de noticias y denuncias está próxima a cerrar, junto con la ventana paradisíaca a Oriente Medio. Tomo un taxi buscando, como el otro día, un lugar donde trabajar tranquilo lejos del zumbido repelente.

Me siento en el café del complejo «Notre Dame», frente a la Ciudad Vieja, en el noroeste de su muralla. Estoy en el límite mismo entre Jerusalén oriental y occidental. Por aquí pasaba, entre 1948 y 1967, otra muralla, que dividía a las dos ciudades – la israelí y la jordana.

Retrocediendo en la historia, este mismo punto geográfico supo ser parte del centro de la llamada «Nueva Jerusalén». A su vez, a principios del siglo 20, esta fue la sede de las autoridades otomanas en la ciudad. Aquí fueron instalados los primeros focos de luz eléctrica, dando lugar a la entrada en la modernidad y al descubrimiento de la noche, de la vida nocturna. Por aquí pasaban musulmanes, judíos, cristianos y turistas, mostrándose: mostrando sus ropas festivas, sus zapatos nuevos, y su disposición para la vida social. Aquí mismo, un grupo de palestinos nativos, se había manifestado en contra de un castigo otomano – el de obligar a inmigrantes sionistas a limpiar las aceras de las calles.

Pero la historia misma de la ciudad fue distorsionada por el sionismo, que se atribuye la génesis misma de la Nueva Jerusalén, omitiendo lo que la historiografía ratifica: que a la par de los primeros barrios judíos construidos fuera de las murallas, venían pululando barrios de casonas palestinas y complejos religiosos cristianos.

Vivimos en una ciudad portadora de varios mapas superpuestos, aunque de-construidos cognitivamente por la historia oficial. Nada más lejano e inasible que el paseo y el libre tránsito generalizado, bajo los primeros faroles eléctricos. Hoy en día, con electricidad a raudales, riego por goteo y una modernidad hace tiempo instalada, llama la atención que la sociedad israelí hegemónica, no logre, o por lo menos no trate, de salir de su notoria oscuridad.

Foto: Tali Feld Gleiser.

Gaza y Villa Crespo

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gaza villa crespoPor Carlos Barragán.

Debería escribir algo sobre los fondos buitres y dejarlo pasar. Gaza es un tema espinoso. Escribir “la masacre de Gaza” me traería seguramente algunos problemas con quienes creen que criticar a Israel es disparar sobre la comunidad judía. No debería decir nada sobre las matanzas que Israel realiza sobre los palestinos con una frecuencia que va calculando según planes estratégicos. No debería recordar que la política sionista desde antes de la segunda guerra, desde antes del holocausto en Europa, ya tenía las características de la limpieza étnica. Quizá debería olvidarme de las 500 aldeas arrasadas después en 1948, olvidarme que en aquel año desplazaron al 85% de la población palestina a esos dos corralitos donde viven hoy. Y debería dejarlo así y escribir “viven hoy” para no ofender a Israel y evitar decir que los palestinos -desde que el sionismo decidió crear un estado- dejaron de vivir y sobreviven. Sé que no debería mencionar las matanzas, las viejas ejecuciones y las nuevas, los atentados terroristas de la Stern, el Haganá, el Irgun, sin mencionar inmediatamente a los grupos palestinos que en inferioridad de fuerzas los atacan (ni soñando escribiría que se defienden o responden a la violencia con violencia). Tampoco debería plantear que los ataques palestinos tienen la causa de cualquiera que vea a su pueblo arrasado y humillado. Debería dejarlo así para que parezca que los palestinos atacan a Israel porque son malos y resentidos y también antisemitas.

Vivo en Villa Crespo. A pocas cuadras de mi casa hay varios templos y escuelas judías, un barrio donde es fácil encontrar comida kasher, donde Hilda que vive justo enfrente es quien se encarga del catering casero para los cumpleaños de mi familia: knishes, pletzalej, bohios y burekas son parte natural de nuestra vida. Su hija y los hijos de su hija, viven allá en Israel. Y mi hija de nueve años, por influencia de este hermoso barrio y por la religiosidad que está ausente en nuestra casa, creyó durante años que la religión –toda religión- es la judía. Que cualquiera que crea en Dios y sea devoto es judío, como sus amigas, como ocurre en las sinagogas por las que pasa caminando todos los días. Mi hija se queja porque no hacemos nada en Pesaj ni en Rosh Hashaná y la mandamos igual a la escuela. Tuve que explicarle que además hay otros que también creen y adoran a Dios y que se llaman católicos y otros musulmanes. Cosas de la hegemonía barrial que rompe con la hegemonía esperable y que me divierten. Y vuelvo a pensar que sería más fácil no complicarme con estas cuestiones. Por miedo a que Eva, Alejandro, Darío, Diego, Hugo y otros amigos queridos puedan sentirse incómodos o dolidos conmigo por decir que los palestinos no dejan de ser víctimas de un estado violento y criminal por más que caven túneles y que disparen cohetes. Que a estas alturas, después de décadas de desnudarlos, de matarlos y de quitarles sus casas y sus tierras, Israel es una fábrica de odio interminable. Qué otra cosa podrá sentir un pueblo donde cada uno de sus integrantes tiene un amigo, o una madre, o un tío, o un primo, o un hijo muerto por la violencia incansable y expansiva de ese estado. Qué otra cosa puede sentir un pueblo que ha vivido en condición de refugiado de guerra durante generaciones. Y no tendría que meterme con estas cuestiones que quizá no entienda del todo por ser goi. Porque después termino preguntándome de qué puede estar orgulloso el pueblo de Israel. Orgulloso de sus líderes históricos que construyeron su nación arrasando a las poblaciones que vivían en la tierra que ellos pretendían. Orgullo por sus líderes que han inventado en los foros internacionales una debilidad que nunca tuvieron.

Se sabe que los estados se construyen con sangre. Así lo vio la humanidad y así lo vimos nosotros acá mismo. Nuestra historia cuenta “la campaña del desierto” igual que la historia israelí contó que Palestina era un páramo a donde los colonos irían a transformar la soledad de la piedra muerta en tierra fértil y habitada. Mentiras las dos. Y ahí están los Roca de Israel atacando al enemigo de su patria. En Israel todos los próceres parecen Roca, no sé si habrá algún San Martín, un Belgrano, o un Moreno. Si los hay, el sionismo se habrá encargado de hacerlos invisibles para mí.

Los números a veces esclarecen las cosas: si por cada soldado muerto de un bando hay veinte niños muertos del otro, es difícil pensar en una guerra. Esta operación que Israel llama “Margen Protector” lleva en su nombre la pretensión de querer ocultar un crimen. Porque de qué puede estar protegiéndose quien mata a 1.400 personas (entre ellas 200 son niños y la gran mayoría civiles) mientras en su propio terreno mueren 56 soldados y 2 civiles. Parece razonable que con esa capacidad de daño cualquier ejército se daría por protegido. Salvo que la idea sea que el costo por eliminar a 1.400 sea ninguna baja propia. Rara idea de protección, y rara la explicación de que Hamas utiliza civiles como escudo cuando eso –de ser cierto- provocaría el apoyo de los civiles palestinos al gobierno israelí, y pedidos desesperados de que los salven de la locura de sus crueles compatriotas que los mandan a la muerte. Porque nadie entrega la vida de sus hijos con dientes de leche por ninguna causa. Y la profunda tristeza que da saber que de estas cosas es mejor no hablar. Porque el antisemitismo está vivo todavía y esperando la oportunidad para volver a las andadas. Porque es real que muchos judíos temen que los vergonzosos actos de Israel den pie a tanto nazi apenas disimulado por ahí. Y por eso la tristeza. Porque los judíos no se merecen tener que estar explicando las acciones salvajes de un estado que hace las cosas que los estados hacían hasta el siglo XIX, cuando “el método” era tolerado por un mundo sangriento que expandía sus fronteras hacia el futuro del capitalismo. Cuando todavía no existía la declaración de los derechos del hombre, ni la consciencia suficiente. Los sionistas de Israel llegaron tarde para aplicar esta metodología que hoy es insoportable. Y la tristeza por los palestinos sin derechos humanos se suma a la tristeza por mis amigos. Con quienes me llevo bien no por sus orígenes ancestrales, sino porque son gente sensible y con ideas parecidas a las mías. Bien lejos de esa derecha brutal que entiende que la prosperidad de los pueblos se construye con bancos fuertes y tecnología militar avanzada. Ellos no se merecen que este Israel militarizado, ultra-derechizado, y amenazado por su propio expansionismo los invite con los brazos abiertos. No se merecen siquiera que alguien les pregunte qué piensan sobre estas cosas. Porque la mayor extorsión de Israel no es con quienes tememos al recrudecimiento de sentimientos antisemitas, ni la extorsión de que se nos acuse de antisemitas por señalarlo. La mayor extorsión de Israel recae sobre mis amigos, sobre su pueblo, sobre mis vecinos de Villa Crespo. A ellos, en silencio, y sabiendo que la historia es una amenaza, Israel les pide complicidad.

Fuente: http://www.diarioregistrado.com/opinion/98763-gaza-y-villa-crespo.html

Sizan. Diatriba por Palestina

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sizanPor Julio Rudman.

 A Tali Feld Gleiser

«Lo más difícil es ser víctima de las víctimas»

                                            Edward Said

Ya se ha dicho casi todo y en casi todos los idiomas, mientras el Derecho Penal Internacional sigue cocinándose a fuego lento. Muy lento. Inclusive se ha dicho en hebreo (ahí está la Declaración del Partido Comunista de Israel, fechada en Tel Aviv el 11 de julio de 2014). Sólo me queda intentar un cuadro comparativo de esta masacre con el flagelo hitlerista de mediados del siglo pasado.

¿Qué diferencia sustancial hay entre la búsqueda pseudocientífica de la «raza superior» y sentirse un «pueblo elegido» por designio divino? Sobre todo, desde que los científicos sociales declararon perimido el concepto de raza.

¿Acaso no financiaron la maquinaria nazi Siemens, Ford, Krupp, Messerschmidt y la banca internacional como hoy lo hacen las multinacionales del petróleo, el complejo militar e industrial de Estados Unidos y la OTAN?

¿No se parece demasiado la justificación del «espacio vital» que amparó las invasiones a Polonia, Checoslovaquia, Austria, Francia y la Unión Soviética con la excusa de las «fronteras seguras» para anexar Cisjordania, la Franja de Gaza y promover la instalación de colonias en los territorios ocupados?

¿Qué creen que hicieron los patriotas polacos, checos, austríacos, franceses y soviéticos para intentar recuperar lo que les pertenecía? Sí, hasta cometieron actos terroristas y contaron con el auxilio de mujeres y hombres del pueblo con el objetivo primordial de recuperar la libertad. No, no estoy justificando las acciones terroristas del fundamentalismo árabe. Pretendo entenderlas. ¿Acaso el Irgún, esa organización paramilitar sionista, no destruyó el Hotel King David el 22 de julio de 1946 a través de un atentado, cuando el territorio todavía estaba bajo el Protectorado británico?

El Estado de Israel fue creado, administrativa y políticamente, por una resolución de Naciones Unidas el 19 de noviembre de 1947, fecha en la que se decidió la partición territorial en dos Estados, uno palestino y el otro israelí. ¿Dónde? En la «tierra prometida». ¿Prometida por quién? Por un texto religioso. ¿Alguien sabe de otro Estado moderno que tenga como origen sustentable y principal un presunto mandato divino? Insisto, Estado moderno. De ninguna manera debe interpretarse que pretendo hacer desaparecer a Israel como quieren los fanáticos. Digo que la historia conoce otros casos de países creados, como por ejemplo Panamá a expensas de una fracción de territorio colombiano y por razones estrictamente económicas (construir el canal interoceánico), y sin embargo ambos pueblos conviven en paz y armonía. Claro, no hay factores religiosos ni étnicos que perturben, como siempre, la vida cotidiana.

Desde su creación política Israel ha sido consecuente y coherente. Fue amigo y discípulo del régimen del apartheid sudafricano, legalizó la tortura como método de investigación policial y judicial, asesoró militar, logística e ideológicamente a los contras de Nicaragua y a las más feroces dictaduras latinoamericanas, acompaña obediente, con entusiasmo y prolijidad, cualquier iniciativa yanqui contra Cuba y Venezuela. En fin, desarrolla una implacable gestión de limpieza étnica en su tierra de origen y en cada uno de los zarpazos que, desde la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, viene protagonizando como baluarte imperial al servicio de las multinacionales del odio. Y, como Gran Bretaña respecto de Malvinas, desconoce sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas gracias al perverso sistema de veto que rige en el organismo desde su creación.

Por eso, y por muchas sinrazones más, no aparece como ilógico ver a sus ciudadanos y ciudadanas celebrar los bombardeos y las muertes ajenas desde una loma o una playa, platea morbosa de personas infectadas de sadismo colectivo. O escuchar declaraciones como la de la diputada Ayelet Shaked, del partido The Jewish Home, cuando sugirió que sería mejor «Matar a todas las madres de Palestina para que no nazcan más terroristas». Es una hermosa mujer, veo en la foto. Pero si, según Hegel, lo bello es la manifestación evidente de la verdad, la parlamentaria sionista es la excepción al pensamiento del filósofo alemán. También es, digo, el ejemplar emergente de una sociedad en la que la locura colectiva y el odio social encabezan su escala de valores.

Es cierto que la historia no se repite ni se pueden extrapolar épocas diferentes, pero cualquier semejanza entre las actitudes del Estado de Israel con las del régimen que auspició la «Solución Final» para los judíos durante el siglo pasado y la carnicería a que son sometidos los palestinos es más que pura coincidencia. Es una cadena ideológica vergonzosa que deja atónitos y furiosos a los seres de buena estirpe del planeta que nos ampara. (Tremenda coincidencia o paradoja histórica: una de las propuestas iniciales del Partido nazi en el Poder ante el llamado «problema judío» fue la emigración forzosa a Madagascar primero y luego a Palestina. El sueño del sionismo. Tal como lo cuenta Daniel Rafecas en «Historia de la solución final», Siglo XXI. 2012).

En fin, que para no discutir con los discursos académicos que nos abrumarían respecto del nazismo, el fascismo y el franquismo y sus semejanzas o diferencias con las políticas del sionismo israelí y sus acólitos universales, propongo que, a partir de ahora, no digamos que son nazis. Según el espejo de la historia son sizan.

Poema a Palestina

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no maten
En otra parte del mundo,
al otro lado del mar,
hay un pueblo resistiendo
la ocupación militar,
de otro pueblo que ha sufrido
y no parece recordar.
Por culpa de misiles
que les mandan sus vecinos,
se mueren las esperanzas
se mueren también los chicos,
mientras calla y manda balas
el del norte, los unidos.
El vecino, el errante,
el que no tenía lugar,
llenó su casa de fuego
y ahora vive en su ex hogar.
Puso muros y controles
para impedirle pasar.
Le dejó un pedacito
de su casa original,
y el mundo no le dice
si está bien o si está mal,
parece que el buen vecino
tiene gran peso mundial.
Injusticia, dirá alguno
al que nadie escucha hablar,
como tampoco se escucha
a este pueblo llorar
¿será sólo porque apuntan
a la meca para orar?
Y aunque estén tan lejos duele,
siempre duelen cosas tales,
como ver que caen bombas
en escuelas y hospitales,
ver que se asesinan hijos,
ver que se asesinan madres.
¿Y a quién quieren culpar,
si ellos son los oprimidos?
Uno tiene un arsenal,
el otro hogares destruidos,
por favor, no maten más,
a los niños palestinos.
Francisco Rava
Desde Argentina, para Los Otros Judíos.com
Foto: Venezuela se solidariza con Palestina. Internet

Carta abierta a Mordechai Keidar, profesor en la Universidad Bar Ilan

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"Dr". Mordechai Keidar

«Dr». Mordechai Keidar

«21 de julio 2014
Académico israelí: ‘Sólo violar a la hermana de un terrorista le puede disuadir’
Dr. Mordechai Keidar , un profesor de literatura árabe en la Universidad Bar Ilan»

En respuesta a sus dichos publicados en varios medios de la web quiero presentarme y decirle.
Me llamo Ana Laura Blejer, soy mujer, argentina, judía, profesional y artista plástica.
Madre, hija y hermana y nieta de varones judíos.
Vivo en un pais donde las mujeres somos libres.
Sin embargo, debo decir también que vivo en un país de lo que se llama el mundo emergente donde las mujeres todavía estamos discriminadas, ganamos menor salario por el mismo trabajo por el solo hecho de ser mujeres y como en el resto del mundo también somos discriminadas por algunos nichos de antisemitismo existentes en diferentes instituciones y sectores.
En la vida me ha tocado ser discriminada como mujer y doblemente como judía, en ámbitos infames como lo fue el llamado proceso de reorganización nacional llevado a cabo por las fuerzas armadas y ayudadas estas por instancias civiles, religiosas, empresariales, económicas, etc.
Sepa usted que las presas políticas durante el proceso fueron brutalmente lastimadas y doblemente lastimadas cuando eran judías.
Como funcionaria judicial, donde me desempeño hace 20 años también fui discriminada por judía .
Trabajo desde muy joven en el campo socio cultual y popular entendiendo desde diferentes lugares lo que es la discriminación.
Señor Kedar, se lo que es la discriminación.
Me avergüenzan sus declaraciones, en mi condición de ser humano sensible, en mi condición de mujer y en mi condición de judía.
Me avergüenza que sus autoridades no le hayan pedido la renuncia después de hacerlas.
Me avergüenza que no haya todavía ningún repudio público a sus declaraciones que ademas de agredirnos a todos los seres humanos que estamos trabajando por la paz, a todas las mujeres en particular , nos agreden a todos los judíos que a partir de sus dichos vivimos un rebrote de antisemitismo global.
Lo repudio y escupo su cara por todas las mujeres palestinas.
Lo maldigo para toda la eternidad por todas las mujeres que hemos sido violadas y discriminadas y tomadas como objeto de cambio o de deshecho en cualquier guerra.
Lo maldigo en nombre de todos los padres, hermanos e hijos de las mujeres a quien va dirigido su odio.
Lo maldigo en nombre de su madre, de su esposa y de su hija que tal vez no se han dado cuenta que lo que uno escupe al cielo, inevitablemente cae sobre uno mismo.
Convoco desde esta carta a todas las mujeres del mundo a repudiar sus dichos, a exigirle un pedido de perdón público a las mujeres palestinas y a todas las mujeres del mundo que hemos padecido lo que usted propone y a todas las mujeres del mundo que empatizamos en la condición femenina.
Convoco desde esta carta abierta a que todos los intelectuales judíos los expulsen de los ámbitos académicos, a que le saquen todos los micrófonos por los que convoca al odio, al disparate y al pecado de soberbia
Y finalmente, me gustaría condenarlo a la soledad de sus ideas y pensamientos.

Carta enviada a Los Otros Judíos por correo electrónico.

Nota de la Redacción de Los Otros Judíos: Sería necesaria una reflexión sobre si ese rebrote global de antisemitismo es tal. Nos consta que, cada vez más, la gente está aprendiendo a diferenciar entre sionistas y judíos.