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Cuando el sionismo es la esencia de la vida, una ruptura tiene enormes consecuencias

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Jacob Israel de Haan fue un escritor judío holandés asesinado en 1924 por la Haganá, la milicia preestatal del yishuv, por actividades antisionistas.

Por Jonathan Ofir, Mondoweiss.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Romper con el sionismo puede ser una experiencia devastadora.

En Israel la sociedad judía-israelí es en general sionista, en grados que van desde los llamados «sionistas liberales» hasta los sionistas fundamentalistas. No hay realmente ni necesariamente mucha diferencia cuando uno habla de esta experiencia de ruptura en una facción o la otra.

Lo que pasa con el sionismo es que sus seguidores lo ven básicamente como una especie de «esencia de la vida». El adoctrinamiento sionista enseña que se trata de «nuestra propia existencia». El «nosotros» generalmente se considera como «la nación judía» o «el pueblo judío» y por lo tanto el individuo se ve como una pequeña parte de esto. Como la supervivencia del todo también abarca al individuo, cualquier ruptura con el sionismo se considera un tipo de traición social que pone en peligro la fuerza e incluso la supervivencia del «todo».

Las narraciones que desafían la veracidad histórica de la noción de «supervivencia», como el hecho de señalar la próspera existencia judía en otros lugares, carecen de sentido para los sionistas. Bajo la metanarrativa sionista, esto es todo temporal. La prosperidad judía es temporal y simplemente espera un momento en el tiempo en el que los gentiles de nuevo «se vuelvan contra los judíos», porque eso es lo que sucede «en cada generación», como dice el canto de la Pascua.

Y la respuesta sionista a este supuestamente peligroso y eterno estado de cosas es un Estado-nación judío. Entonces, en el paradigma más grande, los sionistas simplemente ven la solución: el Estado-nación judío, como una solución de supervivencia. Por lo tanto no están dispuestos a ver ningún problema resultante, como violaciones de los derechos humanos y un desafío al derecho internacional, como algo más que simples obstáculos o desafíos que enfrenta este «caso especial»: Israel.

Entonces, cuando uno señala estas violaciones, es una irritación para los sionistas, no necesariamente porque no los conozcan, sino porque al señalarlos uno no muestra simpatía por los desafíos que enfrenta el «caso especial» que es Israel para ellos.

Dado que el caso de Israel y el sionismo necesitan una «dispensa especial», incluso la ruptura emocional de un individuo con el sionismo puede percibirse como un peligro. Y cuando uno rompe con el sionismo es visto en términos altamente emocionales y personales por aquellos para quienes representa la «esencia de la vida».

Entonces lo que caracteriza este tipo de lealtad a la «esencia sionista de la vida», resulta una especie de adhesión fascista que recuerda a las sociedades totalitarias y tampoco agrega nada para llegar a una comprensión entre los pares. Simplemente agrega insulto a su herida.

Además la conversación sobre la violación intrínseca de los derechos humanos inherente al sionismo solo es ofensiva para los sionistas. Y aquí particularmente para los «sionistas liberales», ya que sugiere que toda la gran ideología a la que se suscriben es irreconciliable con los valores de igualdad e incluso democracia. Natasha Roth hace un elocuente resumen de esto en su artículo sobre la reciente lista negra israelí de activistas de BDS. Roth escribe:

  «Al parecer el Gobierno israelí considera que la prohibición a los activistas BDS es un comportamiento aceptable para una democracia y ha cultivado y promovido con mucha diligencia la mentira de que BDS es un movimiento antisemita destinado a destruir a Israel. Esta mentira ha resultado notablemente exitosa, a pesar de la inequívoca declaración en el sitio web oficial del movimiento BDS de que su objetivo es asegurar los mismos derechos humanos y civiles a los palestinos que los de todos los demás que viven en territorio controlado por Israel. Pero si otorgar los mismos derechos a todos los que viven en el territorio controlado por Israel hará que el Estado implosione, entonces seguramente quienes se opongan al BDS por ese motivo ignoran un problema fundamental: que un Estado no puede sobrevivir si todos sus residentes no tienen los mismos derechos y, por definición, no es una democracia».

En otras palabras, el sionismo deja sin sentido los supuestos valores del «liberalismo». Es muy posible que los «sionistas liberales» consideren los valores liberales como su objetivo más elevado, pero cuando se trata de la competencia entre el sionismo y el liberalismo, los sionistas conservarán su sionismo. En lo que respecta a los sionistas fascistas más fundamentalistas y más descarados esto no es una afrenta, ya que de todos modos tienen una menor inclinación a respetar la noción ‘liberal’. Pero incluso los fascistas tienden a pensar que sus valores están relacionados con la «libertad» y la «superioridad moral»; simplemente juzgan a los «otros» para que no formen parte del club.

Entonces, cuando ocurre la ruptura, es una ruptura que inevitablemente nos llevará a reconsiderar la totalidad del adoctrinamiento y el conjunto de valores con los que uno fue educado. Uno termina teniendo que cuestionar la naturaleza de esos valores -en la medida en que sostienen esa construcción del sionismo- que resultan ser la esencia de la vida. Si uno hubiera pensado que fue educado en los valores del respeto, tiene que reflejar esa afirmación contra la falta de respeto intrínseco del sionismo hacia los «otros» nativos: los palestinos. Si este espejo no refleja la imagen, si esta falta de respeto -genocida, recordemos- no se puede conciliar con «respeto», el espejo se rompe. Uno tiene que reeducarse y volver a armar su conjunto de valores para establecer un concepto nuevo y real de respeto. Este ejemplo pertenece a una larga lista de valores.

Por lo tanto la ruptura con el sionismo se convierte en un núcleo que se rompe a sí mismo con un sistema de valores completo con el que uno se crió. La familia y los compañeros registran que la distancia no es meramente «política». Es, inevitablemente, sobre la naturaleza esencial del ser personal. Los sionistas perciben esto como una sugerencia de que ellos, los sionistas, son considerados como «otros» de valores menores e instintivamente registran esa consideración como una ofensa, incluso los arrojan de nuevo a la idea «antisemita» de los judíos como seres inferiores (aún cuando se trata de un judío rompiendo con el sionismo). Esto es ofensivo para todo el ser sionista, que en muchos niveles inevitablemente sentirá una aversión natural hacia la persona que atravesó ese proceso.

La solución a esta aversión, si la gente todavía quiere tratarse entre sí, podría simplemente evitar el tema tanto como sea posible. Pero el asunto estará allí. Será como un elefante en la habitación del que no podemos hablar: el sionismo.

Las personas que están en tal sociedad, la que defiende y consagra el sionismo, saben todo esto instintivamente. El precio de romper con él puede ser alto. No es solo una ruptura con la sociedad, es una ruptura con el pasado. Para la mayoría de las personas dicho precio se considera simplemente demasiado alto. Pero aquellos que se han dado cuenta de que los palestinos están pagando y han pagado un precio incomparablemente alto por el sionismo pueden encontrar el precio muy tolerable y digno. La negación sionista intrínseca y general del sufrimiento palestino es parte de este mecanismo. Si lo niegas y no puedes sentirlo, entonces puedes mantener la máscara, mantener tu autoengaño y mantener la creencia de que el sionismo es el único camino.

Fuente: http://mondoweiss.net/2018/01/zionism-essence-consequences

Rebelión.

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Jacob Israel de Haan fue un escritor judío holandés asesinado en 1924 por la Haganá, la milicia preestatal del yishuv, por actividades antisionistas.

Israel demanda a una familia palestina por los daños causados al vehículo que mató a su hijo

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jeep-israel-gaza-696x403Al igual que hicieron los nazis con los judíos tras la «Noche de los cristales rotos», Israel reclama 28.000 dólares a una familia palestina por los daños que se causaron en un vehículo militar que aplastó a su hijo

Por José Antonio Gómez.

En un movimiento sin precedentes y extraño, el Ejército israelí está demandando a una familia palestina por los daños causados ​​a un vehículo militar que chocó contra una pared mientras perseguía a su hijo a gran velocidad y que terminó con la muerte del palestino empotrado contra el muro.

Abdullah Ghneimat, de 22 años, un joven palestino de la aldea de Kufr Malik, al este de Ramallah, fue perseguido por un Jeep militar en la madrugada del 14 de junio de 2015 cuando regresaba a casa del trabajo. Se sorprendió al ver a los soldados en su aldea y, por lo tanto, se escapó, lo que provocó que los soldados lo persiguieran.

Ghneimat se escondió detrás de una pared, pero el Jeep chocó contra la pared, volcó y cayó sobre él, matándolo. Además, los soldados también abrieron fuego contra una excavadora que los residentes del pueblo habían llevado para levantar el vehículo del ejército para liberar el cuerpo de Ghneimat y se negaron a sacar el Jeep durante tres horas.

La familia quería demandar al Ejército por matar a su hijo de esa manera salvaje y cruel. La abogada Naela Attiyeh presentó una demanda contra el Ejército en un tribunal militar con la esperanza de que se hiciera algo de justicia.

Sin embargo, tanto la abogada como la familia se sorprendieron cuando hace tres días recibieron un correo electrónico informándoles que el Ejército había demandado a la familia de Abu Ghneimat por 28.000 dólares para pagar los daños causados ​​al vehículo del ejército que mató a su hijo.

«Esta es la primera vez que el ejército demanda a una familia de un palestino que sus fuerzas han matado exigiendo una compensación financiera. Lo asesinan y luego piden compensaciones», denunció Naela Attiyeh.

Iyad, el padre de Ghneimat, afirmó que «si quieren reparaciones, primero deben devolvernos a nuestro hijo. Se trata de un caso de extorsión. Quieren presionarnos para que retiremos la demanda contra ellos, pero insistimos en ello porque no nos importa el precio, aunque sabemos que el Ejército israelí y el Tribunal son dos caras de la misma moneda».

Cuando parece imposible, Israel se supera en sus niveles de crueldad aunque aprendieron bien de lo ocurrido en Europa en los años 30 del siglo XX cuando se obligó a los judíos a pagar los desperfectos que se ocasionaron en la «Noche de los cristales rotos».

 

Fuente: Diario 16.

Judíos árabes: Víctimas de la ocupación israelí

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Las familias Kadoori, Hamias y Ashram se sientan a una mesa de cena imporvisada al lado de sus casas demolidas en el barrio de Givat Amal, Tel Aviv, Israel, septiembre 19, 2014. (Shiraz Grinbaum/Activestills.org)

Por Eitan Bronstein Aparicio.

AnnurTV .- Es bien sabido que desde los primeros días de la inmigración sionista a Palestina, el Estado israelí y sus diversas ramificaciones han destruido cientos de aldeas y pueblos palestinos y sirios, que se consideraban enemigos del Estado. El mapa de la nueva «Destrucción colonial» , publicado por De-Colonizer , un centro de investigación alternativo sobre Palestina/Israel, incluye comunidades de judíos orientales -alrededor de la mitad son yemeníes- que fueron destruidas por las autoridades sionistas antes de la fundación de Israel y por el Estado israelí después de 1948.

El término «destruir» se refiere a las comunidades que fueron eliminadas contra su voluntad, a menudo a través de la violencia física, y siempre con la ayuda de la violencia legal y económica. Otras ciudades y vecindarios, como los barrios de Mahlul y Nordia en Tel Aviv o el campamento de transición de Neve Amal en Herzliya, también fueron destruidos, aunque finalmente se ofreció una compensación a sus residentes.

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Janna Jihad, periodista palestina de 11 años

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Los niños y niñas de Palestina no son ajenos a la realidad. Y muchos de ellos participan directamente en la resistencia pacífica a la opresión del Estado sionista.

Conoce a esta pequeña, cuya infancia no es la de la mayoría de los niños y niñas del mundo debido a la ocupación y el apartheid israelí.


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Qué ocurrió cuando una colona judía abofeteó a un soldado israelí

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Yifat Alkobi, colona israelì que vive en Hebrón

Por Noa Osterreicher.

Traducción: Los Otros Judíos.

Esta bofetada no fue lo principal de las noticias de la noche. Esta bofetada, que fue a parar a la mejilla de un soldado de Nahal en Hebron, no condujo a ninguna acusación. La atacante, que le pegó al soldado que trataba de impedir que ella tirara piedras, fue llevada para interrogarla, pero fue liberada bajo fianza el mismo día y le permitieron volver a casa.

Previamente a ese incidente, había sido condenada cinco veces —por tirar piedras, por atacar a un policía y por indisciplina—, pero no fue encarcelada ni una sola vez.

Una vez fue condenada en libertad condicional, y el resto a servicio comunitario  y prácticamente a una fianza simbólica, como compensación a las partes perjudicadas. Sistemáticamente, la acusada hizo caso omiso a las citaciones a interrogatorios o por procedimientos legales, pero los soldados no fueron a su casa a arrastrarla de la cama en el medio de la noche ni ninguno de sus familiares fue arrestado. Aparte de un breve informe de Chaim Levinson sobre el incidente, el 2 de julio de 2010, casi no hubo repercusiones de la bofetada y los arañazos que le hizo Yifat Alkobi en la cara de un soldado que la atrapó tirándoles piedras a los palestinos.

El vocero de la unidad de las Fuerzas de Defensa de Israel dijo en su momento que el ejército “examina a fondo cualquier incidente de violencia contra las fuerzas de seguridad” y, aun así, la atacante sigue viviendo en su casa tranquilamente. El ministro de Educación no exigió que pasara el resto de su vida en la cárcel, las redes sociales no explotaron con llamados a que fuera violada o asesinada y el columnista Ben Caspit no recomendó que fuera castigada con todos los rigores de la ley “en un lugar oscuro sin cámaras”.

Al igual que Ahed Tamimi, Alkobi es conocida desde hace tiempo por el ejército y la policía que rodean su lugar de residencia, y ambas son consideradas una molestia y hasta un peligro. La diferencia principal entre las dos es que Tamimi atacó a un soldado enviado por un gobierno hostil que no reconoce su existencia, roba su tierra y mata y hiere a sus familiares, mientras que Alkobi, una criminal en serie, atacó a un soldado de su propio pueblo y religión, enviado por su país para protegerla, un país del cual ella es ciudadana con privilegios especiales.

Ahed Tamimi en la prisión militar de Ofer en Cisjordania. 1 de enero de, 2018. Foto: Ahmad Gharabli/AFP

La violencia de los judíos contra los soldados en los territorios [ocupados] ha sido cuestión de rutina desde hace años. Pero aun cuando parece que no tiene sentido pedir que los soldados protejan a los palestinos de los hostigamientos físicos y el vandalismo que ejercen los colonos sobre sus propiedades, es difícil entender por qué las autoridades siguen haciendo la vista gorda cubriendo y cerrando casos o ni siquiera abriéndolos cuando los violadores son judíos. Hay múltiples pruebas, algunas grabadas con cámaras. Y aun así los delincuentes duermen en casa en su cama, envalentonados por orden divina y financiados generosamente por organizaciones que reciben apoyo del Estado.

En invierno es agradable mantenerse caliente y confortable bajo ese doble estándar, pero hay una palabra que todo israelí debería preguntarse: Tamimi y Alkobi cometieron los mismos delitos. El castigo (o la falta de) debería ser el mismo. Si la elección es entre liberar a Tamimi o encarcelar a Alkobi, ¿cuál elegiría usted? Tamimi permanece en custodia durante los procedimientos legales —juicio en un tribunal militar hostil— y se espera que sea condenada a prisión. Alkobi, que no ha sido procesada por este delito y fue juzgada en un tribunal civil por transgresiones mucho más graves, estuvo en su casa durante los procedimientos. Fue representada por un abogado que no tenía que esperar en un puesto de control para servir a su cliente y su único castigo fue hacer servicio comunitario.

El gabinete de ministros de los partidos Likud y Habayit Hayehudí (Hogar Judío) no tiene ningún motivo para aprobar una ley que aplique la ley israelí en los territorios [ocupados]. Aun sin eso, lo único que importa es si uno nació judío. Todo el resto es irrelevante.

 

 

Fuente: Haaretz.

Noam Chomsky: Por qué Estados Unidos apoya a Israel

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Mensaje de Janna Jihad, periodista palestina de 11 años, sobre Ahed Tamimi

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Janna Jihad es palestina y vive en la aldea de Nabi Saleh, Cisjordania ocupada. Tiene 11 años. Además de ser amiga y prima de Ahed Tamimi, es la periodista más joven del mundo.

Están envalentonados (pero cada vez más solos)

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¿Por qué Occidente alaba a Malala pero ignora a Ahed Tamimi?

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La activista palestina Ahed Tamimi con su madre Nariman [Al Jazeera]

Por Shenila Khoja-Moolji, Al Jazeera.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Ahed Tamimi, una joven palestina de 16 años, fue arrestada recientemente en una redada nocturna en su casa. Las autoridades israelíes la acusan de «agredir» a un soldado israelí y a un oficial. Un día antes se había enfrentado a los soldados israelíes que habían entrado en el patio trasero de su familia. El incidente ocurrió poco después de que un soldado disparó a su primo de 14 años en la cabeza con una bala de goma y ​​disparó botes de gas lacrimógeno directamente en su casa, rompiendo ventanas.

Su madre y su primo también fueron arrestados después. Los tres permanecen detenidos.

Ha habido una curiosa falta de apoyo a Ahed por parte de los grupos feministas occidentales, los defensores de los derechos humanos y los funcionarios estatales que en otros casos se presentan como defensores de derechos humanos y del empoderamiento de las niñas.

 Ahed, como Malala, tiene una historia sustancial de resistencia contra las injusticias.

Las campañas para empoderar a las niñas en el Sur global son innumerables: Girl Up, Girl Rising, G(irls) 20 Summit, Because I am a Girl, Let Girls Learn, Girl Declaration.

Cuando la activista pakistaní Malala Yousafzai, de 15 años, recibió un disparo en la cabeza de un miembro de Tehrik-e-Taliban, la reacción fue marcadamente diferente. Gordon Brown, el ex primer ministro del Reino Unido, emitió una petición titulada «Yo soy Malala». La UNESCO lanzó «Stand Up For Malala».

Malala fue invitada a reunirse con el presidente  de entonces Barack Obama, así como con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y pronunció un discurso en la Asamblea General de la ONU. Recibió numerosos elogios por haber sido nombrada una de las 100 personas más influyentes por la revista Time y la mujer del año por la revista Glamour para ser nominada para el Premio Nobel de la Paz en 2013, y nuevamente en 2014 cuando lo ganó.

Representantes estatales como Hillary Clinton y Julia Gillard, así como destacados periodistas como Nicholas Kristof hablaron en apoyo de ella. ¡Incluso hay un día de Malala!

Pero no vemos campañas #IamAhed o #StandUpForAhed en los titulares. Ninguno de los reconocidos grupos feministas o figuras políticas y de derechos ha emitido declaraciones en su apoyo o cuestionando al Estado israelí. Nadie ha declarado un Día de Ahed. De hecho, incluso Estados Unidos en el pasado le negó una visa para una gira de conferencias.

Ahed, como Malala, tiene una historia sustancial de resistencia contra las injusticias. Protesta por el robo de la tierra y el agua por los colonos israelíes. Ha soportado el dolor personal después de haber perdido un tío y un primo por la ocupación. Sus padres y su hermano han sido arrestados una y otra vez. Su madre recibió un disparo en la pierna. Hace dos años, otro video que la presentaba se volvió viral, esta vez estaba tratando de proteger a su hermano para que no se lo llevara un soldado.

¿Por qué Ahed no es beneficiaria de la misma protesta internacional que Malala? ¿Por qué la reacción con Ahed ha sido tan diferente?

Hay múltiples razones para este silencio ensordecedor. La primera de ellas es la aceptación generalizada de la legitimidad de la violencia de Estado. Mientras que las acciones hostiles de actores no estatales como los combatientes talibanes o Boko Haram son consideradas ilegales, a menudo se considera apropiada una agresión similar por parte del Estado.

Esto no solo incluye formas manifiestas de violencia, como ataques con drones, arrestos ilegales y brutalidad policial, sino también agresiones menos obvias como la asignación de recursos, incluidas la tierra y el agua. El Estado justifica estas acciones presentando a las víctimas de sus injusticias como una amenaza para el funcionamiento del Estado.

Una vez que se declara una amenaza, el individuo se reduce fácilmente a una vida raída, una vida sin valor político. El filósofo italiano Giorgio Agamben ha descrito esto como un tiempo/lugar sancionado por el poder soberano donde las leyes pueden ser suspendidas, por lo tanto, este individuo puede convertirse en objetivo de la violencia soberana. Los terroristas a menudo caen dentro de esta categoría. Por lo tanto la ejecución de presuntos terroristas por medio de ataques de drones sin el debido proceso judicial se produce sin mucho alboroto público.

La policía israelí ha desplegado una estrategia similar aquí. Ha abogado por extender la detención de Ahed porque «representa un peligro» para los soldados (representantes del Estado) y podría obstruir el funcionamiento del Estado (la investigación).

Mostrar a palestinos desarmados como Ahed, que simplemente ejercía su derecho a proteger el bienestar de su familia con todas las fuerzas de sus manos de 16 años, bajo la misma luz que un terrorista, es ilógico. Tales encuadres abren el camino para autorizar la tortura excesiva: el ministro de educación de Israel, Naftali Bennett, por ejemplo, quiere que Ahed y su familia «terminen sus vidas en prisión».

El sufrimiento de Ahed también expone el humanitarismo selectivo de Occidente, según el cual determinados cuerpos y causas particulares se consideran dignos de intervención.

La antropóloga Miriam Ticktin argumenta que, si bien el lenguaje de la moralidad para aliviar el sufrimiento corporal se ha vuelto dominante en las agencias humanitarias de hoy, solo determinados tipos de cuerpos que sufren se designan como dignos de este cuidado. Esto incluye el cuerpo femenino excepcionalmente violado y el cuerpo patológicamente enfermo.

Tal noción de sufrimiento normaliza los cuerpos explotados: «estos no son la excepción sino la regla y, por lo tanto, están descalificados».

Las situaciones de desempleo, hambre, amenaza de violencia, brutalidad policial y denigración de culturas a menudo no se consideran merecedoras de intervención humanitaria. Tales formas de sufrimiento se consideran necesarias e incluso inevitables. Ahed, por lo tanto, no se ajusta al ideal de sujeto víctima para el apoyo internacional.

De manera similar las niñas como Ahed que critican el colonialismo y se manifiestan por visiones de cuidado comunitario no son la feminidad empoderada que Occidente quiere validar. Ella busca la justicia contra la opresión en lugar del empoderamiento que solo beneficia a sí misma.

Su feminismo es político, en lugar de uno centrado en consumo y sexo. El poder de esta niña amenaza con revelar la cara fea del colonialismo y, por lo tanto, está marcado como «peligroso». Su valor e intrepidez dan vida a todo lo que está mal con esta ocupación.

La situación de Ahed debería llevarnos a interrogarnos sobre nuestro humanitarismo selectivo. Las personas que son víctimas de la violencia estatal, cuyo activismo revela la perversidad del poder o cuya defensa de los derechos se centran en el cuidado comunitario, merecen ser incluidos en nuestra visión de la justicia.

Incluso si no lanzamos campañas a favor de Ahed es imposible para nosotros escapar de su llamado a presenciar la debilidad masiva, el desplazamiento y el despojo de su pueblo. Como dijo Nelson Mandela «sabemos muy bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad de los palestinos».

Shenila Khoja-Moolji es una académica de género, Islam y estudios de la juventud.

Fuente: Al Jazeera.

Rebelión.

¿Quién es Ahed Tamimi?

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Tres razones por las que una adolescente palestina está volviendo loco a Israel

Por Gideon Levy para Haaretz.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

El martes pasado los soldados del ejército israelí dispararon a Hamed al-Masri a la cabeza, hiriendo severamente al niño desarmado de Salfit. El viernes los soldados dispararon al desarmado Mohammed Tamimi, también de 15 años, en la cabeza, hiriendo gravemente al niño de Nabi Saleh. También el viernes los soldados mataron a Ibrahim Abu Thuraya, un amputado de las dos piernas a quien también dispararon en la cabeza. El mismo día Ahed Tamimi, de 16 años, estaba en el patio de su casa con su prima y abofeteó a un oficial del ejército israelí que había invadido la casa de ella.

Israel despertó de su sueño enojado: ¿Cómo se atreve? Las tres víctimas de los bárbaros disparos no interesaban a los israelíes y los medios ni siquiera se molestaron en informar sobre ellos. Pero la bofetada (y patada) de Tamimi provocó furia. ¿Cómo se atreve a abofetear a un soldado del ejército de Israel? Un soldado cuyos compañeros abofetean, golpean, secuestran y por supuesto disparan a los palestinos casi todos los días.

Realmente es audaz Tamimi. Rompió las reglas. Golpear está permitido solo para los soldados. Ella es la verdadera provocación, no el soldado que invadió su casa. Ella, que tiene tres parientes cercanos asesinados por la ocupación, cuyos padres han sido detenidos incontables veces y cuyo padre fue condenado a cuatro meses de prisión por participar en una manifestación en la entrada de una tienda de comestibles, se atrevió a resistirse a un soldado. Desfachatez palestina. Se suponía que Tamimi se enamoraría del soldado que invadió su casa, le arrojaría arroz, pero como es una ingrata lo recompensó con una bofetada. Todo se debe a la “provocación”. De lo contrario, ciertamente no odiaría a su conquistador.

Pero hay otras fuentes de la desenfrenada pasión de venganza contra Tamimi. (Ministro de Educación Naftali Bennett: “Debería terminar su vida en prisión”). La niña de Nabi Saleh destrozó varios mitos de los israelíes. Lo peor de todo es que se atrevió a dañar el mito israelí de la masculinidad. De repente resulta que el soldado heroico, que nos vigila día y noche con osadía y coraje, se enfrenta a una niña con las manos vacías. ¿Qué va a pasar con nuestro machismo, que Tamimi rompió tan fácilmente, y nuestra testosterona?

De repente los israelíes vieron al enemigo cruel y peligroso al que se enfrentan: una niña de 16 años con el cabello rizado. Toda la demonización y la deshumanización en los medios aduladores se hicieron añicos al enfrentarse con una chica con un suéter azul.

Los israelíes perdieron la cabeza. Esto no es lo que les dijeron. Están acostumbrados a oír hablar de terroristas y comportamientos asesinos. Es difícil acusar a Ahed Tamimi de todo eso, ni siquiera tenía unas tijeras en sus manos. ¿Dónde está la crueldad palestina? ¿Dónde está el peligro? ¿Dónde está el mal? Podrías perder el entendimiento. De repente, todas las cartas se reorganizaron, por un extraño momento, el enemigo parecía muy humano. Por supuesto, se puede confiar en la maquinaria de propaganda y lavado de cerebro de Israel, que son tan eficientes, para asesinar al personaje de Tamimi lo suficientemente pronto. Ella también será etiquetada de cruel terrorista que nació para matar, se dirá que no tiene motivos justificables y que no hay contexto para su comportamiento.

Ahed Tamimi es una heroína palestina. Logró volver locos a los israelíes. ¿Qué dirán los corresponsales militares, los incitadores de derecha y los expertos en seguridad? ¿Por qué son buenas 8200, Oketz, Duvdevan, Kfir y todas estas otras unidades especiales si al final del día el ejército se enfrenta a una población civil indefensa que está cansada de la ocupación, encarnada en una chica con un kufiya en el hombro?

Si solo hubiera muchos más como ella. Tal vez las chicas como ella podrán sacudir a los israelíes. Tal vez la intifada de las bofetadas tenga éxito donde todos los demás métodos de resistencia, violentos y no violentos, han fallado.

Mientras tanto Israel ha reaccionado de la única manera que sabe hacerlo: un asalto nocturno en su casa y la detención de ella y su madre. Pero en el fondo de su corazón, todo israelí decente probablemente sepa no solo quién tiene la razón y quién no, sino quién es fuerte y quién es débil. ¿El soldado armado de pies a cabeza que invade una casa que no le pertenece o la niña desarmada que defiende su casa y su honor perdido con sus propias manos, con una bofetada?

Fuente:  Rebelión.