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La guerra de la desinformación israelí

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En el actual conflicto armado de Gaza, la mayoría de los ciudadanos israelíes, alentados por su gobierno, sus medios periodísticos y el departamento de información de su ejército trataron de ganar la opinión pública mundial como nunca antes lo habían hecho.

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Por Ezequiel Kopel.

«La propaganda es el arte de persuadir a los demás sobre lo que uno mismo no necesariamente cree»

Abba Eban

En el actual conflicto armado de Gaza, la mayoría de los ciudadanos israelíes, alentados por su gobierno, sus medios periodísticos y el departamento de información de su ejército trataron de ganar la opinión pública mundial como nunca antes lo habían hecho. Sin embargo, el esfuerzo es en vano: a millones de ciudadanos del mundo les cuesta comprender cómo el estado más poderoso de la región puede seguir afirmando que defiende a un pueblo al que ocupa y somete militar y económicamente desde hace 47 años. Se usaron todas las tácticas y lugares comunes, los golpes bajos y la manipulación de datos; se acusó de antisemita a cualquier persona que no acordara con el proceder de un gobierno violento; se apuntó con el dedo a todo aquel que no hablara de la matanza siria, se descalificó a cualquier judío (dentro y fuera de Israel) que no defendiera las acciones más agresivas de un estado que exige alineamiento ciego a sus políticas militares bajo parámetros de solidaridad racial y se empleó, hasta el hartazgo, la teoría de que si no se apoyan los actos del gobierno de Israel se está en contra de sus ciudadanos o se es anti-israelí.

A continuación, un pequeño pantallazo de las frases hechas e ilustraciones de la última semana.

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Tanto civiles israelíes como palestinos son los principales damnificados. Pero hay pequeñas “grandes” diferencias: desde diciembre de 2008 hasta el 30 de junio de 2014 hubo, en Gaza, 1872 palestinos muertos, 993 de ellos civiles, mientras que en el mismo periodo 19 israelíes perdieron su vida por agresiones provenientes de la Franja de Gaza; ninguno de ellos era civil.

Otra pequeña diferencia que puede esgrimir Hamas al atacar los centros de población israelíes es que «técnicamente» casi todos los israelíes son o fueron soldados. En Israel, cualquier persona de entre 18 años y 21 años de ambos sexos pertenece al ejército (y todos los hombres son reservistas del mismo hasta pasados los 40). Los soldados están en todos lados: en autobuses, shoppings, calles, terminales, playas, mercados, restaurantes, etcétera. La misma excusa que utiliza Israel para justificar los ataques a las poblaciones urbanas palestinas pueden ser esgrimidas por los militantes palestinos para golpear los centros civiles israelíes: atacamos soldados que se «camuflan» dentro de la población civil.

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Vale aclarar que, dentro de la lógica y códigos bélicos en los que están insertos este conflicto, la mayor base militar y, además, sede del Ministerio de Defensa israelí, la Kyria (lugar donde se decide la mayoría de los ataques contra suelo palestino) se encuentra en el centro de Tel Aviv, en una de sus calles más transitadas, al lado de un shopping, junto a decenas de paradas de ómnibus. De este modo, cuando los palestinos lanzan un misil hacia Tel Aviv, pueden alegar que lo hacen contra un objetivo militar que está rodeado de objetivos civiles. Asimismo, acusar a los palestinos por los ataques desde los centros urbanos para luego esconderse dentro de la población civil es el colmo de la ignorancia de la propia historia de Israel. Durante la guerra de guerrillas urbana que los israelíes llevaron adelante antes de 1948 contra los ingleses (especialmente el caso del movimiento pre-estatal Lehi), se realizaron ataques a objetivos civiles junto a un posterior ocultamiento de sus militantes y armas en casas y sinagogas (por ejemplo, a modo de conmemoración, un pilote frente a la gran sinagoga de Tel Aviv ubicada en la calle Allenby 117 recuerda que allí se guardaron armas de la resistencia). Y esto no es una verdad oculta, pues por toda la ciudad pueden verse símbolos evocativos de estas características en muchas de sus calles.

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Mientras el mundo conoce a la región como Cisjordania o la Ribera Occidental, los israelíes prefieren llamar a la zona por su nombre bíblico, Judea y Samaria, territorios conquistados, ocupados y colonizados por Israel desde 1967, por lo que los palestinos de Cisjordania  argumentan que realizan ataques legítimos contra una población y su ejército que ocupa ilegítimamente sus tierras y que los oprime día a día de forma violenta. Lo que fue reconocido mundialmente como un acto válido de autodefensa en el caso de los argelinos contra los franceses, la lucha de los afganos contra los soviéticos o la independencia israelí contra los británicos parece no ser medido por la misma vara por muchos apologistas de las acciones del estado de Israel. Es importante destacar que Israel, desde 1967, ha desconocido más de 60 resoluciones de la ONU que condenaron sus acciones violentas en los territorios palestinos y nada ocurrió. Irak desconoció dos y fue invadido por una coalición mundial.

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La elección de Río de Janeiro o París para ejemplificar el ataque palestino a Israel es más que problemática. Ni Brasil ni Francia ocupan territorios de países vecinos, ergo, la comparación es imposible. Aún en el caso de países colonialistas, y entrando en su lógica conquistadora como, por ejemplo, Estados Unidos con Afganistán, a diferencia de Israel, no colonizaron territorios enemigos con población autóctona del país conquistador en perjuicio de la población conquistada. Tampoco es casualidad que Israel nunca haya anexado los territorios palestinos ocupados pues si así lo hiciera tendría que otorgarles derechos plenos a los palestinos que allí residen, como sí lo hizo con las Alturas del Golán, conquistadas en 1967 a Siria, y donde la población árabe residente era mínima.

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Uno de los afiches más “tramposos” e ignorantes de todos: su motivo es silenciar la disidencia fuera de Israel y mirar con suficiencia al que opina distinto, descalificando su opinión al acusar de reducir un conflicto de «proporciones bíblicas» en un simple juego de manipulación de la información. Según la lógica de esta propaganda, el conflicto israelí -palestino, al que se denomina no inocentemente como «árabe -israelí», es una pugna de base religiosa, económica y antisemita. Nada dice de la ocupación de los territorios palestinos, su posterior colonización, su drenaje de recursos económicos y territoriales y la consiguiente discriminación racial. La cuestión es más simple de lo que parece: el conflicto israelí-palestino es una disputa territorial (un pueblo ocupa a otro y lo coloniza) junto a un problema de derechos humanos y civiles. Una disputa donde las variables económicas, sociales y religiosas, por supuesto, tienen importancia pero el que no quiera ver que en Tierra Santa (zona de culto religioso de extrema delicadez para las tres creencias monoteístas más importantes del mundo) estas cuestiones se advierten como de relevancia plena debe cambiar enfoque para intentar comprender el contexto.

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Una verdad mentirosa. Los palestinos pagan por los medicamentos que reciben, así como por la comida, la luz y el transporte de mercancías. Sólo en 2012 , los habitantes de Gaza le pagaron un total 380 milllones de dólares a las autoridades israelíes por la compra de sus productos. Y debido a que Israel controla el único cruce comercial que tiene Gaza y, además, bloquea por aire, tierra y mar a la Franja, la responsabilidad civil, de acuerdo al derecho internacional, de que Gaza no sufra una crisis humanitaria es enteramente de Israel. Por lo tanto, la única salida que la población palestina tiene en Gaza con el exterior es un paso fronterizo con Egipto que, sin embargo, y de acuerdo al tratado de paz firmado entre Israel y Egipto de 1979, sólo permite la entrada y salida de personas, no de mercancías. Precisamente en 2012 , el ministerio de Defensa israelí fue forzado por la Corte Suprema a publicar un informe gubernamental donde se relataba que Israel debía transferir 106 camiones de comida por día  (incluidas medicinas y elementos de higiene) para evitar la desnutrición de los habitantes de Gaza pero, según un informe de la Asociación Israelí para el Libre Movimiento de los Palestinos (GISHA), la cantidad de cargamento transferida por día era de 67 camiones.

Lo cierto es que a pesar del arsenal propagandístico llevado adelante por el Estado de Israel y por quienes justifican la ocupación del pueblo palestino (y la posterior condena de las reacciones de ese mismo pueblo ocupado) les falta comprender que no es posible escuchar los lamentos y las vicisitudes de los ciudadanos israelíes mientras se mantenga una férrea dictadura militar y ocupación de los territorios palestinos desde hace ya más de cuatro décadas. Más de 40 años donde las víctimas son culpadas por sus propias desgracias; donde el pensamiento dominante determina que todos los palestinos son terroristas que rechazan la convivencia con el Estado israelí; donde su nacionalismo es nada más que antisemitismo «camuflado» y donde Hamás es sólo un grupo de fanáticos religiosos. Pero la realidad de este conflicto histórico presenta otra lectura posible: el palestino es un pueblo normal, con aspiraciones normales. Los palestinos llevan a cabo una lucha de liberación nacional, que, como muchos otros procesos de estas características, contiene aspectos nobles y heroicos pero también intolerables, como el último secuestro y asesinato de los tres jóvenes israelíes (N. de la R. Hasta la fecha no se ha comprobado que este lamentable hecho haya sido ejecutado por palestinos).

Ruth Resnik, pionera de la igualdad de la mujer y ganadora del Premio Israel, el galardón más prestigioso de ese país, publicó, el 14 de julio pasado, un editorial en el diario «Haaretz» titulado «Yo también fui una terrorista». En ese pasional texto afirma que «los habitantes de Gaza no son diferentes a nosotros, y es nuestra opresión lo que los lleva al terrorismo, así como la opresión británica de Palestina nos condujo a nosotros a poner bombas». Y para aquellos que se sorprenden por cómo las organizaciones terroristas palestinas reclutan niños o utilizan viviendas civiles, Resnik recuerda que el Irgun (guerrilla judía previa a la conformación del Estado de Israel) la enroló a ella misma a los 14 años y que los entrenamientos de campo y armas tuvieron lugar en un jardín de infantes en el bohemio barrio de Florentin, en Tel Aviv.

Fuente: http://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/14992-la-guerra-de-la-desinformacion-israeli-.html?fb_action_ids=10152579516262372&fb_action_types=og.comments

Solidaridad internacionalista en el País Vasco: No al genocidio en Gaza

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Después de que la violencia del Estado de Israel contra el pueblo palestino nos impidiera permanecer más tiempo en Palestina, hemos participado en varias actividades aquí en el País Vasco. El martes daré una charla en la ciudad de Zumárraga sobre mi experiencia y algunos otros aspectos. También, tengo dos entrevistas agendadas para medios locales.

Charla y concentración en Zumárraga.

Charla y concentración en Zumárraga.

Eskerrik Asko (muchas gracias) a Antzine Biain, quien también ya ha estado en Palestina.

Azpeitia

Unas 100 personas se reunieron en la plaza del pueblo. Al final de la concentración hicimos un círculo y pude contar un poco de mi experiencia. Eskerrik asko (muchas gracias) por haberme escuchado con tanta atención. Y un agradecimiento especial a Marketa Larysova de la República Checa, que se acercó con una gran emoción y a Oto que se encargó de los contactos.

Ayuntamiento de Azpeitia solidario con Palestina.

Ayuntamiento de Azpeitia solidario con Palestina.

Donostia manifestación

Algunas de las consignas que gritaba el pueblo vasco:

* Solidaridad con Palestina.

* Israel asesino del pueblo palestino.

* Boicot a Israel.

* Israel asesino, Europa cómplice.

Donostia: un minuto de silencio por las víctimas en Gaza. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia: un minuto de silencio por las víctimas en Gaza. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. La manifesatción sigue por la Parte Vieja. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. La manifestación sigue por la Parte Vieja. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. Solidaridad. Foto: Tali Feld Gleiser.

Donostia. Solidaridad. Foto: Tali Feld Gleiser.

Tali en la manifestación en Donostia.

Tali en la manifestación en Donostia.

Un agradecimiento ESPECIAL a Koldo Campos Sagaseta que ha gestionado la posibilidad de contar mi experiencia y a la familia Alberdi Campos por «refugiarme» en su casa una vez más.

Tali Feld Gleiser, Azkoitia, 19 de julio de 2014.

¿Cómo se vive la infancia en Israel?

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Ellos están siendo preparados para militarizarse, un logro que es celebrado en Israel. Foto referencial. (Foto: Archivo)

La ofensiva israelí contra la Franja de Gaza ha dejado unos 295 muertos, la mayoría de ellos civiles, con un alto porcentaje de niños, y cerca de 1.600 han resultado heridos, una situación que viven trágicamente los palestinos que viven en la zona.

Esta realidad no escapa a la infancia israelí. Un ejemplo ilustrativo está en el siguiente video, donde los niños dejan ver sus intenciones de continuar con las acciones terroristas que llevan a cabo sus padres, incluso, afirman sin titubear, que podrían llegar a matar a quien consideran el enemigo.

El periodista indaga con los infantes sobre las visitas que estos realizan a museos de guerra o de carácter militar.

El paseo deja la duda de si se trata de un museo tradicional, o estos recintos hacen también las veces de centros de reclutamiento semi-militares, donde los niños aprenden a disparar con rifles Kalashnikov, manipular granadas de mano, y simular el secuestro y muerte de enemigos.

Ellos están siendo preparados para militarizarse, un logro que es celebrado en Israel.

 

teleSUR/BM – CA

Crónicas desde Palestina nº 194*: Empezando el retorno

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Beit Ommar 2

Beit Ommar, Cisjordania Ocupada. Foto: Tali Feld Gleiser.

Tras la dolorosa partida de Beit Ommar llegué a Jerusalén con la emoción como equipaje. En unas horas me encontraría con mis amigos de Ta’ayush (Convivencia en árabe), una ONG que se dedica a dar apoyo legal y humano a campesinos de las colinas del sur de Hebron, a quienes los colonos judíos los atacan permanentemente, les destruyen plantaciones, arrancan olivos, los agreden verbal y físicamente para robarles sus tierras.

Colinas del sur de Hebrón. Foto: Tali Feld Gleiser.

Colinas del sur de Hebrón. Foto: Tali Feld Gleiser.

En la estación central de buses, a donde llego tras un largo viaje sin “incidentes” que no sea el humillante puesto de control de Belén, encuentro un lugar donde dejar mi maleta para poder dar una vuelta, pero estoy de muy mal humor. No quiero estar allí, no quiero ver a esas personas que andan por la terminal, ajenas a la vida real. Cambio de planes (desde que llegué no he hecho otra cosa que cambiar planes, y así –no– vive la gente en Palestina) y me siento a esperar que mi amigo Guy me llame.

baño jerusalen

Pasan casi tres horas y suena el teléfono puntualmente a la hora combinada. Como no había comido nada desde mi hummus con pita matinal, buscamos un lugar para comer algo. Por supuesto, no tengo hambre. Conversamos como viejos amigos sobre la situación y coincidimos en nuestra concepción de vida y en muchas historias. Guy me cuenta que siente la obligación de hacer lo que hace por una cuestión de justicia y porque tal vez nadie más lo haría. Me consta que su vida y la de los otros integrantes de Ta’ayush gira en torno a sus actividades veinticuatro horas por día. Pienso que esa es la única forma que tienen de mantenerse más o menos sanos mentalmente.

Ta'ayush

Integrantes de Ta’ayush descansando por el calor agotador. Foto: Tali Feld Gleiser.

Salimos a caminar un poco y vamos al Jardín de Rosas Wohl. Me da rabia, no había visto rosas más lindas, salvo en Ramala. Esas flores del apartheid que solo algunos pueden (podemos) disfrutar. Veo la cara de un palestino en cada rosa, los pétalos suplican que el mundo deje de ser indiferente a las redadas, allanamientos, asesinatos de niños y civiles, a la impunidad de colonos terroristas. En un acto de solidaridad, no saco ni una foto (los que me conocen saben lo que esto significa). Seguimos caminando y vamos a parar a una de las zonas con más terroristas por metro cuadrado del mundo, la zona del Parlamento (Kneset), la Corte de Justicia y el Memorial Brigada Harel, división del Palmach, una pandilla terrorista judía de los años 40. Huímos despavoridos y nos sentamos a conversar en el parque mientras nos acompañan algunos cuervos y la puesta del sol.

A la una de la mañana llego al kibutz, molida, con un peso sobre los hombros que aumenta con el pasar de las horas.

En Jerusalén ocupada recrudecen las protestas. También en Cisjordania y ciudades palestinas dentro de Israel, lo que se conoce como Palestina histórica. Se incrementan los ataques racistas a árabes. Ni los manifestantes antiviolencia se libran de los judeonazis.

Se me instala un dolor en el cuerpo, latente desde que llegué a «mi pueblo» de Beit Ommar al sentir lo que es la (no) vida cotidiana. Imposible que todo eso no se te impregne en las entrañas. ¿Cómo sobreviven con esa presión? ¿Cómo le muestran al mundo que se puede seguir adelante? Se vive bajo un estrés permanente. Se sale a calle, sin saber si se va a volver, si te van a arrestar o vas a encontrar la entrada a tu pueblo cerrada.

El lunes casi no me puedo mover. Aun así, sigo trabajando. El martes converso con mi gente en Beit Ommar, la situación empeora. Las Fuerzas de Ocupación no solo vienen a la noche y atacan a las personas, ahora lo hacen también de día: gases lacrimógenos, bombas de estruendo, balas de goma. Lo más probable, que se acaba confirmando, es que no pueda volver más. Y esto termina con cualquier voluntad de quedarme en Oriente Medio. No soporto la idea de quedarme «enterrada» en el kibutz sin siquiera la esperanza de volver a la Ribera Occidental o Jerusalén. No quiero disfrutar de bienes que pertenecen a otros, como el agua que es robada de los acuíferos palestinos.

Empieza el brutal bombardeo a Gaza. Como siempre, los activistas y otras personas que se solidarizan usan las redes sociales como denuncia. Pero toda esta energía no es suficiente para detener la matanza. La indiferencia de casi todos los «líderes» mundiales al sufrimiento palestino (no solo en esta ocasión) da una rabia e indignación indescriptibles.

Suenan las alarmas en el sur de Israel. Varios cohetes son disparados desde Gaza y llegan cada vez más lejos, a pesar de su precariedad.

Vuelvo a hablar con mis amigos palestinos y, con mucho pesar, llegamos a la conclusión de que es mejor partir.

Dibujo: Reem Abu Maria.

Dibujo: Reem Abu Maria.

El aeropuerto es una pesadilla, pero nada que se compare con otras historias, como la de mi amiga escritora Lina Meruane (1), de origen chileno-palestino. Por atrasos en la revisión de equipajes del aeropuerto israelí, mi vuelo se atrasa y en Atenas pierdo el vuelo a Madrid. Me mandan a Frankfurt y luego a la capital del Estado Español. Llego con diez horas de atraso y tomo el bus al País Vasco. En Donostia-San Sebastián tengo que esperar unas cinco horas para tomar el autobús que me llevará a Azkoitia, mi refugio.

Por lo que veo, el Estado español es el país europeo donde se hacen más manifestaciones a favor de Gaza y Palestina. Mi amigo Koldo habla cin varias personas para ver si puedo dar una charla sobre mi experiencia en Palestina, a pesar de la époxa inoportuna por acá, debido a las vacaciones y fiestas patronales. Mañana iré a Donostia, la capital provincial a una manifestación, el viernes habrá una concentración en el pueblo de Azpeitia y yo cerraré el acto con 15 minutos para hablar. La próxima semana daré una charla en Zumárraga.

Y así empiezo mi retorno a Palestina. Ahora falta el de los casi cinco millones de refugiados que no pueden hacerlo.

Partida y retorno. Foto: Tali Feld Gleiser.

Partida. Foto: Tali Feld Gleiser.

Azkoitia, País Vasco, 16 de julio de 2014

*194 Es la resolución de la ONU que en su artículo 11 pide el retorno de los refugiados palestinos:

Resuelve que debería permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos lo hagan así lo antes posible, y que deberían pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien perdido o dañado cuando, en virtud de los principios del derecho internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño deba ser reparado por los Gobiernos o autoridades responsables.

(1) http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=1798&Itemid=63

El terror de la “tregua”

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ninos palestinos piden perdon

Por Koldo Campos Sagaseta.

Siguen cayendo las bombas en Gaza y Palestina. Ya no hacen ruido, ni revientan sus racimos de fuego sobre las cabezas de un pueblo cautivo, pero siguen sepultando en los escombros las vidas y esperanzas de los sobrevivientes.

Ya no levantan fumarolas de muerte ni abrasan los ojos sus malditos destellos, pero sobre Gaza y Palestina siguen cayendo las bombas del despojo, las bombas del asedio, las bombas del olvido, ante la atenta mirada de los ciegos.

“Gaza recupera la calma”, dicen los medios de comunicación, “vuelve la normalidad a Palestina”.

Los ciegos aprovechan la tregua para mejor no ver para otro lado.

N. de la R.: Sobre la breve y unilateral tregua dice La Nación: «El Estado hebreo anunció que reanudó los ataques en respuesta a los cohetes que llegaron desde el territorio controlado por Hamas; Netanyahu había aceptado un alto el fuego propuesto por Egipto, que el grupo islamista había rechazado.» ¿Territorio controlado por Hamas? Nos guste o no, Hamas fue elegido en elecciones democráticas. Y ¿no habría que negociar con los palestinos? Siguen con la propaganda…

http://www.lanacion.com.ar/1710076-israel-rompe-el-alto-el-fuego-tras-nuevos-disparos-desde-gaza

Imagen: Kalvellido.

 

“Plomo fundido” sobre la conciencia judía

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Beit Ommar, mayo 2014. Foto: Younes Arar.

Beit Ommar, mayo 2014. Foto: Younes Arar.

Por León Rozitchner.

“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos.”Albert Einstein, carta a Weismann, 1929.

¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas.

El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado define el sentido histórico que marcó el “destino” del pueblo judío, donde se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo podríamos “hacer memoria” si la construimos con los únicos recuerdos de nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho tiempo tendría que volver a ser pensada.

Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los verdaderos culpables de la Shoá? Los israelíes ya no se preguntan por el pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes, los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron ahora todos, de cierta manera, a ser judeo–cristianos? Porque seamos honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio norteamericano. Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel está –nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos– al servicio del poder cristiano–imperial de los EE.UU. ¿O van a creerse que los EE.UU. y Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido?

Recordemos. Karl Schmitt, filósofo católico del nazismo, había puesto de relieve lo que la hipocresía democrática ocultaba: la categorías políticas son todas ellas categorías teológicas. Es decir: la política occidental (democrática y capitalista) tiene su fundamento en la teología cristiana. Es notable: Schmitt coincide con lo que Marx joven decía en Sobre la cuestión judía: el fundamento cristiano del Estado germano se prolonga como premisa también en el Estado democrático.

Y si la política occidental al desnudarse muestra su fundamento teológico oculto, sin el cual no hubiera habido capitalismo, entonces toda política de Estado capitalista era antijudía, porque ése era el escollo que el cristianismo había encontrado para consolidarse como religión universal. No contra los judíos cristianizados que, como ustedes en Israel, apoyan esa política, es cierto. Ustedes tienen de cristianos, sin saberlo, lo que ocultan en su propia memoria al ocultar que la Shoá como “solución final” fue un exterminio teológico (cristiano) político europeo. Schmitt la tenía clara. Lo que el sutil filósofo alemán católico necesitaba activar, en momentos de peligro extremo para el cristianismo y el capitalismo frente a la amenaza de la Revolución Rusa y las rebeliones socialistas, era el fundamento cristiano escondido en la política: el odio visceral y alucinado religioso antijudío para que en Europa reverdeciera con toda intensidad el fundamento grabado durante siglos en el imaginario popular cristiano. Y con ese vigor arcaico reverdecido pudieran enfrentar la amenaza revolucionaria del judeo–marxismo.

Por eso, frente a la apariencia liberal de la política democrática como una relación “amigo-amigo”, el fundamento de la política nazi extremaba las categorías de “amigo–enemigo” que Schmitt vuelve a poner de relieve en el “estado de excepción” como la verdad oculta de la democracia: el único enemigo histórico cuando entra en crisis el fundamento social europeo son nuevamente los judíos. En 1933, frente a la amenaza del socialismo tildado quizá con cierta razón de judío, resurgía para muchos europeos todo su pasado y encontraban en los judíos el fundamento más profundo de lo más temido para su concepción cristiana: las premisas judías de un materialismo consagrado, no meramente físico cartesiano como la economía capitalista requería. Por eso Schmitt vuelve a desnudar las categorías fundantes adormecidas que la teología católica mantenía vivas: volvía al fundamento religioso de la política cristiana del Estado democrático para enfrentar el peligro del “comunismo ateo y judío”.

Sucede que en ese momento los judíos laicos formaban parte de la creatividad moderna que en Europa alimentó el pensamiento político y científico: eran rebeldes todavía, no como tantos de ahora, y por eso Marx de joven pensaba que los judíos, una vez superada su etapa religiosa y se hicieran laicos prolongando la esencia judía más allá de lo religioso, podrían pasar a formar parte activa de la liberación humana.

Y cuando al fin los europeos creían haber logrado en el siglo XIX la universalización del cristiano–capitalismo que se expandía colonizando a sangre y fuego el mundo, aparece otra vez el materialismo judaico como premisa del socialismo, que no es físicamente metafísico sino que parte de la Naturaleza como fundamento de la vida del espíritu humano. Tiemblan entonces en Europa los fundamentos cristianos de la política y de la economía: un nuevo fantasma la recorre y se manifiesta en una teoría judía revolucionaria. De lo cual resulta que en momentos de crisis Hitler sólo representó, en términos estrictamente religiosos, culturales y políticos, el temor de toda la cultura occidental ante los comunistas y los judíos como los máximos enemigos de ambos, ahora renovados: del capitalismo y del cristianismo. El racismo de los nazis –esa “teozoología política”– no es más que el espiritualismo cristiano secularizado que el Estado nazi consagró laicamente en las pulsiones de los cuerpos arios.

Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-comunistas”– el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos.

Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas.

Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la “parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento.

Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeo-cristianos como el rabino Bermann, avalado por el cardenal Bergoglio, o judíos–laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de determinar si soy o no judío. Si soy judío “progresista” y no me secularicé como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser judío. Pero judíos–judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos están aureolados con la coronita del cristiano-capitalismo que al fin los ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia empecinada: convertidos ahora al “judeo-cristianismo”.

Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la “solución final” europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo europeo se desembarazó de los judíos y muchos de los que se salvaron se fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.

Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese “olvido” del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los responsables políticos, económicos y religiosos –estaban a la vista–- como los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio. Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron alborozados que el socialismo stalinista antisemita se derrumbara arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar al enemigo verdadero por un enemigo falso.

Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo: los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.

Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes, hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era “amigo/cristiano–enemigo/judío”. Ahora que los judíos vencidos se cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra: “amigo/judeocristiano–enemigo/musulmán”. ¿Este es el lamentable destino que Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel depende también el destino de todos nosotros.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/117692-37474-2009-01-04.html

La historia de Gaza que Israel no cuenta

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Casa destruida hoy en Gaza, día 14 de julio de 2014. Foto: Manu Pineda.

Casa destruida hoy en Gaza, día 14 de julio de 2014. Foto: Manu Pineda.

Por Robert Fisk. The Independent.

Traducido para Rebelión por LB.

OK, así pues hasta esta tarde el balance de dos jornadas de intercambio letal se eleva a 40-0 a favor de Israel. Veamos ahora la historia de Gaza que no oirá contar a nadie en las próximas horas.

Se trata de la tierra. Los israelíes de Sderot sufren el fuego de cohetes lanzados por los palestinos de Gaza y ahora los palestinos están recibiendo su merecido. Claro. Pero, un momento: ¿cómo es que todos esos palestinos —millón y medio en total— han acabado hacinados en Gaza? Bueno, pues resulta que sus familias vivieron una vez en lo que ahora se llama Israel. Y que fueron expulsados —o huyeron para salvar la vida— cuando se creó el Estado de Israel.

Y resulta también que —se aconseja aquí tomar aire con una profunda inspiración— las personas que vivían en Sderot a principios de 1948 no eran israelíes sino árabes palestinos. Su aldea se llamaba Huj. Tampoco eran enemigos de Israel. Dos años antes, esos mismos árabes habían escondido del ejército británico a combatientes de la Haganah judía. Sin embargo, cuando el 31 de mayo de 1948 el ejército israelí se plantó en Huj expulsó a todos los habitantes árabes de la población, ¡a la Franja de Gaza! Y se convirtieron en refugiados. David Ben Gurion (el primer Primer Ministro de Israel) lo llamó una “acción injusta e injustificada”. Una pena. A los palestinos de Huj nunca se les permitió regresar a sus hogares.

familia al-Batsch

Y hoy, más de 6.000 descendientes de los palestinos de Huj —ahora Sederot— viven en la misérrima Gaza entre los “terroristas” que Israel proclama querer destruir y que disparan cohetes contra lo que otrora fue Huj. Interesante historia.

Y lo mismo cabe decir por lo que respecta al derecho de autodefensa de Israel. Lo hemos vuelto a oír hoy mismo. ¿Qué pasaría si los ciudadanos de Londres fueran bombardeados como lo son los ciudadanos israelíes? ¿Acaso no devolverían el golpe? Bueno, sí, pero los británicos no tenemos a más de un millón de antiguos habitantes del Reino Unido encerrados en campos de refugiados en unos pocos kilómetros cuadrados alrededor de Hastings.

La última vez que se utilizó este argumento falaz fue en 2008, cuando Israel invadió Gaza y mató al menos a 1.100 palestinos (tipo de cambio: 1.100 contra 13). ¿Qué pasaría si a Dublín la atacaran con cohetes?, preguntó entonces el embajador de Israel. Ahora bien, en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, sufrió el ataque de cohetes lanzados desde la República de Irlanda pero no por ello la RAF se vengó bombardeando Dublín y matando a mujeres y niños irlandeses. En Canadá, en 2008, los partidarios de Israel blandieron el mismo argumento falaz. ¿Qué pasaría si a la gente de Vancouver o Toronto o Montreal la atacasen con cohetes disparados desde sus propios suburbios? ¿Cómo se sentirían? Sin embargo, los canadienses no han empujado a campos de refugiados a los habitantes originales del territorio canadiense.

Y ahora vámonos a Cisjordania. Al principio Benjamin Netanyahu dijo que no podía hablar con el “Presidente” palestino Mahmoud Abbas porque no representaba también a Hamas. Luego, cuando Abbas formó un gobierno de unidad [con Hamas], Netanyahu dijo que no podía hablar con Abbas porque se había aliado con la “terrorista” Hamas. Ahora dice que sólo se puede hablar con Abbas si rompe con Hamas, aunque si lo hace dejará de representar a Hamas.

Mientras tanto, el gran filósofo israelí de izquierdas Uri Avnery —90 años de edad y por fortuna tan recio como siempre—, ha llamado la atención sobre la última obsesión de su país: el peligro de que Isis lance un asalto hacia el oeste desde su “califato” sirio-irakí y llegue hasta la ribera oriental del río Jordán.

“Y Netanyahu dijo”, según Avnery, que “si no son detenidos por una guarnición israelí permanente estacionada allí (en el río Jordán), llegarán hasta las mismas puertas de Tel Aviv”. La verdad, por supuesto, es que la aviación israelí aplastaría a Isis en el mismo instante en que osara cruzar la frontera con Jordania desde Irak o Siria.

La importancia de eso, sin embargo, es que si Israel mantiene su ejército en el Jordán (para proteger a Israel de Isis), un futuro Estado “Palestino” no tendrá fronteras y será un enclave dentro de Israel rodeado por todas partes por territorio controlado por los israelíes.

“Igual que un bantustán sudafricano”, dice Avnery. En otras palabras, jamás existirá un Estado palestino “viable”. Después de todo, ¿acaso no es Isis lo mismo que Hamas? Por supuesto que no.

Pero no es eso lo que le oímos decir a Mark Regev, portavoz de Netanyahu. No, lo que le dijo a Al Jazeera fue que Hamas era “una organización terrorista extremista no muy diferente de Isis en Irak, Hezbollah en el Líbano, Boko Haram …” Basura. Hezbolá es una milicia chií que en Siria combate a muerte contra los musulmanes sunitas de Isis. Y Boko Haram —a miles de kilómetros de Israel— no es una amenaza para Tel Aviv.

Pero usted ya ha captado el concepto. Los palestinos de Gaza —y, por favor, olviden para siempre a los 6.000 palestinos cuyas familias son oriundas de Sederot— están aliados con las decenas de miles de islamistas que amenazan a Maliki en Bagdad, a Assad de Damasco o al presidente Goodluck Jonathan en Abuja. Más interesante aún: si Isis se dirige hacia las lindes de Cisjordania, ¿por qué el gobierno israelí sigue construyendo allí colonias para los civiles israelíes de forma ilegal y en tierras árabes?

Todo esto no tiene que ver solamente con el vil asesinato de tres israelíes en la Cisjordania ocupada o con el vil asesinato de un palestino en la Jerusalén Este ocupada. Tampoco con la detención de numerosos militantes y políticos de Hamas en Cisjordania. Tampoco con los cohetes. Como de costumbre, el meollo del asunto es la tierra.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/the-true-gaza-backstory-that-the-israelis-arent-telling-this-week-9596120.html

Visto en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187215

Imágenes palestinas

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Ya «refugiada» en el País Vasco, tengo 10 ventanas abiertas (o más) para seguir atentamente lo que ocurre en Palestina.

Que los pueblos les den una lección a sus gobernantes cómplices con esta masacre de Gaza (que no es la primera), Cisjordania y Jerusalén Ocupada, que empezó hace más de 60 años y les pidan que no apoyen más la cultura de la muerte.

 

propaganda sionista esp

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

 

 

Redada en "mi" pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

Redada en «mi» pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

 

Redada en "mi" pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

Redada en «mi» pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

 

Foto: @IssamSammour

Foto: @IssamSammour

 

Foto: Manu Abu Carlos

Foto: Manu Abu Carlos

Manu Abu Carlos: estamos ahora en los colegios de la UNRWA que sirven de refugio a las miles de familias palestinas que se están desplazando desde el norte de la Franja a Gaza City.
La ocupación avisó ayer a la población del norte que debían abandonar sus casa e irse lejos. Esto podría ser preludio de una intervención terrestre.
Mientras tanto, las bombas caen cerca de estos colegios
. (13 de julio)

Huyendo del norte de Gaza hacia Gaza City. Foto: @miniestmi.

Huyendo del norte de Gaza hacia Gaza City. Foto: @miniestmi.

 

"Paren la matanza en Gaza". En Ayalon, sur de Tel Aviv. Foto: סרבניות נגד הכיבוש‎.

«Paren la matanza en Gaza». En Ayalon, sur de Tel Aviv. Foto: סרבניות נגד הכיבוש‎.

Crónicas desde Palestina IV: Siempre puede aumentar el terrorismo de la Ocupación y los colonos

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Los Otros Judíos en Palestina.

Tuve que viajar fuera de Cisjordania, por recomendación de líderes de la resistencia local. Aunque las principales protestas se dan en Jerusalén Este Ocupada y Gaza, puede ser cuestión  de tiempo que Cisjordania explote todavía más.

Con airadas protestas de Fida, la dueña de casa donde me hospedé que me echó en cara con impotencia que yo había prometido quedarme por lo menos tres semanas y luego volver tras un corto viaje. Traté de explicarle y que esperaba volver pronto, pero para ella estas situaciones de crisis  son normales y solo me decía: «Ni yo ni mi familia queremos que te vayas. Te queremos mucho.» Yo lloraba a mares, no por irme, sino porque es imposible saber si podré volver.

Con Fida Arar en Beit Ummar.

Con Fida Arar en Beit Ummar.

En medio a estas eventualidades personales, la Ocupación, a través de su policía y de terroristas judíos de Jerusalén o Cisjordania Ocupada, están encarnando la Noche de los Cristales Rotos, con muy (hipócritas) pocos hechos por parte del gobierno sionista para detener a las pandillas. Es que están dedicados a bombardear Gaza, ahora a cualquier hora del día, como sucede en este exacto momento.

Nunca me ha gustado apelar a fotos de personas muertas o heridas, pero considero que las nuevas acciones terroristas deben ser divulgadas. Después del brutal asesinato del adolescente Mohamad Abu Khdair de 16 años, a quien lo obligaron a tragar gasolina y luego lo quemaron vivo hasta morir, su primo que vive en Estados Unidos y está pasando unas vacaciones con su familia de Shu’fat fue apaleado brutalmente. Como si eso no bastase, Tareq Abu Khdair fue detenido y liberado en el día de ayer, condenado a 15 días de arresto domiciliario y a pagar una multa.

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Mohamad Abu Khdair y su mamá

En Haifa, Palestina histórica, Zahi Abu Hamed and Anwar Satel fueron atropellados a propósito por un colono sionista.

Zahi Abu Hamed y Anwar Satel atropellados en Haifa

Zahi Abu Hamed y Anwar Satel atropellados en Haifa

 

Tareq Adili, de 22 años, fue secuestrado el sábado pasado por una horda de colonos sionistas en una colonia (ilegal, como todas las colonias en Cisjordania Ocupada), fue atacado con hachas y cuchillos y luego dejado en la carretera ahogándose en su propia sangre.

 

Tareq Adili

Tareq Adili

 

Ammar Mufid Dalu fue golpeado ayer por terroristas judíos en Jerusalén Ocupada.

 

Ammar Mufid Dalu

Ammar Mufid Dalu

 

Mohamad Shwaiki, de la ciudad de Hebrón, fue atacado hoy en la mañana.

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Mohamad Shwaiki

 

 

 

En Gaza, solo en el ataque de ayer a la noche murieron 11 personas en ataques de la Fuerza Aérea Israelí.

Israel bombardea Gaza, domingo 6 de julio, 2014

Israel bombardea Gaza, domingo 6 de julio, 2014

 

Mientras tanto, en la Palestina histórica, los israelíes «comunes» hablan de la final de Wimbledon y las semifinales del Mundial.

Tengo la espalda como si me hubieran apaleado a mí…

 

Tali Feld Gleiser,  Ein Hamifratz, 7 de julio de 2014

 

Fuente: Internet y Facebook de Younes Arar, uno de los líderes de la resistencia no violenta de Beit Ummar, Hebrón.

Crónicas desde Palestina III: Castigo colectivo

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Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Los Otros Judíos en Palestina.

El día en que se hizo público el encuentro de los cadáveres de los tres jóvenes colonos me encontraba en la ciudad de Ramala. La gente que estaba conmigo no paraba de repetir: «No se puede matar prisioneros, no se puede matar prisioneros. ¿Qué pasaría si los israelíes deciden matar a alguno(s) de los casi 6000 presos palestinos?» No fue necesario que ocurriera «nada» con los presos (más allá de las habituales torturas físicas y psicológicas) porque hordas de colonos de extrema derecha secuestraron a Mohamad Abu Khdair de 16 años, lo torturaron y quemaron hasta matarlo. Hoy, el campo de refugiados de Shu’fat amaneció tomado por las fuerzas de ocupación de Israel que trataban de sofocar las protestas, que continuaron durante toda la noche.

Barrio de Shu'fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio.

Barrio de Shu’fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio. Foto via Younes Arar.

En el Campamento de Refugiados de Jenin, Youssef Abu Zaghah -de sólo 16 años- fue asesinado a sangre fría de un disparo en el pecho por las fuerzas de ocupación de Israel.

En Jerusalén, una turba de jóvenes pro colonos y judíos ortodoxos, encabezada por los exparlamentarios Michael Ben Ari e Itamar Ben Gvir, salieron por las calles gritando: «Queremos venganza. Un judío es un hermano, un árabe es un bastardo». La policía trató de dispersarlos y, mientras corrían, algunos de ellos preguntaban: «¿Qué hora es?» a gente de piel oscura para ver si respondían con acento árabe y agredirlos.
La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

Otros, gritaban a turistas y curiosos que dejaran de ver el Mundial de Fútbol y se juntaran con ellos. También entraron a un restaurante McDonald’s porque se enteraron de que había trabajadores palestinos.
En otro caso, extremistas judíos atacaron a tres palestinos que realizaban su cena de Ramadán y uno de ellos resultó herido. La policía arrestó a tres de los agresores y amenazó con arrestar a uno de los palestinos, que preguntaba cómo el solo podría atacar a 500 personas.
Más de 1600 casas, universidades y sedes políticas han sido allanadas. Varias casas de familia y algunos vehículos particulares pertenecientes a dirigentes políticos palestinos han sido destruidos por el ejército de ocupación (1).
Hoy jueves de madrugada, cinco palestinos fueron secuestrados por las Fuerzas de Ocupación de Israel en el distrito de Nablus y, uno, en Jenin, al norte de Cisjordania. Las redadas continuaron en casi todos los pueblos y ciudades, además del salvaje ataque a Gaza con más de 30 bombardeos y muchos heridos. 15 palestinos ya fueron asesinados desde el lunes. No hay cómo informar de todas las violaciones a los derechos humanos, el castigo colectivo al que está siendo sometido el pueblo palestino desde que encontraron los cadáveres de los tres colonos adolescentes el lunes pasado, sin escribir casi un diario sobre cada crimen. Tras cada número existe un nombre, una vida o, incluso, una muerte.
Nada hace pensar que la situación pueda calmarse. El gobierno sionista no tiene cómo controlar (si quisiera) a la extrema derecha y los colonos que infectan la Cisjordania ocupada y que son fuertemente subsidiados por el Estado. La Autoridad Palestina no tiene ningún poder en este caso, si es que lo tiene en algún momento.La prensa también está siendo atacada. Una fotógrafa de Active Stills fue baleada en la cara y tuvo que ser operada para no perder un ojo (no hay informe médico hasta el momento). La periodista Boshra Tawil, de 24 años e hija de uno de los líderes de Hamas en la zona de Al-Bira, fue secuestrada en su propia casa. Boshra es la portavoz de la Red «Aneen Al-Qaid Media» una agencia de noticias local que se especializa en cubrir noticias sobre las detenciones de palestinos y los presos políticos.
Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Los testimonios escritos y fotográficos de los activistas internacionales parecen estar teniendo algún efecto por las nuevas actitudes de Israel. Tengo que volver de Ramala a Beit Ummar, para lo que existen dos opciones, siempre y cuando uno NO sea palestino. La primera es a través de Jerusalén, lo que podría tomar unos 30 o 40 minutos si no hubiera puestos de control y otras eventualidades. La segunda opción, y la única que la mayoría de los palestinos puede usar es el Valle del Fuego, una carretera en pésimas condiciones y muy peligrosa. El viaje puede tomar entre tres y cuatro horas debido a las paradas constantes, el estado del asfalto y la cantidad de veces que a las Fuerzas de Ocupación se les antoje pararte. También hay que pasar por dos puestos de control.

Ramala Beit Ummar
En mi caso, tomo en Ramala el bus 19 a la estación de buses palestinos en Jerusalén Este. Como mis amigos palestinos no venían conmigo, no habría problema en hacer este itinerario. Llegamos rápidamente a Qalandia, puesto de control que corresponde a esa área, y sucede algo fuera de lo habitual. Un soldado (muy parecido a mi primo de Buenos Aires) pide los documentos a todos los pasajeros y, al contrario de lo que sucede siempre, quienes fuimos enviados al puesto de control éramos todos extranjeros.
En la entrada, hay un gran estacionamiento y oigo que me ofrecen un taxi. Era una parada de taxis palestinos cuyos choferes tienen autorización para llevar pasajeros del puesto de control hasta Jerusalén. En una decisión arriesgada acepto la tarifa que me dan (alta para mi menguado presupuesto) y me hacen subir adelante al lado del taxista, que solo habla árabe. Por esas cosas de la Ley de Murphy casi vamos a parar al mismo carril donde habían revisado mi bus palestino. Si el soldado igual a mi primo ve que no pasé por el puesto de control, tendré no pocos problemas. En un grito instintivo, le grito al chofer «¡no!» y le hago un gesto como para que tome otro carril y, por suerte, me obedece. Nos toca otro soldado, que mira mi pasaporte sin interés. Pasamos sin problemas y sin que «mi» soldado, en el carril de al lado, me viera.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Ya en Jerusalén, camino hasta la estación frente a la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja y tomo el bus 21 (siempre palestino) a Belén. Pocos minutos después de partir, somos parados frente al Parque Nacional Mitchaell. Dos jóvenes policías, casi adolescentes, piden los documentos. Una de ellas recoge los de los palestinos y revisa los pasaportes de los extranjeros sin prestar mucha atención. No pueden molestarnos mucho porque Belén es una ciudad turística y «business is business». Las dos policías bajan y se reparten los documentos palestinos con otras policías. Tardan unos diez minutos. Sentadas en los escalones de la entrada del Parque vaya uno a saber de qué hablan porque se las ve reírse como si estuvieran chusmeando sobre el chico lindo de la escuela. Cuando terminan, le entregan los documentos al chofer del bus que los devuelve a sus dueños.
Soldado pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Policía pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Nadie más nos detiene hasta Belén, donde tomo una camioneta en dirección a Hebrón.

Entrada a Beit Ummar  y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc.

Entrada a Beit Ummar y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc. Foto: Tali Feld Gleiser.

Me bajo en la entrada a Beit Ummar tras un agotador viaje de más de cuatro horas, de una jornada que todavía sería muy larga. Pero eso es otra historia.

Beit Ummar, 3 de julio de 2014.

Fuentes