Récord de demoliciones israelíes contra propiedades palestinas en 2016

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Resumen Medio Oriente/Notas, 1 de diciembre de 2016 La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por su sigla en inglés), sustituyó en 1998 al Departamento de Asuntos Humanitarios y es el brazo de la Secretaría de Naciones Unidas para movilizar y coordinar la ayuda humanitaria ante una emergencia. Desde 2009 viene llevando un registro de las “estructuras” (casas, galpones, escuelas, hospitales, etc.) palestinas que son demolidas por Israel, directamente a través de las fuerzas armadas u obligando a los moradores palestinos a hacerlo con sus propias manos.

El informe dado a conocer el 11 de noviembre confirma que la tasa de demoliciones de 2016 es las más alta desde que la OCHA lleva registro. Durante septiembre y octubre de 2016 las autoridades israelíes confiscaron, demolieron o forzaron a palestinos a demoler 155 estructuras en Cisjordania, lo que desplazó a 240 personas (la mitad de ellos niños) y afectó a más de 350 personas. Excepto en dos casos, el resto de los incidentes se justificaron por la no emisión de permisos de construcción por parte de Israel, permisos que son casi imposibles de obtener para un ciudadano palestino.

A pesar de que el número de estructuras atacadas durante septiembre y octubre es un 25% más bajo que el promedio mensual entre enero y agosto, el acumulado en lo que va de 2016 es un 80% más alto que el de 2015 y, por una importante diferencia, el más alto registrado por la OCHA, dando cuenta no sólo de una política sostenida de ataque contra la población palestina sino de una intensificación de la violencia en este año. Y todavía faltan los registros de noviembre y diciembre.

El informe señala que alrededor de un 84% de las estructuras afectadas (130) se encontraban en 21 comunidades parcial o totalmente localizadas en el Área C, la división más grande de los territorios ocupados, que comprende el 60% de de Cisjordania y se encuentra bajo total control militar israelí. Luego se detalla que las comunidades más severamente afectadas fueron tres comunidades de beduinos palestinos o comunidades pastoriles del norte del valle del Jordán: Khirbet ar Ras al Ahmar, Al’Aqaba y Kirbet Tell el Himma. Allí se contabilizaron 66 estructuras atacadas.

“Al’Aqaba también fue expuesta a un fuego sostenido por parte de las áreas residenciales durante dos días, mientras que un ejercicio de la milicia israelí se llevaba adelante en las inmediaciones sin que mediara aviso previo alguno”, se detalla. Y agrega que también los residentes de la comunidad vecina, Humsa al Bqai’a, fueron temporalmente desplazados de sus hogares por tres días en el mes, durante varias horas al día, por entrenamientos militares de Israel. El informe concluye al respecto que “junto con las demoliciones y restricciones de acceso, estos ejercicios contribuyen a crear un ambiente coercitivo en Cisjordania que agrega presión a las comunidades para abandonar sus actuales lugares de residencia”.

Treinta estructuras fueron demolidas o confiscadas en otras cuatro comunidades beduinas atacadas durante los pasados dos meses en la periferia de Jerusalén, cercanas o vecinas al área destinada al proyecto de expansión de asentamientos E1. El informe de la OCHA confirma que “éstas se cuentan entre las 46 comunidades beduinas en la parte central de Cisjordania que se encuentran en riesgo de transferencia forzada como resultado de un ‘plan de relocalización’ anticipado por las autoridades israelíes”.

Como muestra del desprecio israelí a los derechos humanos palestinos, un tercio de las estructuras atacadas habían sido provistas como asistencia humanitaria a través de donaciones internacionales o del mismo Estado palestino. Estos 278 ataques implican un aumento del 150% respecto del año pasado.

Finalmente, se constata que otras 23 estructuras palestinas demolidas en septiembre y octubre se ubicaban dentro de los límites definidos por Israel para la municipalidad de Jerusalén. En todos los casos excepto uno se trataba de viviendas (111 personas fueron desplazadas). Seis de estas casas fueron demolidas por sus dueños luego de recibir la orden final de demolición por parte de las autoridades israelíes.

También en Jerusalén Este la policía israelí desalojó por la fuerza a una familia palestina de ocho miembros de una casa en la Ciudad Vieja, en la que habían estado alquilando desde 1930 y se la entregaron a una organización de colonos israelíes que supuestamente la había comprado. En los subsiguientes procedimientos legales en las cortes israelíes, la familia intentó desafiar sin éxito la orden de desalojo alegando un status de “inquilino protegido”.

“Un ejercicio de mapeo realizado por OCHA indica que por lo menos 180 propietarios palestinos en Jerusalén Este tienen iniciados procesos de desalojo en su contra. La mayoría de los casos fueron iniciados por organizaciones israelíes de colonos basándose en reclamos de propiedad, así como en planteos de que los residentes ya no eran ‘inquilinos protegidos’. Como resultado, 818 palestinos, incluyendo 372 chicos, se encuentran en riesgo de desplazamiento”, concluye el informe oficial de la OCHA, confirmando un claro recrudecimiento de la ofensiva israelí contra las propiedades palestinas durante 2016.

El secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, condenó en abril de este año la política de demoliciones, denunciándolas como violatorias del derecho internacional y como generadoras de mayor violencia: “Las demoliciones punitivas son un castigo colectivo, un proceder prohibido por la ley internacional. No han probado ser disuasivas y sí alimentan las tensiones al exacerbar los sentimientos de injusticia y odio”, sostuvo.

Fuente: Resumen Latinoamericano.

Cuatro historias de la represión israelí al pueblo palestino

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Foto: Isabel Pérez

Foto: Isabel Pérez

En el Día Internacional de la Solidaridad por el Pueblo Palestino, hablamos con quienes sufren las consecuencias de la proclamación del Estado israelí y de décadas de guerra.

Por Isabel Pérez.

El 29 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, un día que coincide con el aniversario de la Resolución de la ONU 181 de 1947. La resolución impuso la partición de la Palestina histórica  y la creación del Estado de Israel. El Estado palestino nunca llegó a crearse y en la guerra de 1967 Israel ocupó Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza.

Estas son algunas de las historias, personas con nombres y apellidos, que sufren las consecuencias de la ocupación y el bloqueo israelí.

La dificultad de visitar tu pueblo palestino en Israel

Om Mohammed está casada. Vive en la franja de Gaza, pero es natural de Baqa al-Gharbiyyah, un pueblo palestino en Israel. «Nací en Baqa y allí pasé toda mi vida hasta que me casé. Como mi marido vivía en Gaza vinimos a vivir aquí», cuenta Om Mohammed.

Le separaban con su familia una hora y media de carretera. En esos años, Israel todavía permitía la libre circulación a través del paso fronterizo de Beit Hanún-Erez. En 1991 todo cambió.

«Con las restricciones en Erez ya no veía a mi familia en Baqa y tampoco ellos podían venir a Gaza», continúa la mujer. «En 2004 mi padre cayó muy enfermo y presenté su certificado médico para pedir un permiso a las autoridades israelíes e ir a visitarle. Solo con ese certificado conseguí ir a verles».

Dos años después, su padre falleció, pero Om Mohammed no pudo llegar a tiempo a darle el último adiós. «Conseguí salir de Gaza entregando su partida de defunción, no antes. No pude verle con vida, solo enterrado en el cementerio».

Om Mohammed calla y baja la cabeza. Después de unos segundos añade: «Es una amargura. Tengo que justificar siempre por qué quiero ir a mi ciudad. Pasan las bodas familiares, las fiestas religiosas y no puedo estar con mi familia. Vivo a una hora de mi familia y no puedo verla».

Gaza y Cisjordania, un matrimonio separado

A varios kilómetros al norte de la casa de Om Mohammed vive Samira. Ella tampoco es de Gaza sino de un campo de refugiados en Tulkarem, Cisjordania.

«Me comprometí con Hussein cuando él trabajaba en Cisjordania. Él es de Gaza pero yo no quería irme de Cisjordania. Un día, los israelíes un día lo detuvieron y lo deportaron a la franja», aclara Samira. Para poder contraer nupcias, Samira tuvo que justificar que su comprometido estaba en Gaza y dejar atrás a su familia.

«Presentamos a las autoridades israelíes la invitación de matrimonio y el día que me permitieron ir a Gaza me puse el vestido blanco de la boda. Me acompañó todo el viaje una comitiva, cantando y tocando música. ¡Todo para convencerles de que iba a la franja a casarme!», recuerda Samira echándose a reír.

Después de un año, Samira quiso ir de visita a Cisjordania pero el permiso fue rechazado, una y otra vez. « Cuando mi primer hijo ten ía cuatro meses me dieron por fin un permiso», recuerda Samira. «Fui a Cisjordania, pero me qued é atrapada sin poder volver a Gaza. No me dejaban volver y habl é con una organización de derechos humanos».

Hussein entonces tuvo que operarse de cáncer y Samira comenzó a barajar todas las posibilidades para llegar hasta su marido enfermo en Gaza. « Decidí aventurarme . Entré a Jordania , luego a Egipto y de ahí a la franja de Gaza. Iba con mi hijo», cuenta. «Ahora necesito ir a Cisjordania. Mi madre y mi hermana están enfermas. Necesito cuidar a mi madre, ella lo es todo, nos crió a todas sola porque estaba divorciada».

Samira lleva desde mayo esperando un permiso israelí para viajar.

Los campos tras el muro

«Nos están robando nuestra tierra bajo el pretexto de seguridad». Así de claro lo declara Sabah al-Qaddumi, un agricultor cuyos campos han quedado atrapados al otro lado del muro que Israel construyó en Qalqilia, Cisjordania.

«En 2002, los israelíes comenzaron el trabajo del muro y as í confiscaron 11.800 dónums de tierra que son casi toda la tierra agrícola de nuestro pueblo, Yayus», explica Sabah. Por protestar contra este muro, Sabah pasó cuatro años en la cárcel y ahora se ve obligado a seguir las normas israelíes a pesar de vivir bajo tierra ocupada.

«Estoy mirando mi tierra ahora mismo», dice. «Me siento muy mal, ansioso. Imagínate. Plantas tu tierra, con todo tu esfuerzo y al final te la roban. Tenía un pozo detrás del muro y vendiendo el agua a otros campesinos obtenía 3.000 NIS al mes. He perdido el 90% de mis ingresos».

Hoy en día, los campesinos que consiguen permisos israelíes para penetrar el muro y acceder a sus tierras son, principalmente ancianos. « Hay solidaridad entre nosotros y los que logran cruzar el muro riegan las tierras de los que no pueden entrar. Pero no se hace adecuadamente porque no dan permisos a los jóvenes que pueden trabajar y aguantar más», apunta Sabah.

Pescadores de Gaza: bajo el umbral de la pobreza

En un apartamento de la ciudad de Gaza vive Mohammed Abu Watfa. En cada una de las cinco habitaciones viven cinco familias, la suya y las de sus hermanos. Hay un baño y una cocina, sin nevera ni ventana.

«Si los israelíes no hubieran bombardeado mi barca no estaríamos así ahora», lamenta Mohammed. Una semana después de firmarse la tregua de 2014, la marina israelí atacó un grupo de barcas pesqueras.

«Habíamos salido a pescar y nos acercábamos a las 6 millas náuticas buscando pesca», relata Mohammed. De repente, la marina israelí empezó a perseguirnos y yo conduje mi barca a toda velocidad hacia la costa de Gaza».

Los otros cuatro pescadores saltaron al mar y nadaron justo antes de caer un obús israelí sobre la barca. « Yo estaba todavía conduciendo, quería salvar lo único que tenía para ganarme la vida. Y bombardearon. Estuve una semana en coma en el hospital», recuerda con dolor.

La familia de pescadores está arruinada, endeudada y lo único que pueden vender es lo que pescan desde la playa. « Cada día podemos conseguir 50 NIS [10€], eso para 14 personas, niños y adultos. Pero la mayor parte es para pagar las deudas. Y así están la mayor parte de pescadores de Gaza», asiente Mohammed.

El plan secreto israelí en el Negev

Las familias beduinas palestinas que viven en el Negev, Israel, están librando una casi silenciosa lucha. Attiyah al-‘Azam, del Consejo Regional de Localidades No Reconocidas en el Naqab (Negev) cuenta que son alrededor de 46 pueblos beduinos que cada día se enfrentan a las políticas israelíes, mientras viven en completa negligencia como ciudadanos israelíes.

«Las autoridades tienen planes de eliminar nuestros pueblos, confiscar nuestra tierra y construir asentamientos», afirma tajante Attiyah. «En nuestros pueblos no hay ningún tipo de servicio ni de salud ni de recogida de basura, o de canalización de agua usada».

Sin carreteras asfaltadas, ni colegios, los habitantes originarios del Negev denuncian que hay planes secretos de limpieza étnica. « El ministro israelí de Agricultura, Uri Ariel, aparte del famoso Plan Prawer, tiene un nuevo plan: quiere confiscar nuestra tierra y darnos solo un 10 y 20%. Nos quiere echar», clama Attiyah.

Las llamadas ‘patrullas verdes’, conocidas como patrullas negras entre los beduinos, se encargan de vigilar que no haya nuevas construcciones en el Negev, además de destruir casas o confiscar ganado.

Attiyah al-‘Azamin es otro beduino palestino y su casa fue demolida el pasado 4 de agosto. « Vivo en la carretera entre Beersheva y Dimona. Somos un pueblo con papeles de propiedad desde la época de los otomanos», asegura al-‘Azamin. «El 10 de julio nos ordenaron evacuar la casa. No nos fuimos. El 4 de agosto llegaron a las 6 de la mañana cientos de policías armados y dos bulldozers».

Las fuerzas israelíes sacaron violentamente a su mujer y sus diez hijos de la casa. Uno de sus hijos, de 10 años y sordo, arrastra trauma psicológico desde entonces.

«Cuando le echaron de la casa el niño solo gritaba ‘¡mi audífono, mi audífono!’. Desde entonces se orina en la cama por las noches y tiene pesadillas». La familia volvió a vivir en ese mismo lugar bajo una tienda levantada por los propios vecinos.

«No queremos nada de Israel, no queremos sus servicios. Queremos vivir en nuestra tierra, con dignidad. ¿Qué ganan echándonos? ¡Solo ganan más enemigos! Los que nos hacen esto, no tendrán misericordia en la historia», asevera el beduino.

Fuente: El Diario.

La comunidad judía chilena en los ’70

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En Latinoamérica tres fueron los principales países que, producto de la Segunda Guerra Mundial, acogieron a los judíos provenientes de Europa. Estos fueron Argentina, Brasil y Chile.

La llegada de los inmigrantes no fue fácil. Muchos de ellos arribaron al continente con nada más que con la ropa que usaban. Había incertidumbre. Había temores. El futuro se les presentaba completamente incierto.

Entonces, muy pocos identificaban el territorio latinoamericano, sus fronteras, sus riquezas, su historia.

Para asentarse en esta tierra, algunos debieron negar su procedencia, modificar sus nombres y apellidos. Incluso debieron viajar de puerto en puerto a la espera de que los países aprobaran su llegada. En el intento algunos fallecieron otros, optaron por el suicidio.

La familia materna de la periodista y traductora Maxine Lowy llegó a Argentina. Posteriormente, su madre viajó a Estados Unidos donde finalmente contrajo matrimonio con un botánico también  de familia proveniente de Hungría.

Maxine, en cambio, motivada por los procesos sociales y de elaboración de las historias nacionales recientes que se estaban efectuando en Latinoamérica, llegó a Chile en 1990.

Entonces, se interrogó: ¿cómo la comunidad judía había vivido el gobierno de la Unidad Popular y cómo, posteriormente, se había enfrentado al régimen autoritario y de tortura de Augusto Pinochet?

Esta pregunta originó un largo proceso que finalmente la llevó a realizar el libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los Derechos Humanos en Chile (LOM Ediciones), texto que a través de una serie de testimonios reconstruye la historia de la comunidad judía en Chile entre el período de la UP y la dictadura cívico- militar.

“Sentí que había una desasociación de la historia propia y de lo que había pasado en el país. Entonces, siempre quise entender de dónde venía esa desconexión. A la vez me fui dando cuenta de que ser judío y ser judío de izquierda en Chile en sí tiene su propio desafío. Es complejo manejarse tanto en el medio institucional judío como en el medio no judío. Hay percepciones de ambos lados que es difícil manejar”, comenta la autora.

De la Unidad Popular a la dictadura

El surgimiento de la Unidad Popular despertó en la comunidad judía en Chile las aprensiones que habían nacido durante la persecución nazi y el régimen de Stalin en la URSS.

“Para los judíos de Chile, dos años de la historia contemporánea del país -1970 y 1973- acentuaron las diferencias con las que llegaron a Chile (…) La sociedad en general, estaba polarizada y los judíos no fueron una excepción. Pero la condición judía agregaba un elemento más, inexistente entre los demás chilenos: el antiguo y latente temor al totalitarismo”, escribe Lowy en Memoria Latente. 

“Hubo una histeria colectiva. Los judíos nacidos aquí sencillamente vieron amenazados su patrimonio, pensaban que les iban a quitar todo: la casa, el auto, el gato”, narra uno de los testimonios presentes en el texto.

Frente a ello, la comunidad se dividió: algunos optaron por una posición neutral, otros respaldaron la nueva administración, mientras que unos terceros, identificados con el mensaje de Allende, apoyaron el proyecto de la UP.

“Anterior al 73, la comunidad judía en Chile se identificaba con corrientes bastante moderadas. Más bien era  atraído al Partido Radical. Fue en la época de la UP donde hubo esta gran división de la sociedad chilena y la comunidad judía no era ajena de eso. Ahora, en el caso de la comunidad judía, la UP hizo aflorar las corrientes de inseguridad que asociaba el socialismo de Allende con Stalin, con persecuciones stalinistas cuando en realidad Allende había comprobado que era amigo de la comunidad”, explica Lowy.

Bajo el régimen de Pinochet, el sector conservador  que veía con mayor recelo el proyecto popular, entabló una serie de formalidades con las autoridades de la Junta Militar. De esta forma, a través de cartas, publicaciones en medios de comunicación e invitaciones, los miembros de las agrupaciones sionistas convidaron a los golpistas a sus actividades. Era una forma de diplomacia. “Hubo una radicalización de la comunidad judía hacia la derecha en el aspecto público, hacia la presencia y postura pública”, comenta la autora.

Al respecto, Lowy declara: “Con el apoyo institucional judío hacia los golpistas se instauró en el imaginario chileno que los judíos somos todos de derecha y se nubló toda la historia que vino antes y la alta participación de la comunidad judía en la UP”.

Sin embargo, desde la otra vereda, también hubo un grupo, no menor, que se instauró en la resistencia, y sufrió los efectos de la represión.

“Es muy importante resaltar que en la sociedad chilena habían judíos de ambos lados. Muchas personas estaban en la resistencia y en organizaciones de defensa a los Derechos Humanos, por ejemplo, en la Vicaría de la Solidaridad”, subraya la investigadora.

El libro también da cuenta de gestos de reencuentro comunitario en años recientes en actos de homenaje a víctimas de origen judío.

Un ejercicio de memoria

“Nos torturaban (…). Me preguntaban cosas que yo no sabía. Me preguntaban también por nombres del PC. Como entre pregunta y respuesta venía la corriente eléctrica, evidentemente dije cualquier cosa”.

Este fragmento es parte del relato de un empresario con simpatías socialistas que fue detenido junto a su hermano el día jueves 22 de julio de 1976. “Alguien tiene que haber dicho algo de nosotros. Pero uno no puede guardar rencor ni animosidad si alguien lo delata”, dice el testimonio.

Sus palabras son unas de las cuantas voces presentes en Memoria Latente.

Otro de los testimonios declara: “Fue muy muy fuerte. Esa vez detuvieron a mi esposa que estaba embarazada de siete meses. De hecho,  mi hijo nació preso”.

De esta manera, Lowy elucubra un tejido de diversos testimonios de detenidos judíos bajo dictadura. A la vez, interpone las interrogantes sobre qué es ser judío, cómo de generación en generación los relatos fueron conservados por los familiares y cómo, a través del tiempo, la historia de la comunidad judía en dictadura se disolvió hasta, muchas veces, confundirse.

Actualmente, existen cerca de 200 nombres de detenidos judíos durante el régimen impuesto luego del golpe de Estado. En tanto, la lista de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos alcanza a las 20 personas.

Frente a ello, Lowy  recalca: “Lo importante, que también sugiero en el título del libro, tiene que ver con plantear un tema moral”.

Imagen: Libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los derechos humanos en Chile.

Publicado en RadioUChile

Fuente: Nodal Cultura.

Trump, Israel, Palestina y el fatalismo ilustrado

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Danza y fuerza femenina en Palestina

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Danza Dabke palestina realizado por las chicas del Colegio Rabab Al Guardiya de Beit Hanina, Jerusalén.

 

Vía Mohammed Matter.

La gran aventura del Centro Alternativo de Información

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Avanza en Israel proyecto para legalizar territorio ocupado de Cisjordania

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Amona. Foto: Haaretz.

En comité, el gobierno israelí aprobó este domingo por unanimidad un proyecto de ley para legalizar de forma retroactiva los «outpost» o asentamientos temporales en el territorio ocupado de Cisjordania, hasta ahora ilegales según la legislación israelí. El debate en el Parlamento tendrá una primera lectura este miércoles.

«El estado de Israel inició hoy un proceso histórico de la regulación de los asentamientos en Judea y Samaria (N de la R.: denominación del régimen israelí para Cisjordania)», señaló el ministro del gabinete Naftalí Bennett, jefe de la organización procolonia Hogar Judío.

Los «outpost» son las construcciones temporales levantadas en propiedades palestinas que suelen preceder al establecimiento de un asentamiento y que, además de ser ilegales para la comunidad internacional, lo son también en la normativa israelí porque carecen de permisos.

El primer ministro Benjamín Netanyahu, reticente a la legislación, había pedido aplazar la votación hasta que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre la prórroga de siete meses que la Fiscalía solicitó el 1 de noviembre para ejecutar el desalojo del «outpost» de Amona que, por orden judicial, tendría que ser evacuado antes del 25 de diciembre.

Según el diario israelí Haaretz, el fiscal general había advertido que la votación sobre ese proyecto de ley antes de que el tribunal emitiera su dictamen podría «perjudicar significativamente» la concesión de la prórroga.

Incluso, la aprobación del llamado «proyecto de formalización» confrontó a Netanyahu con el presidente del derechista partido Habait Haiehudí (Hogar Judío) y el ministro de Educación Naftalí Bennett.

Sin embargo, la presión de sus socios de gobierno ha llevado a incluir finalmente el proyecto, que, de aprobarse en el Parlamento, evitaría la evacuación de Amona y reconocería otras colonias similares actualmente ilegales para Israel.

Amona, donde viven 40 familias, fue construido sobre tierras de propiedad privada de palestinos, quienes solicitaron con éxito ante tribunales israelíes la remoción del asentamiento.

De acuerdo a la ONU, hay alrededor de cien «outpost», que se suman a los 150 asentamientos, todos ellos contrarios al derecho internacional.

«Esta aprobación revela que Israel ha asumido el papel de legislador en Cisjordania y pone en evidencia su intención de anexionarla sin asumir los derechos civiles de sus residentes», expresó en un comunicado la ONG israelí Yesh Din, que denuncia las prácticas de apoderamiento de las tierras.

Esta organización considera que es una propuesta «discriminatoria y autoriza la explotación y confiscación de la capacidad de los propietarios palestinos de hacer uso de sus tierras, al negarles el derecho de apelar», señaló el texto reproducido por la agencia de noticias EFE.

Hoy (13 de noviembre), en declaraciones tomadas por el diario israelí, Netanyahu dijo que «examinaremos la posibilidad de evacuarlos con responsabilidad. No hay nadie que se preocupe por el asentamiento más que nosotros».

También en la reunión del gabinete, el premier israelí le pidió a todos los ministros y legisladores que esperen hasta que la nueva administración liderada por el presidente electo Donald Trump asuma el cargo antes de expresar sus opiniones sobre posibles cambios en las políticas.

Netanyahu instó a los ministros a «trabajar con ellos para formular políticas a través de los canales aceptados y discretos y no a través de entrevistas a los medios de comunicación».

Fuente: Ámbito.

El pillaje del patrimonio cultural palestino

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Maqueta del edificio del “Campus Nacional de Arqueología” que albergara las oficinas de la Autoridad de Antigüedades, almacenes que darán cabida a dos millones de artículos, laboratorios, una biblioteca y un magnífico espacios de exposición (fotografiá: Israel Archeological Authority).

Maqueta del edificio del “Campus Nacional de Arqueología” que albergará las oficinas de la Autoridad de Antigüedades, almacenes que darán cabida a dos millones de artículos, laboratorios, una biblioteca y un magnífico espacios de exposición (Foto: Israel Archeological Authority).

Por Sergio Yahni.

La construcción de un nuevo “Campus Nacional de Arqueología”, diseñado por los arquitectos Irit Kohavi y Moshe Safdie todavía está en curso, y continuará por al menos otros 14 meses. La idea de construir este campus, que se encuentra en las cercanías del Museo de Israel y el Museo de la Biblia, surgió tras los Acuerdos de Oslo con el objetivo de transferir las colecciones del Museo Rockefeller de arqueología, situado en Jerusalén Oriental.

Se trata de un proyecto que no ha tenido un impacto internacional, pero que claramente contradice convenios internacionales que tienen como objetivo prevenir el saqueo de la riqueza cultural de una región ocupada militarmente.

El museo Rockefeller de arqueología fue establecido durante el Mandato Británico de Palestina. Contiene una gran colección de piezas arqueológicas desenterradas en las excavaciones llevadas a cabo entre los años 1920 y 1967.

Este museo se estableció como parte de una política británica de exponer en sus países de origen hallazgos arqueológicos que se consideraban parte del patrimonio nacional. Anteriormente estos hallazgos hubieran sido “exportados” a la metrópolis.

Esta idea ya se había llevado a la práctica en otras colonias del Imperio Británico donde se abrían centros dedicados a la actividad arqueológica que incluían oficinas para el Departamento de Antigüedades, salas de almacenamiento y un museo para exponer las piezas.

Interior del Museo Rockefeller en Jerusalén Oriental. El edificio construido por por Austen Harrison fue iniciativa del Mandato Británico de Palestina con el objetivo de crear un patrimonio nacional arqueológico del país (fotografiá: Wikipedia)

Interior del Museo Rockefeller en Jerusalén Oriental. El edificio construido por por Austen Harrison fue iniciativa del Mandato Británico de Palestina con el objetivo de crear un patrimonio nacional arqueológico del país (Foto: Wikipedia)

El museo adquirió su nombre cuando en 1925 John D. Rockefeller Jr. accedió a donar dos millones de dólares para el proyecto a pedido de James Henry Breasted, fundador y director del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago.

Tras los acuerdos de cese de fuego jordano-israelíes de 1949, el museo Rockefeller pasó a poder del Reino de Jordania. 39 años más tarde, en julio del 1988, cuando el gobierno jordano renunció a sus demandas territoriales en Cisjordania, este tendría que convertirse en parte del patrimonio cultural del Estado palestino y, por lo tanto, estaría protegido por convenios internacionales de los cuales Israel es parte.

Como parte de un territorio ocupado, esta riqueza cultural debería estar protegida por los Convenios de Ginebra, la Convención de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado, por Convención sobre las Medidas que Deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales y otros convenios internacionales que tienen como objetivo evitar el pillaje de bienes culturales durante conflictos armados o en situaciones de ocupación militar.

Pero tras la ocupación de la ciudad en 1967 y su anexión en 1980 Israel, ignoró estas múltiples protecciones transfiriendo la administración del museo y sus colecciones a la Autoridad de Antigüedades de Israel transformándolo en una institución israelí más.

La construcción del “Campus Nacional de Arqueología” Israel forma parte de un proceso de vaciamiento de los valores culturales de Jerusalén Oriental, que desde la ocupación fueron confiscados, clausurados, o que simplemente se dejaron decaer en desuso.

El nuevo predio en construcción sera un edificio de 35 mil metros cuadrados que se extenderá en nueve plantas y costada 400 Millones de dólares norteamericanos. Este edificio albergara las oficinas de la Autoridad de Antigüedades, almacenes que darán cabida a dos millones de artículos, laboratorios, una biblioteca y un magnífico espacios de exposición.

Hava Katz, doctora en arqueología y conservadora jefe de las exposiciones, ha dicho al periódico Haaretz que el cielo raso de la plaza de entrada tendrá un número de mosaicos bizantinos “que estaban en edificios o espacios públicos y parte de ellos serán expuestos por primera vez”. Uno de estos los mosaicos, que se encontraba en las bodegas del Museo Rockefeller cubría el cielo raso de en una capilla bizantina de Beit She’an que fue excavada durante el Mandato Británico por el arqueólogo Michael Avi-Yonah. Katz cuenta que este mosaico trae imágenes de la vendimia, de animales de pastoreo y de caza. Dentro del edificio habrá un espacio de exposiciones con techo transparente.

Sin duda el nuevo “Campus Nacional de Arqueología” es un proyecto ambicioso pero no es seguro que pueda competir con una joya arquitectónica tal como es el edificio del Museo Rockfeller, que fue diseñado por Austen Harrison. Por otro lado, este proyecto, que no fue detectado por el radar de la UNESCO representa un peligro más a las riquezas culturales palestinas y confirma la “”necesidad urgente de llevar a cabo la misión de monitoreo reactivo” por parte de la institución internacional.

Sí, por supuesto, la palabra ‘sionista’ es una acusación

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Por Asa Winstanley.

Un informe de una comisión de investigación de la Cámara de los Comunes de Reino Unido publicado el fin de semana pasado contenía un ataque sin precedentes contra la libertad de expresión en dicho país. A pesar de esto, los medios de comunicación utilizaron simplemente el informe como pienso en su permanente y obsesiva campaña contra el líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn. De esta forma, el aspecto más preocupante del informe fue ocultado.

El informe recomienda que, en algunas circunstancias, el uso de la palabra “sionista” en un contexto crítico podría ser tratada como un delito penal de acuerdo con la legislación sobre delitos de odio. El informe admite que tres cuartas partes de los incidentes antisemitas documentados proceden de fuentes de extrema derecha y, sin embargo, de forma sorprendente, ignora casi por completo el antisemitismo de extrema derecha. En cambio, el documento se centra en dos objetivos principales: Corbyn y la presidenta de la Unión Nacional de Estudiantes, Malia Bouattia. Esto demuestra bien a las claras el enfoque partidista y lamentable adoptado por la comisión, dominada por los conservadores.

En una declaraciones realizadas el pasado domingo, Corbyn dijo que la comisión no supo examinar la lucha contra el antisemitismo en otros partidos políticos. “Politizar el antisemitismo —o utilizarlo como arma arrojadiza en las controversias entre y dentro de los partidos políticos— hace un flaco servicio a la lucha contra esta lacra”, insistió.

Lo que pocos parecen criticar es el intento todavía más preocupante de la comisión para ilegalizar, más o menos, la crítica del sionismo en Gran Bretaña. “A los efectos de las investigaciones penales o disciplinarias —dice el informe—, el uso de las palabras ‘sionista’ o ‘Sión’ en un contexto acusatorio o abusivo debería ser considerado como inflamatorio y potencialmente antisemita”.

En el transcurso de 2016, se ha producido una caza de brujas y un pánico moral sobre el “antisemitismo” que, supuestamente, está devorando al Partido Laborista. Aunque los laboristas y la izquierda, en general, no son evidentemente inmunes a la triste realidad del antisemitismo, todas las evidencias empíricas disponibles muestran que el nivel de racismo antisemita en el partido es, de hecho, de una magnitud inferior al existente en la sociedad en general.

Y, sin embargo, la falsa y totalmente inventada historia sobre el “antisemitismo en el Partido Laborista” ha aguantado, pues ha sido muy útil como herramienta para golpear a los líderes del ala izquierda del Partido Laborista. Una herramienta que ha sido utilizada tanto por la derecha del Partido Laborista y los grupos de presión proisraelíes, como por sus respectivos aliados en los medios de comunicación.

Por todo ello, se ha producido un cierto debate sobre el sionismo, lo que significa y las diferencias entre antisionismo y antisemitismo. Incluso algunas figuras influyentes de la izquierda pro-Corbyn han caído en la trampa de decir que deberíamos “dejar de hablar” del sionismo.

Yo creo, por el contrario, que con el fin de identificar correctamente el problema de la injusticia en Palestina, debemos señalar cuál es su causa. Y esta es la ideología fundacional del estado de Israel: el sionismo.

Los autores del informe de la comisión de investigación sostienen que deberíamos criticar al “gobierno israelí” en lugar del sionismo, pero eso no tiene en cuenta los problemas más profundos de la ocupación de Palestina. Sugiere que el problema solo se centra en el actual gobierno ultraderechista de Israel.

Pero lo cierto es que los gobiernos de la izquierda israelí han sido igualmente hostiles a los derechos palestinos, si no más. La Nakba, la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967 y la génesis y las mayores expansiones de los asentamientos ilegales han sido todos hechos que han tenido lugar con gobiernos de la izquierda sionista (el Partido Laborista israelí o sus descendientes ideológicos).

Como dijo Ben White en abril, en este debate se ha perdido de vista la realidad histórica y contemporánea de lo que significa el sionismo para los palestinos, que son las principales víctimas de los crímenes de guerra y la opresión de Israel.

El sionismo es la ideología fundacional del estado de Israel. Como me dijo hace poco Jonathan Rosenhead, activista y profesor de la Escuela de Economía de Londres, el sionismo ha causado graves injusticias al pueblo palestino y, en ese sentido, el uso de la palabra “sionista” es, ciertamente, una acusación.

Sí, sionistas, os acusamos de apoyar una ideología opresora.

El sionismo es una ideología violenta y sus seguidores, los sionistas, planificaron y llevaron a cabo la limpieza étnica de 750.000 palestinos, que fue el hecho fundamental de la creación del estado de Israel entre 1947 y 1948, conmemorado por los palestinos de todo el mundo como la Nakba o “Catástrofe”.

El sionismo es una ideología racista que niega a los refugiados palestinos y a sus descendientes su derecho humano y legal fundamental al retorno a sus hogares, solo por el hecho de que no son judíos.

El sionismo es una ideología colonialista que hoy todavía sigue construyendo asentamientos exclusivamente judíos en tierras palestinas confiscadas violentamente en la Cisjordania ocupada.

El sionismo es una ideología segregacionista, de apartheid, que niega el voto y los derechos humanos fundamentales a 4,5 millones de palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza, y trata a los palestinos de Israel (que representan aproximadamente una quinta parte de la población) como ciudadanos de segunda o tercera clase que no son tratados como iguales ante la ley israelí, sus políticas y sus prácticas.

Los intentos draconianos de gentes como los miembros de la comisión de investigación de la Cámara de los Comunes de erradicar con leyes toda crítica de Israel como esta no van a funcionar nunca. No se puede suprimir la crítica de una ideología política injusta.

Es cierto que gentes de la extrema derecha utilizan la palabra “sionista” como sinónimo de “judío” y, por tanto, como una versión educada de su antisemitismo. Esto nos obliga a establecer la distinción con claridad: el judaísmo es una religión a partir de la cual se ha desarrollado una identidad étnica judía; el sionismo, sin embargo, es una ideología política colonialista. Ni todos los judíos son sionistas ni todos los sionistas son judíos.

El Informe Chakrabarti tiene muchas recomendaciones sensatas para el Partido Laborista sobre la cuestión del antisemitismo (por eso es lamentable que la comisión de investigación haya decidido atacar dicho informe y a su autor). Entre ellas figura la recomendación de que la palabra “sionista” debe emplearse de forma cuidadosa, con conocimiento de causa y dentro de un contexto. Eso parece sensato, pero censurar el uso de la palabra en cualquier circunstancia sería un error mortal. Sería una concesión excesiva a la derecha, así como al estado israelí y a sus aliados (que están presionando ferozmente en todo el mundo para deslegitimar toda crítica a Israel como “antisemita” y para que se aprueben leyes en este sentido).

Hay que subrayar, en este sentido, que los dos proponentes principales de la insidiosa ecuación “sionista = judío” son el estado de Israel y los neofascistas antisemitas.

Como dijo Yasser Arafat en su famoso discurso de 1974 ante la asamblea general de la ONU, “el sionismo es una ideología imperialista, colonialista y racista, es profundamente reaccionaria y discriminatoria, es una aliada del antisemitismo en sus principios retrógrados y es, al fin y al cabo, la otra cara de la misma moneda falsa”. En otras palabras, el sionismo necesita del antisemitismo. Luchando contra el sionismo avanzaremos en el largo camino para erradicar el antisemitismo.

Fuente: Yes, of course the word ‘Zionist’ is an accusation – Middle East Monitor

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Palestina Disenso.

Nota de Los Otros Judíos: Los palestinos también son semitas.

La paz es la justicia y la justicia no necesita un socio

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Grafitti de Banksy en el Muro de la Vergüenza

Grafitti de Banksy en el Muro de la Vergüenza

Por Gideon Levy (Haaretz).

Traducción J.M. para Rebelión.

Israel no está en condiciones de exigir un socio con el fin de poner fin a la ocupación. Se debe poner fin a la ocupación. No tiene derecho a hacer demandas antes de hacerlo.

Una de las principales reivindicaciones de la propaganda israelí es también una de las peores: no hay un socio para la paz. De hecho, hubo y hay un socio. Pero podemos dejar eso a un lado. Ningún socio es necesario.

Para ellos, que quieren tan encarecidamente dos estados y están tan en contra de la ocupación -dicen muchos santurrones israelíes de derecha, seguido por un suspiro desgarrador que acarrea toda la tristeza del destino judío- pero no hay un socio. Si tan sólo hubiera. Si solo. Israel está tan desesperado por la paz, pero no hay nadie con quien hacerla. Y así es como se ve obligado contra su voluntad, como desgraciada víctima que es, a continuar la ocupación. En los últimos años este numerito se ha convertido en un truco central de la propaganda de Sion. Con la excepción de la extrema derecha, que dice abiertamente que quiere apartheid para siempre porque la nación judía es superior, todo el mundo lo usa.

La verdad es que no hay un socio para continuar la ocupación. No hay socio para las interminables dilatorias de rechazo que Israel acusa. No hay un interlocutor para la ridícula cháchara de Israel exigiendo el reconocimiento como Estado judío, al igual que no hay un socio para sus otras demandas vacías. No hay un socio para la increíble caradura de Israel de demandar negociaciones «sin condiciones previas», mientras que la madre de todas las condiciones previas, la empresa de los asentamientos, se desarrolla sin cesar.

No hay socio para Jerusalén unida para siempre y nunca lo habrá. No hay un socio para un sinfín de demandas de seguridad de Israel, como si fuera la parte más débil y maltratada cuya seguridad y existencia estuvieran en peligro, en lugar de la población palestina sometida a las acciones de Israel que sólo pueden calificarse de criminales.

Es dudoso que se pueda encontrar un socio serio para una desmilitarización unilateral, no es un descaro menor. Ciertamente no habrá ningún socio para dejar a la mayor parte de los colonos en su lugar.

No había ningún socio cuando Israel se negó durante años a hablar con la OLP y no habrá ningún socio mientras Israel siga manteniendo a los habitantes de la Franja de Gaza en una jaula. No había un socio cuando Israel hizo todo lo posible para aplastar al entonces presidente palestino Yasser Arafat y no hay un socio después de que Israel hizo todo para convertir a su sucesor, Mahmoud Abbas, en una triste broma a los ojos de su pueblo. Tampoco habrá un socio, siempre y cuando la ocupación persista -y no hay nada más violento– ni tampoco para la demanda de Israel de poner fin a la resistencia violenta.

En pocas palabras, no hay un socio. Al igual que el hombre que asesina a sus padres y luego pide clemencia por motivos de orfandad -la definición clásica del caradura- Israel ha hecho todo lo posible para no ser un socio y luego se queja de que no hay un socio.

En realidad no es necesario. Para establecer la justicia no se necesita un socio. Israel no está en condiciones de exigir un socio con el fin de poner fin a la ocupación. Se debe poner fin a la ocupación. No tiene derecho a hacer demandas antes de hacerlo. En la niebla de la propaganda israelí estas verdades fundamentales se han oscurecido y olvidado. El simple hecho de que la verdadera víctima es el pueblo palestino se ha olvidado. Están en peligro existencial y viven en condiciones inhumanas que hay que cambiar antes que nada. No se pueden establecer condiciones para devolver una parte de la tierra que le pertenece a un pueblo, su libertad y su dignidad. Debe ser al revés. En primer lugar restablecer la justicia a los palestinos y luego hablar de todo. Israel nunca tuvo un estadista que cambiara todo y se comprometiera a poner fin a la ocupación antes que nada. Siempre se inició con una explicación de las condiciones previas que Israel fija. Siempre terminó con la falta de un socio.

El socio aparecerá después. Dado que la mayoría, y no la totalidad, del pueblo palestino quiere vivir en paz con Israel – 30 años de cubrir la ocupación me han persuadido de esto más allá de alguna sombra de duda- es muy probable que surja un socio para poner fin a la ocupación. Y si no ocurre, peor para Israel. Pero aún así, no puede quedar exento de su obligación de poner fin a la injusticia y el mal.

Fuente: http://www.haaretz.com/opinión/.premium-1.747655

Rebelión.