“El mundo entero está contra nosotros”

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La resolución del Consejo de Seguridad enfurece a un Israel cada vez más aislado

Por María Landi.

El 23 de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU (CS) aprobó la Resolución 2334 que condena la continua colonización israelí del territorio palestino. La iniciativa originalmente era patrocinada por Egipto, pero una llamada a medianoche al presidente Sisi de Donald Trump (todavía un simple ciudadano sin ninguna función pública) lo hizo desistir -recordemos que Egipto recibe 1.500 millones de dólares anuales de EE.UU. en ayuda militar. Ante ello, y a pesar de las frenéticas presiones de Israel, la moción fue presentada en conjunto por Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, y aprobada por 14 votos, con la abstención de EE.UU.

No fue la primera resolución del CS contra las colonias, aunque la anterior (R465) es de 1980, cuando la empresa colonizadora israelí llevaba 13 años y estaba lejos de la magnitud que ha adquirido 50 años después: hoy ocupa más del 60 por ciento de Cisjordania, donde viven unos 400.000 colonos judíos -además de 200.000 en Jerusalén Este.

Tampoco ha sido la primera permitida por un gobierno estadounidense, pero sí por el de Obama, quien en 2011 vetó una resolución similar. De hecho desde 1967 los gobiernos de EE.UU., desde Johnson hasta Clinton, permitieron la aprobación de 77 resoluciones condenando a Israel. En cambio Obama, considerado el presidente más progresista, y teniendo que vérselas con el gobierno más ultraderechista de la historia de Israel, fue el que más blindó el CS en su favor.

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Chantaje y patoteo

Todo niño malcriado reacciona con berrinches furiosos cuando los mayores intentan imponerle algún límite, precisamente porque no está acostumbrado a ellos. Pero también sabe que, pasado el pataleo, quienes le han permitido crecer haciendo lo que le da la gana seguirán permitiéndoselo. Es cuestión de gritar mucho y fuerte para que se les quite las ganas de volver a contrariarlo. Pasada la bronca, todo seguirá como siempre y el malcriado continuará siendo el matón del barrio con el que nadie quiere meterse.

Así han sido las relaciones entre Israel y la comunidad internacional desde el origen mismo del proyecto sionista, y más aún después de la creación del Estado hebreo. Y vaya si el pataleo le ha redituado: en casi 70 años de existencia, explotando al máximo la culpa europea y los intereses geopolíticos yanquis, Israel ha hecho lo que quiere en Medio Oriente y en el mundo entero, acallando cualquier atisbo de crítica con su arma favorita de bullying: la acusación de antisemitismo.

Estos días Israel está atravesando uno de esos berrinches narcisistas. Netanyahu llamó a los embajadores de los 15 miembros del CS para regañarlos (incluido su principal aliado, por no haber usado el veto), anunció que suspendía sus “relaciones de trabajo” con ellos, y a través de Twitter desparramó una andanada de amenazas, afirmando que no va a respetar la resolución y continuará construyendo colonias en el territorio palestino, incluyendo Jerusalén Este.

Vaya novedad. Desde su fundación, Israel es el Estado que más resoluciones de la ONU ha incumplido. La R2334 no será una excepción, ya que fue aprobada bajo el capítulo 6 de la Carta de la ONU y por eso no tiene carácter vinculante (para que lo tuviera tendría que haberse aprobado bajo el capítulo 7). El texto tiene sólo carácter de recomendación; no incluye medidas coercitivas ni prevé sanciones por su no cumplimiento.

Por eso este cacareo no es más que pura retórica, ya que unos y otro saben que –al menos por ahora- nada va a cambiar en los hechos: Israel continuará ocupando y robando más tierra (y agua) de Cisjordania, construyendo en ella más colonias judías, bloqueando a la Franja de Gaza y demoliendo viviendas palestinas en Jerusalén y en todo el territorio que ha designado como “área C” –y que pretende anexar próximamente, con la ayuda de Trump. La única finalidad del pataleo histérico es quitarle las ganas a la ONU de volver a la carga con iniciativas de cualquier tipo. Porque si reacciona así ante un texto inofensivo, ¿qué no hará si alguna vez se aplica una sanción real?

Para tener una idea de la megalomanía y el autismo de los políticos y la sociedad israelíes, nada mejor que seguir los tuits de su eterno Primer Ministro:

– “Quienes trabajan con nosotros se beneficiarán, porque Israel tiene mucho que ofrecerle al mundo. Pero quienes trabajan contra nosotros perderán; porque sus acciones contra Israel tendrán un precio diplomático y económico.”

– “Esta resolución es un llamado a las armas para nuestros muchos amigos, en EE.UU y en todo el mundo, que están hartos de la hostilidad de la ONU hacia Israel.”

– En la nueva era, habrá un precio más alto para aquellos que intentan dañar a Israel, y ese precio será cobrado no sólo por EE.UU. sino también por Israel”.

Esto último en clara alusión al inminente ascenso de Trump, quien por su parte tuiteó, entre otras expresiones de fidelidad a Israel: “En lo que respecta a la ONU, las cosas serán diferentes después del 20 de enero” y “La ONU no es más que un club de amigos que se juntan para pasarla bien”.


La venganza del ninguneado

Algunos interpretan la abstención de EE.UU. como la cachetada de despedida de Obama, tanto a Trump como a Netanyahu, el ingrato que no reparó en escupir la mano que le daba de comer, desairándolo en cuanta ocasión tuvo. Pues más allá de la retórica hostil y la franca antipatía mutua, la Administración Obama fue la más generosa en su descomunal ayuda económica a Israel. Incluso en septiembre, como regalo de despedida, aprobó el paquete más grande en la historia de la relación entre ambos países: 38.000 millones de dólares para los próximos diez años. Israel, un diminuto territorio con menos de siete millones de habitantes, es el país del mundo que recibe más ayuda de EE.UU.

Y como recordó la misma representante de Obama en el CS, Samantha Power, su gobierno fue el único que en ocho años no permitió que se aprobara una sola resolución condenatoria de Israel. Eso favoreció la incesante expansión sionista, de modo que la abstención llega tarde. Obama sólo se atrevió a confrontar a Netanyahu al final de su mandato, cuando ya no tendrá que lidiar con las consecuencias de su decisión ni con la implementación de la resolución.


Una medida tardía y tímida

La R2334 reitera la inadmisibilidad de la adquisición de territorio por la fuerza, afirma que la construcción de colonias, el traslado de colonos israelíes al territorio ocupado, la alteración demográfica y física del mismo -incluyendo la demolición de viviendas e instalaciones y el desplazamiento de la población ocupada- son violaciones al Derecho Internacional Humanitario (citando el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 2004) y constituyen un obstáculo para alcanzar una paz justa y duradera.

Pero como escribió el periodista catalán Joan Cañete Bayle, la R2334, al igual que todos los intentos de la Administración Obama durante ocho años para impulsar la hace tiempo perimida ‘solución de dos estados’, han apuntado a “salvar a Israel de sí mismo”:

En plena frustración por la imposibilidad de impulsar un proceso de paz, John Kerry dijo: “la solución de los dos Estados es la única alternativa. Porque un Estado unitario o bien acabará siendo un Estado de apartheid o bien destruirá la capacidad de Israel de ser un Estado judío”. (…)  No es que Israel corra el riesgo de convertirse en un Estado de apartheid, es que ya actúa como tal. La resolución es el último aviso de un fiel amigo: estás yendo hacia el desastre. La realidad es que ya están instalados en él.”

Es bueno recordar también que este ‘salvataje’ se da en momentos en que el parlamento israelí está discutiendo un proyecto de ley para legalizar la totalidad de las colonias implantadas en el territorio palestino, enterrando las últimas ilusiones de los defensores de los dos estados.

A su vez, los críticos de la partición, que abogan por un solo Estado democrático, secular y no sionista en toda la Palestina histórica, han señalado los peligros que encierra la resolución:

– Al llamar a distinguir entre el territorio de Israel y los adquiridos mediante la guerra en 1967 (y por lo tanto ilegítimos según el Derecho Internacional), ignora que lo que se llama “territorio de Israel” ni siquiera es el propuesto en el plan de partición de la ONU de 1947, sino el resultado de la guerra de conquista de 1948, plasmado en el armisticio de 1949; y que la condición (hasta hoy incumplida) para reconocer a ese Estado era que Israel permitiera el retorno de los refugiados palestinos.

– Al reiterar la necesidad de alcanzar una solución negociada entre las partes sobre la base de la colección de iniciativas fracasadas (del Cuarteto, de la Liga Árabe, de Francia, de Rusia, de Egipto), ignora que a lo largo de su historia todos los gobiernos y dirigentes sionistas han dado muestras claras de no tener intención alguna de devolver un ápice del territorio apropiado; mucho menos lo que consideran sus áreas estratégicas: al oeste, los grandes bloques de colonias cercanos a la Línea Verde; en el centro, Jerusalén Este; y al este, el valle del Jordán. Es decir, nada.


Oportunidad para el BDS

De todos modos, es indiscutible que la R2334 tiene un importante valor simbólico –y eso es lo que le duele al sionismo-, pues pone en evidencia el amplio consenso mundial a favor de los derechos palestinos, a la vez que el creciente aislamiento de Israel, que por este derrotero va camino a convertirse en un Estado paria.

Sería hipócrita o ignorante no reconocer el papel del movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones a Israel), por lo menos en el deterioro de la imagen internacional de Israel y en el campo de posibilidades que la resolución abre, tanto hacia la profundización de iniciativas de boicot y sanciones (como las aprobadas por la Unión Europea sobre el etiquetado de productos de las colonias) como en la Corte Penal Internacional (CPI) para enjuiciar a dirigentes israelíes por crímenes de guerra.

En efecto, el hecho de que el CS afirme que todas las colonias israelíes son ilegales pues “constituyen una flagrante violación del Derecho Internacional” puede incidir en la investigación preliminar que la CPI está llevando a cabo a raíz de las denuncias presentadas por organizaciones palestinas de DD.HH. por violación de los Convenios de Ginebra y el Estatuto de Roma.

Asimismo, puesto que la resolución pide al Secretario General que informe cada tres meses al CS sobre su implementación, individuos y empresas –tanto israelíes como multinacionales- involucrados en actividades en las colonias estarían más expuestos a boicots, juicios internacionales y otras sanciones. Ello podría traducirse en una mayor presión sobre Israel, similar a la experimentada por Sudáfrica durante la era del apartheid.

Tampoco se puede ignorar que este aire fresco que salió del CS –reflejado en el prolongado aplauso con que sus miembros saludaron la aprobación de la resolución- puede muy pronto ser sofocado por la inauguración de la era Trump. El electo presidente, así como su próximo embajador en Israel (David Friedman, un fanático defensor de la colonización) ya han dado muestras de estar dispuestos a abrazar la agenda extremista del actual gobierno israelí, apoyando incluso la anexión de Cisjordania que reclaman algunos de sus ministros.

Sin duda el gobierno de Trump planteará nuevas contradicciones. En la medida que su discurso, su agenda y su futuro gabinete han dado muestras claras de racismo y antisemitismo (lo que preocupa a amplios segmentos de la comunidad judía en EE.UU.) al mismo tiempo que apoyan incondicionalmente a Israel, podrían contribuir a poner en evidencia que judaísmo y sionismo son dos cosas diferentes. Asimismo, la anexión de lo poco que queda de territorio palestino –facilitada por Trump- podría ser un reality-check para que la comunidad internacional abandone el ilusorio paradigma de los dos estados y se disponga a considerar una alternativa más realista para acabar con la etnocracia y el apartheid israelíes.

Pero ya se sabe que los gobiernos no definen su política exterior según principios de derechos humanos, sino en base a intereses -que suelen ser los de los grupos poderosos. Es tarea de los pueblos, de la sociedad civil organizada, empujar los cambios desde abajo. Las y los palestinos han señalado el camino ofreciendo una estrategia que está siendo la única capaz de tener un impacto significativo: la campaña internacional de BDS es más urgente que nunca para hacer frente a los tiempos que se avecinan. Usada estratégicamente, la resolución 2334 puede ser un insumo más en la dirección de más y mejor BDS.

Fuente: María en Palestina.

Obama se enfrenta a Netanyahu tarde y mal

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"Obama no hizo suficiente esfuerzo para lograr la paz cuando era posible". EFE

«Obama no hizo suficiente esfuerzo para lograr la paz cuando era posible». EFE

La abstención de Estados Unidos en la resolución de la ONU sobre los asentamientos israelíes llega demasiado tarde para lograr la paz.

De alguna forma, Benjamin Netanyahu y Barack Obama se merecen el uno al otro. Ambos hicieron grandes promesas. Ambos han demostrado ser los líderes de sus respectivos espacios políticos. Y aún así ambos han contribuido, desde 2009, al deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e Israel y al colapso de Oriente Medio. Este proceso de polarización y alienación mutua culminó el pasado viernes con la activa connivencia de Obama en la aprobación de una histórica resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La resolución condena todos los asentamientos israelíes en territorio palestino y los denomina una “flagrante violación” de las leyes internacionales que pone en peligro el proceso de paz entre ambos Estados.

Entre acusaciones de traición, la respuesta israelí, orquestada personalmente por el primer ministro Netanyahu, ha sido rápida y furiosa. Los embajadores de los 14 países que respaldaron la resolución 2.334 fueron reprendidos por el Ministro de Asuntos Exteriores el día de Navidad.

 Israel ha retirado su embajador de dos de los países involucrados, Nueva Zelanda y Senegal, y al último le cortó la ayuda humanitaria. Se cancelaron intercambios diplomáticos que estaban planificados, se está revisando con urgencia la cooperación futura de Israel con las agencias de la ONU y se ha suspendido la coordinación civil con las autoridades palestinas. “Haremos lo que sea necesario para que Israel salga indemne de esta decisión vergonzosa», declaró Netanyahu.

Estas son, de alguna manera, acciones simbólicas que responden a un voto simbólico. La resolución 2.334 es inaplicable. Nadie, y mucho menos los estadounidenses, intentará desalojar a los 430.000 colonos israelíes que viven actualmente en Cisjordania o a los 200.000 que ocupan el Este de Jerusalén. Nadie puede obligar a Israel a aceptar las ideas recicladas por John Kerry sobre una solución de dos Estados, aunque se espera que el Secretario de Estado estadounidense las detalle una vez más antes de dejar el gobierno el mes que viene.

EEUU rechaza la ampliación de asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania

La resolución 2.334 aúna las resoluciones 242 (1967) y la 338 (1973) respecto de la cuestión teórica y permanentemente eludida del marco legal del conflicto entre Israel y Palestina. La resolución dice lo que debería suceder. Pero no dice cómo.

Israel en la ‘era Trump’

Aún así, la abstención de Estados Unidos y la votación de las Naciones Unidas no dejan de ser significativas. La petulante alusión de Netanyahu de que sólo tiene que esperar a que asuma Donald Trump la presidencia es engañosa. Es probable que Trump le ofrezca una audiencia más amigable. Quizás hasta mude la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, en un gesto gratuitamente incendiario.

La química personal entre Trump y Netanyahu será radicalmente distinta. Comparten rasgos de inseguridad, agresividad y paranoia. Pero la presunción vanidosa de Trump de decir que él podría ser el que “resuelva” el conflicto entre Israel y Palestina es tan inconsistente como el resto de sus promesas en materia de política exterior.

El gobierno de Trump no podrá simplemente echar atrás la voluntad expresa del Consejo de Seguridad de la ONU, respaldada en este caso por miembros permanentes como China, Rusia, Francia y el Reino Unido, como tampoco puede invalidar unilateralmente el acuerdo nuclear entre Irán y las seis grandes potencias.

Es probable que la resolución acelere los planes existentes de juzgar a Israel en los tribunales penales internacionales. Las instrucciones específicas de los miembros de la ONU de “diferenciar entre territorio israelí y territorios ocupados desde 1967” podrían alentar nuevas sanciones y boicots.

Pero más que nada, la resolución de la ONU ha dejado al descubierto el aislamiento internacional de Israel bajo el gobierno de Netanyahu. Ni siquiera él puede hacer la vista gorda ante la opinión unánime de países tan diversos como Japón, Ucrania, Malasia, Venezuela, Angola y España. Hay que esforzarse para enemistarse con Nueva Zelanda, pero Netanyahu lo ha conseguido.

La promesa de 2009

El mundo al unísono le ha dicho a Netanyahu que la política de asentamientos que ha promovido y justificado está mal, a nivel legal, moral y en pos de la paz y la seguridad futuras de Israel. Lo raro es que él lo sabe. En 2009, Netanyahu, recién electo, describió su “visión” de una paz histórica, “de dos pueblos libres viviendo lado a lado en esta pequeña tierra, en buenos términos y respetándonos mutuamente, cada uno con su bandera, su himno y su gobierno, sin que ninguno amenace la seguridad ni la existencia del otro».

Aunque durante la campaña del año pasado pareció faltar a su palabra, Netanyahu todavía dice apoyar una solución de dos Estados. Ahora el mensaje de la comunidad internacional es inequívoco: tenías razón en 2009, así que deja de socavar el proceso de paz y cumple con tu palabra.

Obama no le ha ayudado mucho. Él también dio un gran discurso en 2009, poco después de asumir la presidencia, prometiendo un “comienzo nuevo” para Oriente Medio. Pero el numerito, digamos, inspirador de Obama en El Cairo resultó ser el preludio no de un progreso transformador sino de la desintegración regional y de la creciente indiferencia de Estados Unidos.

La retirada de Estados Unidos de Irak dejó un vacío político en Bagdad que llenaron Irán y sus aliados chiítas. Entonces, en parte como reacción a esto, llegaron los yihadistas suníes del Estado Islámico. Las revueltas de la Primavera Árabe de 2011 dejaron a Washington desconcertado. En Egipto llevaron al derrocamiento de Hosni Mubarak y dieron lugar a su reemplazo por otro dictador militar proestadounidense. En Siria, Obama anticipó prematuramente la caída de Bashar al-Ásad, sólo para echarse atrás cuando la cosa se puso difícil, dejándoles la vía libre a los rusos y a los iraníes (otra vez) y desperdiciando la ventaja que tenía Estados Unidos.

La irritabilidad y la impotencia de Obama

Obama nunca pareció comprender que presionar públicamente a un conservador como Netanyahu para que negocie la paz con los palestinos es inútil, incluso si los vecinos de Israel fueron víctimas del desorden civil y de la insurrección islamista. Al retirarse Estados Unidos, tanto a nivel físico como diplomático, Hezbolá (el aliado libanés de Irán y Hamás) avanzó.

No llama la atención que en este contexto, el “plan conjunto” de Obama y Kerry para lograr la paz haya fracasado en 2014. Tampoco llama la atención entonces que los israelíes ahora vean con preocupación a los Altos del Golán, la disputada región fronteriza con Siria, ante al avance de las fuerzas de Asad.

Si sumamos a Libia y a Yemen, por ejemplo, podemos decir que el legado de Obama en Oriente Medio no es para enorgullecerse. Igual que Netanyahu, él tampoco cumplió sus promesas de 2009. Y tiene sentido que sus últimos días en el gobierno estén marcados por la irritabilidad y la impotencia.

Obama no se esforzó lo suficiente por lograr la paz cuando el clima internacional lo habría permitido. En 2011, vetó una resolución similar de las Naciones Unidas, con el argumento de que las negociaciones coordinadas por Estados Unidos podían llevar a una solución del conflicto.

Obama, como parte necesaria de una relación disfuncional, permitió que Netanyahu lo desafíe constantemente, como lo hizo en su discurso autojustificatorio frente al Congreso de Estados Unidos en 2015. Precavido hasta el final, incluso la maniobra de Obama en la ONU el pasado viernes fue tibia. Si de verdad cree que los asentamientos socavan la paz, ¿por qué abstenerse? ¿Por qué no ir a fondo y votar para condenarlos? ¿Y por qué esperó siete años?

Lo que se viene, de cara a la nueva era del gobierno de Trump, es muy preocupante. Parece probable que se llegue a un punto muerto polarizador sobre la cuestión del Estado palestino. También podrían ampliarse los asentamientos en tierras ocupadas y haber posibles anexiones, como proponen los aliados de derechas de Netanyahu.

¿Cuánto tardará en llegar la respuesta violenta de Palestina? ¿Y cuánto tardará Netanyahu en convencer al impulsivo e ignorante Trump de lanzar una acción conjunta contra Irán?

Traducción de Lucía Balducci

Fuente: Simon Tisdall, El Diario – España

http://palestinalibre.org/articulo.php?a=63034

Cosechar en medio del enemigo…

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Salvar a Israel de sí mismo

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Netanyahu y Obama, en la Casa Blanca en octubre del 2014. Netanyahu y Obama, en la Casa Blanca en octubre del 2014.

Netanyahu y Obama, en la Casa Blanca en octubre del 2014. Netanyahu y Obama, en la Casa Blanca en octubre del 2014. Foto: Saul Loeb.

Por Joan Cañete Bayle.

El pequeño secreto de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condena los asentamientos israelíes en Cisjordania y que tanto se dice que ha enfurecido al Gobierno israelí y a su primer ministro, Binyamin Netanyahu, es que no sirve para nada. La construcción de asentamientos y la transferencia de población ocupante a territorio ocupado es una ilegalidad según la legislación internacional, y lo que hace la resolución es recordarlo. Cuando Israel dice apoyar la hoja de ruta del famoso Cuarteto (sí, aunque parezca mentira ese texto aún existe), eso incluye una congelación de la construcción en territorio ocupado palestino, algo que evidentemente no ha sucedido ni sucederá.

La resolución condena a los asentamientos, sobre todo, porque hacen inviable el objetivo de los dos Estados viviendo en paz y seguridad una junto al otro, un objetivo que la realidad sobre el terreno hace tiempo que ha convertido en quimera: lo que hay hoy ‘de facto’ en el antiguo territorio de la Palestina histórica es un único Estado desde el Mediterráneo hasta el Jordán, desde el Golán hasta el Sinaí. Un Estado con ciudadanos de primera con pleno derecho de ciudadanía (israelíes judíos), de segunda (palestinos con pasaporte israelí), de tercera (palestinos ciudadanos de Jerusalén Este), de cuarta (palestinos habitantes de Cisjordania) y de quinta (palestinos de Gaza). Un Estado que aplica diferentes leyes según el origen étnico. A ese entramado legal, una red de violencias que incluye desde rematar en el suelo a heridos a encarcelar a niños, se le puede llamar, por resumir,  ocupación. Los asentamientos son una parte del todo.

50 AÑOS DE OCUPACIÓN

La resolución, pues, se fija en una parte del problema. Además, se cuida mucho en su redactado de no señalar a Israel, lo cual es muy meritorio. Leída la resolución, parece que las colonias nazcan por reproducción espontánea. El texto condena a los asentamientos, no al Estado que los construye, promueve, les otorga servicios y que los ha convertido durante 50 años en vanguardia de su política como ocupante. Porque las colonias no son un invento de Netanyahu y su Gobierno de extrema derecha; las colonias son un pilar del proyecto sionista al que se han dedicado todo tipo de gobiernos desde a Guerra de los Seis Días de junio de 1967. Leída la resolución, cualquiera diría que los asentamientos son un fenómeno natural, como un huracán o un terremoto, y no una política de Estado, no de Gobierno. No es un redactado inocente. De esta forma, por ejemplo, se aborta el que habría de ser el lógico paso siguiente: dado que un Estado no cumple resoluciones y comete ilegalidades, si no ceja en su empeño (e Israel no cejará, todo el mundo lo sabe), habrá que sancionarlo. Eso no va a suceder.

En plena frustración por la imposibilidad de impulsar un proceso de paz, John Kerry dio: “la solución de los Estados es la única alternativa. Porque un Estado unitario o bien acabará siendo un Estado de apartheid o bien destruirá la capacidad de Israel de ser un Estado judío”. Ese fue el consejo de un buen amigo. De la misma forma, la abstención de Estados Unidos en el consejo de seguridad es la última acción de la administración Obama, un extraordinario y fiel amigo (por mucho que grite la propaganda) del Estado de Israel. La deriva en la que se encuentra Tel-Aviv hace que sea necesario lanzar la campaña “salvar a Israel de sí mismo”, y a eso se han dedicado Kerry y Barack Obama estos años. Han fracasado, porque a pesar de lo que se ha escrito estos días, ya resulta imposible separar a Israel de la ocupación (y de sus efectos sobre el ocupado pero también sobre el ocupante). No es que Israel corra el riesgo de convertirse en un Estado de apartheid, es que ya actúa como tal. La resolución es el último aviso de un fiel amigo: estás yendo hacia el desastre. La realidad es que ya están instalados en él.

EL GUION DEL ENFADO

La reacción de Netanyahu a la resolución es de manual del Estado hebreo. Desproporcionada, iracunda, furiosa. El guion dice que ordenará construir más en los asentamientos y que le hará pagar algo de forma simbólica a la Autoridad Nacional Palestina. Tiene que decir que la resolución le hace un flaco favor a la paz y que es un ejemplo más del antisemitismo y de la obsesión con Israel de la ONU. Llamar a los embajadores es lo mínimo. Siempre sucede lo mismo, porque a Israel se le permite hacer siempre lo mismo. Las consecuencias reales de la resolución serán más casas en las colonias y que a nadie más se le ocurra impulsar ninguna iniciativa diplomática para no enfadar a Israel. Porque si se enfada por un texto que no importa, ¿qué sucedería con una resolución realmente importante?

Mientras, el BDS crece en los campus de Estados Unidos y en el resto del mundo y los supuestos amigos de Israel, los que nunca le afean nada y no le dicen verdades, se concentran en las filas de la extrema derecha, los islamófobos, los supremacistas blancos y sí, declarados antisemitas. Ser prosionista y antisemita no es incompatible.

Ya que parece que nadie está dispuesto a salvar a los palestinos, la única esperanza real de paz y justicia en la zona es que alguien se decida a salvar a Israel de sí mismo.

Fuente: El Periódico.


N. de la R.: Hace 50 años sucedió la segunda ocupación palestina (la invasión de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este). La primera comenzó antes de 1948, ayudada por el Imperio Británico y la más que injusta e ilegítima partición de Palestina en la ONU (resolución 181).

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Puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser

Puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser

Por Ramzy Baroud.

El 12 de diciembre, el gobierno británico adoptó oficialmente una nueva definición de antisemitismo que incluye como tal a las críticas legítimas a las políticas del Estado de Israel.

La definición fue propuesta este año por el grupo pro-Israel IHRA (International Holocaust Remmembrance Alliance), aunque fue considerada pero rechazada por la agencia anti-racismo europea de 2005. Es una estrategia bastante peligrosa, que probablemente desembocará en una mayor fractura entre la sociedad civil británica y la élite política de Reino Unido.

Los grupos israelíes y pro-Israel de Occidente siempre han tendido a confundir el racismo genuino con la crítica legítima a las políticas del Estado de Israel, acusado de violar decenas de leyes de la ONU y de crímenes de guerra en los territorios ocupados, sobre todo en la Franja de Gaza.

La adopción de esta nueva definición surge después de una crisis manufacturada en la política británica, en la que el Partido Laborista, dirigido por Jeremy Corbyn, fue acusado falsamente de ser “flojo” frente al antisemitismo. Esta “crisis” fue diseñada por los grupos pro-Israel para torpedear la campaña de los partidarios laboristas, que querían presionar a Israel para cumplir con las leyes internacionales y para acabar con el asedio y la ocupación en Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental.

Mientras que, en Reino Unido, los intentos de proteger a Israel de la libertad de expresión siguen cobrando fuerza; en Estados Unidos el debate se agotó hace tiempo. Hay poco espacio para cualquier crítica a Israel en los medios populares estadounidenses o en la sociedad “educada”. Por lo tanto, esto supone que la política estadounidense en Oriente Medio permanece en deuda únicamente con los intereses israelíes y las demandas de sus grupos de presión.

Siguiendo su ejemplo, ahora Reino Unido está adoptando esta misma posición de autodefensa, un problema que no es nuevo. De hecho, el viernes de la semana pasada se celebró un aniversario de gran importancia para este tema: el 16 de diciembre de 1991, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 46/86, una declaración única y contundente: “La Asamblea General decide revocar la determinación que contiene su resolución 3.379 (XXX) del 10 de noviembre de 1975”.

Esto implicaba abrogar una resolución previa que equiparaba la ideología política oficial de Israel, el sionismo, con el racismo.

El texto más largo de la solución inicial, el 3.379 de 1975, se basaba en varios principios claros, incluida la resolución 2.106 de 1965 de la ONU, que definía la discriminación racial como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en raza, color, descendencia u origen natal o étnico.”

La eliminación de esta resolución fue el resultado de una presión de EE.UU. que duró años. En 1991, Israel insistió en que no se uniría las conversaciones de paz de la ONU en Madrid sin que primero se retirase la resolución 3.379. Con la ONU como uno de los patrocinadores de las Conversaciones de Madrid de 1991-92, la presión estadounidense al fin dio sus frutos, y los miembros de la ONU se vieron obligados a revocar sus decisiones anteriores.

Sin embargo, equiparar sionismo con racismo no es la única comparación que suelen pronunciar los críticos con Israel.

Hace poco, el representante ecuatoriano en las Naciones Unidas, Horacio Sevilla, fue inflexible en sus comentarios a durante la sesión de la ONU del 29 de noviembre, en la que se conmemoraba el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino.

Después de repudiar “con todas nuestras fuerzas la persecución y el genocidio” desatados por el “nazismo contra el pueblo hebreo”, añadió; “pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea que la persecución y el genocidio que sufre el pueblo palestino por parte del imperialismo y el sionismo.”

La ristra de críticas que siguieron a sus declaraciones era de esperar, ya que los diplomáticos israelíes aprovecharon una vez más la oportunidad para lanzar acusaciones de antisemitismo contra la ONU por perseguir constantemente a Israel mientras que, supuestamente, no actúa contra otros.

En lo que respecta a Israel, desde su punto de vista cualquier crítica al Estado y a su ideología política es antisemita, así como lo es cualquier petición de rendición de cuentas a Israel por sus conductas militares en la guerra.

Pero, ¿por qué a Israel le preocupan tanto las definiciones?

En el fondo de la propia existencia de Israel hay un sentido de vulnerabilidad que no pueden aliviar las cabezas nucleares ni el poder militar. Ilegalizar el uso del término “sionismo” es absurdo e impráctico, además de imposible.

Para los israelíes que protegen el término, “sionismo” significa muchas cosas; mientras que para los palestinos, que han aprendido a sufrirlo, se refiere a una sola ideología.

En un artículo publicado en 2012, el autor israelí Uri Avnery explicaba los muchos matices del sionismo – el sionismo socialista de las primeras etapas del Estado hebreo (de carácter izquierdista, laico, y colectivista a través de las granjas colectivas o kibutzim); el sionismo religioso que se considera el “precursor del Mesías”; el sionismo de derechas que reclama un “Estado judío en la Palestina histórica”; y el sionismo secular y liberal tal y como lo veía su fundador, Theodor Herlz.

Para un palestino cuyo territorio ha sido confiscado ilegalmente, su casa, demolida, y su vida puesta en peligro por estas fuerzas “sionistas”; la clasificación de Avery apenas le dice nada. Para ellos, el término “sionista” es meramente peyorativo, así como todo el que lo invoque, participe o justifique las acciones violentas de Israel basado en su apoyo al sionismo político.

En su artículo, “Sionismo desde el punto de vista de sus víctimas“, el ex profesor palestino Edward Said dicta: “Es razonable descubrir que toda experiencia palestino-árabe parece unánime sobre su punto de vista de que el sionismo ha sido injusto con los árabes, y que incluso antes  de que los británicos entregasen Palestina a los colonos sionistas para que establecieran formalmente un Estado en 1948, los palestinos se opusieron en masa e intentaron evitar el colonialismo sionista.”

Muchos países comparten la percepción palestina del sionismo como una forma de colonialismo, y  esta percepción es un hecho histórico, no una invención de la ilusión de un antisemitismo colectivo.

La razón por la que la cuestión del sionismo no debe vacilar ante ninguna intimidación es que la esencia del sionismo nunca maduró, evolucionó o cambió respecto a su versión primera y colonialista.

El historiador israelí Ilan Pappe está de acuerdo. “La ideología y la estrategia sionistas no han cambiado desde el principio”, escribió. “La idea era ‘Queremos crear un Estado judío en Palestina, pero también una democracia judía’. Así que los sionistas necesitaban siempre una mayoría judía… Por lo tanto, la limpieza étnica era la única solución desde el punto de vista sionista”.

Este sigue siendo el principal motor de la política israelí respecto a los palestinos y la negativa de Israel de terminar con un colonialismo del siglo XIX y modernizar y democratizar un Estado para todos sus habitantes.

Para conseguirlo, habría de sacrificar el núcleo de su ideología sionista, construida sobre una amalgama de identidades etnoreligiosas; y llegar a una forma universal de democracia en un Estado en el que judíos y árabes sean tratados como iguales.

Fuente: Monitor de Oriente.

Infancia suspendida: el arresto de niños y niñas de Jerusalén

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Las fuerzas de ocupación Israelí arrestan sistemáticamente a los niños y niñas palestinos como una forma de castigo colectivo. Estos niños son sometidos a diferentes formas de tortura psicológica y física y no se les protege. Esta película aborda el proceso de arresto, interrogatorio y la política de arresto domiciliario y sus efectos sobre los niños y niñas. La película ofrece relatos de niños y niñas que fueron arrestados con el fin de mostrar una política de persecución contra los/as niños /as palestinos en Jerusalén por parte de Israel.

ADDAMEER (Asociación de Apoyo a los y las Prisioneros/as y Derechos Humanos) es una organización civil palestina, no gubernamental, que se centra en los derechos humanos. Establecida en 1992 por un grupo de activistas interesados en los derechos humanos, el centro ofrece apoyo a los prisioneros/as palestinos/as, defiende los derechos de los prisioneros/as políticos y trabaja para poner fin a la tortura a través de la representación legal, el seguimiento, la incidencia política y las campañas de solidaridad.

Desesperada ofensiva sionista por elevar el índice de natalidad

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cochecitos-de-bebesPor Carlos de Urabá.

Elevar el índice de natalidad es un asunto de vital importancia para el estado de Israel. La guerra no es solo con armas sino también con vientres. Sí, los vientres de las abnegadas madres dispuestas a engendrar los guerreros que en un futuro defenderán la soberanía de la patria.

Pero no hay que conformarse con engendrar un solo hijo o quizás la pareja, sino como mínimo cinco o seis. Aquí lo que valen son las familias numerosas y por eso se realizan grandes campañas para que los ciudadanos sean conscientes de que la natalidad es un asunto trascendental porque los palestinos crecen a un ritmo desaforado.

Ciencia y religión se dan la mano para salvaguardar al pueblo elegido por Yahvé. Los científicos y especialistas en genética y reproducción se dedican de tiempo completo a investigar nuevos tratamientos para incrementar la fertilidad. Especialmente a inducir partos múltiples entre las patrióticas madres que voluntariamente se prestan a estos experimentos. Porque para Yahvé no hay imposibles.

Y no es que estemos hablando de mujeres estériles o con problemas de fertilidad, sino que se trata de mujeres sanas (maduras incluidas) que desean partos múltiples. Es decir, son vientres al servicio de Eretz Israel decididos a participar en la batalla de la natalidad. O se eleva la curva demográfica o se pone en entredicho su supervivencia.

Entre los fármacos empleados “cual munición de guerra” se encuentran el Clomid, Bromocriptine, GnRH, Tamoxifen/Nolvadex, y Gonadotropins. Otros como el HCG, HmG, Progesterone, Recombinat FSH, Urofollitropin y Hepari se recetan con el fin de que los ovarios produzcan óvulos maduros.

Israel fomenta el Baby Boom con el implante de óvulos, técnicas de fecundación in vitro, folículos estimulados y la transferencia de embriones múltiples para elevar la tasa de embarazo. Con estos tratamientos se pueden conseguir mellizos, trillizos o cuatrillizos (Israel es el país que tiene el record del mundo en estos casos)- La experimentación con bebes probetas es otro de los grandes logros científicos. El presupuesto que el gobierno israelí dedica a la salud pública (especialmente a la reproducción asistida y la fertilidad) es uno de los más altos (después del de Defensa y Seguridad). Israel fue el pionero en fertilización artificial con la investigación y desarrollo de las hormonas (gonadotropinas) que permiten estimular la ovulación. Tampoco se puede descartar que se estén violando las leyes de la Bioética y se manipulen los embriones para obtener ejemplares que cumplan la norma racial judía. Ciñéndose estrictamente a los patrones de la eugenesia que solo admite concebir los más fuertes y mejor dotados (hijos del rey David). ¿Un atisbo de limpieza étnica genocida, quizás? Y para demostrarlo solo hay que analizar el caso de esterilización de las mujeres judías etíopes. Cientos de médicos y científicos y ginecólogos trabajan en el Departamento de Ciencias de la Vida en Bar-Ilan en Netanya y otros 25 centros de fertilidad. Israel es considerado una superpotencia mundial en este campo.

Está escrito en la Biblia que una familia sin hijos no es una familia. La maternidad hace parte de una milenaria tradición judeo-cristiana y la mujer que no conciba se le considera maldita. Narra la historia sagrada que Abraham tuvo que desposarse con su esclava Agar puesto que Sara (que era estéril) no podía darle hijos. Fruto de esa relación nació Ismael (patriarca de los árabes). Aunque Yahvé compadecido del drama de Sara hizo el milagro de que esta se quedara embarazada a la edad de 90 años. Entonces dio a luz a Isaac (considerado el patriarca de los judíos). Para las mujeres judías Sara es el mejor ejemplo a seguir.

En la Halaja desde la más remota antigüedad están condensados los principios éticos y morales por los cuales debe regirse el pueblo elegido. La Halaja es el cuerpo normativo de la vida judía (tanto espiritual como material) tal y como está expuesto en el Talmud. Los textos sagrados judaicos se oponen radicalmente a cualquier manipulación de los órganos reproductivos tanto de la mujer como del hombre. Porque el hombre y la mujer fueron creados por Yahvé y su obra no puede ser profanada. Los rabinos valiéndose de mil y una argucias teosóficas y filosóficas se han visto obligados a contradecir las leyes de la Halaja para impedir que sus más encarnizados enemigos (árabes) los sobrepasen demográficamente. El pueblo de Israel no hace más que cumplir el mandato divino de creced y multiplicaos; poblad la tierra.

Cualquiera que camine por los barrios ortodoxos y ultra ortodoxos (haredim) de las ciudades israelíes se sorprenderá por el número de cochecitos de bebé que se ven aparcados en la entrada de los complejos habitacionales. Muchos de los cuales están diseñados para transportar mellizos, trillizos y hasta cuatrillizos. También en los asentamientos o colonias de Cisjordania el incremento del número de guarderías infantiles delata que la natalidad se dispara. Sin duda alguna que el sionismo pretende judaizar totalmente Cisjordania con la anuencia de la comunidad internacional que tolera todas sus veleidades.

El gobierno Israel se ha propuesto por ley incrementar al máximo la tasa de natalidad. Para ello ofrece a las parejas asignaciones por hijo (entre 2.000 y 3.000 dólares), enseñanza gratuita desde los tres años, financiación hasta de cuatro tratamientos de fecundidad in vitro al año. La seguridad social cubre todos los gastos médicos. Los expertos aseguran que en Israel están naciendo trillizos 400 veces más de lo usual. Buena culpa de esto la tienen el uso de medicamentos para la fertilidad como el Clomid o Nefimol y los tratamientos mediante la inducción de óvulos liberados o la fecundación in vitro para obtener gemelos o partos múltiples (embarazos programados de mellizos, de trillizos, quintillizos y sextillizos).

El vientre de las mujeres también es un arma tal y como lo afirmara en su día Arafat. Los demógrafos judíos saben que hay que combatir como sea el envejecimiento de la población (los mayores de 65 años será el 17% en el 2050). El 60 % de la población palestina tiene menos de 25 años. En Gaza el promedio de edad es 17 años (uno de los más bajos del mundo) La natalidad es parte del instinto de supervivencia como pueblo. La reproducción es una de las pocas libertades que se pueden permitir los palestinos (cómo en el caso de Gaza). La meta de la ANP o del gobierno de Hamas en Gaza también es la de aumentar la natalidad (está crecerá a un 23% al terminar la década). La franja de Gaza es el que tienen el record mundial de densidad con 4742 personas por kilómet ro ² . Los Palestinos son 7.5 millones repartidos entre Gaza, territorios ocupados y la palestina histórica anterior a 1948 (hoy llamada Israel) Israel controla el 85 % del estado Palestino original.

El crecimiento de población judía se da en mayor medida en el estrato de la población más religioso y menos productivo. Entre los cuales las tasas de empleo son más bajas y encima se niegan a hacer el servicio militar. De este modo el pago de las pensiones y el sostenimiento del estado del bienestar es inviable.

El gobierno israelí promueve la llegada de inmigrantes judíos (aquellos que desean retornar a la tierra prometida) o de extranjeros conversos. Lo importante es que sean jóvenes, especialmente matrimonios con hijos. La oleada de inmigrantes (Aliyá) es una fuente importante para aumentar la demografía. En la década de los noventas llegaron más un millón procedentes de los países de la antigua Unión Soviética, Etiopía y el resto del mundo. Esta es una ventaja adicional para los judíos puesto que a los palestinos refugiados en el extranjero (5.000.000) les está prohibido retornar a su patria.

Según la Oficina Central de Estadística de Israel durante 2015 las mujeres judías y palestinas han dado a luz un promedio de 3,13 hijos (en el año 2000 era de 4.3 entre las árabes y 2.6 entre las judías) La pirámide poblacional se mantiene igualada porque se han tomado medidas de choque alarmados quizás por el dato de que en el 2020 la población palestina superará a la hebrea.

Las ciudades israelíes con más alto promedio de nacimientos son Beith Shemesh, Bnei Brak (todas con población ultra ortodoxa muy numerosa).

Para el 2025 se estima que la población hebrea se duplicará alcanzando los 16 millones de habitantes. Tal incremento de la población va a generar problemas de espacio vital en una superficie tan reducida (20.700 kilometros²) y una geografía agreste (cuya soberanía alimentaria la domina Israel) carente de recursos estratégicos tales como el petróleo, el gas o el agua. A Tamaño desafío habría que sumarle la inclaudicable lucha del pueblo palestino por proclamar un estado propio que si no se materializa en un corto espacio de tiempo provocará nuevas intifadas y levantamientos populares.

Fuente: Rebelión.

Sionismo en estado puro

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Avatar de María LandiPalestina en el corazón

Los residentes de Umm al-Hiran protesta contra la demolición prevista de sus hogares. Foto: Eliyahu Hershkovitz La población de Umm al-Hiran protesta contra la demolición prevista de sus hogares. Foto: Eliyahu Hershkovitz

Amira Hass

Los videos producidos por el grupo de colonos de Hiran muestran una gran cantidad de alegres judíos a los que les gusta cantar y tocar música, contar chistes y divertirse. Serán aún más felices muy pronto, cuando se trasladen al sitio de su comunidad permanente en el noreste del Negev.

La tierra que el Estado les ha designado se llama Atir / Umm al-Hiran, y durante 60 años ha sido el hogar de los miembros de la tribu beduina Al-Qi’an. En otras palabras, los hogares y zonas de juegos para niños judíos que se construirán allí, y los jardines que se plantarán, crecerán sobre las ruinas de las casas y vidas de otras 1.000 personas, que también son ciudadanos israelíes (algunos de los cuales incluso han servido en el ejército, para aquellos…

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Israel aprueba la ley que legaliza las colonias judías en Palestina

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Colonia Otniel, Colinas del Sur de Hebron, Cisjordania. Todas las colonias israelíes violen la ley internacional. Foto: Tali Feld Gleiser

Colonia Otniel, Colinas del Sur de Hebron, Cisjordania. Todas las colonias israelíes violen la ley internacional. Foto: Tali Feld Gleiser

  • El texto es contrario a la normativa internacional.
  • El resultado es ajustado, 58 votos a favor y 51, en contra.
  • En Cisjordania vive medio millón de judíos.
  • El Parlamento israelí aprueba la propuesta sobre los asentamientos.

El Parlamento israelí (Kneset) ha aprobado este miércoles en la primera lectura el controvertido proyecto de ley impulsado por el Gobierno para legalizar retroactivamente asentamientos judíos en territorio palestino ocupado, contrarios a la ley internacional.

Según la página web de la cámara, la propuesta salió adelante en primera lectura, de tres, por 58 votos a favor y 51 en contra, tras «un largo debate del pleno».

El ministro israelí de Educación, principal socio de la coalición de Gobierno y mayor promotor del proyecto, Naftali Benet, ha calificado la jornada de «histórica» y ha asegurado que con este paso el medio millón de judíos que viven en asentamientos en el territorio ocupado de Cisjordania dejarán de ser «invitados» u «ocupantes».

Hace dos días, cuando el Parlamento dio luz verde al desarrollo del proyecto con una votación preliminar, Benet afirmó que esta ley es el comienzo del fin para la «solución de dos Estados» y «la punta de lanza para extender la soberanía» israelí y anexionarse toda Cisjordania.

La propuesta promovida por el Ejecutivo del primer ministro, Benjamín Netanyahu, busca legalizar la situación de cerca de medio centenar de colonias judías construidas sin los permisos necesarios y que la propia normativa israelí considera «ilegales».

Duras críticas

Para los palestinos y la comunidad internacional, tanto esos asentamientos como los autorizados por sucesivos gobiernos israelíes desde 1967 son todas ilegales, al estar en territorio ocupado.

La propuesta se ha visto salpicada de duras críticas dentro del Parlamento, pero también fuera, por considerar que pone en peligro el imperio de la ley israelí.

Alemania expresó hoy su «preocupación» porque, de aprobarse la iniciativa, «quedaría en duda» el compromiso de Israel con la solución de los dos Estados, mientras que este martes el Gobierno palestino, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el enviado especial de la ONU para Oriente Medio, Nickolay Mladenov, condenaron el desarrollo de la ley.

Esta normativa «podría tener graves consecuencias legales para Israel, a lo largo y ancho de Cisjordania y reducirá las perspectivas de una paz árabe-israelí», advirtió Mladenov.

Fuente: 20minutos.es

La mayor empresa de seguridad reduce sus negocios con Israel por la presión del BDS

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Concentración en Reino Unido por el fin de las relaciones entre G4S e Israel. / boycottisrael.org.uk

Concentración en Reino Unido por el fin de las relaciones entre G4S e Israel. / boycottisrael.org.uk

La mayor compañía de seguridad del mundo, G4S, ha anunciado que va a vender la mayoría de sus negocios en Israel. El anuncio, realizado la semana pasada, responde al “daño en su reputación”, según señala la compañía, causado por la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel para reclamar el respeto de los derechos humanos en Palestina.

Desde el Comité Nacional del BDS en Palestina, Rafeel Ziadah ha afirmado que “hemos tenido éxito en presionar a una de las mayores corporaciones para vender uno de sus negocios clave en Israel. Nuestra campaña, coordinada globalmente, ha tenido un impacto real. Vamos a seguir haciendo campaña hasta que G4S acabe toda su implicación con la violación de derechos humanos en Palestina”.

Leer más: Huelga de hambre y maltratos en prisiones israelíes

Multinacionales francesas, como Veolia y Orange, y la mayor empresa constructora de Irlanda, CRH, ya salieron del mercado israelí en septiembre de 2015, en su mayor parte como resultado de la campaña de BDS.

“Ha habido un efecto dominó”, dice Ziadah. “Algunos gestores de fondos de inversión están reconociendo que su responsabilidad fiduciaria les obliga a deshacerse de corporaciones internacionales o israelíes y bancos que están involucrados en las continuas violaciones de la ley internacional por parte de Israel”, continúa.

Guman Mussa, coordinador para el mundo árabe del Comité Nacional del BDS en Palestina, añade que “no todos los días los defensores de derechos humanos consiguen que una gran multinacional como G4S finalice su participación en serias violaciones de derechos humanos a través de una presión estratégica de base y continuada. El BDS claramente está funcionado, y otras, otras multinacionales implicadas, como HP y Alstom, deben tomar nota”.

Mussa dedica esta victoria a “todos los prisioneros políticos palestinos que en 2012 llamaron a un movimiento de BDS para intensificar nuestro boicot a G4S debido a su papel en las prisiones israelíes, en las que abundan los casos de tortura”.

G4S es una compañía británica de seguridad que ayuda a mantener las prisiones en las que son encerrados los presos políticos palestinos sin juicio y sometidos a torturas y malos tratos. También provee de equipamiento y servicios en los puestos de control militares israelíes, a los asentamientos ilegales y a las infraestructuras militares y policiales.

A pesar de la venta de su subsidiaria israelí, G4S seguirá involucrada en las violaciones de derechos humanos en Palestina por parte de Israel a través de Policity, el principal centro de entrenamiento de la policía nacional, de la que es copropietario, y a través del grupo Shikun and Binui.

Fuente: Diagonal Periódico.