Un invierno sin calefacción en Gaza

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Un niño palestino observa a través del agujero de una pared bombardeada. REUTERS

Por Isabel Pérez. Especial para EL MUNDO Gaza.

La compañía eléctrica de Gaza aumentará, durante una semana, el suministro de electricidad de cuatro a seis horas diarias. Quieren ayudar a hacer frente a la ola de frío que se aproxima y que ya ha hecho su primera aparición en la Franja en forma de intensas lluvias y viento.

“Con la ola de frío, la gente necesita más horas de electricidad para poder encender estufas y calentar el agua de las cisternas de la ducha”, cuenta Yamal Addardasaui, portavoz de la compañía de electricidad. “Hemos decidido mantener un generador de los cuatro de la central eléctrica para proveer a las casas con seis horas de corriente diarias. No podemos poner a funcionar la central eléctrica a pleno rendimiento. Si lo hacemos, la cantidad de combustible que tenemos se acabará en dos días”.

La compañía lamenta que no haya una solución eficaz y rápida, que siempre trabajen bajo una “administración de crisis” con cantidades limitadas de combustible. “La situación en Gaza, con el bloqueo y las guerras, ha hecho que la capacidad económica de la gente disminuya y no puedan pagar las facturas. Nosotros no podemos adquirir el costoso combustible israelí”.

Consecuencia de la guerra

En la última guerra en la Franja de Gaza, la red eléctrica resultó gravemente dañada, incluido el almacén de la compañía, situado al este del barrio de Shija’yya. Los tanques de combustible de la central eléctrica también fueron bombardeados.

En la Franja, muchas casas no tienen cristales en las ventanas, estallaron en alguno de los bombardeos. Otras, además, tienenagujeros de obuses en sus paredes y techos. Los tapan con mantas o plásticos, pero el frío y la humedad penetran sin dificultad.

Una mujer aviva el fuego de una pequeña hoguera al lado de su casa.“Me duelen las manos de lavar la ropa a mano y fregar con agua tan fría”. A su lado, su hijo de dos años, Salama, vestido con dos pantalones de chándal, dos jerséis y una chaqueta. Mientras Salama intenta colocarse el gorro de la chaqueta, su madre continúa contando la calamidad de vivir una posguerra y de no tener electricidad.

Sólo tenemos cuatro horas y a veces viene cuando estamos durmiendo. ¿Qué hago? ¿Me despierto para hacer la lavadora? Mi marido se levanta para encender la bomba para que suba el agua a la cisterna. Si no sube agua, no tenemos suministro en casa. Ahora estoy esperando a que venga la luz para poder hacer pan”.

Fuente: http://www.elmundo.es/internacional/2015/01/05/54a9814822601d3b3b8b4576.html

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