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Sobre la narrativa colonial israelí: Palabras ocupadas

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Jerusalem

Jerusalén-Al Quds (1900-1920)

Por Susan Abulhawa.

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García y María Landi.

Rara vez el lenguaje sociopolítico es una mera colección de palabras ordenadas para reflejar una realidad. Más a menudo, es la mismísima estructura de pensamiento dispuesta de tal modo que facilite, o impida, la expresión de una idea específica.

Cuando se trata de la empresa del ocupante colonial, la selección de palabras es totalmente deliberada y se propone construir una sintaxis moral para contextualizar la limpieza étnica y la colonización.

La colonización israelí de Palestina se ha basado en narrativas coloniales a prueba del tiempo, cuyo primer paso es describir las tierras conquistadas como fronteras inhabitadas para el esforzado trabajador desvalido; es una narrativa repleta de expresiones románticas del tipo “hacer florecer el desierto”.

La creación de Israel por parte de inmigrantes extranjeros recién llegados a Palestina adquirió una dimensión excepcionalmente sentimental en Occidente, ya que nació justo después del genocidio –y como resultado de él– perpetrado por Europa contra sus propios ciudadanos y ciudadanas judías.

La ficción de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” fue la consecuencia perfecta de un capítulo terrible de la historia de Europa. Era el ‘final feliz’ que permitía aliviar la culpa.

Era la única historia que Occidente quería o estaba dispuesto a oír.

Pero era una mentira.

Palestina ya tenía una vieja historia que había dado origen a una sociedad desarrollada cuyo carácter se había formado orgánicamente durante miles de años de habitación documentada, conquistas, peregrinaciones, nacimiento de religiones, conversiones religiosas, asentamientos, guerras, cruzadas y migraciones naturales.

Se trataba de una población constituida por campesinos y profesionales, eruditos y técnicos, gente culta y analfabeta, urbana y rural.

Era una sociedad plural, en la que personas de diferentes orígenes religiosos, culturales y étnicos convivían en relativa armonía.

Durante muchos siglos, Palestina había sido objeto de guerras y conquistas por parte de gente que llegaba y se marchaba, no sin antes mezclarse con los habitantes del lugar y dejar su impronta en la estructura genética, cultural e incluso lingüística del pueblo palestino.

La única forma en que se podía crear un estado judío exclusivo y excluyente era mediante la expulsión forzada de la sociedad descrita más arriba, la que fue iniciada metódicamente en 1947 por grupos armados de judíos europeos perfectamente adiestrados y bien financiados.

Cuando las jóvenes naciones árabes intervinieron para defender a sus hermanos palestinos, sus desorganizadas fuerzas, más reducidas y débiles, y con armamento anticuado, no constituyeron un rival para el naciente estado judío.

Tal como establece el axioma que dice que la historia la escriben los vencedores, ese momento pasó a llamarse la guerra de la “independencia” de Israel. Es posible que sea la única vez en la historia en que un grupo de extranjeros invadió y conquistó una tierra, tomó sus ciudades y campos, y después reivindicó su “independencia” respecto de la población nativa de esa tierra.

Así empezó la perversión del lenguaje que continúa justificando y propagando el poder.

Rebautizar el lugar y la gente

Después de la expulsión, como explica la profesora Julie Peteet en Naming in The Palestine Israel Conflict (El nombre de las cosas en el conflicto Palestina-Israel), la trayectoria de la narrativa colonial israelí niega la existencia de una población autóctona.

Entre los israelíes esta negación fue vehemente y se mantuvo incluso después del surgimiento en la conciencia de Occidente de una narrativa palestina. La expresión más famosa de esta furia fue la declaración de Golda Meir cuando dijo que “No había nada que pudiera llamarse los palestinos. No existían”.

La ironía es que Meir había nacido en Rusia, y dijo esas palabras en una entrevista dada al Sunday Times en 1969, en el interior de una casa señorial llamada Villa Harun al-Rashid, una casa palestina robada a la familia de George Bisharat.

La enorme destrucción o robo del patrimonio palestino se realizó tanto en forma casual como sistemática.

Tal como revela Suad Amiry en Golda Slept Here (Golda durmió aquí), cuando el secretario general de Naciones Unidas Dag Hammarskjold visitó a Meir, ella se cuidó de hacer borrar el rótulo damasquino-arábigo de Villa Harun al-Rashid grabado en el friso de piedra de la fachada en la segunda planta, para esconder el hecho de que estaba viviendo en una casa árabe.

Los sionistas emprendieron una extraordinaria reestructuración lingüística que incluyó el cambio de nombre de casi todos los pueblos y lugares palestinos.

Después fue el cambio de nombre de las personas, a fin de dar estatus de nativos a los extranjeros.

Los rusos Golda Mabovitch, Ariel Scheinerman y Moshe Smolansky se convirtieron en Golda Meir, Ariel Sharon y Moshe Ya’alon. El polaco David Gruen pasó a ser David Ben-Gurion. El bielorruso Nathan Mileikowsky se llamó Nathan Netanyahu, el abuelo de Benjamin Netanyahu.

El frenético cambio de nombres de lugares y personas para lograr la imagen de pertenencia y legitimidad fue tan elaborado que los sionistas crearon una Comisión de Nombres para supervisar la reescritura épica de la historia, de manera de fundir la religión con una identidad racial y cultural.

La gramática del engaño

De este modo, judíos con miles de años de arraigo en la historia europea, en el pensamiento y los logros europeos, en la cultura y la herencia europeas, forjaron una historia de proporciones bíblicas para colonizar una tierra que ya estaba habitada por otra nación.

Era el incomprensible cuento de hadas de un pueblo exiliado, que no había sido tocado por el lugar, el tiempo, la historia ni la vida local durante más de 3.000 años, y que estaba por fin “regresando” a una tierra lejana con la que no tenía una conexión familiar, cultural, genética o legal identificable.

De alguna manera, esta reclamación colisionaba con la de la sociedad autóctona de Palestina, que había vivido en esa tierra, la había cultivado y construido en ella a lo largo de los siglos.

Lo único que podía encajar semejante narrativa falsificadora, fluctuante e incoherente en la bien documentada línea del tiempo histórico era la meticulosa y desalmada gramática del engaño que solo el lenguaje es capaz de conseguir.

Ningún armamento, por poderoso que fuera, podría haber permitido la usurpación de todo un país, con sus libros, hogares, casas de campo, lenguajes, tradiciones religiosas, comidas populares, danzas y costumbres. La contemplación de la empresa es para dejar pasmado a cualquiera.

En su excelente investigación académica sobre el cambio de los nombres en Palestina, la profesora Julie Peteet observa: “El proyecto sionista de fraguar una conexión entre la comunidad judía contemporánea y la tierra de Palestina era el proyecto de crear una versión totalmente nueva: del lenguaje, del lugar y su relación con él, de los seres y las identidades”.

Del conflicto y las mentiras

Los estudiosos han descrito bien el patrón de la retórica colonial que muestra a los nativos como atrasados, primitivos, salvajes o irracionales e inexplicablemente violentos, una vez que la fábula inicial de las ‘tierras vírgenes’ se desmorona ante la respuesta autóctona, que es eventualmente violenta hacia el colono que roba sus tierras y recursos.

Fue precisamente porque al final los palestinos tomaron las armas para enfrentar a sus verdugos que el lenguaje del negacionismo se hizo insostenible.

Entonces llegó el giro hacia la verborrea de los terroristas.

Esta narrativa se mantuvo durante algún tiempo, hasta la primera Intifada, que fue en gran medida no violenta. Las impresionantes imágenes de niños pequeños enfrentando a los tanques con piedras debilitaron los argumentos israelíes que hablaban de la amenaza existencial planteada por los terroristas.

Así nació el lenguaje de las negociaciones. Tal vez la palabra más insidiosa, peligrosa y engañosa de este nuevo discurso sea “conflicto”.

Esta palabra –conflicto– evoca el sentido de paridad, de dos partes iguales que están en desacuerdo. Hubo un conflicto entre Alemania y Rusia a comienzos de los cuarenta del siglo pasado. Del mismo modo, Estados Unidos y Rusia mantuvieron un conflicto frío durante la mayor parte de los ochenta. El grosero desequilibrio de poder entre Israel y la población nativa de Palestina debería excluir el empleo inteligente de esta palabra.

Israel es una sociedad sumamente militarizada, que dispone del armamento más avanzado jamás conocido. Goza de una tremenda influencia política y económica en Estados Unidos y, por extensión, en todo el mundo.

Los palestinos no tienen fuerzas armadas: fuerza aérea, ejército, marina. Están empobrecidos, sufren el despojo de sus recursos naturales y sus medios de vida. No tienen poder político ni influencia. Son un pueblo sitiado, controlado, exiliado e indefenso frente a un estado racista que ha sido explícito en su atropello y desprecio hacia la existencia de los palestinos.

Por lo tanto, hablar del sionismo como si fuera un conflicto entre israelíes y palestinos es equivalente a decir que el apartheid fue un conflicto entre los blancos y los negros sudafricanos, o que el nazismo era un conflicto entre los judíos y los arios de Alemania, o que la segregación y Jim Crow* constituían un conflicto entre los blancos y los negros estadounidenses.

La utilización del término “conflicto” en el discurso corriente sobre el sionismo (y quien escribe también es culpable de haberlo hecho) ha sido un engaño malintencionado del que han surgido innumerables duplicidades verbales –o eufemismos–: “barrios” para nombrar las colonias ilegales; “enfrentamientos” para hablar de los ataques de una fuerza militar extranjera contra palestinos desarmados en su propia tierra ; “defensa propia” para describir el bombardeo indiscriminado contra vidas humanas e infraestructuras vitales; “valla de seguridad” para nombrar un muro construido para separar personas y robar tierras; “civiles” para hablar de grupos paramilitares de colonos ilegales.

Cuando los medios occidentales hablan de conflicto, de hecho están hablando de la destrucción de todo un pueblo, de la supresión de su historia, de la eliminación de un espacio geográfico y sociocultural definido y con nombre propio, que ha existido desde la antigüedad temprana.

El sionismo es racismo, es apartheid, es Jim Crow, y es el sostén fundacional de Israel.

No deberíamos tolerar más el uso de la palabra “conflicto”.

Los primeros inmigrantes europeos no libraron una guerra de independencia.

No se trata de barrios: son colonias ilegales segregadas, exclusivamente para judíos, construidas en tierras palestinas robadas.

Nosotros no somos terroristas: somos una sociedad nativa que lucha contra quienes vienen aterrorizándonos desde que llegaron a nuestras costas; un pueblo que se enfrenta a su propia extinción, que lucha por su vida contra unos extranjeros que continúan llegando a nuestra tierra, extranjeros que creen que Dios les ha otorgado el derecho innato de tener un país más.

Deshacer la verborrea colonial, sus cuentos de hadas y sus mitos, no importa lo absurdos e ilógicos que sean, no es tarea fácil. Según las palabras de Steven Salaita: “Recordad que en las sociedades coloniales al mentiroso normativo siempre se le da más autoridad que al sujeto obstinado”.

Pero continuar permitiendo o hacerse eco del lenguaje del poder que desprecia las luchas por la justicia social, no puede ser una opción. El análisis de las expresiones coloniales incrustadas en nuestra mente, y el uso consciente del lenguaje de lucha de un pueblo autóctono deben estar presentes en todo lo que hacemos.

* La autora se refiere a un conjunto de leyes así llamado, promulgado entre 1876 y 1965, que propugnaba la segregación de los negros y otras minorías no blancas en los lugares públicos de Estados Unidos. (N. del T.)

Susan Abulhawa es una escritora –de prosa y poesía– palestina, autora del éxito editorial Mornings in Jenin. Su reciente novela The Blue Between Sky and Water (El azul entre el cielo y el agua), Bloomsbury, 2015, ha sido traducida a 21 idiomas hasta ahora.

Fuentes: http://www.aljazeera.com/news/2015/10/occupied-words-israel-colonial-narrative-151026115848584.html

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205139&titular=palabras-ocupadas-

Las mujeres palestinas de Jerusalén Oriental ocupada piden protección

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jerusalemite women's coalitionCoalición de Mujeres Jerosolimitanas.

Nosotras, las mujeres de la Jerusalén Este demandamos la protección inmediata porque somos testigos presenciales y sufrimos las violaciones graves y generalizadas de los derechos humanos de los palestinos, incluidos ataques físicos con lesiones, amenazas psicológicas graves y la persecución por parte de las entidades estatales y de los colonos del Estado colonial israelí.

Instamos a la comunidad internacional a actuar y defender los derechos de los niños, mujeres y hombres palestinos, apelando al derecho a una vida segura en medio de los constantes ataques, el uso excesivo e indiscriminado de la fuerza utilizada por el aparato de opresión israelí, los actos de violencia y terror cotidianos cometidos por civiles judíos israelíes, incluidos los colonos. Esta brutalidad es amenazante para nuestras vidas, provoca intencionalmente a nuestra juventud causando muertes y daños corporales y psicológicos, incapacidades y lesiones a miembros de nuestra comunidad.

Nosotras, un grupo de mujeres palestinas, madres, hermanas, hijas y jóvenes -en nombre de la «Coalición de Mujeres Jerosolimitanas»- llamamos a la comunidad internacional para proteger a nuestras familias, la comunidad y los niños. Hacemos un llamado por protección de nuestra persona física, cuando estamos en nuestras casas, caminando en nuestro barrio, camino a las escuelas, clínicas, centros de trabajo y lugares de rezo.

Hacemos un llamado para la protección porque nos sentimos desplazados incluso en nuestras casas, ya que los soldados israelíes, colonos armados, patrulla fronteriza y la policía invaden nuestros hogares, atacan a nuestras familias, desnudan nuestros cuerpos para registrarnos y nos aterrorizan.

Nosotras, las mujeres de Jerusalén Oriental ocupada nos sentimos huérfanas, sin ningún tipo de protección de la Autoridad Palestina o de la comunidad internacional, ya que el Estado israelí hace terror en nuestros hogares, instituciones educativas y espacios públicos. La imposición de castigos colectivos y las sanciones que impone el Estado de Israel invaden no sólo nuestros espacios y cuerpos físicos, sino también nuestra psique. Vivimos en un estado de miedo y horror, sin saber cómo enfrentar el poder omnipotente altamente tecnológico de la entidad colonial, un Estado de Israel fuertemente militarizado que ejecuta regularmente a palestinos en las calles. Los palestinos en Jerusalén Oriental ocupada han sido abandonados y están sujetos a las políticas discriminatorias de un Estado violento y su aparato de seguridad y policial.

La violencia política actual y la total falta de protección, con el aparato de seguridad israelí que protege solamente a los judíos, pone en peligro la seguridad de las mujeres y sus derechos económicos, sociales, psicológicos y físicos, tanto como la seguridad de los niños y los hombres. Hacemos un llamamiento para la protección y la aplicación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad sobre la mujer, la paz y la seguridad e instamos a los defensores de derechos humanos para proteger a nuestra comunidad de la maquinaria de opresión israelí. Se les debe permitir a nuestros hijos llegar a sus escuelas en paz y nuestros padres y ancianos deben ser capaces de llegar a sus lugares de trabajo, a las instituciones de salud y a los servicios de bienestar con seguridad. Demandamos caminar por las calles sin temor a los ataques de los aparatos de seguridad de Israel y sus colonos armados.

Hacemos un llamado para la protección de las mujeres y las niñas, que son particularmente vulnerables a las diversas formas de violencia estatal y las masivas atrocidades que cometen. El estrangulamiento económico y la dependencia de los palestinos impuestos por la potencia colonial israelí atrapan aún más la vida de los palestinos. La feminización de la pobreza y el estrangulamiento económico de los palestinos en Jerusalén Oriental ocupada esclavizan a los palestinos. La feminización de la esclavitud en la colonia es evidente al ver a las mujeres palestinas convertidas en trabajadoras domésticas humilladas, controladas y oprimidas por las entidades públicas y privadas israelíes.

Entendemos que el derecho humanitario intenta desafiar la inhumanidad inherente de las guerras y la criminalidad colonial exigiendo la presencia de actores internacionales para proteger a los civiles. El derecho internacional humanitario sugiere límites morales del ejercicio del poder en las situaciones de violencia de masas. El o bjetivo principal del derecho humanitario internacional es proteger y ayudar a las víctimas de la violencia.

Nosotras, las mujeres de Jerusalén Oriental ocupada, estamos políticamente huérfanas. Somos víctimas sin protección, ya que la Autoridad Palestina no tiene derecho a protegernos en nuestra ciudad, y el Estado de Israel nos trata como terroristas que deben ser humillados, atacados, violados, y controlados. Las tácticas estatales de guerrilla utilizadas en la Jerusalén oriental ocupada, ya sean los ataques contra los palestinos en las calles, azotando a jóvenes y viejos, los ataques a los niños que van a la escuela, la invasión de colonos violentos a nuestros vecindarios y hogares, el control de nuestra vida, el agua, los teléfonos celulares, internet, la movilidad, la salud, la economía, y la accesibilidad a otros recursos, nos han colocado en jaulas humanas de aislamiento, sujetos por las leyes y la teología israelíes de seguridad, sin poder saber qué esperar y qué que vendrá después.

Teniendo que soportar todas las dificultades arriba descritas, que han ido en escalada por las resoluciones del gabinete israelí y por otra parte ignorados debido a la amnesia global, estamos pidiendo protección y acciones urgentes para prevenir futuras agonías, desarraigos, demonización y sufrimiento.

Coalición de Mujeres Jerosolimitanas / Al-tajamo ‘Al-nasawiy Almaqdasy.

La Coalición incluye a un grupo de mujeres de organizaciones no gubernamentales y a feministas jerosolimitanas de todos los segmentos de la sociedad.

Traducción del inglés para Rebelión por J. M.

Fuentes: http://www.counterpunch.org/2015/10/30/palestinian-women-from-occupied-east-jerusalem-calling-for-protection/ y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205107

Israel, los medios de comunicación y la anatomía de una sociedad enferma

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Por Eric Draitser.

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

El vídeo del niño palestino de 13 años Ahmed Manasrah desangrándose en la acera de un barrio de Jerusalén Este ha sido descrito como «chocante», «preocupante» y «doloroso de ver». Los monstruosos y abusivos insultos verbales de los israelíes viendo al niño retorcerse en agonía están, inevitablemente, caracterizados como «inhumanos» y «crueles»; y de hecho lo son. «¡Se muere un hijo de puta! ¡Muere! ¡Muere!», eran los gritos de los espectadores israelíes que se pueden escuchar en el video que se convirtió en viral en las redes sociales.

Si bien ha habido mucha discusión acerca de este video y de otros actos similares donde estuvieron involucradas ejecuciones extrajudiciales de jóvenes palestinos acusados ​​por Israel de haber apuñalado a israelíes (aún está en disputa la veracidad de algunas de estas acusaciones), es evidente que no hay un análisis de las implicaciones sociológicas. En concreto se ha convertido en un tabú interrogar qué clase de conclusiones ideológicas y psicológicas pueden extraerse sobre la sociedad israelí, una sociedad donde tal comportamiento no es un caso atípico; donde, en lugar de ser una anomalía, es indicativo de una importante, si no la principal actitud. Este tratamiento, innegablemente bárbaro no es simple odio y no puede ser explicado o justificado. Pero eso es precisamente lo que hacen los medios corporativos.

Baste decir que hay muchos analistas políticos, activistas y otros que son tímidos cuando se trata de condenar en firme a la sociedad y las actitudes israelíes. Ellos están, y con mucha justificación, temerosos de ser demonizados como antisemitas, aterrorizados de que en lugar de un diálogo abierto y un examen crítico, sus argumentos sean distorsionados y calificados como de odio y racistas. Mientras que tales acusaciones son a veces justificadas -como en el caso de fanáticos fascistas y neonazis para quienes «judío» es sinónimo de «mal»- más de las veces se trata de desviaciones intencionalmente engañosas diseñadas para proteger a la sociedad israelí de la crítica que tan claramente se merece.

Pero aquellos cuyo interés está en la justicia y en decir la verdad no pueden permanecer en silencio, no pueden permitirse convertirse en víctimas de la autocensura inducida por el miedo, porque la crítica silenciada de Israel es, en realidad, un fracaso de la defensa adecuada de los oprimidos; es una abdicación de la responsabilidad de hablar en contra de la injusticia, de la brutalidad del colonialismo y la inhumanidad del sionismo contemporáneo. Es igualmente un abandono del deber de deconstruir las narrativas dominantes por el interés de la justicia social, de desafiar a la propaganda de los medios de comunicación corporativos cuya función principal es proteger el poder de la luz incómoda de la crítica. No puedo, y no estaré en silencio.

Los medios de propaganda y el peligro de falsa equiparación

Leyendo el New York Times, Washington Post y otros medios de comunicación principales, supuestamente liberales, uno podría ser perdonado por pensar que la naturaleza del conflicto palestino-israelí es ojo por ojo, que es el producto de una causa-efecto en una relación de iguales. Así es precisamente como se retrata el conflicto en casi todos periódicos llamados “respetables».

Tomemos, por ejemplo, un artículo publicado en los Estados Unidos del “registro oficial», el New York Times, apenas unas horas después del incidente con el titular “Sumar al desafío de la seguridad en Israel apuñalamientos y reacciones mortales” Stabbings, and Deadly Responses, Add to Israel’s Security Challenge. Solo en la deconstrucción del titular, está claro dónde se encuentran el sesgo y el engaño; el Times impregna el título del artículo con una presunción de culpabilidad atribuida a los palestinos. De acuerdo con la lógica sintáctica de la construcción del titular, la palabra «puñaladas» (presentada primero), es la raíz del problema y por lo tanto las «respuestas mortales» son sólo eso, reacciones. El efecto es justificar el asesinato de palestinos presentándolos como una simple respuesta a un factor externo: la violencia contra los israelíes.

Pero, por supuesto, cualquier persona que tenga incluso un conocimiento rudimentario del asunto sabe que los apuñalamientos son en sí mismos respuestas a los ataques de los colonos israelíes yde las fuerzas de seguridad contra los palestinos, así como la consecuencia predecible de la brutalidad y la ocupación aparentemente interminables, la pobreza y la desesperación. La historia del colonialismo está repleta de ejemplos de este tipo.

Y sin embargo, los israelíes, y el propio Estado de Israel, se presentan como las víctimas. El titular enmarca el tema como un «desafío a la seguridad» de Israel, en lugar de, por ejemplo, un problema del colonialismo o de una cruel ocupación. Así que tomados en su totalidad el título y el artículo adjunto tienen el efecto acumulativo de hacer pasar a las víctimas por victimarios y a los verdugos por víctimas, invirtiendo así la relación del opresor con el oprimido. Esta inversión es absolutamente necesaria con el fin de encubrir los crímenes de Israel y absolver al Estado de su fanática y fascista culpa.

Incluso el tratamiento supuestamente ecuánime de la cuestión por parte de NBC News, de una supuesta corriente moderada, incurre en un tratamiento deshonesto del conflicto y de la violencia reciente. Al cubrir el incidente, NBC News publicó una historia sobre los disparos de muerte a Ahmed Manasrah y las posteriores burlas con el titular El video viral del disparo a Ahmed Manasrah resume el actual conflicto entre Israel y Palestina – Viral Video of Shot Ahmed Manasrah Sums Up Israel-Palestinian Conflic. El artículo pretende presentar el tema correctamente con la presentación de los hechos que rodearon el execrable asesinato de Ahmed como un hecho emblemático de todo el conflicto. Esencialmente, NBC News pretende así dar a conocer las versiones opuestas de fuentes israelíes y palestinas como indicativo de la lucha más amplia para la opinión pública, tratando de convencer a los lectores de que las acusaciones y las contra-acusaciones son simplemente más de lo mismo y que la verdad es simplemente incognoscible; después de todo, fuentes israelíes dicen X, fuentes palestinas dicen Y. Suponen que nunca lo sabremos.

El lector de este artículo de la NBC se queda con la conclusión totalmente deshonesta, aunque políticamente muy útil, de que ambas partes son igualmente culpables, igualmente dignas de culpa y que el conflicto mismo está más allá del análisis crítico. Más aún, presentando el tema de este modo, el medio de difusión, en este caso la cadena NBC, se considera justa, por haber proporcionado una información equilibrada. En realidad, sin embargo, simplemente se ha ocultado la verdadera naturaleza del conflicto que surge entre un opresor colonial y sus víctimas, desplazadas y desposeídas de forma sistemática durante siete décadas.

Pero dejando a un lado la falsa equivalencia al ocultar la verdad de la cuestión, NBC News revela aquí, inadvertidamente, algo fundamentalmente verdadero sobre el conflicto y es que, efectivamente, este incidente «resume mucho del conflicto entre Israel y Palestina». A pesar de que no tenían la intención de hacerlo, NBC News expone correctamente el hecho de que el comportamiento de los israelíes frente a la cámara es claramente emblemático de la sociedad en general de Israel, que ve a los niños palestinos como «perros» e «hijos de puta» no aptos para respirar, indignos de vivir.

La patología del fascismo israelí

Lo que el vídeo de Ahmed Manasrah deja al descubierto para que el mundo lo vea es la inhumanidad del sionismo, una ideología supremacista judía que, necesariamente, coloca a los no judíos en una relación inferior a los judíos, que otorga menos valor a la vida del no judío. No es simple odio lo que motivó los repugnantes comentarios de los espectadores, es un arraigado sentido intergeneracional de la superioridad de raza, de la deshumanización de los palestinos y de los árabes en general.

Este factor fundamental es sólo muy rara vez discutido, pero se encuentra en el corazón del conflicto palestino. Al ver a los árabes como infrahumanos, muchos israelíes son capaces de justificar, a menudo en un nivel inconsciente, todas las formas de brutalidad, la violencia y la opresión. Hay que decir aquí que hay algunos israelíes que luchan solos contra este tipo de pensamiento (Gideon Levy es quizás el crítico más prominente y franco de dicha ideología supremacista), pero lamentablemente están ahogados por la barbarie rabiosa de la derecha israelí (y muchas del centro, también hay que decirlo).

Y este fenómeno, rápido para encasillarte como antisemita, es lo que subyace en todas las políticas israelíes. Y la aceptación activa o pasiva de esas políticas de parte del cuerpo político israelí. Mientras que Ahmed Manasrah desangrándose en medio de un remolino de insultos por parte de los israelíes puede provocar un breve derramamiento de descargas en las redes sociales, no es más que un ejemplo de ese tipo de violencia. ¿Es realmente tan diferente de las excavadoras israelíes demoliendo un sinnúmero de casas palestinas? ¿Es de alguna manera más bárbaro que el incendio de viviendas palestinas con los bebés que duermen en el interior?

Tal vez sería mejor no expresar sorpresa e indignación por el video, sino verlo como la consecuencia lógica de la ideología fascista y racista adoptada por los líderes del Estado de Israel. Para los israelíes el video se limita a seguir el ejemplo de líderes como la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, que en el apogeo de la guerra criminal de Israel contra Gaza en el verano de 2014, infamemente escribió:

El pueblo palestino nos ha declarado la guerra y debemos responder con la guerra. No un operativo, no un movimiento lento ni de baja intensidad o escalada controlada, no destrucción de la infraestructura del terror ni asesinatos elegidos. Suficiente con las referencias indirectas. Esta es una guerra… No es una guerra contra el terror, tampoco una guerra contra los extremistas y ni siquiera una guerra contra la Autoridad Palestina… Se trata de una guerra entre dos pueblos. ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino… ¿Qué es tan horrible acerca de entender que todo el pueblo palestino es el enemigo? Toda guerra es entre dos pueblos y en todas las guerras la gente que comenzó la guerra, toda esa gente, es el enemigo… Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no pudo participar en el terrorismo. Todos ellos son combatientes enemigos y su sangre se derramará sobre todas sus cabezas. Ahora bien, esto también incluye a las madres de los mártires… Ellas deben seguir a sus hijos, nada sería más justo. Deben desaparecer, al igual que las casas físicas en las que se plantaron las serpientes. De lo contrario, más pequeñas serpientes serán criadas en ellas.

Una retórica semejante, con toda la deshumanización que implica, es una reminiscencia de innumerables ideologías fascistas, del nazismo alemán de la década de 1930 de la política contemporánea del sector de derecha en Ucrania y del Batallón Azov. La noción de «guerra total» contra todo un pueblo, entre ellos mujeres y niños no combatientes, está realmente más allá de la simple propaganda de guerra, es la apología del genocidio y de la limpieza étnica.

Y este es exactamente el punto: la limpieza étnica, como un concepto y objetivo militar, se ha convertido en la moneda política del Israel moderno. Así que, ¿por qué debería sorprender a alguien que los jóvenes israelíes deseen la muerte a un palestino sangrando, llamándolo un «hijo de puta»? Después de todo, ¿no es Ahmed Manasrah sólo otra «pequeña serpiente»?

…Y una cosa más

Si la historia pasada es un indicador, lo que se ha escrito arriba, sin duda, provocará algunas reacciones negativas, condenas, cartas de odio e insultos de todo tipo. «Antisemita», «traidor» y «autoodio» son algunos de los epítetos más comunes que he escuchado infinidad de veces cuando he escrito o hablado acerca de Israel, el sionismo, la supremacía judía, y tales cuestiones. Estas calumnias no sólo no me disuaden, sino que me motivan a hablar más francamente, ya que son una indicación de que las palabras están atacando un núcleo que está en descomposición y necesita urgentemente ser expuesto.

Yo reconozco igualmente el privilegio con el que escribo estas líneas. Como ateo confeso que rechazo el etnonacionalismo y el tribalismo inherentes a la ideología política del sionismo, mi origen judío me da un poco de aislamiento de las acusaciones de antisemitismo (no lo impide, por supuesto). Esto no sólo me permite una mayor libertad para escribir y hablar libremente sobre estos temas, también me recuerda que tengo el deber de hacerlo.

Aquellos que no se oponen directamente a los crímenes del imperialismo, el colonialismo, la opresión y el genocidio, sin duda, son cómplices de ellos. Yo, por mi parte, no lo voy a ser.

Eric Draitser es el fundador de StopImperialism.org y presentador de CounterPunch Radio. Es analista geopolítico independiente con sede en la ciudad de Nueva York. Se lo puede ubicar en [email protected]

Fuentes: http://stopimperialism.org/page/2/  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205110

Nota enviada por JM.

Arde Mississippi en Jerusalén

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images-cms-image-000003361Por Joan Cañete Bayle.

Jerusalén, 28 de octubre de 2015.

¿Qué sucede en Jerusalén?, me suelen preguntar. Y yo respondo: la ocupación. E insisten: Ya, pero ¿no están matando los palestinos a israelíes a cuchilladas? Sí, esa es una de las cosas que están sucediendo, respondo, y esos ciudadanos israelíes también son víctimas de las dinámicas de la ocupación. Alzamiento de cejas del interlocutor, un poso de incredulidad y desconfianza en la mirada, este tipo es propalestino, el mal llamado conflicto entre palestinos e israelíes es una de las pocas ‘disciplinas científicas’ en las que haberte dedicado durante mucho tiempo a ello no le da a tu voz autoridad sobre la del profano que no sabe lo que fue Abu Holy, sino que te convierte en sospechoso de haberte dejado «contaminar», de haberte «implicado demasiado» del lado palestino, por supuesto, porque uno sólo es culpable de «implicarse demasiado» si rompe el discurso dominante; si lo respetas entonces eres «imparcial» cuando en realidad ese respeto por las normas en lo que te convierte es en un equidistante (y en un periodista perezoso). Alzamiento de cejas, decía, del interlocutor y vuelta a la carga: ya, pero ¿qué sucede de verdad en Jerusalén? Y agotando la última reserva de paciencia, mordiéndote la lengua porque lo que quisieras decir es que la pregunta pertinente es ¿qué sucede de verdad en Israel?, contesto: si quieres saberlo, mira la película Arde Mississippi. Entonces es cuando me dejan por imposible.

Hay un discurso dominante respecto de lo que sucede en Israel y los territorios ocupados palestinos que en el mejor de los casos se basa en la equidistancia: lo de los palestinos y los israelíes es un asunto muy complicado, son dos pueblos que tienen el mismo derecho sobre la misma tierra que a menudo, se diría que casi porque sí por el asombro que genera, se embarcan en periódicas «espirales de violencia» que convierten en imposible el maltrecho sueño de la paz. Y así llevan más de un siglo. El concepto de «espiral de violencia» implica la idea de que se trata de dos enemigos comparables en poder de hacer daño al otro (primer error o falsedad) y de que hay un principio y un final de la espiral (segundo error o falsedad). Normalmente el considerado principio es una agresión palestina, cuya forma ha ido evolucionando con el tiempo: incursiones de guerrilleros de la OLP, tiroteos, atentados suicidas, lanzamiento de cohetes, atropellos, puñaladas. Los equidistantes no hablan de lo que sucede antes de que empiece la «espiral de violencia» ni de lo que sucederá después, que es la previa para la siguiente. Y eso es justamente lo importante, lo que explica lo que sucede en Jerusalén estos días.

Los equidistantes no hablan de lo que sucede antes de que empiece la «espiral de violencia» ni de lo que sucederá después, que es la previa para la siguiente. Y eso es justamente lo importante, lo que explica lo que sucede en Jerusalén estos días. Esta falta de memoria, de contexto, de los equidistantes centra el asunto en la «espiral de violencia» (única forma de violencia vinculada a la ocupación que sufren los ciudadanos israelíes) y obvia la gama de violencias que padecen a diario los palestinos (vulneración de derechos humanos, destrucción de casas, prisión, muerte, por citar algunas de una larga lista). Al hacerlo, aparece el concepto de «seguridad» (la de los israelíes, por supuesto, la de los palestinos, cuya cifra de muertos y destrucción es muchísimo mayor, no importa), en cuyo nombre Israel justifica y profundiza la ocupación y, por tanto, la gama de violencias que ha dado lugar a esa «espiral de violencia». Y ese es uno de los grandes bucles de este mal llamado conflicto. En el periodismo, esa equidistancia se disfraza de imparcialidad cuando en realidad es todo lo contrario: una flagrante dejación de responsabilidades periodistas, una manipulación o una mentira a sabiendas, depende del caso. En política, esa equidistancia se viste de ‘realpolitik’, en Oriente Medio la doctrina menos realista de la historia, pues lleva décadas aplicándose sin ningún éxito. Pura utopía.

Eso, pura utopía, es lo que es la tesis favorita de los equidistantes desde hace ya un buen puñado de años: dos Estados para dos pueblos que viven uno junto al otro en paz, seguridad y prosperidad. No ha sido la violencia palestina la que ha matado a los dos Estados, sino la maquinaria de la ocupación israelí. No de Binyamin Netanyahu, sino del Estado de Israel, los halcones y las palomas de las que hablan nuestros queridos equidistantes son dos caras de la misma moneda. Los dos Estados son consecuencia del marco mental que se establece con Oslo, no en vano a la Autoridad Nacional Palestina se la solía llamar el germen de un Estado palestino con Jerusalén Este como capital. Oslo, como auguró Edward Said, no llevaba a ningún sitio; su aplicación fue desastrosa, y fue rematada por las bombas de la operación militar israelí ‘Defensive Shield’ en Cisjordania en  2002. La ANP era un invento a la medida de los sueños de estadista de Yasir Arafat, y su muerte certificó lo que se ya se había convertido años atrás y es desde entonces: una forma de canalizar fondos internacionales (sobre todo europeos) para que los territorios ocupados (Cisjordania, que no Gaza desde que Hamas tomó el poder en su proto-primavera árabe tras serle arrebatada su victoria electoral en la elecciones de 2006) no se hundan aún más y una comedora para Al Fatah y satélites. Muerto Oslo, se acabaron políticamente los dos Estados; las operaciones militares, el muro y la expansión de las colonias los mataron sobre el terreno. Desde entonces, los dos Estados son una cortina de humo. Oslo, como auguró Edward Said, no llevaba a ningún sitio; su aplicación fue desastrosa, y fue rematada por las bombas de la operación militar israelí ‘Defensive sShield’ en Cisjordania en  2002

Una parte del sionismo, encabezada por Ariel Sharon, vio el riesgo: Israel gestionando ‘de facto’ las vidas de millones de palestinos, a los cuales no puede dar ciudadanía sin poner en riesgo el carácter judío (y democrático) del Estado. De manera unilateral él y su sucesor, Ehud Olmert, cambiaron la ecuación de Oslo (‘paz por territorios’) por ‘demografía por geografía’: sacrificar el ideal sionista de un Estado desde el mar hasta el río a cambio de garantizar la mayoría judía. Desalojaron las colonias de Gaza y hablaron de fijar de forma unilateral»las fronteras definitivas de Israel», es decir, de crear un Estado palestino. Pero Oslo, y la idea de los dos Estados, estaban muertos. La ANP de Mahmud Abbás no podía firmar tal cosa, y la facción derechista del sionismo se acabó imponiendo: no hay ningún problema, argumentan, en gestionar la vida de millones de palestinos. No hay que desalojar, sino todo lo contrario: profundizar la colonización y los mecanismos de la ocupación, con una ANP títere que gestiona mal que bien el día a día y Gaza castigada por tener a Hamas en el poder. Una Palestina territorialmente fragmentada, sin continuidad territorial, encerrada en un puño de hierro. Zeev Jabotinsky y Benzion Netanyahu en estado puro.

Desde 2002, en Israel y Palestina hay en realidad una especie de único Estado con ciudadanos de primera, de segunda, de tercera y de cuarta, a veces reminiscente de la Sudáfrica del apartheid, a veces con trazos propios. El engranaje que lo mantiene en pie es una ocupación militar que dura desde hace décadas, cuya gama de violencias no hace más que profundizarse y extenderse, sustentada en una ideología que es una mezcla extrema de nacionalismo y colonialismo clásicos, enraizados en el siglo XIX. No hay un conflicto entre iguales, sino un poder ocupante y un poder ocupado, un capataz y un trabajador, una población con derechos plenos y una que no tiene ninguno, un opresor y un oprimido. Ambas sociedades han ido involucionando: la palestina se ha quedado sin liderazgo (el recambio generacional está, en pleno, en cárceles israelíes) y ha pasado de ser una de las más laicas de la región a tener a Hamas como uno de los referentes políticos básicos, entre otros efectos. La israelí se ha radicalizado, hasta el punto de que Netanyahu es ahora un moderado, y un rostro racista, fundamentalista religiosamente e integrista políticamente, campa sin complejos y grita a pleno pulmón «Muerte a los árabes» en la calle con la impunidad que da saber que se tiene la hegemonía social.

No es una intifada en los términos en que lo fueron la primera y la segunda (alzamientos políticos). Es una revuelta de jóvenes que en los enfrentamientos a piedras o en sus intentos de asesinar a ciudadanos israelíes van a morir o a ser encarcelados, cosa que estadísticamente les sucedería igualmente.

Estos factores son los que chocan en Jerusalén estos días: una población palestina sin liderazgo, desestructurada geográficamente y camino de estarlo socialmente (si es que no lo está ya), sin futuro, atrapada en una ocupación discriminatoria y cruel de la que depende cualquier aspecto de su existencia, que se come sus tierras y sus ciudades y amenaza con quedarse con sus templos religiosos, por qué no, ya ha ocurrido antes. Una población israelí más radicalizada que cuando volaban restaurantes y autobuses, que no quiere ver en su seno el horror que voces bravas como la de los periodistas Gideon Levy y Amira Haas denuncian. No es una Intifada en los términos en que lo fueron la primera y la segunda (alzamientos políticos), entre otros motivos porque si lo fuera su objetivo no sería Israel sino los estertores de la ANP, un zombi, un muerto que anda. Es una revuelta de jóvenes que en los enfrentamientos a piedras o en sus intentos de asesinar a ciudadanos israelíes van a morir o a ser encarcelados, cosa que estadísticamente les sucedería igualmente. Y sí, algunos de estos jóvenes palestinos odian a los israelíes en los mismos términos que muchos israelíes odian a los palestinos, eso explica los navajazos de un lado y los bebés quemados vivos por el otro. Esta cuestión de piel es nueva, esto no había sido nunca hasta ahora un asunto de rechazo innato, de color de piel. Si esto fuera una Intifada –muchas reacciones esporádicas no hacen una revuelta–, sería una Intifada del Odio. Arde Mississippi, con su ensañamiento, su racismo, su odio, en Jerusalén.

Y los equidistantes de la prensa, a lo suyo: con sus espirales de violencia, su proceso de paz eternamente amenazado y sus citas a la Conferencia de Madrid, Oslo y a Yitzhak Rabin, ni  los palestinos que se enfrentan a las fuerzas de seguridad israelíes ni los colonos que buscan árabes a los que linchar habían nacido cuando fue asesinado. Y los equidistantes de las cancillerías internacionales, también a lo suyo: con sus dos Estados, su «preocupación» por la «violencia sin control», su apoyo sin fisuras al «derecho a la defensa propia de Israel», su política de depositar todas las exigencias en quien nada puede hacer para hacer variar ni un milímetro la situación.

Ninguno quiere recordar que para apagar el Mississippi cuando ardía (en el sur de Estados Unidos, en Sudáfrica) fue necesario coraje, llamar las cosas por su nombre y no trabajar por la paz, sino por la justicia, porque sin la segunda la primera no es posible.



Joan Cañete Bayle es periodista y escritor. Redactor jefe de ‘El Periódico de Catalunya’. Fue corresponsal en Oriente Medio basado en Jerusalén (2002-2006) y Washington DC (2006-2009). Su última novela publicada, de la que es coautor, se titula ‘Expediente Bagdad’ (Siruela, 2014).

Fuente: Ctxt.es

Institución sionista argentina abre una causa penal contra el Director de «Resumen Latinoamericano» por ser solidario con el pueblo palestino

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Resumen latinoamericanoLos Otros Judíos repudia este intento de criminalizar al periodista internacionalista Carlos Aznárez. Una vez más se usa el ya gastado mote de «antisemita» a un apoyador(a) de los derechos humanos del pueblo palestino. Una vez más, quieren hacer callar a las voces que divulgan lo que los medios de descomunicación callan y/o tergiversan.

Nuestra solidaridad con Carlos Aznárez, por su derecho a informar y expresarse libremente.

Por Los Otros Judíos

Tali Feld Gleiser.


Por Carlos Aznárez.

Esta vez me toca escribir en primera persona ya que, como director -desde hace 22 años- de la plataforma comunicacional “Resumen Latinoamericano” (periódico, radio y TV) me veo lamentablemente inserto en una acción contra el derecho a opinar, a informar y a manifestarme, que está explícitamente amparado por la Constitución Nacional.
¿Cómo comenzó todo? Días atrás, recibí en mi casilla de correos un mail de la empresa Google (escrito en inglés) en el que me informaba que “en el plazo de diez días” Google debería facilitar el acceso a todos mis correos, en función de una intimación formulada por el Juzgado de Primera Instancia en lo Penal, Contravencional y de Faltas N. 28 donde está radicada la causa Causa N. 7271/15.  De esta singular manera me enteré de un increíble atropello a mi privacidad como periodista ya que se trata de los correos que habitualmente utilizo para intercambiar información con otros colegas o con diferentes medios de comunicación, amén de las lógicas direcciones personales que cualquiera pueda tener en su casilla. Dicha intromisión se basa en una denuncia penal formulada por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), que me acusa lisa y llanamente por ser solidario con el pueblo palestino.
La DAIA y sus abogados se personaron ante la Fiscalía Nº 25 para acusarme de “organización y propaganda discriminatoria”, blandiendo el  argumento del “antisemitismo”. Las razones esgrimidas para tamaño procedimiento son más que burdas y me ofenden como ciudadano y como  periodista.
La DAIA se refiere a mi participación en una actividad solidaria con el pueblo palestino en agosto del año 2014, cuando toneladas de bombas israelíes caían sobre Gaza y provocaban miles de muertos inocentes -con un alto porcentaje de niños y niñas- entre la población de esa ciudad, así como hoy ocurre en Cisjordania. En esa ocasión, como en tantas otras, debido a mi tarea profesional, ejercida tanto en el periódico Resumen Latinoamericano como colaborando con los canales internacionales Russian Today, HispanTV y ALBA TV, me tocó cubrir periodísticamente las alternativas del acto y además fui invitado a expresar mi opinión sobre lo que venía ocurriendo en Gaza.
Sólo el hecho de estar allí presente junto a otros argentinos y argentinas, describiendo crudamente lo que estaba ocurriendo en Gaza y en todo el territorio palestino, parece resultar un delito para mis acusadores, y por ello tratan de enjuiciarme, solicitando una pena carcelaria, para de esta manera poner en marcha una abierta persecución al derecho de información, expresión y opinión.
Es por todo ello, que quiero DENUNCIAR este grave atropello contra mi persona y el medio que represento, al que indudablemente se intenta discriminar y cercenar en su función informativa.

Repudio de la Federación de Entidades Argentino-Palestinas al intento de criminalizar al periodista Carlos Aznárez

Repudiamos intento de criminalizar al periodista Carlos Aznárez y coartar su libertad de expresión.

Los abajo firmantes alertamos sobre la apertura por parte de la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina (DAIA) de una causa penal contra el periodista y director de “Resumen Latinoamericano”, Carlos Aznárez, a quien se trata de hostigar en su derecho a informar y expresar públicamente su solidaridad con el pueblo palestino.

El atropello adquiere más gravedad y significación cuando en función del procedimiento judicial se intenta secuestrar -a través de una intimación a Google- todos los correos del periodista y del medio al que representa desde julio de 2014 hasta la fecha. Esta medida de por sí vulnera el derecho a la privacidad y protección de las fuentes de información que posee cualquier profesional de la comunicación en nuestro país y en el mundo.

Es por ello que REPUDIAMOS esta actitud persecutoria que embiste explícitamente contra derechos amparados en la Constitución Nacional, y expresamos nuestra SOLIDARIDAD con el periodista y público militante de los Derechos Humanos, Carlos Aznárez, esperando que cesen las medidas judiciales que hoy lo afectan. Deseamos también que hechos como este no se repitan contra ningún otro trabajador o trabajadora de prensa cuya función inherente es informar, expresando libremente sus ideas.

P / Federacion de Entidades Argentino-Palestinas
Tilda Rabi – Rafael Araya Masry – Fernando Isas


 

Preguntas frecuentes sobre la resistencia popular palestina

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ola internacional

P1. ¿Cómo se puede describir la situación actual sobre el terreno?

R1. Una nueva generación de palestinas y palestinos está siguiendo los pasos de las generaciones anteriores, levantándose en masa contra el brutal régimen de ocupación, colonialismo y apartheid israelí que lleva muchas décadas. Es otra fase de la lucha popular contra el terrorismo de Estado israelí.

Decenas de miles de palestinos y palestinas –predominantemente jóvenes– se han unido a las manifestaciones que tienen lugar en más de 65 pueblos, barrios y campos de refugiados de Palestina.

Es significativo que estas manifestaciones están teniendo lugar a lo largo y ancho de la Palestina histórica: en Cisjordania, en Gaza, y por parte de las ciudadanas y ciudadanos palestinos de Israel. Las comunidades de refugiados(as) palestinos(as) de los países árabes vecinos también se están movilizando. Algunas manifestaciones han convocado a más de 20.000 personas.

El levantamiento es liderado por una generación de valientes y jóvenes Davides palestinos que ya no se dejan intimidar por la brutalidad del Goliat israelí y están afirmando su derecho a la autodeterminación y a la libertad.

La respuesta de Israel es la represión feroz, basada en un uso abrumador de la fuerza militar y en el aumento de las ejecuciones para sofocar las protestas populares. Israel ha intensificado el aislamiento de y entre las zonas palestinas de Jerusalén, implementando nuevas y severas restricciones a la libertad de movimiento. Jabal al Mukabber, un barrio de Jerusalén, está siendo encerrado por un muro de cemento de cinco metros de altura. Al menos 12 rutas alrededor de Jerusalén Este  han sido cerradas y se han erigido 12 nuevos puestos de control alrededor de la ciudad. Además, con frecuencia se le impide a la población palestina desplazarse entre las principales ciudades de Cisjordania mediante puestos de control ad-hoc.

P2. ¿Por qué están creciendo las tensiones en este momento? ¿Qué ha llevado a esta situación?

R2. La opresión colonial y la resistencia a ella no pueden describirse exactamente como “tensiones”.

Este levantamiento popular encabezado por jóvenes, con el apoyo de todo el espectro político palestino, es una respuesta a la continua limpieza étnica, el bloqueo, los ataques racistas contra iglesias y mezquitas palestinas, la construcción de colonias, la demolición de casas y la deshumanización flagrante. Su desencadenante inmediato son las políticas de extrema derecha intensificadas por el gobierno más fanático, racista y dominado por los colonos de toda la historia de Israel.

In informe  de la Unión Europea filtrado a los medios en marzo de 2015 indicaba que estas políticas israelíes, especialmente en Jerusalén, han llevado a “un peligroso punto de ebullición” que no se había visto desde el final de la segunda intifada en 2005.

Inmediatamente después del fin de la masacre de 2014 en Gaza, Israel comenzó a escalar drásticamente sus políticas coloniales. Además del bloqueo de 8 años a 1.800.000 personas en Gaza, el desplazamiento acelerado de comunidades palestinas y la expansión de las colonias ilegales en Cisjordania, especialmente en Jerusalén, han empujado a la población palestina hacia bantustanes cada vez más reducidos y racialmente segregados. Por ejemplo, Israel ha comenzado su plan para trasladar por la fuerza a 27.000 palestinos(as) que viven en 46 comunidades del área C hacia tres “campos de reasentamiento” en otras localidades.

Sólo en agosto, las fuerzas de ocupación israelíes demolieron 145 estructuras palestinas en Cisjordania, desplazando a 208 personas. Según UNOCHA, éste fue el número más alto de estructuras demolidas en un mes en los últimos cinco años en Cisjordania. La misma agencia de la ONU informó que en lo que va de 2015 (hasta el 12 de octubre), 554 personas palestinas han sido desplazadas por demoliciones en Cisjordania ocupada, incluyendo Jerusalén Este, y otras 13.000 estructuras, principalmente en el área C, tienen orden de demolición.

Los crímenes diarios de Israel contra la población palestina en la Ciudad Vieja ocupada de Jerusalén y la reiterada profanación del recinto de la mezquita de Al-Aqsa por colonos mesiánicos que actúan con la aprobación del Estado, no dejaron lugar a dudas en la población palestina de que Israel se ha embarcado en lo que bien podría ser la fase final de la actual destrucción del statu quo en Jerusalén, con el objetivo explícito de “judaizar” la ciudad ocupada ilegalmente.

P3. ¿Cómo está reaccionando Israel a la resistencia popular palestina?

R3. La policía israelí, el ejército y turbas de colonos fundamentalistas han atacado salvajemente a manifestantes palestinos(as) y ejecutado a niños y jóvenes palestinos en la calle –incluso transeúntes– con plena protección y aquiescencia del poder judicial israelí.

Según la organización de derechos humanos palestina Al-Haq, 42 personas palestinas fueron asesinadas entre el 1º y el 19 de octubre, la mayoría de las cuales fueron baleadas por las fuerzas de ocupación durante las protestas. Más de 2000 han resultado heridas por gas lacrimógeno, balas de acero forradas en goma y munición letal.

Un informe del Monitor Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos ha detallado algunos de los asesinatos llevados a cabo por los militares israelíes, pidiendo a la ONU una investigación inmediata.

El ejército israelí está asesinando con el fin de aterrorizar a la población palestina. Fadi Alloun (19) se dirigía a su casa cuando fue asesinado por la policía israelí a instancias de una horda de judíos israelíes fanáticos.

Las nuevas leyes israelíes y una cultura dominante de odio y racismo, que ha sido alimentada en la sociedad israelí por el aparato estatal durante décadas, han permitido a las fuerzas de ocupación adoptar la política de disparar a matar contra niñas, niños y jóvenes manifestantes palestinos en situaciones en las que no representaban ninguna amenaza seria.

Nuevas reglas de “combate” permiten a la policía y a los soldados israelíes disparar a los manifestantes cuando exista una “amenaza a la vida humana”. Claramente, esta política no se aplica a las vidas de las y los manifestantes palestinos, ya que la clase política israelí sencillamente no los considera seres humanos.

Las fuerzas israelíes y las milicias judías mesiánicas con apoyo oficial, tales como las bandas de “etiqueta de precio” (Price Tag), han llevado a cabo ejecuciones y asesinatos arbitrarios de palestinos(as).

El linchamiento de hombres y mujeres jóvenes simplemente por “parecer árabe” está en aumento. Al igual que en la Sudáfrica del apartheid y en el Jim Crow del Sur en los EE.UU., cuando la víctima es palestina y el perpetrador es israelí, la justicia nunca actúa.

Las fuerzas de ocupación israelíes han estado practicando la encarcelación en masa para reprimir las manifestaciones, arrestando a 850 palestinos y palestinas, incluyendo 300 niños.

Alentados por la incitación al odio racial de los líderes israelíes (ver aquí y aquí), un gran número de israelíes están crecientemente celebrando y pidiendo más ataques y asesinatos de personas palestinas (aquí y aquí). Israel en su conjunto ha dejado caer la máscara, dejando al descubierto el verdadero rostro de su horrendo régimen de opresión colonial.

P4. ¿Por qué los palestinos acusan a Israel de emplear el “castigo colectivo”?

R4. Las organizaciones de derechos humanos palestinas e internacionales, incluyendo Amnistía Internacional, han condenado las numerosas y bien documentadas políticas israelíes de “castigo colectivo” contra la población civil palestina sometida a la ocupación. Esta política ha sido utilizada de forma regular por el poder ocupante para aplastar la resistencia palestina.

La semana pasada, un ministro israelí pidió la destrucción de todas las viviendas palestinas construidas sin permiso en Jerusalén Este ocupada, una amenaza que afecta a casi el 40 por ciento de la población palestina de la ciudad, debido a las restricciones de ordenamiento. Si bien esta política de demolición de viviendas –cuyo objetivo es reducir la población indígena palestina de Jerusalén– ha estado en ejecución desde hace décadas, el llamado a escalar dicha política por parte de ministros clave del gobierno actual es una prueba clara de castigo colectivo.

Armado él mismo, el alcalde de Jerusalén ha exhortado a los civiles judíos-israelíes a portar armas. Las turbas de judíos fundamentalistas armados que desfilan regularmente por las calles de Jerusalén ocupada coreando “Muerte a los árabes” y amenazando a la población civil palestina, ahora se sienten reivindicadas y protegidas por el alcalde de la ciudad (que no es reconocido como tal por las y los palestinos). Otras ciudades israelíes han expulsado a los trabajadores palestinos de las instituciones públicas y las empresas de construcción.

P5. ¿Cuál es la posición del BNC sobre la actual confrontación violenta, especialmente del lado palestino?

R5. La causa profunda de toda esta violencia es la prolongada ocupación y las reiteradas violaciones del derecho internacional por parte de Israel. Quienes estén sinceramente interesados en ver el fin de la violencia deberían trabajar para abolir el régimen israelí de opresión, tal como fue abolido el apartheid en Sudáfrica. De este modo se pondrá fin a la violencia inicial del opresor y, en consecuencia, a la resistencia del oprimido, sea violenta o no.

Encarcelar a millones de palestinos y palestinas en los bantustanes racialmente segregados de Cisjordania y Jerusalén Este, o en el campo de concentración de Gaza, y negarles sus derechos humanos fundamentales, es una receta infalible para la resistencia y la rebeldía colectiva.

P6. ¿No deberían los palestinos poner fin a la violencia para convencer al mundo de que realmente desean la paz?

R6. Como afirmó Josh Ruebner, de la Campaña de Estados Unidos para poner fin a la ocupación israelí:

“No existe ningún ejemplo en la historia de un pueblo brutalmente colonizado que acepte su destino sin devolver una pequeña medida de la violencia abrumadora infligida por el colonizador. Exigir a los palestinos que eviten la violencia mientras Israel sigue pisoteándoles es querer convertirlos en una excepción; es resignar ilegítimamente en su nombre su derecho a la libertad,  aceptando y afianzando la pretensión israelí de controlar permanentemente toda la Palestina histórica, y de hacer todo lo imaginable para borrar la existencia irrefutable del pueblo palestino y su resiliencia.”

La paz, desde la perspectiva del pueblo palestino y de todas las comunidades oprimidas del mundo, debe construirse sobre la justicia, y sólo puede sostenerse sobre la base de la igualdad de derechos para todas las personas, independientemente de su identidad. De lo contrario no es verdadera paz, sino sumisión a la opresión como destino. El movimiento anti-apartheid en Sudáfrica rechazó esa “paz”, y también lo hicieron el movimiento de derechos civiles en los EE.UU., las luchas anti-coloniales desde India hasta Argelia, las luchas contra las dictaduras y por la democracia desde Indonesia hasta Chile. El pueblo palestino anhela la libertad y la justicia tanto como cualquier otro pueblo oprimido.

P7. ¿Por qué las y los palestinos están preocupados por el “statu quo” en el recinto de la mezquita de Al Aqsa?

R7. Contrariamente a lo que afirma la propaganda israelí, esta ola de represión israelí y resistencia palestina no tiene nada que ver con los derechos “religiosas” judíos. Los palestinos están profundamente preocupados por los incesantes esfuerzos de Israel por destruir el acuerdo de “statu quo” al que se llegó tras la ocupación de Jerusalén Este por Israel en 1967 –y que reserva el recinto de al-Aqsa para el culto musulmán–, porque lo ven como un paso hacia el control israelí y la consiguiente eliminación de la población palestina de partes del santuario y de la Ciudad Vieja ocupada.

Esa preocupación palestina está bien fundada, porque en 1994 la violencia de los colonos judíos en la mezquita de Abrahán en Hebrón culminó en una masacre de fieles palestinos. En lugar de castigar a los asesinos, Israel los recompensó tomando el control de la mezquita y dividiéndola en secciones judía y musulmana, reservando ciertas calles sólo para los colonos judíos y, finalmente, ejerciendo el control exclusivo sobre la Ciudad Vieja de Hebrón –todo bajo el pretexto de la seguridad.

El actual gobierno israelí de extrema derecha está tratando de instigar una “guerra religiosa”, desatando el terror de grupos judíos mesiánicos contra lugares sagrados y hogares palestinos, tanto cristianos como musulmanes. Esto se hace cínicamente para encubrir la verdadera naturaleza del régimen de opresión colonial de Israel y recuperar algo de simpatía de la comunidad internacional, que está viendo cada vez más a Israel como un Estado paria, debido principalmente al rápido crecimiento del movimiento BDS.

En este contexto, el pueblo palestino ha reafirmado la naturaleza de su lucha de liberación nacional y ha resistido los intentos de dejarse arrastrar hacia la trampa del conflicto religioso. La solidaridad con Palestina sigue siendo tan inclusiva y antirracista como siempre.

P8. ¿Qué papel debería estar jugando la comunidad internacional?

R8. En momentos de severa represión, como vemos hoy en el territorio palestino ocupado y especialmente en la Ciudad Vieja de Jerusalén, las personas amantes de la paz en el mundo están llamadas a, primero y ante todo, acabar con la complicidad de sus respectivos goviernos, así como de las corporaciones, las instituciones, los sindicatos y los fondos de pensiones, en el mantenimiento del régimen israelí de ocupación, colonialismo y apartheid.

Las herramientas más eficaces para hacerlo se encuentran en el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), de liderazgo palestino, cuyos impactos impresionantes en los planos académico, cultural y económico en la última década lo están volviendo una tendencia internacional relevante.

Hoy el BDS tiene el crédito de haber contribuido a la dramática caída de la inversión extranjera directa en Israel en un 46% en 2014, y a la disminución de las exportaciones israelíes al territorio palestino ocupado en un 24%. Un estudio de la Corporación Rand predice que el BDS podría costarle a Israel decenas de miles de millones de dólares en los próximos 10 años.

El BDS está presionando a Israel para que rinda cuentas a través de una campaña global estratégica, moralmente coherente e innegablemente efectiva. Unirse al movimiento es la forma de apoyo más eficaz y éticamente correcta para construir una paz justa y duradera que esté en armonía con el derecho internacional y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Fuente: http://www.bdsmovement.net/2015/preguntas-frecuentes-sobre-la-resistencia-popular-palestina-13451#sthash.U3qINc0z.dpuf

Masiva concentración frente a Embajada de Israel en Chile en apoyo a Intifada palestina

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Este viernes 23 de octubre, alrededor de las 18:30 horas, un gran grupo de personas se congregó en las afueras de la Embajada de Israel en Chile en apoyo a la causa palestina, y en particular en apoyo a la Tercera Intifada (levantamiento popular) que se está desarrollando en aquellas tierras, y en repudio a la serie de acciones represivas que está llevando a cabo el Estado de Israel, que ya ha asesinado a 52 palestinos en lo que va en este mes de octubre.

La actividad intentó ser impedida por parte del Centro Simon Wiesenthal, el cual envió previamente una misiva a la presidenta Michelle Bachelet para que tomara medidas respecto a lo que consideraban sería un “peligro para el orden público”, y que se trataría de la “exportación de la violencia de Oriente Medio en América Latina”. Sin embargo la convocatoria logró ser igualmente masiva, y a diferencia de lo señalado por el centro Simon Wiesenthal, se trató de una manifestación completamente pacífica.

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Una vez congregada la multitud en el sector de El Bosque Norte con San Sebastián, comuna de Las Condes, dirigieron palabras de apoyo de parte de algunas de la 26 organizaciones que adhirieron a la convocatoria. Estas alocuciones, principalmente reivindicaron el proceso de resistencia que esta llevando a cabo el pueblo palestino, además de condenar la ocupación, la represión, el sistema de apartheid y de colonización que ha estado llevando de forma sistemática el Estado de Israel en contra de los palestinos. Intervenciones que fueron amenizadas por lecturas de poemas y de cantos en torno a la resistencia y lucha del pueblo palestino.

Entre las intervenciones más destacadas se pueden contar la que realizó la coordinadora Meli Wixan Mapu, que mostró el apoyo y la solidaridad desde el pueblo mapuche, que vive una situación común al pueblo palestino, siendo oprimidos por el estado chileno, y que también se mantienen en lucha y resistencia. Del mismo modo, el Comité de Amistad Chilena con los Saharaui, además de reivindicar la lucha por la liberación palestina, trazaron lineas comunes entre dicha lucha, y la que está llevando el pueblo saharaui en contra del Estado de Marruecos.

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Pero quizás la intervención más destacada fue la realizada por dos jóvenes judíos antisionistas, quienes fueron enfáticos y claros en su condena a las acciones realizadas por el Estado de Israel que, en visión de ellos, se ha comportado como un estado opresor y fascista en contra del pueblo palestino. Mención especial tuvo en sus discursos, lo señalado por Benjamin Netanyahu respecto a que el responsable del Holocausto no fue Hitler, sino el lider palestino, el mufti de Jerusalén Haj-Amin-al-Hussein. A esto opinaron que era distorsionar la historia y que era una burla para la memoria del Holocausto. Finalmente señaló uno de los jóvenes que el sionismo corresponde a una lectura errada y acomodaticia del judaísmo.

Embajada Stgo 23 oct 2015

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Finalmente, desde la agrupación Jóvenes Por Palestina dieron las palabras finales, agradeciendo la altísima convocatoria para un día viernes en la tarde, y llamando a fomentar el plan de Boicot, Desinversión y Sanción en contra de Israel, además de invitar a participar a las demás actividades que se realicen en apoyo al pueblo palestino.

Fuente: http://www.radiovillafrancia.cl/

La colonización israelí es la raíz de la violencia

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La actual intifada es el resultado de la ocupación y de la expansión de la colonización judía

colonisation

Por Ilan Pappé.

En medio de lo que se ha llegado a conocer en Israel como la “Intifada de los acuchilladores”, tuvo lugar una escena poco usual en Ramat Gan, donde muchos de los residentes son judíos iraquíes. Una mujer menuda estaba protegiendo a un hombre que yacía en el suelo y era perseguido por una turba, incluidos algunos soldados, que quería lincharlo.

Mientras yacía en el suelo, le pulverizaron gas pimienta a los ojos a quemarropa. Logró murmurar a su ángel guardián: “Soy judío”. Cuando la turba terminó por comprender el mensaje lo dejaron solo.

Lo persiguieron porque casi todos los judíos iraquíes se parecen a los palestinos; de hecho, la mayoría de nosotros, los judíos de Israel, nos parecemos a los palestinos. Los únicos judíos que están “protegidos” son los judíos ortodoxos mizrajíes que se ponen las mismas vestimentas que sus predecesores asquenazís usaban en la Europa del siglo XVII, dejando de lado su tradicional vestimenta “árabe”.

Gente invisible

Este ataque no fue el único. Otros judíos árabes han sido confundidos con palestinos. Ser considerado árabe en Israel, incluso por la apariencia, significa que eres uno de los invisibles y prescindibles nativos sin derechos.

Una actitud semejante no es única en la historia. Muchas sociedades de asentamientos coloniales adoptaron esta actitud hacia los nativos: Los nativos, para las sociedades de asentamientos coloniales, constituyen un obstáculo que hay que remover junto con las rocas en los campos, los mosquitos en los pantanos y, en el caso del sionismo temprano, junto a los judíos menos adecuados física y culturalmente.

Después del Holocausto, el sionismo ya no se pudo permitir ser tan exigente.

Cuando se analizan los orígenes de la actual intifada, se pueden señalar correctamente la ocupación y la expansión de la colonización judía.

Pero la desesperación que ha producido la actual agitación no es un resultado directo de la colonización de 1967, sino más bien de 100 años de invisibilidad, deshumanización y destrucción potencial del pueblo palestino dondequiera que se encuentre.

Cuán profundamente esta negación de la humanidad de los nativos de Palestina se arraiga en el actual discurso político israelí se pudo ver en los dos discursos principales del primer ministro Benjamín Netanyahu y del líder de la oposición Yitzhak Herzog, pronunciados el martes en la Knéset [Parlamento israelí].

Netanyahu explicó muy bien por qué la desesperación palestina producirá más y más intifadas en el futuro y por qué la deslegitimación internacional de Israel aumentará exponencialmente.

Describió 100 años de colonización como un proyecto digno al que sin causa alguna, fuera de la incitación islámica, se oponía el pueblo nativo de Palestina.

El mensaje a los palestinos era claro. Aceptad vuestra suerte como reclusos invisibles, sin ciudadanía, de la mayor prisión del mundo en Cisjordania y en la Franja de Gaza y como comunidad bajo un severo régimen de apartheid, y entonces todos podremos vivir en paz. Cualquier intento de rechazar esta realidad es terrorismo de la peor clase y se tratará como corresponde.

Dentro de esta narrativa, si el autor del discurso intentaba calmar las preocupaciones del mundo musulmán sobre la suerte de al-Haram al Sharif (el Noble Santuario), logró todo lo contrario. Gran parte de su discurso sobre al-Haram al-Sharif fue una lección de historia sobre por qué el lugar pertenece al pueblo judío.

Y aunque terminó esa parte del discurso con la promesa de no cambiar el statu quo, no se puede decir que la presencia de los dirigentes de un partido que cree fuertemente en la necesidad de construir un tercer templo en el lugar sea particularmente tranquilizante.

 «Nunca juntos»

En su discurso, Herzog, el líder de la oposición liberal sionista, manifestó la deshumanización de los palestinos de una manera diferente. Su pesadilla, subrayó repetidamente, es un país en el cual judíos y palestinos vivirían juntos.

Por ello la separación, la creación de guetos y enclaves, es la mejor solución, incluso si significa reducir un poco el gran Israel. “Estamos aquí y ellos están allá”, repitió el famoso eslogan de Ehud Barak y Shimon Peres a fines de los años 90.

El periodista liberal sionista de Haaretz, Barak Ravid, repitió el horror de los sionistas liberales: Si hay un Estado binacional, los acuchillamientos serán diarios, advirtió. La idea de que un Israel/Palestina liberado sea una democracia para todos nunca ha estado en el programa liberal sionista.

Este deseo de no compartir la vida con cualquier cosa que huela a árabe es una actitud que afecta a diario a cada palestino. Más de un siglo de colonización y nada ha cambiado en la negación total de la humanidad de los palestinos nativos o sobre su derecho a su país.

La actual ola de protestas y ataques individuales fue provocada por la política y las acciones israelíes contra la Mezquita Al-Aqsa. Pero el origen es una atrocidad de un siglo de duración: el creciente «culturicidio» de Palestina.

El mundo occidental se quedó horrorizado por la destrucción de las antiguas joyas culturales por el Estado Islámico (EI-ISIL-Daesh). La destrucción y eliminación por parte de Israel del patrimonio islámico de Palestina fue mucho más amplia y significativa. Apenas una mezquita se mantuvo intacta después de la Nakba y muchas de las restantes fueron convertidas en restaurantes, discotecas y granjas.

Cualquier intento de los palestinos de resucitar su patrimonio teatral y literario es considerado por Israel como una conmemoración de la Nakba y es ilegalizado si es realizado por cualquiera que dependa de subsidios gubernamentales.

Lo que vemos –y seguiremos viendo– en Palestina, es la lucha existencial del pueblo nativo de un país que todavía está bajo amenaza de destrucción.

Ilan Pappe es director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter. Ha publicado 15 libros sobre Oriente Próximo y la cuestión palestina.

Traducido para Rebelión por Germán Leyens.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2015/10/israeli-colonisation-root-violence-palestine-151019142927288.html y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=204781

Por qué quiere Netanyahu exonerar a Hitler de su responsabilidad en el Holocausto

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Por Alí Abunimah.

Benjamín Netanyahu ha afirmado públicamente que Adolf Hitler no tenía intención de exterminar a los judíos europeos hasta que un palestino le convenció para que lo hiciera.

El intento del primer ministro israelí de exonerar a Hitler y colocar la culpa del Holocausto en las puertas de los palestinos es una muestra más de su incitación a la violencia y la demonización de un pueblo que vive bajo el dominio colonial y militar de Israel.

También supone una curiosa negación del Holocausto.

En un discurso ante el Congreso Sionista Mundial celebrado en Jerusalén el martes, Netanyahu afirmó que Hach Amín al Huseini convenció a Hitler para que llevara a cabo el exterminio de seis millones de judíos.

Al Huseini fue el Gran Muftí de Jerusalén, la más alta autoridad confesional sobre temas religiosos pertenecientes a la comunidad musulmana y a los santos lugares durante los años 20 y 30 del siglo XX, cuando Palestina estuvo bajo el dominio británico.

Fue nombrado para ese papel por Herbert Samuel, confeso sionista que fue el primer Alto Comisionado británico de Palestina.

En el vídeo que aparece al principio, Netanyahu dice que Al Huseini “tuvo un papel central en el fomento de la solución final. Voló a Berlín. En ese momento, Hitler no quería exterminar a los judíos, solo quería expulsarles. Y Hach Amín al Huseini le dijo a Hitler: ‘Si les expulsas, vendrán todos aquí’ [a Palestina]. ‘¿Qué debo hacer, entonces, con ellos?’, le preguntó Hitler. ‘¡Quemarlos!’, le respondió Al Huseini”.

No existe ningún registro de semejante conversación y Netanyahu no ha proporcionado ninguna prueba de que haya tenido lugar.

El Muftí se reunió con Hitler en una ocasión, pero esa conversación de 95 minutos tuvo lugar el 28 de noviembre de 1941. Huseini buscó el apoyo del Führer a la independencia árabe, como explica el historiador Philip Mattar en su libro The Mufti of Jerusalem.

Por entonces, los planes de Hitler para exterminar a los judíos estaban ya en marcha.

Las órdenes de Hitler

En su obra clásica de historia La guerra contra los judíos, Lucy Davidowicz escribe sobre los preparativos de los principales lugartenientes de Hitler para llevar a cabo el genocidio: “En algún momento del agitado verano de 1941, quizá en mayo, Himmler convocó a Höss [sic] a Berlín y, en privado, le dijo que ‘el Führer había dado la orden de una Solución Final de la Cuestión Judía’ y que ‘nosotros, las SS, debemos cumplir la orden’”.

Y añade: “A finales del verano de 1941, dirigiéndose a los hombres de los Einsatzkommandos reunidos en Nikolaiev, él [Himmler] les reiteró la orden de liquidación y señaló que los dirigentes y los hombres que tomaran parte en la liquidación no tendrían ninguna responsabilidad personal en la ejecución de esta orden. La responsabilidad era solo suya y del Führer”.

Davidowicz explica también que “en el verano de 1941, se puso en marcha una nueva empresa, la construcción del Vernichtungslager, el campo de exterminio. Dos civiles de Hamburgo llegaron a Auschwitz ese verano para enseñar al personal cómo manejar el Zyklon B y en septiembre, en el famoso Bloque 11, se llevaron a cabo las primeras gasificaciones de 250 pacientes del hospital y de 600 prisioneros de guerra rusos, probablemente comunistas y judíos…”.

Según la versión fabricada de la historia de Netanyahu (que, además, niega el Holocausto), nada de esto debería haber pasado. ¡Fue todo idea del Muftí!

El Muftí en la propaganda sionista

¿Por qué trae Netanyahu a colación al Muftí en estos momentos y, de paso, exonera a Hitler?

La falsa afirmación de que el Muftí tuvo que convencer a unos nazis reacios para que mataran judíos ha sido promovida por otros propagandistas antipalestinos, especialmente por el ya jubilado Alan Dershowitz, profesor de derecho de Harvard.

Como ha señalado el profesor de la universidad de Columbia Joseph Massad en su libro La persistencia de la cuestión palestina (2006), Hach Amín al Huseini ha sido durante mucho tiempo un tema favorito de la propaganda sionista e israelí.

Huseini “proporcionó a los israelíes su mejor propaganda vinculando a los palestinos con los nazis y el antisemitismo europeo”, observa Massad.

El Muftí huyó de la persecución británica y se refugió en Alemania durante los años de la guerra.

Massad escribe que Al Huseini “intentó obtener de los alemanes la promesa de que no apoyarían el establecimiento de un Hogar Nacional Judío en Palestina. Los documentos que la Agencia Judía exhibió en 1946, con la pretensión de mostrar que el Muftí tuvo un papel en el exterminio de los judíos, no muestran tal cosa; lo único que estas cartas sin firma del Muftí muestran es su oposición a que se permitiera a los judíos de la Alemania nazi y de Rumanía emigrar a Palestina”. Sin embargo, sigue diciendo Massad, “el Muftí sigue siendo presentado por los propagandistas israelíes como alguien que participó en el exterminio de los judíos europeos”.

Citando a Peter Novick, profesor de historia de la universidad de Chicago, autor de El Holocausto en la vida americana, Massad observa que en los cuatro volúmenes de La enciclopedia del Holocausto, patrocinada por Yad Vashem, la institución oficial israelí constituida en memoria de las víctimas del Holocausto, “el artículo sobre el Muftí es el doble de largo que los artículos dedicados a Goebbels y Göring, y mucho más largo que los artículos sobre Himmler y Heydrich juntos”. La entrada dedicada a Hitler es solo un poco más larga que la de Huseini.

En un artículo publicado por Al Yazira en 2012, Massad explica que “el sionismo ha reconstruido la lucha palestina contra la colonización judía no como una lucha anticolonial, sino como un proyecto antisemita”.

Parte esencial de la mitología sionista

La historia del Muftí se ha convertido en una parte esencial de la versión sionista de la historia palestina, que deja de lado un hecho básico: el infame acuerdo del movimiento sionista con el régimen de Hitler en 1933.

El llamado Acuerdo de Transferencia facilitó la emigración de judíos alemanes a Palestina y rompió el boicot internacional a los productos alemanes lanzado por los judíos estadounidenses.

Massad explica:

Desesperado por convencer a Gran Bretaña para que dejara de apoyar el proyecto colonial sionista y horrorizado por la colaboración nazi-sionista, que reforzó aún más el robo sionista de Palestina, el líder elitista y conservador palestino Hach Amín al Huseini —que inicialmente se opuso a la revuelta campesina palestina de 1936 contra la colonización sionista— intentó convencer a los nazis para que no apoyaran la inmigración judía a Palestina, que ellos habían promovido a través del Acuerdo de Transferencia con los sionistas en 1933.

De hecho, el Muftí inició los contactos diplomáticos con los nazis a mediados de 1937, cuatro años después de que hubiera comenzado la colaboración nazi-sionista.

Irónicamente, Massad añade:

Fueron los mismos colaboradores sionistas con los nazis los que posteriormente demonizaron a Huseini, presentándole a comienzos de los años 50 —hasta hoy— como un hitleriano de proporciones genocidas, a pesar de que su limitado papel terminó siendo el de un propagandista radiofónico de los nazis ante los musulmanes de la Unión Soviética y el Este europeo.

Hay que tener en cuenta que muchos movimientos nacionalistas del Tercer Mundo colonizado por los británicos simpatizaron con los nazis, incluyendo los nacionalistas indios. Esto se debió, principalmente, a la enemistad existente entre los nazis y los británicos, y no a alguna inexistente afinidad con la ideología racista de los nazis. Fue sin duda en este sentido que el Partido del Congreso indio se opuso a la declaración de guerra británica contra Alemania, como explica Perry Anderson en La ideología india.

De hecho, el Muftí dejó claro a los alemanes, así como al gobierno fascista de Benito Mussolini en Italia, como declara Mattar, que quería “la plena independencia de todas las partes del mundo árabe y el rescate de Palestina de las manos del imperialismo británico y del sionismo. Insistió en que la lucha contra los judíos no era de naturaleza religiosa, sino por la supervivencia palestina y por una Palestina independiente”.

El hecho de que Huseini se reuniera con Hitler y tuviera relaciones con los nazis no es un secreto. Pero las invenciones de Netanyahu y otros sionistas deben ser vistas como lo que son: un intento de culpar a los palestinos del genocidio de los judíos europeos en base a mentiras y, de paso, un intento de borrar de la memoria la historia de la colaboración del sionismo con el régimen genocida de Hitler.

Esta despreciable propaganda no tiene otro propósito que deshumanizar más aún a los palestinos y justificar el asesinato y la limpieza étnica perpetrados por Israel.

El intento de Netanyahu de culpar a los palestinos del Holocausto es él mismo una forma de incitación al genocidio.


Alí Abunimah es cofundador de The Electronic Intifada y autor de The Battle for Justice in Palestine. También ha escrito One Country: A Bold-Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse.

Fuente: Why is Benjamin Netanyahu trying to whitewash Hitler?, The Electronic Intifada, 21/10/2015

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Fuente: Blog Disenso.

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