Archivo del Autor: losotrosjudios

La mujer que rescata sonrisas en el checkpoint

Galería

Brasil no quiere empresa de «seguridad» israelí en Río 2016, por violación a los DD. HH.

Estándar

La empresa israelí ISDS ha sido contratada por 2.200 millones de dólares para proporcionar la seguridad en las Olimpiadas de Brasil 2016. El historial de esta compañía está íntimamente ligado a la represión de los pueblos palestino y latinoamericano, habiendo colaborado con dictaduras de la región.

ISDS y Río2016

El 22 de octubre el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Río 2016 anunció la elección de la empresa israelí ISDS como empresa “integradora” de la seguridad de los Juegos Olímpicos. Los medios informaron que el contrato incluye:

  • Como “integradora” de todo el sistema de seguridad (gastos totales de 2.200 millones de dólares), ISDS creará los planes de “seguridad” y monitorización que serán implementados en toda la ciudad durante los Juegos. ISDS entrenará al personal de seguridad y proporcionará equipos de control como escáneres y otros.
  • El logo de ISDS ocupará un espacio publicitario durante Río2016 por valor de 20 millones de reales (más de 6.2 millones de euros).
  • El vicepresidente de ISDS Ron Shafran explica que la compañía ofrecerá soluciones a problemas de “inteligencia”, “control de multitudes”, seguridad de grandes espacios, etc.

Ron Shafran declaró que ya cuentan “con equipos operando en Brasil, y que ya actuaron allí extraoficialmente [sic] durante el verano pasado en la Copa del Mundo”. ISDS también provee servicios de seguridad a Petrobras e Itaipú.

Empresa líder en crímenes contra la humanidad

Misión y servicios

Fundada en 1982, ISDS se enorgullece del hecho de haber sido fundada por exagentes del Mossad. El fundador y director actual es Leo Gleser, un excoronel de las fuerzas armadas israelíes. Se dice que entre las personas con las cuales ISDS ha trabajado en el pasado figuran algunas como Gerard Lachtanian, un traficante de armas armenio involucrado, entre otros, en el golpe de Estado de Honduras en 1984; Yehuda Leitner y Emile Sa’ada, antiguos miembros del ejércitos israelí, que muchos dicen haber desempeñado un papel en el caso Irán-Contras. Zelaya, el presidente de Honduras, informa que las armas utilizadas por los golpistas, proporcionadas por ISDS, fueron entregadas por empresas de Yehuda Leitner.

En una carta de presentación para los militares de Guatemala el 30 de abril de 1985, Sammy Sapyr, entonces director de la oficina guatemalteca de ISDS, describió que los servicios de la empresa incluyen: entrenamiento antiterrorista, formación de escuadrones antiterrorismo, vigilancia electrónica y colecta de informaciones, y la venta de armas, helicópteros y aviones. También ofrecía un curso de “terrorismo selectivo” bajo el título genérico de “formación a militares”. Además de esto, ISDS se especializó en interrogatorios y supervisión de presos en América Latina (en el contexto de las dictaduras ligadas a ISDS, esto significa torturas y detenciones ilegales).

La empresa está vinculada al Estado de Israel y forma parte del sistema de intervención militar israelí. Yossi Melman explica el funcionamiento de este sistema en un artículo escrito para el diario israelí Haaretz: “El Ministerio de Defensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores o el Mossad reciben un pedido para proporcionar consultoría de seguridad o para entrenar fuerzas militares o de seguridad para el gobernante de un país, generalmente un tirano. Como las autoridades no pueden o no van a ayudar a este presidente directamente, y ven su petición tan importante para promover la seguridad y los intereses políticos, piden a una empresa privada prestar los servicios solicitados”.

Y, según Carl Fehlandt, un exvendedor de armas de ISDS en Guatemala entre 1982 y 1986, “el gobierno israelí controla ISDS y quien reparte las cartas es el Ministerio de Defensa”.

Operaciones y experiencias en América Latina

Según informes de prensa, sólo en América Latina ISDS ha estado envuelta al menos en el apoyo de las siguientes dictaduras y golpes de Estado:

Honduras

Entre 1981 y 1984, ISDS formó en Honduras tanto a guardaespaldas del presidente Roberto Suazo Córdova como a los hombres del general Gustavo Álvarez Martínez, jefe de las fuerzas armadas y promotor de la guerra sucia contra la izquierda hondureña. Gleser, de ISDS, contrató a los exmiembros del ejército israelí Yehuda Leitner y Emile Sa’ada para ayudar a entrenar a los miembros del conocido “Batallón 3-16″ de Gustavo Álvarez Martínez, escuadrón de la muerte privado del general.

Se acusa a ISDS de estar involucrada en la desaparición de 191 personas durante el golpe contra el presidente Zelaya de 2009. Además, se señala que ISDS proporcionó armas a Yehuda Leitner que más tarde fueron utilizadas contra la embajada brasileña.

El Salvador

Autorizada por el gobierno israelí, ISDS habría proporcionado instructores y vendido material militar al gobierno de El Salvador para formar unidades especiales contra la guerrilla de izquierda.

Guatemala

Además de la carta de presentación de ISDS a los militares guatemaltecos reproducida en los medios, el propio general Ríos Montt declaró a un periodista de la cadena de televisión ABC que el golpe que lo llevó al poder tuvo tanto éxito “porque muchos de nuestros soldados fueron entrenados por Israel”.

Nicaragua

El general hondureño Walter López Reyes informó que los hombres de ISDS entrenaron a los Contras nicaragüenses en la base de Tamara, cerca de Tegucigalpa.

Venezuela

ISDS suministró servicios de seguridad a petroleras venezolanas poco tiempo antes del golpe fracasado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez.

Brasil

ISDS fue acusada de haber suministrado armas a Yehuda Leitner que fueron utilizadas contra la embajada de Brasil en Honduras, donde se refugió el presidente Zelaya. Con una tecnología nueva, las armas químicas provocaron diarrea, vómitos, hemorragias nasales y problemas gastrointestinales.

Los periodistas Peru Egurbide y Ferran Sales afirman que ISDS también trabajó en México, Perú y Ecuador, este último durante el gobierno de León Febres Cordero.

Teniendo en cuenta para quién trabaja, el hecho de que Leo Gleser diga que “nunca rompí la ley” vale muy poco.

En defensa de la lucha de los pueblos

ISDS es, al mismo tiempo, un símbolo de los crímenes contra el pueblo palestino y contra los pueblos latinoamericanos.

El contrato de Río2016 con ISDS viola:

  • El llamamiento al Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel. En 2005 la sociedad civil palestina inicó el movimiento internacional de BDS como forma eficaz y concreta de apoyo a la causa palestina y en la defensa de los Derechos Humanos.
  • El llamamiento al embargo militar a Israel. En 2011 la sociedad civil palestina publicó un llamamiento al embargo militar contra Israel para fortalecer esa campaña central en el marco del BDS.

Fuente: Fora ISDS! – Símbolo Dos Crimes Contra O Povo Palestino E Os Povos Latino-Americanos, Stop the Wall, 28/11/2014.

http://boicotisrael.net/bds/rio-2016-isds-represion-palestina-latinoamerica/

El corazón de Jenin. Documental para Semana Santa y Pesaj.

Estándar

Ahmed

El Corazón de Jenin es la historia de Ahmed Khatib, un niño palestino de doce años que fue asesinado por soldados israelíes mientras jugaba con una pistola de juguete en un campamento de refugiados palestino en Jenin. En el plazo de doce horas su padre tomó la decisión de donar seis de sus órganos para salvar la vida de seis niños y niñas. El corazón de Ahmed late ahora en el cuerpo de una niña judía, de padres ultraortodoxos. Ha pasado un año y medio desde que Ismail donó los órganos de su hijo y hace un viaje por los territorios ocupados visitando a las familias beneficiarias para saber cómo les ha cambiado la vida.

 

Fuente: http://trastosdecris.blogspot.com/2011/06/el-corazon-de-jenin-terrible-y-hermoso.html

Similitudes entre el apartheid en Israel y Sudáfrica

Estándar

apartPor Ben White.

22/7/2013·. A medida que el mundo reflexiona sobre el legado de Nelson Mandela y su lucha contra el apartheid en Sudáfrica, algunos han recordado su famosa observación: «Sabemos muy bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad de los palestinos.»

Ese vínculo especial entre dos pueblos y sus luchas nacionales  ha contribuido a aumentar los esfuerzos sudafricanos para cuestionar los continuos abusos de derechos humanos y la sistemática discriminación a la que son sometidos los palestinos.

Hace unas semanas, el embajador de Sudáfrica en Israel aprovechó la oportunidad de su partida para criticar las políticas israelíes como una «réplica del apartheid». Ismail Coovadia también rechazó un regalo de 18 árboles plantados en su nombre por el Fondo Nacional Judío, una organización que ha desempeñado un papel importante en el desplazamiento de los palestinos.

No muchos países tienen embajadores que hablen de sus políticas en términos de apartheid. Viniendo de un diplomático sudafricano respetado, la afirmación es aún más dolorosa. Es un reflejo de cómo los políticos de Sudáfrica y de la sociedad civil han adoptado cada vez más la solidaridad con los palestinos y tomado la delantera en cuanto al  BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) e iniciativas relacionadas.

Pretoria ha exigido el etiquetado de los productos de los asentamientos, a pesar de una importante presión para no hacerlo. También ha habido notables expresiones de apoyo al boicot palestino en las universidades y los sindicatos.

Esto sucede mientras las políticas de Israel hacia los palestinos son calificadas, cada vez con mayor frecuencia, en términos de apartheid por los observadores en Palestina e Israel y a nivel internacional.

En Sudáfrica existe el recuerdo de la histórica relación de Israel con el régimen del apartheid. Un punto de referencia excelente es el libro ‘The Unspoken Alliance: Israel’s Secret Relationship with Apartheid South Africa’de Sasha Polakow-Suransky, que explora los lazos entre Israel y el régimen sudafricano de la época.

La relación de Israel con el régimen del apartheid comenzó  a mediados de los años 1970, con el intercambio dela tecnología militar e inteligencia. Para algunos funcionarios de ambos lados, había también un componente ideológico. El  Primer Ministro Sudafricano Hendrik Verwoerd, afirmó que «los judios tomaron Israel a los árabes después que los árabes habían vivido allí durante 1.000 años. Israel, como África del Sur, es un Estado de apartheid».

Durante un período de unos 15 años, los ejemplos de la estrecha relación incluyeron un pacto en 1975 firmado por Shimon Peres y el entonces ministro de Defensa sudafricano PW Botha, y la colaboración de la industria de defensa israelí con el régimen de apartheid para eludir las sanciones internacionales. «La colaboración con el régimen racista de Sudáfrica» ​​por parte de Israel fue condenada en la Asamblea General de la ONU.

Sin embargo, lo que realmente ha golpeado a muchos en Sudáfrica y en otros lugares, son las similitudes entre el sistema de apartheid allí instaurado y las actuales políticas de Israel hacia los palestinos.

En 2002, el arzobispo Desmond Tutu escribió un artículo llamado ‘Apartheid en Tierra Santa’, y dijo que en su reciente viaje a Palestina / Israel había recordado «mucho de lo que nos pasó a los negros en Sudáfrica». En 2007, el Relator de Derechos Humanos de la ONU, John Dugard, profesor jurídico de Sudáfrica y experto apartheid, dijo que «las leyes y prácticas de Israel» en los territorios ocupados «sin duda se asemejan en muchos aspectos al apartheid».

El elemento común de ambos sistemas es la consolidación y la aplicación de la desposesión, asegurar el control, acceso a la tierra y a los recursos naturales para un grupo a expensas de otro. Sin embargo, también hay diferencias importantes.

Mientras que el sistema de apartheid requería el trabajo de los sudafricanos de color, en las colonias sionistas en Palestina se considera a la población local no judía de manera muy diferente: como un grupo que debe ser expulsado y no explotado. La razón por la que hay hoy en día, dentro de las fronteras anteriores a 1967 de Israel, una mayoría judía es porque la mayoría de los palestinos que hubieran sido ciudadanos del nuevo estado fue objeto de una limpieza étnica, sus aldeas destruidas y sus tierras expropiadas.

Aunque hay muchos ejemplos de segregación de hecho y la discriminación institucionalizada en Israel antes de 1967, la comparación del apartheid realmente comenzó a tomar fuerza cuando Israel amplió su colonización y control de la Cisjordania ocupada y la Franja de Gaza.

El apartheid era, en cierto modo, un «Plan B»: una forma de mantener la hegemonía y el control judío – la protección de la etnocracia – cuando directamente, las expulsiones en masa no era una opción factible.

Un académico israelí, Oren Yiftachel, ha descrito la situación en Israel y los Territorios Ocupados – hablando de ellos como una sola unidad – como un «apartheid progresivo», en el sentido que con el tiempo ha surgido un estado de facto desde el río Jordán hasta el Mar Mediterráneo, en el que se les niega o se les concede diferentes derechos a los árabes y palestinos, por medio de ​​en tarjetas de identificación, localización, etc

La ocupación israelí de la Ribera Occidental, que en 2017 cumplirá medio siglo, se ha convertido en un complejo sistema de control y exclusión, con colonos judíos que viven entre los palestinos ‘no ciudadanos’ y cuya libertad de vivir en su propia tierra es gestionada por un sistema de apartheid y una burocracia de «permisos» y los obstáculos físicos.

Irónicamente, fue durante el llamado ‘proceso de paz’ de Oslo que los elementos de la comparación con el apartheid sudafricano empezaron a ser aún más claros.

En 1984, Desmond Tutu escribió que los territorios autónomos – bantustanes – promovidos por el régimen del apartheid sudafricon fueron privados de «integridad territorial o esperanza de viabilidad económica». Eran, escribió, simplemente «territorios fragmentados y discontinuos, que se encuentra en áreas improductivas y marginales del país» con «ningún control» sobre los recursos naturales o el acceso a las «aguas territoriales». Esto podría haber sido escrito hoy sobre los Territorios Ocupados en Palestina.

No solamente los métodos de represión israelí tienen paralelismos con el régimen histórico en Sudáfrica, políticas condenadas el año pasado por el Comité de Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Discriminación Racial en términos de «segregación» y como un incumplimiento de la prohibición de «apartheid « (PDF). Israel en el año 2013 se hace eco de los diplomáticos de Pretoria en los días pasados ​​cuando se trata de propaganda.

Así, por ejemplo, al igual que en los años 1970 y 1980, hoy el ministerio israelí de Asuntos Exteriores afirma que un boicot a los productos producidos en los asentamientos perjudica ante todo a los  trabajadores palestinos. Aún más revelador es que algunos políticos y figuras públicas israelíes, den hoy la voz de alarma acerca de las tasas de natalidad palestina, la igualdad y la perspectiva de una solución de un solo estado democrático en términos de «suicidio nacional», el mismo discurso utilizado por los apologistas del apartheid en Sudáfrica.

Para los sudafricanos, cuyo recuerdo del apartheid sigue intacto, Israel es un objetivo no sólo porque es un ejemplo que de un sistema repudiado, sino porque para la población indígena colonizada, el apartheid de hoy es peor. El editor de un periódico sudafricano, Mondli Makhanya, lo recalcó en 2008 después de un viaje a Oriente Medio: «Me parece que a los israelíes les gustaría que los palestinos desaparecieran. Nunca hubo nada de eso en nuestro caso. Los blancos no esperaban hacer desaparecer a los negros».

De los combatientes veteranos y líderes como Nelson Mandela, Desmond Tutu y Ronnie Kasrils, a los activistas de derechos humanos que trabajan en iniciativas como BDS Sudáfrica y Open Shuhada Street, algunas de varias campañas en favor de los derechos palestinos, hay un reconocimiento que los palestinos se enfrentan a una lucha por la dignidad, la igualdad – y la vida misma – similar a la que una vez se llevó a cabo, y se ganó, en Sudáfrica.

Acerca del Autor

Ben White es un periodista independiente y autor del libro ‘Apartheid israelí: una guía para principiantes’ y ‘Los palestinos en Israel: segregación, discriminación y democracia’

Manitiene un blog con artículos y análisis sobre Palestina e Israel en benwhite.org.uk

En Twitter: @benabyad

Fuente: Israel’s similarity to South Africa’s apartheid is more than skin-deep

Ilustración de Mandela por Pep Montserrat

Ben White – Traducción: Palestinalibre.org

Bernarda Alba en Palestina

Estándar

«Cuando llegué a vivir a Belén, Palestina, lo primero que me llamó la atención fue su población, tan lejos de los prejuicios a los que nos tienen sometidos la mayoría de los medios de comunicación, así como de la propaganda de todo tipo contra este pueblo que lo único que quiere es que les concedan su legítimo lugar en el mundo.
Cuando Eva Chaves, la profesora de español de la Universidad de Belén, me habló de representar una obra nos pusimos a ello, «La casa de Bernarda Alba» era perfecta y además solo se habían presentado mujeres a la convocatoria. La dificultad añadida era que la tenían que representar en español. Yo me apunté a actuar también, me parecía que era la mejor manera de acercarme a las chicas. Y luego tenía mi cámara, algo básico de sonido y decidí lanzarme, sabía que las limitaciones técnicas eran todas, éramos dos, mi cámara y yo, pero con muchas ganas de acercarnos lo más posible a estas mujeres inteligentes, guapas, alegres, buenas y con sueños a pesar de la realidad que las mantiene encerradas»
Bernarda Alba en Palestina ha sido seleccionada en números Festivales y esto me pone muy contenta ya que muchas personas han podido conocer a estas magníficas mujeres.

Cristina Andreu

N.de la R.: La distancia entre Belén y Jerusalén es de 10 km, pero para los pocos palestinos que pueden ir es toda una humillación de permisos especiales, puestos de control y horarios que cumplir.

El derecho de Israel a ser racista

Estándar

Un artículo de 2007, pero que sigue siendo actual.

Por Joseph Massad. 

Los esfuerzos de Israel por la paz son sinceros. De hecho, Israel desea vivir en paz no sólo con sus vecinos, sino también y especialmente con su propia población palestina, y con los palestinos cuyas tierras ocupa por la fuerza. El deseo de paz de Israel no es sólo retórico sino concreto, y profundamente psicológico. Con pocas excepciones, los líderes sionistas más prominentes, desde los orígenes mismos del sionismo colonial, han deseado establecer la paz con los palestinos y los demás árabes cuyos países decidieron tomar para su ocupación y asentamiento. La única cosa que Israel ha reclamado, y sigue reclamando para terminar con el estado de guerra contra los palestinos y sus vecinos árabes, es que todos ellos reconozcan su derecho a ser un estado racista, que discrimina por ley a los palestinos y otros árabes y que garantiza derechos legales diferenciados y privilegios a sus propios ciudadanos judíos. La resistencia que el pueblo palestino y otros árabes han organizado contra el derecho de Israel a ser un estado racista es lo que continúa interponiéndose entre Israel y esa paz por la que ha luchado durante décadas. De hecho, esta resistencia es nada menos que el “nuevo antisemitismo”.

Israel está dispuesto a hacer lo que sea para convencer a los palestinos y a los demás árabes de que necesita gozar del derecho a ser racista. Incluso a nivel teórico, y antes de que empezara a construirse realmente, el proyecto colonial sionista buscó diferentes formas para convencer a los pueblos cuyas tierras quería robar y aquellos a quienes quería discriminar de que admitieran como aceptable su necesidad de ser racista. Todo lo que pedían es que los palestinos “reconocieran su derecho a existir” como un estado racista. Los métodos militares no fueron los únicos instrumentos persuasivos disponibles; también hubo otros, incluyendo los incentivos económicos y culturales. El sionismo desde el comienzo ofreció a algunos palestinos beneficios económicos si aceptaban su propuesta de que tenía derecho a ser racista. De hecho, el Estado de Israel todavía lo hace. A muchos funcionarios de la Autoridad Palestina y de la Organización para la Liberación de Palestina se les han ofrecido y han aceptado numerosos incentivos económicos para reconocer esta crucial necesidad israelí. Aquellos entre los palestinos que deplorablemente continúan resistiendo son penalizados por su intransigencia con la asfixia económica y el hambre, complementados con bombardeos regulares y raids, así como con el aislamiento internacional.

Estos persuasivos métodos, así lo espera Israel, convencerán finalmente a esa recalcitrante población para que acepte la necesidad de Israel de ser un estado racista. Después de todo, el racismo israelí sólo se manifiesta en su bandera, en su himno nacional y en un puñado de leyes que son necesarias para salvaguardar los privilegios de los judíos, incluidas la Ley del Retorno (1950), la Ley de la Propiedad Ausentada (1950), la Ley de la Propiedad del Estado (1951), la Ley de Ciudadanía (1952), la Ley del Estatus (1952), la Ley de Administración de las Tierras de Israel (1960), la Ley de Construcción y Edificación (1965) y la ley de 2002 prohibiendo los matrimonios entre israelíes y palestinos de los territorios ocupados.

Comencemos hablando de por qué Israel y el sionismo necesitan asegurar que Israel continúe siendo un estado racista por ley, y por qué se cree merecedor de tal derecho. La argumentación es triple y está basada en las siguientes aseveraciones:

Los judíos estarían siempre en peligro en el mundo abierto; sólo en un estado que los privilegie religiosa y racialmente podrían estar a salvo de la opresión de los “gentiles” y podrían prosperar. Si Israel quitara sus leyes y símbolos racistas y se convirtiera en un estado democrático no-racista, los judíos podrían dejar de ser una mayoría y se convertirían en lo mismo que los judíos de la Diáspora: una minoría en un estado no-judío. Estas preocupaciones han sido expuestas claramente por los dirigentes israelíes tanto individual como colectivamente. Shimon Peres, por ejemplo, la paloma del Israel oficial, se ha quejado durante tiempo del “peligro” demográfico palestino, en cuanto la Línea Verde que separa Israel de Cisjordania está “comenzando a desaparecer, lo que puede llevar a unir los futuros de los palestinos de Cisjordania y de los árabes israelíes”. Peres espera que la llegada de 100.000 judíos a Israel pueda aplazar este “peligro” demográfico por más de una década, aunque finalmente, como él subraya, “la demografía venza a la geografía”.

En diciembre de 2000, el Instituto de Política y Estrategia del Herzliya Interdisciplinary Centre en Israel comenzó sus series de conferencias anuales sobre la fuerza y la seguridad de Israel, especialmente centradas en la cuestión de mantener la mayoría demográfica judía. El presidente de Israel y los actuales y anteriores primeros ministros y ministros acudieron al completo. Uno de los “puntos principales” señalados en el informe de 52 páginas sobre las conferencias es la preocupación sobre el número que se necesita para que los judíos mantengan la supremacía demográfica y política de Israel: “El alto índice de natalidad de los “árabes israelíes” plantea la cuestión del futuro de Israel como un estado judío… Las actuales tendencias demográficas, de continuar, pondrán en riesgo el futuro de Israel como estado judío. Israel tiene dos opciones estratégicas: adaptación o contención. La última requiere una enérgica política demográfica sionista de largo alcance, cuyos efectos políticos, económicos y educativos garanticen el carácter judío de Israel.”

El informe añade afirmativamente que “los que apoyan la preservación del carácter de Israel como un estado judío para la nación judía constituyen mayoría entre la población judía de Israel”. Lógicamente esto supone el mantenimiento de todas las leyes racistas que garantizan el carácter judío del estado. Los siguientes encuentros anuales que se han producido han confirmado este compromiso.

Los judíos serían los portadores de la civilización occidental y constituirían un baluarte en Asia para defender tanto la civilización occidental como sus intereses económicos y políticos frente al terrorismo y a la barbarie de Oriente. Si Israel se transformara a sí mismo en un estado no-racista, su población árabe podría arruinar su compromiso con la civilización occidental y su defensa de los intereses económicos y políticos occidentales, pudiendo incluso llegar a transformar a los propios judíos en una población bárbara oriental. Así es como lo expresó en una ocasión Ben Gurion: “No queremos que los judíos se conviertan en árabes. Tenemos el deber de luchar contra el espíritu de Oriente, que corrompe a los individuos y a las sociedades, y de preservar los auténticos valores judíos tal y como cristalizaron en la Diáspora [europea]”. Sin duda Ben Gurion fue claro sobre el papel sionista en la defensa de tales principios: “Nosotros no somos árabes, y se nos mide con un rasero diferente… Nuestros instrumentos de guerra son diferentes de los árabes, y sólo nuestros instrumentos pueden garantizar nuestra victoria”. Más recientemente, Naftali Tamir, embajador de Israel en Australia, ha señalado que: “Estamos en Asia sin tener las características de los asiáticos. No tenemos la piel amarilla ni los ojos rasgados. Asia es fundamentalmente la raza amarilla. Australia e Israel no lo son – nosotros somos básicamente la raza blanca.”

Dios habría dado esta tierra a los judíos y les habría dicho que se guardaran de los “gentiles” que los odian. Hacer de Israel un estado no-judío sería correr el riesgo de desafiar al propio Dios. Esta posición no sólo es mantenida por los fundamentalistas cristianos y judíos, sino incluso por sionistas laicos (tanto judíos como cristianos). Lo entendió así el mismo Ben Gurion (“Dios nos prometió esto a nosotros”), y también Bill Clinton y George W. Bush.

Es importante señalar que estos argumentos sionistas sólo son válidos si uno acepta previamente la proposición del excepcionalismo judío. Recuérdese que el sionismo e Israel son muy cuidadosos en no generalizar los principios que justifican la necesidad de Israel de ser racista, más bien son vehementes en mantenerlos como un principio excepcional. No es que otros pueblos no hayan sido oprimidos históricamente, es que los judíos han sido oprimidos más. No es que la existencia cultural y física de otros pueblos no haya sido amenazada, es que la existencia cultural y física de los judíos ha sido amenazada más. Estas ecuaciones cuantitativas son la clave de por qué el mundo, y especialmente los palestinos, deben reconocer que Israel necesita y se merece el derecho a ser un estado racista. Si los palestinos o algún otro rechazan esto, es que están decididos a la aniquilación física y cultural del pueblo judío, sin mencionar que estarían enfrentándose al Dios judeocristiano.

Es un hecho que los dirigentes palestinos y árabes no son fáciles de persuadir acerca de estas necesidades especiales que tiene Israel; son décadas ya de asiduos esfuerzos por parte de Israel para convencerlos, especialmente mediante instrumentos “militares”. En las últimas tres décadas ha habido signos de venirse a razones. Aunque Anwar El-Sadat inauguró este cambio en 1977, le costó mucho a Yasser Arafat reconocer las necesidades de Israel. Pero Israel continuó pacientemente y se volvió más innovador en sus instrumentos persuasivos, especialmente en los militares. Cuando Arafat recobró la cordura y firmó los acuerdos de Oslo de 1993, reconoció por fin el derecho de Israel a ser racista y a discriminar legalmente a sus propios ciudadanos palestinos. Debido a este tardío reconocimiento, un magnánimo Israel, siempre deseoso de paz, decidió negociar con él. Sin embargo él continuó resistiéndose en algunos asuntos. Porque Arafat esperó que su reconocimiento de la necesidad de Israel a ser racista dentro de Israel sería a cambio del final del sistema racista israelí de apartheid en los territorios ocupados. Y eso fue sin duda un malentendido por su parte. Los líderes israelíes se lo explicaron a él y a su principal negociador de paz, Mahmud Abbas, en discusiones maratonianas que duraron siete años: que las necesidades de Israel no se limitan a imponer sus leyes racistas dentro de Israel, sino que éstas deben extenderse también a los territorios ocupados. Arafat sorprendió a todos no contentándose con los bantustanes que Israel ofreció al pueblo palestino en Cisjordania y Gaza, alrededor de los asentamientos coloniales judíos que Dios había garantizado a los judíos. Se llamó a los Estados Unidos de América para que persuadieran al maleable dirigente de que la solución del bantustán no era tan mala. De hecho otros colaboradores tan honorables como Arafat habían disfrutado de sus beneficios, como Mangosutho Gatcha Buthelezi en la Sudáfrica del Apartheid. No había de qué avergonzarse por aceptarla. El presidente Clinton insistió a Arafat en Camp David en el verano de 2000. Mientras Abbas resultó convencido, Arafat permaneció indeciso.

Es verdad que en 2002 Arafat se vino a razones un poco más y reafirmó su reconocimiento de la necesidad de Israel de tener leyes racistas dentro del país, al desistir del derecho de retorno de los seis millones de exiliados palestinos, a los cuales, en virtud de la racista ley de retorno israelí, se les impide volver a los hogares de los que Israel los expulsó, mientras que los judíos ciudadanos de otros países obtienen automáticamente la ciudadanía en un Israel que la mayoría de ellos nunca ha visto previamente.

En The New York Times Arafat declaró: “Comprendemos las preocupaciones demográficas de Israel, y comprendemos que el derecho de retorno de los refugiados palestinos, un derecho garantizado por la ley internacional y la resolución 194 de las Naciones Unidas, debe tratarse de forma que tenga en cuenta tales preocupaciones”. Arafat afirmó que estaba intentando negociar con Israel “soluciones creativas sobre la grave situación de los refugiados respetando al mismo tiempo las preocupaciones demográficas de Israel”. Esto sin embargo no era suficiente, dado que Arafat continuaba sin ser persuadido de la necesidad de Israel de imponer su apartheid racista en los territorios ocupados. Israel no tuvo más remedio que aislarlo, mantenerlo bajo arresto domiciliario, y posiblemente envenenarlo al final.

El presidente Abbas, sin embargo, aprendió bien de los errores de su predecesor y ha mostrado más apertura a los argumentos israelíes acerca de la necesidad de imponer su sistema de apartheid racista en Cisjordania y Gaza, y de que la legitimidad de este apartheid debe ser reconocida por los propios palestinos como una condición necesaria para la paz. Abbas no ha sido el único dirigente palestino en ser convencido. Otros dirigentes palestinos quedaron tan convencidos que ofrecieron ayuda para construir la infraestructura del apartheid israelí, suministrando a Israel la mayor parte del cemento que necesitaba para construir sus colonias sólo-para-judíos y el Muro del Apartheid.

El problema ahora era Hamas, que, aun queriendo reconocer a Israel, permanecía negándose a reconocer su especial necesidad de ser racista dentro de la Línea Verde y de imponer un sistema de apartheid en el interior de los territorios ocupados. Aquí es cuando se trajo a Arabia Saudí el mes pasado, con la reunión en la ciudad de la Meca. ¿Quién podría, decían de manera admirativa los saudíes, romper un acuerdo en el que los líderes de las víctimas del racismo y la opresión israelíes prometieran solemnemente reconocer la necesidad especial de su opresor a oprimirles? Bueno, Hamas ha estado resistiéndose a esta fórmula, que Al-Fatah ha apoyado durante cinco años, en concreto a “incurrir” en este reconocimiento crucial. Hamas decía que todo lo que podía hacer era “respetar” pasados acuerdos que la Autoridad Palestina había firmado en su día con Israel y que reconocían su derecho a ser racista. Esto, insisten Israel y los Estados Unidos de América, es insuficiente y los palestinos van a continuar siendo aislados a pesar del “respeto” de Hamas por el derecho de Israel a ser racista. La condición para la paz, tal y como la entienden Israel y los Estados Unidos de América, es que tanto Hamas como Al-Fatah reconozcan y asuman el derecho de Israel a ser un estado de apartheid tanto dentro de la Línea Verde como en Cisjordania y Gaza. Y no hay nada que negociar aquí. La siguiente cumbre entre Condie Rice, Ehud Olmert y el excitado presidente de la Autoridad Palestina Abbas se empleó en que Olmert interrogara a Abbas acerca de cuánto seguía apoyando la necesidad israelí de apartheid en los territorios ocupados. Una cumbre menor ha sido celebrada sobre las mismas bases hace algunos días. Abbas ha esperado que las dos cumbres pudieran convencer a Israel para terminar los preparativos de los bantustanes sobre los que él piensa mandar, pero Israel, comprensiblemente, se ha sentido inseguro y ha querido asegurarse de que el propio Abbas estaba todavía apoyando su derecho a imponer el apartheid primero. Mientras, conversaciones “secretas” israelo-saudíes han dado a Israel la esperanza de que la próxima cumbre de la Liga Árabe en Riad puede muy bien cancelar el derecho palestino al retorno, que está hasta ahora garantizado por la ley internacional, y afirmar la inviolabilidad del derecho de Israel a ser un estado racista garantizado por la diplomacia internacional. Todos los esfuerzos de Israel por conseguir la paz finalmente darían sus frutos, si los árabes conceden lo que ya la mediación internacional ha concedido a Israel antes que ellos.

Debería quedar claro que en este contexto internacional, todas las soluciones existentes a lo que se da en llamar el “conflicto” palestino-israelí garantizarían la necesidad israelí de mantener sus leyes racistas y su carácter racista, y su derecho a imponer el apartheid en Cisjordania y Gaza. Lo que a Abbas y a los palestinos se les permite negociar, y al pueblo palestino y a los demás árabes se les invita a participar, son las características políticas y económicas (pero no geográficas) de los bantustanes que Israel está preparando para ellos en Cisjordania, y las condiciones del asedio en torno a la Gran Prisión llamada Gaza, y en torno a las otras menores de Cisjordania. No nos equivoquemos sobre esto, Israel no negociará sobre ninguna otra cosa, porque hacerlo podría ser equivalente a renunciar a su dominio racista.

Y para aquellos de entre nosotros que insisten en que ninguna resolución será factible hasta que Israel revoque todas sus leyes racistas, abriendo entonces el camino a un futuro no racista para palestinos y judíos, en un descolonizado estado bi-nacional, Israel y sus apologistas tienen una respuesta ya preparada. Una respuesta que redefine el significado de “antisemitismo”. Antisemitismo ya no es el odio y la discriminación contra los judíos como grupo religioso o étnico; en la era del sionismo, “antisemitismo” se ha metamorfoseado en algo más insidioso. Hoy, tal como Israel y sus partidarios en Occidente defienden, el antisemitismo genocida consiste mayormente en cualquier intento de rechazar el absoluto derecho de Israel a ser un estado judío racista.

Traducción Observatorio de la Islamofobia http://islamofobia.blogspot.com/

Fuente: Al-Ahram Weekly, 15-21 de marzo de 2007 http://weekly.ahram.org.eg/2007/836/op1.htm

Occidente castigó a Palestina cuando votó por Hamas, pero apoya a Israel cuando vota por el ‘apartheid’

Estándar

Los mensajes de las elecciones israelíes

Estándar
Colonia israelí (ilegal) en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania Ocupada. Foto: Tali Feld Gleiser.

Colonia israelí (ilegal, como todas) en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania Ocupada. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Ilan Pappé.

The Electronic Intifada
Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Riba García.
A quienes conocemos la naturaleza de la bestia no pudo sorprendernos el resultado de las elecciones en Israel.Como muchos de mis amigos, yo también me sentí aliviado por el hecho de que no se eligiera un gobierno sionista “progresista”. Eso habría permitido que siguiera la farsa del “proceso de paz” y la ilusión de la “solución de los dos estados” para continuación del sufrimiento de los palestinos.

Como siempre, el mismo primer ministro Benjamin Netanyahu ofreció la inevitable conclusión cuando declaró el fin de la solución de los dos estados, invitándonos así al largamente postergado funeral de una idea mal concebida que concedía a Israel la necesaria inmunidad internacional para su proyecto colonialista en Palestina.

La potencia de la farsa quedó al descubierto cuando tanto los expertos internacionales como los locales predijeron la tan alejada de la realidad victoria del sionismo progresista, una tendencia ideológica israelí en vías de extinción, encarnada por la lista de la Unión Sionista encabezada por Isaac Herzog y Tzipi Livni.

Los sondeos a pie de urna compilados por los mejores técnicos estadísticos de Israel reforzaron el pensamiento irreal y condujeron a un enorme fiasco mediático cuando las expectativas de una victoria del campo “progresista” se convirtieron en shock y consternación ante el triunfo de Netanyahu.

La debacle

Vale la pena hacer un primer análisis de las elecciones israelíes dedicando una atención más detenida a esta debacle.

Un segmento importante de quienes votaron por el Likud del Netanyahu pertenece a la segunda generación de judíos llegados de países árabes y musulmanes.

En esta oportunidad, se unieron a ellos los habitantes de los asentamientos de la Cisjordania ocupada, que votaron en bloque por Netanyahu. Los judíos procedentes de países árabes votaron mucho más al Likud que a Netanyahu. Los que viven en los asentamientos hicieron lo mismo a expensas de su nueva base política –la Casa Judía de Naftaly Bennett– para asegurar que el Likud sea el partido mayoritario en el próximo parlamento.

Ninguno estaba del todo contento con su opción pero no era tan orgulloso como para llevar prendida en la solapa la decisión de votar una vez más por Netanyahu. Quizás es por eso que tantas de estas personas no reconocieron a quién habían votado en los sondeos a pie de urna.

El resultado ha sido bastante catastrófico para los más renombrados encuestadores. Se perdieron el titular que deberían haber escrito cuando hicieron los sondeos a pie de urna: una aplastante victoria del Likud en 2015 y un decepcionante resultado para el sionismo progresista. La noticia más interesante fue el éxito de los ciudadanos palestinos de Israel, que se unieron en la Lista Unitaria y quedaron en tercer lugar por el número de escaños, detrás del Likud y la Unión Sionista.

La victoria del Likud

Los tres resultados –un revigorizado Likud, un derrotado Partido Laborista -la Unión Sionista es una alianza formada por el laborismo y la lista “Iniciativa” de Livni, y una representación palestina unificada– pueden ser ignorados por la comunidad internacional como servir también como catalizador de un nuevo pensamiento sobre la eterna cuestión palestina.

La victoria del Likud, a pesar del descontento reinante en Israel por las crecientes dificultades económicas y el desprestigio sin precedentes del estado judío en la comunidad internacional, indica claramente que en el futuro cercano no habrá un cambio dentro de Israel.

Mientras tanto, el laborismo ha maximizado su potencial: es improbable que mejore, por lo tanto no ofrece una alternativa. La razón principal es que el laborismo no es una alternativa. El Israel de 2015 sigue siendo un país colonial y de asentamientos; una versión progresista de esta ideología es incapaz de proponer una reconciliación a la población autóctona de Palestina.

Siempre, desde que el Likud se hizo por primera vez con el poder después de su histórica victoria en 1977, los votantes judíos han preferido, digamos, lo auténtico y apartarse continuamente de la versión más pálida y liberal del sionismo.

El laborismo estuvo en el poder el tiempo suficiente como para que supiéramos que era incompetente para proponer el acuerdo más moderado a los líderes palestinos que les garantizara una soberanía genuina; ni siquiera en Cisjordania y en la Franja de Gaza, que solo es la quinta parte de la Palestina histórica.

La razón es muy simple: la raison d’etre de una sociedad colonialista es el alejamiento de los nativos y su reemplazo por colonos. En el mejor de los casos, los nativos pueden ser confinados en enclaves cercados; en el peor, condenados a la expulsión o eliminados.

La descolonización

En este momento, la conclusión de la comunidad internacional debe ser clara. Solo la descolonización del estado colonial puede conducir a la reconciliación. Y la única manera de dar inicio a esta descolonización es mediante la utilización de los mismos medios que emplearon contre el otro estado de larga práctica colonial en el siglo XX: Sudáfrica.

La iniciativa BDS –boicot, desinversión y sanciones– nunca ha sido tan válida como ahora. Se espera que esto, junto con la resistencia popular en el propio Israel, atraiga al menos a una parte de la segunda y tercera generaciones de la sociedad colonialista judía y se una a la tarea de detener el proyecto sionista de colonización.

La presión desde fuera y desde el movimiento interior de resistencia es la única forma de forzar a los israelíes a la reformulación de la relación con todos los palestinos, incluyendo los refugiados, sobre la base de los valores de la democracia y la igualdad. De no ser así, podemos esperar que el Likud obtenga 40 escaños, tal vez a costa del siguiente indignado levantamiento de los palestinos.

Hay dos razones por las que esta propuesta todavía es viable. Una es la Lista Unitaria. Sea como sea, no tendrá un impacto significativo en la política de Israel. De hecho, al igual que la Autoridad Palestina, los días de la representación palestina en la Knesset, el parlamento israelí, están contados. Si una lista unificada no tiene consecuencias y una Autoridad Palestina carente de poder ni siquiera satisfacen a los sionistas progresistas es que ha llegado el tiempo de buscar nuevas formas de representación y acción.

La importancia de la Lista Unificada está en otra parte. Puede disparar la imaginación de otras comunidades palestinas en relación con las posibilidades de la unidad de propósito. Que los islamistas y los izquierdistas laicos puedan trabajar juntos por un futuro mejor es algo que puede tener implicaciones de largo alcance, no solo para palestinos e israelíes sino también para una Europa cada día más polarizada. La Lista Unificada representa a un conjunto de palestinos que conocen bien a los israelíes, están profundamente comprometidos con los valores de la democracia y han visto crecer su importancia entre el resto de los palestinos después de años de marginados y prácticamente olvidados.

La segunda razón para tener la esperanza de que surgirán nuevas alternativas es que a pesar de toda su maldad y crueldad, el proyecto colonialista del sionismo no es el peor de la historia.

Con todo el horrendo sufrimiento que ha provocado, el más reciente en la matanza en Gaza el último verano, ciertamente no ha exterminado la población local y su desposeimiento continúa estando inacabado. Esto no significa que eso no irá a peor ni que debamos subestimar el sufrimiento de los palestinos.

La visión

Lo que significa es que la principal motivación entre los palestinos no es la retribución sino la restitución. Su deseo es vivir una vida normal, algo que el sionismo niega a todos los palestinos desde que esa ideología llegó a Palestina en los últimos años del siglo XIX.

Una vida normal es el fin de las políticas discriminatorias propias del apartheid contra los palestinos en Israel, el fin de la ocupación militar y el asedio en Cisjordania y la Franja de Gaza y la aceptación del regreso de los refugiados palestinos a su tierra.

El quid pro quo es el reconocimiento de que el grupo étnico judío surgido en Palestina forma parte de una nueva, descolonizada y plenamente democrática administración basada en unos principios que deberán ser acordados por todos los concernidos.

La comunidad internacional puede desempeñar un papel positivo en la materialización de esta visión adoptando tres supuestos básicos. El primero es que el sionismo continúa siendo una forma de colonialismo, por lo tanto estar contra el sionismo no es antisemitismo sino anticolonialismo.

El segundo es que si se deja atrás la excepcionalidad de la que ha gozado Israel durante años, sobre todo en relación con los derechos humanos, tiene las mejores posibilidades de desempeñar un papel constructivo en la salvaguarda de esos derechos en el conjunto de Oriente Medio.

Y finalmente, debemos ser conscientes de que la ventana de oportunidad para salvar vidas inocentes en la Palestina histórica se está cerrando rápidamente: si los poderes de Israel permanecen intactos, una repetición de las masacres de lo últimos años es más que probable. Es urgente abandonar las viejas fórmulas de “paz”, que no han funcionado, y empezar a buscar alternativas justas y viables.

Ilan Pappe es autor de numerosos libros, profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter, Inglaterra.

Fuente: http://electronicintifada.net/content/messages-israels-election/14359

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196802

Netanyahu será recordado por contar la verdad de Israel: No habrá Estado palestino

Estándar

Palestina colgantePor Gideon Levy.

Quisiera decirle gracias, Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Gracias por decir la verdad. La semana pasada Ud. se reveló como el primer primer ministro israelí que dice la verdad. Hace por los menos 25 años que la mayoría de los estadistas israelíes mienten, engañan al mundo, a los israelíes y a sí mismos. Hasta que apareció Netanyahu – justo él entre todos los estadistas – y dijo la verdad. Si tan solo esta verdad hubiera sido contada por un primer ministro hace 25 años, incluso tal vez hace 50,  cuando nació la ocupación. Aun así, es mejor tarde que nunca. El público lo recompensó por esta verdad, y Netanyahu fue elegido para un cuarto mandato.

Netanyahu dijo la semana pasada que si era reelegido, con él no habría Estado. Simple y claro. Esta  verdad pura y simple también fue el caso para todos sus predecesores – todos los primeros ministros, amantes de la paz y buscadores de justicia del centro y la izquierda, que hicieron promesas falsas. Pero antes de él ¿quién pensó en admitirlo? ¿Quién tuvo el coraje de revelar la verdad? El más reciente de estos impostores fue el líder de la Unión Sionista Isaac Herzog: Su querido plan incluía cinco años de negociaciones. El público lo recompensó por eso.

Después de todo, hubo que engañar a los estadounidenses, embaucar a los europeos y engatusar a los palestinos, maquillar las cosas para el Cuarteto de Oriente Medio y mentirles a algunos israelíes.  También hubo que ganar tiempo, construir asentamientos y deshacerse de cualquier posible socio palestino – Yasser Arafat, que era demasiado fuerte;  el presidente Mahmoud Abbas,  quien es demasiado débil, y  Hamas,  que es demasiado extremista. Había que ganar tiempo para que los palestinos se volvieran más extremistas y todos entendieran que no hay con quien conversar.

Ahora viene el hombre considerado un charlatán y solo él dice esta verdad histórica, trascendental: no habrá un Estado palestino. No durante su gobierno, que ahora parece eterno. Y no después de él, porque entonces será demasiado tarde. El fin de las negociaciones, el fin de los juegos. No más viajes diplomáticos, Cuartetos, emisarios, procesos, borradores, mediadores ni planes. Eso es; no va a suceder.

No era posible desde el comienzo. En Israel, no hubo ningún primer ministro – incluyendo los dos ganadores del Premio Nobel – que tuvieran, por un minuto, la intención de permitir el establecimiento de un Estado palestino. Pero el «bluff» del siglo era conveniente para todos. Ahora, Netanyahu le ha puesto fin.

Si Israel hubiera mostrado sus cartas desde el principio, como lo ha hecho, tal vez estaríamos en un punto diferente, uno mejor.

Si tan solo Israel hubiera dicho la verdad: que desea todo el territorio ocupado para él y no lo va a abandonar nunca; que cientos de miles de judíos viven allí y no tiene intención de evacuarlos; que no le importa la ley internacional ni lo que piense el resto del mundo; que los palestinos no tienen allí ningún derecho; que  Abraham nuestro patriarca está enterrado allí; que Raquel nuestra matriarca llora allí; que la seguridad de Israel depende de ello y que el Holocausto es inminente. Las razones son muchas y variadas; y todos dicen lo mismo: ahora y para siempre, de Hebron a Jenin. Sí a la autonomía, a la autoadministración, a las ligas de las aldeas o a la Autoridad Palestina. Pero no a un Estado. Nunca.

Si un líder honesto como Netanyahu hubiera aparecido hace unos años, nosotros los israelíes lo habríamos sabido, los palestinos habrían sabido y también el mundo entero: No habrá. Entonces hubiera sido posible lidiar con otras soluciones en vez de desperdiciar tiempo conversando, tiempo en que el odio solo creció y sangre fue derramada en vano. Podríamos haber empezado hace mucho a pensar en alternativas a la solución de los dos Estados – y solo hay una: un Estado. Y podríamos haber comenzado a debatir qué régimen tendría– y solo hay dos: democrático o de apartheid. En vez de eso, nos engañaron.

Ahora, Benjamin Netanyahu ha venido y le puso un punto final a todo eso. Tenemos que agradecerle. La Historia recordará que él fue el primer primer ministro israelí a decir la verdad.

Traducción: LosOtrosJudíos.com

Foto: Tali Feld Gleiser.

Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.648122?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

Netanyahu merece al pueblo israelí e Israel se merece a Netanyahu

Estándar

criminalPor Gideon Levy.*

La primera conclusión a la que se llegó solo minutos después del anuncio de los sondeos de boca de urna fue particularmente desalentadora. Hay que reemplazar la nación. No se precisa otra elección para la dirigencia del país, sino elecciones generales para escoger un nuevo pueblo israelí – de inmediato. El país lo necesita urgentemente. No podrá resistir otro período de Benjamin Netanyahu, quien emergió anoche como el hombre que formará el próximo gobierno.

Si después de seis años de nada, después de seis años sembrando miedo y ansiedad, odio y desesperación, esta es la elección de la nación, entonces está verdaderamente muy enferma. Si después de todo esto, el fénix israelí logró levantarse de las cenizas y ser reelegido, si después de todo esto el pueblo israelí lo prefirió para dirigir durante otros cuatro años, algo está verdaderamente roto, tal vez irreparablemente.

Netanyahu merece al pueblo israelí y este se lo merece. Los resultados indican la dirección que toma el país. Una proporción significativa de israelíes ha terminado por separarse de la realidad. Es el resultado de años de lavado de cerebro y de provocación. Esos israelíes votaron por el hombre que llevará a EE.UU. a adoptar medidas duras contra Israel, por el hombre del que el mundo está harto hace mucho tiempo. Votaron por el hombre que admitió que engañó a la mitad del mundo durante su discurso de Bar-Ilan; ahora se ha sacado la máscara y ha desautorizado esas palabras de una vez por todas. Israel dijo “sí” al hombre que dijo “no” a un Estado palestino. Queridos votantes del Likud, ¿a qué diablos le dicen “sí”? ¿Otros 50 años de ocupación y ostracismo? ¿Creen verdaderamente en eso?

El martes se colocaron los fundamentos para el Estado de apartheid que está por venir. Si Netanyahu logra formar el próximo gobierno en su espíritu e imagen, la solución de dos Estados será finalmente enterrada y comenzará la lucha por el carácter de un Estado binacional. Si Netanyahu es el próximo primer ministro, Israel no se habrá divorciado solo del proceso de paz, sino también del mundo. Al diablo, querido mundo, estamos solos. Por favor no interfieran, estamos dormidos, el pueblo está con Netanyahu. Los palestinos podrán calentar los escaños en el Tribunal Penal Internacional en La Haya, los boicoteadores de Israel podrán ponerse en marcha y Gaza puede esperar el próximo cruel ataque del ejército israelí.

La batalla por todo esto aún no ha sido oficialmente decidida. El próximo primer ministro será ungido por Moshe Kahlon y los jefes de otros pequeños partidos. Al escribir estas líneas, Kahlon todavía no ha declarado su intención. De esos partidos depende; ellos decidirán si Netanyahu continúa. La mayoría lo desprecia, pero es dudoso que tengan el valor de dar la espalda al público. Esa será su prueba. Esa será la prueba de su coraje e integridad. Moshe Kahlon y Aryeh Dery ¿creéis verdaderamente que Netanyahu es mejor que Isaac Herzog para la sociedad y el bienestar social que pretendéis defender? ¿Cree el presidente decente y valeroso del país, Reuven Rivlin, que Netanyahu será un mejor primer ministro que Herzog? Mucho depende de él actualmente – pero el hecho de que un personaje como Netanyahu y un partido como Likud lograron mantener el poder como la principal facción del país ya resulta muy significativo.

Netanyahu amenaza con sobrepasar a David Ben-Gurion como el líder con más tiempo en el puesto de primer ministro. Ya ocupa el segundo lugar, y cuesta pensar en un solo logro significativo por su parte. La lista del daño que ha cometido es larga. Pero es el elegido por la nación, o gran parte de ella. Hay que respetar esa elección, incluso si dificulta que se llegue a un buen resultado. El único consuelo es que otro período de Netanyahu provocará la acción del mundo. Esa posibilidad es nuestro único refugio.

Gideon Levy es un periodista israelí, que escribe artículos de opinión y una columna semanal en el periódico Haaretz que a menudo se centran en la ocupación israelí de los territorios palestinos. Es un destacado periodista de la izquierda israelí. Sígalo en Twitter: @levy_haaretz

© 2015 Haaretz

* ICH/Haaretz

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article41279.htm

Foto: Manifestación pacífica semanal en Bil’in, Cisjordania Ocupada, reprimida por Israel con gases lacrimógenos, balas de goma y munición real.