«Si mis hijos hubieran sido israelíes, ¿qué habría hecho el mundo?»

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Om ali

  • Ahmed (11 años) y Walla (15 años) fueron bombardeados durante un cese el fuego mientras volvían al refugio, denuncia su familia
  • Tras el bombardeo, Ahmed desapareció y fue localizado posteriormente en un depósito de cadáveres
  • El caso se ha presentado en la Corte Penal Internacional

Gaza, 01/09/2014

Por Isabel Pérez.

Finaliza otra guerra y de nuevo una madre, Om Ali, llora la pérdida de sus hijos. Perdió un hijo durante la segunda Intifada y otro durante la primera guerra en Gaza en 2008. En esta tercera guerra ha perdido a dos, Ahmed de 11 años y Walla de 15. La historia de la muerte de Ahmed guarda un agónico y largo desenlace.

«Estábamos refugiados en una escuela y un día nos dijeron que de nuevo había un cese el fuego, así que mis hijos Ahmed y Walla me preguntaron si podían ir a casa a coger ropa. Yo les dije que no, que no fueran porque el cese el fuego no parecía muy seguro», explica Om Ali.

El decimonoveno día de la guerra se anunciaba el segundo alto el fuego que entraba en vigor a partir de las 8 de la mañana. Muchas personas aprovecharon para ir a buscar a sus casas evacuadas o destrozadas algo más de ropa, mantas o utensilios para cocinar. Ahmed y su hermana Walla, al ver que la gente salía de sus refugios, desobedecieron a su madre. Salieron del colegio de la UNRWA donde se refugiaban desde el primer día de la operación terrestre, al este de la ciudad de Deir al-Balah, y marcharon por el Valle de Salqa hasta su casa.

«Al pasar las horas y ver que mis hijos no estaban en la escuela, envié a mi hijo mayor Mahmud a buscarlos –dice la madre–. Pero cuando se dirigía hacia ahí se oyó una explosión y los vecinos le dijeron que el Ejército israelí había bombardeado la zona».

«Yo llegué corriendo pensando lo peor –relata Mahmud–. Cuando llegué a un kilómetro de casa vi cómo la gente huía de nuevo hacia el oeste de la línea verde y vi a mi hermana Walla hecha pedazos. No vi a mi hermano Ahmed por ninguna parte. Varias personas me dijeron que habían visto cómo después del ataque los soldados lo habían metido en un tanque».

Una penosa búsqueda

La familia al-Qayed se ve obligada a pasar cada día por el lugar donde los menores fueron asesinados. El padre sigue recogiendo trozos de ropa, pelo, cuero cabelludo y otros restos del cuerpo de su hija que salieron despedidos y quedaron colgados por los árboles. En los postes metálicos de las primitivas vallas se seca, bajo el sol abrasador, la sangre de sus hijos.

«Un día después del asesinato encontramos el brazo de Walla aquí. Mira, aquí está su sangre y estos restos pequeños son su carne». Cuenta el padre mientras los mete en una bolsa de plástico, negando con la cabeza algo que nunca podría haber imaginado que sucediera.

El padre de Walla' y Ahmed recoge los restos de su hija Walla' de camino a su casa/ Foto: Isabel Pérez.

El padre de Walla’ y Ahmed recoge los restos de su hija Walla’ de camino a su casa/ Foto: Isabel Pérez.

Durante los días de alto el fuego, las tropas israelíes se retiraban del terreno de la Franja aunque no de forma completa. Las condiciones eran claras: no disparar contra la población civil. Sin embargo, los israelíes dejaron claro que ellos abrirían fuego si estimaban que la situación así lo merecía.

«Mis hijos solo estaban trayendo ropa de casa – denuncia la madre–. Habían llegado a casa, cogido ropa y ya volvían a la escuela donde estábamos. Y entonces, por el camino, un drone israelí les bombardeó. Los soldados vieron a los niños perfectamente, estaban en los tanques, escondidos entre los árboles y la maleza. Los habían visto y sabían que eran niños. A pesar de eso los bombardearon con un dron. Walla quedó hecha pedazos y Ahmed herido, según nos dijeron varios testigos».

Mahmud volvió a la escuela con la noticia del secuestro de Ahmed. Rápidamente, los padres se pusieron en contacto con las autoridades de Gaza, organizaciones de Derechos Humanos y con la Cruz Roja Internacional.

«La gente de la Cruz Roja nos dijo que los israelíes les habían informado de que Ahmed estaba fuera de la Franja de Gaza, en el hospital Ofer, pero no hay ningún hospital que se llame así – explica Om Ali–. Después me llamaron y me dijeron que no estaba en Ofer sino en Beersheva, en Israel».

Trece días después, la Cruz Roja informó a la madre de que en breve hablaría con su hijo por teléfono. «Esperé tres horas. Me dieron esperanzas de que mi hijo Ahmed iba a hablar conmigo, de que estaba vivo. Al final, la Cruz Roja me llamó desde Jerusalén transmitiéndome el mensaje de la ocupación israelí: Ahmed ha sido entregado al hospital Shifa en la ciudad de Gaza».

Los padres de Ahmed fueron lo antes posible al hospital Shifa. Los médicos les llevaron, efectivamente, hasta donde estaba Ahmed.

«Encontramos a mi hijo en el depósito de cadáveres. Muerto. Tenía heridas en su cabeza y su costado». Dice Om Ali con lágrimas en los ojos, pero sin perder la compostura. «Los niños no tienen la culpa de lo que nos está sucediendo. ¿Dónde está todo el mundo que habla sobre los derechos de los niños? ¿Dónde están los Estados Unidos que hablan en Ginebra sobre los derechos de los niños? Si mis hijos hubieran sido israelíes, ¿qué habría hecho el mundo? Cuando un solo niño israelí es herido, no quiero decir disparado, ¿el mundo permanece callado?».

Búsqueda de justicia

El ministro de Justicia del Gobierno de Unidad Nacional palestino y el fiscal general de Gaza han presentado oficialmente el caso de Ahmed a la Corte Penal Internacional a través del abogado francés Gilles Dévers, conocido por haber presentado una demanda junto a un grupo de abogados contra los crímenes de guerra cometidos por Israel en la franja de Gaza durante la guerra de 2008/9.

«No es la primera vez que documentamos crímenes israelíes –detalla Ismaíl Yaber, fiscal general de Gaza-. Lo hicimos ya durante la guerra de 2008/9. Esta vez lo destacado es presentar un caso frente a la Corte Penal Internacional. Gilles Dévers está actualmente haciendo los trámites necesarios. Abrir este caso no depende de la firma del Estatuto de Roma, ahora mismo en proceso. Esto es otro tema. Nosotros estamos presentando este caso a través de otra vía jurídica, como individuales, y el caso está avanzando».

Diversos grupos de Derechos Humanos trabajan ahora sin descanso sobre el terreno para documentar y registrar casos que, como el de Ahmed, supongan una clara violación de las leyes y los convenios internacionales. Durante los cincuenta días que duró esta guerra, más de 560 menores palestinos murieron en bombardeos israelíes y más de 3.000 resultaron heridos.

«Yo quiero decir algo a todos los pueblos del mundo y a Netanyahu –declara Om Ali–. Nuestros niños sufren durante el bloqueo, durante las guerras… Si matan cada día a niños, cada día nacerán mil. Tenemos que vencer y venceremos a pesar de todo, con nuestra determinación, nuestra fuerza y la ayuda de Dios».

Según estadísticas del Ministerio de Sanidad de Gaza esta tercera ofensiva militar israelí contra la Franja ha acabado con la vida de al menos 2.144 palestinos. A pesar de la guerra, las mujeres palestinas han logrado dar a luz a alrededor de 4.000 niños.

Fuente: ElDiario.es

La segregación en Israel no comienza ni termina en los autobuses

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Avatar de María LandiPalestina en el corazón

«Bajo este régimen singular, no solo existen líneas de autobuses segregadas sino también ciudades y pueblos segregados, incluso sistemas legales segregados. En la misma pequeña parcela de tierra gobernada por un único régimen, unos tienen libertad de movimientos y otros no. Unos tiene libertad para expresarse políticamente y derecho a protestar; los otros no. Una población tiene derecho a asociarse sindicalmente; la otra no. Unos tienen derecho a vivir con su cónyuge y su familia; otros no. Unos tienen derecho a andar por algunas calles; otros no. Unos viven bajo el temor de perder su casa si un familiar comete un crimen atroz; otros no. Unos reciben apoyo del gobierno para crear nuevas comunidades; otros se enfrentan a las demoliciones y las expulsiones. Unos tienen impunidad casi absoluta para cometer crímenes de odio contra los otros; estos otros no.»

La segregación en Israel no comienza ni termina en los autobuses

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Si Londres fuera Palestina…

Vídeo

¿Cómo se sentiría la gente si fuese controlada por los militares, teniendo que pasar por los puestos de control específicos para ir a la escuela, ir a trabajar, visitar a sus amigos o ir al hospital?

Este video llamado «No Way through» (Sin paso posible) nos muestra la impactante realidad de la vida de los palestinos en Gaza y Cisjordania.

www.annurtv.com

Colonialismo israelí, puro y duro

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ee79311f-e33e-462e-90d3-b21acc9dfbecPor Amira Hass.

Hay una línea recta que conecta la aldea palestina de Susia, en el sur de Cisjordania, y Atir/Um al Hiran, una comunidad beduina del Neguev. Esto fue subrayado la semana pasada por los jueces de la Corte Suprema. Se trata de dos comunidades de palestinos que el estado judío expulsó de sus casas y tierras hace décadas, y cuyas familias han vivido, desde entonces, en pueblos “no reconocidos” en condiciones vergonzosas, forzados a ello por el gobierno israelí. Una comunidad se instaló en sus tierras agrícolas y la otra en un área a la que el gobierno les trasladó durante los primeros años del Estado de Israel, cuando los ciudadanos árabes vivían bajo un régimen militar de excepción.

Las dos comunidades carecen, por decisión del gobierno de Israel, de poderes para planificar su desarrollo. En su lugar, Israel les exige que se hacinen dentro de los límites del asentamiento que les ha asignado, de forma que los judíos puedan prosperar en sus nuevas y siempre en expansión urbanizaciones de ensueño.

Los jueces han permitido que el estado derribe estas dos comunidades palestinas, a unos 25 kilómetros de distancia una de la otra, pero separadas por la frontera impuesta por Israel en 1967, la denominada Línea Verde. El 4 de mayo, el juez Noam Sohlberg permitió que el estado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y la Administración Civil de las FDI destruyeran las tiendas de campaña, las chabolas de hojalata y los establos para el ganado de Susia como mejor les pareciera. La comunidad recurrió la decisión de la Administración Civil y se opuso al plan maestro que había preparado. ¿Qué puede ser más razonable que detener las demoliciones de casas mientras el asunto está todavía en los tribunales? Pero el juez Sohlberg rechazó la solicitud de suspensión cautelar de las órdenes de demolición, solicitud que fue presentada por los abogados de la organización Rabinos por los Derechos Humanos.

La Administración Civil ha exigido que los residentes de Susia sean reubicados cerca de la ciudad cisjordana de Yata, supuestamente por su propio bien. Yata se encuentra en el Área A, un enclave para el control de la Autoridad Palestina. En otras palabras, la Administración Civil pretende apiñar a los residentes de Susia en uno de los bantustanes de Cisjordania, como está haciendo, y tiene la intención de seguir haciéndolo, con los beduinos y otros palestinos que viven en el Área C, bajo el control total de Israel.

¿De buena fe?

Junto a las casuchas de hojalata de la actual Susia palestina (después de que el ejército expulsara a los residentes de su antiguo pueblo en 1986 y lo convirtiera en un sitio arqueológico donde los judíos pueden realizar sus celebraciones), la Susia judía desarrolla su placentera vida entre el verdor y la abundancia de la vegetación. Después de todo, tiene que crecer y no quiere ver a los árabes en sus casuchas, comprando agua a precios exorbitantes en camiones cisterna.

¿Puede, entonces, un juez que permite que se lleven a cabo trabajos de demolición como una medida provisional considerar de buena fe una petición contra la expulsión final de los residentes? ¿Y es relevante que Sohlberg viva en un asentamiento judío de Cisjordania?

No es ni más ni menos relevante que el hecho de que los otros jueces de la Corte Suprema y sus familias, y todos los judíos israelíes (incluyéndome yo misma), tengamos derecho a desplazarnos en cualquier momento a un asentamiento judío de Cisjordania y vivamos en el lado israelí de la Línea Verde, en barrios bien cuidados solo para judíos y, en algunos casos, en tierras de las que los palestinos fueron expulsados hace 65 años o incluso ayer mismo.

El 5 de mayo, otros dos jueces de la Corte Suprema, Eliakim Rubinstein y Nil Hendel, permitieron que las autoridades demolieran el pueblo “no reconocido” de Atir/Um al Hiran. Con la oposición de la juez Daphne Barak-Erez, desestimaron la petición presentada por Adalah, el Centro Legal para los Derechos de la Minoría Árabe en Israel, que impugnó la decisión del gobierno de expulsar a los residentes, por segunda vez, del lugar al que fueron desplazados en los años 50. Id a Hura, les dice el gobierno, y los jueces estarán de acuerdo. Pero esta comunidad beduina, como otras muchas, ya fue designada para amontonar beduinos tras su primera expulsión de sus tierras. Después de todo, ¿cómo podemos establecer granjas para judíos, siempre en expansión, y construir comunidades pioneras como Hiran si reconociéramos a los beduinos como ciudadanos con plenos derechos, historia y cultura?

Los honorables jueces se congraciaron con Habayit Hayehudi incluso antes de que este partido fuera seleccionado como el zorro que guarda el gallinero, mediante la designación de Uri Ariel como ministro de agricultura (que es el encargado de los asuntos de los beduinos) y de Eli Ben Dahan como viceministro de defensa y responsable de la administración civil (que es la encargada de expulsar a los palestinos y de proteger los asentamientos judíos de Cisjordania). No se preocupen, chicos de Hogar Judío, nosotros apoyamos el derecho de los judíos a disponer de los palestinos del Área C y del Neguev, dicen los jueces. Nosotros, como vosotros, estamos a favor de amontonar a los árabes en bantustanes.

Incluso antes de que los jueces de la Corte Suprema supieran que Ayelet Shaked (de Hogar Judío) iba a ser la nueva ministra de Justicia, incluso antes de que supieran que su mentor Naftali Bennett, líder de su partido, fuera el nuevo ministro de Educación, ya nos estaban diciendo en voz alta que la reputación de los jueces no era lo que la gente temía, que la derecha les ha retratado injustamente como unos monstruos que buscan igualdad y justicia. Los jueces habían demostrado que su imagen como defensores de los derechos humanos, sobre todo cuando esos humanos eran palestinos o gente de izquierda, era totalmente distorsionada.

Apenas unas semanas antes, el 15 de abril, apoyaron con entusiasmo la Ley de Boicot. Con esta ley, la derecha amenaza con multas económicas a los disidentes israelíes de izquierda que apoyen públicamente la imposición de sanciones a Israel y el boicot de sus instituciones y productos hechos en los asentamientos, como parte de la lucha contra la desigualdad y la discriminación institucionalizadas.

Ese mismo día, los jueces apoyaron la ley que permite que Israel robe tierras de los residentes de Belén, Beit Sahur, Beit Yala y Abu Dis. Estas tierras son donde siempre han estado los palestinos desde antes de que estas comunidades fueron anexionadas a Jerusalén (anexionada, a su vez, a Israel). Sus propietarios viven donde siempre han vivido, a unos pocos kilómetros de sus tierras. Pero ahora, el Estado de Israel les ha declarado “ausentes”, ya que viven más allá del muro de separación.

Los jueces desestimaron el recurso contra la aplicación de la Ley de Propiedad Ausente en este caso, continuando, así, la tradición judicial iniciada en los años 50. Fue entonces cuando se acuñó el oxímoron de “ausentes presentes”, con el fin de facilitar la demolición de pueblos y el robo de tierras de los palestinos que no habían huido, aquellos que no pudieron expulsar.

Con su aprobación de la demolición de Susia y Um al Hiran, los jueces han trazado una línea recta que vincula 1948 con el presente. Han confirmado lo que los críticos más virulentos de Israel dicen sobre el país: que es una entidad colonial y usurpadora. Los jueces han repetido como loros lo que el estado ha estado vociferando constantemente: se trata de mi derecho a robar, a expulsar, a demoler y a desplazar a la gente y amontonarla en jaulas. He demolido y seguiré haciéndolo. He expulsado y seguiré haciéndolo. He amontonado a gente y seguiré haciéndolo. Nunca me importó lo más mínimo y nunca me importará.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Haaretz, 11/05/2015

Fuente: http://blog.disenso.net/2015/05/colonialismo-israeli-puro-y-duro/

1918-2015 Palestina se encoge, Israel se expande

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Palestina se encoge 600

El Holocausto Palestino: A 67 años de la Nakba

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La Nakba

Puede parecer extraño este encabezado, por la inevitable reminiscencia que trae respecto de la situación vivida por los judíos durante el régimen nazi. Sin embargo,invitamos al lector a reflexionar acerca de los hechos y argumentos que se exponen a continuación y a extraer de éstos sus propias conclusiones.

En las últimas décadas del siglo XIX surge entre los judíos de Europa el movimiento sionista, el cual preconiza la instalación de un «hogar nacional» para los judíos provenientes de todo el mundo. Dicho movimiento fue motivado por lascondiciones de inferioridad social sufridas durante siglos por los judíos, en los distintos países de Europa, lo que se tradujo en muchas ocasiones, en persecuciones y discriminación.

En definitiva, el lugar escogido para establecer el citado hogar fue Palestina, basándose en que sería la «tierra prometida», según la promesa hecha por Dios a Abraham en el libro del Génesis de la Biblia. Otro argumento importante esgrimido por el Sionismo y ampliamente difundido, consistió en que Palestina era «una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra». Fue así como en esa misma época comienzan las emigraciones judías a Palestina, territorio que estaba bajo la dominación turca y cuya población se encontraba constituida, en más de un 95%, por habitantes de origen árabe. Por cierto, el slogan de «una tierra sin pueblo»no pasaba de ser un mito.

Finalizada la I Guerra Mundial, Palestina queda bajo el Mandato Británico y debido a promesas del gobierno inglés, la emigración judía se intensifica y comienzan a producirse fricciones entre los inmigrantes y la población mayoritaria árabe, que culminan en 1939 con la rebelión de esta última contra la autoridad británica. Ese mismo año comienza la II Guerra Mundial, la que finalizaría en 1945, año en que el mundo se entera cabalmente del holocausto perpetrado por los nazis. Este último hecho refuerza la presión de los judíos europeos por emigrar a Palestina y genera sentimientos de conmiseración y de culpa por omisión en las potencias vencedoras, respecto de las víctimas del holocausto.

De ahí en adelante, el Sionismo conforma fuerzas paramilitares para enfrentarse a la población nativa y a los británicos y desata el terrorismo principalmente contra estos últimos, con el fin de provocar su retiro de Palestina, lo que tiene éxito, ya que en septiembre de 1947 Gran Bretaña anuncia su intención de poner término al Mandato. Se crea así una grave situación de hecho, la que acompañada además de presiones de todo tipo hacia las potencias mundiales por parte del Sionismo, obliga a las Naciones Unidas a involucrarse, lo que derivó en la Resolución 181, de 29 de Noviembre de 1947, que determina la partición de Palestina en 2 estados, uno judío y el otro árabe, entregando al primero un 56% del territorio y un 43% de este a los árabes, quedando Jerusalén bajo un estatus especial.

Conviene repasar las cifras para ponderar la justicia de la partición: a esa fecha y debido a las emigraciones masivas, la población judía ascendía a 700.000 personas, constituía el 33% del total de la población y poseía tan solo el 6% de la tierra; pese a esto, se le asignó el 56% de ella. Los árabes constituían el 67% de la población, con 1.380.000 habitantes, y eran dueños del 94% de la tierra; se les asignó sólo el 43% de esta. No se requiere mucha clarividencia, para darse cuenta de que tal desproporción e injusticia desatarían de inmediato un gravísimo conflicto, como de hecho ocurrió, conflicto que perdura hasta hoy.

A partir de la fecha en que se consagra la partición de Palestina, el Sionismo desata su actividad terrorista directamente en contra de la población árabe. Emblemática resultó en este aspecto la masacre de Deir Yassin, en Abril de 1948,en que fueron asesinados 250 palestinos y mediante la cual el Sionismo envió un claro mensaje a la población: o abandonaban el territorio o correrían la misma suerte que los habitantes de Deir Yassin. Fue así como el 14 de mayo del mismo año, fecha de la creación del Estado de Israel, 400.000 palestinos fueron expulsados de sus propiedades ante la amenaza de muerte sionista, convirtiéndose en refugiados. Ante esta situación, entraron a luchar contra Israel los ejércitos de 3 países árabes recién independizados, los que fracasan en su intento de detener el avance de Israel. Como consecuencia, en 1949 se llega a un armisticio, Israel se queda con el 78% de la Palestina histórica y otros 350.000 palestinos se convierten en refugiados, elevándose así la cifra total de éstos al 50% de la población. 500 aldeas palestinas son borradas del mapa y sus nombres reemplazados por denominaciones hebreas.

Posteriormente, en junio de 1967, en la «Guerra de los 6 días», Israel ocupa el resto de Palestina, el que controla hasta la actualidad, pese a que la ONU, mediante la Resolución 242, de noviembre de 1967, dictaminó el retiro de Israel a las líneas del armisticio de 1949.

A partir de los acuerdos de Oslo en 1993, los palestinos han aceptado crear su Estado en tan solo un 22% de la palestina histórica, en territorios ubicados en Cisjordania y la Franja de Gaza. Sin embargo, desde 1967 Israel ha colonizado con asentamientos ilegales casi el 50% de la superficie de Cisjordania, los que a la fecha (2015) son habitados por cerca de 600.000 (2013) colonos sionistas. Se ha disgregado así el territorio palestino en Cisjordania, el que ha sido convertido en un verdadero archipiélago terrestre, cuyas diferentes «islas» no tienen conexión entre sí, ya que se encuentran rodeadas por los asentamientos israelíes, carreteras exclusivas para los habitantes de estos, checkpoints (más de 500) y el muro de separación, que ha convertido a las ciudades y aldeas palestinas en verdaderos guetos.

A 67 años de la partición, hay casi 6 millones de refugiados palestinos sobreviviendo precariamente en campamentos, cuyo derecho de retorno a su tierra ancestral es un derecho humano básico, que no caduca y que Israel se niega a reconocer. Y los palestinos que lograron permanecer en su tierra, ya sea en territorio israelí o en Cisjordania, bajo ocupación y colonización, y en Gaza, bajo permanente asedio israelí, suman casi 5 millones.

Durante los 67 años transcurridos desde que se produjese lo que los palestinos denominan el Nakba (Catástrofe), ellos han debido soportar las siguientes situaciones, impuestas por Israel a través de la ocupación militar:

  • 1. Colonización de su territorio; la única colonización que se está llevando a cabo en el mundo y que, dado que se está ejecutando como parte de una ocupación militar, de acuerdo al derecho internacional recibe el calificativo de crimen de guerra.
  • 2. Creación de campos de concentración, de los cuales Gaza es el más extenso y poblado de la historia, con 1.500.000 habitantes.
  • 3. Aplicación de castigos colectivos, de carácter terrorista, puesto que se busca aterrorizar a la población, para que cese su resistencia a la ocupación. Esto se realiza a través de bombardeos y destrucción de poblaciones civiles, con gran número de víctimas inocentes, bajo el pretexto de supuestos crímenes o atentados atribuidos a sujetos del mismo pueblo atacado. La masacre de 2008-2009 en la Franja de Gaza, provocó 1.400 muertos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Los ataques de menor envergadura y las consiguientes víctimas, se suceden casi a diario, y las masacres, periódicamente, de las cuales las más duras han sido las de Gaza recién mencionada, una segunda en 2011 y la más brutal hace menos de un años durante los meses de julio y agosto del año 2014 donde se asesinaron a más de 2.300 personas, además de Qibya, Sabra y Chatila, Jenín y tantas otras en el triste calendario palestino. Se vulnera así un principio elemental del derecho, que consiste en que las responsabilidades penales son siempre individuales y jamás colectivas.
  • 4. No se permite el libre tránsito de los palestinos en su propia tierra, hay más de 500 check points en Cisjordania.
  • 5. Red exclusiva de carreteras para los israelíes en territorio palestino.
  • 6. Creación de guetos, al dividirse el territorio palestino en virtuales islas, lo que constituye una forma de apartheid y contribuye a la limpieza étnica que se pretende hacer del territorio.
  • 7. Negación del derecho de retorno a la tierra natal, derecho humano básico, violación que reviste especial gravedad, en razón de que el exilio no ha sido voluntario.
  • 8. Asesinatos selectivos, que afectan a sospechosos de haber cometido atentados; Israel se jacta de su autoría, por lo cual se autocalifica implícitamente como un Estado criminal. Constituye la negación de otro principio básico del derecho, y derecho humano a la vez, cual es la presunción de inocencia, en tanto no haya sentencia de un tribunal competente. Dado que estos asesinatos conllevan con frecuencia, como efecto colateral, la muerte de gente inocente, constituyen otra forma de castigo colectivo.
  • 9. Demolición de casas de palestinos; práctica habitual del ocupante, desde 1948, en calidad de herramienta de la limpieza étnica y para desmoralizar al pueblo ocupado. Ya supera largamente el número de 10.000 la cantidad de viviendas destruidas.
  • 10. Expropiación y usurpación de propiedades palestinas, sin compensación.
  • 11. Expulsión de Palestina de cualquier nativo, bajo diferentes pretextos.
  • 12. Muro del Apartheid, condenado por tribunales internacionales, construido para usurpar más tierras palestinas y para conformar los guetos. Posee una altura de 8 metros y se extiende por más de 700 kilómetros.
  • 13. Contaminación intencional de tierras palestinas; incluidas algunas de las escasas fuentes de agua que el ocupante permite usar a los palestinos; además, toda la basura de las colonias judías ilegales, se descarga en tierras palestinas.
  • 14. Los ciudadanos árabes que viven dentro de Israel, sufren discriminación por raza y religión, como efecto de múltiples preceptos legales promulgados por Israel, que privilegian a los judíos, convirtiendo a los árabes en ciudadanos de segunda clase.
  • 15. Anexión y judaización de territorios, de facto, como ha sido el caso de Jerusalén, en contravención de claras disposiciones del derecho internacional.
  • 16. Incitación permanente a la discriminación en contra de los palestinos, por parte del sistema educacional israelí y de los rabinos que asesoran al ejército, con adoctrinamiento en el sentido de que los judíos poseen derechos de origen divino y, por lo tanto, superiores a los de los gentiles. De ahí el trato humillante, brutal y homicida que se da a los palestinos por parte de los soldados y colonos
  • 17. Detenciones arbitrarias de palestinos, habitualmente por motivos políticos, sin formulación de cargos, por tiempo indefinido. Otra violación a un principio básico del derecho. Desde 1948, 800.000 palestinos han pasado por las cárceles israelíes.
  • 18. Destrucción de plantaciones y pozos de agua palestinos; otra práctica habitual de los israelíes. Ya suman más de 500.000 los árboles arrasados.
  • 19. Tortura de prisioneros, también habitual, con resultado de muerte en algunos casos, incluso recientes.
  • 20. Bloqueo militar por aire, mar y tierra de la Franja de Gaza, declarado ilegal por la ONU.

Respecto de estas transgresiones, resulta particularmente grave la negación del derecho al retorno, el cual no cuenta con ninguna justificación sobre bases racionales o jurídicas. Para constatarlo, basta remontarse a 3.000 años A.C. y recordar qué pueblos habitaban el territorio que a futuro se denominaría Palestina: el más importante de ellos era el de los cananeos, fundadores de Jerusalén, a los cuales el territorio le debe su nombre primitivo, la Tierra de Canaán; luego, hacia el 1400 A.C., la denominación cambia a «Filistia», debido a la llegada de los filisteos, de donde finalmente deriva el nombre de Palestina; los hebreos arribaron hacia el 1200 A.C. y compartieron Palestina con los demás pueblos, ocupando sólo una parte menor de ese territorio, hasta que en el año 135 D.C. lo abandonaron, después de la destrucción de Jerusalén por parte del emperador romano Adriano, desarraigándose desde entonces del suelo palestino. Quienes permanecieron desde entonces en Palestina, constituyeron la base del actual pueblo palestino.

Ahora bien, cuando en 1947 la ONU reconoce el derecho al retorno de los judíos a Palestina, es una resolución que tiene como premisa el hecho de que los antepasados de estos vivieron alguna vez en ella. Sin embargo, dicha premisa no podía darse por establecida sin más, ya que no existe evidencia alguna de que los judíos actuales sean, étnicamente, los descendientes de aquellos que dejaron Palestina después de la destrucción de Jerusalén. Y aun en el supuesto caso de que lo fueran, sus derechos no pueden prevalecer sobre los de aquellos que, desde hace al menos 5.000 años, incluidos los 2.000 años de la diáspora judía, habitaron permanentemente Palestina. Afirmar lo contrario, implica suscribir la consumación de una aberrante y monstruosa injusticia, absolutamente desprovista de toda base racional; porque, de aplicarse de forma universal dicho criterio, los mapas de todos los países deberían ser rediseñados.

Pese a lo anterior, y motivados ya sea por ignorancia, frivolidad o deseos de congraciarse con el Sionismo, se ha internalizado en diferentes gobiernos y en parte de la opinión pública mundial y personas de buen nivel académico, sin pesar mayormente las consecuencias, la idea de que constituye algo absolutamente natural y justo el derecho de los judíos a retornar a Palestina, aún a costa de los derechos de los nativos, los cuales, sin posibilidad de apelación, deben aceptar esta nueva situación.

Esta idea, que la propaganda sionista ha logrado instalar gracias a sus cuantiosos recursos, es la que ha provocado la dilatación del holocausto palestino, puesto que la comunidad mundial tiende a considerar con cierta benevolencia, la brutalidad criminal ejercida por Israel contra los palestinos, y sus innumerables violaciones al derecho, entendiendo que de esa forma Israel sólo está ejerciendo su derecho a la legítima defensa. Por eso, cuando hay condenas, éstas no pasan del nivel retórico, e Israel puede seguir cometiendo sus crímenes con absoluta impunidad. Al proceder así, se olvida por completo, que en 1948 fueron los emigrantes judíos los que irrumpieron en casa ajena mediante la fuerza y el terrorismo y expulsaron a sus habitantes, siendo dicha situación la causa de que hoy existan casi 6 millones de refugiados. Aún así, en dicha condición de usurpador, Israel le exige al mundo que su seguridad sea cautelada y garantizada.

En estas circunstancias, no puede extrañar que el Presidente de EEUU, Barack Obama, haya declarado en su visita a Israel en 2013, la «alianza eterna» de EEUUcon ese país, y que los palestinos deberían renunciar para siempre a su derecho a retornar al territorio que permanezca en poder de Israel, después de un hipotético acuerdo de paz. Patética demostración de servil dependencia de «la mayor potencia mundial» respecto de su principal aliado del Medio Oriente, que ha llevado a su Presidente a negar a los palestinos un derecho humano esencial, como lo es el derecho al retorno a la tierra ancestral. Cabe preguntarse si el Presidente Obama se atrevería a exigirle al pueblo norteamericano abandonar parte de su territorio, para entregarlo a extranjeros, en la misma forma en que ahora pretende exigírselo al Pueblo Palestino.

Esta larga lista de transgresiones del derecho internacional y de los derechos humanos, cometidas por el Estado de Israel durante más de 6 décadas, lleva necesariamente a otra pregunta: ¿permanecería pasiva la Comunidad Internacional, ante cualquier otro país que incurriera simultáneamente en estas mismas transgresiones, no durante varias décadas, como lo hace Israel, sino tan sólo durante algunos pocos años? La respuesta es categóricamente, no. Hay varios ejemplos de que cuando la comunidad internacional adopta la decisión política de poner término a estas situaciones, absolutamente reñidas con la ética y con el derecho internacional, el resultado ha sido positivo. En las últimas 3 décadas se puede mencionar los casos de la Sudáfrica del Apartheid, la reacción ante la invasión de Kuwait por parte de Irak y los juicios por las matanzas de Sarajevo y Kosovo.

Debido a lo anterior, causa indignación la extrema tolerancia que ha mostrado la comunidad internacional respecto de los crímenes de Israel, especialmente si se considera que muchas de sus actuaciones se caracterizan por un gran nivel de crueldad y desprecio por la calidad de seres humanos de las víctimas. Y especialmente, si se recuerda que fue esa misma comunidad la que, en los Juicios de Nuremberg, entre 1945 y 1946, tipificó como crímenes contra la humanidad, diversas actuaciones de los jerarcas nazis durante el holocausto, actos cuyas características y propósitos guardan estrecha similitud con las acciones que Israel lleva a cabo contra los palestinos. Esto explicará al lector por qué hemos encabezado este texto como «El holocausto del Pueblo Palestino».

Por lo tanto, la permanente condena del holocausto ocurrido durante la II Guerra Mundial por parte de la comunidad internacional, seguirá sonando a burda hipocresía, en tanto esa comunidad no sea capaz de poner término al holocausto palestino, del cual, a diferencia de lo ocurrido con el anterior, no puede alegar ignorancia, ya que actualmente nos encontramos viviendo en una era de plena comunicación, instantánea y global.

Nos asiste la certeza de que la Causa Palestina finalmente prevalecerá, puesto que en el transcurso de la historia ningún imperio, ni tiranía, ni régimen abyecto, basado exclusivamente en la imposición de la fuerza, ha permanecido para siempre. Especialmente si están basados, como el israelí, en el desprecio absoluto por la dignidad humana y los derechos de sus víctimas. Sin embargo, existe urgencia en que el derrumbe de la ocupación se produzca lo antes posible, para no seguir lamentando que día a día se produzcan nuevas víctimas. Para esto se requerirá de la conformación de una gran mayoría de seres humanos, guiados por una actitud decidida en pos de la paz y con la firme convicción de que todos los pueblos tienen el derecho a vivir libre y soberanamente en su tierra ancestral. Sólo así, la mayoría de los gobiernos del mundo se verán obligados a abandonar su cómoda posición de meros espectadores de esta tragedia y deberán tomar cuanto antes la decisión política de frenar a la potencia ocupante y poner término a este holocausto, antes de que transcurran otros 67 años.

FEDERACIÓN PALESTINA DE CHILE

Santiago, mayo de 2015.

Fotos: María Landi, Haitham Al-Khatib, Archivo de internet.

Flotilla: El barco “Marianne” comienza su viaje a Gaza hoy

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Marianne de Gothenburg” partirá de puerto a las 7 de la tarde del 10 de mayo. El pesquero, que fue adquirido por Ship to Gaza Suecia y Ship to Gaza Noruega, zarpa en un viaje de casi 5.000 millas náuticas hacia el Mediterráneo oriental y la bloqueada Franja de Gaza. Marianne se unirá a otros barcos que conformarán la III Flotilla de la Libertad con el fin de realizar una acción pacífica y no violenta que rompa el ilegal e inhumano bloqueo de la Franja de Gaza.

Marianne recalará en puertos europeos donde habrá manifestaciones contra el bloqueo. Los tres primeros puertos serán Helsingborg, Malmö y Copenhague. Los siguientes puertos se harán públicos a través de notas de prensa.

Marianne

La carga
Marianne no es un buque de carga, pero llevará un transporte limitado de, entre otras cosas, paneles solares y equipamiento médico. Los paneles solares son una donación de ETC-EI. En la bloqueada Franja de Gaza, donde las infraestructuras han sido demolidas, los paneles solares podrán servir para dar una oportunidad de producción local independiente de energía limpia.
El sol no puede ser bloqueado.

Delegadas y delegados
Además de una tripulación de cinco personas, Marianne llevará hasta ocho delegados y delegadas como pasaje en cada tramo de la ruta. Los nombres serán anunciados según avancen las etapas. En el primer tramo son, entre otros:

Maria Svensson, pro. tem. portavoz, Feministiskt Initiativ
Mikael M. Karlsson, Presidente, Ship to Gaza Suecia
Henry Ascher, profesor de Salud Pública, pediatra
Lennart Berggren, cineasta
Dror Feiler, músico, portavoz de Ship to Gaza

Fuente: Rumbo a Gaza.

El deber de apoyar el movimiento BDS

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Nurit

Por Nurit Peled-Elhanan.

El 15 de abril de 2015, la Corte Suprema israelí aprobó el proyecto de ley que define como delito penal el llamado a boicotear las instituciones y organizaciones israelíes o a las personas que colaboran con la ocupación. Quienes llamen al boicot de los productos de los asentamientos o apoyen el BDS son susceptibles de ser sometidas a juicio en Israel. El 16 de abril, la Corte aprobó el proyecto de ley que permite al Estado confiscar casas y bienes palestinos en Jerusalén Este si esa población opta por vivir en otra parte durante más de 3 meses. Esta ley, que ha permitido a Israel confiscar la mayoría de las propiedades palestinas desde 1948 se llama «la ley de apropiación de los activos en ausencia». Es hora de que el mundo sepa que todas las «ausencias» de los palestinos no son tales, ellos están presentes, y que robarles sus activos y la tierra es un crimen contra la humanidad.

Pero los palestinos «ausentes» también pueden estar presentes según la ley israelí. Es por eso que Israel ignora cerca de 180 aldeas en las cuales las personas, que están legalmente definidas como «ausentes presentes», viven allí, y se les niega la infraestructura, la electricidad y el agua. Estos pueblos están constantemente acosados ​​ y destruidos por las autoridades israelíes, sus cultivos y rebaños son envenenados constantemente, y sus casas demolidas, todo ésto con la intención de robarles las tierras.

Estos son sólo algunos ejemplos de la vida de los palestinos, que también son ciudadanos de Israel. Israel, que ha tenido éxito en publicitarse como una democracia, mantiene un régimen de segregación etnocrático, impidiendo a la mitad de su población dominada satisfacer sus necesidades básicas como el agua en el verano y la electricidad en invierno, se está convirtiendo rápidamente en un Estado fascista, donde la libertad de elección, de expresión, de movimiento y la filiación es todo para ser ciudadano con derechos plenos, pero no se les reconoce a los palestinos, y el derecho de propiedad no es respetado, si no eres judío. Los no judíos han estado viviendo en un «estado de excepción» por 67 años. Giorgio Agamben, dijo recientemente: «El Estado de Israel es un buen ejemplo de cómo, cuando el estado de excepción se prolonga, entonces todas las instituciones democráticas colapsan. Esto es lo que sucedió en la república de Weimar».

El sociólogo Stanley Cohen escribió hace unos años sobre el vergonzoso silencio y la complicidad de las universidades israelíes ante la injusticia, la tortura y los asesinatos de palestinos. Estas universidades, que confiscaron las tierras palestinas para instalar sus edificios financiados por los ricos estadounidenses o australianos, no reaccionan en modo alguno cuando los palestinos son desalojados de sus hogares, expulsados de su ciudad de Jerusalén o torturados de muchas formas, ni cuando sus hijos son deliberadamente atropellados por los coches de los colonos.

La industria israelí prospera debido a la ocupación de Palestina, violando todas las leyes y decisiones internacionales. Pero no sólo a Israel y sus empresas benefician estas prácticas ilegales. Tal como lo demuestran las conclusiones del Tribunal Russell sobre Palestina, [1] también se benefician todos los países occidentales que violan las leyes y decisiones internacionales que ellos mismos firmaron. Por lo tanto oponerse a ellos, luchar contra ellos y denunciarlos es una acción legal y justa, y no puede ser considerada ilegal. Stephane Hessel -el último presidente del Tribunal Russell sobre Palestina, el hombre a quien se llamó «la conciencia del siglo 20» y uno de los redactores de la carta de los derechos humanos en 1947– llamó a los jóvenes de todo el mundo -en su muy rápidamente vendido libro Indignez Vous (2011), (en inglés Time for Rage) a manifestar su ira contra el dominio del dinero y la corrupción política, ir en contra de la corrosión de los derechos humanos y los medios de comunicación corruptos y engañosos, contra el avance del fascismo en el siglo 21, en el que el régimen de ocupación israelí es el ejemplo más asombroso.

Oponerse al orden existente, dice Hessel, es el deber moral de los jóvenes. Stephane Hessel, al igual que todos los miembros del Tribunal Russell sobre Palestina del cual yo era miembro, junto con juristas de renombre mundial y luchadores por la libertad, laureados con el premio Nobel y figuras públicas, apoyó el movimiento del BDS sin reservas, por la sencilla razón de que apoyar el movimiento BDS es afianzar la justicia.

La lucha por la justicia debe abordar dos cuestiones esenciales: el mal y la negación del mal. Debe impulsar un flujo incesante de cargos contra Israel y sus colaboradores en la Corte Penal Internacional por violar el derecho internacional y mantener un Estado de apartheid donde son cometidos crímenes racistas diariamente; y debe presentar cargos contra aquellos que se benefician de la ocupación de Palestina y no se oponen a ella. En este grupo podemos encontrar a las grandes empresas de Occidente, a las instituciones que se benefician de los productos de las colonias israelíes, como Soda Stream o Ahava y a personas que se benefician de los servicios y bienes producidos en las colonias. Estos partidarios pasivos que ayudan a Israel no sólo están violando el derecho internacional, sino también su propia ley de dignidad y libertad humanas y violan el credo judío que se refiere a la forma de trato a los extranjeros, esclavos y otras personas que dependen de ellos. El crimen de la indiferencia, del silencio y la colaboración debe ser expuesto y castigado. Como Bertrand Russell dijo: “El silencio ante el mal es un crimen contra la humanidad”, y para luchar contra este silencio son necesarias la suprema indignación y el compromiso de la gente. Como las grandes instituciones del mundo no logran ayudar a las víctimas ni castigar a los criminales, entonces es deber de la sociedad civil hacerlo.

Mil quinientos veinte (1520) niños palestinos fueron asesinados en los últimos 13 años por el ejército de Israel, armado por el mundo occidental, 6.000 niños palestinos han sido heridos y mutilados por las bombas vendidas a Israel durante estos años.

En el último ataque a Gaza, como en los anteriores, el ejército israelí apuntó a la zona más poblada del mundo con las armas más feroces y frecuentemente ilegales que exterminaron a familias enteras, causaron el máximo de daños localizados, y ​​ no el mínimo daño colateral como manifiesta la propaganda israelí. Usando de armas que cortan a los niños en pedazos o los queman por completo.

El resultado del ataque dejó más de 2.000 muertos, 600 de los cuales eran ancianos y niños y 200 mujeres; 20.000 personas discapacitadas, ciegas, parapléjicas, y muchos más con daños cerebrales, o 100% de quemaduras; personal de los medios y profesores universitarios, paramédicos y médicos fueron asesinados, 50.000 casas, 200 escuelas, más de 200 mezquitas, 17 hospitales y centros de rehabilitación destruidos deliberadamente, dejando a más de 600.000 personas indigentes sin hogar o medios de subsistencia, y a 1.800.000 personas -toda la población de la Franja de Gaza– con el mínimo de infraestructura eléctrica, de agua y de aguas residuales, por no hablar de suministros médicos, de alimentos o de libertad, sólo porque pertenecen a un determinado grupo racial, religioso o cultural. Esto no es una guerra. Esto es un sociocidio –“la destrucción de la cultura, la devastación de la economía nativa, la imposición forzada de nuevas formas de organización sociopolítica, los derechos ciudadanos selectivos. Israel es culpable de exterminar la capacidad de una sociedad para sobrevivir y reproducirse a sí misma, […] de asesinar, y herir a sus miembros […] de privar a las personas de las necesidades básicas para la supervivencia, de su bienestar, de su identidad, su libertad, su seguridad contra la violencia, de privarla de su sustentabilidad económica contra el hambre y la enfermedad. Y privándolos de autonomía para ser los dueños de su propia casa».

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Trescientos mil niños palestinos no pueden asistir a la escuela en Gaza, se ahogan en las aguas residuales, y mueren en una muerte lenta privados de sus derechos humanos básicos a la salud, alimentación y educación; desde hace años la vida en Gaza ha sido peor que en el peor gueto y el estado de la sanidad es peligroso. Gaza ha estado sin un sistema de alcantarillado o electricidad o agua potable por más de cinco años debido a que Israel ha destruido sus centrales eléctricas y no permitió su reconstrucción, a pesar de que declaró lo contrario. Creo que todos han visto las fotografías de este invierno y el anterior, donde se ven a los habitantes de Gaza abriendo camino en las calles que se habían convertido en ríos de aguas negras, llevando a sus hijos sobre sus hombros a la escuela, ir al trabajo o al mercado hundidos hasta sus rodillas o su cintura en el agua residual contaminada y cubiertas de fango. Estas condiciones causan enfermedades, plagas y crisis de todo tipo.

Los médicos palestinos e internacionales afirman que las incursiones de 2008-2009 y el último ataque despiadado del verano de 2014, fueron los más crueles y violentos de los que ellos fueron testigos en la historia de la agresión israelí contra Gaza; también estos doctores y expertos revelaron el uso de armas desconocidas hasta ahora. Los soldados que salen de Gaza dicen que es un laboratorio para todo tipo de armas letales.

Yo misma vi a niños y adultos llenos de agujeros y heridas en sus cuerpos causados por esquirlas. Familias enteras sin piernas, bebés quemados, una niña cuyos ojos estaban borrados. Los niños y adultos que no son más que trozos de carne sin vida, con columnas vertebrales rotas y cerebros quemados. Vi a una mujer cuya pierna explotó y un joven cuyos órganos interiores estallaron.

Según el doctor Haitham Al Hassan –presidente del Departamento de Cirugía General en el Hospital Makassed, y especialista en cirugía vascular-, y también de acuerdo con el doctor que trató a pacientes de Gaza durante el ataque israelí 2008-2009 y también el del último verano, y según el doctor Erik Fosse, que atendió a los heridos en Gaza durante la incursión israelí de 2008-2009, las heridas inusuales fueron causadas por bombas DIME -Dense Inert Metal Explosive, (NdelT)- que están prohibidas en las zonas densamente pobladas. También el doctor Haitham Al Hassan dijo que las bombas y su contenido probablemente desaparecerían en la arena en el momento en que la comunidad internacional consiga un permiso de los perpetradores para que se envíen comités y observadores para buscarlas. Desafortunadamente las heridas no se curan tan rápido. Muchos de los sobrevivientes, dicen los médicos, difícilmente puedan ser curados por las múltiples infecciones causadas por bacterias que son resistentes a los antibióticos, y la deficiencia de su sistema inmunológico. El hospital Makassed que visité durante el pogrom israelí en Gaza, en el año 2014, gastó alrededor de medio millón de dólares cada mes sólo en la medicación, en su intento de curar a esas personas. Sin duda, este es un negocio rentable para algunos.

En otras partes de la Palestina ocupada, cientos de niños son gaseados o regados con materia fecal en sus casas cada semana, en sus escuelas y en la calle, más de 500 pequeños fueron secuestrados de sus hogares este mes, interrogados en las condiciones más crueles, forzados a hacer falsas confesiones, y encarcelados en prisiones militares israelíes; desconectados de sus padres y familiares, traumatizados de por vida, por nada o porque tiran piedras o cruzan una carretera para solamente judíos, o entran en su pueblo en el camino de la escuela a través de un agujero en el muro del apartheid. UNICEF define esto como abuso infantil grave. Y no nos olvidemos de los cientos de niños refugiados que son arrojados en una cárcel israelí por el delito de ser negros y con deseos de vivir.

bambino 7 anniEstos niños y sus padres nunca pueden ser escuchados en alguna corte o tribunal del mundo. Su discurso no tiene validez en el sistema judicial occidental. Su sentencia está siempre ya formulada. Son criminales por el simple hecho de que son palestinos. Y este hecho por sí solo permite a sus opresores tratarlos como seres «a quienes se les niega por la fuerza toda condición social o legal, y cuyas vidas son precindibles con impunidad» (Agamben).

Israel tiene dos sistemas de justicia y dos conjuntos de valores: uno para los selectos judíos y otro para los no judíos, especialmente los palestinos y los africanos que buscan asilo. Estas leyes permiten que el grupo dominante -el judío– robe la tierra de los palestinos, demuela sus casas, destruya sus familias, encarcele y torture a sus hijos tanto como los servicios secretos consideren oportuno sin necesidad de intervención judicial. Este es el significado de la democracia judía que, como nuestros ministros repiten interminablemente, es primero judía y sólo después democracia. Este es el significado del nacionalismo judío israelí que se desarrolló a partir de un nacionalismo liberador de una minoría perseguida para llegar a ser una sociedad opresiva racista, desde el nacionalismo de Gandhi y Mandela al nacionalismo de los tiranos totalitarios; un nacionalismo que predica la pureza de la raza y la erradicación de elementos ajenos, la protección de la patria de los extranjeros, ya sean los nativos originarios de la tierra, o de los que mueren de hambre y solicitan asilo, procedentes de Sudán y Eritrea. Hace sólo unos meses, la ley contra la infiltración ha pasado en la Knesset, una ley que le permite al Estado encarcelar a los refugiados y sus hijos por 3 años antes de deportarlos para que vuelvan a morir en el infierno del que escaparon. Muchos de los deportados han muerto desde su deportación, muchos fueron asesinados, el último hace unos días a manos de Daesh. Este hombre que fue expulsado por judíos fanáticos por no ser judío fue asesinado por fanáticos musulmanes por no ser un musulmán. Recordemos al gran erudito judío piadoso, el profesor Yeshayahu Leibovitch, quien dijo: el judaísmo nacionalista tiene de judío lo que el nacionalsocialismo tuvo de socialismo.

Lo que impulsa el comportamiento israelí es puro racismo nacionalista colonialista que debe ser tratado como tal. Pero en lugar de incriminar este Estado criminal, Israel sostiene este régimen de ocupación y opresión con el pleno apoyo de Europa y de EE.UU. a quienes este tipo de prácticas de limpieza, desposeimiento y erradicación no les son ajenas. Recordemos que Europa ha exterminado muchos millones de nativos tanto en América del Norte como del Sur, y que fueron más de 20 millones de indígenas los que eliminaron a su paso.

Por lo tanto, la pregunta es ¿quiénes serán los jueces una vez que se acepten los cargos contra el apartheid y sociocidio israelí? ¿Los carceleros de Guantánamo? ¿Los franceses que han aceptado la ocupación con su aprobación a la colaboración de Veolia, los suizos que han firmado algunos acuerdos provechosos con la industria de armas de Israel, los británicos y alemanes que fueron exitosos en la prevención de aceptar a Palestina en el consejo de productores de olivos?

Sin embargo, aún más importante que llevar a los criminales a juicio es el hecho de que hay personas que se preocupan. Las personas que sobrevivieron a Auschwitz a menudo dicen que una de las cosas más exasperantes fue el conocimiento de que nadie sabía de su sufrimiento, nadie vio su miseria. En general, los países occidentales nunca se han interesado por el sufrimiento humano, especialmente cuando sucede a sus propias espaldas o en el patio delantero, y siempre han calificado estos hechos como política. En verdad, difícilmente alguien hoy estudie o enseñe sobre Palestina o cualquier otro sufrimiento humano causado por la codicia occidental y la megalomanía.

Por lo tanto, saber que hay un movimiento que es consciente de su miseria y está luchando por su vida, por su dignidad y su libertad, es un incentivo para que los palestinos y los activistas israelíes por igual, que resisten el mal de Israel, sigan luchando y sigan viviendo. Como concluyó el abogado de la última sesión del Tribunal Russell por Palestina: «Para cualquier persona en la condición de receptora de la brutalidad diaria, el conocimiento del apoyo internacional a la lucha hacia la autodeterminación, le proporciona fortalecimiento perdurable. La solidaridad ayuda a desechar los sentimientos naturales de aislamiento y de un mundo indiferente».

A partir de ahora, utilizando la débil excusa de que no se puede criticar a Israel sin ser llamado antisemita y que Europa le debe apoyo al pueblo judío sin que nada le importe con tal de expiar sus crímenes, Occidente niega su responsabilidad en el poderoso régimen opresor del apartheid de Israel y se comporta como si no existiera.

Permítanme decir dos cosas a estas personas. En primer lugar no hay nada judío en la cruel conducta racista de Israel hacia los palestinos por lo que criticar esta política no es antijudío, por el contrario. Los pensadores judíos más ilustres están y siempre han estado denunciando la despiadada dominación israelí de Palestina. Albert Einstein fue uno de ellos. Hanna Arendt otra, y Stéphane Hessel fue otro, por nombrar sólo unos pocos. Muchos distinguidos rabinos y eruditos judíos están hoy en este grupo. La segunda cosa es: señoras y señores, ustedes no pueden permitirse utilizar nunca esta excusa cuando los niños están siendo sacrificados, no pueden darse el lujo de preocuparse por cómo otras personas te apodan cuando se está llevando a cabo un furioso holocausto. Al igual que no me puedo permitir tener miedo de las personas que me llaman traidora por haberme puesto del lado de los oprimidos, a pesar de que muchas más personas han muerto por ser llamados traidores que por ser llamados antisemitas. De hecho, nadie ha muerto nunca por ser llamado antisemita o incluso por ser un antisemita, pero los niños y sus padres y abuelos están muriendo mientras escribo porque se llaman palestinos, no por ninguna otra razón, al igual que los judíos fueron exterminados sólo porque fueron llamados judíos. Y el mundo que les había dado la espalda a los judíos entonces, le está dando la espalda a los palestinos ahora.

Israel ha alcanzado un pico inimaginable de maldad. Y, de hecho, a muchas personas de todo el mundo les resulta difícil imaginar que esto es así. Israel sigue siendo tratado por el mundo como un «caso especial», y la pregunta es ¿por qué? ¿Por qué es que en otros casos los criminales de guerra son arrastrados a los tribunales y se invita a las víctimas a declarar, mientras que en este caso, las víctimas están siendo culpadas constantemente por su propia miseria y los culpables gozan de total impunidad? ¿Por qué, en lugar de castigar a los criminales de guerra que gobiernan sobre Israel y Palestina como mafiosos, contra todas las leyes y convenciones internacionales -arrasar barrios enteros y asesinar a las esposas e hijos de los comandantes enemigos, infligiendo un castigo colectivo a millones de personas por pura venganza-, los Estados de la Unión Europea hicieron todo lo posible para evitar que las víctimas presentaran cargos contra sus torturadores? ¿Por qué, en vez de preguntarse qué tipo de educación racista hace que buenos chicos y chicas judíos se conviertan en asesinos de uniformes sin escrúpulos, de corazón frío?

El Parlamento Europeo supervisa, controla y censura el sistema educativo de las víctimas, y ni siquiera mira al de los perpetradores. A los niños israelíes se les inculca el más flagrante y fundamental tipo de racismo, cuyos mejores alumnos ahora están embravecidos en nuestras calles, hostigando, pegando y en un caso llegaron a quemar vivo a un niño palestino, instigados por los rabinos, ministros, por el primer ministro y miembros de la Knesset.

Este racismo es el terreno en el que soldados y pilotos israelíes son educados para creer que los niños palestinos no son seres humanos como nosotros, sino un problema que debe ser eliminado. Pero esto no parece interesar a la comunidad internacional. ¿Por qué es que en lugar de proporcionar a los oprimidos con medios de vida y protección, en lugar de luchar por su libertad y los derechos humanos básicos, el mundo occidental ilustrado insiste en armar a sus ocupantes, toma a sus opresores en más asociaciones después de cada masacre, actualiza su estado en la Unión Europea y pone a sus representantes en los comités de derechos humanos? Si eso no es cinismo entonces ¿qué es?

La gente siempre dice que el mundo, es decir, Occidente, no ha aprendido la lección del holocausto o la del 9/11, para el caso. La lección debería haber sido nunca más en ninguna parte, para nadie. Pero me parece que el mundo ha aprendido otra lección importante. Se ha aprendido que tu puedes explotar, robar y asesinar en masa, siempre y cuando se trate de exterminar a la gente adecuada y a la raza adecuada. Cuando las víctimas son los palestinos, los perpetradores se pueden salir con la suya y el mundo permanece en silencio. El régimen de apartheid israelí y sus prácticas malvadas no habrían sido aceptadas por Occidente si no hubiera sido dirigidas contra los árabes. El derecho internacional no es desconocido para estos Estados, pero no es aplicable cuando las víctimas son árabes musulmanes. Los árabes son las víctimas de este moderno antisemitismo occidental que ha cambiado su objetivo de los judíos a los musulmanes. Y el derecho internacional es muy claro sobre el delito de antisemitismo.

Israel, con la ayuda de las más ilustres instituciones de Occidente, priva a los palestinos de su pasado y de su futuro y les obliga a vivir en su tierra sin monumentos ni símbolos propios en los espacios públicos. El presente es para ellos un tormento interminable; su destino carece de futuro. «Siendo impredecible, el futuro se reduce a la supervivencia». (Johan Gutlang).

Como explica Ilan Pappe, la eliminación simbólica de los palestinos, al borrarlos de la narración, de la economía y la cultura, de los libros de texto y de los mapas, es el punto donde la limpieza étnica se convierte en genocida. Cuando tú eres eliminado de los libros de historia y del discurso de los principales políticos, siempre existe el peligro de que el siguiente paso llegue a ser la eliminación física. Todos estos crímenes se cometen con excusas derivadas de lo que el difunto sociólogo Stanley Cohen llama la cursilería sionista. Es hora de llamar a esta cursilería por lo que es y llamar crimen al crimen, tal como el movimiento por el BDS lo hace.

BDS

El 17 de marzo los ciudadanos de Israel votaron a favor de continuar el sociocidio -por no decir el genocidio- del pueblo palestino, para continuar con la limpieza étnica de los palestinos árabes y de los ciudadanos beduinos y por la continuación del etnocidio de muchos grupos dentro del pueblo israelí. Por esta votación han dado su licencia al primer ministro para continuar con la destrucción de Palestina y de ese modo, también de Israel.

Es por eso me gustaría dedicar mis palabras a los 14 niños que fueron secuestrados brutalmente de diferentes partes del este de Jerusalén por soldados espantosamente armados, en el día de las elecciones y encarcelados en condiciones condenadas por UNICEF como abuso infantil. Estos y otros crímenes contra la humanidad son el camino de Israel para decirle al mundo que vamos a seguir practicando el terrorismo de Estado durante el tiempo que la comunidad internacional lo permita. Y hasta el momento lo ha permitido.

Como los resultados del Tribunal Russell prueban, la comunidad internacional lo permite siempre que se beneficie del mismo. Así parece que a los colaboradores occidentales lo único que les interesa es el beneficio económico. Por suerte para nosotros, no tienen ninguna ideología, ninguna visión y ningún otro interés, excepto obtener riqueza y poder. Y esto puede ser combatido a través del BDS.

El Estado de Israel, que ha venido mostrando el mayor desprecio por toda ley, decisión o valoración internacional, ha demostrado por medio de la ley contra la convocatoria al Boicot, hasta donde ha logrado aterrar a los señores de la tierra santa el Movimiento BDS. No podría haber mayor premio que eso.

Notas

[1] (http://www.russelltribunalonpalestine.com/en/sessions/final-session/findings-of-the-final-session)

Traducido para Rebelión por Julia Majlin y Saad Chedid.

Nurit Peled-Elhanan es activista pacifista y profesora de Literatura Comparada en la Universidad Hebrea de Jerusalén y actualmente es profesora de Educación del Lenguaje en la Universidad de Tel Aviv.

Después de perder a su hija de 14 años en un atentado suicida palestino el 4 de septiembre de 1997, fundó la Asociación de Familias israelíes y palestinas víctimas de la violencia. Se trata de una asociación que no discrimina entre la violencia de un grupo o de otro, sino que trata de aunar esfuerzos para conseguir la paz en los Territorios Palestinos Ocupados y en Israel. Nurit Peled-Elhanan culpó a la opresión israelí sobre los palestinos como causante indirecta de la muerte de su hija. Peled-Elhanan se ha manifestado siempre abiertamente en contra de la ocupación israelí en Cisjordania y Gaza.

Forma parte del grupo impulsor del Tribunal Russell sobre Palestina.

Es hermana del también activista Miko Peled. Ver http://wp.me/p389px-6J.

Su libro Palestina en los textos escolares de Israel, aparecerá proximamente editado por la Editorial Canaán, Buenos Aires.

Ver más sobre Nurit Peled-Elhanan: Video: Los palestinos en los libros escolares de Israel (Receta para la deshumanización de un pueblo). 

Los nuevos ministros del cuarto mandato de Netanyahu

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Ayelet Shaked, ministra de Justicia.Ayelet

«Hay que matar a las madres de todos los terroristas palestinos«.

«Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos«, escribió en su página en Facebook Ayelet Shaked, cuando era diputada del partido ultranacionalista Hogar Judío.

«Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podrían cometer atentados. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos», publicó la política el pasado 7 de julio.

Referiéndose a las mujeres palestinas Shaked señaló: «Deberían desaparecer junto con sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes«.

Fuente: RT.

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Naftali Bennet, ministro de Educación.

Naftali Bennet

En 2013, cuando era ministro de Economía del gobierno anterior de Netanyahu, dijo:

Si capturamos a terroristas, hay que matarlos, sencillamente”.

Yo he matado a muchísimos árabes (hamon arabim) en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”.

Obsérvese que Bennett dice “árabes” y no “palestinos”, puesto que probablemente para él, como para muchos de sus compatriotas, los palestinos no existen.

Fuente: PalestinaLibre.org

 

 

¿Qué saben los israelíes sobre la Nakba (catástrofe palestina)?

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¿Y qué piensan sobre el derecho de volver de los refugiados palestinos?

Fuente: De-Colonizer 1948