Mis queridos primos sionistas

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honda

 Por Julio Rudman.

“Los palestinos son los judíos de los judíos” (Eduardo Galeano)

Teníamos pocos años. 6,7, 8 (¡anticipo de un programa de TV imperdible!). En las esquinas de nuestro barrio, al amparo de árboles milagrosos en este desierto verde que es Mendoza, salíamos a buscar pichones, munidos de gomeras (hondas se le dice por aquí). Si los pichones eran de palomas, mejor. Bicho de mierda, error de Picasso, Machado, Guillén y asociados, como para demostrar que los genios también pifian.

Buscábamos piedras apropiadas y, generalmente, nuestras excursiones asesinas terminaban en rotundo fracaso, con los pies desnudos en las acequias, cambiando figuritas o puteando a la maestra por alguna reprimenda considerada injusta.
Recordé estas escenas a raíz del video que mostró el gobierno israelí, para justificar el asesinato cometido en el barco turco, con ayuda humanitaria para Gaza.
Mis primos, casi todos, son sionistas. Los quiero, los amo, tal vez. Los entristeció mi adhesión militante con el pueblo palestino. Igual los amo, tal vez. Cada vez que nos vemos somos familia, somos solidarios, supongo que son buenos padres, trabajan honestamente, me quieren. Seguro que me quieren.
Viven convencidos de que sionismo y judaísmo son sinónimos. No comprenden cómo yo, judío también, admiro la capacidad de síntesis de Galeano, o de Saramago, por ejemplo, respecto de este asunto. Sería, entonces, una suerte de semita antisemita que no entiendo la historia trágica del, mal llamado, pueblo elegido.
He dicho, y lo sostengo, que mi diatriba no es contra Israel. Es contra su gobierno nazi, discriminador, terrorista, que tiene legalizada la tortura y aplica el concepto de “espacio vital” como lo hizo el Tercer Reich.
He dicho, y lo sostengo, que nadie fomenta más y mejor el antisemitismo que Netanyahu y sus secuaces.
He dicho, y lo sostengo, que me siento más hermano de la Tupac y Milagro Sala que de los milicos israelíes que masacran seres indefensos, armados con gomeras y bolitas, como nosotros en la infancia.
Los policías de nuestra niñez no eran sionistas, por suerte. Unos años después se hicieron muy buenos alumnos de instructores franceses e israelíes, y así nos fue. Nos dejaron a la intemperie, nos robaron nuestros chicos, se chuparon a 30.000 de los mejores. Y no fue con gomeras y bolitas.
Varios primos queridos me pidieron que no les envíe más mensajes antijudíos. Mis mensajes son antinazis. Ojalá lo entiendan. Igual los quiero.
03-06-2010
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