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Desesperada ofensiva sionista por elevar el índice de natalidad

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cochecitos-de-bebesPor Carlos de Urabá.

Elevar el índice de natalidad es un asunto de vital importancia para el estado de Israel. La guerra no es solo con armas sino también con vientres. Sí, los vientres de las abnegadas madres dispuestas a engendrar los guerreros que en un futuro defenderán la soberanía de la patria.

Pero no hay que conformarse con engendrar un solo hijo o quizás la pareja, sino como mínimo cinco o seis. Aquí lo que valen son las familias numerosas y por eso se realizan grandes campañas para que los ciudadanos sean conscientes de que la natalidad es un asunto trascendental porque los palestinos crecen a un ritmo desaforado.

Ciencia y religión se dan la mano para salvaguardar al pueblo elegido por Yahvé. Los científicos y especialistas en genética y reproducción se dedican de tiempo completo a investigar nuevos tratamientos para incrementar la fertilidad. Especialmente a inducir partos múltiples entre las patrióticas madres que voluntariamente se prestan a estos experimentos. Porque para Yahvé no hay imposibles.

Y no es que estemos hablando de mujeres estériles o con problemas de fertilidad, sino que se trata de mujeres sanas (maduras incluidas) que desean partos múltiples. Es decir, son vientres al servicio de Eretz Israel decididos a participar en la batalla de la natalidad. O se eleva la curva demográfica o se pone en entredicho su supervivencia.

Entre los fármacos empleados “cual munición de guerra” se encuentran el Clomid, Bromocriptine, GnRH, Tamoxifen/Nolvadex, y Gonadotropins. Otros como el HCG, HmG, Progesterone, Recombinat FSH, Urofollitropin y Hepari se recetan con el fin de que los ovarios produzcan óvulos maduros.

Israel fomenta el Baby Boom con el implante de óvulos, técnicas de fecundación in vitro, folículos estimulados y la transferencia de embriones múltiples para elevar la tasa de embarazo. Con estos tratamientos se pueden conseguir mellizos, trillizos o cuatrillizos (Israel es el país que tiene el record del mundo en estos casos)- La experimentación con bebes probetas es otro de los grandes logros científicos. El presupuesto que el gobierno israelí dedica a la salud pública (especialmente a la reproducción asistida y la fertilidad) es uno de los más altos (después del de Defensa y Seguridad). Israel fue el pionero en fertilización artificial con la investigación y desarrollo de las hormonas (gonadotropinas) que permiten estimular la ovulación. Tampoco se puede descartar que se estén violando las leyes de la Bioética y se manipulen los embriones para obtener ejemplares que cumplan la norma racial judía. Ciñéndose estrictamente a los patrones de la eugenesia que solo admite concebir los más fuertes y mejor dotados (hijos del rey David). ¿Un atisbo de limpieza étnica genocida, quizás? Y para demostrarlo solo hay que analizar el caso de esterilización de las mujeres judías etíopes. Cientos de médicos y científicos y ginecólogos trabajan en el Departamento de Ciencias de la Vida en Bar-Ilan en Netanya y otros 25 centros de fertilidad. Israel es considerado una superpotencia mundial en este campo.

Está escrito en la Biblia que una familia sin hijos no es una familia. La maternidad hace parte de una milenaria tradición judeo-cristiana y la mujer que no conciba se le considera maldita. Narra la historia sagrada que Abraham tuvo que desposarse con su esclava Agar puesto que Sara (que era estéril) no podía darle hijos. Fruto de esa relación nació Ismael (patriarca de los árabes). Aunque Yahvé compadecido del drama de Sara hizo el milagro de que esta se quedara embarazada a la edad de 90 años. Entonces dio a luz a Isaac (considerado el patriarca de los judíos). Para las mujeres judías Sara es el mejor ejemplo a seguir.

En la Halaja desde la más remota antigüedad están condensados los principios éticos y morales por los cuales debe regirse el pueblo elegido. La Halaja es el cuerpo normativo de la vida judía (tanto espiritual como material) tal y como está expuesto en el Talmud. Los textos sagrados judaicos se oponen radicalmente a cualquier manipulación de los órganos reproductivos tanto de la mujer como del hombre. Porque el hombre y la mujer fueron creados por Yahvé y su obra no puede ser profanada. Los rabinos valiéndose de mil y una argucias teosóficas y filosóficas se han visto obligados a contradecir las leyes de la Halaja para impedir que sus más encarnizados enemigos (árabes) los sobrepasen demográficamente. El pueblo de Israel no hace más que cumplir el mandato divino de creced y multiplicaos; poblad la tierra.

Cualquiera que camine por los barrios ortodoxos y ultra ortodoxos (haredim) de las ciudades israelíes se sorprenderá por el número de cochecitos de bebé que se ven aparcados en la entrada de los complejos habitacionales. Muchos de los cuales están diseñados para transportar mellizos, trillizos y hasta cuatrillizos. También en los asentamientos o colonias de Cisjordania el incremento del número de guarderías infantiles delata que la natalidad se dispara. Sin duda alguna que el sionismo pretende judaizar totalmente Cisjordania con la anuencia de la comunidad internacional que tolera todas sus veleidades.

El gobierno Israel se ha propuesto por ley incrementar al máximo la tasa de natalidad. Para ello ofrece a las parejas asignaciones por hijo (entre 2.000 y 3.000 dólares), enseñanza gratuita desde los tres años, financiación hasta de cuatro tratamientos de fecundidad in vitro al año. La seguridad social cubre todos los gastos médicos. Los expertos aseguran que en Israel están naciendo trillizos 400 veces más de lo usual. Buena culpa de esto la tienen el uso de medicamentos para la fertilidad como el Clomid o Nefimol y los tratamientos mediante la inducción de óvulos liberados o la fecundación in vitro para obtener gemelos o partos múltiples (embarazos programados de mellizos, de trillizos, quintillizos y sextillizos).

El vientre de las mujeres también es un arma tal y como lo afirmara en su día Arafat. Los demógrafos judíos saben que hay que combatir como sea el envejecimiento de la población (los mayores de 65 años será el 17% en el 2050). El 60 % de la población palestina tiene menos de 25 años. En Gaza el promedio de edad es 17 años (uno de los más bajos del mundo) La natalidad es parte del instinto de supervivencia como pueblo. La reproducción es una de las pocas libertades que se pueden permitir los palestinos (cómo en el caso de Gaza). La meta de la ANP o del gobierno de Hamas en Gaza también es la de aumentar la natalidad (está crecerá a un 23% al terminar la década). La franja de Gaza es el que tienen el record mundial de densidad con 4742 personas por kilómet ro ² . Los Palestinos son 7.5 millones repartidos entre Gaza, territorios ocupados y la palestina histórica anterior a 1948 (hoy llamada Israel) Israel controla el 85 % del estado Palestino original.

El crecimiento de población judía se da en mayor medida en el estrato de la población más religioso y menos productivo. Entre los cuales las tasas de empleo son más bajas y encima se niegan a hacer el servicio militar. De este modo el pago de las pensiones y el sostenimiento del estado del bienestar es inviable.

El gobierno israelí promueve la llegada de inmigrantes judíos (aquellos que desean retornar a la tierra prometida) o de extranjeros conversos. Lo importante es que sean jóvenes, especialmente matrimonios con hijos. La oleada de inmigrantes (Aliyá) es una fuente importante para aumentar la demografía. En la década de los noventas llegaron más un millón procedentes de los países de la antigua Unión Soviética, Etiopía y el resto del mundo. Esta es una ventaja adicional para los judíos puesto que a los palestinos refugiados en el extranjero (5.000.000) les está prohibido retornar a su patria.

Según la Oficina Central de Estadística de Israel durante 2015 las mujeres judías y palestinas han dado a luz un promedio de 3,13 hijos (en el año 2000 era de 4.3 entre las árabes y 2.6 entre las judías) La pirámide poblacional se mantiene igualada porque se han tomado medidas de choque alarmados quizás por el dato de que en el 2020 la población palestina superará a la hebrea.

Las ciudades israelíes con más alto promedio de nacimientos son Beith Shemesh, Bnei Brak (todas con población ultra ortodoxa muy numerosa).

Para el 2025 se estima que la población hebrea se duplicará alcanzando los 16 millones de habitantes. Tal incremento de la población va a generar problemas de espacio vital en una superficie tan reducida (20.700 kilometros²) y una geografía agreste (cuya soberanía alimentaria la domina Israel) carente de recursos estratégicos tales como el petróleo, el gas o el agua. A Tamaño desafío habría que sumarle la inclaudicable lucha del pueblo palestino por proclamar un estado propio que si no se materializa en un corto espacio de tiempo provocará nuevas intifadas y levantamientos populares.

Fuente: Rebelión.

Sionismo en estado puro

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Avatar de María LandiPalestina en el corazón

Los residentes de Umm al-Hiran protesta contra la demolición prevista de sus hogares. Foto: Eliyahu Hershkovitz La población de Umm al-Hiran protesta contra la demolición prevista de sus hogares. Foto: Eliyahu Hershkovitz

Amira Hass

Los videos producidos por el grupo de colonos de Hiran muestran una gran cantidad de alegres judíos a los que les gusta cantar y tocar música, contar chistes y divertirse. Serán aún más felices muy pronto, cuando se trasladen al sitio de su comunidad permanente en el noreste del Negev.

La tierra que el Estado les ha designado se llama Atir / Umm al-Hiran, y durante 60 años ha sido el hogar de los miembros de la tribu beduina Al-Qi’an. En otras palabras, los hogares y zonas de juegos para niños judíos que se construirán allí, y los jardines que se plantarán, crecerán sobre las ruinas de las casas y vidas de otras 1.000 personas, que también son ciudadanos israelíes (algunos de los cuales incluso han servido en el ejército, para aquellos…

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Israel aprueba la ley que legaliza las colonias judías en Palestina

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Colonia Otniel, Colinas del Sur de Hebron, Cisjordania. Todas las colonias israelíes violen la ley internacional. Foto: Tali Feld Gleiser

Colonia Otniel, Colinas del Sur de Hebron, Cisjordania. Todas las colonias israelíes violen la ley internacional. Foto: Tali Feld Gleiser

  • El texto es contrario a la normativa internacional.
  • El resultado es ajustado, 58 votos a favor y 51, en contra.
  • En Cisjordania vive medio millón de judíos.
  • El Parlamento israelí aprueba la propuesta sobre los asentamientos.

El Parlamento israelí (Kneset) ha aprobado este miércoles en la primera lectura el controvertido proyecto de ley impulsado por el Gobierno para legalizar retroactivamente asentamientos judíos en territorio palestino ocupado, contrarios a la ley internacional.

Según la página web de la cámara, la propuesta salió adelante en primera lectura, de tres, por 58 votos a favor y 51 en contra, tras «un largo debate del pleno».

El ministro israelí de Educación, principal socio de la coalición de Gobierno y mayor promotor del proyecto, Naftali Benet, ha calificado la jornada de «histórica» y ha asegurado que con este paso el medio millón de judíos que viven en asentamientos en el territorio ocupado de Cisjordania dejarán de ser «invitados» u «ocupantes».

Hace dos días, cuando el Parlamento dio luz verde al desarrollo del proyecto con una votación preliminar, Benet afirmó que esta ley es el comienzo del fin para la «solución de dos Estados» y «la punta de lanza para extender la soberanía» israelí y anexionarse toda Cisjordania.

La propuesta promovida por el Ejecutivo del primer ministro, Benjamín Netanyahu, busca legalizar la situación de cerca de medio centenar de colonias judías construidas sin los permisos necesarios y que la propia normativa israelí considera «ilegales».

Duras críticas

Para los palestinos y la comunidad internacional, tanto esos asentamientos como los autorizados por sucesivos gobiernos israelíes desde 1967 son todas ilegales, al estar en territorio ocupado.

La propuesta se ha visto salpicada de duras críticas dentro del Parlamento, pero también fuera, por considerar que pone en peligro el imperio de la ley israelí.

Alemania expresó hoy su «preocupación» porque, de aprobarse la iniciativa, «quedaría en duda» el compromiso de Israel con la solución de los dos Estados, mientras que este martes el Gobierno palestino, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el enviado especial de la ONU para Oriente Medio, Nickolay Mladenov, condenaron el desarrollo de la ley.

Esta normativa «podría tener graves consecuencias legales para Israel, a lo largo y ancho de Cisjordania y reducirá las perspectivas de una paz árabe-israelí», advirtió Mladenov.

Fuente: 20minutos.es

La mayor empresa de seguridad reduce sus negocios con Israel por la presión del BDS

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Concentración en Reino Unido por el fin de las relaciones entre G4S e Israel. / boycottisrael.org.uk

Concentración en Reino Unido por el fin de las relaciones entre G4S e Israel. / boycottisrael.org.uk

La mayor compañía de seguridad del mundo, G4S, ha anunciado que va a vender la mayoría de sus negocios en Israel. El anuncio, realizado la semana pasada, responde al “daño en su reputación”, según señala la compañía, causado por la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel para reclamar el respeto de los derechos humanos en Palestina.

Desde el Comité Nacional del BDS en Palestina, Rafeel Ziadah ha afirmado que “hemos tenido éxito en presionar a una de las mayores corporaciones para vender uno de sus negocios clave en Israel. Nuestra campaña, coordinada globalmente, ha tenido un impacto real. Vamos a seguir haciendo campaña hasta que G4S acabe toda su implicación con la violación de derechos humanos en Palestina”.

Leer más: Huelga de hambre y maltratos en prisiones israelíes

Multinacionales francesas, como Veolia y Orange, y la mayor empresa constructora de Irlanda, CRH, ya salieron del mercado israelí en septiembre de 2015, en su mayor parte como resultado de la campaña de BDS.

“Ha habido un efecto dominó”, dice Ziadah. “Algunos gestores de fondos de inversión están reconociendo que su responsabilidad fiduciaria les obliga a deshacerse de corporaciones internacionales o israelíes y bancos que están involucrados en las continuas violaciones de la ley internacional por parte de Israel”, continúa.

Guman Mussa, coordinador para el mundo árabe del Comité Nacional del BDS en Palestina, añade que “no todos los días los defensores de derechos humanos consiguen que una gran multinacional como G4S finalice su participación en serias violaciones de derechos humanos a través de una presión estratégica de base y continuada. El BDS claramente está funcionado, y otras, otras multinacionales implicadas, como HP y Alstom, deben tomar nota”.

Mussa dedica esta victoria a “todos los prisioneros políticos palestinos que en 2012 llamaron a un movimiento de BDS para intensificar nuestro boicot a G4S debido a su papel en las prisiones israelíes, en las que abundan los casos de tortura”.

G4S es una compañía británica de seguridad que ayuda a mantener las prisiones en las que son encerrados los presos políticos palestinos sin juicio y sometidos a torturas y malos tratos. También provee de equipamiento y servicios en los puestos de control militares israelíes, a los asentamientos ilegales y a las infraestructuras militares y policiales.

A pesar de la venta de su subsidiaria israelí, G4S seguirá involucrada en las violaciones de derechos humanos en Palestina por parte de Israel a través de Policity, el principal centro de entrenamiento de la policía nacional, de la que es copropietario, y a través del grupo Shikun and Binui.

Fuente: Diagonal Periódico.

Récord de demoliciones israelíes contra propiedades palestinas en 2016

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Resumen Medio Oriente/Notas, 1 de diciembre de 2016 La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por su sigla en inglés), sustituyó en 1998 al Departamento de Asuntos Humanitarios y es el brazo de la Secretaría de Naciones Unidas para movilizar y coordinar la ayuda humanitaria ante una emergencia. Desde 2009 viene llevando un registro de las “estructuras” (casas, galpones, escuelas, hospitales, etc.) palestinas que son demolidas por Israel, directamente a través de las fuerzas armadas u obligando a los moradores palestinos a hacerlo con sus propias manos.

El informe dado a conocer el 11 de noviembre confirma que la tasa de demoliciones de 2016 es las más alta desde que la OCHA lleva registro. Durante septiembre y octubre de 2016 las autoridades israelíes confiscaron, demolieron o forzaron a palestinos a demoler 155 estructuras en Cisjordania, lo que desplazó a 240 personas (la mitad de ellos niños) y afectó a más de 350 personas. Excepto en dos casos, el resto de los incidentes se justificaron por la no emisión de permisos de construcción por parte de Israel, permisos que son casi imposibles de obtener para un ciudadano palestino.

A pesar de que el número de estructuras atacadas durante septiembre y octubre es un 25% más bajo que el promedio mensual entre enero y agosto, el acumulado en lo que va de 2016 es un 80% más alto que el de 2015 y, por una importante diferencia, el más alto registrado por la OCHA, dando cuenta no sólo de una política sostenida de ataque contra la población palestina sino de una intensificación de la violencia en este año. Y todavía faltan los registros de noviembre y diciembre.

El informe señala que alrededor de un 84% de las estructuras afectadas (130) se encontraban en 21 comunidades parcial o totalmente localizadas en el Área C, la división más grande de los territorios ocupados, que comprende el 60% de de Cisjordania y se encuentra bajo total control militar israelí. Luego se detalla que las comunidades más severamente afectadas fueron tres comunidades de beduinos palestinos o comunidades pastoriles del norte del valle del Jordán: Khirbet ar Ras al Ahmar, Al’Aqaba y Kirbet Tell el Himma. Allí se contabilizaron 66 estructuras atacadas.

“Al’Aqaba también fue expuesta a un fuego sostenido por parte de las áreas residenciales durante dos días, mientras que un ejercicio de la milicia israelí se llevaba adelante en las inmediaciones sin que mediara aviso previo alguno”, se detalla. Y agrega que también los residentes de la comunidad vecina, Humsa al Bqai’a, fueron temporalmente desplazados de sus hogares por tres días en el mes, durante varias horas al día, por entrenamientos militares de Israel. El informe concluye al respecto que “junto con las demoliciones y restricciones de acceso, estos ejercicios contribuyen a crear un ambiente coercitivo en Cisjordania que agrega presión a las comunidades para abandonar sus actuales lugares de residencia”.

Treinta estructuras fueron demolidas o confiscadas en otras cuatro comunidades beduinas atacadas durante los pasados dos meses en la periferia de Jerusalén, cercanas o vecinas al área destinada al proyecto de expansión de asentamientos E1. El informe de la OCHA confirma que “éstas se cuentan entre las 46 comunidades beduinas en la parte central de Cisjordania que se encuentran en riesgo de transferencia forzada como resultado de un ‘plan de relocalización’ anticipado por las autoridades israelíes”.

Como muestra del desprecio israelí a los derechos humanos palestinos, un tercio de las estructuras atacadas habían sido provistas como asistencia humanitaria a través de donaciones internacionales o del mismo Estado palestino. Estos 278 ataques implican un aumento del 150% respecto del año pasado.

Finalmente, se constata que otras 23 estructuras palestinas demolidas en septiembre y octubre se ubicaban dentro de los límites definidos por Israel para la municipalidad de Jerusalén. En todos los casos excepto uno se trataba de viviendas (111 personas fueron desplazadas). Seis de estas casas fueron demolidas por sus dueños luego de recibir la orden final de demolición por parte de las autoridades israelíes.

También en Jerusalén Este la policía israelí desalojó por la fuerza a una familia palestina de ocho miembros de una casa en la Ciudad Vieja, en la que habían estado alquilando desde 1930 y se la entregaron a una organización de colonos israelíes que supuestamente la había comprado. En los subsiguientes procedimientos legales en las cortes israelíes, la familia intentó desafiar sin éxito la orden de desalojo alegando un status de “inquilino protegido”.

“Un ejercicio de mapeo realizado por OCHA indica que por lo menos 180 propietarios palestinos en Jerusalén Este tienen iniciados procesos de desalojo en su contra. La mayoría de los casos fueron iniciados por organizaciones israelíes de colonos basándose en reclamos de propiedad, así como en planteos de que los residentes ya no eran ‘inquilinos protegidos’. Como resultado, 818 palestinos, incluyendo 372 chicos, se encuentran en riesgo de desplazamiento”, concluye el informe oficial de la OCHA, confirmando un claro recrudecimiento de la ofensiva israelí contra las propiedades palestinas durante 2016.

El secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, condenó en abril de este año la política de demoliciones, denunciándolas como violatorias del derecho internacional y como generadoras de mayor violencia: “Las demoliciones punitivas son un castigo colectivo, un proceder prohibido por la ley internacional. No han probado ser disuasivas y sí alimentan las tensiones al exacerbar los sentimientos de injusticia y odio”, sostuvo.

Fuente: Resumen Latinoamericano.

Cuatro historias de la represión israelí al pueblo palestino

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Foto: Isabel Pérez

Foto: Isabel Pérez

En el Día Internacional de la Solidaridad por el Pueblo Palestino, hablamos con quienes sufren las consecuencias de la proclamación del Estado israelí y de décadas de guerra.

Por Isabel Pérez.

El 29 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, un día que coincide con el aniversario de la Resolución de la ONU 181 de 1947. La resolución impuso la partición de la Palestina histórica  y la creación del Estado de Israel. El Estado palestino nunca llegó a crearse y en la guerra de 1967 Israel ocupó Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza.

Estas son algunas de las historias, personas con nombres y apellidos, que sufren las consecuencias de la ocupación y el bloqueo israelí.

La dificultad de visitar tu pueblo palestino en Israel

Om Mohammed está casada. Vive en la franja de Gaza, pero es natural de Baqa al-Gharbiyyah, un pueblo palestino en Israel. «Nací en Baqa y allí pasé toda mi vida hasta que me casé. Como mi marido vivía en Gaza vinimos a vivir aquí», cuenta Om Mohammed.

Le separaban con su familia una hora y media de carretera. En esos años, Israel todavía permitía la libre circulación a través del paso fronterizo de Beit Hanún-Erez. En 1991 todo cambió.

«Con las restricciones en Erez ya no veía a mi familia en Baqa y tampoco ellos podían venir a Gaza», continúa la mujer. «En 2004 mi padre cayó muy enfermo y presenté su certificado médico para pedir un permiso a las autoridades israelíes e ir a visitarle. Solo con ese certificado conseguí ir a verles».

Dos años después, su padre falleció, pero Om Mohammed no pudo llegar a tiempo a darle el último adiós. «Conseguí salir de Gaza entregando su partida de defunción, no antes. No pude verle con vida, solo enterrado en el cementerio».

Om Mohammed calla y baja la cabeza. Después de unos segundos añade: «Es una amargura. Tengo que justificar siempre por qué quiero ir a mi ciudad. Pasan las bodas familiares, las fiestas religiosas y no puedo estar con mi familia. Vivo a una hora de mi familia y no puedo verla».

Gaza y Cisjordania, un matrimonio separado

A varios kilómetros al norte de la casa de Om Mohammed vive Samira. Ella tampoco es de Gaza sino de un campo de refugiados en Tulkarem, Cisjordania.

«Me comprometí con Hussein cuando él trabajaba en Cisjordania. Él es de Gaza pero yo no quería irme de Cisjordania. Un día, los israelíes un día lo detuvieron y lo deportaron a la franja», aclara Samira. Para poder contraer nupcias, Samira tuvo que justificar que su comprometido estaba en Gaza y dejar atrás a su familia.

«Presentamos a las autoridades israelíes la invitación de matrimonio y el día que me permitieron ir a Gaza me puse el vestido blanco de la boda. Me acompañó todo el viaje una comitiva, cantando y tocando música. ¡Todo para convencerles de que iba a la franja a casarme!», recuerda Samira echándose a reír.

Después de un año, Samira quiso ir de visita a Cisjordania pero el permiso fue rechazado, una y otra vez. « Cuando mi primer hijo ten ía cuatro meses me dieron por fin un permiso», recuerda Samira. «Fui a Cisjordania, pero me qued é atrapada sin poder volver a Gaza. No me dejaban volver y habl é con una organización de derechos humanos».

Hussein entonces tuvo que operarse de cáncer y Samira comenzó a barajar todas las posibilidades para llegar hasta su marido enfermo en Gaza. « Decidí aventurarme . Entré a Jordania , luego a Egipto y de ahí a la franja de Gaza. Iba con mi hijo», cuenta. «Ahora necesito ir a Cisjordania. Mi madre y mi hermana están enfermas. Necesito cuidar a mi madre, ella lo es todo, nos crió a todas sola porque estaba divorciada».

Samira lleva desde mayo esperando un permiso israelí para viajar.

Los campos tras el muro

«Nos están robando nuestra tierra bajo el pretexto de seguridad». Así de claro lo declara Sabah al-Qaddumi, un agricultor cuyos campos han quedado atrapados al otro lado del muro que Israel construyó en Qalqilia, Cisjordania.

«En 2002, los israelíes comenzaron el trabajo del muro y as í confiscaron 11.800 dónums de tierra que son casi toda la tierra agrícola de nuestro pueblo, Yayus», explica Sabah. Por protestar contra este muro, Sabah pasó cuatro años en la cárcel y ahora se ve obligado a seguir las normas israelíes a pesar de vivir bajo tierra ocupada.

«Estoy mirando mi tierra ahora mismo», dice. «Me siento muy mal, ansioso. Imagínate. Plantas tu tierra, con todo tu esfuerzo y al final te la roban. Tenía un pozo detrás del muro y vendiendo el agua a otros campesinos obtenía 3.000 NIS al mes. He perdido el 90% de mis ingresos».

Hoy en día, los campesinos que consiguen permisos israelíes para penetrar el muro y acceder a sus tierras son, principalmente ancianos. « Hay solidaridad entre nosotros y los que logran cruzar el muro riegan las tierras de los que no pueden entrar. Pero no se hace adecuadamente porque no dan permisos a los jóvenes que pueden trabajar y aguantar más», apunta Sabah.

Pescadores de Gaza: bajo el umbral de la pobreza

En un apartamento de la ciudad de Gaza vive Mohammed Abu Watfa. En cada una de las cinco habitaciones viven cinco familias, la suya y las de sus hermanos. Hay un baño y una cocina, sin nevera ni ventana.

«Si los israelíes no hubieran bombardeado mi barca no estaríamos así ahora», lamenta Mohammed. Una semana después de firmarse la tregua de 2014, la marina israelí atacó un grupo de barcas pesqueras.

«Habíamos salido a pescar y nos acercábamos a las 6 millas náuticas buscando pesca», relata Mohammed. De repente, la marina israelí empezó a perseguirnos y yo conduje mi barca a toda velocidad hacia la costa de Gaza».

Los otros cuatro pescadores saltaron al mar y nadaron justo antes de caer un obús israelí sobre la barca. « Yo estaba todavía conduciendo, quería salvar lo único que tenía para ganarme la vida. Y bombardearon. Estuve una semana en coma en el hospital», recuerda con dolor.

La familia de pescadores está arruinada, endeudada y lo único que pueden vender es lo que pescan desde la playa. « Cada día podemos conseguir 50 NIS [10€], eso para 14 personas, niños y adultos. Pero la mayor parte es para pagar las deudas. Y así están la mayor parte de pescadores de Gaza», asiente Mohammed.

El plan secreto israelí en el Negev

Las familias beduinas palestinas que viven en el Negev, Israel, están librando una casi silenciosa lucha. Attiyah al-‘Azam, del Consejo Regional de Localidades No Reconocidas en el Naqab (Negev) cuenta que son alrededor de 46 pueblos beduinos que cada día se enfrentan a las políticas israelíes, mientras viven en completa negligencia como ciudadanos israelíes.

«Las autoridades tienen planes de eliminar nuestros pueblos, confiscar nuestra tierra y construir asentamientos», afirma tajante Attiyah. «En nuestros pueblos no hay ningún tipo de servicio ni de salud ni de recogida de basura, o de canalización de agua usada».

Sin carreteras asfaltadas, ni colegios, los habitantes originarios del Negev denuncian que hay planes secretos de limpieza étnica. « El ministro israelí de Agricultura, Uri Ariel, aparte del famoso Plan Prawer, tiene un nuevo plan: quiere confiscar nuestra tierra y darnos solo un 10 y 20%. Nos quiere echar», clama Attiyah.

Las llamadas ‘patrullas verdes’, conocidas como patrullas negras entre los beduinos, se encargan de vigilar que no haya nuevas construcciones en el Negev, además de destruir casas o confiscar ganado.

Attiyah al-‘Azamin es otro beduino palestino y su casa fue demolida el pasado 4 de agosto. « Vivo en la carretera entre Beersheva y Dimona. Somos un pueblo con papeles de propiedad desde la época de los otomanos», asegura al-‘Azamin. «El 10 de julio nos ordenaron evacuar la casa. No nos fuimos. El 4 de agosto llegaron a las 6 de la mañana cientos de policías armados y dos bulldozers».

Las fuerzas israelíes sacaron violentamente a su mujer y sus diez hijos de la casa. Uno de sus hijos, de 10 años y sordo, arrastra trauma psicológico desde entonces.

«Cuando le echaron de la casa el niño solo gritaba ‘¡mi audífono, mi audífono!’. Desde entonces se orina en la cama por las noches y tiene pesadillas». La familia volvió a vivir en ese mismo lugar bajo una tienda levantada por los propios vecinos.

«No queremos nada de Israel, no queremos sus servicios. Queremos vivir en nuestra tierra, con dignidad. ¿Qué ganan echándonos? ¡Solo ganan más enemigos! Los que nos hacen esto, no tendrán misericordia en la historia», asevera el beduino.

Fuente: El Diario.

La comunidad judía chilena en los ’70

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memoria

En Latinoamérica tres fueron los principales países que, producto de la Segunda Guerra Mundial, acogieron a los judíos provenientes de Europa. Estos fueron Argentina, Brasil y Chile.

La llegada de los inmigrantes no fue fácil. Muchos de ellos arribaron al continente con nada más que con la ropa que usaban. Había incertidumbre. Había temores. El futuro se les presentaba completamente incierto.

Entonces, muy pocos identificaban el territorio latinoamericano, sus fronteras, sus riquezas, su historia.

Para asentarse en esta tierra, algunos debieron negar su procedencia, modificar sus nombres y apellidos. Incluso debieron viajar de puerto en puerto a la espera de que los países aprobaran su llegada. En el intento algunos fallecieron otros, optaron por el suicidio.

La familia materna de la periodista y traductora Maxine Lowy llegó a Argentina. Posteriormente, su madre viajó a Estados Unidos donde finalmente contrajo matrimonio con un botánico también  de familia proveniente de Hungría.

Maxine, en cambio, motivada por los procesos sociales y de elaboración de las historias nacionales recientes que se estaban efectuando en Latinoamérica, llegó a Chile en 1990.

Entonces, se interrogó: ¿cómo la comunidad judía había vivido el gobierno de la Unidad Popular y cómo, posteriormente, se había enfrentado al régimen autoritario y de tortura de Augusto Pinochet?

Esta pregunta originó un largo proceso que finalmente la llevó a realizar el libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los Derechos Humanos en Chile (LOM Ediciones), texto que a través de una serie de testimonios reconstruye la historia de la comunidad judía en Chile entre el período de la UP y la dictadura cívico- militar.

“Sentí que había una desasociación de la historia propia y de lo que había pasado en el país. Entonces, siempre quise entender de dónde venía esa desconexión. A la vez me fui dando cuenta de que ser judío y ser judío de izquierda en Chile en sí tiene su propio desafío. Es complejo manejarse tanto en el medio institucional judío como en el medio no judío. Hay percepciones de ambos lados que es difícil manejar”, comenta la autora.

De la Unidad Popular a la dictadura

El surgimiento de la Unidad Popular despertó en la comunidad judía en Chile las aprensiones que habían nacido durante la persecución nazi y el régimen de Stalin en la URSS.

“Para los judíos de Chile, dos años de la historia contemporánea del país -1970 y 1973- acentuaron las diferencias con las que llegaron a Chile (…) La sociedad en general, estaba polarizada y los judíos no fueron una excepción. Pero la condición judía agregaba un elemento más, inexistente entre los demás chilenos: el antiguo y latente temor al totalitarismo”, escribe Lowy en Memoria Latente. 

“Hubo una histeria colectiva. Los judíos nacidos aquí sencillamente vieron amenazados su patrimonio, pensaban que les iban a quitar todo: la casa, el auto, el gato”, narra uno de los testimonios presentes en el texto.

Frente a ello, la comunidad se dividió: algunos optaron por una posición neutral, otros respaldaron la nueva administración, mientras que unos terceros, identificados con el mensaje de Allende, apoyaron el proyecto de la UP.

“Anterior al 73, la comunidad judía en Chile se identificaba con corrientes bastante moderadas. Más bien era  atraído al Partido Radical. Fue en la época de la UP donde hubo esta gran división de la sociedad chilena y la comunidad judía no era ajena de eso. Ahora, en el caso de la comunidad judía, la UP hizo aflorar las corrientes de inseguridad que asociaba el socialismo de Allende con Stalin, con persecuciones stalinistas cuando en realidad Allende había comprobado que era amigo de la comunidad”, explica Lowy.

Bajo el régimen de Pinochet, el sector conservador  que veía con mayor recelo el proyecto popular, entabló una serie de formalidades con las autoridades de la Junta Militar. De esta forma, a través de cartas, publicaciones en medios de comunicación e invitaciones, los miembros de las agrupaciones sionistas convidaron a los golpistas a sus actividades. Era una forma de diplomacia. “Hubo una radicalización de la comunidad judía hacia la derecha en el aspecto público, hacia la presencia y postura pública”, comenta la autora.

Al respecto, Lowy declara: “Con el apoyo institucional judío hacia los golpistas se instauró en el imaginario chileno que los judíos somos todos de derecha y se nubló toda la historia que vino antes y la alta participación de la comunidad judía en la UP”.

Sin embargo, desde la otra vereda, también hubo un grupo, no menor, que se instauró en la resistencia, y sufrió los efectos de la represión.

“Es muy importante resaltar que en la sociedad chilena habían judíos de ambos lados. Muchas personas estaban en la resistencia y en organizaciones de defensa a los Derechos Humanos, por ejemplo, en la Vicaría de la Solidaridad”, subraya la investigadora.

El libro también da cuenta de gestos de reencuentro comunitario en años recientes en actos de homenaje a víctimas de origen judío.

Un ejercicio de memoria

“Nos torturaban (…). Me preguntaban cosas que yo no sabía. Me preguntaban también por nombres del PC. Como entre pregunta y respuesta venía la corriente eléctrica, evidentemente dije cualquier cosa”.

Este fragmento es parte del relato de un empresario con simpatías socialistas que fue detenido junto a su hermano el día jueves 22 de julio de 1976. “Alguien tiene que haber dicho algo de nosotros. Pero uno no puede guardar rencor ni animosidad si alguien lo delata”, dice el testimonio.

Sus palabras son unas de las cuantas voces presentes en Memoria Latente.

Otro de los testimonios declara: “Fue muy muy fuerte. Esa vez detuvieron a mi esposa que estaba embarazada de siete meses. De hecho,  mi hijo nació preso”.

De esta manera, Lowy elucubra un tejido de diversos testimonios de detenidos judíos bajo dictadura. A la vez, interpone las interrogantes sobre qué es ser judío, cómo de generación en generación los relatos fueron conservados por los familiares y cómo, a través del tiempo, la historia de la comunidad judía en dictadura se disolvió hasta, muchas veces, confundirse.

Actualmente, existen cerca de 200 nombres de detenidos judíos durante el régimen impuesto luego del golpe de Estado. En tanto, la lista de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos alcanza a las 20 personas.

Frente a ello, Lowy  recalca: “Lo importante, que también sugiero en el título del libro, tiene que ver con plantear un tema moral”.

Imagen: Libro Memoria latente. Una comunidad enfrentada por el desafío de los derechos humanos en Chile.

Publicado en RadioUChile

Fuente: Nodal Cultura.

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Vía Mohammed Matter.

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