El terror de la “tregua”

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ninos palestinos piden perdon

Por Koldo Campos Sagaseta.

Siguen cayendo las bombas en Gaza y Palestina. Ya no hacen ruido, ni revientan sus racimos de fuego sobre las cabezas de un pueblo cautivo, pero siguen sepultando en los escombros las vidas y esperanzas de los sobrevivientes.

Ya no levantan fumarolas de muerte ni abrasan los ojos sus malditos destellos, pero sobre Gaza y Palestina siguen cayendo las bombas del despojo, las bombas del asedio, las bombas del olvido, ante la atenta mirada de los ciegos.

“Gaza recupera la calma”, dicen los medios de comunicación, “vuelve la normalidad a Palestina”.

Los ciegos aprovechan la tregua para mejor no ver para otro lado.

N. de la R.: Sobre la breve y unilateral tregua dice La Nación: «El Estado hebreo anunció que reanudó los ataques en respuesta a los cohetes que llegaron desde el territorio controlado por Hamas; Netanyahu había aceptado un alto el fuego propuesto por Egipto, que el grupo islamista había rechazado.» ¿Territorio controlado por Hamas? Nos guste o no, Hamas fue elegido en elecciones democráticas. Y ¿no habría que negociar con los palestinos? Siguen con la propaganda…

http://www.lanacion.com.ar/1710076-israel-rompe-el-alto-el-fuego-tras-nuevos-disparos-desde-gaza

Imagen: Kalvellido.

 

“Plomo fundido” sobre la conciencia judía

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Beit Ommar, mayo 2014. Foto: Younes Arar.

Beit Ommar, mayo 2014. Foto: Younes Arar.

Por León Rozitchner.

“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos.”Albert Einstein, carta a Weismann, 1929.

¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas.

El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado define el sentido histórico que marcó el “destino” del pueblo judío, donde se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo podríamos “hacer memoria” si la construimos con los únicos recuerdos de nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho tiempo tendría que volver a ser pensada.

Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los verdaderos culpables de la Shoá? Los israelíes ya no se preguntan por el pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes, los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron ahora todos, de cierta manera, a ser judeo–cristianos? Porque seamos honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio norteamericano. Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel está –nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos– al servicio del poder cristiano–imperial de los EE.UU. ¿O van a creerse que los EE.UU. y Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido?

Recordemos. Karl Schmitt, filósofo católico del nazismo, había puesto de relieve lo que la hipocresía democrática ocultaba: la categorías políticas son todas ellas categorías teológicas. Es decir: la política occidental (democrática y capitalista) tiene su fundamento en la teología cristiana. Es notable: Schmitt coincide con lo que Marx joven decía en Sobre la cuestión judía: el fundamento cristiano del Estado germano se prolonga como premisa también en el Estado democrático.

Y si la política occidental al desnudarse muestra su fundamento teológico oculto, sin el cual no hubiera habido capitalismo, entonces toda política de Estado capitalista era antijudía, porque ése era el escollo que el cristianismo había encontrado para consolidarse como religión universal. No contra los judíos cristianizados que, como ustedes en Israel, apoyan esa política, es cierto. Ustedes tienen de cristianos, sin saberlo, lo que ocultan en su propia memoria al ocultar que la Shoá como “solución final” fue un exterminio teológico (cristiano) político europeo. Schmitt la tenía clara. Lo que el sutil filósofo alemán católico necesitaba activar, en momentos de peligro extremo para el cristianismo y el capitalismo frente a la amenaza de la Revolución Rusa y las rebeliones socialistas, era el fundamento cristiano escondido en la política: el odio visceral y alucinado religioso antijudío para que en Europa reverdeciera con toda intensidad el fundamento grabado durante siglos en el imaginario popular cristiano. Y con ese vigor arcaico reverdecido pudieran enfrentar la amenaza revolucionaria del judeo–marxismo.

Por eso, frente a la apariencia liberal de la política democrática como una relación “amigo-amigo”, el fundamento de la política nazi extremaba las categorías de “amigo–enemigo” que Schmitt vuelve a poner de relieve en el “estado de excepción” como la verdad oculta de la democracia: el único enemigo histórico cuando entra en crisis el fundamento social europeo son nuevamente los judíos. En 1933, frente a la amenaza del socialismo tildado quizá con cierta razón de judío, resurgía para muchos europeos todo su pasado y encontraban en los judíos el fundamento más profundo de lo más temido para su concepción cristiana: las premisas judías de un materialismo consagrado, no meramente físico cartesiano como la economía capitalista requería. Por eso Schmitt vuelve a desnudar las categorías fundantes adormecidas que la teología católica mantenía vivas: volvía al fundamento religioso de la política cristiana del Estado democrático para enfrentar el peligro del “comunismo ateo y judío”.

Sucede que en ese momento los judíos laicos formaban parte de la creatividad moderna que en Europa alimentó el pensamiento político y científico: eran rebeldes todavía, no como tantos de ahora, y por eso Marx de joven pensaba que los judíos, una vez superada su etapa religiosa y se hicieran laicos prolongando la esencia judía más allá de lo religioso, podrían pasar a formar parte activa de la liberación humana.

Y cuando al fin los europeos creían haber logrado en el siglo XIX la universalización del cristiano–capitalismo que se expandía colonizando a sangre y fuego el mundo, aparece otra vez el materialismo judaico como premisa del socialismo, que no es físicamente metafísico sino que parte de la Naturaleza como fundamento de la vida del espíritu humano. Tiemblan entonces en Europa los fundamentos cristianos de la política y de la economía: un nuevo fantasma la recorre y se manifiesta en una teoría judía revolucionaria. De lo cual resulta que en momentos de crisis Hitler sólo representó, en términos estrictamente religiosos, culturales y políticos, el temor de toda la cultura occidental ante los comunistas y los judíos como los máximos enemigos de ambos, ahora renovados: del capitalismo y del cristianismo. El racismo de los nazis –esa “teozoología política”– no es más que el espiritualismo cristiano secularizado que el Estado nazi consagró laicamente en las pulsiones de los cuerpos arios.

Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-comunistas”– el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos.

Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas.

Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la “parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento.

Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeo-cristianos como el rabino Bermann, avalado por el cardenal Bergoglio, o judíos–laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de determinar si soy o no judío. Si soy judío “progresista” y no me secularicé como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser judío. Pero judíos–judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos están aureolados con la coronita del cristiano-capitalismo que al fin los ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia empecinada: convertidos ahora al “judeo-cristianismo”.

Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la “solución final” europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo europeo se desembarazó de los judíos y muchos de los que se salvaron se fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.

Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese “olvido” del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los responsables políticos, económicos y religiosos –estaban a la vista–- como los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio. Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron alborozados que el socialismo stalinista antisemita se derrumbara arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar al enemigo verdadero por un enemigo falso.

Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo: los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.

Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes, hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era “amigo/cristiano–enemigo/judío”. Ahora que los judíos vencidos se cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra: “amigo/judeocristiano–enemigo/musulmán”. ¿Este es el lamentable destino que Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel depende también el destino de todos nosotros.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/117692-37474-2009-01-04.html

La historia de Gaza que Israel no cuenta

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Casa destruida hoy en Gaza, día 14 de julio de 2014. Foto: Manu Pineda.

Casa destruida hoy en Gaza, día 14 de julio de 2014. Foto: Manu Pineda.

Por Robert Fisk. The Independent.

Traducido para Rebelión por LB.

OK, así pues hasta esta tarde el balance de dos jornadas de intercambio letal se eleva a 40-0 a favor de Israel. Veamos ahora la historia de Gaza que no oirá contar a nadie en las próximas horas.

Se trata de la tierra. Los israelíes de Sderot sufren el fuego de cohetes lanzados por los palestinos de Gaza y ahora los palestinos están recibiendo su merecido. Claro. Pero, un momento: ¿cómo es que todos esos palestinos —millón y medio en total— han acabado hacinados en Gaza? Bueno, pues resulta que sus familias vivieron una vez en lo que ahora se llama Israel. Y que fueron expulsados —o huyeron para salvar la vida— cuando se creó el Estado de Israel.

Y resulta también que —se aconseja aquí tomar aire con una profunda inspiración— las personas que vivían en Sderot a principios de 1948 no eran israelíes sino árabes palestinos. Su aldea se llamaba Huj. Tampoco eran enemigos de Israel. Dos años antes, esos mismos árabes habían escondido del ejército británico a combatientes de la Haganah judía. Sin embargo, cuando el 31 de mayo de 1948 el ejército israelí se plantó en Huj expulsó a todos los habitantes árabes de la población, ¡a la Franja de Gaza! Y se convirtieron en refugiados. David Ben Gurion (el primer Primer Ministro de Israel) lo llamó una “acción injusta e injustificada”. Una pena. A los palestinos de Huj nunca se les permitió regresar a sus hogares.

familia al-Batsch

Y hoy, más de 6.000 descendientes de los palestinos de Huj —ahora Sederot— viven en la misérrima Gaza entre los “terroristas” que Israel proclama querer destruir y que disparan cohetes contra lo que otrora fue Huj. Interesante historia.

Y lo mismo cabe decir por lo que respecta al derecho de autodefensa de Israel. Lo hemos vuelto a oír hoy mismo. ¿Qué pasaría si los ciudadanos de Londres fueran bombardeados como lo son los ciudadanos israelíes? ¿Acaso no devolverían el golpe? Bueno, sí, pero los británicos no tenemos a más de un millón de antiguos habitantes del Reino Unido encerrados en campos de refugiados en unos pocos kilómetros cuadrados alrededor de Hastings.

La última vez que se utilizó este argumento falaz fue en 2008, cuando Israel invadió Gaza y mató al menos a 1.100 palestinos (tipo de cambio: 1.100 contra 13). ¿Qué pasaría si a Dublín la atacaran con cohetes?, preguntó entonces el embajador de Israel. Ahora bien, en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, sufrió el ataque de cohetes lanzados desde la República de Irlanda pero no por ello la RAF se vengó bombardeando Dublín y matando a mujeres y niños irlandeses. En Canadá, en 2008, los partidarios de Israel blandieron el mismo argumento falaz. ¿Qué pasaría si a la gente de Vancouver o Toronto o Montreal la atacasen con cohetes disparados desde sus propios suburbios? ¿Cómo se sentirían? Sin embargo, los canadienses no han empujado a campos de refugiados a los habitantes originales del territorio canadiense.

Y ahora vámonos a Cisjordania. Al principio Benjamin Netanyahu dijo que no podía hablar con el “Presidente” palestino Mahmoud Abbas porque no representaba también a Hamas. Luego, cuando Abbas formó un gobierno de unidad [con Hamas], Netanyahu dijo que no podía hablar con Abbas porque se había aliado con la “terrorista” Hamas. Ahora dice que sólo se puede hablar con Abbas si rompe con Hamas, aunque si lo hace dejará de representar a Hamas.

Mientras tanto, el gran filósofo israelí de izquierdas Uri Avnery —90 años de edad y por fortuna tan recio como siempre—, ha llamado la atención sobre la última obsesión de su país: el peligro de que Isis lance un asalto hacia el oeste desde su “califato” sirio-irakí y llegue hasta la ribera oriental del río Jordán.

“Y Netanyahu dijo”, según Avnery, que “si no son detenidos por una guarnición israelí permanente estacionada allí (en el río Jordán), llegarán hasta las mismas puertas de Tel Aviv”. La verdad, por supuesto, es que la aviación israelí aplastaría a Isis en el mismo instante en que osara cruzar la frontera con Jordania desde Irak o Siria.

La importancia de eso, sin embargo, es que si Israel mantiene su ejército en el Jordán (para proteger a Israel de Isis), un futuro Estado “Palestino” no tendrá fronteras y será un enclave dentro de Israel rodeado por todas partes por territorio controlado por los israelíes.

“Igual que un bantustán sudafricano”, dice Avnery. En otras palabras, jamás existirá un Estado palestino “viable”. Después de todo, ¿acaso no es Isis lo mismo que Hamas? Por supuesto que no.

Pero no es eso lo que le oímos decir a Mark Regev, portavoz de Netanyahu. No, lo que le dijo a Al Jazeera fue que Hamas era “una organización terrorista extremista no muy diferente de Isis en Irak, Hezbollah en el Líbano, Boko Haram …” Basura. Hezbolá es una milicia chií que en Siria combate a muerte contra los musulmanes sunitas de Isis. Y Boko Haram —a miles de kilómetros de Israel— no es una amenaza para Tel Aviv.

Pero usted ya ha captado el concepto. Los palestinos de Gaza —y, por favor, olviden para siempre a los 6.000 palestinos cuyas familias son oriundas de Sederot— están aliados con las decenas de miles de islamistas que amenazan a Maliki en Bagdad, a Assad de Damasco o al presidente Goodluck Jonathan en Abuja. Más interesante aún: si Isis se dirige hacia las lindes de Cisjordania, ¿por qué el gobierno israelí sigue construyendo allí colonias para los civiles israelíes de forma ilegal y en tierras árabes?

Todo esto no tiene que ver solamente con el vil asesinato de tres israelíes en la Cisjordania ocupada o con el vil asesinato de un palestino en la Jerusalén Este ocupada. Tampoco con la detención de numerosos militantes y políticos de Hamas en Cisjordania. Tampoco con los cohetes. Como de costumbre, el meollo del asunto es la tierra.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/the-true-gaza-backstory-that-the-israelis-arent-telling-this-week-9596120.html

Visto en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187215

Imágenes palestinas

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Ya «refugiada» en el País Vasco, tengo 10 ventanas abiertas (o más) para seguir atentamente lo que ocurre en Palestina.

Que los pueblos les den una lección a sus gobernantes cómplices con esta masacre de Gaza (que no es la primera), Cisjordania y Jerusalén Ocupada, que empezó hace más de 60 años y les pidan que no apoyen más la cultura de la muerte.

 

propaganda sionista esp

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

Palestinos huyen de sus casas después de ultimátum de Israel. Foto: EFE.

 

 

Redada en "mi" pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

Redada en «mi» pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

 

Redada en "mi" pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

Redada en «mi» pueblo Beit Ommar ayer a la noche. Foto: Younes Arar.

 

Foto: @IssamSammour

Foto: @IssamSammour

 

Foto: Manu Abu Carlos

Foto: Manu Abu Carlos

Manu Abu Carlos: estamos ahora en los colegios de la UNRWA que sirven de refugio a las miles de familias palestinas que se están desplazando desde el norte de la Franja a Gaza City.
La ocupación avisó ayer a la población del norte que debían abandonar sus casa e irse lejos. Esto podría ser preludio de una intervención terrestre.
Mientras tanto, las bombas caen cerca de estos colegios
. (13 de julio)

Huyendo del norte de Gaza hacia Gaza City. Foto: @miniestmi.

Huyendo del norte de Gaza hacia Gaza City. Foto: @miniestmi.

 

"Paren la matanza en Gaza". En Ayalon, sur de Tel Aviv. Foto: סרבניות נגד הכיבוש‎.

«Paren la matanza en Gaza». En Ayalon, sur de Tel Aviv. Foto: סרבניות נגד הכיבוש‎.

Crónicas desde Palestina IV: Siempre puede aumentar el terrorismo de la Ocupación y los colonos

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Los Otros Judíos en Palestina.

Tuve que viajar fuera de Cisjordania, por recomendación de líderes de la resistencia local. Aunque las principales protestas se dan en Jerusalén Este Ocupada y Gaza, puede ser cuestión  de tiempo que Cisjordania explote todavía más.

Con airadas protestas de Fida, la dueña de casa donde me hospedé que me echó en cara con impotencia que yo había prometido quedarme por lo menos tres semanas y luego volver tras un corto viaje. Traté de explicarle y que esperaba volver pronto, pero para ella estas situaciones de crisis  son normales y solo me decía: «Ni yo ni mi familia queremos que te vayas. Te queremos mucho.» Yo lloraba a mares, no por irme, sino porque es imposible saber si podré volver.

Con Fida Arar en Beit Ummar.

Con Fida Arar en Beit Ummar.

En medio a estas eventualidades personales, la Ocupación, a través de su policía y de terroristas judíos de Jerusalén o Cisjordania Ocupada, están encarnando la Noche de los Cristales Rotos, con muy (hipócritas) pocos hechos por parte del gobierno sionista para detener a las pandillas. Es que están dedicados a bombardear Gaza, ahora a cualquier hora del día, como sucede en este exacto momento.

Nunca me ha gustado apelar a fotos de personas muertas o heridas, pero considero que las nuevas acciones terroristas deben ser divulgadas. Después del brutal asesinato del adolescente Mohamad Abu Khdair de 16 años, a quien lo obligaron a tragar gasolina y luego lo quemaron vivo hasta morir, su primo que vive en Estados Unidos y está pasando unas vacaciones con su familia de Shu’fat fue apaleado brutalmente. Como si eso no bastase, Tareq Abu Khdair fue detenido y liberado en el día de ayer, condenado a 15 días de arresto domiciliario y a pagar una multa.

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Mohamad Abu Khdair y su mamá

En Haifa, Palestina histórica, Zahi Abu Hamed and Anwar Satel fueron atropellados a propósito por un colono sionista.

Zahi Abu Hamed y Anwar Satel atropellados en Haifa

Zahi Abu Hamed y Anwar Satel atropellados en Haifa

 

Tareq Adili, de 22 años, fue secuestrado el sábado pasado por una horda de colonos sionistas en una colonia (ilegal, como todas las colonias en Cisjordania Ocupada), fue atacado con hachas y cuchillos y luego dejado en la carretera ahogándose en su propia sangre.

 

Tareq Adili

Tareq Adili

 

Ammar Mufid Dalu fue golpeado ayer por terroristas judíos en Jerusalén Ocupada.

 

Ammar Mufid Dalu

Ammar Mufid Dalu

 

Mohamad Shwaiki, de la ciudad de Hebrón, fue atacado hoy en la mañana.

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Mohamad Shwaiki

 

 

 

En Gaza, solo en el ataque de ayer a la noche murieron 11 personas en ataques de la Fuerza Aérea Israelí.

Israel bombardea Gaza, domingo 6 de julio, 2014

Israel bombardea Gaza, domingo 6 de julio, 2014

 

Mientras tanto, en la Palestina histórica, los israelíes «comunes» hablan de la final de Wimbledon y las semifinales del Mundial.

Tengo la espalda como si me hubieran apaleado a mí…

 

Tali Feld Gleiser,  Ein Hamifratz, 7 de julio de 2014

 

Fuente: Internet y Facebook de Younes Arar, uno de los líderes de la resistencia no violenta de Beit Ummar, Hebrón.

Crónicas desde Palestina III: Castigo colectivo

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Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Plaza Manara, Ramala. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Los Otros Judíos en Palestina.

El día en que se hizo público el encuentro de los cadáveres de los tres jóvenes colonos me encontraba en la ciudad de Ramala. La gente que estaba conmigo no paraba de repetir: «No se puede matar prisioneros, no se puede matar prisioneros. ¿Qué pasaría si los israelíes deciden matar a alguno(s) de los casi 6000 presos palestinos?» No fue necesario que ocurriera «nada» con los presos (más allá de las habituales torturas físicas y psicológicas) porque hordas de colonos de extrema derecha secuestraron a Mohamad Abu Khdair de 16 años, lo torturaron y quemaron hasta matarlo. Hoy, el campo de refugiados de Shu’fat amaneció tomado por las fuerzas de ocupación de Israel que trataban de sofocar las protestas, que continuaron durante toda la noche.

Barrio de Shu'fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio.

Barrio de Shu’fat, Jerusalén Este Ocupado en la noche del 2 de julio. Foto via Younes Arar.

En el Campamento de Refugiados de Jenin, Youssef Abu Zaghah -de sólo 16 años- fue asesinado a sangre fría de un disparo en el pecho por las fuerzas de ocupación de Israel.

En Jerusalén, una turba de jóvenes pro colonos y judíos ortodoxos, encabezada por los exparlamentarios Michael Ben Ari e Itamar Ben Gvir, salieron por las calles gritando: «Queremos venganza. Un judío es un hermano, un árabe es un bastardo». La policía trató de dispersarlos y, mientras corrían, algunos de ellos preguntaban: «¿Qué hora es?» a gente de piel oscura para ver si respondían con acento árabe y agredirlos.
La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

La policía israelí evacúa a un palestino de una turba de judíos, 1 de julio, 2014. Foto: Olivier Fitoussi.

Otros, gritaban a turistas y curiosos que dejaran de ver el Mundial de Fútbol y se juntaran con ellos. También entraron a un restaurante McDonald’s porque se enteraron de que había trabajadores palestinos.
En otro caso, extremistas judíos atacaron a tres palestinos que realizaban su cena de Ramadán y uno de ellos resultó herido. La policía arrestó a tres de los agresores y amenazó con arrestar a uno de los palestinos, que preguntaba cómo el solo podría atacar a 500 personas.
Más de 1600 casas, universidades y sedes políticas han sido allanadas. Varias casas de familia y algunos vehículos particulares pertenecientes a dirigentes políticos palestinos han sido destruidos por el ejército de ocupación (1).
Hoy jueves de madrugada, cinco palestinos fueron secuestrados por las Fuerzas de Ocupación de Israel en el distrito de Nablus y, uno, en Jenin, al norte de Cisjordania. Las redadas continuaron en casi todos los pueblos y ciudades, además del salvaje ataque a Gaza con más de 30 bombardeos y muchos heridos. 15 palestinos ya fueron asesinados desde el lunes. No hay cómo informar de todas las violaciones a los derechos humanos, el castigo colectivo al que está siendo sometido el pueblo palestino desde que encontraron los cadáveres de los tres colonos adolescentes el lunes pasado, sin escribir casi un diario sobre cada crimen. Tras cada número existe un nombre, una vida o, incluso, una muerte.
Nada hace pensar que la situación pueda calmarse. El gobierno sionista no tiene cómo controlar (si quisiera) a la extrema derecha y los colonos que infectan la Cisjordania ocupada y que son fuertemente subsidiados por el Estado. La Autoridad Palestina no tiene ningún poder en este caso, si es que lo tiene en algún momento.La prensa también está siendo atacada. Una fotógrafa de Active Stills fue baleada en la cara y tuvo que ser operada para no perder un ojo (no hay informe médico hasta el momento). La periodista Boshra Tawil, de 24 años e hija de uno de los líderes de Hamas en la zona de Al-Bira, fue secuestrada en su propia casa. Boshra es la portavoz de la Red «Aneen Al-Qaid Media» una agencia de noticias local que se especializa en cubrir noticias sobre las detenciones de palestinos y los presos políticos.
Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Fotógrafa de Active Stills herida en la cara.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Boshra Tawil, de Aneen Red Al-Qaid Media secuestrada de su propia casa.

Los testimonios escritos y fotográficos de los activistas internacionales parecen estar teniendo algún efecto por las nuevas actitudes de Israel. Tengo que volver de Ramala a Beit Ummar, para lo que existen dos opciones, siempre y cuando uno NO sea palestino. La primera es a través de Jerusalén, lo que podría tomar unos 30 o 40 minutos si no hubiera puestos de control y otras eventualidades. La segunda opción, y la única que la mayoría de los palestinos puede usar es el Valle del Fuego, una carretera en pésimas condiciones y muy peligrosa. El viaje puede tomar entre tres y cuatro horas debido a las paradas constantes, el estado del asfalto y la cantidad de veces que a las Fuerzas de Ocupación se les antoje pararte. También hay que pasar por dos puestos de control.

Ramala Beit Ummar
En mi caso, tomo en Ramala el bus 19 a la estación de buses palestinos en Jerusalén Este. Como mis amigos palestinos no venían conmigo, no habría problema en hacer este itinerario. Llegamos rápidamente a Qalandia, puesto de control que corresponde a esa área, y sucede algo fuera de lo habitual. Un soldado (muy parecido a mi primo de Buenos Aires) pide los documentos a todos los pasajeros y, al contrario de lo que sucede siempre, quienes fuimos enviados al puesto de control éramos todos extranjeros.
En la entrada, hay un gran estacionamiento y oigo que me ofrecen un taxi. Era una parada de taxis palestinos cuyos choferes tienen autorización para llevar pasajeros del puesto de control hasta Jerusalén. En una decisión arriesgada acepto la tarifa que me dan (alta para mi menguado presupuesto) y me hacen subir adelante al lado del taxista, que solo habla árabe. Por esas cosas de la Ley de Murphy casi vamos a parar al mismo carril donde habían revisado mi bus palestino. Si el soldado igual a mi primo ve que no pasé por el puesto de control, tendré no pocos problemas. En un grito instintivo, le grito al chofer «¡no!» y le hago un gesto como para que tome otro carril y, por suerte, me obedece. Nos toca otro soldado, que mira mi pasaporte sin interés. Pasamos sin problemas y sin que «mi» soldado, en el carril de al lado, me viera.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Fila para el puesto de control de Qalandia. Foto: Tali Feld Gleiser.

Ya en Jerusalén, camino hasta la estación frente a la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja y tomo el bus 21 (siempre palestino) a Belén. Pocos minutos después de partir, somos parados frente al Parque Nacional Mitchaell. Dos jóvenes policías, casi adolescentes, piden los documentos. Una de ellas recoge los de los palestinos y revisa los pasaportes de los extranjeros sin prestar mucha atención. No pueden molestarnos mucho porque Belén es una ciudad turística y «business is business». Las dos policías bajan y se reparten los documentos palestinos con otras policías. Tardan unos diez minutos. Sentadas en los escalones de la entrada del Parque vaya uno a saber de qué hablan porque se las ve reírse como si estuvieran chusmeando sobre el chico lindo de la escuela. Cuando terminan, le entregan los documentos al chofer del bus que los devuelve a sus dueños.
Soldado pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Policía pidiendo los documentos. Foto: Tali Feld Gleiser.

Nadie más nos detiene hasta Belén, donde tomo una camioneta en dirección a Hebrón.

Entrada a Beit Ummar  y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc.

Entrada a Beit Ummar y camionetas amarillas que van a Belén, Hebrón, etc. Foto: Tali Feld Gleiser.

Me bajo en la entrada a Beit Ummar tras un agotador viaje de más de cuatro horas, de una jornada que todavía sería muy larga. Pero eso es otra historia.

Beit Ummar, 3 de julio de 2014.

Fuentes

Crónicas desde Palestina II: Ramadán, Ramadán

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Por Los Otros Judíos en Palestina.

De Jerusalén no es difícil llegar a Beit Ummar, siempre y cuando no seas palestina. Primero, a Ramala en el bus 19 o 18, que atraviesa el puesto de control de Qalandia, y luego en una camioneta al pueblo (aunque este no sea el itinerario más corto), pasando por otro puesto de control, si es que no hay bloqueos móviles de los soldados israelíes.

Puesto de control de Qalandia.

Puesto de control de Qalandia.

Los palestinos tienen transporte colectivo independiente de los colonos judíos (ilegales todos) que viven en Cisjordania. Hay dos estaciones cerca de la Puerta de Damasco, Jerusalén Este. Mi bus se llena especialmente de mujeres palestinas y dos españolas que parecen ser activistas. Cuando nos acercamos al puesto de control, empieza a aparecer el muro del apartheid. El gris amenaza con envolverlo todo y contrasta con la luz de las montañas salpicadas por olivos centenarios. «No tenemos que parar en Qalandia», me dicen que solo a la vuelta. La estructura de hormigón armado intimida. Del otro lado, una fila de camiones y autos que esperan pacientemente por la humillación cotidiana a la que ya están acostumbrados.

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En Beit Ummar me recibe mi amigo Younes con la familia de Fida, su hermana. Aparecen todos los niños y me dan la mano uno por uno. Nunca me hubiera podido imaginar en ese primer encuentro los lazos que se estaban creando con esa gente digna, educada y hospitalaria hasta las últimas consecuencias. Compartimos todo, desde casa, comida y vida familiar hasta el calor de 40 grados sin ventilador. La familia Abu María no puede permitirse ese lujo por el costo de la electricidad (controlada por una empresa israelí).

Con Obai.

Con Obai.

Con Dala (la chiquita) y Reem (se lee Rim).

Con Dala (la chiquita) y Reem (se lee Rim).

Beit Ummar, al norte de Hebrón,  es un pueblo agrícola con 5.000 años de historia. La población de 17.000 habitantes es musulmana y se ha ido empobreciendo a través del tiempo por la ocupación israelí y las seis colonias judías que lo rodean. Los colonos sionistas han robado progresivamente tierras palestinas, además de apoderarse del agua del pueblo.

Entrada a Beit Ummar, con atalaya del ejército de ocupación de Israel.

Entrada a Beit Ummar, con atalaya del ejército de ocupación de Israel.

El domingo 29 de junio empezó el Ramadán, una de las épocas más importantes del calendario musulmán. Se dice que en 1428 Mahoma comenzó a recibir la revelación del Corán, y cumplir el ayuno es uno de los cinco pilares del Islam. Todos los musulmanes (con algunas excepciones) ayunan desde el alba hasta la puesta del sol, absteniéndose de comer, beber y tener relaciones sexuales. Se lo considera un método de autopurificación espiritual, pues se desarrolla una identificación con quienes sufren hambre y se crece en la vida espiritual.

Yo no tengo que dejar de comer, pero me piden que coma en mi cuarto. Por desconocimiento de que los almacenes cierran a determinada hora, no compro comida suficiente y me contento con pan pita, hummus y dos ciruelitas (un casi ayuno).

Comida del primer día de Ramadán. Tras el ayuno, se come de forma normal, nada de atiborrarse de comida.

Comida del primer día de Ramadán. Tras el ayuno, se come de forma normal, nada de atiborrarse de comida.

Los niños a partir de cierta edad también ayunan, no de forma muy voluntaria, pero saben que es su deber. El primer día sienten mucha sed y hambre. Puede ser complicado para muchos entender un ritual que excluya la comida durante tanto tiempo. Y más hoy en día en que existen tantos problemas por disturbios alimentarios: obesidad, bulimia, anorexia, etc. Se come porque sí, hasta hartarse, sin hacerle caso al cuerpo que no necesita tanta basura. La vida “moderna” ha acabado con las mesas familiares. Estamos invadidos por la comida procesada y los pesticidas. Empresarios asesinos quieren ganar más y más y no les importa que el cáncer y otras enfermedades aumenten de forma alarmante. Por ejemplo, en Beit Ummar, los campesinos no se pueden dar el lujo de cultivar alimentos orgánicos. Según me han dicho, es mucho más costoso y tampoco disponen del tiempo necesario para el cuidado que eso requiere, pues casi todos tienen otro trabajo, porque el campo no provee lo mínimo indispensable.

Desde mi llegada al pueblo, constato que no sabemos qué es el hambre, circunstancialmente, he pasado dos noches despertándome con dolor de estómago por no haber comido durante muchas horas. Aquí la gente no tiene horarios tan delimitados para alimentarse. El desayuno puede ser al mediodía y luego un almuerzo-cena a las cuatro de la tarde. Es lo que me sucedió el día en que fui a Hebrón con mi amiga Fida. Al regreso ella preparó la comida y yo no almorcé mucho, no lo suficiente como para no comer nada hasta el día siguiente. Esto me sucedió más por no querer ofender que por otra cosa. Y el hambre duele. Aunque ahora me ría de la experiencia, es imposible no pensar en tantos humanos que pasan hambre de verdad todos los días de su vida, tantos que no tienen el «privilegio» de alimentarse, a medida que la sociedad occidental se pone cada día más obesa.

En Beit Ummar o Hebrón no he visto a nadie pidiendo limosna o con hambre. Aunque la mayoría no puede cubrir las necesidades básicas, un palestino no puede ver a alguien necesitado, aquí siempre sobra un plato de comida, o varios. Y el Ramadán sirve, entre otras cosas, para ser aún más solidarios.

Viajar y conocer otras culturas es despojarse de nuestra lógica, incluso puede ser enfrentar momentos difíciles de adaptación y aprendizaje. Hoy en día especialmente, el mundo árabe es demonizado por los medios occidentales y mucha gente les cree. Ninguna cultura es perfecta, y ninguna cultura merece ser juzgada como inferior a otra. Espero con mi testimonio ayudar a que ustedes vean otro lado, el humano, el de la solidaridad de gente que vive bajo una ocupación israelí implacable y que, además de un plato de comida, comparte su amor a la vida de forma incondicional.

Regalo de Reem.

Regalo de Reem.

Fotos: Tali Feld Gleiser, Obai Yousef y ReemYousef.

Beit Ummar, 30 de junio de 2014.

Crónicas desde Palestina I

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Texto y fotos por Los Otros Judíos, desde Palestina.

Despertador para las 6:45, no vaya a ser que me quede dormida por primera vez en mi vida. Abro los ojos y son las cuatro. A pesar del cansancio de tantos partidos de Mundial a la una de la mañana, el olor a vaca del kibutz lo invade todo, al punto de no dejarme dormir. Veo si hay alguna novedad en internet y respiro hondo. Vuelvo a abrir los ojos a las seis y el sol ya entra por las rendijas. Repaso mentalmente todo lo que tengo que llevar y cuando me doy cuenta ya estamos en el auto camino a la estación del tren Akko-Akka.

Estación del tren

Estación del tren.

¿Alguien trae bombas en la mochila?

Desde que llegué me choca la “normalidad” que se ve desde cuando uno llega al aeropuerto hasta el norte en la frontera con El Líbano. Solo “pequeños” detalles de seguridad: hay detectores de metales en las entradas de centros de compras o estaciones de tren y autobuses.

Visitamos la ciudad palestina de Acre, uno de los asentamientos poblados más antiguos del mundo. Hoy en día forma parte de la Palestina histórica y fue tomada por los sionistas en 1948, por lo cual es administrada por Israel.  La mayoría de los palestinos fueron expulsados de la ciudad. Actualmente solo el 25% de la población es nativa, o sea, palestina. Durante el paseo no fue posible ver ni un soldado israelí, sí muchos turistas paseando, de todos los orígenes posibles. Busqué con especial atención alguna señal de que hubiera una vigilancia especial. Una aparente normalidad lo invadía todo.

Murallas de la ciudadela de Acre desde la playa

Murallas de la ciudadela de Acre desde la playa.

Ciudadela

Ciudadela

Hasta que se me ocurrió ver televisión. Si no fuera por el idioma, se podría pensar que era un canal pasteurizado de cualquier parte del mundo: un modelo (anti) periodístico en el que se habla del Mundial de Brasil y del evento que ocupa todo lo que sucede en Israel: tres adolescentes religiosos de las colonias (las colonias son ilegales por definición), desaparecidos, o secuestrados según la prensa sionista, aunque todavía ninguna organización se atribuyó el hecho. Pero el primer ministro Netanyahu, sin investigación, ya sabe que fue Hamas, porque fue lo que el servicio secreto le informó, según sus propias palabras.

3 adolescentes entregan plegarias y la gente se para a rezar delante del cartel.

Tres adolescentes entregan plegarias y la gente se para a rezar por los tres colonos desaparecidos delante del cartel.

A todo momento aparecen en la televisión las madres de los jóvenes, sonrientes; son parte del espectáculo. Una, hasta bromea y dice que confía en Dios y es optimista. Nada de lágrimas ni lamentos. Solo les falta darle gracias al todopoderoso por estar pasando por esta situación.

La campaña para traer de vuelta a los muchachos, que estaban haciendo dedo muy cerca del pueblo donde me encuentro (Beit Ummar) y viven en los Territorios Ocupados, se transformó en el mayor castigo colectivo a Cisjordania en los últimos 10 años, con redadas en toda el área de Hebrón, de día y de noche, heridos, muertos y más de 200 palestinos secuestrados (además de los más de 5200 que se encuentran en las cárceles israelíes, algunos sin acusación de ningún tipo – detenciones administrativas). Casualmente, este hecho sucede después de que la Autoridad Palestina, que gobierna Cisjordania, y Hamas, que controla la Gaza estrangulada por un bloqueo (Nuestra América, ¿les suena la palabra bloqueo?), anunciaran un gobierno de unidad. Cuando hasta el perrito faldero de Estados Unidos empieza a pedir que el gobierno israelí pare la construcción de colonias judías en Cisjordania y la Unión Europea comienza a tomar medidas contra los productos de estas colonias, Netanyahu se las da de gran estadista y ofrece conferencias de prensa a toda hora prometiendo traer de regreso a los jóvenes y, por supuesto, debilitar a Hamas.

Escribo sin parar en el tren que me lleva a Tel Aviv, mientras empiezo a ver “por fin” cada vez más soldados verde oliva. Son jóvenes que podrían ser como cualquier otro, pero que cumplen con un servicio militar de tres años los varones y dos, las mujeres, en una sociedad completamente alienada y ajena a la cuestión palestina. Los hombres llevan la ametralladora como si fuera la prolongación de su cuerpo. Es esa misma arma la que apunta y mata personas inocentes, no importa si son ancianos o niños.

soldados

Soldados en Jerusalén

Soldados en Jerusalén

El pensamiento viaja a la velocidad del tren, salta de la anormal normalidad israelí a la realidad de la Ocupación, que conozco tan bien, o eso creo. Perdida en mi mundo, casi me paso de estación y nadie en mi vagón me contesta si esa es la estación Savidor, la mayoría son rusos que no saben inglés y casi nada de hebreo. Salto en el último segundo rumbo al bus que me llevará a Jerusalén Este, y luego a Cisjordania, Palestina Ocupada.

Hacia Ramala, Territorios Ocupados, estación de buses palestinos, Jerusalén Este.

Hacia Ramala, Territorios Ocupados, estación de buses palestinos, Jerusalén Este.

Sueños patagónicos: Los bifurcados senderos de Herzl y el Papa Francisco

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papa

Por Uri Avnery.
zope.gush-shalom.org
Traducido para Rebelión por LB.

Durante su corta visita a Israel el Papa Francisco depositó unas flores sobre la tumba de Theodor Herzl. No fue un gesto habitual. Los jefes de Estado extranjeros están obligados a visitar Yad Vashem, como hizo el Papa, pero no la tumba de Herzl. No es como la Tumba del Soldado Desconocido de París.

Entonces, ¿por qué la tumba de Herzl? Obviamente, ese gesto tenía como objeto subrayar la naturaleza sionista del Estado.

Herzl fue el fundador del sionismo político moderno. Se le denomina oficialmente «el Visionario del Estado». La suya es la única foto que adorna la cámara de plenos de la Kneset. Si tuviéramos santos se llamaría Santo Teodoro.

Probablemente Francisco no le dio mayor importancia a ese gesto. Si es así, es una lástima. El Papa argentino podría haber encontrado muy interesante la figura de ese pintoresco periodista y dramaturgo vienés.

Porque si Herzl se hubiera salido con la suya Francisco habría sido recibido por el presidente Peres y por el primer ministro Netanyahu en castellano. Habría honrado la tumba de Herzl en el Estado judío en algún lugar al sur de Buenos Aires.

Si Francisco nunca ha oído hablar de este episodio, no es el único. La inmensa mayoría de los israelíes tampoco lo ha hecho. No se enseña en las escuelas israelíes. Se oculta de forma un tanto vergonzante.

Los israelíes saben sobre «Uganda». Poco antes de su muerte prematura Herzl fue invitado por el gobierno británico para poner en práctica sus ideas en una parte del África Oriental Británica (en realidad se trataba de las tierras altas de Kenia, una meseta con un clima suave que más tarde se convirtió en territorio de Kenia.)

Para entonces Herzl había perdido la esperanza de obtener Palestina del sultán turco. El proyecto de Kenia, que podía ejecutarse inmediatamente, lo atrajo a él y a su principal valedor, Max Nordau, quien le aconsejó que lo aceptara al menos provisionalmente, como una especie de «asilo nocturno”.

Pero los sionistas rusos, el baluarte del movimiento, se rebelaron. Palestina o nada. Herzl fue desbordado por sus propios admiradores y murió poco después con el corazón destrozado, según se dijo.

Este episodio es bien conocido. Mucho se ha escrito sobre él. Algunos dicen que si durante la década de 1930 hubiera existido en África una Comunidad judía muchos judíos europeos podrían haberse salvado de los nazis.

Pero el capítulo argentino ha sido borrado. No encajaba con la imagen del Visionario del Estado que cuelga en las paredes.

La larga senda de Herzl hacia el sionismo comenzó cuando, siendo un estudiante judío de origen húngaro residente en Viena, se dio de bruces con el antisemitismo. Su mente lógica halló la respuesta. Como era dramaturgo, describió la escena: todos los judíos austríacos, excepto él mismo, marcharían de forma ordenada a la Catedral y se convertirían en masa al catolicismo. El Papa se habría entusiasmado.

Sin embargo, Herzl pronto comprendió que ni los judíos aceptarían el bautismo («Los judíos le temen al agua», bromeó en cierta ocasión Heinrich Heine) ni los Goyim nacionalistas soñarían siquiera con aceptarlos en sus filas. ¿Cómo podrían hacerlo? Los judíos estaban en todas partes, dispersos en multitud de países diferentes, así que ¿cómo podrían adherirse sinceramente a ningún movimiento nacional?

Ahí es cuando Herzl tuvo su visión histórica: si los judíos no podían adherirse a ninguno de los movimientos nacionales que brotaban como champiñones por toda Europa, ¿por qué no habrían de constituirse ellos mismos en una vieja-nueva nación independiente?

Para Herzl esa era una idea sobria, racional. No había ningún Dios involucrado, ni Sagradas Escrituras, ni tonterías románticas. Palestina no entró en su plan. Tampoco sentía el más mínimo interés por las fantasías religiosas de los cristianos sionistas de Gran Bretaña y EEUU del tipo de Alfred Balfour.

El proyecto de Herzl fue completado íntegramente hasta el más mínimo detalle y plasmado por escrito en el folleto que se convirtió en la Biblia Sionista, Der Judenstaat, incluso antes de que Herzl comenzara a pensar seriamente en el lugar donde debía ser implementado.

El panfleto inició su andadura como un discurso que pronunció ante el «consejo de familia» de los Rothschild, los judíos más ricos del mundo. Herzl confiaba en que financiarían su proyecto.

El texto está inmortalizado en sus Diarios, un documento muy bien escrito que ocupa varios tomos. En la página 149 del primer tomo de la edición original en alemán, tras explicar sus planes, comenta que «les puedo decir todo sobre la ‘Tierra prometida’ excepto su ubicación». Esa cuestión quedará en manos de una conferencia de destacados geógrafos judíos que decidirán dónde se instalará el Estado judío tras examinar todas las características geológicas, climáticas, «en definitiva, las circunstancias naturales, teniendo en cuenta las investigaciones más modernas». Se trata de una decisión de carácter «puramente científico».

Al final, cuando el panfleto salió a la luz con el título de Der Judenstaat, el asunto de la ubicación quedó prácticamente ignorado. A esa cuestión se le consagraba menos de una página bajo el expresivo título de «¿Palestina o Argentina?».

Claramente, Herzl prefería Argentina. La razón de ello también se ha olvidado.

Una generación antes de Herzl Argentina consistía principalmente en el territorio situado al norte del país, alrededor de Buenos Aires. El gran sur, denominado Patagonia, estaba casi vacío.

En aquel momento Argentina inició una campaña de conquista que hoy en día muchos consideran genocida. La población indígena precolombina, incluida una tribu de «gigantes» (dos metros de altura), fue exterminada o expulsada. A eso se lo llamó, casi en términos sionistas, «la campaña del desierto».

Campañas genocidas de ese tipo eran bastante habituales en aquella época. Los EEUU hicieron la suya contra los «pieles rojas». Los alemanes perpetraron genocidio en la actual Namibia y el asesino de masas fue agasajado en la Alemania del Kaiser como un héroe nacional. El rey de los belgas hizo algo similar en el Congo.

Lo que Herzl vio con el ojo de su mente era un enorme nuevo país más o menos vacío aguardando a convertirse en un Estado judío. Pensó que el gobierno argentino entregaría el territorio a cambio de dinero. La población local restante podría ser expulsada o inducida a trasladarse a otro lugar, pero «sólo después de que hubieran exterminado a todos los animales salvajes».

(Los propagandistas anti-israelíes utilizan esta frase como si estuviera dirigida a los palestinos. Eso es completamente falso. Herzl jamás habría podido haber escrito eso sobre Palestina mientras el califa musulmán fuera el soberano del país.)

La Patagonia es una región muy pintoresca, con muchos paisajes diferentes, desde las costas de los océanos Atlántico y Pacífico hasta las increíblemente hermosas montañas cubiertas de hielo de los Andes. El clima es generalmente fresco, incluso frío. La ciudad más austral del mundo está situada en su extremo sur.

El enfoque racional de Herzl quedó rápidamente engullido por el carácter irracional de su movimiento, una mezcla de fantasías religiosas y de romanticismo de Europa del Este. El plan para reubicar a los judíos en un entorno seguro se transformó en un movimiento mesiánico. Esto ya les había sucedido a los judíos antes y siempre terminó en desastre.

Herzl detestaba Palestina. Pero sobre todo detestaba Jerusalén.

Cosa curiosa tratándose del profeta del sionismo: siempre se negó a visitar Palestina. Recorrió de cabo a rabo toda Europa, desde Londres hasta San Petersburgo, desde Estambul hasta Roma, para reunirse con los grandes del mundo, pero no puso el pie en Jaffa hasta que fue prácticamente obligado a hacerlo por el Kaiser alemán.

Guillermo II, un tipo romántico y bastante inestable, insistió en reunirse con el líder de los judíos en una tienda de campaña cerca de las puertas de Jerusalén. Fue en noviembre, el mes más cálido en este país, pero Herzl sufrió terriblemente por el calor, sobre todo porque nunca se quitaba su pesado traje europeo.

El Kaiser, un antisemita nato, escuchó cortésmente y luego comentó: «Es una buena idea, pero imposible de realizar con judíos».

Herzl huyó de la ciudad y del país lo más rápido que pudo. La Ciudad Santa, por la que sus sucesores están hoy dispuestos a derramar mucha sangre, le pareció fea y sucia. Se escapó a Jaffa y allí se subió en mitad de la noche al primer barco que zarpaba rumbo a Alejandría. Decía que había oído rumores sobre un complot para matarlo.

Todo esto podría haber sido alimento para las reflexiones del Papa si se hubiera centrado en el pasado. Pero Francisco vive en el presente y abrió sus brazos a los vivos, especialmente a los palestinos.

En lugar de entrar en el país a través de Israel, como todos los demás, le tomó prestado un helicóptero al rey Abdallah II y voló directamente desde Amman a Belén. Eso fue una especie de reconocimiento del Estado palestino. En su camino de vuelta desde Belén hasta el helicóptero, de pronto solicitó parar, se acercó al muro de ocupación y posó sus manos sobre su feo cemento, como sus predecesores las habían posado en el Muro de las Lamentaciones. Su oración allí sólo podía escucharla Dios.

Desde ahí el Papa voló al aeropuerto de Ben-Gurion, como si acabara de llegar de Roma. Caminó sobre la alfombra roja flanqueado por Peres y Netanyahu (pues ninguno de los dos estaba dispuesto a cederle el honor al otro).

No sé de qué pudo haber hablado el Papa con esa pareja de superficiales, pero desde luego yo habría disfrutado de lo lindo escuchando una conversación entre los dos inteligentes argentinos, Francisco y Herzl.

Fuente original: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1401455052/

Contra Palestina, primero se creó el discurso

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Por Teresa Aranguren.

La frecuencia con la que un tema aparece en los medios de comunicación no conlleva necesariamente un mejor conocimiento de esa realidad, pero sí genera una opinión sobre ella. En el caso de Palestina, esa opinión se traduce en un “eso no hay quien lo entienda”, “eso no tiene arreglo” o, modelo de comentario con pretensiones históricas, “eso lleva así desde tiempo inmemorial y… no hay quien lo arregle, ni quien lo entienda”. Es decir, que mejor no hacer nada. Aunque la confusión siempre favorezca al opresor.

p61_palestina_juan-fenderEl drama de Palestina, que no tiene nada de inmemorial, comenzó con el lenguaje. Primero se creó el discurso, la narrativa de la historia; el expolio y la ocupación de la tierra vinieron después.

El discurso negacionista de la realidad de Palestina prendió fácilmente en el caldo de cultivo político-cultural del Occidente colonial. Resulta significativa la naturalidad con la que un mito (“la tierra prometida por Yahveh”) y una falsedad fácilmente comprobable (“una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra) adquirieron categoría de hechos evidentes.

Porque Palestina no era un desierto, ni un espacio vacío. Se sabía que había un pueblo, había censos de sus habitantes, registros de la propiedad, contratos comerciales, periódicos (a finales de los años 20 había más periódicos en Palestina que en España), había comerciantes, campesinos y campesinas, hombres de negocios, escritores, poetas, personas ricas y pobres, conservadoras y progresistas. Un pueblo, en fin. Y, sin embargo…

La necesidad de establecer una continuidad entre el mítico tiempo bíblico y el tiempo actual requirió borrar la historia real de Palestina, ya que su relato cuadraba mal con el discurso excluyente del movimiento sionista. En la operación de limpieza étnica que se llevó a cabo en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel no sólo se trataba de vaciar el territorio de población árabe, sino de eliminar las huellas de su presencia y su pasado. Por eso, tras la expulsión de sus habitantes, se procedía a destruir los pueblos y borrar sus nombres del mapa. La arqueología y la toponimia siempre han sido temas políticos en Israel.

Como el lenguaje. Y hay que preguntarse cómo se ha conseguido que al hablar de violencia en la zona se sobreentienda que se habla de “violencia palestina” (tanto la del terrorista suicida como la del niño que lanza piedras al ejército israelí), pese a que los datos del pasado y del presente reflejan que la violencia incomparablemente más mortífera y atroz es la de Israel. Y hay que preguntarse también por qué el término ocupación está prácticamente desaparecido de la crónica periodística o por qué se afianza la expresión “colonias ilegales”, ¡como si hubiera algunas legales!, asumiendo la tesis del ocupante y desechando la versión no del ocupado sino del Derecho Internacional.

La perversión del lenguaje es más peligrosa cuando se produce “naturalmente”, cuando simplemente sigue la corriente. Y la corriente va en la dirección marcada por la versión israelí, que, aun con diferencias de grado y matiz, es también la versión de Occidente.

Pero la realidad no es cuestión de versiones. Hay versiones elaboradas para falsearla, ocultarla, negarla. Contar la realidad de Palestina requiere atravesar la telaraña tejida con silencios, medias verdades y mentiras redondas con la que se ha intentado borrar su pasado y ocultar su presente.

La realidad de la ocupación, la violencia impune de los colonos, el muro, los controles, las incursiones militares diarias, los registros, los secuestros disfrazados de detención, la atrocidad cotidiana y el paulatino e imparable robo de la tierra, apenas ocupan espacio en los medios de comunicación, así que su existencia es percibida débilmente, casi como un elemento colateral de una situación “normalizada”. Una cineasta y amiga de Ramala me dijo no hace mucho: “La ocupación no siempre nos mata, pero siempre nos impide vivir”.

Desde hace mucho tiempo, sobre Palestina, las palabras no se usan para contar lo que pasa, sino para ocultar la dimensión de la tragedia.


Teresa Aranguren es periodista y autora de los libros Palestina: El hilo de la memoria y Olivo Roto: Escenas de la ocupación. Es miembro del Consejo de Administración de RTVE.

Artículo publicado en el nº61 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2014, monográfico sobre comunicación, poder y democracia.