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Cómo Israel ayudó a los escuadrones de la muerte en América Latina – parte 1

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La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, habla durante la sesión convocada para tratar las acciones de Israel en Gaza, en Nueva York, el pasado 13 de junio de 2018. [Mohammed Elsham/Anadolu Agency]

Por Asa Winstanley.

La embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley, anunció el miércoles pasado que su país se retira del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Haley, nombrada por Trump, acusó al consejo de ser “una cloaca de prejuicios políticos” y de ser “hostil hacia Israel.”

También criticó a ACNUR por no considerar ninguna resolución contra Venezuela u otros países que Washington considera sus enemigos oficiales. No es de extrañar que Venezuela y otros gobiernos de izquierdas latinoamericanos hayan criticado a menudo los abusos contra los derechos humanos perpetrados por Israel.

Esto se debe a diversos factores, incluido el gran número de población palestina refugiada y de la diáspora que vive en Sudamérica, y el hecho de que el pueblo de Latinoamérica ha sufrido muchas veces el imperialismo estadounidense, al igual que los ciudadanos del mundo árabe. Sin embargo, existe otro factor muy relacionado con este último. Israel cuenta con décadas de historial de apoyo militar, político y de inteligencia a las dictaduras más derechistas, represivas y asesinas de América Latina. De nuevo, no es de extrañar que estos regímenes asesinos hayan operado a menudo coordinados con Estados Unidos.

Este hecho dota de una ironía amarga al sermón hipócrita de Haley acerca de los “abusadores contra los derechos humanos” a los que, según ella, protege ACNUR. Uno de los mejores libros que hay sobre este tema fue publicado en 1991 y escrito por Alexander y Leslie Cockburn: Dangerous Liaison, “La historia del interior de la relación encubierta entre Estados Unidos e Israel y las actividades internacionales que ha servido para esconder.”

La conexión de Israel con las dictaduras más brutales de América Latina alcanzó su auge en los 80, cuando el país estaba gobernado por políticos de derechas como Menachem Begin y Ariel Sharon. También prosperó bajo los auspicios de los supuestos políticos sionistas “de izquierdas”, como David Ben-Gurion y el ganador del premio Novel Shimon Peres, quien, como escribí en mi última columna en MEMO, justificó el armamiento de una dictadura en República Dominicana citando descaradamente principios mercenarios.

De hecho, la conexión es más antigua que el propio Estado de Israel. Allá por 1939, la Haganá – la milicia sionista pre estatal que lideró después la limpieza étnica de Palestina en 1948 y se transformó en las Fuerzas de Defensa de Israel – estableció vínculos con el general Anastasio Somoza García, el dictador que entonces gobernaba Nicaragua. El hijo de García, Anastasio Somoza Debayle, también gobernó después el país con puño de hierro.

Somoza padre era un hombre tan cruel que se dice que el presidente estadounidense Franklin Roosevelt dijo sobre él que “puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.”

Este líder del régimen de tortura nicaragüense ayudó a contrabandear armas para las milicias sionistas ilegales durante la ocupación del Mandato Británico en Palestina. También ayudó a los agentes de la Haganá proporcionándoles pasaportes y ayudándoles a colar armas durante la limpieza étnica del pueblo de Palestina en 1958.

Décadas después, el terrible historial de abusos contra los derechos humanos de Somoza hijo demostró ser demasiado vergonzoso incluso para su principal partidario en la Casa Blanca. La administración del presidente Jimmy Carter le abandonó debido a los bombardeos, torturas y ejecuciones indiscriminadas de su régimen. Rápidamente, las empresas israelíes saltaron a llenar el vacío dejado por Washington. La ayuda del anciano Somoza a la causa sionista en el 40 se cita a menudo como justificación por este nuevo suministro de armas al terrible gobierno de Nicaragua.

Después de que Somoza hijo fuera expulsado por la revolución de izquierdas sandinista de 1979, Estados Unidos, gobernado por Ronald Reagan, se negó a aceptar la pérdida de este aliado. Con ayuda de Israel, Reagan intentó expulsar al gobierno sandinista.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense lo hizo al crear un ejército cuya mayoría de reclutas eran torturadores y asesinos que formaron parte de las antiguas fuerzas armadas de la dictadura de Somoza. Estos escuadrones de la muerte fueron apodados los Contras, por la contrarrevolución, ya que luchaban contra el gobierno revolucionario de izquierdas.

En Estados Unidos, Reagan hizo propaganda de los Contras como “luchadores por la libertad” en contra del comunismo, pero la mayoría de la gente no se lo creyó. El Congreso prohibió a la Casa Blanca proporcionar más armas a los Contras, citando preocupaciones respecto a sus historial de abusos contra los derechos humanos, que incluía tortura, violaciones y ejecuciones.

Una de las formas en las que la CIA evadió estas restricciones fue empleando la ayuda de Israel como un “atajo” para ayudar ilegalmente a los Contras. Los israelíes usaron varios medios para ello; uno de los más irónicos fue el envío de antiguas armas de la OLP a los Contras.

En 1982, Israel invadía Líbano para acabar con la Organización para la Liberación Palestina, el organismo político y militar líder del pueblo palestino. El ala armada de la OLP resistió firmemente, y el avance israelí hacia la capital libanesa, Beirut, fue lenta. Sin embargo, al final Estados Unidos negoció la salida de la OLP del país. Esto resultó en la infame masacre de 3.000 refugiados palestinos indefensos en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila, en los suburbios del sur de Beirut, ejecutados a sangre fría por milicias cristianas aliadas de y ayudadas por Israel.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

Fuente: Monitor de Oriente.

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La historia de los judíos de izquierda en Chile y en Argentina

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Entrevista a Valeria Navarro-Rosenblatt: En las profundidades de la historiografía judía

Por Michelle Hafemann.

De paso por Chile, la Licenciada en Historia y Magíster en Estudios Internacionales, actualmente estudiante de Doctorado en Historia de América Latina de la Universidad de Wisconsin-Madison, Valeria Navarro-Rosenblatt (30 años, casada con el periodista Jorge Zeballos), dedica casi el 100% de su tiempo al trabajo de su investigación doctoral, que tiene como objetivo la historia de los judíos de izquierda en Chile entre 1960 y 1990. Ya en su maestría, y guiada por el profesor Isaac Caro, Valeria desarrolló en su tesis una investigación comparativa sobre qué pasó con las comunidades judías en Chile, entre 1973 y 1989, y Argentina, entre 1976 y 1983.

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¿Cuáles fueron las principales conclusiones a las que llegaste?

-En Argentina las dimensiones de la represión al mundo judío fue mucho mayor que en Chile, había un antisemitismo abierto en la represión y un 10% de las víctimas totales, de Detenidos Desaparecidos, fueron judíos (3.000 de 30.000). Esto habla de un “target” especial. Una de las cosas que me llamó la atención –que no es una conclusión mía sino que es parte de investigaciones sobre judíos detenidos desaparecidos en Argentina- es que si tú eras judío tenías menos posibilidades de salir vivo de los centros de detención, es decir, la tortura “normal” que se aplicó  a los detenidos, para los judíos fue “especial”. También  hubo una tortura sicológica, desde que poner los discursos de Hitler y marchas nazis en los centros de tortura, a que  tatuar una svástica en el cuerpo.

Al parecer esa idea del judío como “extranjero” en todos los países, en el sentido del mito antisemita que dice que los judíos respondemos a otra autoridad más que la nacional, era el principal motivo de los represores para ensañarse.

-La influencia del nazismo en Argentina fue muy fuerte en las Fuerzas Armadas, entonces estaba muy presente  este tema de que al judío se le consideraba como representante de la sinarquía internacional y que no era leal a Argentina. Entonces la persona podía ser argentina de tercera o cuarta generación, con sus abuelos llegados a las colonias, e igual lo iban a considerar como extranjero por ser judío. Esta idea de que los judíos no solamente son extranjeros sino que están manipulando cosas en contra de lo nacional es muy fuerte en Argentina, donde los grupos nacionalistas tuvieron mucho más espacio en el gobierno y en los agentes represores. Lo cual no significa que no haya habido antisemitismo en la represión en Chile, sino que no tomó la misma forma ni tuvo las mismas dimensiones que en Argentina.

¿Crees que hubo un antisemitismo a nivel transversal entre los represores en Chile o sólo  en algunos casos, como el de Miguel Krassnoff Martchenko?

– No he encontrado antecedentes de que haya habido una política antisemita de parte de la dictadura. Están los casos particulares como el de Krassnoff, y Sí sospecho que hay muchas más instancias de las que uno cree. Por ejemplo, en un testimonio que  revisé el año pasado, una persona no judía contaba que estando en un lugar de detención un guardia se le había acercado y le dijo “¿Por qué no lees este libro que es tan interesante?” y el libro era “Mi lucha”, de Adolf Hitler.

Valeria y Jorge, esperando escuchar a Barak Obama en su universidad, en el marco de su segunda campaña presidencial.

¿Cuál es tu tema de investigación para el Doctorado?

-Mi tema de investigación es sobre los judíos de izquierda, que está muy relacionado con mi tema de investigación en el Magíster. En este trabajo mis conclusiones fueron que en Chile se habló mucho de la neutralidad de la comunidad judía, pero hablar de neutralidad en el período de Allende era muy distinto que hablar de neutralidad en el período de Pinochet, involucró cosas distintas e implicó omisiones muy distintas que a mi juicio estaban en contra de los propios valores del ser judío. Lo que me llamó la atención es que en Argentina el tema de los judíos Detenidos Desaparecidos se hablaba abiertamente en la comunidad, pero en Chile -hasta hace cinco años que yo terminé mi tesis de Magíster- el tema de los DD.DD judíos era tabú, recién de a poco se ha empezado a hablar. Por ejemplo, según supe el año 2007, en un monumento a los alumnos fallecidos del colegio, se incorporaron los nombres de Diana Arón, Luis Guendelman y David Silberman, pero no fue fácil lograrlo.

¿Y por qué se da esto, en tu opinión?

-Yo creo que eso todavía está en línea con cómo se planteó la comunidad a sí misma y cómo evolucionó la comunidad durante el régimen de Pinochet y después de la dictadura. Si hablamos de que se planteaban como neutrales, después no podían salir defendiendo a las víctimas, porque eso podía ponerlos en una posición frágil frente al gobierno y eso es lo que no querían. Pero tampoco hubo por el otro lado una actitud más movilizada, sí estuvo el rabino Ángel Kreiman en el Comité Pro Paz, pero fue una acción que fue cuestionada por algunas personas de la comunidad. Al mismo tiempo no hablar de las víctimas de judías es no reconocer el espacio de izquierda que hay en el mundo judío y de eso aún no se habla. Por eso mismo decidí hacer mi tesis sobre los judíos de izquierda.

¿Puede ser que para muchos la idea de un régimen marxista, debido a la experiencia que habían vivido ellos en sus países de origen (como Rumania o Hungría) o sus familias, les haya infundido pánico y por eso se identificaron con la oposición gobierno de Allende?

-Me tocó conversar con personas de la comunidad que provenían de Hungría y que sí, por la experiencia en sus países de origen, eran fuertemente antimarxistas, pero esos casos son los menos, el grueso de la comunidad judía de Chile ya estaba asentada para 1945. Yo creo que tuvo que ver más con el hecho de que como el gobierno de Allende era socialista, tenía una posición más crítica y de izquierda, en un momento en que la izquierda ya no estaba alineada con la creación del Estado de Israel sino que era crítica, entonces vieron que después, durante el gobierno de Pinochet iba a apoyar a Israel y por eso vemos que las pocas veces que levantan la voz en contra del gobierno es cuando el régimen  apoya medidas en contra de Israel, en 1975, 1982 o 1985.

¿Crees que esto tiene que ver con la poca figuración de los judíos de izquierda en el establishment comunitario actual?

-Bueno, como toda pregunta, esta tiene varias respuestas. Yo creo que a muchas personas de izquierda les choca mucho la posición que tuvo la comunidad durante la dictadura, entonces eso los distancia. Y también hay que considerar que muchos de los judíos de izquierda no se sienten representado por los espacios religiosos y culturales de la comunidad. Además, la comunidad, por este mismo exitismo que vivió durante la dictadura y en especial los primeros años de la democracia, se desconectó mucho de la realidad chilena,  y hay muchos judíos de izquierda que están más preocupados por los temas sociales y públicos chilenos que por los que se tratan dentro de los espacios comunitarios. Pero eso no significa que sean “judíos invisibles”, porque ¿son judíos invisibles para quién? Eso sería si pensáramos que “lo judío” solamente se reduce y se define según el establishment comunitario.

Steve Stern, tu profesor guía del Doctorado, trabajó una trilogía sobre la historia chilena reciente en base a entrevistas,  testimonios y revisión de documentos. En esta línea, ¿crees que con esta metodología es posible escribir una historia sobre la historia?

-Bueno, esa es una discusión historiográfica sobre la historia positivista que se dio hasta mediados del Siglo XX, basada solamente en reyes y en políticos importantes, y eso ya no es lo que se hace en historia. Especialmente lo que estoy haciendo yo es una historia mucho más social, mi base es la historia oral pero también la complemento con otras fuentes. Tampoco es tomar inocentemente las entrevistas, porque se trata de revisar, volver a preguntar, porque la forma en que se recuerda va cambiando y eso es lo que propone justamente mi profesor , Steve Stern. Se trata de entender por qué una persona está recordando algo distinto, porque recordar distinto también tiene un porqué.

¿Crees que en base a esta misma metodología de investigación podrías en algún momento emprender la tarea de escribir la historia de la comunidad judía de Chile?

-Es una de mis metas a futuro. Obviamente no  es una tarea que yo pueda hacer sola, dada la cantidad de fuentes y la metodología que yo ocupo. Ya no es posible hacer un trabajo como el de Moisés Senderey, sino sería más una historia temática y en coordinación con las personas que están trabajando en esto, porque no soy la única. Se podrían complementar los trabajos y cada uno puede aportar visiones distintas, creo que esa sería una forma mucho más rica e interesante de hacer la historia judía, además de apropiada para el Siglo XXI.

¿Y qué pasa con los documentos que están en la Universidad Hebrea de Jerusalem?

-Son documentos que llegaron en los 70s al Archivo Central del Pueblo Judío, mediante una iniciativa individual de conservación. Ahora estos documentos han sido catalogados y resguardados ante el paso del tiempo.  En principio no hay reparo, pues están bien preservados; el problema fue que la comunidad judía se quedó sin memoria. Si hablamos de por qué hay judíos invisibles o no hay espacio para los judíos de izquierda, es porque la comunidad judía en Chile vuelve a contarse la misma historia una y otra vez, con los mismos actores. Porque no sabe qué pasó antes, no hay una construcción en base a las acciones, instancias y organizaciones anteriores. Y eso ni hablar de la pérdida del patrimonio arquitectónico de la comunidad que ha tenido en los últimos años.

Fuente: http://comunicacionesantropologia.wordpress.com/2014/02/24/la-historia-de-los-judios-de-izquierda-en-chile-y-en-argentina-tesis-valeria-navarro-rosenblatt/