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La historia de los judíos de izquierda en Chile y en Argentina

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Entrevista a Valeria Navarro-Rosenblatt: En las profundidades de la historiografía judía

Por Michelle Hafemann.

De paso por Chile, la Licenciada en Historia y Magíster en Estudios Internacionales, actualmente estudiante de Doctorado en Historia de América Latina de la Universidad de Wisconsin-Madison, Valeria Navarro-Rosenblatt (30 años, casada con el periodista Jorge Zeballos), dedica casi el 100% de su tiempo al trabajo de su investigación doctoral, que tiene como objetivo la historia de los judíos de izquierda en Chile entre 1960 y 1990. Ya en su maestría, y guiada por el profesor Isaac Caro, Valeria desarrolló en su tesis una investigación comparativa sobre qué pasó con las comunidades judías en Chile, entre 1973 y 1989, y Argentina, entre 1976 y 1983.

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¿Cuáles fueron las principales conclusiones a las que llegaste?

-En Argentina las dimensiones de la represión al mundo judío fue mucho mayor que en Chile, había un antisemitismo abierto en la represión y un 10% de las víctimas totales, de Detenidos Desaparecidos, fueron judíos (3.000 de 30.000). Esto habla de un “target” especial. Una de las cosas que me llamó la atención –que no es una conclusión mía sino que es parte de investigaciones sobre judíos detenidos desaparecidos en Argentina- es que si tú eras judío tenías menos posibilidades de salir vivo de los centros de detención, es decir, la tortura “normal” que se aplicó  a los detenidos, para los judíos fue “especial”. También  hubo una tortura sicológica, desde que poner los discursos de Hitler y marchas nazis en los centros de tortura, a que  tatuar una svástica en el cuerpo.

Al parecer esa idea del judío como “extranjero” en todos los países, en el sentido del mito antisemita que dice que los judíos respondemos a otra autoridad más que la nacional, era el principal motivo de los represores para ensañarse.

-La influencia del nazismo en Argentina fue muy fuerte en las Fuerzas Armadas, entonces estaba muy presente  este tema de que al judío se le consideraba como representante de la sinarquía internacional y que no era leal a Argentina. Entonces la persona podía ser argentina de tercera o cuarta generación, con sus abuelos llegados a las colonias, e igual lo iban a considerar como extranjero por ser judío. Esta idea de que los judíos no solamente son extranjeros sino que están manipulando cosas en contra de lo nacional es muy fuerte en Argentina, donde los grupos nacionalistas tuvieron mucho más espacio en el gobierno y en los agentes represores. Lo cual no significa que no haya habido antisemitismo en la represión en Chile, sino que no tomó la misma forma ni tuvo las mismas dimensiones que en Argentina.

¿Crees que hubo un antisemitismo a nivel transversal entre los represores en Chile o sólo  en algunos casos, como el de Miguel Krassnoff Martchenko?

– No he encontrado antecedentes de que haya habido una política antisemita de parte de la dictadura. Están los casos particulares como el de Krassnoff, y Sí sospecho que hay muchas más instancias de las que uno cree. Por ejemplo, en un testimonio que  revisé el año pasado, una persona no judía contaba que estando en un lugar de detención un guardia se le había acercado y le dijo “¿Por qué no lees este libro que es tan interesante?” y el libro era “Mi lucha”, de Adolf Hitler.

Valeria y Jorge, esperando escuchar a Barak Obama en su universidad, en el marco de su segunda campaña presidencial.

¿Cuál es tu tema de investigación para el Doctorado?

-Mi tema de investigación es sobre los judíos de izquierda, que está muy relacionado con mi tema de investigación en el Magíster. En este trabajo mis conclusiones fueron que en Chile se habló mucho de la neutralidad de la comunidad judía, pero hablar de neutralidad en el período de Allende era muy distinto que hablar de neutralidad en el período de Pinochet, involucró cosas distintas e implicó omisiones muy distintas que a mi juicio estaban en contra de los propios valores del ser judío. Lo que me llamó la atención es que en Argentina el tema de los judíos Detenidos Desaparecidos se hablaba abiertamente en la comunidad, pero en Chile -hasta hace cinco años que yo terminé mi tesis de Magíster- el tema de los DD.DD judíos era tabú, recién de a poco se ha empezado a hablar. Por ejemplo, según supe el año 2007, en un monumento a los alumnos fallecidos del colegio, se incorporaron los nombres de Diana Arón, Luis Guendelman y David Silberman, pero no fue fácil lograrlo.

¿Y por qué se da esto, en tu opinión?

-Yo creo que eso todavía está en línea con cómo se planteó la comunidad a sí misma y cómo evolucionó la comunidad durante el régimen de Pinochet y después de la dictadura. Si hablamos de que se planteaban como neutrales, después no podían salir defendiendo a las víctimas, porque eso podía ponerlos en una posición frágil frente al gobierno y eso es lo que no querían. Pero tampoco hubo por el otro lado una actitud más movilizada, sí estuvo el rabino Ángel Kreiman en el Comité Pro Paz, pero fue una acción que fue cuestionada por algunas personas de la comunidad. Al mismo tiempo no hablar de las víctimas de judías es no reconocer el espacio de izquierda que hay en el mundo judío y de eso aún no se habla. Por eso mismo decidí hacer mi tesis sobre los judíos de izquierda.

¿Puede ser que para muchos la idea de un régimen marxista, debido a la experiencia que habían vivido ellos en sus países de origen (como Rumania o Hungría) o sus familias, les haya infundido pánico y por eso se identificaron con la oposición gobierno de Allende?

-Me tocó conversar con personas de la comunidad que provenían de Hungría y que sí, por la experiencia en sus países de origen, eran fuertemente antimarxistas, pero esos casos son los menos, el grueso de la comunidad judía de Chile ya estaba asentada para 1945. Yo creo que tuvo que ver más con el hecho de que como el gobierno de Allende era socialista, tenía una posición más crítica y de izquierda, en un momento en que la izquierda ya no estaba alineada con la creación del Estado de Israel sino que era crítica, entonces vieron que después, durante el gobierno de Pinochet iba a apoyar a Israel y por eso vemos que las pocas veces que levantan la voz en contra del gobierno es cuando el régimen  apoya medidas en contra de Israel, en 1975, 1982 o 1985.

¿Crees que esto tiene que ver con la poca figuración de los judíos de izquierda en el establishment comunitario actual?

-Bueno, como toda pregunta, esta tiene varias respuestas. Yo creo que a muchas personas de izquierda les choca mucho la posición que tuvo la comunidad durante la dictadura, entonces eso los distancia. Y también hay que considerar que muchos de los judíos de izquierda no se sienten representado por los espacios religiosos y culturales de la comunidad. Además, la comunidad, por este mismo exitismo que vivió durante la dictadura y en especial los primeros años de la democracia, se desconectó mucho de la realidad chilena,  y hay muchos judíos de izquierda que están más preocupados por los temas sociales y públicos chilenos que por los que se tratan dentro de los espacios comunitarios. Pero eso no significa que sean “judíos invisibles”, porque ¿son judíos invisibles para quién? Eso sería si pensáramos que “lo judío” solamente se reduce y se define según el establishment comunitario.

Steve Stern, tu profesor guía del Doctorado, trabajó una trilogía sobre la historia chilena reciente en base a entrevistas,  testimonios y revisión de documentos. En esta línea, ¿crees que con esta metodología es posible escribir una historia sobre la historia?

-Bueno, esa es una discusión historiográfica sobre la historia positivista que se dio hasta mediados del Siglo XX, basada solamente en reyes y en políticos importantes, y eso ya no es lo que se hace en historia. Especialmente lo que estoy haciendo yo es una historia mucho más social, mi base es la historia oral pero también la complemento con otras fuentes. Tampoco es tomar inocentemente las entrevistas, porque se trata de revisar, volver a preguntar, porque la forma en que se recuerda va cambiando y eso es lo que propone justamente mi profesor , Steve Stern. Se trata de entender por qué una persona está recordando algo distinto, porque recordar distinto también tiene un porqué.

¿Crees que en base a esta misma metodología de investigación podrías en algún momento emprender la tarea de escribir la historia de la comunidad judía de Chile?

-Es una de mis metas a futuro. Obviamente no  es una tarea que yo pueda hacer sola, dada la cantidad de fuentes y la metodología que yo ocupo. Ya no es posible hacer un trabajo como el de Moisés Senderey, sino sería más una historia temática y en coordinación con las personas que están trabajando en esto, porque no soy la única. Se podrían complementar los trabajos y cada uno puede aportar visiones distintas, creo que esa sería una forma mucho más rica e interesante de hacer la historia judía, además de apropiada para el Siglo XXI.

¿Y qué pasa con los documentos que están en la Universidad Hebrea de Jerusalem?

-Son documentos que llegaron en los 70s al Archivo Central del Pueblo Judío, mediante una iniciativa individual de conservación. Ahora estos documentos han sido catalogados y resguardados ante el paso del tiempo.  En principio no hay reparo, pues están bien preservados; el problema fue que la comunidad judía se quedó sin memoria. Si hablamos de por qué hay judíos invisibles o no hay espacio para los judíos de izquierda, es porque la comunidad judía en Chile vuelve a contarse la misma historia una y otra vez, con los mismos actores. Porque no sabe qué pasó antes, no hay una construcción en base a las acciones, instancias y organizaciones anteriores. Y eso ni hablar de la pérdida del patrimonio arquitectónico de la comunidad que ha tenido en los últimos años.

Fuente: http://comunicacionesantropologia.wordpress.com/2014/02/24/la-historia-de-los-judios-de-izquierda-en-chile-y-en-argentina-tesis-valeria-navarro-rosenblatt/

 

Humillaciones en el aeropuerto Ben-Gurion: “Ahora usted sabe lo que soportaron los judíos”

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Por Amira Hass.
Haaretz
Traducido para Rebelión por J. M.

Las humillaciones que sufren los pasajeros en el aeropuerto Ben Gurion que obligan a revisiones invasivas aparentemente se justifican cuando el personal se refiere a lo que los judíos sufrieron durante el Holocausto.

Sólo media hora antes de su vuelo de Israel, D. estaba casi completamente desnuda mientras una inspectora de seguridad de aspecto europeo del este tocaba sus brazos, piernas y caderas. “Ella también puso sus dedos en el interior del borde superior de mi ropa interior”, me escribió la joven, y me permito añadir brillante, estudiante de doctorado.

Conocí a D. hace varios años en uno de sus viajes de investigación a Israel. No es palestina ni judía. Nació en el Medio Oriente, pero se crió en Occidente y lleva pasaporte de un país occidental.

D. llegó al Aeropuerto Internacional Ben-Gurion con tres horas de adelanto a la próxima hora de salida programada. Como en todas las visitas anteriores, se le ordenó abrir la maleta y dos equipajes de mano para una búsqueda exhaustiva.

Pero entonces, sólo 45 minutos antes del despegue, se le dijo que tendría que someterse a un registro corporal y no le estaba permitido subir al avión con su portátil.

D. me escribió en un correo electrónico: “Yo protesté diciendo:” Me niego a dejar a mi ordenador portátil… allí están todos los archivos de mi investigación… ¿Cómo puedo confiar en que me los devolverán?” preguntó D. a la joven blanca con ojos azules y pelo largo y lacio y a su supervisor, un hombre joven de pelo castaño. “Un tercer hombre, un poco mayor (también de pelo castaño) con traje vino a mí y me dijo que si continuaba el retraso de la investigación podría perder mi vuelo bajo mi responsabilidad.

“Protesté de nuevo, diciendo que ellos eran los que se atrasaron con la revisión de mi maleta, se tomaron su tiempo, se distrajeron con otros pasajeros, discurriendo en las tareas de comprobación del cargador de mi teléfono celular, mis cerámicas, mi aceite de oliva y cosas diversas con otros de sus colegas, mientras charlaban y bromeaban durante el proceso.

“Les dije que yo llegué antes de las tres horas requeridas para abordar mi vuelo y me hicieron esperar durante mucho tiempo mientras estaban buscando la maleta, así que si me perdía el vuelo sería su responsabilidad. Y los tres comenzaron a discutir de nuevo y decir que no, que sería mi responsabilidad”.

Ninguno de tres se identificó y D. no se dio cuenta de si llevaban etiquetas con su nombre.

Me imagino a D. con sus ojos negros mirando a sus inspectores y, después de un examen rápido del equilibrio de poder, suavizando su rostro y acatando lo que se le pedía. En este caso, su mente aguda no era ninguna ventaja.

A la espera de ser cacheada en un área diferente, D. escuchó una conversación entre una mujer que hablaba con acento árabe y un israelí.

“¿Por qué me tratas así?” Decía la mujer. “Soy una vieja, estoy en una silla de ruedas. Nací en este país. Tengo la ciudadanía de aquí. ¿Crees que tengo una bomba? “

La última sacó al oficial varón joven fuera de sí y respondió de manera agresiva. ¡”No me estás escuchando! Nosotros te estamos haciendo un favor”, espetó. “De esta manera usted no tiene que esperar en la cola en el aeropuerto”.

Se le obligó a D. a quitarse toda la ropa a excepción de su ropa interior. También tenía la obligación de retirar el apósito protector de un dedo que protegía un corte del día anterior.

Después de que la mujer de aspecto de “Europa del Este “rastró sus dedos enguantados sobre el cuerpo de D., también se mostró muy interesada en mi pelo”, escribió D., “y pasó sus dedos a lo largo de mi cuero cabelludo para ver si había algo en mi pelo”.

A medida que la mujer policía la tocaba, D. escribió que la mujer dijo: “Disculpe las molestias, señora. Le dije que no lo llamase molestia. “No lo llames de esa manera. Es una humillación”. Ella respondió: “Siento que lo vea así”. Yo le respondí: ‘”No es así como yo lo veo. Esto es lo que están haciendo. Ustedes humillan a la gente”.

“Y entonces, con toda seriedad, ella responde: ‘Bueno, ahora ya sabes lo que nos hicieron en Alemania’. En ese momento estaba de espalda a ella. Me di la vuelta para mirarla. Simplemente la miré encolerizada y le dije: ‘¿En serio? ¿Y qué te produce eso, entonces? Con una cara en blanco respondió: “No lo sé, señora”.

Respondí a D. en un correo electrónico: “El control de seguridad, el desperdicio del tiempo, la condescendencia, creo todo eso porque he escuchado testimonios similares. Pero, ¿un comentario tan estúpido? Si algún otro me dijera tal cosa, yo no lo habría creído”.

D. contestó: “Yo estaba totalmente sorprendida cuando escuché el comentario, por la forma franca y reveladora que tenía. Y en este punto mi cuerpo se puso contra mí y mis lágrimas ya estaban empezando a fluir, a pesar de mi fuerte tono. Tuve que dar la vuelta y enfrentarme a ella para asegurarme de que no estaba bromeando. Cuando me di cuenta de que estaba hablando en serio, le pregunté qué hice”.

El cacheo corporal tomó 20-25 minutos, según la estimación de D. Todavía faltaban 25 minutos para que el avión despegara. El resto del trayecto hasta la puerta fue rápido, incluso la entrega del portátil a otra gente de seguridad a cambio de algún tipo de recibo.

Varios días después de aterrizar en la ciudad donde vive, D. fue al aeropuerto a recoger su portátil. Amigos que conocen acerca de las computadoras revisaron el ordenador portátil y dijeron que sospechaban que los datos fueron descargados, tal vez para un futuro monitoreo.

No recabé ningún comentario de la Autoridad de Aeropuertos de Israel. Ellos sólo darían la respuesta convencional: “Todo se lleva a cabo de acuerdo con las instrucciones de los oficiales de seguridad [lo que significa del servicio de seguridad Shin Bet], de acuerdo con la ley, y lamentamos las molestias causadas al pasajero”.

Pero esa no es la razón por la que renuncié a preguntar. Tanto D. como yo tememos la venganza del aparato burocrático de seguridad. Denunciar abiertamente lo que ocurre detrás del escenario en el aeropuerto Ben-Gurion podría se costoso en el futuro de D. Podría ver “denegada la entrada por motivos de seguridad”.

Fuente: http://www.haaretz.com/news/features/.premium-1.567157 

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Emocionante canción de paz palestino-israelí

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Gilad Atzmon: O judeu errante em Buenos Aires

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Gilad Atzmon, ex-israelense, saxofonista e compositor, escreveu dois romances e diversos artigos. Sempre polêmico, ele dedica a sua vida a defender a causa palestina e a sua música. Obrigada a Dagoberto Bordin, de Florianópolis, Brasil, que está passando um tempo em Buenos Aires e escreveu este artigo especialmente para nós, mesmo sem ser especialista no assunto.

Gilad Atzmon

Por Dagoberto Bordin.

“Os nazistas me fizeram ter medo de ser judeu, enquanto os israelenses me dão vergonha de ser judeu”. Com esta epígrafe de Israel Shahak, sobrevivente dos campos de concentração na Polônia, Gilad Atzmon dá a tônica do seu novo livro, La identidad errante (editorial Canaán), e mostra por que tanto ele quanto Shahak podem ser considerados antissemitas. Bem-humorado, Atzmon divertiu a plateia quando admitiu, ontem, na Biblioteca do Congresso Nacional, em Buenos Aires, que sente uma excitação quase libidinosa em confrontar os sionistas desde que se define como “judeu que odeia o judaísmo”.

Em La identidad errante, ele busca responder o que significa ser judeu, como se define a identidade política de um judeu, um indivíduo que se sente superior aos demais, afinal pertence ao povo escolhido, e, ao mesmo tempo, um indivíduo que gostaria de ser tratado como os demais. Para ele, o sionismo é um conceito que pertence mais à diáspora judia porque os israelenses, de maneira geral, não são sionistas. “O judaísmo secular é que se encarrega da limpeza étnica e não o judaísmo religioso. Os judeus ultraortodoxos da Torá são contra o sionismo e a favor dos palestinos” (N. da R. Se refere a grupos como Neturei Karta).

Para falar do judaísmo nesta acepção ideológica, ele usa o termo judeidade. “Não falo sobre judaísmo ou sobre judeus como etnia, raça ou religião”. Judeidade seria algo como uma qualidade primordial, transnacional, operada por uma rede que não tem um centro geográfico porque, segundo ele, não existem judeus ingleses, franceses, alemães ou estadunidenses e sim judeus que vivem na Inglaterra, França, Alemanha ou Estados Unidos. “O judeu é sempre um estrangeiro”.

Atzmon compara Israel com a Alemanha nazista. “Eles transformaram Deus em agente imobiliário e a aspiração de Israel não é a da terra prometida senão a de planeta prometido”. Isso faz com que os sionistas se sintam autorizados por Deus a destruir seus inimigos. “Como isso pode estar acontecendo em nossos dias sem o conhecimento do mundo?”, pergunta. E ele mesmo responde, explicando que os meios políticos e midiáticos estão subordinados aos interesses israelenses. A mídia de maneira geral, os bancos e a indústria do cinema, Hollywood, são controlados por judeus tanto nos Estados Unidos quanto na Inglaterra. “Eles conseguem fazer isso porque controlam a oposição”, explicou: “George Soros apoia as causas das minorias, ajuda e eleger Obama, ajuda os oprimidos, os gays. Toda a oposição a Israel também é financiada por Israel. Assim, você determina e limita a oposição”. Segundo ele, os “bons judeus”, esses que falam em nome dos palestinos, por exemplo, podem ser ainda mais perigosos que os “maus judeus”.

Com relação à representação política, ele cita o exemplo da Inglaterra. No Parlamento, se os judeus tivessem uma representação proporcional à de 0,46% da população (são 280 mil habitantes naquele país), eles teriam direito a três assentos. Em vez disso, ocupam 24 posições, oito vezes mais. Se a representação dos muçulmanos fosse nesta mesma proporção, eles teriam que ocupar no mínimo 200 dos 650 assentos da Câmara dos Comuns. “A história dos judeus é um mito, está distante da realidade, é uma invenção, e eles conseguem convencer os outros de que é verdade porque ninguém tem permissão para falar disso, já que os judeus se apropriaram do discurso sobre o racismo”.

Gilad Atzmon, que nasceu em Jerusalém e abdicou da cidadania israelense, critica, de dentro, o etnocentrismo judeu. “Tenho a percepção de que o meu povo vive numa terra roubada”. É uma sensação que ele traz da juventude, de sua experiência no exército, de quando atuou como paramédico, em 1982, durante a Guerra do Líbano, quando viu seu povo destruindo outras pessoas. Foi um trauma que deixou uma enorme cicatriz e o levou à decisão de que ele tinha sido enganado sobre o sionismo. “A oposição binária judeu-nazista é, em si mesma, consequência de um doutrinamento judeucêntrico”. Concluiu então que fazia parte de um estado colonial cujo objetivo era a pilhagem e a limpeza étnica. “Nós fomos doutrinados para a negação da causa palestina e não estávamos conscientes disso”.

Seu editor na Argentina, Saad Chedid, lembrou que a presidenta Cristina Kirchner se solidariza com o povo palestino porque compara a situação das Ilhas Malvinas com a dos territórios ocupados por Israel. “Trata-se do mesmo tipo de colonização”. A apresentação do autor foi feita pela jornalista Telma Luzzani, especialista em política internacional e autora de Territorios vigilados (Random House), em que mostra como operam as bases militares norte-americanas na América do Sul. Telma Luzzani elogiou a forma como o autor costura referências tão ecléticas como Freud, Lacan, os irmãos Cohen e Milton Friedman na sua tentativa de desvendar a identidade judaica. “Há uma rigorosa ignorância do genocídio que ocorre em Gaza e Atzmon, além de escrever, usa a música – o autor é renomado saxofonista – como instrumento para divulgação deste drama”.

O autor apresenta um filme biográfico nesta quinta-feira, Gilad, e, na segunda, 8 de abril, conversa com professores e estudantes no Centro Cultural Borges. Finalmente, na quarta-feira (10 de abril), faz uma palestra na Faculdade de Filosofia e Letras da Universidade de Buenos Aires.

Fotos de Dagoberto Bordin.