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Saca a Israel la Tarjeta Roja: Israel no puede albergar la Eurocopa de fútbol 2020 #RedCardIsrael

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Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

ACTÚA: Dile a la UEFA que muestre la Tarjeta Roja a Israel

Israel ha lanzado una guerra contra el fútbol en Palestina: los futbolistas han sido asesinados, estadios bombardeados y se ha negado el permiso a los jugadores para viajar a los partidos.

Entre los muertos en la reciente masacre de Israel están Ahmad Muhammad al-Qatar y Uday Caber, dos jugadores de fútbol de 19 años de edad en el inicio de sus carreras.

Israel espera ser anfitrión de la UEFA 2020 en Jerusalén. Sin embargo, Israel continúa ocupando brutalmente Jerusalén Este, que es reconocido internacionalmente como territorio palestino. El gobierno israelí anunció recientemente 2.220 asentamientos en Jerusalén Este como parte de su continua limpieza étnica de palestinos en la ciudad.

Como ha explicado una carta escrita por equipos deportivos palestinos y organizaciones de la sociedad civil y enviada al presidente de la UEFA Michel Platini: “Con la concesión a la Asociación de Fútbol de Israel del privilegio de acoger en Jerusalén los juegos de 2020, la UEFA estaría enviando un mensaje moralmente preocupante de aprobación —o incluso de recompensa— por las graves violaciones de Israel de los derechos humanos en Gaza, Jerusalén Este y en otros lugares”.

Dile a Platini que la UEFA debe excluir a Israel de la licitación cuando se reúna para decidir quien será el anfitrión de los juegos de la UEFA 2020 el 19 de septiembre.

#RedCardIsrael
Firmar la petición en http://www.bdsmovement.net/redcardisrael.

Fuente: http://boicotisrael.net/bds/tarjeta-roja-israel-eurocopa-2020-redcardisrael/

Tres vías para que Israel responda por sus crímenes ante la justicia

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52478Palestinos sentados en una tienda de campaña, junto a las ruinas de sus casas destruidas en Beit Lahiya, Franja de Gaza, 11/08/14. (Foto: Reuters / Suhaib Salem)

Desde que las primeras bombas israelíes destruyeron casas palestinas en el reciente ataque militar contra Gaza, numerosos grupos de derechos humanos han acusado a Israel de crímenes de guerra.

Human Rights Watch, por ejemplo, ha documentado testimonios de civiles palestinos que fueron atacados y asesinados cuando huían de Juzáa, un pueblo cercano a la valla de separación israelí. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha puesto en marcha una investigación que examinará las alegaciones de crímenes de guerra contra ambas partes.

Pero la gran pregunta es si los soldados o jefes militares israelíes responsables de los presuntos delitos serán llevados ante los tribunales. Esto no es probable que suceda en el sistema judicial israelí. Las solicitudes de indemnizaciones no suelen prosperar en los tribunales civiles israelíes. El ejército israelí no investiga alegaciones concretas de crímenes de guerra, pero según el grupo israelí de derechos humanos B’Tselem, “no existe actualmente en Israel ningún organismo oficial capaz de llevar a cabo investigaciones independientes de presuntas violaciones del derecho humanitario internacional”. Tras la agresión israelí de 2009 contra Gaza, solo fueron condenados por crímenes de guerra cuatro soldados, siendo la pena más dura siete meses de cárcel por el robo de tarjetas de crédito.

Si bien las perspectivas de que los criminales sean juzgados son escasas, hay tres vías distintas que los palestinos y sus simpatizantes pueden ensayar para obtener justicia. Son las siguientes.

La Corte Penal Internacional

Esta es la principal opción para los palestinos, a pesar de que la Autoridad Palestina (AP) se haya resistido a utilizarla desde que, en 2012, obtuvo el estatus de estado observador en la ONU. Ese estatus ofrece al estado observador el poder de dar a la Corte Penal Internacional (CPI) jurisdicción sobre los crímenes cometidos en territorio palestino. (Antes de la votación de la ONU, la CPI anunció que no tenía jurisdicción sobre los delitos cometidos en territorio palestino porque no podía decidir si Palestina era o no un estado.) Los palestinos no han ejercido ese poder todavía. Estados Unidos e Israel se han opuesto enérgicamente a la posibilidad de que la AP se una al Estatuto de Roma, el tratado por el que se creó la CPI. Este tribunal fue creado en 2002 para juzgar a personas responsables de delitos graves contra el derecho internacional.

Los palestinos han comenzado a dar pasos lentamente hacia la firmado del citado tratado. Como ha señalado Allison Deger, de Mondoweiss, las autoridades palestinas han escrito cartas para adherirse al Estatuto de Roma. Además, también pueden presentar una declaración que solicite la jurisdicción de la CPI, una iniciativa que fracasó anteriormente porque Palestina no tenía todavía el estatus de estado. Hamas ha expresado su apoyo a la adhesión al Estatuto de Roma, a pesar de que sus lanzamientos de cohetes contra los israelíes también podrían ser investigados.

Si los palestinos deciden firmar el Estatuto de Roma, Abas podría pedir una investigación sobre los crímenes cometidos en Gaza. Eso podría desencadenar una reacción de EEUU e Israel, que podría implicar la interrupción de la ayuda económica a la Autoridad Palestina.

Otra opción sería que el Consejo de Seguridad de la ONU remitiera el caso a la Corte Penal Internacional, tal y como fue sugerido por el Informe Goldstone. Pero puesto que EEUU tiene poder de veto en el consejo, esa vía está condenada al fracaso.

Justicia universal

Este principio, inaugurado con los juicios de Nüremberg, sostiene que un estado tiene jurisdicción sobre los delitos más graves en virtud del derecho internacional. Entre estos delitos figuran los crímenes de guerra, genocidio, tortura y crímenes contra la humanidad. Muchos estados tienen leyes que establecen la jurisdicción universal. Figuras como el dictador chileno Augusto Pinochet han sido detenidas y procesadas en base a este principio. Pero en muchos casos, consideraciones políticas y cuestiones legales han impedido el ejercicio de la justicia universal.

Cualquier estado que tenga leyes que autoricen la jurisdicción universal podría, en principio, iniciar un caso contra los soldados u oficiales israelíes presuntamente responsables de aquellos delitos en la reciente ofensiva de Gaza. Sin embargo, el historial de procesamientos por supuestos crímenes de guerra es realmente desalentador.

El caso más famoso fue abierto en España contra Avi Dichter, exdirector del Shin Bet que ordenó un ataque aéreo contra la casa del miembro de Hamas Saleh Shehadeh en Gaza. El ataque mató a Shehadeh, su esposa, su hija y otros civiles que vivían cerca. El Centro Palestino de Derechos Humanos presentó cargos por crímenes contra la humanidad contra Dichter en España y un juez decidió abrir el caso en 2009. Pero a finales de ese año, el caso fue cerrado.

El Centro para los Derechos Constitucionales presentó una demanda contra Dichter en EEUU por el mismo motivo, pero un tribunal de apelaciones declinó continuar con el proceso, remitiéndolo al poder ejecutivo.

Durante muchos años, las autoridades israelíes han temido viajar al Reino Unido desde que, amparándose en el derecho británico, un grupo de ciudadanos solicitara la justicia universal contra extranjeros que visitaran el país. En 2005, Doron Almog, exoficial del ejército de Israel, huyó de Gran Bretaña después de haber viajado al país. Al parecer, los servicios de seguridad británicos estaban esperándole en el aeropuerto para arrestarle, pero Almog nunca cruzó el control de aduanas.

Después de una intensa presión ejercida por las autoridades israelíes, Gran Bretaña modificó sus leyes de justicia universal en 2011, aunque el diario Haaretz informó el año siguiente que las autoridades israelíes seguían siendo reacias a viajar al Reino Unido por temor a ser arrestadas y sometidas a las leyes de aquel país.

La Corte Internacional de Justicia

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el órgano judicial oficial de la ONU. Pero la capacidad de remitir casos a la CIJ es limitada. La principal vía es que las dos partes estén de acuerdo en someter un caso a la corte. En estos casos, la decisión de la CIJ es vinculante. En el caso de los palestinos, esto es altamente improbable. Israel y los palestinos no van a estar de acuerdo en someter disputas a la corte internacional.

Otra vía es que, a solicitud de los palestinos, la Asamblea General de la ONU remita un caso a la corte tras una votación. Esto solo daría lugar a una decisión consultiva, no vinculante, muy parecida al veredicto de la CIJ de 2004 que estableció que el muro de separación de Cisjordania y los asentamientos eran ilegales de acuerdo con el derecho internacional.

Fuente: Three ways Palestinians can hold Israel accountable for Gaza war crimes,

Alex Kane es periodista independiente y estudiante de licenciatura de los programas de Estudios de Oriente Próximo y Periodismo de la universidad de Nueva York. Puede seguirle en Twitter: @alexbkane

Acerca del traductor:  Javier Villate mantiene el blog Disenso, con artículos, análisis y traducciones sobre Palestine, Israel y Medio Oriente. Le puedes seguir en Twitter como @bouleusis

Fuente: Alex Kane, Mondoweiss / Traducción: Javier Villate en el Blog Disenso

http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=52478

«Nos matan, nos arrestan, nos quitan tierras, no se olviden de Cisjordania»

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Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania, escenario de ataques y arrestos en las últimas semanas / Olga Rodríguez

Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania, escenario de ataques y arrestos en las últimas semanas / Olga Rodríguez.

 

  • En dos meses Israel ha matado a 33 palestinos en Cisjordania, herido a más de mil y arrestado a más de 500, entre ellos 35 parlamentarios.
  • Además, ha realizado la mayor confiscación de tierras de los últimos 30 años.
  • En un hecho inédito, soldados israelíes han intentado deportar a la diputada Khalida Jarrar, ahora refugiada en el Parlamento de Ramala

 

Olga Rodríguez – Cisjordania

No hay mejor manera de entender los efectos de la ocupación israelí que viajar por Cisjordania. En este territorio palestino ocupado, trufado de vallas, muros, checkpoints y carreteras de uso exclusivo para israelíes, los palestinos viven atrapados, aislados por imposición.

Cisjordania es como un queso gruyer: un conjunto de cantones palestinos desconectados y separados por los asentamientos judíos y las carreteras, en las que las señalizaciones solo indican los nombres de las colonias e ignoran la existencia de las localidades palestinas.

Desde la aplicación de los Acuerdos de Oslo, ciudades cisjordanas como Ramala, Belén, Nablús o Hebrón se encuentran sin continuidad territorial, como islas aisladas en un mar dominado por Israel. El Estado israelí ha construido kilómetros de carreteras israelíes que unen las colonias judías entre sí y con Jerusalén y que actúan a modo de fronteras para los palestinos, ya que a buena parte de ellos se les prohíbe cruzarlas.

Desde junio la escalada de violencia israelí ha aumentado en este área palestina. Al menos 33 palestinos han muerto por ataques del Ejército de Israel. A esta cifra se suman otros dos muertos en las últimas horas, ambos por disparos israelíes: uno en Hebrón y otro en Ramala. 1.397 palestinos han resultado heridos por soldados o colonos israelíes. Y más de 500 han sido arrestados bajo la figura de la detención administrativa, que permite mantener en secreto los cargos y por tanto condena a los presos a no disponer de un juicio. Entre estos detenidos hay 35 parlamentarios.

Desde el inicio de septiembre han sido arrestados otros 127 palestinos. Además, tras la masacre en Gaza y el alto el fuego, ha llevado a cabo la mayor confiscación de terreno palestino en Cisjordania de los últimos 30 años.

Orden de deportación contra una parlamentaria

Dentro de la campaña de persecución israelí a los parlamentarios palestinos se ha producido un hecho inédito hasta la fecha: el intento de secuestro y deportación de uno de los miembros del Consejo legislativo, la parlamentaria Khalida Jarrar. El pasado 20 de agosto, en plena madrugada, decenas de soldados israelíes irrumpieron en su casa con una orden de detención administrativa.

“Yo estaba sola con mi hija, entraron en casa diciéndome que tenían que llevarme a Jericó. Es decir, me secuestraban por considerarme una amenaza a la seguridad israelí. Rechacé firmar la orden. Les dije: sois un poder ocupante, matáis a mi gente, derribáis nuestras casas, arrestáis y venís en mitad de la noche a secuestrarme. Sois vosotros los que debéis abandonar esta tierra, porque la estáis ocupando ”, cuenta Jarrar en conversación con eldiario.es, en una pequeña habitación del Consejo Legislativo palestino en Ramala, donde vive refugiada desde entonces. “Bienvenidos a mi nueva casa de Ramala”, nos dice, con un tono de amargura.

Khalida-Ardenson-Izquierda-Unitaria-Palestina_EDIIMA20140909_0784_4La parlamentaria palestina Khalida Jarrar, con Martina Ardenson, eurodiputada integrante de la delegación de la Izquierda Unitaria que ha viajado a Palestina

Desde su intento de secuestro por parte de las fuerzas israelíes, Jarrar recibe a diario decenas de visitas de palestinos y de activistas internacionales. Esta semana se han reunido con ella en Ramala europarlamentarios de la Izquierda Unitaria Europea, entre ellos integrantes de Podemos, IU y Bildu, quienes se han interesado por su situación y han mostrado su solidaridad tanto con ella como con los parlamentarios palestinos arrestados este verano.

“Con la ocupación, con reglas de apartheid, con la demolición de viviendas, Israel está arrinconando más y más a los palestinos. Los parlamentarios palestinos arrestados tienen derecho a un juicio justo, este Parlamento europeo tiene que hacer algo más que una mera condena”, denunció este martes, desde Bruselas, Martina Anderson, una de las europarlamentarias que acaba de regresar de Cisjordania.

Jarrar subraya que la represión israelí ha aumentado considerablemente en los dos últimos meses. «Antes, había en Cisjordania 150 personas detenidas bajo arresto administrativo, que permite el encarcelamiento sin cargos ni juicio durante tiempo ilimitado. Ahora, ya hay más de 500 arrestados. Han demolido viviendas, especialmente en el valle del Jordán y en Hebrón, han ordenado la confiscación de más tierra, han asesinado a 25 personas, hay cientos de heridos. Vivimos acantonados. La única solución es la resistencia popular y la reacción de la comunidad internacional para que de una vez obligue a Israel a respetar la ley”, señala.

A pesar de ser parlamentaria, Khalida no tiene libertad de movimientos. Ha sido invitada por la Unión Europea en varias ocasiones, pero Israel siempre le ha denegado el permiso de salida. Tampoco puede viajar a Jerusalén ni a Gaza. Vive, como tantos otros palestinos, atrapada en Ramala. Integrante del Frente Popular para la Liberación de Palestina y defensora del boicot a Israel como herramienta para obligarle a terminar con la ocupación, Jarrar subraya la importancia de impulsar una negociación que no esté auspiciada bajo el paraguas de Estados Unidos y de buscar la unión palestina con nuevos liderazgos. “Para ello es preciso que se celebren elecciones”, indica. “Nos matan, nos arrestan, nos quitan tierras. No os olvidéis de Cisjordania”, remata.

Pintada-Hebron-Palestine-Olga-Rodriguez_EDIIMA20140909_0793_4Pintada en la ciudad vieja de Hebrón: «This is Palestine in my heart» / Olga Rodríguez

Hebrón

Hebrón es una de las ciudades cisjordanas que están siendo escenario de la campaña de represión israelí tras las manifestaciones en solidaridad con Gaza. En ella, el trajín constante de los viandantes, las conversaciones en torno a los puestos de fruta y verduras del mercado, el griterío de los niños que corretean por las aceras, contrastan con el silencio y la tensión permanente que se viven unas calles más allá, en plena Ciudad Vieja, donde una comunidad de colonos judíos radicales ocupa ilegalmente territorio palestino, en pleno centro de la urbe, protegidos por uniformados israelíes. Bajo la atmósfera de aparente normalidad, Hebrón vive semanas difíciles. Aquí el Ejército de Israel mató recientemente a Khalil Al-Anati, un niño de once años de edad.

En una de las tiendas más antiguas de Hebrón, con apariencia de cueva inserta en el entramado de callejuelas, Nawal, una mujer muy respetada en su comunidad, explica cómo este último mes las fuerzas israelíes han entrado a menudo hasta el corazón de la urbe para llevar a cabo registros y arrestos.

“Vienen a interrogar a la gente, andan nerviosos buscando túneles, preguntan si aquí en las tiendas tenemos túneles, ¿de dónde a dónde?, pregunto yo”, dice riendo con amargura. “Han matado a nuestra gente en Gaza. ¿Qué quieren, matarnos a todos? Tienen el poder. Pueden hacer lo que gusten. Es así de dramático. El futuro juzgará la indiferencia de la comunidad internacional”, lamenta.

Fuente: Artículo enviado a @losotrosjudios por la autora. Eldiario.es

Spiderman en Hebrón

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Por Joan Cañete Bayle.

A los siete años, a un niño le puede gustar hablar de Spider-Man. O de Batman. O de Iron Man. O de los Vengadores, los de dibujos animados. A los siete años un niño se esfuerza en mejorar su caligrafía en el colegio, lee textos más complejos, se expresa mejor, pero sobre para él la escuela un lugar donde jugar con otros niños. A los siete años a un niño le suele chiflar un balón, sigue imaginándose al volante de Rayo McQueen y Dusty, sin ser ‘Cars’, no está tan mal. A los siete años la vida de un niño la forman papá, mamá, los hermanos, las hermanas, los primos, las primas, las tías, los tíos, las abuelas, los abuelos, lapiceros, folios, rotuladores, celo, tijeras con la punta redondeada, cartulinas de colores, merienda de nocilla, coches de carreras, muñecos, dibujos animados, superhéroes, futbolistas, Messi, o Cristiano Ronaldo. A los siete años, un vaso de leche por la mañana, un vaso de leche por la noche, y entre medio la escuela. A los siete años la guerra es (o debería ser) una cosa que sale en la tele y los soldados, un juguete.

Siete años tiene el niño palestino que hace unos días fue detenido durante 40 minutos en Hebrón por tres policías de fronteras israelíes por lanzarles piedras antes de ir a la escuela. El vídeo muestra al pequeño siendo arrastrado por los soldados, llorando, pataleando. El niño lleva una cartera de Spider-Man, a los niños palestinos también les gusta Spider-Man. Los policías de fronteras llevan casco, y chaleco, y aunque no se ve en la imagen supongo que irán armados, todos los israelíes, militares o civiles, policías de fronteras o colonos, van armados o tienen un arma cerca.

No es la primera vez que sucede esto en Hebrón, o en otras partes de los territorios ocupados. Me acuerdo, por ejemplo, de Wadi Maswadeh, que tenía cinco años cuando le sucedió lo mismo. El Ejército israelí califica lanzar piedras como un acto de terrorismo. Un menor puede ser condenado hasta a 20 años por ello. En Israel, los niños son los menores de 18 años; en los territorios ocupados, son niños los menores de 16. Se les juzga en tribunales militares y, a partir de los 12 años, tienen responsabilidad penal. Hay estadísticas de todo tipo: según el propio Servicio de Prisiones de Israel hay alrededor de 250 presos palestinos menores en las cárceles israelíes, de los que medio centenar son delincuentes comunes y el resto, “presos de seguridad”. Las ONG palestinas hablan de unos 10.000 niños arrestados desde el 2000. Un informe de Euro-Mid Oberver for Human Righst habla de unos 2.500 niños y jóvenes detenidos entre enero del 2010 y junio del 2014. El informe se acompaña de algunos vídeos muy clarificadores. Encontraréis más cifras googleando un poco. Los efectos psicológicos son devastadores: estrés postraumático, ataques de ansiedad, pesadillas.

Veo el vídeo del último niño, transportado por los tres muchachotes de la Policía de Fronteras, esa cartera de Spiderman igual a la que podemos ver en cualquier escuela occidental, y me acuerdo de Wadi Maswadeh. Y de Iman al Hams. Y de Mohammed al Durrah. Y de Mohammed Abu Khdeir. Y de los más de 500 niños asesinados este verano en Gaza. Y de los dos niños que este estío se libraron por los pelos de ser secuestrados por colonos en Jerusalén Este. Y también de Golda Meir, la primera ministra israelí que dijo eso de “We can forgive the Arabs for killing our children. We cannot forgive them for forcing us to kill their children. We will only have peace with the Arabs when they love their children more than they hate us”, una de esas frases que la hasbara convierte en clichés y que sionistas de todo tipo y condición repiten cual mantras. Y sí, también me acuerdo de los trovadores y escribas de la paz. De ellos no me olvido nunca.

Sí, los palestinos aman a sus hijos, por supuesto, y por eso, porque quieren un futuro mejor para ellos que ser detenidos por lanzar piedras a los soldados de uno de los mejores ejércitos del mundo, muchos de ellos optan por la resistencia contra Israel, en algunos casos armada. Y no, no voy a decir que los israelíes odian a los niños palestinos. Lo que diré es que el mecanismo de la ocupación es inhumano, que humilla al ocupado y embrutece al ocupante, que carece de cualquier rastro de decencia humana, que ver el vídeo de la detención del niño de siete años de la cartera de Spider-Man y no sentir otra cosa que no sea repulsión es una habitación con vistas al abismo. Esos soldados cumplen órdenes, las órdenes decididas por unos políticos, sustentados por un electorado, basadas en una ideología. Eso es la ocupación israelí de los territorios ocupados, una maquinaria inhumana. Que haya sucedido en Hebrón tan sólo le añade simbolismo: si uno quiere saber qué sucede en Israel y los territorios ocupados y no tiene mucho tiempo, con una mañana en Hebrón, visita a la casbah incluida, basta. Es la mejor vacuna anti-equidistancias, es un baño de realidad.

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Veo el vídeo de la detención del niño de siete años, con su cartera de Spiderman, con su cara desencajada de puro terror, y me acuerdo de Peter Parker, y de su tío Ben, y de eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Eso ocurre en los cómics y en las películas, claro. Porque Spiderman no está en Hebrón, eso parece evidente. Como a la justicia, ni se le espera.

@jcbayle

Fuente: http://decimaavenida.wordpress.com/2014/09/09/spider-man-en-hebron-isarel-palestina-ninos/

Boicot a Israel, artistas en Argentina

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No compres productos con código de barras 729, de origen israelí o que financien al Estado de apartheid de Israel.

 

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Mercado palestino, mercado cautivo de Israel

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almacen hebron

Almacén en Hebrón. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Joan Cañete Bayle.

La cita de un funcionario europeo, desde el anonimato, es buena y, por tanto, ha hecho fortuna en la prensa estos días: “It is outrageous that a country which has just demolished 25,000 houses is demanding that their construction industry benefit from rebuilding them at the expense of the international community. Talk about chutzpah writ large” La lástima es que a UE sólo dice estas cosas desde el anonimato. Su función en la tragedia palestina es merecedora en realidad de figurar en una farsa: el pagano al cual unos desprecian y los otros aún deben agasajar aunque lo hayan dejado ya por imposible, hartos de su inutilidad. El ciclo se ha dado ya tantas veces que daría risa si no fuera tan penoso: la UE paga la construcción, Israel destruye, la UE paga la reconstrucción, Israel vuelve destruir. Cuanto mayor es el problema de conciencia (como ahora en Gaza, esos 50 días de ominoso silencio), más dinero aportan los europeos. Que ahora se enfaden porque resulta que Israel quiere que sean sus empresas quienes reconstruyan Gaza es, como dice el periodista Jonathan Cook en su imprescindible blog, ridículo: esto siempre ha sido así. Se llama, como todo lo que sucede en la zona, ocupación y sus estructuras.

Concretando: sin que haya nada escrito (muy pocas cosas están por escrito en Israel, de entrada no hay Constitución), las medidas de “seguridad” que impone Israel para “asegurarse” de que el cemento y el hierro que entran en la franja van a la reconstrucción y no al “rearme” implican ‘de facto’ que será la industria de la construcción israelí quien reconstruya Gaza (y se enriquezca) con los fondos procedentes de la ayuda internacional. ¿Irónico, por decirlo suave? Sí. Pero nada nuevo, y la UE lo sabe, sus ONG están hartas de explicar a sus consulados, por ejemplo, cómo el material que les llega con destino a Gaza se pudre durante meses en el puerto de Ashdod a la espera de obtener los ‘permisos’ necesarios. Mientras, empresas israelíes introducen en Gaza esos mismos productos. Gaza, durante el bloqueo y antes del bloqueo, es un mercado cautivo de Israel, como también lo es Cisjordania, un mercado formado por millones de personas que no pueden comprar más productos que israelíes dado que, por un lado, no existe una importación digna de ese nombre porque Israel no lo permite (es Tel-Aviv quien controla fronteras y accesos) y, por el otro, la industria palestina es extremadamente débil a causa de su dependencia de Israel para la materia prima y de los controles y bloqueos. Es decir, la ocupación.

Los estantes de las tiendas de Gaza están llenos de productos etiquetados en hebreo y los zafios propagandistas te enseñan esas fotos y te dicen, ‘¿ves, el bloqueo no será tan grave cuando los palestinos puedan comprar leche israelí’ (o peor: ‘sí, sí, mucho Israel es muy malo pero bien que compran sus pañales’ Claro, no quieren saber que una de las estructuras terroristas destruidas en Gaza fue una fábrica de pañales en la zona industrial…). Normalmente, esto funciona con que un intermediario en el territorio ocupado y un intermediario en Israel se ponen de acuerdo, el israelí se encarga de hablar con su Gobierno para lograr los permisos y ambos acaban repartiéndose, de forma proporcional, el pastel. Al israelí se le llama en la prensa, cuando aparece, si es que aparece, “empresario con buenas relaciones con los palestinos”. Al palestino se le llama “hombre fuerte” en la zona: Gaza, Ramala, Jenin, Belén… Desde los acuerdos de Oslo, los hombres fuertes acostumbran a ser dirigentes de Al Fatah, algunos de ellos muy conocidos, algunos de ellos profesionales del proceso de paz, algunos de ellos muy ricos, algunos de ellos aún en el poder o muy cerca, algunos de ellos muy amigos de políticos occidentales, algunos de ellos evacuados en helicóptero por Occidente y protegidos por los servicios secretos de alguna potencia en agradecimiento por los servicios (colaboracionistas) prestados.

En Gaza, el macabro juego del bloqueo es saber cómo, cuándo y hasta donde apretar para que todos los que importan ganen, o no pierdan demasiado, y en ese grupo se incluyen las empresas israelíes. En los hospitales de Gaza, por ejemplo, puede faltar material médico básico, pero en los estantes difícilmente dejará de haber refrescos de cola de una marca u otra. En este sentido, Egipto, desde que se abrió el paso de Rafah, tiene un papel colaborador básico con la economía israelí, ya que por su lado de la frontera pueden entrar productos y combustible, pero lo hacen a cuentagotas y siempre previa negociación con Israel. El ocupante es Israel, no Egipto, y eso El Cairo no quiere cambiarlo. Los túneles de contrabando dan para mucho, pero no para introducir camiones cisterna con combustible.

En un pueblecito cristiano de Cisjordania llamado Taybeh se alza la empresa Taybeh, productora de la única cerveza palestina. Sus propietarios, la familia Khoury, podrían escribir un libro sobre lo que implica intentar producir un producto que compite con otro israelí. Una vez me explicaban, por ejemplo, cómo un proyecto de expansión a través de la exportación fue abortado porque los envases necesarios sólo llegaban a la fábrica en cuentagotas a causa de “motivos de seguridad”. La materia prima procedía de Europa y quedaba atascada en los puertos israelíes. Qué pérfida esta gente de Hamas que exige un puerto, un aeropuerto y libertad de movimiento y de mercancías, al menos, entre Gaza y Cisjordania.

Esta libertad de movimiento no es un problema de seguridad; es un problema político (Israel quiere a Gaza y Cisjordania aisladas entre sí y del mundo) y es un problema económico: la economía israelí, fuertemente subsidiada por Estados Unidos y donaciones privadas, necesita del mercado cautivo de consumo que constituyen millones de palestinos que usan la misma moneda que Israel y a quienes llegan, a través de la ayuda internacional, millones de dólares y de euros al año que de una forma u otra acaban yendo a parar a las arcas de Israel y a los de los intermediarios, palestinos e israelíes, que hacen posible que funcione el engranaje de la ocupación. La fórmula se repite en centenares de ámbitos económicos. De vez en cuando, por ejemplo, se oye que Israel retiene los impuestos de la ANP. Son tasas que generan los palestinos, que recauda Israel y que Tel-Aviv usa según le place. Ocupación, se llama esto.

Así que los funcionarios europeos, en lugar de escandalizarse como damiselas, tal vez deberían empezar a llamar a las cosas por su nombre. No es chutzpah: es la ocupación.

PD: La ONU acaba de publicar un informe desolador sobre la situación económica de Gaza antes de la destrucción de este verano. “The 2014 report on Assistance to the Palestinian People, compiled by the UN Conference on Trade and Development, details how Palestinian economic deterioration, which is largely rooted in the territory’s occupied status, has resulted in weak growth, a precarious fiscal position, forced dependence on the Israeli economy, mass unemployment, wider and deeper poverty, and greater food insecurity”. La negrita es mía: para la ONU, como no podía ser de otra forma, el problema es la ocupación.

@jcbayle

Fuente: http://decimaavenida.wordpress.com/2014/09/04/mercado-cautivo/

Palestina vuelve a su aberrante normalidad

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Puesto de control de Qalandia entre Ramallah y Jerusalén. Foto: Tali Feld Gleiser.

Puesto de control de Qalandia entre Ramallah y Jerusalén. Foto: Tali Feld Gleiser.

Por Juan Miguel Muñoz.

La normalidad cotidiana, imposible saber por cuánto tiempo, vuelve a reinar en el sur de Israel, y los vecinos de los kibutzim y las comunidades lindantes con Gaza –muchos de ellos hispanohablantes izquierdistas y anarquistas originarios de Argentina o Uruguay— regresan a sus viviendas y a sus mecanizados campos de cultivo. A pocos metros, sin embargo, más de 100.000 personas (el 6% de la población del minúsculo territorio palestino) se han quedado sin hogar. Y sin nada. Se necesitan con urgencia, alertan desde la franja, 5.000 caravanas, porque sus barrios han sido arrasados hasta los cimientos por la aviación y artillería israelíes, mientras los casi dos millones restantes de pobladores subsisten sin apenas luz y agua, rodeados de las ruinas en que se han convertido en ocho años las infraestructuras públicas de Gaza. Docenas de colegios y hospitales han sido bombardeados; la central eléctrica es un amasijo de hierros; cientos de pequeñas fábricas han sido demolidas, y el sistema de distribución de agua, arruinado… Desde 2006, son cuatro las invasiones o bombardeos masivos. Lo normal para los vecinos de la franja. Los cientos de proyectiles sin explotar se desactivan sin aparatos, porque Israel –y ahora el régimen golpista egipcio con más celo que antes— no permite que entren en Gaza ningún artilugio sofisticado, ni las tuberías necesarias para reparar desagües, ni el cemento imprescindible para reconstruir edificios… Diez días después del alto el fuego, nada ha cambiado en los cruces fronterizos de Gaza y los productos siguen sin entrar, según la Agencia de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios. Todo normal.

Aunque, como sucediera en 2012, ya se ha acordado una tregua, los soldados israelíes han disparado, hasta ahora a modo de aviso, contra quien se acerca a sus granjas cerca de la frontera, contra los pescadores que intentan faenar en las seis millas pactadas, a los que se ha confiscado una embarcación. Como en 2009 y 2012, el acuerdo de relajar el bloqueo a Gaza es violado por mucho que los cohetes dejen de caer durante meses. Esta es la normalidad cotidiana, la que tienen que soportar desde hace casi 10 años encerrados en un gheto.

Todo es normal también en la Cisjordania ocupada después de que casi un millar de palestinos fueran detenidos en redadas durante los 50 días de guerra. Las protestas por lo que ocurría en Gaza eran reprimidas sin contemplaciones. Pero ahora ha vuelto la rutina.

Entre el 1 y el 2 de septiembre, excavadoras israelíes han demolido una fábrica de productos lácteos en Hebrón; han derribado casas (si así puede llamarse a las moradas que habitan) de beduinos en Jerusalén oriental; han causado destrozos en viviendas asaltadas en un pueblo al sur de Jenín y detenido a 17 hombres; han cerrado un mercadillo en Nablus; han destruido modestas infraestructuras agrícolas en el sur de Hebrón y un pozo de agua; un grupo de colonos ha arrancado los viñedos en el pueblo de Beit Ommar, también cerca de Hebrón; militares han detenido a siete hombres en un campo de refugiados cercano a Nablus; un hombre yace en estado crítico en un hospital tras recibir dispararon en un control militar en Kalkilia… Todo normal.

Pueblo de Beit Ommar, norte de Hebrón. Foto: Tali Feld Gleiser.

Pueblo de Beit Ommar, norte de Hebrón. Foto: Tali Feld Gleiser.

Como es normal el incesante robo de tierra. Es frecuente que cuando algún palestino perpetra el asesinato de un israelí, los vengadores se ceban con pueblos o ciudades enteros. A menudo en forma de expolio de terrenos. Acaba de suceder en la zona donde residen los presuntos autores del asesinato de tres estudiantes judíos en junio. El Gobierno de Benjamín Netanyahu ha aprobado la confiscación de 400 hectáreas –la mayor en varias décadas– para la colonia de Gvaot, cercana a Belén, un asentamiento en el que a día de hoy vive una quincena de familias. “Lo que hemos hecho es una demostración de sionismo. Construir es nuestra respuesta al asesinato”, ha declarado Naftalí Benett, el ultraderechista que dirige el Ministerio de Economía. Todo normal.

Gvaot se fundó hace 30 años como una base militar, para ser después transferido a una yeshiva (escuela religiosa). Es una práctica habitual. En Cisjordania se han establecido a menudo zonas militares cerradas (por razones de seguridad que raramente son razonadas) o zonas protegidas como reservas naturales que naturalmente acaban con el paso de los años en posesión de colonos. Al proceso se le reviste con toda la parafernalia de la legalidad. Por ejemplo, los afectados por el último expolio disponen ahora de 45 días para presentar alegaciones, un sarcasmo que produce hilaridad. Todo normal.

Porque lo normal debe ser que los sometidos a una brutal ocupación que se prolonga ya medio siglo se conformen sin hacer ruido. Es irrelevante que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, colabore con Israel en materia policial y de seguridad hasta el punto de ser alabado por los máximos jefes militares israelíes. Basta con que tenga una iniciativa política –las armas no son opción para Abbas desde hace más de 25 años— para que a los gobernantes israelíes les salte el resorte. “Es el antisemita más grande de Oriente Medio… responsable del lanzamiento de misiles balísticos diplomáticos”, ha vociferado el ministro de Asuntos Estratégicos, Yuval Steinitz. Su colega de Exteriores, Avigdor Lieberman, ya le calificó antaño de “terrorista diplomático”. Normal.

Como es normal la reacción de los compungidos líderes occidentales. Tras el anuncio de la confiscación de Gvaot, el Departamento de Estado repite la cantinela que se escucha, idéntica, desde hace 25 años: “We are deeply concerned [Estamos profundamente preocupados]… Llamamos al Gobierno israelí a que revoque su decisión”, ha declarado la portavoz de la diplomacia estadounidense, Jen Psaki. Esta vez ha faltado otra coletilla habitual: “It’s not helpful [No ayuda]”. Por supuesto, sería una sorpresa mayúscula que Israel siguiera el consejo de Washington. Y la UE, como es normal, se mostró en su línea: “En este delicado momento, cualquier acción que pueda socavar la estabilidad y la perspectiva de unas negociaciones constructivas después del alto el fuego en Gaza debería ser evitada”. ¿Estarán temblando en el Gobierno israelí ante semejante advertencia? Todo apunta a que el patrón volverá a repetirse. EE UU y la UE impulsarán nuevas negociaciones, que casi con seguridad volverán a estar salpicadas –los precedentes abundan– de nuevos expolios y de “profundas preocupaciones”. Todo normal.

Fuente: http://juanmiguelmunoz.es/?p=71

Documental: Cinco Cámaras Rotas

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Cuando nace su cuarto hijo, Emad, un palestino del pueblo de Bil’in, compra su primera cámara de video. Mientras filma a su hijo Gibreel crecer, Emad también captura las imágenes de la resistencia popular y no violenta de su pueblo contra la construcción del muro israelí en las tierras de cultivo. Una a una, sus cámaras son destruidas por golpes y balas. Cada cámara cuenta una parte de la historia de su hijo y la lucha de su pueblo. Documental ganador del premio Emmy Internacional.

 

 

 

 

 

Federación De Entidades Argentino-Palestinas: Comunicado

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La Federación de Entidades Argentino-Palestinas repudia enérgicamente la persecución al compañero David Comedi y al movimiento del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) que pretende silenciar un pedido de la sociedad civil palestina y sus más de 170 organizaciones que la representan.

El compañero David es, y ha sido un referente claro del antisionismo, que ha quedado claramente explicitado en el TRIBUNAL ÉTICO A LA OCUPACIÓN Y COLONIZACIÓN POR ISRAEL EN PALESTINA realizado en mayo de 2013, entre otras acciones.

Nos produce un profundo malestar, que individuos y/u organizaciones pretendan manipular el ideario del pueblo palestino e imponernos sus “verdades” en pos de vaya a saber qué objetivo.

Estas acciones dañan la labor de un colectivo, que viene desde hace mucho trabajando y donde paso a paso hemos ido logrando imponer tanto en los ámbitos académicos, estudiantiles y sindicales la adhesión al BDS.

Las intimidaciones a las que se nos expone parecieran más el intento de acallar las expresiones de solidaridad y acción hacia nuestro pueblo y en definitiva ser funcionales al sionismo.

Por último, señalar que como hijos de la diáspora palestina en Argentina bregamos por la unidad de nuestro pueblo y de todas las organizaciones políticas y sociales que la componen, así como del movimiento argentino de solidaridad que apoya nuestras acciones.

Por el fin de la ocupación, colonización y limpieza étnica en Palestina.

Tilda Rabi
Presidenta

Miles de palestinos marcharon en Gaza para agradecer apoyo de Latinoamérica

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Foto: Granma

Enarbolaron fotos del líder de la Revolución cubana Fidel Castro, así como del Comandante Supremo Hugo Chávez y del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por repudiar la letal ofensiva militar de Israel.

Los palestinos marcharon en la Franja Gaza para agradecer el apoyo recibido de Cuba, Venezuela y otros pueblos de América Latina durante el genocidio israelí.

Con fotos del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, el Comandante Supremo, Hugo Chávez, y el presidente venezolano, Nicolás Maduro, los gazatíes ovacionaron la solidaridad de sus hermanos latinoamericanos.

La marcha fue convocada por el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) que coreó consignas en agradecimiento a Venezuela y Cuba, que juntos a ellos repudiaron la letal ofensiva de Tel Aviv que duró 50 años.

El líder Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, rompió relaciones con Israel por la agresión a la Franja de Gaza, al pueblo palestino y su soberanía. Al igual que el comandante Fidel Castro, Chávez siempre se opuso a las políticas genocidas de Israel, recordaron los manifestantes.

El dirigente del FPLP Kaed Al Ghoul, quien celebró el cumpleaños 88 de Fidel Castro, llamó a fortalecer la unidad nacional y no olvidar a los 2 mil 140 muertos y 10 mil 500 heridos.

Los jefes de misiones de Cuba, Venezuela, Ecuador, México, Chile, Paraguay, Argentina, Brasil y Bolivia, recibieron un reconocimiento por su aporte en Gaza.

Fuente: TeleSUR