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Israel realiza una conferencia internacional contra el BDS

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Alrededor de 200 expertos de veinticuatro países se reunieron ayer en Jerusalén en la primera Iniciativa de Red Legal (LNI, en sus siglas en inglés) para establecer contactos a fin de combatir las campañas de boicot contra Israel.

Manifestación a favor del BDS [McGill Daily / Flickr]

El gobierno israelí celebró ayer una conferencia internacional contra el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), informó Quds Press.

El sitio de noticias informó que el Ministerio de Asuntos Estratégicos organizó la conferencia en cooperación con el Colegio de Abogados de Israel y el Instituto Judicial Internacional.

Los medios israelíes señalaron que 200 expertos legales de 24 países fueron invitados a la conferencia para desarrollar estrategias “para contener la creciente influencia del movimiento”.

Según Quds Press, entre los asistentes se encontraban, el ministro de Asuntos Estratégicos israelí, Gilad Erdan, el ministro de Justicia Ayelet Shaked, la presidenta de la Corte Suprema, Esther Hayut, el presidente de la Knesset, Yuli Edelstein, y el líder de la oposición, Isaac Herzog.

En un comunicado, los organizadores describieron la conferencia como “otro paso en el cumplimiento de nuestra política para desafiar la ofensiva contra aquellos que buscan destruir a Israel como un Estado judío y democrático”.

Los participantes fueron informados sobre “métodos efectivos utilizados para aprobar legislaciones en 24 estados de los EE. UU., Francia, Alemania y otros lugares” y “obtuvieron herramientas y mejores prácticas, al tiempo que agilizaron sus tácticas contra los esfuerzos para obstaculizar al Estado judío”.

Inspirado por la campaña global contra el apartheid en Sudáfrica en la década de 1980, el   movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) se lanzó en 2005 como una campaña no violenta para presionar a Israel a respetar el derecho internacional y poner fin a su ocupación del territorio que los palestinos buscan un estado.

Ya varios artistas han boicoteado a Israel, incluyen al líder de Pink Floyd, Roger Waters y Elvis Costello.

El gobierno de derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu ha realizado una campaña durante mucho tiempo contra el movimiento BDS, describiéndolo como antisemita y de intentar borrar la legitimidad de Israel.

Israel holds international conference against BDS

Fuente: Palestina Libre.

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Crónica palestina V: Crónica de otro apartheid

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(Crónica escrita cuando todavía estaba en Beit Ummar, Cisjordania, y se traspapeló por ahí.)

Texto y fotos: Tali Feld Gleiser.

A pesar de todas las dificultades que tenemos en América Latina, es muy difícil imaginarse lo que es la vida cotidiana de una familia palestina, hasta que se vive en carne propia. Muchos activistas internacionales vienen a Cisjordania a través de distintas organizaciones; no todos viven la experiencia de compartir la vida diaria de las personas como si fueran uno más. Aun así, todas las experiencias son válidas para conocer muy de cerca lo que significa la Ocupación israelí.

La Ocupación es un excelente negocio

 El primer sábado de Ramadán, se acabó la luz a eso de las 7 de la mañana. “Se cortó, se cayó”, me corregirán algunos. Pues no, ni eso ni que Israel había cortado el suministro de energía eléctrica directamente. Lo que sucedió, y acontece cada diez días más o menos, es que los créditos de luz que mi familia adoptiva compró se terminaron, por lo tanto, la luz se cortó de forma automática. La Compañía Eléctrica (empresa estatal israelí) es la que comercia la energía eléctrica en los Territorios Ocupados. Cada casa tiene un contador y una tarjeta con un chip (lo que no sucede en los hogares judíos, según me cuenta Youssef Abu Maria), con lo que se va a la municipalidad de cada ciudad o pueblo y se compra una cierta cantidad de luz (antes de ser consumida). En el caso de la familia Abu Maria, 100 shekels (30 dólares aproximadamente), sirven para unos 10 a 15 días. Es una casa pobre con electrodomésticos básicos como heladera, máquina de lavar vieja que no se usa todos los días, una televisión, una computadora y bombitas de bajo consumo. Después de pagar en la municipalidad se inserta la tarjeta en una ranura del contador e Israel vuelve a hacer posible el milagro de la luz.

 contador de luz2

Dice Youssef que, antes, cuando no existía este tipo de contador “moderno” el gasto de electricidad era mucho menor, lo que hace pensar en una posible manipulación de los números de consumo.

Tarjeta para comprar luz

Tarjeta para comprar luz

Chip de la tarjeta

Chip de la tarjeta

Telefonía móvil

Mi primo, que vive en un kibutz al norte de Israel, se ofreció para hacerme un plan de celular como dependiente del suyo, sabiendo que yo necesitaría internet y estar comunicada. El plan de 3 GB, con llamadas locales libres es baratísimo. Mi único problema era que yo me iría a Cisjordania; pensé que el uso de datos podría aparecer en la cuenta como “roaming” y que la señal no sería tan buena. ¡Qué equivocada estaba! En el medio de la casi nada, en las colinas del Sur de Hebrón, la señal era excelente, mejor que cuando estuve en el kibutz. Me di cuenta inmediatamente de cuál era la razón: la gran cantidad de colonias (todas ellas ilegales de acuerdo con la ley internacional), que tienen todos los servicios básicos garantizados por el estado, servicios de los que no goza la mayoría de los palestinos.

Colinas del Sur de Hebrón

Colinas del Sur de Hebrón

Porque también el espectro radioeléctrico (un bien teóricamente intangible bien tangible) es dominado por Israel. Existen compañías palestinas de telecomunicaciones pero aún están atrasadas. Mucha gente tiene teléfonos “inteligentes”, pero su uso es limitado, pues el sistema 2G no permite el acceso a redes sociales o al envío de correos electrónicos. Hace casi siete años que Israel se niega a concederle a la Autoridad Palestina el espectro electromagnético (controlado totalmente por la potencia ocupante) para utilizar el sistema 3G, aun cuando Israel se prepara para masificar el uso de 4G, que por ahora solo ofrece la empresa Orange. Permitir que 3G funcione en Palestina está lejos de ser una prioridad para Israel. En 2011, el Ministerio de Telecomunicaciones concedió el espectro de frecuencia a dos compañías israelíes: Golan Telecom y Hot Mobile, que un año después lanzaron el sistema 3G. El Ministerio israelí informó a las firmas palestinas que ya no había más frecuencias disponibles y que, si quisieran alguna, deberían alquilarla a empresas israelíes.

Muchos palestinos tienen líneas móviles israelíes porque necesitan (o pueden pagar) el servicio 3G. Es muy común verlos con varios celulares al mismo tiempo porque el uso de cada uno depende del lugar  a donde se hace la llamada.

 Agua

En la casa de la familia Abu Maria, la presión del agua es casi inexistente. Yo me ducho en el baño familiar (aunque tengo un lavabo solo para mí), que todavía tiene una letrina. Lo hago rápidamente (costumbre que tengo desde niña a ahorrar agua y  luz) pero no es tan fácil, debido a la presión.

Una de las cosas que me llamó la atención cuando pasé al “lado palestino” por el puesto de control de Qalandia, fue la gran cantidad de tanques de agua negros en los techos de las casas, que no se ven del “otro lado”. Pues aprendí que para distinguir una casa palestina de una casa judía en Cisjordania, hay que verificar si tienen tanque de agua (la mayoría se ve a simple vista). Si lo tienen, es palestina. Los colonizadores no necesitan almacenar agua porque cuando abren la canilla, el líquido siempre aparece. Lo que sí tienen muchas de esas casas son calentadores eléctricos de color blanco. Pero las familias palestinas, dueñas del agua, tienen que cuidarla y pagarla a un precio mucho más caro que los israelíes.

Tanques de agua del otro lado del muro de la vergüenza

Tanques de agua del otro lado del muro de la vergüenza

Colonia israelí en las Colinas del Sur de Hebrón. Las casas solo tienen calentadores de agua y no tanques negros para almacenarla.

Colonia israelí en las Colinas del Sur de Hebrón. Las casas solo tienen calentadores de agua y no tanques negros para almacenarla.

Por lo tanto, en Palestina existe otro apartheid, el cual forma parte del apartheid “mayor”, que es el del agua. Israel empezó a desviar las aguas del río Jordán y de Jordania en los años 50. La empresa estatal israelí Mekorot controla la infraestructura del agua en Cisjordania desde 1982, gracias a una orden militar.

El consumo palestino en los Territorios Ocupados es alrededor de 70 litros diarios por persona (la Organización Mundial de la Salud recomienda 100 litros per cápita). El consumo diario israelí es de alrededor 300 litros, casi cuatro veces mayor.

Mekorot “hace efectivas una serie de violaciones israelíes de derechos, incluidos los del Convenio Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR por sus siglas en inglés), los del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos (ICCPR por sus siglas en inglés), los de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación Racial, los de la Convención de las NU sobre los Derechos de los Niños (CRC por sus siglas en inglés ), y los de la Convención de las NU sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW por sus siglas en inglés)”.

La Ocupación sionista, la más antigua de la época contemporánea, tiene varias facetas, además del aparato represivo militar, las colonias de los colonizadores judíos (todas ellas ilegales según la ley internacional), el robo de tierras palestinas, las carreteras exclusivas para colonizadores judíos, el muro del apartheid, hay un dominio económico casi absoluto, un gran negocio, que incluye desde el uso de la moneda israelí, la venta de productos de Israel de todos los rubros, el control del agua y sus fuentes, la venta de electricidad, la casi imposibilidad de exportar la producción local, etc. Una de las formas más efectivas de combatir todo eso es el BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones, http://wp.me/p389px-vG.) Además del BDS, la otra arma es la solidaridad efectiva con el pueblo palestino a través de la información, la divulgación de lo que allí sucede no solo cuando hay bombardeos a Gaza, la participación en actividades a favor de los derechos humanos del pueblo palestino y la presión de todas las instancias posibles. El pueblo palestino es un pueblo que solo pide una cosa: Justicia para poder tener derecho a vivir una vida digna y en paz.

Beit Ummar, julio de 2014.

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Fuentes

http://ugep.cl/palestina-donde-resistir-es-existir-columna-de-opinion/

http://m.forward.com/articles/181138/palestinians-suffer-in-cell-phone-dark-ages-and/?p=all 

http://www.stopthewall.org/es/2014/01/05/la-empresa-de-agua-israel-mekorot-alimentando-el-apartheid-del-agua-en-palestina

El eterno dilema del sionismo progresista

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 Por Ran Greenstein.

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Durante más de un siglo, los sionistas progresistas han intentado conciliar el humanismo universal con el nacionalismo sionista. Una revisión de dos pensadores prominentes que fracasaron.

1.- El eterno dilema del sionismo progresista

Una y otra vez ha surgido en los últimos meses la perspectiva de la muerte inminente del sionismo progresista, desde la inocua apología de Ari Shavit a las discusiones más sofisticadas de Jonathan Freedland en el New York Review of Books y Roger Cohen en el New York Times, culminando con el enfoque muy crítico de Antony Lerman , también en el Times .

Mientras que la guerra en Gaza cumplió un papel de sacudida, no es de ninguna manera un fenómeno nuevo. De hecho, ha sido una característica de los debates en el movimiento sionista desde su creación, lo que obligó a partidarios progresistas a elegir, en los momentos de crisis, entre sus valores universales y lealtades a las políticas étnicas. Históricamente, dejar caer el componente progresista ha sido la respuesta más común a tal dilema, con sólo unos pocos disidentes que optan por abandonar el sionismo.

Los argumentos principales utilizados en este tipo de debates poco han cambiado en los últimos años. Sería instructivo mirar un solo movimiento, como ejemplo del sionismo progresista en su tiempo. Brit Shalom, que funcionó entre 1925 y 1933 y fue conocido por su defensa del binacionalismo, experimentó tensiones entre sus amplios principios progresistas y las estrechas demandas del proyecto sionista. Estas se recapitularon en particular en la obra de su fundador, Arthur Ruppin, conocido como “el padre de los asentamientos judíos”. Se debatía entre sus aliados sionistas laboristas, que conceptualizaron a Brit Shalom como “delirante” y sus colegas radicales que pedían un gobierno representativo en Palestina, en línea con los valores democráticos universales pero en contra de los deseos de la dirección sionista.

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Arthur Ruppin

 

Las preocupaciones de Ruppin, expresadas en sus diarios de finales de 1920 y principios de 1930, derivaban de los intereses contradictorios de los árabes y los judíos. Era imposible conciliar “la libre inmigración y el desarrollo libre económico y cultural para los judíos” -las condiciones esenciales para el sionismo– con los intereses de los residentes árabes de Palestina: “en cualquier lugar donde compramos tierra y la gente se asienta en ella, necesariamente requiere que los actuales agricultores queden excluidos del lugar, ya sean propietarios o inquilinos”. Más aún, el principio del trabajo hebreo era “en concordancia con nuestros intereses nacionales”, que “priva a los habitantes árabes de los salarios que solían percibir”. Por lo tanto, se hizo imposible “convencer racionalmente a los árabes de que nuestros intereses son compatibles”. Dada la situación, los árabes, como una mayoría en el país “se aprovecharía de los derechos que les reconoce la Constitución para impedir cualquier avance económico de la minoría judía”, por lo tanto “acabarían con el movimiento sionista”.

El dilema de Ruppin se intensificó en los momentos de conflicto agudo, a continuación de los disturbios de 1929. Violentos enfrentamientos entre visiones nacionalistas excluyentes lo llevaron a distanciarse de Brit Shalom y su binacionalismo. Su conclusión fue sombría: “hay que reconocer que en toda nuestra historia de las relaciones con los árabes no hemos hecho un esfuerzo por encontrar una fórmula que satisfaga no sólo a los intereses esenciales de los judíos, sino también a los intereses esenciales de los árabes”. Paradójicamente, esto significaba: “Lo que podemos conseguir (de los árabes)- nosotros no necesitamos, y lo que necesitamos – no podemos conseguirlo. A lo sumo, lo que los árabes están dispuestos a darnos son los derechos de una minoría nacional judía en un Estado árabe, similar a los derechos de las [minorías] nacionales de Europa del Este”.

El problema de eso, continuó, era que no se podían garantizar los derechos de las minorías:

“El destino de la minoría judía en Palestina dependerá para siempre de la buena voluntad de la mayoría árabe que sustenta el poder. Tal acuerdo definitivamente no va a satisfacer a los judíos de Europa del Este que son la mayoría de los sionistas; por el contrario, esto disminuiría su entusiasmo por el sionismo y por Palestina. Un sionismo dispuesto a llegar a un acuerdo de este tipo con los árabes [quedando los judíos en minoría permanente en el país] perderá el apoyo de los judíos de Europa del Este y pronto se convertiría en sionismo sin sionistas.

¿Qué se podría hacer entonces? En opinión de Ruppin, utilizando un lenguaje que se hace eco de todo el camino hasta el presente:

En la actualidad ninguna negociación con los árabe permitirá avances, ya que los árabes todavía esperan ser capaces de deshacerse de nosotros… no es negociación, pero el desarrollo de Palestina para aumentar nuestro cupo de población, y para fortalecer nuestro poder económico, podría conducir a la reducción de las tensiones. Llegado el momento y cuando los árabes se den cuenta de que no están en condiciones de concedernos lo que necesitamos, deberán reconocer la realidad tal como es, el peso de los hechos sobre el terreno dará lugar a la reducción de las tensiones… Puede ser una verdad amarga, pero es la verdad.

Las palabras de Ruppin de 1936 ilustran la lógica de imponer “hechos sobre el terreno” y la construcción de un “Muro de hierro” (en palabras infames de Jabotinsky) para disuadir a la oposición árabe, una lógica que continúa dando forma a la política de Israel en la actualidad. Pero, es importante tener en cuenta que no todos los activistas progresistas se movieron en la misma dirección. Un ejemplo contrario es el de Hans Kohn, quien rompió con el movimiento sionista y eventualmente dejó Brit Shalom tras el levantamiento de 1929.

Kohn identificaba el sionismo como un “movimiento moral y espiritual” compatible con su posición pacifista y antiimperialista. Se le hizo cada vez más difícil mantener este enfoque junto a la línea sionista oficial. Los árabes llevaron a cabo los levantamientos de 1929, según contó en su correspondencia privada, que “perpetraron todos los actos de barbarie característicos de una revuelta colonial”. Pero fueron motivados por una causa profunda:

 “Hemos estado en Palestina durante 12 años [desde la Declaración de Balfour de 1917] sin hacer siquiera una vez un intento serio de la búsqueda del consentimiento a través de negociaciones con los pueblos originarios. Hemos confiado exclusivamente en la fuerza militar de Gran Bretaña. Nos hemos fijado metas que, por su propia naturaleza, tenían que llevar a un conflicto con los árabes. Deberíamos haber reconocido que estos objetivos serían la causa, la causa justa, de un levantamiento nacional contra nosotros.

Esta actitud significó que: “durante 12 años hemos fingido que los árabes no existían y nos alegrábamos cuando no recordábamos su existencia. Sin el consentimiento de los árabes locales, la existencia judía en Palestina podría llegar a ser posible sólo “en primer lugar con la ayuda británica y después con la ayuda de nuestras bayonetas… Pero para ese momento no vamos a ser capaces de ser sin las bayonetas. Los medios han determinado los objetivos. La Palestina judía ya no tendrá nada del Sión al que me uní”.

La principal preocupación de Kohn fue el desarrollo del sionismo en “el ala militante-reaccionaria del judaísmo”. Kohn sentía que sus colegas no estaban dispuestos a dar un decisivo paso congruente con sus valores que los llevarían lejos de las prácticas sionistas, como la “inconmensurable barbarie” de desalojar a los inquilinos de sus tierras, dirigido por gente como Ruppin. En su lugar, Brit Shalom había formulado propuestas de paz nobles desconectadas de la realidad concreta y omitía los verdaderos problemas. Esto “envuelto en sí mismo en una nube de ingenuidad” sin impacto público. Bajo estas circunstancias, Kohn no vio ninguna razón para continuar su pertenencia al movimiento.

Ruppin y Kohn ofrecen soluciones opuestas al mismo dilema: la dificultad de conciliar el humanismo universal con el nacionalismo sionista. Cuando estalló la crisis, Ruppin eligió el nacionalismo mientras Kohn eligió el universalismo. Otros activistas progresistas seguían creyendo que no había contradicción inherente entre los dos conjuntos de principios, pero su impacto disminuyó. A pesar de que formularon una alternativa conceptual sólida orientada a ser incorporada a la corriente principal del sionismo, no pudieron ir más allá de limitados círculos intelectuales judíos y no ganaron apoyo árabe alguno. ¿Por qué? Se pueden sugerir algunas razones:

Antes de 1948, los sionistas progresistas trabajaron en el segmento del pueblo judío menos dispuesto a apoyar la integración. Los judíos felices de convivir con los no judíos como iguales o desinteresados de la soberanía política se quedaron en sus países de origen o se trasladaron a otros destinos que les permitieron larga y próspera vida sin preocuparse de la política y el nacionalismo, como los EE.UU. o Argentina. Por razones prácticas, el enfoque sionista progresista en Palestina fue socavado aún más por la ausencia de una fuerza equivalente en la población árabe. Muchos judíos consideraron que era como ofrecer concesiones unilaterales que no fueron correspondidas y por lo tanto inútiles.

Entonces, ¿por qué no se correspondió? El liderazgo árabe palestino rechazó los compromisos ofrecidos por los sionistas progresistas ya que temía que cualquier concesión a la legitimidad de la presencia política judía en el país socavaría su propia posición de negociación sin poner freno al avance expansivo del proyecto de asentamientos judíos. Esto era una realidad, ya que los progresistas eran una minoría en la comunidad judía. Los posibles acuerdos con ellos no eran vinculantes para las fuerzas dominantes en el movimiento sionista, que continuó con su propia agenda.

Además, no era más mortífero para la iniciativa de los judíos que hacer concesiones que el sentido de la hostilidad árabe continuaría sin disminuir, independientemente de los compromisos políticos. En particular, los ataques armados contra comunidades integradas locales, como ocurrió en 1929 en Hebrón y Safed, reforzaron la solidaridad judía interna, socavó la disidencia, y creó un ambiente militante y militarista que hizo que la perspectiva de diálogos políticos fructíferos fueran cada vez más remotas.

Tal vez y lo más crucial, en retrospectiva, fue que las respuestas de un lado moldearon las respuestas de la otra parte. Los nacionalistas pudieron embarcarse unilateralmente en su propio curso de acción, pero los progresistas no pudieron. Los potenciales socios árabes respondieron no sólo a los que los progresistas sionistas dijeron o hicieron, sino que también – tal vez sobre todo – a lo que las fuerzas principales en el lado judío dijeron e hicieron. Esto reforzó la desventaja estructural de los progresistas: colaboraron las tendencias dominantes en ambos campos nacionalistas, por así decirlo, en la polarización creciente de los partícipes del conflicto. Esto benefició a los que, en cada parte, instaban a la acción unilateral y debilitó a los que abogaban por la consideración mutua.

 2.- Las numerosas negaciones del sionismo progresista

Desde sus orígenes hasta hoy, el sionismo progresista ha sido incapaz de integrar las políticas israelíes de despojo y control militar con la imagen de un Estado democrático. ¿Es sólo una cuestión de semántica o es inherente a la ideología? La segunda parte del análisis de Ran Greenstein.

Como se discutió en la primera parte de este artículo, los sionistas progresistas como Arthur Ruppin y Hans Kohn respondieron de maneras divergentes al reto de conciliar los valores universales amplios con los estrechos objetivos sionistas. Lo que ellos comparten con otros activistas e intelectuales, sin embargo, fue la realización plena de los costos involucrados en sus elecciones. Este no es el caso para la mayoría de los actuales progresistas israelíes, que toman el periodo posterior a 1948 y el Nakba como realidades en el terreno, como el punto de partida para mirar el conflicto palestino-israelí.

Una forma de ver los dilemas que enfrenta el sionismo progresista hoy es a través de la noción de la negación, o la negativa a reconocer el contexto histórico, que continúa dando forma a nuestra escena política. Este contexto refleja procesos a largo plazo y puede ser degradado por las fechas clave con la que se asocian estos procesos. En cada caso se construyó sobre las tendencias existentes para poner en marcha una nueva ronda de la evolución que dio forma al período posterior. Veamos cada uno de ellos y discutimos sus implicaciones.

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Un grupo de israelíes participa en una protesta pidiendo negociaciones de paz entre Israel y Palestina, Tel Aviv, el 16 de agosto de 2014. Miles de manifestantes se reunieron el sábado en una manifestación a favor de la paz bajo el lema “Cambio de dirección: hacia la paz, lejos de la guerra” (Foto: Activestills)

La negación de 1917

Este fue el año de la Declaración Balfour, que aseguró el apoyo británico a la búsqueda del movimiento sionista para establecer “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina, basado en el entendimiento de que “no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y derechos religiosos de las comunidades no judías existentes” en el país. Se puso en marcha un proceso de inmigración masiva de judíos al país y la reconstrucción de la comunidad judía como una entidad política independiente, en su camino hacia la condición de Estado independiente. También dio lugar a la formación de un movimiento nacional palestino-árabe, que se opuso a la inmigración y la adquisición de tierras por parte de judíos y exigió un gobierno democrático basado en el control de la mayoría. El creciente conflicto entre estas fuerzas mutuamente excluyentes condujo a la guerra de 1947 a 1948, la Nakba y la creación del Estado de Israel.

Los sionistas progresistas niegan que la Declaración Balfour fuera ilegítima desde la perspectiva de los residentes árabes del país, hasta entonces la mayoría indiscutida de la población. Los británicos subordinaron su perspectiva de la independencia a la de un nuevo grupo de inmigrantes y facilitaron la creación de una zona de exclusión social y económica en constante crecimiento, que estaba prohibida para todos los palestinos (como los derechos inherentes de los residentes, empleados y arrendatarios). Su respuesta natural fue de resistencia. Es difícil pensar en un único grupo de indígenas en la historia que reaccionaran de manera diferente a una situación similar. Sin embargo, a la visión sionista progresista le resulta imposible contemplar esta realidad básica, ya que plantearía preguntas acerca de los asentamientos, la colonización y el despojo, y los derechos de los originarios, que no pueden ser respondidas fácilmente dentro de su paradigma.

La negación de 1947

La resolución de las Naciones Unidas de la partición de Palestina en estados, árabe y judío, fue apoyada por el movimiento sionista y la mayoría de los judíos y rechazada por la mayoría de los árabes (en Palestina y en otros lugares). Una de las creencias fundamentales del sionismo progresista es que estas actitudes reflejan la lógica del compromiso, que fue adoptado por el sionismo históricamente, pero fue abandonada después de 1967 y en la actualidad necesita restaurarse. Por el contrario, los árabes adoptaron una posición de rechazo que minó sus posibilidades de obtener la independencia entonces y desde entonces.

¿De qué manera esta forma de ver las cosas en 1947 equivale a una denegación? Vista desde la perspectiva del tiempo, la resolución de partición era desigual. Se concedió un territorio a la comunidad judía que no poseía y se tomó el territorio de la comunidad árabe que poseía. Se esperaba que 10.000 judíos –el 1,6% del total de los judíos- vivieran como una minoría en la zona asignada al Estado árabe mientras que en la parte judía habitaban 400.000 árabes, o sea el 33% del total de la población. A los judíos se les asignó el 56% del territorio mientras a los árabes, dos tercios de la población, se les asignó sólo el 44%.

Más allá de los detalles específicos de la resolución, que dio un sello de aprobación a un proceso que había visto a los palestinos perder su dominación demográfica y territorial de forma abrumadora, incapaces de bloquear el rápido crecimiento de la comunidad judía organizada y marginados en su propia patria. Rechazar la partición no condujo a un resultado positivo para ellos, pero no pudieron ponerse de acuerdo rescatar grandes porciones de su país, entregado a un grupo de personas a quienes consideraban como invitados no deseados, la mayoría de los cuales habían estado allí por menos de una generación. Que el principal líder de la comunidad judía en el momento había construido su carrera en la oposición a compartir la tierra, el empleo y la residencia con los árabes locales, no ayuda a construir la confianza en un futuro bajo la dominación judía o al lado de un estado judío en expansión.

 Ruins of Palestinian village depopulated in the Nakba, Lifta, Is

 Un judío ultraortodoxo camina en la aldea palestina despoblada de Lifta, situada a las afueras de Jerusalén Occidental, Israel, el 4 de marzo de 2014. Durante la Nakba, los residentes de Lifta huyeron de los ataques de las milicias sionistas a partir de diciembre de 1947, que tuvo como resultado la evacuación completa de la aldea en febrero de 1948 (Foto: Ryan Rodrick Beiler / Activestills.org)

La Nakba que siguió a la resolución de partición era, en cierto sentido, una profecía autocumplida. La limpieza étnica fue tanto un resultado de las acciones de las fuerzas sionistas que pusieron en marcha los planes para la creación de un territorio judío defendible contiguo, como a las reacciones de los palestinos, a veces anticipatorias, a la violenta expulsión huyendo de las fuerzas militares que avanzaban. El punto crucial es que independientemente de las circunstancias de su salida o su participación en los eventos (como militantes o residentes pacíficos que fueron expulsados de forma pasiva o activamente huyeron de sus hogares), a todos los que se convirtieron en refugiados en 1947/48 se les negó el reingreso en el nuevo Estado de Israel. El resultado fue más que el desplazamiento de gran número de personas, también la destrucción de toda una sociedad.

El paradigma sionista progresista puede digerir estos eventos sólo como el resultado trágico y, en última instancia, de la búsqueda de la autodeterminación nacional judía. Sin embargo, que esa búsqueda haya transformado el conflicto en una lucha por la liberación de un pueblo y sus derechos, por siempre marcado por el imperativo de corregir el “pecado original” de la desposesión, no lo pueden considerar. Más bien, no insistiremos en vivir en el pasado, sigamos adelante con nuestras vidas y esperemos el “síndrome del salmón”, usando terrible frase de Ehud Barak, para defenestrarlos.

La negación de 1967

Es sólo con la guerra de 1967 y sus secuelas que el sionismo progresista realmente entró en su propia contradicción. Merece el crédito de haberse opuesto a la ocupación, los asentamientos y la anexión que se vienen dando desde hace décadas. ¿Es justo entonces cargar con la negación? La respuesta es sí y veamos por qué.

La postura progresista contra la ocupación sufre de su negativa de considerar el contexto histórico de 1967, al ver la guerra como una aberración, una fuerza disruptiva que cambió la democracia poco igualitaria de Israel en un Estado opresivo de derechas dominado por los colonos mesiánicos. De este cuadro desaparece la realidad de que antes de 1967 Israel era un Estado opresor que excluía a quienes estaban al margen de la corriente principal: los refugiados palestinos cuya presencia física y política fue negada; los ciudadanos palestinos que estaban presentes físicamente, estaban ausentes de la ciudadanía de pleno derecho; estaban bajo régimen militar y de la expropiación masiva de sus tierras; también desaparecen los judíos orientales que recibieron los derechos políticos pero se los mantuvo social y culturalmente marginados.

 occupationEl ministro de Defensa israelí Moshe Dayan, el jefe del Estado Mayor Yitzhak Rabin, el general Rehavam Zeevi (derecha) y el general Uzi Narkis caminan por la Ciudad Vieja de Jerusalén el 7 de junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días. (Foto por GPO / Ilan Bruner)

Las prácticas de exclusión desarrolladas en el período previo a la guerra de 1967 (en algunos casos los métodos secretos de la adquisición de tierras y el despojo, aún en el período pre-48), se extendieron a los territorios ocupados con algunas modificaciones importantes. La limpieza étnica y la destrucción masiva de aldeas en 1948 no se repitieron en la misma escala en 1967 (aunque unas 300.000 personas huyeron o fueron expulsadas ​​de los territorios recién ocupados a los países vecinos, muchas de ellas ya refugiadas de 1948). A los residentes de los territorios se les permitía trabajar en Israel, pero se les negaron los derechos civiles y políticos. La tierra fue confiscada (y se sigue confiscando) pero a una escala más pequeña que las expropiaciones a los ciudadanos palestinos en la era post-48 de Israel.

El sistema de control resultante es único. Sin embargo, muestra muchas semejanzas familiares a otras prácticas israelíes opresivas que se aplicaron -en diversos grados- a diferentes grupos de palestinos. Es el rechazo del sionismo progresista a ver la continuidad de esas prácticas, así como los vínculos que se forman dentro de la lógica común de la exclusión, lo que constituye la negación. Una lucha contra la ocupación, que la considera una mera disputa territorial, y se niega a considerar sus fundamentos ideológicos e históricos -lo que Meron Benvenisti refiere como el “código genético” de la colonización sionista- está condenada al fracaso.

La negación de 1987

Y sin embargo hubo un período de tiempo en el que el sionismo progresista parecía estar ganando. Con la Primera Intifada de 1987 y los procesos que facilitó y que culminó con los acuerdos de Oslo de 1993, el conocimiento de la ocupación y el apoyo a su terminación se encontraban en su punto más alto. Era sólo una cuestión de tiempo para que se completara el proceso de retirada de Israel, algo en lo que creyeron muchos progresistas y que llegaría la genuina solución de dos Estados.

BTS Soldados israelíes registran a un palestino en un puesto de control del ejército israelí. (Foto: Rompiendo el silencio)

Como aprendimos en los años siguientes, esta expectativa generalizada no se materializó. En lugar de llegar a su fin, la ocupación fue tomando cuerpo directa o indirectamente en el Gobierno, transfiriendo la responsabilidad al bienestar de sus súbditos y excluyendo aún más a los palestinos de toda participación en los derechos y los recursos asociados a la ciudadanía. Mientras Israel afianzaba su control sobre el territorio y los recursos materiales (terrenos agrícolas y residenciales, el agua y así sucesivamente), la Palestina ocupada se enfrentó más que nunca a restricciones más graves a su movimiento, a su organización política y a su capacidad de manejar sus vidas.

Lo que fue presentado hasta entonces como un Gobierno militar temporal por razones de seguridad, se ha endurecido en un modo de gobierno que combina la incorporación permanente de la tierra y los recursos para uso de las autoridades militares y civiles, provisiones exclusivamente para los colonos judíos, con la exclusión permanente de los residentes indígenas como ciudadanos portadores de derechos. En otras palabras, un sistema análogo al apartheid que consagra radicalmente diferentes niveles de acceso a los derechos y recursos basados ​​en distinciones étnicas y religiosas.

Como era de esperar, la respuesta de los sionistas progresistas se ha caracterizado, una vez más, por la negación. En lugar de entender las nuevas realidades y desarrollar estrategias adecuadas que tengan en cuenta los cambios en los modos de gobierno, los patrones de asentamiento y las condiciones demográficas continúan recitandor en vano el mantra de la separación de los judíos y árabes en sus propios estados.

settlementwallUna activista pone una bandera palestina en el muro de separación frente al asentamiento de Modi’in Illit (Foto: Anne Paq / Activestills.org)

El hecho de que el conflicto ya no pueda verse con un mero carácter territorial (si es que alguna vez fue así) no hace ninguna diferencia notable. Todos los cambios se difieren eternamente a un futuro indeterminado, cuando los judíos se conviertan en una minoría (como si el dominio del 51% de la población sobre el otro 49% fuera más legítimo que al revés), cuando Israel tenga que elegir entre su aspecto “democrático” el “judío” (como si gobernar durante medio siglo sobre millones de personas a quienes se niegan los derechos políticos no hubieran decidido el asunto ya), cuando la perspectiva de una solución de dos Estados ya no es viable (como si los 20 años de diplomacia fútil, durante los cuales se consolidó la ocupación no fueran suficientes), cuando la oportunidad de una solución negociada está cerrada (como si fuera que aún está disponible).

¿Cuál es la esencia, entonces, de la negación del sionismo progresista? Es el rechazo a reconocer cualquier cosa que diferencie el conflicto palestino-israelí de los conflictos territoriales “normales”: los orígenes coloniales del asentamiento inicial, el despojo de 1948, la lógica histórica de la exclusión, el carácter permanente de la ocupación “temporal”. Mientras nuestros publicitados sionistas progresistas continúen ignorando estos cimientos del conflicto, sus fingidas llamadas angustiadas a un cambio de política en el terreno moral permanecerán poco más que retórica vacía.

Ran Greenstein es profesor asociado en la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo. Su libro Zionism and its Discontents: A Century of Radical Dissent in Israel/Palestine será publicado por Pluto Press, Reino Unido, en octubre de 2014.

Fuente Primera parte: http://972mag.com/the-perennial-dilemma-of-progresista-zionism/97076/  

Segunda parte: http://972mag.com/the-many-denials-of-progresista-zionism/97393/

Traducido del inglés para Rebelión por J. M. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=190818

Saca a Israel la Tarjeta Roja: Israel no puede albergar la Eurocopa de fútbol 2020 #RedCardIsrael

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Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

ACTÚA: Dile a la UEFA que muestre la Tarjeta Roja a Israel

Israel ha lanzado una guerra contra el fútbol en Palestina: los futbolistas han sido asesinados, estadios bombardeados y se ha negado el permiso a los jugadores para viajar a los partidos.

Entre los muertos en la reciente masacre de Israel están Ahmad Muhammad al-Qatar y Uday Caber, dos jugadores de fútbol de 19 años de edad en el inicio de sus carreras.

Israel espera ser anfitrión de la UEFA 2020 en Jerusalén. Sin embargo, Israel continúa ocupando brutalmente Jerusalén Este, que es reconocido internacionalmente como territorio palestino. El gobierno israelí anunció recientemente 2.220 asentamientos en Jerusalén Este como parte de su continua limpieza étnica de palestinos en la ciudad.

Como ha explicado una carta escrita por equipos deportivos palestinos y organizaciones de la sociedad civil y enviada al presidente de la UEFA Michel Platini: “Con la concesión a la Asociación de Fútbol de Israel del privilegio de acoger en Jerusalén los juegos de 2020, la UEFA estaría enviando un mensaje moralmente preocupante de aprobación —o incluso de recompensa— por las graves violaciones de Israel de los derechos humanos en Gaza, Jerusalén Este y en otros lugares”.

Dile a Platini que la UEFA debe excluir a Israel de la licitación cuando se reúna para decidir quien será el anfitrión de los juegos de la UEFA 2020 el 19 de septiembre.

#RedCardIsrael
Firmar la petición en http://www.bdsmovement.net/redcardisrael.

Fuente: http://boicotisrael.net/bds/tarjeta-roja-israel-eurocopa-2020-redcardisrael/

Declaración de Judíos por el Derecho al Retorno del Pueblo Palestino

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judíos derecho al retorno

1º de enero de 2014

“Para los palestinos, el derecho a volver a sus hogares y el derecho a vivir en dignidad e igualdad en su propia tierra no son menos importantes que el derecho a vivir libres de la ocupación militar.”
–Prof. Saree Makdisi[1]

Durante más de un siglo, los sionistas han tratado de construir un “Estado judío” por medio de la remoción forzada del pueblo palestino nativo.

En 1948, este Estado fue establecido a través de la Nakba (Catástrofe): desaparición y ocupación de más 500 ciudades y aldeas palestinas, el desalojo de más de 750.000 palestinos y una campaña terrorista de la que la masacre de Deir Yassin   es el ejemplo más infame.

Desde 1967, Israel también ha ocupado y colonizado  el resto de la Palestina histórica. Hoy, esta limpieza étnica implacable continua  —armada y financiada por los EE. UU. y sus aliados— en los dos lados de la “Línea Verde” de 1948.

Como resultado acumulado, setenta por ciento de los palestinos están en el exilio, la población de refugiados más grande del mundo.

En ningún lugar esto es más claro que en Gaza, donde Israel inflige un castigo colectivo particularmente brutal a 1.7 millones de personas —la mayoría de ellos refugiados— por resistir desafiantes a la expulsión de sus hogares en la Palestina histórica.

“Elijan un punto, cualquiera, a lo largo de las 25 millas de costa de [Gaza’s],” escribe la residente de la Ciudad de Gaza Lara Aburamadan, “y uno está a siete millas —no más — del otro lado. El otro lado es donde nacieron mis abuelos, en una aldea que se transformó en el país de otros, fuera de mis límites. Se llama Israel. Yo lo llamo el lugar de donde vienen las bombas.”[2]

Para esconder estos crímenes y escudarse de sus consecuencias, el régimen sionista oficialmente niega la Nakba, el equivalente ético de la negación del Holocausto. Hasta ha autorizado legislación para penalizar a aquellos que conmemoren la Nakba— un paso previo a criminalizar completamente su observancia.

Como sucede con todos los pueblos colonizados, la liberación significa revertir el despojo. “La causa palestina,” escribe el Dr. Haidar Eid en Gaza, “es el derecho al retorno de todos los refugiados y nada menos.”[3]

Retorno —una de las demandas llave de la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) — se apoya en la resolución 194 de la ONU, pero deriva del principio de derecho humano y, como tal, al cual ninguna persona o representante puede renunciar; está inalienablemente unido al pueblo palestino colectiva e individualmente.

A pesar de esto, aun algunos que critican la ocupación israelí de 1967 dicen que el retorno de los palestinos es “irreal”.
Sin embargo, la solidaridad significa apoyo incondicional a los objetivos justos de aquellos que resisten a la opresión. Como explica el periodista palestino Maath Musleh: “Si piensas que  [el retorno] no es posible entonces no eres realmente solidario con la causa palestina.”[4]

Algunos también tienen la objeción de que el retorno de los refugiados significaría el fin del “Estado judío”. Pero los apoyadores de la justicia social se tienen que preguntar cómo pueden defender un Estado cuya existencia misma dependa de la negación estructural de los derechos del pueblo palestino.

Hace poco, más de una centena de destacados activistas palestinos reafirmaron su oposición “a todas las formas de racismo e intolerancia, incluyendo, pero no limitada al antisemitismo, la islamofobia, el sionismo y otras formas de intolerancia a quien quiera que sea, especialmente a los pueblos indígenas y los no blancos en el mundo.”[5]

Ese racismo e intolerancia se reflejan precisamente en el intento del sionismo de borrar al pueblo palestino, una campaña de un siglo que es una deshonra a la memoria del sufrimiento y resistencia de los judíos en Europa.

La respuesta moral es clara: “Hay una entidad geopolítica en la Palestina histórica,” escribe el periodista palestino Ali Abunimah. “No se puede seguir permitiendo que Israel siga arraigando su dominio cultural, racista y de apartheid en ese territorio.”[6]

Como judíos de conciencia, convocamos a los partidarios de la justicia social a alzarse en defensa del Derecho al Retorno del Pueblo Palestino y de un Estado democrático en la Palestina histórica — “Del Río hasta el Mar”— con derechos iguales para todos.

La plena medida de justicia de la cual depende la esperanza de toda la humanidad, requieren no menos que eso.

Notas

[1] Saree Makdisi, “If Not Two States, Then One,” N.Y. Times, 5 de diciembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/12/06/opinion/global/if-not-two-states-then-one.html?_r=0

[2] Lara Aburamadan, “Trapped in Gaza,” N.Y. Times, 16 de noviembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/11/17/opinion/trapped-in-gaza.html

[3] Haidar Eid, “The Palestinian Left and RoR,” ZMag, 8 de octubre de 2012, http://www.zcommunications.org/the-palestinian-left-and-ror-by-haidar-eid

[4] Maath Musleh, “Communique: Palestine #4 Brief Thoughts on International Solidarity With Our Struggle in Palestine,” 8 de septiembre de 2012, http://internationalsocialist.org.uk/index.php/blog/brief-thoughts-on-international-solidarity-with-our-struggle-in-palestine/

[5] “The struggle for Palestinian rights is incompatible with any form of racism or bigotry: a statement by Palestinians,” Electronic Intifada, 23 de octubre de 2012, http://electronicintifada.net/blogs/ali-abunimah/struggle-palestinian-rights-incompatible-any-form-racism-or-bigotry-statement

[6] Ali Abunimah, “Mahmoud Abbas’ real ‘accomplishment’ was not the UN vote on Palestine,” Aljazeera, 2 de diciembre de 2012, http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/12/2012122165114321474.html. Ver también “The Way Forward for Palestine Solidarity, 23 de junio de 2010, http://al-awdany.org/2010/07/statement-the-way-forward-for-palestine-solidarity-please-endorse/

 Max Ajl, escritor y activista; Cornell Students for Justice in Palestine

Gabriel Ash, International Jewish Anti-Zionist Network Switzerland

Max Blumenthal, periodista y autor

Prof. Haim Bresheeth, cineasta, , photographer and film studies scholar

Lenni Brenner, Author and anti-war activist

Mike Cushman, Convenor, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Sonia Fayman, French Jewish Union for Peace; International Jewish Anti-Zionist Network France

Sherna Berger Gluck, Founding member US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign

Rabbi Lynn Gottlieb, Coordinator, Fellowship of Reconciliation Peacewalks, Mural Arts in Palestine and Shomer Shalom Network for Jewish Nonviolence

Hector Grad, International Jewish Anti-Zionist Network (Spain)

Abraham Greenhouse, Blogger, Electronic Intifada

Tony Greenstein, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Jeff Halper, Director, Israeli Committee Against House Demolitions (ICAHD)

Stanley Heller, Host of “The Struggle” TV News

Tikva Honig-Parnass, Former member of the Zionist armed forces (1948); author of False Prophets of Peace: Liberal Zionism and the Struggle for Palestine

Adam Horowitz, Co-Editor, Mondoweiss.net

Selma James, Global Women’s Strike; International Jewish Anti-Zionist Network UK

David Klein, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel

Dennis Kortheuer, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign; Dump Veolia LA

David Letwin, Activist and writer; Gaza Freedom March

Michael Letwin, Co-Founder, Labor for Palestine; Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Al-Awda NY: The Palestine Right to Return Coalition

Antony Loewenstein, Australian journalist and author

Barbara Lubin, Executive Director, Middle East Children’s Alliance

Mike Marqusee, Author If I Am Not for Myself: Journey of an Anti-Zionist Jew

Hajo Meyer, Auschwitz survivor; International Jewish Anti-Zionist Network

Linda Milazzo, Participatory journalist and educator

Prof. Ilan Pappé, Israeli historian and socialist activist

Miko Peled, Author of The General’s Son

Karen Pomer, Granddaughter of Henri B. van Leeuwen, Dutch anti-Zionist leader and Bergen-Belsen survivor

Diana Ralph, Assistant Coordinator, Independent Jewish Voices-Canada

Dorothy Reik, Progressive Democrats of the Santa Monica Mountains

Prof. Dr. Fanny-Michaela Reisin, President, International League for Human Rights (German Section FIDH); Founding member of Jewish Voice for a Just Peace – EJJP Germany

Rachel Roberts, Civil rights attorney and writer

Ilana Rossoff, International Jewish Anti-Zionist Network

Carol K. Smith, Activist and civil rights attorney

Lia Tarachansky, Director, Seven Deadly Myths

Hadas Thier, Contributing author of The Struggle for Palestine; Israeli-born daughter and grand-daughter of Nazi Holocaust survivors

Dr. Abraham Weizfeld, Montréal; Jewish People’s Liberation Organization

Sherry Wolf, Author and public speaker; International Socialist Organization; Adalah-NY

Marcy Winograd, Former Congressional Peace Candidate; public school teacher

Dr. Roger van Zwanenberg, Non-Executive Director, Pluto Books Ltd.

Tali Feld Gleiser, Los Otros Judíos, América Latina

Evento: https://www.facebook.com/events/123495234483983/

Obra de arte: Éxodo II (pero del pueblo palestino)

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Obra de arte: Éxodo II (pero del pueblo palestino)

De İbrahim Özdabak.

Colonos (ilegais) se apresentam como nova vanguarda do sionismo

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Por Breno Altman.

A colônia de Eli, no ponto mais alto de Binyamin, a área central da Cisjordânia, é um posto avançado dentro das fronteiras que, por deliberação da ONU (Organização das Nações Unidas), deveriam pertencer a um futuro Estado palestino. O conjunto residencial, formado por casas amplas e refinadas, sempre de cor bege, em ruas limpas e arborizadas, está entre os assentamentos mais bem cuidados.

Mikhail Frunze/Opera Mundi

Assentamento de Eli lembra confortáveis condomínios que costumam circundar as grandes cidades do mundo

Os motivos de seu prestígio são religiosos e políticos. Fica a poucos quilômetros de Shilo, citada pela história bíblica como a capital dos judeus no tempo dos juízes, logo após a fuga do Egito e a criação das doze tribos lideradas por seus magistrados. Também é quase vizinha de Ariel, a cidade-modelo construída nos territórios ocupados, com instalações modernas e uma importante universidade.

Seu habitante mais ilustre é um judeu argentino chamado Danny Dayan, que foi durante seis anos (2007-2013) o presidente do Conselho da Judea e Samaria, nomenclatura oficialmente utilizada em Israel para designar a cordilheira na margem ocidental do rio Jordão. Nestas montanhas, relata a Bíblia, viveram os patriarcas e Abraão teria anunciado a seus descendentes que era a terra prometida.

“Nós somos a nova vanguarda do sionismo”, afirma Dayan. “Temos a missão histórica de recuperar a terra da qual fomos expulsos há dois mil anos. Não somos invasores, como insiste a narrativa árabe, mas os retornados. Essa região é estratégica para a defesa e o desenvolvimento de Israel.”

Empresário da área de informática, o líder dos colonos vendeu sua companhia para se dedicar integralmente à causa que postula. Apesar de respeitar as tradições, não é um religioso. Orgulha-se do telegrama que recebeu de Menachem Begin quando completou seu bar mitzvah. Declara-se admirador de Jabotinsky, o ideólogo da direita sionista, mas confessa seu crescente carinho por Ben-Gurion, o chefe da independência.

Mikhail Frunze/Opera Mundi

Palestinos que vivem na região são contratados para trabalhos nos assentamentos e utilizam meio de transporte diferente dos judeus

Dayan empenha-se com afinco para atrair investimentos e modernizar a região. Das cinco áreas que compõem a jurisdição do conselho que presidiu, Binyamin é a mais desenvolvida. São 54 comunidades de médio e alto luxo, guardadas dia e noite por soldados do exército ou seguranças particulares treinados pelas forças armadas. Estão protegidas pelo sistema de cercas e muros que as separam das aldeias palestinas, enquanto estradas bem pavimentadas as conectam entre si.

Às vezes é possível ver carros e ônibus com placas palestinas passando por estas rodovias, depois que atravessam os pontos militares de controle. As restrições são maiores quando sobe a tensão entre colonos e a população das vilas. Os serviços de transporte público, porém, são segregados, apesar de não haver regra escrita a respeito. Ônibus israelenses atendem apenas os assentados. Palestinos contratados para algum trabalho são transportados por veículos diferentes, na maioria das vezes fornecidos por empregadores ou intermediários.

Muitos residentes trabalham em Jerusalém ou Tel Aviv. As atuais colônias são distintas dos kibutzim, com seu modelo comunal e estrutura produtiva. Parecem mais com os confortáveis condomínios que costumam circundar as grandes cidades do mundo. Mas há empreendimentos privados que vão sendo implantados.

Mikhail Frunze/Opera Mundi

Danny Dayan, ex-presidente do Conselho da Judea e Samaria: “nós somos a nova vanguarda do sionismo”

Um deles, em Binyamin, é a vinícola Psagot, nome da comunidade na qual está instalada. Seu proprietário, Yaacov Berg, vende 200 mil garrafas de vinho branco e tinto por ano, exportando 60% de sua produção. As garrafas vem etiquetadas como “produto de Israel”. Se o rótulo identificar que são mercadorias de colônias na Cisjordânia, correm o risco de serem boicotados por alguns países.

Expansão

A comunidade internacional, afinal, considera que toda esta região foi ocupada ilegalmente, na guerra de 1967. A resolução 242 das Nações Unidas obriga Israel a se retirar para trás da Linha Verde, fixada no armistício de 1949. Mas desde a conquista destes territórios, com trabalhistas ou conservadores, a política sionista tem sido de expandir a colonização.

Atualmente são 121 assentamentos reconhecidos oficialmente pelo governo de Israel, de acordo com o Ministério do Interior, no qual vivem 350 mil colonos. Mais 300 mil vivem na parte oriental de Jerusalém e outros 20 mil nas Colinas de Golã. Além de Ariel, outras três colônias ganharam, ao longo do tempo, reconhecimento como cidades: Modin Illit (controlada pelos ultraortodoxos), Maale Adumim e Betar Illit.

Apesar de ser difícil calcular, através do orçamento, o conjunto dos subsídios que o governo separa à colonização, o movimento Paz Agora avalia que entre 540-600 milhões de dólares são gastos anualmente para subvencionar os assentamentos, incluindo gastos com segurança.

Um dos pouco itens identificáveis nos documentos oficiais é a transferência para os conselhos municipais da Cisjordânia, que totalizou 322 milhões de dólares no ano passado, equivalente a 8,9% de todas as verbas recebidas pelas cidades israelenses, ainda que sejam apenas 3,8% os cidadãos morando nos territórios. Outro dado importante: o investimento em habitação, excluindo Jerusalém, foi de 123,14 milhões de dólares, significando 15,36% das verbas nacionais nessa rubrica.

A ocupação teria sido bom negócio até 1987, segundo o economista israelense Shir Hever, do Centro de Informação Alternativa (AIC). Os custos eram baixos, Israel coletava todos os impostos da área, tinha mercado cativo para seus produtos e empregava mão-de-obra palestina, muito mais barata, em suas empresas. Além disso, controlava fontes de água que representavam ao redor de 50% de seu consumo.

Após este período, no entanto, com a aceleração no estabelecimento de novas colônias, as curvas teriam começado a se inverter. Os lucros iriam definitivamente desaparecer após a segunda intifada, em setembro de 2000, quando as fronteiras foram fechadas e Israel parou de contratar trabalhadores palestinos, além de aumentar extraordinariamente as despesas militares.

“Muitas empresas israelenses fazem dinheiro com a colonização, especialmente aquelas envolvidas em segurança e construção”, explica Michel Warschawski, também do AIC. “Mas os interesses geopolíticos atualmente se sobrepõem aos econômicos. O Estado financia a colonização por razões estratégicas, fortalecendo os colonos e abrindo boas oportunidades para as companhias beneficiárias dessa expansão. O resultado para as contas públicas, contudo, é deficitário.”

O governo não desmente o incentivo à marcha rumo ao leste, mas alega motivos transitórios. “Ainda estamos em situação de conflito potencial”, afirma Yigal Palmor, porta-voz do Ministério de Relações Exteriores. “Os assentamentos são importantes para nossa política de defesa, pois fortalecem nossas fronteiras.”

Os assentamentos, enquanto a paz não chega, vão animando judeus seculares e religiosos, em uma demografia inversa àquela do movimento kibutzim no século XX. As estatísticas do Conselho da Judea e Samaria revelam que apenas 20% dos colonos são não religiosos, contra 10% de ultra-ortodoxos e 70% de religiosos moderados.

Demografia

Essa composição ajuda a aumentar a taxa média de fertilidade, maior entre os grupos de seguidores à risca dos ensinamentos da Torá. A família de Danny Dayan, por exemplo, é composta apenas por ele, a mulher e um filho. Outros líderes de assentamentos têm proles bem mais numerosas, uma arma importante para consolidar a presença judaica na Cisjordânia.

Mikhail Frunze/Opera Mundi
Rafael Kaufman mora na colônia de Tzufim, ao norte. Nascido no Uruguai há 41 anos, desde 2004 vive no assentamento. Tem seis filhos, uma moça e cinco rapazes. Religioso, anda pelas montanhas com seu quipá e uma pistola 9 mm na cintura, que garante nunca ter usado.

Trabalha como guia turístico, e ajuda o movimento dos colonos na divulgação internacional, dando palestras em vários países. Também arrecada recursos para que outros assentados possam abrir seus cultivos e criar pequenos postos avançados na região.

“Israel não pode cometer duas vezes o mesmo erro, os judeus não voltarão a abandonar a terra prometida”, declara Kaufmann, no alto de uma montanha com vistas para o rio Jordão. “Deus nos deu esse chão, que defenderemos com unhas e dentes, como manda os ensinamentos.”

Muitos pensam como ele, e vários de forma ainda mais intensa. Ao sul, fica cidade de Hebron, a maior da Cisjordânia. Está dividida em dois setores, um sob controle da Autoridade Palestina e outro do governo israelense. São aproximadamente 250 mil habitantes de origem árabe vivendo em 80% do perímetro urbano, e 750 judeus nos restantes 20%.

A principal artéria comercial da cidade, a rua Shuhada, que atravessa o centro velho, lembra uma cidade fantasma. Lojas estão fechadas e residência abandonadas. Após a rebelião palestina de 2000, o exército israelense isolou a área, a pretexto de salvaguardar cinco assentamentos judaicos. Vários postos militares controlam entrada e saída de transeuntes. Nenhum palestino está autorizado a dirigir carros ou motocicletas na zona de isolamento. Apenas os colonos judeus.

Uma dessas colônias, situada no topo de uma colina que nasce na via bloqueada, é a de Tel Rumeida, Em torno de 150 moradores, protegidos por militares, ali vivem, estudam e rezam.  Muitos trabalham fora, se movimentando sob permanente custódia. Vários grupos sionistas ajudam a arrecadar recursos para apoiar a comunidade.

Mikhail Frunze/Opera Mundi

Cerca de 150 judeus vivem na colônia de Tel Rumeida, em Hebron, protegidos 24 horas por militares

Uma destas organizações é a Jabad Lubavitch, entidade religiosa com ramificação em vários países. David Halon, norte-americano de Nova Iorque, foi para Hebron como parte do esforço para estimular estudos bíblicos entre soldados e civis do assentamento. Tem orgulho do que faz. “Somos um exemplo para os judeus do mundo todo”, afirma. “Aqui somos 500 contra 250 mil árabes. Resistimos sem medo, ao lado dos nossos militares.”

Olha para os vizinhos palestinos, ao alcance da vista, poucos metros adiante, mas divididos por uma cerca. “A Torá diz que os judeus devem ter o comando”, declara. “Somos o povo eleito e ganhamos na guerra, pela vontade de Deus, o direito de estarmos aqui. Eles podem ficar, desde que sejam obedientes às ordens divinas.”

Fonte: Ópera Mundi