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Cincuenta mil sobrevivientes del Holocausto mueren de hambre en Israel

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sobrevivientes

Sott.net.- En Israel decenas de miles de sobrevivientes del Holocausto viven bajo el umbral de la pobreza. Lo ha revelado el diario Ha’aretz del 24 de abril último (1). Según dicho diario, el 66% de los sobrevivientes del holocausto estaría viviendo con menos de 3 mil shekels por mes (alrededor de 600 euros). Una tercera parte viven solos, sin ninguna compañía. Yediot Aharonot añade que de los 193.000 sobrevivientes de la Shoah que residen en Israel, 50.000 viven en la pobreza y que mensualmente mueren mil.

No son, sin embargo, los únicos que viven miserablemente en la Tierra Prometida. Un informe del Estado sobre inseguridad alimentaria publicado el pasado 7 de abril estima que son 900.000 los israelíes que se ven obligados regularmente a ayunar por lo menos durante un día, es decir, el 11% de la población.

De acuerdo siempre con dicho informe, más de 330.000 familias, es decir, un 18% de la población israelí, padece inseguridad alimentaria, caracterizada por no poder consumir regularmente aquellos alimentos que contengan la cantidad de nutrientes necesarios para un normal desarrollo y una buena salud.

Por lo tanto, el gobierno israelí estaría faltando a su obligación de asegurar un régimen alimentario básico a cada israelí. Las ONG palían actualmente las carencias alimentarias.

Una situación que no debería dejar de conmover a los miembros de la diáspora, que no dejan de cumplir un solo día con el deber de recordarles a los países europeos las privaciones sufridas por sus antepasados hace 70 años.

Nota

(1) “50,000 Holocaust survivors in Israël live in poverty”, Ha’aretz , 24 de abril de 2014

Fuente original: http://fr.sott.net/article/20938-50-000-survivants-de-la-Shoah-meurent-de-faim-en-Israel

Traducción de Susana Merino para Rebelión.org.

Foto: RT

¿Vamos a la playa?

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¿Qué le pasa a quien vive en Cisjordania? Por ejemplo, alguien de Hebrón quiere ir a la playa en Tel Aviv, a casi 100 km de distancia. El gráfico siguiente lo explica.

ir al mar Cisjordania

Agua en los Territorios Ocupados: Estado de calamidad

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agua palestina

En Cisjordania, Israel restringe drásticamente el acceso palestino al agua desviando las fuentes de agua de las comunidades palestinas a los asentamientos y plantaciones israelíes. Los palestinos tienen prohibido cavar pozos sin un permiso, que raramente es otorgado. Es más, sacar agua de los pozos autorizados se restringe a las aguas poco profundas, lo que resulta en tasas de contaminación más altas.

En Gaza, se estima que un 95 % del agua no sea apta para el consumo humano. Israel destruyó las plantas y servicios públicos de agua durante la Operación Plomo Fundido. El agua del acuífero de Gaza es salina debido a la extracción excesiva y está contaminada por la filtración de aguas cloacales.

Fuente: http://remikanazi.tumblr.com/post/80389491486/brilliant-infographic-on-water-consumption-for

Jóvenes israelíes rechazan ir a un Ejército que comete crímenes de guerra

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soldados

Roni Lax y Dafna Rotstein

Unos cincuenta adolescentes israelíes expresaron en una misiva remitida al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, su rechazo a servir por razones morales en un Ejército de ocupación que «comete crímenes de guerra».

En la carta, citada por la agencia EFE, los firmantes aseguran que no realizarán el servicio militar obligatorio en protesta por la «continua ocupación y la invasión del Ejército en la vida civil, que profundiza en las nociones de chovinismo, militarismo, violencia, desigualdad y racismo en la sociedad» israelí.

El escrito exhorta asimismo a otros jóvenes que se acercan a la edad de 18 años, en la que los israelíes, hombres y mujeres, son llamados a filas, a reconsiderar «el sentido del servicio militar».

«Los palestinos en los territorios ocupados viven bajo el control del Gobierno israelí, a pesar de que no lo han elegido y no pueden influir en las decisiones de ninguna manera legal. La situación es injusta y desigual», reza la misma.

Las acciones del Ejército nos distancian de la paz, la justicia y la seguridad

Los adolescentes lamentan las continuadas «violaciones de los derechos humanos» y «actos que son considerados crímenes de guerra de acuerdo al derecho internacional» en los territorios palestinos.

Entre estas violaciones, enumeran «las ejecuciones extrajudiciales, la construcción de asentamientos en territorios ocupados, detenciones administrativas, torturas, castigos colectivos y un reparto desigual de recursos como el agua y la electricidad».

Los autores de la carta subrayan que las Fuerzas Armadas israelíes perpetúan la actual situación y en virtud de la misma y «siguiendo nuestra conciencia, no podemos tomar parte en un sistema que comete los mencionados actos».

Aducen que la institución militar también repercute en la vida civil, define la educación, las oportunidades de empleo y «lleva al racismo y la violencia en el seno de la sociedad y a la discriminación basada en el origen étnico, nacionalidad o género».

«Las acciones del Ejército nos distancian de la paz, la justicia y la seguridad». La institución militar «sirve a los poderosos en la sociedad y no a los ciudadanos, que solo son una herramienta. Rechazamos servir de carne de cañón», manifiestan los autores de la carta.

Información de  http://actualidad.rt.com/actualidad/view/121896-jovenes-israel-ejercito-crimenes-guerra-palestina y http://972mag.com/israeli-teens-tell-netanyahu-we-will-not-take-part-in-occupation/88159/

Foto: Activestills.org

Ucrania: Protestas callejeras, dirigidas por veteranos del ejército de Israel

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ucrania

Dos medios de comunicación israelíes aseguraron que en los disturbios desatados en Kiev, capital de Ucrania, en cuyo transcurso murieron cientos de personas, tuvieron arte y parte miembros veteranos del ejército del régimen israelí.

Conforme a los datos dados a conocer por los diarios israelíes de ‘Haaretz’ y ‘Times of Israel’ en sus ediciones del viernes, una unidad de lucha callejera en la plaza de la Independencia (Maidán) en Kiev, contó con la dirección de un exmilitar israelí identificado como ‘Delta’.

Se trata de una unidad vinculada a grupos ultranacionalistas, que se autollamó ‘los cascos azules del Maidán’, que incluye a 40 hombres y mujeres, entre ellos varios exmiembros del ejército del régimen israelí.

El exmilitar israelí ‘Delta’, que nació en Ucrania, aprovechó el adiestramiento que recibió cuando integraba el batallón Shu’alei Shimshon de la brigada de infantería Givati del ejército israelí, para organizar las protestas callejeras en Kiev, en las que han estado involucrados al menos cinco veteranos soldados israelíes, agregan las fuentes israelíes.

Desde noviembre de 2013, Ucrania vive inmersa en protestas antigubernamentales, después de que el presidente destituido ucraniano Víktor Yanukóvich se negara a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE).

La decisión de Yanukóvich fue adoptada en pro de los lazos más estrechos con Rusia, país que más de una vez ha denunciado la injerencia de Occidente en los asuntos internos de Ucrania, hecho que desencadenó un incremento de los disturbios en esta nación.

La noticia se da a conocer después de que quedara patente la injerencia de Washington en la situación ucraniana tras conocerse la grabación de una conversación telefónica, a principios del mes de febrero de este año en curso, entre la secretaria de Estado adjunta de EE. UU. para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, y el embajador del país norteamericano en Kiev, Geoffrey Pyatt.

En la grabación, que fue publicada en YouTube, ambos diplomáticos estadounidenses discuten sobre cuál de los líderes de la oposición de Ucrania les gustaría que se hiciera con las riendas del Gobierno.

El Parlamento ucranio destituyó el 23 de febrero a Yanukóvich y designó a Oleksander Turchynov, presidente en funciones, depositando así en esta figura la responsabilidad de nombrar un nuevo gobierno hasta el martes, de cara a la preparación de elecciones anticipadas para el próximo mes mayo.

lmr/anz

Fuente: http://www.hispantv.ir/detail.aspx?id=262126#sthash.a3NO9ofF.dpuf

Un día en un tribunal militar de menores israelí. No hacen falta las palabras.

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ofer

Prisión de Ofer y tribunal militar. Foto: Dawn

Por 4JustPeace.

No entendíamos una palabra, sin embargo entendimos todo _“¿Hablan hebreo? ¿Árabe? ¿Entienden lo que sucede aquí?”_. Los prisioneros habían entrado esposados uno al otro. El juicio ya había empezado en el tribunal. ¡Me llevó unos segundos darme cuenta de que las preguntas del juez estaban dirigidas a nosotros! _“No, su señoría.” _. Podemos no saber el idioma, pero ¡algunas cosas no precisan palabras para ser entendidas!_. La angustia de un padre, las lágrimas de una madre, la aprehensión de un joven, el miedo de un niño, la arrogancia de un soldado, el desdén de un guardia, la indiferencia de un abogado, el pronunciamiento de un juez, es un mensaje transmitido sin palabras.

Jaula para las familias palestinas que esperan para entrar. Foto: Oren Ziv, Active Stills

Mi colega y yo habíamos pedido un permiso para pasar el día en el tribunal militar de la prisión de Ofer. ¡Para creer en lo que allí pasa hay que vivirlo! Llegamos en taxi antes de las 9:00 y buscamos la entrada en vano. No hay señalización. Descubrimos una “jaula” de alambre llena de familias palestinas -más de 200 personas- tal vez el “área de espera” para obtener la autorización para presenciar la audiencia. Los saludamos – ¡Assalamu ‘Alaykum! El padre de uno de los dos niños a los que vinimos a apoyar nos ve y viene hasta la cerca, con una amplia sonrisa en el rostro. El idioma es una barrera, pero se torna innecesario. Se nota que está contento de que hayamos venido.

Nuestra “área de espera” está separada y pasamos las dos horas y media siguientes tratando de convencer a los militares israelíes de que ya teníamos autorización para presenciar las audiencias de ese día. Después de fracasar en varios intentos, finalmente lo logramos y pasamos por una sucesión de puertas, detectores de metal, molinetes, jaulas, una máquina de rayos X y un registro corporal -nos dejaron solo la ropa y unos shekels para la “cafetería” de la cárcel. Nos juntamos con los palestinos que esperaban en otro recinto al aire libre con una pequeña “cantina”, una fuente de agua, baños y algunas sillas. Del lado de afuera están estas 8 “caravanas” (casas rodantes) en ruinas donde se realizan los procedimientos judiciales.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

La lista de la mañana revela que la audiencia de nuestra familia no será sino hasta las 3:00. Aprovechamos la oportunidad para presenciar otros casos, yendo de caravana en caravana. Es en una de estas sesiones que las preguntas del juez interrumpen mis pensamientos… Pensaba en la audiencia anterior en que una madre orgullosa se dio vuelta hacia mí y me dijo en un inglés chapurreado: _ Vea, este chico (señalándolo), ¡es mi hijo! Solo lo veo aquí. No tengo visitas_. Yo observaba sus rostros mientras intercambiaban palabras, gestos, miradas robadas. La vi llorar mientras esposaban las muñecas de su hijo y se lo llevaban. Le apreté la mano. No entendí los detalles de por qué estaba allí. No importaba.

A las  2:30 decidimos sentarnos con nuestra familia y esperar a que nos llamaran. El tiempo pasa. El sol se hunde en el poniente. El viento está frío. Y esperamos. Ahora hay como 20 personas en la jaula de espera. El guardia había dejado su puesto. La puerta giraba sobre sus goznes. La cantina cierra hasta el próximo día. El lugar parece desierto. Y seguimos esperando. El padre va y viene con ansiedad. La madre se agarra la cabeza con las manos. Sentimos que no podemos ayudar; no tenemos palabras. Y seguimos esperando. Finalmente, a las 4:50 -10 minutos antes de cerrar- la familia es llamada. Nos hacen una señal y caminamos rápidamente  detrás de ellos, nos dirigimos en fila hacia la única hilera de sillas. El juez trata de impedir que nos quedemos en la audiencia. “Este es un tribunal de menores.” Le decimos que somos amigos de la familia y que tenemos su permiso. Cuando les preguntamos, todos asienten. Estamos orgullosos de acompañarlos.

Pero no estamos preparados. Los dos niños se ven tan pequeños y vulnerables sentados en el área de los presos, los pies esposados el uno al otro. Es evidente que tienen miedo y no saben qué hacer. Los niños miran a sus mamás que tratan, con gestos, de averiguar si están bien. Están en la cárcel hace dos meses, sin permiso para que sus padres los visiten, arrestados por supuestamente tirar piedras a los colonos (N. de la R.: de los asentamientos ilegales) mientras sus ovejas pastaban. Las audiencias habían sido pospuestas todo lo posible. Hoy les dan el veredicto. El juez se dirige a ellos. Los pequeños se ponen de pie, tratando desesperadamente de ser valientes. Leen el veredicto. Las madres se echan a llorar. Se llevan a los chicos, que se enjugan el llanto esperando que nadie lo note. En fila salimos de la caravana sin hablar. El padre nos da la mano, con lágrimas en los ojos.  Los nuestros se llenan de lágrimas cuando abrazamos a las madres. Solo les hemos podido ofrecer el regalo de nuestra presencia –es lo único que podemos darles. Con nuestro limitado árabe creemos entender que los muchachos tienen que cumplir tres meses más y las familias deben pagar 3.000 shekels (U$1,000). Pero en este momento, los detalles no importan.

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La familia tiene que usar el “pasadizo enjaulado” que lleva a Cisjordania, mientras que nosotros recibimos autorización para volver hacia el lado de Jerusalén. Nos decimos adiós a través de la cerca y les aseguramos que los iremos a visitor en su aldea. Sumidos en nuestros pensamientos, caminamos en silencio hasta la autopista para buscar un taxi. El sol ya se puso y la luna casi llena se levanta atrás de nosotros sobre el complejo de la prisión. Pero lo único que veo es la imagen de esos dos pastorcitos asustados llorando, vestidos con ropa de presidiaro marrón y con los pies esposados el uno al otro.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

Fuente: http://4justpeace.wordpress.com/2014/01/17/words-are-not-needed-a-day-in-the-military-courts/

Cuando detuvieron a Juan Gelman en Israel

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gelman y yo

Hace un tiempo volaba el poeta argentino Juan Gelman rumbo a Jerusalén. Sentado junto a su esposa comentaba la situación política israelí con un acento crítico sobre la política del nuevo gobierno en relación a la intifada palestina. Un agente del Mosad escuchaba atentamente. La charla del poeta con su esposa acabó mal. El propio Gelman lo cuenta.

Escribo estas líneas desde el dolor y la tristeza. El viernes 2 de marzo mi mujer Mara La Madrid y yo llegamos a Israel. Era la 1.30 de la madrugada y a las 10 tenía lugar el entierro de mi hermana Teodora, muerta repentinamente en Jerusalén. Conozco varias clases de muertes: la del padre y la madre, la del hijo, pero todavía estoy recorriendo el doloroso territorio de la muerte de una hermana. Seguramente distinto a todos los demás. Mara y yo desembarcamos de un vuelo de la British Airways y fuimos detenidos por la policía en el aeropuerto Ben Gurión. Los hechos son como siguen.

Delante nuestro se sentó en el vuelo un señor de 28 o 30 años, alto, moreno, de pelo corto y modales autoritarios, que conversaba amigablemente con una azafata en hebreo. Bien. Ocurre. Por razones de seguridad, algún agente ¿del Mossad? viaja en todo vuelo que llega a Tel Aviv en compañías extranjeras que no son El-Al. Mara y yo conversábamos sobre las declaraciones del jefe de Estado Mayor del ejército israelí -un general de cuyo nombre no quiero acordarme- publicadas en el Herald Tribune: afirmaba que la Autoridad Palestina era «una entidad terrorista» y que el Estado de Israel estaba pensando en la posibilidad de reocupar las pocas zonas palestinas a las que había otorgado autonomía. Mara se preguntó: «¿Qué van a hacer, van a ocupar El Líbano?» En ese momento el señor de pelo corto se dio vuelta furioso y nos ladró un «enough» («basta» que cortó nuestra conversación, personal, de a dos y en español. Mister Enough no se limitó al ladrido. Cuando descendimos del autobús que nos trasladó del avión a la terminal del aeropuerto, me señaló con el dedo a un señor de uniforme que se abalanzó sobre mí y, sin identificarse, pidió nuestros pasaportes. Le dije que, a 30 metros del mostrador en que los pasaportes se revisan, allí los iba a presentar porque no explicaba la razón de su exigencia. Mara se puso en fila, pasaportes en mano, y cuando la seguí el señor de uniforme quiso retenerme con un abrazo de oso del que me desprendí -debo confesarlo- rojo de ira. Soy un ciudadano argentino y no admito esa clase de comportamiento de parte de ningún uniformado. Tal vez porque tengo una experiencia traumática -vuelvo a confesar- con los señores de uniforme.

Afuera nos esperaba mi sobrina, que había retrasado el entierro de su madre hasta mi llegada. Explicamos la circunstancia, pero al señor de uniforme poco le importaban fallecimientos y entierros ajenos. Sólo después de una hora y media dejó entrar a mi sobrina, a pesar de mis reclamos. El señor de uniforme, que se negó a dar su nombre, nos tuvo hasta las 5 de la mañana redactando lentamente un acta en que nos endilgaba los siguientes «delitos»: tumulto a bordo del avión de British Airways, desacato a la autoridad, ofensa a un funcionario público en el ejercicio de sus funciones. Fue inútil que preguntara quién había hecho la denuncia y en qué consistía. «Tumulto», en el hebreo del Estado de Israel, es una palabra muy pesada. Sirve, por ejemplo, para calificar la actitud de un niño palestino que arroja piedras a un tanque israelí. El único «tumulto» en que debo haber incurrido fue la exigencia prostática de ir al baño cuando el avión comenzaba su descenso. La presunta denuncia de una azafata de British Airways a la que el acta se remitía fue solicitada reiteradamente por el consulado argentino en Tel Aviv y nunca apareció.

El hecho -grave- es que Mara y yo estuvimos detenidos más de tres horas en el aeropuerto de Tel Aviv. El señor de uniforme escribía sus acusaciones y yo sufría a mi hermana, su muerte, el destino de morir en Jerusalén que le decretó la dictadura militar. Salimos bajo caución: mi sobrina tuvo que firmar dos actas -una contra mí, otra contra Mara, que ciertamente no fue atacada por urgencias diuréticas como yo- por las que se obligaba a pagar 2500 dólares por cada uno si el lunes siguiente no asistíamos a una presunta audiencia de conciliación. En ese interín, el señor de uniforme que nos detuvo me mostró amenazadoramente un par de esposas hablando en hebreo. Usaba el inglés cuando le convenía, el hebreo cuando no. Sus compañeros lo llamaban Danny y, según el «policía bueno» que apareció cuando las cosas se pusieron muy calientes, su nombre es Daniel Yehud. A saber.

No me parece mal que viajen agentes ¿del Mossad? en los vuelos que llegan a Israel, vista la situación. Lo que no entiendo es que esos agentes de seguridad -exclusivamente de seguridad, según se dice- se conviertan en una policía política que nada tiene que envidiar a la de Hitler o Stalin. ¿En qué estamos? ¿Israel es una democracia o qué? ¿Puede ser democrático un Estado que somete a cerco a un millón de palestinos por la fuerza de las armas? ¿Y cómo es posible que ahora sean sitiadores de todo un pueblo los hijos, los nietos, los biznietos de quienes, como mi madre y sus hermanos y su padre rabino, padecieron el cerco zarista en los ghettos, y luego, como mis primos, el encierro en los campos de concentración nazis? A los 8 años de edad mi madre presenció cómo los cosacos incendiaban la vivienda familiar y cómo mi abuela iba sacando a sus hijos de las llamas, menos a una hermanita de 2 años que murió abrasada. ¿Y ahora esos descendientes de la persecución crean ghettos para los palestinos, dinamitan sus casas, los sitian por hambre, abaten sus olivos y arrasan sus cultivos cuando molestan proyectos edilicios, usurpan sus tierras aplicando esa razón de las bestias que es la fuerza? ¿Y qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores; discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo de los siglos.

Sé que estas opiniones serán calificadas de antisemitas por quienes no quieren oír, ni ver, ni hablar, como los tres monos de la India. La táctica de confundir las críticas al Estado de Israel con el antisemitismo me recuerda la pretensión de la más reciente dictadura militar argentina, que llamó «campaña antiargentina» a toda denuncia de sus crímenes. Sólo me explico la tristeza particular que las políticas genocidas del Estado de Israel me causan porque soy verdaderamente judío. Porque una vez, de niño y con fiebre altísima, mi padre se sentó junto a mi cama para leerme en idish un cuento de Sholem Aleijem. Se llamaba «Das messerl» (El cuchillito) y hablaba de los dolores del ghetto.

Fuente: http://www.taringa.net/comunidades/x-palestina/5074989/Cuando-detuvieron-a-Juan-Gelman-en-Israel.html

N. de R.: Los Otros Judíos no necesariamente está de acuerdo con todas las opiniones vertidas en los artículos.

Documental sobre la masacre de Sharon

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Cuatro horas en Chatila

Chatila

16, 17 y 18 de septiembre de 1982: Las milicias falangistas libanesas, bajo la protección del ejército israelí, dirigido por Ariel Sharon durante la campaña «Operación: Paz para Galilea», masacran a 2750 civiles palestinos y libaneses en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en las afueras de Beirut.

Jean Genet, testigo de los restos de la matanza, escribe su testimonio, políticamente contundente y de una belleza sobrecogedora, en el que se basa esta película.

Subido a YouTube por Arnulba Palestina

Declaración de Judíos por el Derecho al Retorno del Pueblo Palestino

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judíos derecho al retorno

1º de enero de 2014

“Para los palestinos, el derecho a volver a sus hogares y el derecho a vivir en dignidad e igualdad en su propia tierra no son menos importantes que el derecho a vivir libres de la ocupación militar.”
–Prof. Saree Makdisi[1]

Durante más de un siglo, los sionistas han tratado de construir un “Estado judío” por medio de la remoción forzada del pueblo palestino nativo.

En 1948, este Estado fue establecido a través de la Nakba (Catástrofe): desaparición y ocupación de más 500 ciudades y aldeas palestinas, el desalojo de más de 750.000 palestinos y una campaña terrorista de la que la masacre de Deir Yassin   es el ejemplo más infame.

Desde 1967, Israel también ha ocupado y colonizado  el resto de la Palestina histórica. Hoy, esta limpieza étnica implacable continua  —armada y financiada por los EE. UU. y sus aliados— en los dos lados de la “Línea Verde” de 1948.

Como resultado acumulado, setenta por ciento de los palestinos están en el exilio, la población de refugiados más grande del mundo.

En ningún lugar esto es más claro que en Gaza, donde Israel inflige un castigo colectivo particularmente brutal a 1.7 millones de personas —la mayoría de ellos refugiados— por resistir desafiantes a la expulsión de sus hogares en la Palestina histórica.

“Elijan un punto, cualquiera, a lo largo de las 25 millas de costa de [Gaza’s],” escribe la residente de la Ciudad de Gaza Lara Aburamadan, “y uno está a siete millas —no más — del otro lado. El otro lado es donde nacieron mis abuelos, en una aldea que se transformó en el país de otros, fuera de mis límites. Se llama Israel. Yo lo llamo el lugar de donde vienen las bombas.”[2]

Para esconder estos crímenes y escudarse de sus consecuencias, el régimen sionista oficialmente niega la Nakba, el equivalente ético de la negación del Holocausto. Hasta ha autorizado legislación para penalizar a aquellos que conmemoren la Nakba— un paso previo a criminalizar completamente su observancia.

Como sucede con todos los pueblos colonizados, la liberación significa revertir el despojo. “La causa palestina,” escribe el Dr. Haidar Eid en Gaza, “es el derecho al retorno de todos los refugiados y nada menos.”[3]

Retorno —una de las demandas llave de la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) — se apoya en la resolución 194 de la ONU, pero deriva del principio de derecho humano y, como tal, al cual ninguna persona o representante puede renunciar; está inalienablemente unido al pueblo palestino colectiva e individualmente.

A pesar de esto, aun algunos que critican la ocupación israelí de 1967 dicen que el retorno de los palestinos es “irreal”.
Sin embargo, la solidaridad significa apoyo incondicional a los objetivos justos de aquellos que resisten a la opresión. Como explica el periodista palestino Maath Musleh: “Si piensas que  [el retorno] no es posible entonces no eres realmente solidario con la causa palestina.”[4]

Algunos también tienen la objeción de que el retorno de los refugiados significaría el fin del “Estado judío”. Pero los apoyadores de la justicia social se tienen que preguntar cómo pueden defender un Estado cuya existencia misma dependa de la negación estructural de los derechos del pueblo palestino.

Hace poco, más de una centena de destacados activistas palestinos reafirmaron su oposición “a todas las formas de racismo e intolerancia, incluyendo, pero no limitada al antisemitismo, la islamofobia, el sionismo y otras formas de intolerancia a quien quiera que sea, especialmente a los pueblos indígenas y los no blancos en el mundo.”[5]

Ese racismo e intolerancia se reflejan precisamente en el intento del sionismo de borrar al pueblo palestino, una campaña de un siglo que es una deshonra a la memoria del sufrimiento y resistencia de los judíos en Europa.

La respuesta moral es clara: “Hay una entidad geopolítica en la Palestina histórica,” escribe el periodista palestino Ali Abunimah. “No se puede seguir permitiendo que Israel siga arraigando su dominio cultural, racista y de apartheid en ese territorio.”[6]

Como judíos de conciencia, convocamos a los partidarios de la justicia social a alzarse en defensa del Derecho al Retorno del Pueblo Palestino y de un Estado democrático en la Palestina histórica — “Del Río hasta el Mar”— con derechos iguales para todos.

La plena medida de justicia de la cual depende la esperanza de toda la humanidad, requieren no menos que eso.

Notas

[1] Saree Makdisi, “If Not Two States, Then One,” N.Y. Times, 5 de diciembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/12/06/opinion/global/if-not-two-states-then-one.html?_r=0

[2] Lara Aburamadan, “Trapped in Gaza,” N.Y. Times, 16 de noviembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/11/17/opinion/trapped-in-gaza.html

[3] Haidar Eid, “The Palestinian Left and RoR,” ZMag, 8 de octubre de 2012, http://www.zcommunications.org/the-palestinian-left-and-ror-by-haidar-eid

[4] Maath Musleh, “Communique: Palestine #4 Brief Thoughts on International Solidarity With Our Struggle in Palestine,” 8 de septiembre de 2012, http://internationalsocialist.org.uk/index.php/blog/brief-thoughts-on-international-solidarity-with-our-struggle-in-palestine/

[5] “The struggle for Palestinian rights is incompatible with any form of racism or bigotry: a statement by Palestinians,” Electronic Intifada, 23 de octubre de 2012, http://electronicintifada.net/blogs/ali-abunimah/struggle-palestinian-rights-incompatible-any-form-racism-or-bigotry-statement

[6] Ali Abunimah, “Mahmoud Abbas’ real ‘accomplishment’ was not the UN vote on Palestine,” Aljazeera, 2 de diciembre de 2012, http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/12/2012122165114321474.html. Ver también “The Way Forward for Palestine Solidarity, 23 de junio de 2010, http://al-awdany.org/2010/07/statement-the-way-forward-for-palestine-solidarity-please-endorse/

 Max Ajl, escritor y activista; Cornell Students for Justice in Palestine

Gabriel Ash, International Jewish Anti-Zionist Network Switzerland

Max Blumenthal, periodista y autor

Prof. Haim Bresheeth, cineasta, , photographer and film studies scholar

Lenni Brenner, Author and anti-war activist

Mike Cushman, Convenor, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Sonia Fayman, French Jewish Union for Peace; International Jewish Anti-Zionist Network France

Sherna Berger Gluck, Founding member US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign

Rabbi Lynn Gottlieb, Coordinator, Fellowship of Reconciliation Peacewalks, Mural Arts in Palestine and Shomer Shalom Network for Jewish Nonviolence

Hector Grad, International Jewish Anti-Zionist Network (Spain)

Abraham Greenhouse, Blogger, Electronic Intifada

Tony Greenstein, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Jeff Halper, Director, Israeli Committee Against House Demolitions (ICAHD)

Stanley Heller, Host of “The Struggle” TV News

Tikva Honig-Parnass, Former member of the Zionist armed forces (1948); author of False Prophets of Peace: Liberal Zionism and the Struggle for Palestine

Adam Horowitz, Co-Editor, Mondoweiss.net

Selma James, Global Women’s Strike; International Jewish Anti-Zionist Network UK

David Klein, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel

Dennis Kortheuer, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign; Dump Veolia LA

David Letwin, Activist and writer; Gaza Freedom March

Michael Letwin, Co-Founder, Labor for Palestine; Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Al-Awda NY: The Palestine Right to Return Coalition

Antony Loewenstein, Australian journalist and author

Barbara Lubin, Executive Director, Middle East Children’s Alliance

Mike Marqusee, Author If I Am Not for Myself: Journey of an Anti-Zionist Jew

Hajo Meyer, Auschwitz survivor; International Jewish Anti-Zionist Network

Linda Milazzo, Participatory journalist and educator

Prof. Ilan Pappé, Israeli historian and socialist activist

Miko Peled, Author of The General’s Son

Karen Pomer, Granddaughter of Henri B. van Leeuwen, Dutch anti-Zionist leader and Bergen-Belsen survivor

Diana Ralph, Assistant Coordinator, Independent Jewish Voices-Canada

Dorothy Reik, Progressive Democrats of the Santa Monica Mountains

Prof. Dr. Fanny-Michaela Reisin, President, International League for Human Rights (German Section FIDH); Founding member of Jewish Voice for a Just Peace – EJJP Germany

Rachel Roberts, Civil rights attorney and writer

Ilana Rossoff, International Jewish Anti-Zionist Network

Carol K. Smith, Activist and civil rights attorney

Lia Tarachansky, Director, Seven Deadly Myths

Hadas Thier, Contributing author of The Struggle for Palestine; Israeli-born daughter and grand-daughter of Nazi Holocaust survivors

Dr. Abraham Weizfeld, Montréal; Jewish People’s Liberation Organization

Sherry Wolf, Author and public speaker; International Socialist Organization; Adalah-NY

Marcy Winograd, Former Congressional Peace Candidate; public school teacher

Dr. Roger van Zwanenberg, Non-Executive Director, Pluto Books Ltd.

Tali Feld Gleiser, Los Otros Judíos, América Latina

Evento: https://www.facebook.com/events/123495234483983/

El derecho a vivir con tu pareja

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Una de las estrategias para dividir al pueblo palestino se basa en la dificultad para relacionarse que les suponen las leyes israelíes. Como por ejemplo para casarse y formar una familia, que otorga la ciudadanía a la pareja con la que te cases en la mayor parte de estados.

Pero en mayo de 2002, durante la segunda intifada, el gobierno israelí decidió congelar este procedimiento para los residentes de las áreas gobernadas por la Autoridad Palestina, que en 2003 se hizo permanente, convirtiéndose en la Ley de Ciudadanía en 2005 y que se extendió a ciudadanos del Líbano, Siria, Irán e Irak.

Los argumentos de seguridad aplicados a esta población supondrían un claro ejemplo de castigo colectivo.

Desde entonces y tras apelar a la Corte israelí unas 25 mujeres y 35 hombres casad@s con ciudadan@s israelíes han conseguido un permiso de residencia. Se calcula sin embargo que dicha ley ha afectado a unas 20.000 parejas que al no poseer permiso de residencia no tienen acceso a la Sanidad Pública, Seguridad Social y otros servicios públicos. Otras parejas no pueden vivir en la misma ciudad, o ir a visitar a familiares. El efecto final es que parejas con distintas tarjetas identificativas (ciudadanía israelí, residente en Jerusalén, Gazaui o de la Autoridad Nacional Palestina) no puedan reunificarse con su pareja e hij@s.

An Israeli Arab young woman wears a bridal gown as she plays the part of a bride without her groom as they pass the Rose Garden on their way to the Jerusalem offices of Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu

Al mismo tiempo Israel acaba de anunciar un plan de 3 años para atraer más judi@s franceses/as para que se establezcan en Israel que comienza por  reconocer las diplomaturas que entrega el sistema de educación francés. De acuerdo con el Ministerio de Exteriores Israelí, podrían atraer potencialmente hasta 42.000 inmigrantes judi@s franceses para el año 2017.

Dicha fragmentación supone un suicidio nacional para Palestina mientras que cualquier judí@ del mundo puede solicitar directamente la ciudadanía israelí. Por ello las Naciones Unidas, Human Rights Watch y otras organizaciones por los derechos humanos condenan la ley como discriminatoria y enfocada en realidad a favorecer demográficamente a l@s judí@s.

Fuente: http://reconstruircasaspalestinas.wordpress.com/2013/12/30/el-derecho-a-vivir-con-tu-pareja/