El derecho y el deber de los palestinos a resistir

Estándar
Un joven palestino durante enfrentamientos con la policía israelí en un suburbio de Jerusalén Este. 23 de octubre. Foto: AFP.

Un joven palestino durante enfrentamientos con la policía israelí en un suburbio de Jerusalén Este. 23 de octubre. Foto: AFP.

Por Gideon Levy.

Imagínense que ustedes son los palestinos. Tal vez residentes de Jerusalén Este. Cuarenta y siete difíciles años a sus espaldas; una enorme y deprimente oscuridad por delante. La tiranía israelí que sella su destino declara de forma arrogante que todo continuará como está para siempre. Su ciudad seguirá ocupada «eternamente». El ministro de defensa, segundo en importancia en el gobierno que los oprime, dice que nunca habrá un Estado palestino.

Imagínate que eres palestino o palestina y tus hijos corren peligro. Hace dos días, las fuerzas de ocupación mataron otro chico porque «prendió un cóctel molotov«. Las palabras «Muerte a los árabes» aparecen en una pintada cerca de tu casa. Adonde vayas, un soldado de la policía de fronteras te puede gritar. Tu casa puede ser invadida brutalmente todas las noches. Nunca serás tratado como ser humano. Ellos te humillarán, destruirán, intimidarán y quizás hasta te arrestarán, posiblemente sin juicio.

Hay cerca de 500 detenidos «administrativos», un número récord en los últimos años. Si algún ser querido tuyo es arrestado, tendrás dificultades para visitarlo. Si lo logras, ganarás una conversación de media hora a través de un vidrio. Si tu ser querido es un detenido «administrativo», nunca sabrás cuándo lo soltarán. Pero estas son trivialidades a las que te acostumbraste hace mucho.

Tal vez también te has acostumbrado al robo de tierras. En cualquier momento, un colono puede invadir tu tierra, quemar tu plantación o prenderles fuego a tus campos. Por esto no lo van a llevar a juicio; los soldados que se supone que te tienen que proteger se quedarán de brazos cruzados. En cualquier momento, puede aparecer una orden de demolición o una orden de desalojo arbitraria. No puedes hacer nada.

Imagínense que ustedes son los palestinos. No pueden abandonar Gaza y tampoco es fácil salir de Cisjordania. La playa, a menos de una hora en automóvil de su casa en Cisjordania, está más allá de las montañas de oscuridad. Los israelíes pueden ir a Tierra del Fuego con mucha más facilidad que ustedes a la playa en Ajami.

No hay sueños, no hay deseos. Sus hijos tienen una chance remota de ser algo en la vida, aun yendo a la universidad. Lo único que les espera es una vida de humillaciones y desempleo.

No hay chance de que esta situación cambie a corto plazo. Israel es fuerte, tiene a Estados Unidos en el bolsillo, sus líderes son débiles (la Autoridad Palestina) y están aislados (Hamás), y el mundo está perdiendo interés en su destino. ¿Ustedes qué hacen?

Hay dos posibilidades. La primera es conformarse, darse por vencidos, rendirse. La segunda es resistir. ¿Quiénes han sido más respetados a lo largo de la historia? ¿Aquellos que pasaron sus días bajo ocupación y colaboraron con ella o aquellos que lucharon por su libertad?

Imagínate que eres palestino o palestina. Tienes todo el derecho a resistir. De hecho, es tu obligación civil. No hay discusión posible. El derecho de un pueblo ocupado a resistir a la ocupación está asegurado por el derecho natural, por la moral de la historia y por el derecho internacional.

Las únicas restricciones tienen que ver con los medios de resistencia. Los palestinos han probado casi todos, para bien o para mal – negociaciones y terror, con una zanahoria y con un palo; con una piedra y con bombas; en manifestaciones y en ataques suicidas. Todo en vano. ¿Tienen que desesperarse y rendirse? En la historia, esto no ha sucedido casi nunca, así que continuarán resistiendo. A veces usarán medios legítimos, otras, medios viles. Es su derecho a resistir.

Ahora están  resistiendo en Jerusalén. No quieren el dominio israelí ni gente que quema niños vivos.  No quieren colonos armados que invaden sus apartamentos y los desalojan en el medio de la noche, con la protección de la ley israelí según su origen. Ellos también enloquecen cuando la casa de un terrorista judío no es demolida, mientras que sí lo es la casa de un palestino.

No quieren que Israel los siga oprimiendo, entonces resisten. Tiran piedras y bombas incendiarias. Esa es la apariencia de la resistencia. A veces actúan con instinto asesino, pero aun así no es tan terrible como la violencia interna del ocupante.

Es su derecho; es su obligación.

Traducción: Amlapav.

 Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.622711

N. de la R.: Los años difíciles empezaron en 1948, hace 66 años.

Arde Jerusalén

Estándar

Avatar de María LandiPalestina en el corazón

Palestinos impedidos de ingresar a Al Aqsa rezan en la calle (Foto: Siwanic) Palestinos impedidos de ingresar a la mezquita de Al Aqsa rezan en la calle (Foto: Siwanic)

Michel Warschawski *

Traducción: María Landi

Hubo un tiempo en que el Estado de Israel tenía verdaderos líderes políticos. Su capacidad para mentir y ocultar sus verdaderos (y odiosos) objetivos bajo una fachada de moderación y disposición para el compromiso los hizo populares en todo el mundo (occidental). Ellos argumentaban que el verdadero problema era la falta de una contraparte del otro lado que estuviera dispuesta -como los líderes israelíes supuestamente estaban- a hacer «concesiones dolorosas».

David Ben-Gurion fue ese tipo de gran líder mentiroso, y debido a su capacidad para ocultar los hechos detrás de una cortina de humo de mentiras, fue capaz de obtener el apoyo de la comunidad internacional para el establecimiento del Estado de Israel. Teddy Kollek, alcalde de Jerusalén en 1967, fue capaz de anexionar Jerusalén Este y aún…

Ver la entrada original 428 palabras más

Arrecia la “Defensa de Israel” en los medios de incomunicación de masas

Estándar
arrecia
Por Luis E. Sabini Fernández.
Luego de más de dos mil palestinos asesinados en la invasión prolijamente llamada “Borde protector” (nótese el cambio de nombre respecto del episodio anterior de la misma política de aniquilamiento, bautizada “Plomo fundido”; ¡hay tarea para los diseñadores de propaganda!), los aparatos ideológicos del sionismo, del Dpto. de Estado de EE.UU., de los servicios de inteligencia made in USA y en Israel y la ristra de medios de incomunicación de masas debidamente cooptados por tales servicios, se han dedicado a exculpar y librar de toda responsabilidad al Estado de Israel, en una operación de pinzas, maniquea, donde se dedican a descargar culpas en lo islámico, concretamente en Hamas.
Ha salido a la venta, dentro de esta estrategia, un folleto-libro, de muy costosa factura, En defensa de Israel, bajo el nombre de Xavier Portillo: Llamativo, puesto que en internet figura este nombre con una única referencia, la de ser autor de ese libro, precisamente.  Como si no tuviera nada escrito antes, por ejemplo. Como si no tuviera nacionalidad, en fin como si fuera un escritor-fantasma…  El volumen “incluye los testimonios” (no tema el lector; la palabra “testimonio” puede llamar a confusión haciendo creer que quien testimonia ha sido testigo presencial o protagonista del hecho comentado, pero aquí los invocados; Marcos Aguinis, Marcelo Birmajer, Carlos Alberto Montaner, Julio M. Sanguinetti, Julián Schvindlerman y otros son opinantes, dan su opinión).
En defensa de Israel es homónimo de otra publicación del pastor estadounidense californiano John Hagee, “por 30 años amante de Israel” como declara, el pastor, planteando preguntas de alto contenido ético, teológico y hasta intelectual:
“¿Se encuentra en el plan de Dios el estado actual de Israel? ¿Pueden y deben los cristianos hacer más que oraciones por Israel?” Como se advierte en esta última interrogante, Hagee nos está proponiendo hacer, actuar. Y EE.UU. hace mucho más que orar por Israel; la provee permanentemente de dólares y armas. Hagee puede estar tranquilo.
Pero volvamos a la versión criolla de En defensa de Israel, del ignoto Portillo. Las primeras seis páginas, a todo color, al igual que las dos penúltimas constan de banderas israelíes, ondeando, desplegadas al viento… entre las estrellas de seis puntas que figuran solas en algunas de esas ocho páginas y las que figuran agrupadas, se trata de decenas… una buena dosis de patriotismo, chovinismo, asegurado.
Leemos en el prólogo, anónimo: ”a mayor cantidad de víctimas de su campo [de Hamas] más posibilidades de avance contabiliza en el campo de la información y la propaganda.”
Traducimos: Hamas gana cuando se siegan vidas palestinas. Que tantos sionistas e israelíes se alegren y hayan festejado tales matanzas, sería un error, que imaginamos Portillo procura superar. Sin embargo, y para confusión del pobre Portillo, en la jerga militar del “Ejército de Defensa” [sic] israelí, las operaciones matando población palestina se denominan “pasadas para cortar el césped”… ¿será que los militares israelíes están captados por los estrategos de Hamas?
Poco más adelante el anónimo prólogo denuncia que “Hamas puede intentar […] incrementar el aislamiento internacional israelí, profundizando la bien financiada campaña de propaganda, que muestra a los terroristas como víctimas. Nos tememos que las finanzas de Hamas están invadiendo todos los medios de incomunicación de masas arrinconando a los indigentes sionistas en el rincón del cuco.
En defensa de Israel afortunadamente no está solo en medio del mar de propaganda islámica y suponemos que yihadista a que todos nos vemos sometidos a diario. La esforzada revista Noticias, de otro luchador que suponemos en el llano y la indigencia, como Jorge Fontevecchia, nos brinda otra cobertura de “Oriente medio” a cargo de Nathalia Watkins, la luchadora que desde Venezuela nos ha estado advirtiendo de la “dictadura chavista” (curiosa dictadura, donde los muertos los pone el chavismo, tal vez con la misma estrategia que estamos viendo desplegada en el conflicto palestino-israelí).
NW (Noticias, Buenos Aires, 20/9/2014) titula su nota “Víctimas del grupo Hamas” y la bajada nos habla “desde el campo de batalla, el horror del terrorismo palestino”. Pero a lo largo de la nota no surge por sitio alguno la impresión que NW haya estado en la Franja de Gaza; el articulejo es una típica producción de escritorio, como ésta (solo que la diferencia es que no pretendo haber estado en la FdG).
Luego del destrozo dantesco provocado por los bombardeos israelíes en la FdG entre el 8 de julio y el 28 de agosto, del corriente año, NW nos “informa”, el 20 de setiembre, que “hasta el último cese de fuego, las fuerzas israelíes habían bombardeado más de 1.100 objetivos en el territorio palestino, incluyendo 50 casas de líderes del grupo terrorista islámico Hamas”. ¡Esto sí que es una aritmética ahorrativa! Más adelante insiste: “los objetivos son siempre líderes de Hamas y sus arsenales.” La info más elemental nos ha hecho saber que las viviendas destruidas han sido millares, como cualquier foto panorámica de los barrios destrozados lo revela y que no se trata precisamente de  “objetivos” militares ni arsenales sino de viviendas, que los matados han sobrepasado los dos mil seres humanos y que los niños así asesinados han resultado más de 500… ¡hay que hablar de 50 casas de líderes! (en una democracia no se bombardean “casas” para castigar a un morador sino que se lo detiene y se lo enjuicia… el estilo israelí es “de tierra arrasada” y muestra manifiesta vocación por eliminar “daños colaterales”, léase población… palestina.
Pero NW va más allá.
Los integrantes de Hamas dan la orden de que los civiles, incluyendo niños, ´permanezcan donde están y mueran como mártires. Muchos de los que no obedecieron la orden fueron condenados.” Así, Hamas se dedica al exterminio de su propio pueblo y estimamos con la lógica de NW que triunfará cuando no queden palestinos vivos… entonces Hamas rendirá culto a los espíritus que sobrevuelen la Franja de Gaza: como vemos, si no los matan los israelíes en sus ataques, los matan los de Hamas por su inconducta…
Lo que nos deja más tranquilos son “las pruebas” que invoca: un doctor en ciencia política israelí, Ely Karmon, del Instituto de Contraterrorismo de Herzliya. Los historiadores palestinos, los “nuevos historiadores” israelíes y muchísimos historiadores independientes han afirmado reiteradamente que Israel no ha tenido análisis, investigaciones históricas durante sus primeras décadas, apenas institutos de propaganda. Eso explica un escamoteo de datos históricos sistemático y generalizado, como el descubrimiento o redescubrimiento en el siglo XXI de los miles de palestinos sometidos a trabajos forzosos entre 1948 y 1955 (remitimos al excelente rastreo de Yazan al-Saadi o directamente a la investigación de Abu Sitta). Sólo una “periodista” que no parece tan cuidadosa con “las fuentes” puede atreverse a “fundamentar” su toma de partido así.
NW nos da otro ejemplo conmovedor de cómo los militares israelíes salvan vidas palestinas: “un grupo [de palestinos…] sube a la cima de un edificio para actuar como escudo humano. El ataque [del ejército israelí], en este caso, fue cancelado.”
 
NW, seguramente prescindiendo de toda dimensión política, afirma: “Hamas inició el actual intercambio de agresiones con Israel [¿quiere esto decir que el EdI también agrede?]con el objetivo de recuperar alguna relevancia en el rol de los grupos radicales de la región.” Tal vez NW crea que todo es competencia, libre competencia… Ni se le ocurre que las acciones de Hamas provengan de su demanda contra el sitio atroz a que es sometida la FdG, o de su empeño de luchar contra la ocupación de su país…
NW se adelanta a justificar próximos arrasamientos de la población palestina: “Incluso se está considerando la posibilidad de volver a ocupar la Franja de Gaza”, como se ve, a NW le importa poco la cuestión colonial, el atroz colonialismo que se basa en dos humanidades; una señorial, la otra esclava. Solo le preocupa lo pragmático, por eso remata su “nota”: “heredar un territorio repleto de terroristas, en donde el 40% de los habitantes están desempleados, indudablemente no es una buena decisión”.
Observe el paciente lector el verbo empleado para adueñarse de tierra ajena, de tierra habitada milenariamente por natives: “heredar” permite quedarse con la tierra con total prescindencia de su contenido, de sus habitantes, que son “el pasado”; un discurso redondito, como inversión de la verdad.
– Luis E. Sabini Fernández es docente del área de Ecología y DD.HH. de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, periodista y editor de Futuros.

Ammunition Hill y Silwan

Estándar

Limpieza étnica por todos los medios: la verdadera política de ‘paz’ israelí

Estándar

Los árboles de pino en Palestina aparecieron con la creación del Estado de Israel. El pino es generalmente una especie europea que antes del siglo XX no se había observado en Oriente Medio. Fue traído a Palestina por los colonos sionistas, por dos razones principales.

Por Ilan Pappé y Samer Jaber.

Árboles de pino en el bosque Yatir, creado para desplazar a los residentes beduinos de la aldea no reconocida de Atir. La leyenda original en la foto de la página web israeltoday.co.il dice «Desde la formación del Estado de Israel, se han sembrado árboles para crear bosques en lo que fueron desiertos estériles durante siglos en Tierra Santa.»

En primer lugar, para darles a los colonos judíos la sensación de que habían migrado a un lugar que era parte de Europa. Al ‘europeizar’ Palestina, también se la ‘civilizaría’, reemplazando la población local inferior por una superior. Así, el sionismo no era sólo la redención de un mundo remoto, sino que también  la revitalización de lo que a sus ojos era un desierto, tanto ecológica como culturalmente.

La segunda razón para su importación era de tipo práctica: fueron traídos para cubrir las huellas de la limpieza étnica de Palestina que tuvo lugar entre 1947 y 1948 y produjo la catástrofe palestina, la Nakba. El pino, de rápido crecimiento, fue ampliamente utilizado para crear parques nacionales y ocultar las ruinas de los pueblos palestinos destruidos y los barrios desalojadas por la fuerza en 1948.

Estos bosques se presentaron más tarde como los pulmones verdes de Israel, una alfombra ecológica para cubrir una tierra estéril. El mayor de estos «pulmones» es el Parque Nacional de Carmel en Haifa, uno de los primeros proyectos que trataron de borrar a los palestinos y la sociedad que existió allí durante siglos. Este bosque se extiende sobre pueblos como Ijzim, Umm al-Zinat y Khubbaza que han desaparecido y ya no se encuentran en el mapa.

Este método no se detuvo en 1948. Cuando Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén en 1967, los bosques de pinos se plantaron una vez más para cubrir la nueva oleada de pueblos destruidos (Imwas, Yalo y Beit Nouba) en el Valle de Latrun, alrededor de Jerusalén. En su lugar se construyó el Parque Canada, el ‘pulmón verde’ para ocultar la inhumanidad del despojo de las aldeas palestinas.

Cubrir la limpieza étnica con bosques de pinos es probablemente el más cínico método empleado por Israel en su intento de ocupar tanto de Palestina como le sea posible con el menor número de palestinos que le sea posible.

Otro método utilizado tanto en 1948 como en 1967 fue renombrar los pueblos palestinos como asentamientos judíos, apropiándose del nombre árabe de la comunidad Palestina destruida para la construcción del nuevo asentamiento. Un comité de nomenclatura formado en 1949 ‘judaizó’ los nombres árabes al hebreo. El pueblo palestino de Lubya se convirtió en Kibbutz Lavi y la ciudad palestina de Asqalan se convirtió en la ciudad israelí de Ashkelon. Después de la ocupación de 1967, el asentamiento de Tekoa fue construido sobre la aldea cisjordana de Tuqu’.

El método principal sin embargo no fue la creación de parques y bosques, o el reemplazo del nombre de los pueblos palestinos. Fue, y sigue siendo, la colonización. Para tener éxito, estos esfuerzos ilegales propios del siglo XiX, tuvieron que ser aceptado y aprobados, aún en el 2014, por la sociedad judía israelí.

La expansión colonialista israelí en Cisjordania es vista por el ‘mainstream’ israelí como algo normal y necesario. Para la mayoría es un derecho histórico y para el resto se justifica como respuesta al crecimiento natural de la población judía en los asentamientos. En efecto, la colonización de Cisjordania ha anexado una gran parte del territorio a Israel (independientemente de cualquier acuerdo de paz futuro). Los palestinos en la vecindad de las colonias fueron sometidos a otras formas de limpieza étnica: expropiación de sus tierras, que alambradas, cercas y paredes que les encarcelan en sus propias tierras.

Por lo tanto la limpieza étnica de Israel permite al ser humano, así como los paisajes geográficos de Palestina. El control sobre el paisaje no se limita a la Palestina de 1948 o la Cisjordania de 1967. Es parte esencial del proyecto sionista hoy. Dentro de la línea verde, donde viven los palestinos que sobrevivieron a la Nakba, el plan maestro espacial prohíbe los permisos de construcción o ampliación del espacio otorgado a la población nativa que es ‘oficialmente’ ciudadana de Israel.

El control de la apropiación ecológica y espacial ha cambiado con los años; en estos días está gestionado por las fuerzas políticas de derecha israelíes. En el pasado, era la izquierda sionista que establecía los hechos sobre el terreno – sin anunciar públicamente las verdaderas intenciones detrás de ellos mientras mantenían sus acciones con un discurso jurídico que deliberadamente confuso, usando el derecho internacional, la ley jordana y la ley otomana para justificar la expropiación de tierras palestinas como «tierras del Estado».

Antes y durante el llamado ‘proceso de paz’ iniciado en 1993, se mantuvo una política de hechos consumados a través de la construcción de colonias. Se pidió a los negociadores palestinos legitimar esta política a través de acuerdos, lo que hasta ahora se han negado a hacer. La derecha política israelí declara públicamente su deseo de cubrir Cisjordania con lo que llaman «asentamientos», que en realidad son colonias propias del siglo XIX. Ni siquiera buscan, como lo hicieron sus predecesores, un acuerdo con los negociadores palestinos mientras continúan con sus políticas unilaterales.

La política de limpieza étnica, en sus distintos métodos desde 1948, es un tema consensuado en Israel y por tanto deja muy poca esperanza para la paz y la reconciliación. La actual izquierda israelí, auto-procalamada como el «bloque de la paz ‘, está dispuesto a oponerse a los nuevos asentamientos, pero se niega a reconocer la injusticia histórica infligida a los palestinos en 1948 y niega a los palestinos desplazados su derecho a regresar a sus hogares y  tierra natal. La mayoría de sus miembros también aprueban la anexión a Israel de lo que llama «bloques de asentamientos», grandes franjas de colonias judías ilegales en distintas partes de Cisjordania.

La negativa a reconocer el derecho del retorno y el deseo de mantener el bloque de asentamientos buscan mantener a Israel como un estado judío en  la Palestina histórica, dejando a los palestinos una limitada soberanía, en un Estado sin ninguna viabilidad real, mientras que los palestinos dentro de Israel tendrían que aceptar una nacionalidad de segundo grado.

La estrategia de limpieza étnica se ‘vende’ de manera diferente dentro del país y en el exterior. Se habla de la necesidad de «preservar la identidad judía» frente a la opinión pública israelí, mientras en el extranjero se habla de la «necesidad de seguridad de Israel». Tomados en conjunto estos pretextos o excusas forman el consenso israelí detrás de la estrategia de limpieza étnica.

Estos conceptos se utilizan ampliamente en todo el espectro político en Israel y constituyen el marco para el «consenso nacional» israelí. Además, consolidan los instrumentos políticos que niegan los derechos de los pueblos indígenas de Palestina y aún más su objetivo de mantener una mayoría judía.

Otra forma de limpieza étnica es el Muro de Apartheid que rodea las principales comunidades palestinas en Cisjordania, combinado con el sistema de control que Israel ejerce en los pasos fronterizos locales e internacionales. Ellos permiten a Israel obtener el máximo control sobre la población palestina al mínimo costo. Al mismo tiempo, los colonos israelíes se conectan con las principales ciudades israelíes a través de un moderno sistema de carreteras y circunvalaciones. Estas carreteras han sido construida de manera tal  que los colonos no necesitan observar los pueblos o ‘molestas’ aldeas palestinas que viven encarcelados a su alrededor.

Este deseo de invisibilizar a los palestinos es evidente cuando se navega por los sitios web de las empresas de bienes raíces israelíes. Es difícil de encontrar en ellas alguna referencia a la presencia palestina en  las propiedades o barrios ofrecidos para la venta.

El principal atractivo que se menciona en estos anuncios es que esas áreas no tienen ‘ninguna amenaza a la seguridad’ o que se encuentran no muy lejos de ‘una importante ciudad israelí’. Esta práctica de asegurar de manera explícita o implícita a los posibles compradores que la nueva propiedad no tendrá árabes en ella, en sus inmediaciones o en el futuro, no se limita a  Cisjordania. Dentro de Israel en áreas como Safed, donde los estudiantes israelíes y palestinos van a la universidad, hay una campaña explícita para asegurar que los últimos no puedan conseguir alojamiento en la ciudad y los sitios web declaran públicamente que la venta es sólo a los judíos, señalando que su propiedad pertenece al Fondo Nacional Judío. Esta excusa se utiliza también en las ciudades mixtas como Haifa y Jaffa para atraer a los compradores a áreas ‘sólo para judías’.

Las políticas contra la repatriación de los refugiados palestinos es otro tipo de limpieza étnica. Su prohibición de volver no tiene nada que ver con cuestiones de absorción o la capacidad del país, sino con su nacionalidad. Israel es un país donde la ciudadanía no tiene ninguna relación con la nacionalidad de una persona. El judaísmo es una religión que se convirtió en una nación por medio del proyecto sionista que creó a Israel. En consecuencia los judíos-israelíes pertenecen a la nación judía y los árabes palestinos son una minoría. Cualquier judío en el mundo puede convertirse en ciudadano de Israel, mientras que un palestino cuyo hogar siempre ha sido esa tierra es un residente con derechos desiguales o simplemente no obtiene en absoluto la ciudadanía

El peor método de limpieza étnica es el que  se impuso en la Franja de Gaza a partir del 2006 cuando los palestinos fueron ubicados fuera de la vista y más allá del cómputo demográfico mediante la imposición de un asedio a los 1,8 millones de personas que viven allí.  Israel lo explicó como medida de seguridad, pero en verdad es parte de la estrategia de limpieza étnica que en este caso puede fácilmente convertirse en una política genocida. No es de extrañar que los palestinos se resistan a la limpieza étnica, con todo lo que tienen.

Lo que la limpieza étnica permitió a Israel hacer fue olvidar a los palestinos encerrados a través de todos los métodos usados para apropiarse de la tierra y «resolver» el problema demográfico. Aun cuando en la desesperación, el pueblo de Gaza se resistió al peor de estos métodos, ello no afectó a la mayoría de los israelíes. La carnicería que fue transmitida a todo el mundo, no pareció mover a los israelíes que continuaron, a pesar de lo que la propaganda israelí intentó retratar, su vida normal. La vida cotidiana se afectó por algunas semanas en ciertas partes de Israel, pero esto no fue suficiente para alertar a la sociedad israelí frente a los crímenes cometidos en su nombre.

El problema de Israel no es por tanto una u otra política, sino la estrategia que mantiene desde 1948, más cruel y eficaz que otras acciones similares en Medio Oriente y el mundo.

Acerca de Ilan Pappé: El profesor Ilan Pappé es Director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter y autor de 15 libros, entre ellos La limpieza étnica de Palestina (2007), Una historia de la moderna Palestina: Una tierra, Dos Pueblos (2006), La Guerra en Gaza (con Noam Chomsky, 2010) y su último libro en 2014 La Idea de Israel.

Acerca de Samer Jaber:  Samer Jaber es un activista político e investigador. Es el director general de Dar el-Karma Inc. for Media, Researches and Publications. Jaber tiene un título de maestría en Desarrollo Sustentable  de la Universidad de Brandeis, y estudió en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard y el MIT. Fue detenido político durante de seis años en las cárceles israelíes en la primera Intifada palestina.

Fuente: Ethnic Cleansing by All Means: The real Israeli ‘peace’ policy 

 Mondoweissk / Traducción: Palestinalibre.org

Presidente de Israel admite que la sociedad israelí «está enferma» de violencia crónica

Estándar
Presidente de Israel: Reuven Rivlin. Foto: © Gali Tibbon

Presidente de Israel: Reuven Rivlin. Foto: © Gali Tibbon

El presidente de Israel, Reuven Rivlin, ha reconocido en un acto público en la Academia de las Ciencias israelí que la sociedad de su país «está enferma» y que la epidemia de violencia «se ha filtrado a todas las áreas».

«Es la hora de admitir con honestidad que la sociedad israelí está enferma y que es nuestra obligación tratar esta enfermedad», dijo Rivlin, refiriéndose al sangriento verano pasado y la tensión entre judíos y árabes que «ha llegado a niveles sin precedentes».

«La epidemia de la violencia no está limitada a uno u otro grupo, se ha filtrado a todas las áreas», reza el comunicado de su oficina, destacando que «hay violencia en los estadios de fútbol, en círculos académicos, en hospitales y en escuelas».

Rivlin se preguntó citado por el diario ‘The Jerusalem Post’ «si no nos hemos olvidado de lo que es ser judío, sino si nos hemos olvidado de los que es ser humano».

«¿Nos hemos olvidado de lo que es hablar?», agregó instando a la academia a asumir el reto y a erradicar la violencia «que amenaza con dejar cicatrices en la imagen de Israel».

Fuente: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/144074-presidente-israel-sociedad-enferma-racismo

Todo palestino es sospechoso para los soldados israelíes

Estándar

Yehuda Shaul

Por Bostjan Videmsek (DELO).

«La situación en Israel nunca ha sido peor. La mayoría de la gente sigue a ciegas lo que dice y hace el Estado. Nadie cuestiona nada, mucho menos duda. Lo más preocupante es el nivel de obediencia. El de odio está creciendo cada día. Los sentimientos negativos hacia todo aquel que piensa diferente son enormes. No sólo los sentimientos. La gente que se manifiesta en la calle contra la guerra es golpeada. La policía se muestra indiferente ante estos actos y no hace nada. Es una señal pésima sobre el futuro de este país», dice Yehuda Saúl, fundador de la ONG israelí Breaking the Silence (romper el silencio), una organización de veteranos del Ejército que sirvieron desde la segunda intifada. Tomaron como misión denunciar a la opinión pública israelí la realidad de la vida cotidiana en los territorios palestinos ocupados.

«Intentamos fomentar un debate público sobre el precio que pagamos por una realidad en la que los jóvenes soldados tienen que controlar la vida de esa población», afirma el grupo sobre su actividad.

Esos soldados que sirven en los Territorios (palestinos) cambiarán por completo a causa de esas operaciones militares: «Los casos de abusos a palestinos, con saqueos y destrucción de la propiedad, han sido la norma durante años, pero aún se explican como si fueran casos únicos y extremos. Lo que muestran nuestros testimonios es que revelan una imagen deprimente y distinta en la que el deterioro de los niveles morales de actuación se hace patente en las órdenes y normas de combate, que se justifican en nombre de la seguridad de Israel. Los soldados y jefes militares conocen esta realidad, mientras que la sociedad israelí mira a otro lado y niega lo que se hace en su nombre», dice el manifiesto de la ONG.

Hasta hoy, la organización ha recogido más de 950 testimonios de soldados que representan a toda la sociedad israelí y a casi todas las unidades militares desplegadas en los Territorios. Afirma que los testimonios publicados han sido revisados y contrastados, y los hechos son verificados y cruzados con los testimonios de otros soldados y con los archivos de otras organizaciones de derechos humanos.

«Cada soldado que da su testimonio a Breaking the Silence conoce los objetivos de la organización. La mayoría de los soldados prefiere permanecer en el anonimato a causa de las presiones que reciben de los militares y de la sociedad en general», explica.

«En noviembre de 2011, Israel lanzó una operación militar en Gaza llamada Amud Anan. La traducción literal sería Pilar de Nubes. Pero el nombre oficial en inglés (y español) pasó a ser Pilar de Defensa. Hace un par de semanas, lanzamos otra operación (la actual en Gaza) llamada Acantilado Poderoso, que ahora oficialmente se llama Límite Protector. Ambos nombres tienen una connotación de defensa», dice Yehuda Saúl, que sirvió como oficial en Cisjordania hace una década y que es básicamente un testigo.

El gabinete de seguridad israelí abordará hoy los esfuerzos diplomáticos para un alto el fuego

Los soldados israelíes parten de la base de que todos los palestinos son sospechosos.

«Cuando oigo los nombres que dan a las operaciones militares en Gaza, especialmente las versiones elegidas para la audiencia internacional, me recuerda a mi servicio militar en el Ejército, cuyo nombre oficial, tanto en hebreo como en inglés, es Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, en sus siglas en inglés). Me recuerda la diferencia que descubrí en la época de mi servicio militar entre lo que representa el nombre y la realidad de las operaciones que llevábamos a cabo en Cisjordania. Oficialmente, la misión que teníamos era defensiva. Realizábamos operaciones «preventivas». Pero mis amigos y yo descubrimos que la «prevención» no era otra cosa que un nombre en clave para definir operaciones ofensivas de todo tipo. Bogui Ya’alon, entonces jefe de las FFAA y ahora ministro de Defensa, nos pedía que «quemáramos la conciencia palestina». Para conseguirlo, nos enviaban a intimidar y castigar a la población civil de forma sistemática. Partían de la presunción de que dejarían de rebelarse si eran heridos, oprimidos o asustados. Una conciencia asustada es, en otras palabras, una «conciencia quemada», cuenta Saúl, que ha trabajado sin parar en las últimas semanas.

La atmósfera belicista y la falta de iniciativas humanitarias le están pasando factura. Está aterrorizado por lo que está sucediendo en Gaza, que sufre la tercera ofensiva en menos de seis años.

«Incluso después de la retirada de 2005, aún controlamos el espacio aéreo y las aguas territoriales de Gaza, zonas de separación dentro de Gaza, y el movimiento de personas y bienes que entran y salen de Gaza. La población de Gaza está registrada por Israel. Para obtener un carné de identificación con 16 años, se requiere la aprobación de Israel. Y es sólo la punta del iceberg. Una de las consecuencias de este control son las operaciones militares periódicas, que causan un nivel terrible de destrucción, no sólo a la infraestructura paramilitar, sino también a civies, a hombres, mujeres y niños», dice Saúl.

En su opinión, no es una realidad que se ha impuesto sobre Israel. «Es el resultado de decisiones tomadas por nuestras autoridades todos los días, para mantener el control sobre los territorios palestinos y la población que vive allí. Conozco bien las consecuencias de esas decisiones, porque como soldado y oficial tomé parte en su aplicación. Supe que preservar ese control exige el uso constante de la fuerza. Supe que es imposible aplicar por la fuerza el control de una población de millones durante décadas por un Gobierno extranjero de una manera ética. Dar nombres defensivos a las operaciones en Gaza no cambiará la naturaleza de esas operaciones. El cambio real sólo se producirá cuando acabe la ocupación. De hecho es difícil saber si la amenaza a las ciudades del sur de Israel acabará si se pone fin a la ocupación. Pero sí sabemos que si la ocupación no acaba, estaremos condenados a otra operación sangrienta similar a la actual en un año o dos. La semántica no cambiará la realidad en la que Israel no sólo se defiende, sino que ataca, no sólo en estos días tan difíciles, sino cada día desde siempre. En vez de intentar explicarlo y justificarlo, debemos actuar ya. Tenemos que decir ahora: es hora de acabar con la ocupación».

«No me malinterprete. Como israelí, no cuestionó el derecho de Israel a defenderse. Hamás es una organización terrorista, sin duda. Los ataques con cohetes desde Gaza han conseguido asesinar a dos civiles israelíes. Es una semilla horrible que no tiene justificación. Amenaza las vidas de hombres, mujeres y niños en todo el país. Pero esos cohetes no convierten a todos los habitantes de Gaza en objetivos legítimos para el castigo colectivo».

«Mis amigos y yo aprendimos como soldados a ver a cada palestino como a un enemigo, y por tanto un objetivo legítimo. Cuando hacíamos operaciones para «demostrar nuestra presencia», nuestro objetivo era asustar para que la población civil supiera que estaban bajo nuestro control. Lo conseguíamos con patrullas en las calles y entrando en casas elegidas al azar a todas horas, de día y de noche. No había una información concreta de inteligencia que nos guiara en esas operaciones. Y otras veces «preveníamos» el terrorismo a través del castigo colectivo de palestinos inocentes».

Breaking the Silence (fundada en 2004) es una voz influyente en favor de la verdad y el realismo en Israel. Su influencia está creciendo y ha servido para abrir los ojos de muchos. Pero el rápido crecimiento de la extrema derecha en la política israelí, con gente como el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, dejando su huella, han radicalizado la política y la sociedad. Los resultados de esa radicalización son visibles dentro de Gaza, pero no sólo allí. Los exsoldados de esta ONG lo padecen en Israel con reacciones de indiferencia o incluso de odio.

«Nunca lo hemos pasado tan mal en nuestra organización. ¡Nunca! Es muy difícil de soportar, pero resistimos. Espero que esto sea un ciclo natural y que hagamos llegado al fondo, y que a partir de ahora todo vaya en la buena dirección», concluye Saúl.

Fuente: El Diario.es

Israel y Palestina: la dialéctica del colonizador y el colonizado

Estándar

muro fila

El conflicto entre Israel y Gaza no es un conflicto entre dos partes iguales. Israel es una potencia militar superpoblada, superurbanizada y superindustrializada, que además recibe sofisticado armamento de última tecnología de la principal potencia imperialista del mundo, EE.UU., y adicionalmente de otras potencias subsidiarias de ésta, como algunos países de la Unión Europea.

Por otra parte, Gaza / Palestina, es una población que, a pesar de ser la original del territorio, durante décadas ha sido gradualmente desplazada y atomizada hasta ocupar una porción residual y marginal del antiguo territorio de Palestina. Esto ha permitido al Estado de Israel construirse como Estado artificial militarizado y superpoblado en la zona, una de las zonas más estratégicas para el comercio del mundo y ricas en petróleo. Esto permite a las potencias imperiales que a cada paso asisten y arman a Israel contar con un aliado incondicional que les sirva de pie de puente para acceder al control del territorio y respaldar a los regímenes militares y monarquías conservadoras títeres, como Egipto y Jordania, respectivamente, y monarquías absolutistas del golfo (principales exportadores de petróleo), vinculados todos ellos a distintas oligarquías árabes de la zona y aliados tanto de Israel como de EE.UU. y la U.E.

Básicamente el Estado de Israel es un Estado colonial construido mediante tácticas de hostigamiento y desplazamiento étnico frente a una población autóctona, originaria, la población árabe palestina. Ésta integra a gentes de las tres principales confesiones de Oriente Medio: el islam, mayoritario, pero también minorías cristiana y árabe judía; y por supuesto ateos. Como ideología de legitimación y justificación, a fin de justificar su existencia, el Estado de Israel usa un discurso étnico-confesional, vinculado a la etnia/confesión hebrea/judía. Esto significa que a fin de justificar su existencia el Estado de Israel necesita contar con un grueso poblacional más o menos uniforme donde la mayor parte de la población hable hebreo y, caso de considerarse perteneciente a alguna confesión u origen confesional, sea esta la judía. Esto significa que puede haber ateos dentro de este estado, siempre que se consideren étnicamente hebreos, hecho que se manifiesta en la ciudadanía israelí, el origen «étnico» judío y el uso de la lengua hebrea. Cualquier otra consideración de tipo étnico, como la de árabes, o de tipo confesional, como la de musulmán o cristiano, debe ser minoritaria, a fin de que esta ideología de legitimación funcione y dé razón de ser a este Estado de base étnico-confesional hebreo/judía.

Para garantizar esto, se trata de asimilar a una minoría de la población árabe palestina como ciudadanos israelíes en un contexto sociocultural y lingüístico predominantemente hebreo, y se trata de desplazar paulatinamente al grueso poblacional árabe palestino que todavía habita territorios tradicionalmente palestinos, ya que es difícilmente asimilable y su existencia constantemente cuestiona la legitimidad de este Estado.

Esto significa que los árabes palestinos de confesión cristiana o judía que habitan en los territorios de Cisjordania o Gaza sufrirán exactamente la misma clase de política de hostigamiento, discriminación y desplazamiento étnico paulatino que sufren el resto de árabes palestinos de confesión musulmana o de origen musulmán pero no creyentes ni practicantes (ateos).

A fin de hacer posible y mantener esta política de desplazamiento paulatino, y darle continuidad ininterrumpida en el tiempo, se utilizan estrategias como la provocación, utilizándose varios recursos: como el uso por parte del ejército de ataques mediante artillería o por aire contra líderes de determinadas organizaciones de resistencia palestina, considerados «objetivos terroristas», que a menudo causan daños colaterales, así como tolerar ataques por parte de individuos aislados pertenecientes a colectivos integristas judíos ortodoxos o nacionalistas extremistas «hebreos», o ataques por parte de los asentamientos de colonos en territorio palestino contra población civil, esperando una respuesta por parte de las organizaciones de resistencia palestina que, caso de producirse, se utilizará como casus belli so pretexto de que «causan terror en la población», «ponen en peligro la vida e integridad de vidas inocentes por parte de ciudadanos civiles israelíes», «son una provocación» o «son ataques terroristas», y por supuesto el clásico «ellos no respetan ninguna democracia, ¿por qué deberíamos respetársela nosotros a la hora de responderles?»

Así, una vez se tiene un casus belli o pretexto de «contraataque», el Estado de Israel puede pretender obtener visos de «legitimidad» para reemprender su política de hostigamiento y desplazamiento étnico contra el núcleo de población autóctona tradicional palestina, diciendo actuar en «legítima defensa propia» o «en defensa de la integridad del pueblo judío», «movidos por un espíritu de supervivencia». Si, por el contrario, tratas de poner en cuestión lo artificial de una situación por la que se ha creado un Estado colonialista/militarista superpoblado a costa de desplazar de sus tierras, aldeas y viviendas tradicionales a la población nativa de Palestina, siempre queda el delirante recurso de acusarte defender el «extremo opuesto», de ser «antisemita» y, como último recurso, «filonazi». Sin ver que los métodos que se aplican contra la población y nacionalidad dominada son, salvando las diferencias de época y de retórica, en no pocos puntos análogos: responder a una población que se defiende mediante bombardeos, mediante el peso de la maquinaria militar y de Estado, provocando el pánico y el terror en la población, el desplazamiento étnico y en última instancia el exterminio. Son más sutiles eso sí, que los nazis, porque lo aplican de manera prolongada en el tiempo, en una suerte de goteo constante pero que, visto en retrospectiva, supone una implacable línea ascendente.

Pero recordemos que la clase dominante israelí no actúa sola. El Estado de Israel no podría tener la maquinaria bélica que posee sino fuese constantemente armado, pertrechado y respaldado financiero/geopolítico/militarmente por la principal potencia capitalista/imperialista del mundo, EE.UU. y las demás potencias subsidiarias de éste en Europa, con la complicidad de las oligarquías árabes de la zona, aliadas, por intereses comunes a sus ex colonizadores y neocolonizadores, cuando no títeres.

Fuente: Roberto Mérida Fernández, Rebelión

http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=53056

Más allá de la ocupación: A la búsqueda de un término para la política israelí con los palestinos

Estándar

Se sigue llamando Palestina

Estándar
Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Netanyahu nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora.

Por Luz Gómez García.

La semana pasada Palestina vivió un momento esperanzador con la reunión, por primera vez desde 2007, de un Gobierno de unidad nacional y con su reconocimiento como Estado soberano por parte de Suecia, un país de peso en la ingeniería política internacional (distinta cosa, aunque también significativa, es la petición del Parlamento británico a su Gobierno para que reconozca a Palestina). Cohesión, trabajo en las instituciones internacionales y potenciación de la sociedad civil son los retos de la política palestina para los próximos tiempos.

Pero antes de poder escenificar su unidad, Palestina tuvo que sufrir en Gaza una ofensiva israelí cuyas causas no están del todo claras. Cuando a principios de julio el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, decidió lanzar el ataque, había varios factores que parecían empujarle a ello.

En primer lugar, el secuestro y asesinato del joven palestino Muhammad Abu Khdeir, quemado vivo a las afueras de Jerusalén a raíz del secuestro y asesinato de tres estudiantes de una yeshivacercana a Hebrón, había llegado a gozar de unos niveles de apoyo popular preocupantes. Tanto por la derecha como por la izquierda, a Netanyahu se le pidió que hiciera algo más que culpar a Hamás: o bien que vengara a los jóvenes asesinados, o bien que calmara los ánimos. Para el primer ministro israelí, la maniobra más segura era atacar Gaza.

En segundo lugar, uno de los asuntos que menos sale a la luz pública internacional es el estado de movilización y la tensión creciente en que vive la población palestina del Estado de Israel (en torno al 20%). En el último año se han aprobado una serie de leyes que discriminan aún más a los palestinos con ciudadanía israelí, como el Plan Prawer, que expropia a los beduinos del Néguev. Y lo más importante: se ha impulsado el proyecto para una Ley Fundamental que defina a Israel como un Estado judío. Entre junio y julio cerca de 600 palestinos, de ellos 180 menores, fueron detenidos en manifestaciones en demanda del fin de las políticas discriminatorias, lo cual supone la mayor campaña de arrestos masivos desde octubre de 2000, cuando comenzó la Segunda Intifada. Es este un escenario muy preocupante para el Gobierno israelí, pues uno de sus grandes temores es la concreción de una nueva Intifada, sobre todo si tiene a los palestinos israelíes como principales protagonistas.

Por último, el fracaso de las negociaciones de paz tampoco dejaba a Netanyahu en buen lugar: su consecuencia, la formación del Gobierno de unidad nacional palestino, ha contado con el beneplácito más o menos explícito de los aliados de Tel Aviv. Y ha venido a rebatir uno de los puntos fundamentales del argumentario israelí: que los palestinos no son un socio fiable para la paz porque no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Uno de los asuntos que menos sale a la luz es la tensión creciente de los palestinos en Israel

Por todo ello atacar Gaza una vez más parecía una solución política: desviaba la atención, aunque solo fuera temporalmente, de esta acumulación de problemas. Pero el resultado fue el contrario del deseado. La popularidad de Netanyahu cayó del 82% a las dos semanas de comenzar la ofensiva al 38% un mes después.

Se pueden decir muchas cosas de Netanyahu, pero no que haya ocultado nunca sus intenciones sobre Palestina. Con más o menos tecnicismos, nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 29 de septiembre no mencionó ni una vez al Estado palestino o las negociaciones y sí 15 veces al ISIS. El 11 de julio, tres días después de que comenzaran los bombardeos, negaba la posibilidad de un Estado palestino independiente. El conflicto de Gaza, dijo entonces, significa que “no puede haber una situación, bajo acuerdo alguno, en la cual nosotros renunciemos al control de la seguridad del territorio al oeste del río Jordán”, es decir, que Israel no renunciará a Cisjordania. Y aquí reside todo: si por Netanyahu fuera, el Estado palestino se reduciría a Gaza. Porque la anexión de Jerusalén oriental es un hecho, y la de Cisjordania, al ritmo actual de crecimiento de la colonización, es cuestión de unos años. Solo hay un problema: que con la tierra van los palestinos. Como ha dicho recientemente Hanan Ashrawi, diputada del Consejo Legislativo Palestino, “los palestinos creyeron un día en la solución de los dos Estados; hoy, de lo único que están seguros es de que no abandonarán su tierra”.

Si al primer ministro israelí la guerra de Gaza no le ha servido de mucho, y Hamás, en cierto modo, ya la había ganado por anticipado con la formación del Gobierno de unidad nacional, ¿les ha servido de algo a Israel o a Palestina? Responder a esta pregunta es entrar de lleno en el terreno de la otra guerra: la de narrativas.

Netanyahu, y con él buena parte de los israelíes, se resiste a encarar el futuro, y el Gobierno sigue aplicando recetas de otro tiempo:check-points, bloqueo, castigos colectivos, arrestos indiscriminados, confiscación de tierras. Los más sensatos llaman, como pedía el editorial del 1 de septiembre del diario Hareetz, a acabar con el bloqueo de Gaza por el bien general, pero son muy pocos quienes plantean un cambio de estrategia verdadero. Michel Warschawski, veterano activista, contaba hace unas semanas cómo el miedo a sus compatriotas empieza a cundir entre los pocos israelíes que se oponen a estas políticas y defienden un futuro conjunto palestino-israelí. En un mundo en que los equilibrios geoestratégicos se están recomponiendo, Israel necesita reinventarse, “desprovincializarse” que diría la filósofa norteamericana Judith Butler, si no quiere perder definitivamente la guerra de narrativas que viene librando con los palestinos desde los años setenta, cuando no desde la Nakba misma.

Para los israelíes, tras la fulgurante fundación del Estado en 1948 y su rápida consolidación, la guerra de 1967 supuso un cambio sustancial en la reivindicación de la continuidad histórica, cultural y racial del pueblo judío en que habían basado su derecho a construir un Estado en Palestina. Con la ocupación de Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza, tanto o más importante que reivindicarse como nación comenzó a ser despojar a los palestinos de ese derecho, hasta el punto de acabar condicionando su relato al del pueblo cuya tierra habían arrebatado y cuya existencia habían negado. El historiador israelí Shlomo Sand denomina “ultraidentidad” a esta estrategia entregada a un pasado mítico para perpetuar un presente imposible, y la considera letal para la viabilidad democrática del Estado, incluso para el conjunto del judaísmo.

Israel necesita reinventarse si no quiere perder la guerra de narrativas

Tampoco los palestinos supieron librarse al principio de la trampa de someter la construcción de su relato a la lógica del ellos/nosotros, hasta el punto de casi perderse en el cruce de acusaciones sobre víctimas y verdugos. Arafat, en el célebre discurso de 1988 en Argel en que proclamó la independencia del Estado de Palestina en las fronteras de 1967, dio un vuelco inesperado a esa narrativa. Al mundo le sorprendió su reconocimiento de Israel y el proyecto político que enunció, pero mucho más revolucionario era el mensaje implícito sobre la identidad palestina. Se ha llegado a comentar si él mismo supo entenderlo, si no le superó la genialidad de los dos artífices de la Declaración de Independencia, el académico Edward Said y el poeta Mahmud Darwix. En cualquier caso, la fuerza de la dialéctica saidiana asentó un nuevo significado para el relato palestino: la identidad no es lo que se hereda, es lo que se lega, es tan cambiante como territorial y verbal. En un poema de 1986, Mahmud Darwix ya había reducido a lo esencial su punto de vista, en unas palabras tan sencillas que costará que haya paz si no se entienden: “Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina”.

Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/09/04/opinion/1409828481_473186.html