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Bandazo de Netanyahu: rompe el acuerdo con la ONU y mantiene su plan de deportaciones forzosas de migrantes

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Bandazo de Netanyahu: rompe el acuerdo con la ONU y mantiene su plan de deportaciones forzosas de migrantes

Foto: Reuters

 

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha cambiado de opinión en menos de 24 horas y vuelve a mantener vigente su plan de deportaciones masivas y forzosas de migrantes y refugiados subsaharianos.

Este martes ha anunciado que cancela el acuerdo que alcanzó el lunes con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que el que se evitaría la expulsión forzosa de 32.0000 migrantes africanos. Horas después y, tras recibir duras críticas de los sectores más derechistas y de su propio partido, Netanyahu anunció su suspensión y, este martes, la cancelación.

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Se sigue llamando Palestina

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Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Netanyahu nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora.

Por Luz Gómez García.

La semana pasada Palestina vivió un momento esperanzador con la reunión, por primera vez desde 2007, de un Gobierno de unidad nacional y con su reconocimiento como Estado soberano por parte de Suecia, un país de peso en la ingeniería política internacional (distinta cosa, aunque también significativa, es la petición del Parlamento británico a su Gobierno para que reconozca a Palestina). Cohesión, trabajo en las instituciones internacionales y potenciación de la sociedad civil son los retos de la política palestina para los próximos tiempos.

Pero antes de poder escenificar su unidad, Palestina tuvo que sufrir en Gaza una ofensiva israelí cuyas causas no están del todo claras. Cuando a principios de julio el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, decidió lanzar el ataque, había varios factores que parecían empujarle a ello.

En primer lugar, el secuestro y asesinato del joven palestino Muhammad Abu Khdeir, quemado vivo a las afueras de Jerusalén a raíz del secuestro y asesinato de tres estudiantes de una yeshivacercana a Hebrón, había llegado a gozar de unos niveles de apoyo popular preocupantes. Tanto por la derecha como por la izquierda, a Netanyahu se le pidió que hiciera algo más que culpar a Hamás: o bien que vengara a los jóvenes asesinados, o bien que calmara los ánimos. Para el primer ministro israelí, la maniobra más segura era atacar Gaza.

En segundo lugar, uno de los asuntos que menos sale a la luz pública internacional es el estado de movilización y la tensión creciente en que vive la población palestina del Estado de Israel (en torno al 20%). En el último año se han aprobado una serie de leyes que discriminan aún más a los palestinos con ciudadanía israelí, como el Plan Prawer, que expropia a los beduinos del Néguev. Y lo más importante: se ha impulsado el proyecto para una Ley Fundamental que defina a Israel como un Estado judío. Entre junio y julio cerca de 600 palestinos, de ellos 180 menores, fueron detenidos en manifestaciones en demanda del fin de las políticas discriminatorias, lo cual supone la mayor campaña de arrestos masivos desde octubre de 2000, cuando comenzó la Segunda Intifada. Es este un escenario muy preocupante para el Gobierno israelí, pues uno de sus grandes temores es la concreción de una nueva Intifada, sobre todo si tiene a los palestinos israelíes como principales protagonistas.

Por último, el fracaso de las negociaciones de paz tampoco dejaba a Netanyahu en buen lugar: su consecuencia, la formación del Gobierno de unidad nacional palestino, ha contado con el beneplácito más o menos explícito de los aliados de Tel Aviv. Y ha venido a rebatir uno de los puntos fundamentales del argumentario israelí: que los palestinos no son un socio fiable para la paz porque no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Uno de los asuntos que menos sale a la luz es la tensión creciente de los palestinos en Israel

Por todo ello atacar Gaza una vez más parecía una solución política: desviaba la atención, aunque solo fuera temporalmente, de esta acumulación de problemas. Pero el resultado fue el contrario del deseado. La popularidad de Netanyahu cayó del 82% a las dos semanas de comenzar la ofensiva al 38% un mes después.

Se pueden decir muchas cosas de Netanyahu, pero no que haya ocultado nunca sus intenciones sobre Palestina. Con más o menos tecnicismos, nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 29 de septiembre no mencionó ni una vez al Estado palestino o las negociaciones y sí 15 veces al ISIS. El 11 de julio, tres días después de que comenzaran los bombardeos, negaba la posibilidad de un Estado palestino independiente. El conflicto de Gaza, dijo entonces, significa que “no puede haber una situación, bajo acuerdo alguno, en la cual nosotros renunciemos al control de la seguridad del territorio al oeste del río Jordán”, es decir, que Israel no renunciará a Cisjordania. Y aquí reside todo: si por Netanyahu fuera, el Estado palestino se reduciría a Gaza. Porque la anexión de Jerusalén oriental es un hecho, y la de Cisjordania, al ritmo actual de crecimiento de la colonización, es cuestión de unos años. Solo hay un problema: que con la tierra van los palestinos. Como ha dicho recientemente Hanan Ashrawi, diputada del Consejo Legislativo Palestino, “los palestinos creyeron un día en la solución de los dos Estados; hoy, de lo único que están seguros es de que no abandonarán su tierra”.

Si al primer ministro israelí la guerra de Gaza no le ha servido de mucho, y Hamás, en cierto modo, ya la había ganado por anticipado con la formación del Gobierno de unidad nacional, ¿les ha servido de algo a Israel o a Palestina? Responder a esta pregunta es entrar de lleno en el terreno de la otra guerra: la de narrativas.

Netanyahu, y con él buena parte de los israelíes, se resiste a encarar el futuro, y el Gobierno sigue aplicando recetas de otro tiempo:check-points, bloqueo, castigos colectivos, arrestos indiscriminados, confiscación de tierras. Los más sensatos llaman, como pedía el editorial del 1 de septiembre del diario Hareetz, a acabar con el bloqueo de Gaza por el bien general, pero son muy pocos quienes plantean un cambio de estrategia verdadero. Michel Warschawski, veterano activista, contaba hace unas semanas cómo el miedo a sus compatriotas empieza a cundir entre los pocos israelíes que se oponen a estas políticas y defienden un futuro conjunto palestino-israelí. En un mundo en que los equilibrios geoestratégicos se están recomponiendo, Israel necesita reinventarse, “desprovincializarse” que diría la filósofa norteamericana Judith Butler, si no quiere perder definitivamente la guerra de narrativas que viene librando con los palestinos desde los años setenta, cuando no desde la Nakba misma.

Para los israelíes, tras la fulgurante fundación del Estado en 1948 y su rápida consolidación, la guerra de 1967 supuso un cambio sustancial en la reivindicación de la continuidad histórica, cultural y racial del pueblo judío en que habían basado su derecho a construir un Estado en Palestina. Con la ocupación de Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza, tanto o más importante que reivindicarse como nación comenzó a ser despojar a los palestinos de ese derecho, hasta el punto de acabar condicionando su relato al del pueblo cuya tierra habían arrebatado y cuya existencia habían negado. El historiador israelí Shlomo Sand denomina “ultraidentidad” a esta estrategia entregada a un pasado mítico para perpetuar un presente imposible, y la considera letal para la viabilidad democrática del Estado, incluso para el conjunto del judaísmo.

Israel necesita reinventarse si no quiere perder la guerra de narrativas

Tampoco los palestinos supieron librarse al principio de la trampa de someter la construcción de su relato a la lógica del ellos/nosotros, hasta el punto de casi perderse en el cruce de acusaciones sobre víctimas y verdugos. Arafat, en el célebre discurso de 1988 en Argel en que proclamó la independencia del Estado de Palestina en las fronteras de 1967, dio un vuelco inesperado a esa narrativa. Al mundo le sorprendió su reconocimiento de Israel y el proyecto político que enunció, pero mucho más revolucionario era el mensaje implícito sobre la identidad palestina. Se ha llegado a comentar si él mismo supo entenderlo, si no le superó la genialidad de los dos artífices de la Declaración de Independencia, el académico Edward Said y el poeta Mahmud Darwix. En cualquier caso, la fuerza de la dialéctica saidiana asentó un nuevo significado para el relato palestino: la identidad no es lo que se hereda, es lo que se lega, es tan cambiante como territorial y verbal. En un poema de 1986, Mahmud Darwix ya había reducido a lo esencial su punto de vista, en unas palabras tan sencillas que costará que haya paz si no se entienden: “Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina”.

Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/09/04/opinion/1409828481_473186.html

A grande colônia saudita/sionista e o pequeno títere

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bibi obama

Por Raul Longo.

Martin Luther King, o mais famoso pacifista dos Estados Unidos e, sem dúvida, depois de Mahatma Gandhi, o mais famoso pacifista do Mundo, nasceu num dia 19 de janeiro.

Por causa disso o dia 19 de janeiro é feriado nacional nos Estados Unidos. Muito orgulhoso dessa coincidência, Barack Obama tomou posse de seu primeiro mandato como presidente dos Estados Unidos no dia 20 de janeiro de 2009.

Primeiro presidente negro do país onde foi assassinado o negro líder do movimento por igualdade de direitos civis, a posse de Barack Obama se tornou no mais popular evento da história da humanidade.

As estimativas do contingente da multidão à frente do edifício do Capitólio, em Washington, DC, variam de 800 mil a 1 milhão e 800 mil pessoas, mas mesmo as mais modestas consideram ter sido a maior concentração humana já ocorrida na história daquele país.

As agências de pesquisas estimaram em 51% dos televisores dos Estados Unidos sintonizados nas transmissões da posse e o mesmo interesse se repetiu em todos os países, superando a audiência de todo o decorrer dos Jogos Olímpicos no ano anterior. Nem mesmo a caminhada de Neil Armstrong na superfície da Lua conquistou tantas atenções e os provedores de internet registraram um imbatível recorde de acessos em todos os continentes.

Conforme a BBC World Service, 67% dos europeus alimentavam esperanças de que Barack Obama fortaleceria as desgastadas relações dos Estados Unidos com os demais povos do mundo. Os mais otimistas foram os 80% dos pesquisados na Itália e na Alemanha.

No Quênia, país do pai de Barack Obama, aquele 20 de janeiro foi feriado nacional. Em Barbados o governo instalou telões nos locais de maior concentração pública para transmissão da posse da presidência estadunidense. Em Antigua, na Guatemala, considerada uma das mais antigas cidades de todas as Américas, foi realizada uma festa popular com destaque para a música preferida de Barack e Michelle Obama. A governadora-geral do Canadá fez um pronunciamento específico sobre a posse para uma grande reunião de jovens. O primeiro ministro das Ilhas Salomão, na Oceania, pediu a Deus forças, sabedoria e boas pessoas para apoiá-lo em iniciativas para seu país e o mundo.

Manoucher Mottaki, Ministro do Exterior do Irã, desejou que “os ângulos do otimismo sejam criados com Obama…” e o presidente Shimon Peres de Israel considerou um “grande dia” para os Estados Unidos pela esperança e por “eleições que, somente há dez anos atrás, eram inimagináveis.” Em Okinawa, no Japão, correu o boato de que Obama desativaria e retiraria as bases militares estadunidenses instaladas no arquipélago e Vladimir Putin, então primeiro ministro da Rússia, considerou que “Obama parece um homem sincero e aberto, e isso, naturalmente, atrai as pessoas.”

Em Jacarta, indonésios e estadunidenses promoveram um baile à meia noite daquele 20 de janeiro de 2009 e com tradução simultânea para o mandarim as imagens e o discurso de posse foram transmitidos pela Televisão Estatal Chinesa.

Na China e entre todas as nações esses dois parágrafos do discurso de posse de Barack Obama inspiraram esperanças até aos mais pessimistas quanto ao futuro do mundo e da humanidade:

Elas (as gerações passadas dos Estados Unidos)compreenderam que somente nossa força não é capaz de nos proteger, nem nos dá o direito de fazer o que quisermos. Pelo contrário, elas sabiam que nosso poder aumenta através de seu uso prudente; nossa segurança emana da justeza de nossa causa, da força de nosso exemplo, das qualidades moderadoras da humildade e da contenção.

Somos os mantenedores desse legado. Conduzidos por esses princípios mais uma vez, podemos enfrentar essas novas ameaças que exigem um esforço ainda maior — maior cooperação e compreensão entre as nações. Vamos começar de maneira responsável a deixar o Iraque para sua população, e forjar uma paz duramente conquistada no Afeganistão. Com antigos amigos e ex-inimigos, trabalharemos incansavelmente para reduzir a ameaça nuclear e reverter o espectro do aquecimento do planeta.

Quatro meses depois da posse de Barack Obama o mundo se surpreendeu com estas imagens: http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=bDw0bp9LSc0. Era a primeira recepção do também recém-empossado primeiro ministro de Israel, Benjamim Netanyahu, integrante do Likud, partido da extrema direita criado em 1973 pelo radical sionista Menachem Begin.

A exigência de suspensão de novos assentamentos judaicos na Cisjordânia e o reconhecimento de um Estado palestino confirmavam as esperanças em Obama.

Embora sem atender as propostas do presidente estadunidense, Netanyahu respondeu exigindo a desmilitarização e o total desarmamento palestino, restrito impedimento de retorno dos palestinos aos territórios que lhes foram tomados e o reconhecimento de Jerusalém como cidade exclusivamente judaica, em detrimento de sua população cristã e muçulmana. E mais: combate ao governo do Irã, país ao qual os sionistas consideram grande ameaça.

No entanto, em 4 de julho daquele mesmo 2009, Barack Obama reconfirmou ao mundo seus propósitos pacifistas com um discurso proferido na cidade do Cairo:

Vim para cá para buscar um novo começo entre os Estados Unidos e muçulmanos em todo o mundo; um que seja baseado no interesse mútuo e no respeito mútuo; e um que seja baseado na verdade de que Estados Unidos e islã não são mutuamente excludentes e não precisam competir. Em vez disso, eles se sobrepõem e compartilham princípios comuns: princípios de justiça e progresso, de tolerância e da dignidade de todos os seres humanos.

Faço isso com a consciência de que a transformação não pode acontecer da noite para o dia. Nenhum discurso isolado será capaz de erradicar anos de desconfiança, nem eu, no tempo de que disponho, poderei responder a todas as perguntas complexas que nos trouxeram para este ponto. Mas estou convencido de que, para podermos andar para frente, precisamos dizer abertamente as coisas que temos em nossas corações e que com demasiada frequência são ditas apenas a portas fechadas. É preciso que haja um esforço sustentado para ouvirmos uns aos outros; aprendermos uns com os outros; respeitarmos uns aos outros, e buscar terreno comum. Como nos diz o Sagrado Alcorão, “Seja consciente de Deus e fale a verdade sempre”. É isso o que procurarei fazer: falar a verdade ao máximo de minha habilidade, sentindo-me humilde diante da tarefa que temos pela frente e firme em minha crença em que os interesses que compartilhamos como seres humanos são muito mais poderosos que as forças que nos afastam.

Parte dessa convicção tem suas raízes em minha própria experiência. Sou cristão, mas meu pai veio de uma família queniana que inclui gerações de muçulmanos. Quando menino, vivi vários anos na Indonésia e ouvi o chamado do azaan ao raiar do dia e ao cair da noite. Quando jovem, trabalhei em comunidades de Chicago onde muitos encontravam dignidade e paz em sua fé muçulmana.

Como estudioso da história, também conheço a dívida que a civilização tem com o islã. Foi o islã –em lugares como a Universidade Al Azhar– que carregou a luz do saber ao longo de muitos séculos, abrindo caminho para o Renascimento e o Iluminismo na Europa. Foram inovações em comunidades muçulmanas que desenvolveram a ordem da álgebra; nossa bússola magnética e instrumentos de navegação; nossa maestria das penas e da impressão; nossa compreensão de como as doenças se espalham e de como podem ser curadas. A cultura islâmica nos deu arcos majestosos e torres que se elevam ao céu; poesia atemporal e música preciosa; caligrafia elegante e lugares de contemplação pacífica. E, ao longo de toda a história, o islã demonstrou em palavras e atos as possibilidades da tolerância religiosa e da igualdade racial.

Sei, também, que o islã sempre foi uma parte da história da América. O primeiro país a reconhecer o meu foi o Marrocos. Ao assinar o Tratado de Trípoli, em 1796, nosso segundo presidente, John Adams, escreveu: “Os Estados Unidos não têm em si nenhum caráter de inimizade com as leis, a religião ou a tranquilidade dos muçulmanos”. E, desde nossa fundação, muçulmanos americanos enriqueceram os Estados Unidos. Eles lutaram em nossas guerras, serviram no governo, defenderam os direitos civis, abriram empresas, lecionaram em nossas universidades, se destacaram em nossas arenas esportivas, ganharam Prêmios Nobel, construíram nosso edifício mais alto e acenderam a tocha olímpica. E quando, recentemente, o primeiro muçulmano americano foi eleito para o Congresso, ele fez o juramento de defender nossa Constituição usando o mesmo Santo Alcorão que um dos fundadores de nosso país, Thomas Jefferson, guardava em sua biblioteca pessoal.

Assim, conheci o islã em três continentes antes de vir para a região onde ele primeiro foi revelado. Essa experiência guia minha convicção de que a parceria entre os EUA e o islã deve ser baseada no que o islã é, e não no que ele não é. E considero que é parte de minha responsabilidade como presidente dos Estados Unidos combater os estereótipos negativos do islã, onde quer que apareçam.

Ainda naquele discurso, falando para os árabes do Egito, Obama não deixou de citar os 6 milhões de judeus mortos no holocausto promovido pelo nazismo. Mas prosseguiu:

Por outro lado, também é inegável que o povo palestino –muçulmanos e cristãos– vem sofrendo em busca de uma pátria própria. Há mais de 60 anos os palestinos suportam a dor do deslocamento. Muitos aguardam em campos de refugiados na Cisjordânia, Faixa de Gaza e terras vizinhas por uma vida de paz e segurança que eles nunca puderam viver. Eles sofrem as humilhações diárias, grandes e pequenas, que acompanham a ocupação. Portanto, que não haja dúvida: a situação do povo palestino é intolerável. A América não dará as costas à legítima aspiração palestina por dignidade, oportunidade e um Estado próprio.

Lembrou que o Hamas, partido político e braço armado da resistência palestina, também tem responsabilidades a cumprir pela paz e que precisa reconhecer a existência do estado de Israel, mas igualmente reconheceu que:

Israel também precisa cumprir suas obrigações de assegurar que os palestinos possam viver, trabalhar e desenvolver sua sociedade. E, assim como devasta famílias palestinas, a crise humanitária contínua na Faixa de Gaza não favorece a segurança de Israel, como também não a favorece a contínua ausência de oportunidades na Cisjordânia. O progresso na vida diária do povo palestino precisa fazer parte de um caminho que leve à paz, e Israel precisa tomar medidas concretas para possibilitar esse progresso.

E em outro momento da fala do presidente dos Estados Unidos no dia 4 de julho de 2009, uma promessa ecoou da cidade do Cairo para o mundo:

Proibi inequivocamente o uso de tortura pelos Estados Unidos e ordenei o fechamento da prisão de Guantánamo até o início do próximo ano.

A promessa não foi cumprida e no dia 10 de dezembro daquele mesmo ano 2009, num único discurso; Barack Obama desiludiu todas as esperanças que ele mesmo despertou na humanidade e no mundo. Ao receber em Oslo, Noruega, o Prêmio Nobel da Paz, já era outro Obama o que justificava a guerra:

Precisamos começar por reconhecer a verdade dura de que não vamos erradicar os conflitos violentos durante nosso tempo de vida. Haverá momentos em que as nações –agindo individualmente ou em conjunto– verão o recurso à força como não apenas necessário, mas moralmente justificado.

Faço esta afirmação tendo em mente o que disse Martin Luther King nesta mesma cerimônia, anos atrás: “A violência nunca traz paz permanente. Ela não soluciona nenhum problema social: apenas cria problemas novos e mais complicados.” Sendo alguém que está aqui hoje em consequência direta do trabalho de toda a vida de King, sou um testemunho vivo da força moral da não violência. Sei que não há nada de fraco, nada de ingênuo nas crenças e nas vidas de Gandhi e de King.

Mas, como chefe de um Estado que fez um juramento de proteger e defender meu país, não posso me deixar guiar unicamente pelos exemplos deles. Enfrento o mundo como ele é, e não posso ficar parado, sem nada fazer, diante de ameaças contra a população americana. Pois que ninguém se engane: o mal existe no mundo, sim. Um movimento não violento não poderia ter freado os exércitos de Hitler. Negociações não conseguirão convencer os líderes da Al Qaeda a entregarem suas armas. Dizer que a força às vezes é necessária não constitui um chamado ao cinismo –é o reconhecimento da história, das imperfeições do homem e dos limites da razão…

Contudo, o mundo deve lembrar que não foram apenas instituições internacionais –não foram apenas tratados e declarações– que levaram a estabilidade ao mundo do pós-Segunda Guerra Mundial. Sejam quais forem os erros que cometemos, a verdade simples é a seguinte: os Estados Unidos da América vêm ajudando a subvencionar a segurança global há mais de seis décadas com o sangue de nossos cidadãos e a força de nossas armas…

Estupefato, o mundo não pôde compreender o que ocorreu com sua grande esperança de paz e compreensão entre as nações. Uma esperança alimentada desde aqueles que sofreram a barbárie promovida pelos cristãos das cruzadas e depois pelos que se mataram entre si nas guerras da Reforma da Igreja na Europa. O mesmo preconceito e intolerância que atravessou os oceanos com ingleses e ibéricos para dizimar as populações indígenas das Américas, escravizar os povos da África, exterminar os aborígenes e maoris da Oceania.

A mesma intolerância que matou Mahatma Gandhi e Martin Luther King que após 11 meses de sua posse já não mais serviam de exemplo a Barack Obama.

O que aconteceu com aquela grande esperança que após a Primeira Guerra Mundial gerou a Liga das Nações. A mal fadada Liga das Nações, insuficiente para impedir a Segunda Mundial e os horrores do holocausto e da explosão atômica?

A guerra da Coréia, a Guerra do Vietnã, as sanguinárias ditaduras da América Latina e as implantadas no Oriente Médio, como a de Sadam Hussein, seriam os “erros que cometemos” reconhecidos por Obama? Estaria se referindo a criação da Al-Qaeda pela CIA nos anos 1980 quando associado aos milionários islâmicos da Arábia Saudita, os Estados Unidos financiaram os mujahidin para lutar contra o governo socialista do Afeganistão apoiado pela União Soviética?

O atentado de 11 de Setembro no mesmo ano de 2001 em que George Bush tomou posse o livraram das investigações de fraudes eleitorais e financiamentos ilícitos de sua campanha presidencial e serviram como pretexto para a invasão do Afeganistão, cercando o flanco oriental do Irã. Em 2003, sob a farsa das inexistentes armas químicas de Sadam Hussein, Bush cercou o flanco ocidental iraniano contra todas as resoluções internacionais, inclusive da ONU, contando apenas com o apoio de alguns países como Espanha e Inglaterra.

Mas a família Bush é envolvida com o truste internacional do petróleo e o próprio povo estadunidense percebeu que caíra em um engodo ao acreditar que mandando seus filhos para matar crianças em Bagdá ou estuprar mulheres nas ruas de Cabul, estaria garantindo a própria segurança dentro dos Estados Unidos. Perceberam que acirraram o ressentimento de todos os demais povos do mundo contra tudo o que representavam.

E quando a humanidade desacreditou-se do mítico país da liberdade e da democracia, os estadunidenses elegeram Barack Obama que não era envolvido com o saque internacional do petróleo e não representava nenhum dos interesses daqueles que internacionalmente especulam com vidas humanas. Sejam velhos ou crianças, homens ou mulheres, e, inclusive, os próprios jovens dos Estados Unidos.

Da visita de Netanyahu em maio até a entrega do Prêmio Nobel em dezembro de 2009, o que aconteceu com a esperança do mundo e do povo dos Estados Unidos?

Alguns itens de uma carta aberta do Presidente do Parlamento Sírio ao Presidente do Parlamento dos Estados Unidos esclarecem o que mudou em Obama naqueles 11 meses de 2009. Diz a carta:

1 –

– Graças ao dinheiro saudita, diferentes “Madrassas” jihadistas dos salafistas wahhibistas continuam a operar. Esses centros terroristas continuam a formar milhares de jovens todos os anos.

– Os EUA e a Síria, ambos, sofreram e ainda sofrem por causa do terror que lhes vem do mesmo inimigo: a sempre odiada ideologia wahhabista adotada e financiada pelos sauditas.

– Nossos dois países aprovaram e apoiam as resoluções n. 1.373 e n. 1.624 para combater o terrorismo.

O principal inimigo comum de nossas duas nações é a odiada ideologia wahhabista jihadista representada pela Al-Qaeda, pela Frente Al-Nusra e seus afiliados.

2 =

– Dia 19/3/2013, houve ataques químicos em Khan Al-Asal e Aleppo, contra civis e pessoal militar.

– Dia 20/3/2013, o governo sírio solicitou imediata investigação pela ONU. A visita da equipe de investigadores da ONU foi adiada por mais de cinco meses, por intervenção de EUA, França e Grã-Bretanha.

– Dia 30/5/2013, a Turquia anunciou a captura de um grupo islamista terrorista fanático que estava em posse de dois litros de gás sarin. Por isso, o ministro de Relações Exteriores da Rússia, Sergey Lavrov, exigiu, dia 31/5/2013, que o governo turco cooperasse para que se evitasse a possibilidade de futuros ataques químicos no Oriente Médio e na Europa.

– Dia 1/6/2013, o Exército Iraquiano anunciou a captura de um grupo islamista fundamentalista terrorista fanático no Iraque, próximo da fronteira síria, e encontrou com eles armas químicas e o controle remoto de um helicóptero pequeno.

– Dia 28/7/2013, as autoridades sírias entregaram às missões diplomáticas da Rússia e da China em Damasco a prova de que a Frente al-Nusra tinha armas químicas e tinha intenção de usá-las para atacar Muaaret al Numan e o subúrbio de Aleppo.

CONCLUSÃO: Os fatos acima provam que os grupos de fundamentalistas jihadistas terroristas possuíam e já usaram armas químicas em ocasiões prévias.

PERGUNTA: Em termos lógicos, qual seria o benefício para o governo sírio, de cometer um crime de ataque químico durante a visita da Comissão Independente de Investigação sobre a Síria, da ONU, em local que dista 4 milhas do Hotel Four Seasons, onde a Comissão estava hospedada?

Por essa razão, insistimos que venham à Síria, que enviem uma delegação com a máxima urgência possível, para que vejam e descubram diretamente o que se passa aqui.

Convidamos os senhores e senhoras a vir à Síria e avaliar a situação, antes de começarem a cortar – sobretudo porque o tecido a ser cortado é carne humana. Assim será possível que, juntos, tracemos um mapa do caminho para esforço conjunto e efetivo contra o terrorismo.

Cremos que ato de guerra, agressivo e injustificado, será ato injusto e ilegal, pelas seguintes razões:

– A Síria é estado soberano que não representa qualquer tipo de ameaça aos EUA.

– O Conselho de Segurança da ONU não aprovou essa ação.

– O Relatório da ONU sobre o terrível incidente nos arredores de Damasco, em Ghotta, ainda não foi redigido. Ninguém pode sequer saber se incluirá algum tipo de prova de qualquer alegação.

– Ao contrário, a ONU já concluiu que há fortes provas de que os terroristas fundamentalistas da Frente al-Nusrah – organização terrorista afiliada da al-Qaeda – já usaram algum gás venenoso contra soldados sírios e civis inocentes.

Consequentemente, qualquer ato agressivo contra povo inocente e soberano será ato criminoso, que agredirá os princípios da Lei Internacional.

Ao mesmo tempo, alguns círculos ocidentais oferecem todo o apoio possível aos rebeldes wahhabistas fanáticos, que a ONU já acusou de vários crimes – o que é com certeza quebra dos declarados princípios básicos de justiça dos EUA.

Muito nos emocionou o sentimento moral de lástima que manifestaram à vista das imagens das vítimas do ataque químico.

Nós, sírios, estamos colaborando intensamente com a equipe de Investigadores da ONU e especialistas sírios que também investigam a questão de quem cometeu aquela atrocidade, e partilhamos nossos resultados com a equipe da ONU. Nós, parlamentares sírios, estamos determinados a encontrar a verdade e a levar a julgamento os criminosos envolvidos, sejam quem forem.

Até lá, conclamamos os deputados norte-americanos a não empreender qualquer tipo de ação irresponsável e temerária.

Cabe aos senhores, hoje, a responsabilidade de afastar os EUA da trilha da guerra e de conduzir os EUA para a trilha democrática. Esperamos encontrá-los nessa trilha democrática, e discutir e falar e ouvir, como fazem os povos civilizados. Adotamos uma solução diplomática, porque sabemos que a guerra será via catastrófica, destrutiva e sangrenta, que não trará qualquer benefício para todas as nações.

Na verdade, a questão mais importante é que todas as nações enfrentam a mesma ameaça terrorista. Atacar a Síria e enfraquecer o governo e a infraestrutura síria automaticamente fortalecerá nosso inimigo comum de todos, a Al-Qaeda e as organizações terroristas ligadas a ela.

Em vez de combater uns os outros, todos temos de trabalhar juntos para implementar plenamente as Resoluções do Conselho de Segurança da ONU n. 1373 e n. 1.624 contra o terror. Em vez de inimigos, todos devemos trilhar juntos a via da paz e da verdade.

Atenciosamente,

Em nome da Assembleia do Povo Sírio

Deputado Jihad AL-LAHHAM, Presidente.

O Império Sionista que começou a ser construído na Idade Média detendo o controle financeiro das grandes fortunas feudais, no século 20 estendeu-se aos organismos de comunicação e detém a mídia em todos os países do mundo. Também no século 20, com a dependência mundial do petróleo como fonte energética, surgiu o Império Saudita. Ambos aliaram-se ao Império Bélico dos Estados Unidos como braço armado do capitalismo internacional.

O neoliberalismo promovido pelo sionista Milton Friedman criou a crise financeira internacional que agoniza a economia popular do hemisfério norte, menos na Rússia. Talvez depois de consolidados os Impérios Saudita e Sionista concorram entre si, mas agora tornaram os Estados Unidos em colônia e a grande esperança de paz para o mundo em pequeno títere.

Os palestinos ainda resistem. Mas o presidente dos Estados Unidos capitulou.

Foto: Captura de vídeo.