Moriscos y Sefardíes

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3 culturasDe Judíos Antisionistas en España.

1492 señala el final de la “Reconquista”, con la caída del último reino “moro” de Granada. Es también el final de la diversidad religiosa y cultural de la península ibérica, con la unificación de España por los Reyes Católicos, que imponen su hegemonía. En 1492 los judíos son forzados a la conversión o al exilio y los musulmanes sufren la misma suerte, con su expulsión definitiva en 1609. Pero además, 1492 es la fecha del llamado descubrimiento de América, por el cual el modelo hegemónico imperial será exportado al Nuevo Mundo, con consecuencias históricas de inmenso calado.

Para España misma, las consecuencias del modelo “una nación, una religión” se hacen sentir hasta la época contemporánea, con la referencia clara en la guerra contra la república llevada a cabo por Francisco Franco y hasta la actualidad, en la actitud hacia la diversidad de pueblos y lenguas presentes en el Estado español por parte del gobierno central.

Ahora, el gobierno del PP mediante Gallardón pretende otorgar la nacionalidad española a los sefardíes, descendientes supuestos de aquellos judíos expulsados -dondequiera que se encuentren-, tal como lo viene haciendo para filipinos y otros sujetos del otrora imperio, hijos de la Madre Patria.

¿Se trata de un gesto de reparación para con los judíos expulsados y despojados de sus bienes hace  cinco siglos? ¿Es el tan esperado reconocimiento de la diversidad religiosa, cultural y étnica de la España medieval, y de sus raíces judías?

Si este es el caso, entonces ¿por qué no extender la misma medida a los descendiente de aquellos que compartieron el mismo espacio-tiempo, los musulmanes de Al-Andalus, a veces convertidos al catolicismo pero que acabaron también siendo expulsados en 1609, y que hoy se encuentran dispersos desde Siria hasta Malí, conservando algunos rasgos culturales propios, como lo es la música arabo-andalusí?

Si así fuera, sería la señal del nacimiento de una sociedad verdaderamente plural y abierta que ha superado los prejuicios contra sus minorías religiosas (fruto de cinco siglos de propaganda de la Iglesia católica) y ha decidido otorgar  los mismos derechos a todos sus ciudadanos. Sería reconocer la diversidad de los pueblos que conforman el mosaico ibérico y que hoy reivindican su personalidad histórica.

Sin embargo, sospechamos que se trata puramente de intereses económicos, y que a través del reconocimiento del hecho sefardí, es decir, siendo “amigo de los judíos”, el gobierno del PP solo quiere granjearse los favores de Israel –pues para él Israel y los judíos son una misma cosa. El trato del gobierno hacia Adelson y el proyecto “Eurovegas” son una buena ilustración de esta servil actitud.

 Efectivamente, como lo saben los ciudadanos de este país, cuando la crisis azota todas las oportunidades de negocio son buenas, aunque sean negocios poco transparentes; incluso manchados de sangre, como el  negocio de las armas.

Por otra parte, Israel es un país cada vez más aislado a nivel internacional, que necesita abrir mercado para su industria armamentística y de seguridad –que podría representar hasta 20% de su PIB- y necesita sobre todo recuperar su dañada legitimidad estrechando vínculos comerciales, académicos, científicos y de seguridad con la Unión Europea, y en particular con el Estado español, que le puede servir de puente para exportar a América latina. Lo que explica la ofensiva de seducción lanzada por Israel no sólo hacia el gobierno central, pero también hacia Cataluña, plasmada  en la visita de Artur Mas a Israel y la firma de numerosos acuerdos bilaterales.

Al Partido Popular, heredero del franquismo, poco le importa la diversidad religiosa  o de otra índole, ni los tiempos de la época dorada de Al-Andalus; más bien lo contrario: durante la guerra de Irak ha mostrado claramente su postura y sus alianzas internacionales.

Por esta razón, IJAN (Red Judía Antisionista Internacional) y sus integrantes en el Estado español, algunos de los cuales somos descendientes de aquellos judíos expulsados,

– insistimos en que no se nos identifique con el Estado de Israel, un Estado nacido de una ideología racista, colonialista y excluyente: el sionismo, que ha dado la espalda a los valores de tolerancia y humanismo que fueron los del pasado andalusí en sus momentos de máximo esplendor.

– instamos al Gobierno de España a que rompa sus relaciones con Israel hasta que éste reconozca plenamente los derechos del pueblo palestino y acate las resoluciones de Naciones Unidas sobre  ese territorio, implementando las medidas adecuadas en el terreno.

  • Pedimos que se equiparen los derechos de los Moriscos con los Sefardíes, para el reconocimiento pleno de la diversidad del Estado español, en un gesto de reparación simbólica por los daños sufridos en el pasado.

Así se enviará un mensaje claro y fuerte hacia Europa, y hacia la orilla sur del Mediterráneo, para derribar los muros de la discriminación, del racismo y de la desigualdad, dando así el Estado español un ejemplo digno de la brillante herencia de Al-Ándalus.

Gana peso la campaña de boicot a Israel

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boicot

El Gobierno hebreo comienza a acusar la presión internacional en un momento de bloqueo en las negociaciones de paz con los palestinos

Aún está por ver si los millones gastados por la empresa israelí Sodastream -que fabrica sus máquinas de refrescos en territorio palestino ocupado- en contratar a la estrella de Hollywood Scarlett Johansson se han convertido en los peor invertidos de la historia de la publicidad. Aunque el escándalo desatado por las críticas de organizaciones humanitarias como Oxfam haya servido para dar a conocer a la compañía en todo el mundo, es posible que los más beneficiados por esos millones hayan sido sus más feroces críticos: los movimientos conocidos como BDS, que buscan a través del boicot, la desinversión y las sanciones, como sus siglas indican, presionar a Israel para que, entre otras cosas, acabe con la ocupación de Cisjordania.

La campaña de boicot a Israel, en su versión más amplia -la que busca castigar al conjunto del país por la ocupación- o la que sólo está en contra de empresas e instituciones que se benefician de los asentamientos ilegales, ha cogido fuerza en las últimas semanas por la inesperada -y contraproducente- publicidad de la actriz, y en un momento en el que las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes se encuentran estancadas. Los continuos anuncios de ampliación de asentamientos en territorio palestino, el último esta semana, sólo añaden obstáculos a la ya de por sí complicada paz.

Aunque hasta ahora el movimiento BDS, lanzado en el 2005 por grupos de palestinos de la sociedad civil, ha tenido un impacto económico reducido, poco a poco ha ido ganando adeptos en el panorama internacional y hoy alarma a sectores israelíes, que han visto cómo algunas corporaciones internacionales retiraban sus inversiones. La campaña, reconocen comentaristas como Peter Beinart en ‘Haaretz’, ayuda además a unir a los palestinos en un momento de división política de sus líderes.

La campaña internacional de boicot que presionó al régimen segregacionista de Sudáfrica es uno de los referentes del movimiento BDS, que busca devolver a los palestinos el territorio ocupado después de la guerra de 1967, que se reconozca la igualdad de derechos para los ciudadanos árabes de Israel y se respete el derecho de retorno de los refugiados palestinos, requisito éste que ha dinamitado anteriores procesos de paz.

En Tel Aviv preocupan decisiones como la del fondo de pensiones estatal de Noruega, que ha renovado su prohibición de invertir en constructoras israelíes que edifican más allá de las fronteras de 1967; o la del fondo de gestión de activos danés PGGM, que ha liquidado su cartera en los cinco bancos más importantes de Israel. En noviembre, la UE prohibió que empresas y universidades hebreas establecidas en territorios palestinos ocupados se beneficiaran del programa de becas de investigación Horizonte 2020, dotado con 70 000 millones de euros.

El ministro de Finanzas, Yair Lapid, uno de los mayores defensores de las conversaciones de paz con los palestinos dentro del Gobierno hebreo, advierte de que el colapso de las negociaciones podría suponer un «golpe enorme» para la economía, ya que Israel afrontaría un mayor aislamiento internacional. En esa misma línea se ha pronunciado el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, que está ejerciendo de mediador en el conflicto.

Lapid incluso puso cifras al posible fracaso de las negociaciones de paz si la UE castiga a Israel con el cese del acuerdo preferencial de comercio. 10 000 israelíes perderían «inmediatamente» sus empleos, señaló el ministro.

Paula Rosas, La Rioja – España

Fuente: http://palestinalibre.org/articulo.php?a=48921&utm_source=twitter-palestinalibre&utm_medium=rss-zapier-buffer&utm_campaign=destacados

¿Quién fue Vittorio Arrigoni?

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Vittorio Arrigoni

Vittorio Arrigoni

Vestido con un chaleco de paramédico palestino, saltaba varias veces al día al interior de una ambulancia… Era el primero en salir del vehículo y ponerse a levantar cascotes, sacar fotos, ayudar a los heridos, animar a los familiares, llamar por teléfono a Italia para contar lo que sucedía, compartir tabaco con todo aquel que se lo pidiese… y quejarse. Quejarse siempre y en alto. Vittorio y el miedo no congeniaban. Él nunca se agachaba cuando la explosión sonaba cerca, Vittorio tenía la voluntad de los persistentes. La honestidad de quien estaba dispuesto a llegar hasta el final.

Vittorio Arrigoni no era un activista, era un palestino más. Era uno de los miembros más conscientes del Movimiento de Solidaridad Internacional, el extranjero que más tiempo ha pasado en la Franja de Gaza tratando de formar un grupo estable de activistas que participasen en la resistencia no violenta de los palestinos contra la ocupación.

Pasó a formar parte del núcleo originario del movimiento «Free Gaza», con el objetivo de romper el bloqueo marítimo israelí a través del envío de barcos que zarpaban desde Chipre transportando periodistas y activistas hasta la Franja asediada. Vittorio y media docena de personas comenzaron a establecer acciones de resistencia no violenta contra el ejército israelí. Salían cada mañana a faenar con los pescadores. Ofrecían su presencia y sus pasaportes como escudo humano para evitar que las patrulleras israelíes les disparasen. Grababan los ataques y se lo contaban al mundo. Vittorio fue detenido por la armada. Le dispararon con una pistola eléctrica. Cayó el mar. Casi se ahoga… Tras varios días en una cárcel israelí fue deportado a Italia y dos semanas después regresaba a Gaza. Él nunca tiraba la toalla.

Cuando la guerra terminó e Israel decretó la prohibición de transitar por los terrenos adyacentes a la frontera, los más fértiles de Gaza y de los que miles de campesinos dependen, Vittorio lideró una vez más al grupo de voluntarios extranjeros que se ofrecían con sus chalecos y sus cámaras como escudos humanos para que las familias pudieran acceder a recoger sus cosechas. Le disparaban y él lo grababa y lo contaba. Sin miedo. Con convicción. Ese era su trabajo.

Vittorio murió asesinado por un fanatismo integrista que se opone a la paz. Sólo por ayudar, por luchar sólo con el corazón, por creer que otro mundo es posible… Porque seguimos siendo humanos, como él decía.

Gracias a él y a otras personas como él nos damos cuenta que aún hay en el mundo quien tiene principios, quien vive por y para la paz, para la ayuda, para gritar que tenemos derechos como humanos y que deben ser respetados. El murió, pero su labor nos da fuerza día a día, aúna corazones para que latan al unísono y sigan con su misión, para que griten en contra de las injusticias y no se queden de brazos cruzados viendo como la política y la economía están por encima de la humanidad. Y qué mayor honor para nosotros que además de representarnos su espíritu solidario nos represente su nombre… ¡Seguimos siendo humanos! y no nos cansaremos de gritarlo, por ti, por nosotros, y por todo el que necesite voz porque la opresión intenta silenciar sus gritos de auxilio.

«DEBEMOS PERMANECER HUMANOS, INCLUSO EN LOS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES. PORQUE A PESAR DE TODO, SIEMPRE DEBE HABER HUMANIDAD DENTRO DE NOSOTROS, Y ESA HUMANIDAD TENEMOS QUE LLEVARLA A LOS DEMÁS»

Vittorio Arrigoni (04 de febrero de 1975 – 15 de abril de 2011)

Encuentro con Stop the Wall en Buenos Aires

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stopthewallLa coordinadora de Relaciones Internacionales de Stop the Wall, Maren Mantovani informará sobre las actividades a realizarse en el marco del Año Internacional de Solidaridad con Palestina. Durante el evento tendrá lugar un video conferencia con Jamal Jumá, quien no pudo ingresar al país por inconvenientes en el visado correspondiente.

En el marco del Año Internacional de Solidaridad con Palestina, instaurado recientemente por las Naciones Unidas, y en conmemoración del 10° aniversario de la declaración del Tribunal Internacional de La Haya declarando ilegal el muro que levanta Israel en territorio palestino, comúnmente llamado Muro del Apartheid, visitaría Buenos Aires el coordinador de la campaña Stop the Wall, Sr. Jamal Jumá.

Con la intención de coordinar acciones solidarias con el pueblo palestino, invitamos a las organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas a la reunión que tendrá lugar el día lunes 3 de febrero a las 19 horas en la sede de la Federación de Sociedades Gallegas, Chacabuco 955, 1°, C.A.B.A.

Esperando contar con su presencia los saluda:
Federación de Entidades Argentino-Palestinas

Los expedientes Eichmann ¿Hubo un secuestro? ¿Qué intereses entraban en juego?

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expedientes Eichmann

Gaby Weber periodista alemana radicada en la Argentina ha producido investigaciones sobre el caso Eichmann y en esta obra las amplía- con una investigación documental de gran envergadura- dando una contextualización precisa sobre esos acontecimientos mundiales al comienzo de la Guerra Fría. La expansión del desarrollo nuclear en el centro de atención. ¿quién secuestró a Eichmann? ¿Hubo un secuestro? ¿Por qué? Que intereses entraban en juego? ¿Bombas y terremotos?: La Patagonia en 1960. La Argentina y las organizaciones judías. La apertura de los archivos secretos un reclamo explícito de la obra. Conduce Ricardo Martínez.

Un día en un tribunal militar de menores israelí. No hacen falta las palabras.

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ofer

Prisión de Ofer y tribunal militar. Foto: Dawn

Por 4JustPeace.

No entendíamos una palabra, sin embargo entendimos todo _“¿Hablan hebreo? ¿Árabe? ¿Entienden lo que sucede aquí?”_. Los prisioneros habían entrado esposados uno al otro. El juicio ya había empezado en el tribunal. ¡Me llevó unos segundos darme cuenta de que las preguntas del juez estaban dirigidas a nosotros! _“No, su señoría.” _. Podemos no saber el idioma, pero ¡algunas cosas no precisan palabras para ser entendidas!_. La angustia de un padre, las lágrimas de una madre, la aprehensión de un joven, el miedo de un niño, la arrogancia de un soldado, el desdén de un guardia, la indiferencia de un abogado, el pronunciamiento de un juez, es un mensaje transmitido sin palabras.

Jaula para las familias palestinas que esperan para entrar. Foto: Oren Ziv, Active Stills

Mi colega y yo habíamos pedido un permiso para pasar el día en el tribunal militar de la prisión de Ofer. ¡Para creer en lo que allí pasa hay que vivirlo! Llegamos en taxi antes de las 9:00 y buscamos la entrada en vano. No hay señalización. Descubrimos una “jaula” de alambre llena de familias palestinas -más de 200 personas- tal vez el “área de espera” para obtener la autorización para presenciar la audiencia. Los saludamos – ¡Assalamu ‘Alaykum! El padre de uno de los dos niños a los que vinimos a apoyar nos ve y viene hasta la cerca, con una amplia sonrisa en el rostro. El idioma es una barrera, pero se torna innecesario. Se nota que está contento de que hayamos venido.

Nuestra “área de espera” está separada y pasamos las dos horas y media siguientes tratando de convencer a los militares israelíes de que ya teníamos autorización para presenciar las audiencias de ese día. Después de fracasar en varios intentos, finalmente lo logramos y pasamos por una sucesión de puertas, detectores de metal, molinetes, jaulas, una máquina de rayos X y un registro corporal -nos dejaron solo la ropa y unos shekels para la “cafetería” de la cárcel. Nos juntamos con los palestinos que esperaban en otro recinto al aire libre con una pequeña “cantina”, una fuente de agua, baños y algunas sillas. Del lado de afuera están estas 8 “caravanas” (casas rodantes) en ruinas donde se realizan los procedimientos judiciales.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

La lista de la mañana revela que la audiencia de nuestra familia no será sino hasta las 3:00. Aprovechamos la oportunidad para presenciar otros casos, yendo de caravana en caravana. Es en una de estas sesiones que las preguntas del juez interrumpen mis pensamientos… Pensaba en la audiencia anterior en que una madre orgullosa se dio vuelta hacia mí y me dijo en un inglés chapurreado: _ Vea, este chico (señalándolo), ¡es mi hijo! Solo lo veo aquí. No tengo visitas_. Yo observaba sus rostros mientras intercambiaban palabras, gestos, miradas robadas. La vi llorar mientras esposaban las muñecas de su hijo y se lo llevaban. Le apreté la mano. No entendí los detalles de por qué estaba allí. No importaba.

A las  2:30 decidimos sentarnos con nuestra familia y esperar a que nos llamaran. El tiempo pasa. El sol se hunde en el poniente. El viento está frío. Y esperamos. Ahora hay como 20 personas en la jaula de espera. El guardia había dejado su puesto. La puerta giraba sobre sus goznes. La cantina cierra hasta el próximo día. El lugar parece desierto. Y seguimos esperando. El padre va y viene con ansiedad. La madre se agarra la cabeza con las manos. Sentimos que no podemos ayudar; no tenemos palabras. Y seguimos esperando. Finalmente, a las 4:50 -10 minutos antes de cerrar- la familia es llamada. Nos hacen una señal y caminamos rápidamente  detrás de ellos, nos dirigimos en fila hacia la única hilera de sillas. El juez trata de impedir que nos quedemos en la audiencia. “Este es un tribunal de menores.” Le decimos que somos amigos de la familia y que tenemos su permiso. Cuando les preguntamos, todos asienten. Estamos orgullosos de acompañarlos.

Pero no estamos preparados. Los dos niños se ven tan pequeños y vulnerables sentados en el área de los presos, los pies esposados el uno al otro. Es evidente que tienen miedo y no saben qué hacer. Los niños miran a sus mamás que tratan, con gestos, de averiguar si están bien. Están en la cárcel hace dos meses, sin permiso para que sus padres los visiten, arrestados por supuestamente tirar piedras a los colonos (N. de la R.: de los asentamientos ilegales) mientras sus ovejas pastaban. Las audiencias habían sido pospuestas todo lo posible. Hoy les dan el veredicto. El juez se dirige a ellos. Los pequeños se ponen de pie, tratando desesperadamente de ser valientes. Leen el veredicto. Las madres se echan a llorar. Se llevan a los chicos, que se enjugan el llanto esperando que nadie lo note. En fila salimos de la caravana sin hablar. El padre nos da la mano, con lágrimas en los ojos.  Los nuestros se llenan de lágrimas cuando abrazamos a las madres. Solo les hemos podido ofrecer el regalo de nuestra presencia –es lo único que podemos darles. Con nuestro limitado árabe creemos entender que los muchachos tienen que cumplir tres meses más y las familias deben pagar 3.000 shekels (U$1,000). Pero en este momento, los detalles no importan.

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La familia tiene que usar el “pasadizo enjaulado” que lleva a Cisjordania, mientras que nosotros recibimos autorización para volver hacia el lado de Jerusalén. Nos decimos adiós a través de la cerca y les aseguramos que los iremos a visitor en su aldea. Sumidos en nuestros pensamientos, caminamos en silencio hasta la autopista para buscar un taxi. El sol ya se puso y la luna casi llena se levanta atrás de nosotros sobre el complejo de la prisión. Pero lo único que veo es la imagen de esos dos pastorcitos asustados llorando, vestidos con ropa de presidiaro marrón y con los pies esposados el uno al otro.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

Fuente: http://4justpeace.wordpress.com/2014/01/17/words-are-not-needed-a-day-in-the-military-courts/

Cuando detuvieron a Juan Gelman en Israel

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gelman y yo

Hace un tiempo volaba el poeta argentino Juan Gelman rumbo a Jerusalén. Sentado junto a su esposa comentaba la situación política israelí con un acento crítico sobre la política del nuevo gobierno en relación a la intifada palestina. Un agente del Mosad escuchaba atentamente. La charla del poeta con su esposa acabó mal. El propio Gelman lo cuenta.

Escribo estas líneas desde el dolor y la tristeza. El viernes 2 de marzo mi mujer Mara La Madrid y yo llegamos a Israel. Era la 1.30 de la madrugada y a las 10 tenía lugar el entierro de mi hermana Teodora, muerta repentinamente en Jerusalén. Conozco varias clases de muertes: la del padre y la madre, la del hijo, pero todavía estoy recorriendo el doloroso territorio de la muerte de una hermana. Seguramente distinto a todos los demás. Mara y yo desembarcamos de un vuelo de la British Airways y fuimos detenidos por la policía en el aeropuerto Ben Gurión. Los hechos son como siguen.

Delante nuestro se sentó en el vuelo un señor de 28 o 30 años, alto, moreno, de pelo corto y modales autoritarios, que conversaba amigablemente con una azafata en hebreo. Bien. Ocurre. Por razones de seguridad, algún agente ¿del Mossad? viaja en todo vuelo que llega a Tel Aviv en compañías extranjeras que no son El-Al. Mara y yo conversábamos sobre las declaraciones del jefe de Estado Mayor del ejército israelí -un general de cuyo nombre no quiero acordarme- publicadas en el Herald Tribune: afirmaba que la Autoridad Palestina era «una entidad terrorista» y que el Estado de Israel estaba pensando en la posibilidad de reocupar las pocas zonas palestinas a las que había otorgado autonomía. Mara se preguntó: «¿Qué van a hacer, van a ocupar El Líbano?» En ese momento el señor de pelo corto se dio vuelta furioso y nos ladró un «enough» («basta» que cortó nuestra conversación, personal, de a dos y en español. Mister Enough no se limitó al ladrido. Cuando descendimos del autobús que nos trasladó del avión a la terminal del aeropuerto, me señaló con el dedo a un señor de uniforme que se abalanzó sobre mí y, sin identificarse, pidió nuestros pasaportes. Le dije que, a 30 metros del mostrador en que los pasaportes se revisan, allí los iba a presentar porque no explicaba la razón de su exigencia. Mara se puso en fila, pasaportes en mano, y cuando la seguí el señor de uniforme quiso retenerme con un abrazo de oso del que me desprendí -debo confesarlo- rojo de ira. Soy un ciudadano argentino y no admito esa clase de comportamiento de parte de ningún uniformado. Tal vez porque tengo una experiencia traumática -vuelvo a confesar- con los señores de uniforme.

Afuera nos esperaba mi sobrina, que había retrasado el entierro de su madre hasta mi llegada. Explicamos la circunstancia, pero al señor de uniforme poco le importaban fallecimientos y entierros ajenos. Sólo después de una hora y media dejó entrar a mi sobrina, a pesar de mis reclamos. El señor de uniforme, que se negó a dar su nombre, nos tuvo hasta las 5 de la mañana redactando lentamente un acta en que nos endilgaba los siguientes «delitos»: tumulto a bordo del avión de British Airways, desacato a la autoridad, ofensa a un funcionario público en el ejercicio de sus funciones. Fue inútil que preguntara quién había hecho la denuncia y en qué consistía. «Tumulto», en el hebreo del Estado de Israel, es una palabra muy pesada. Sirve, por ejemplo, para calificar la actitud de un niño palestino que arroja piedras a un tanque israelí. El único «tumulto» en que debo haber incurrido fue la exigencia prostática de ir al baño cuando el avión comenzaba su descenso. La presunta denuncia de una azafata de British Airways a la que el acta se remitía fue solicitada reiteradamente por el consulado argentino en Tel Aviv y nunca apareció.

El hecho -grave- es que Mara y yo estuvimos detenidos más de tres horas en el aeropuerto de Tel Aviv. El señor de uniforme escribía sus acusaciones y yo sufría a mi hermana, su muerte, el destino de morir en Jerusalén que le decretó la dictadura militar. Salimos bajo caución: mi sobrina tuvo que firmar dos actas -una contra mí, otra contra Mara, que ciertamente no fue atacada por urgencias diuréticas como yo- por las que se obligaba a pagar 2500 dólares por cada uno si el lunes siguiente no asistíamos a una presunta audiencia de conciliación. En ese interín, el señor de uniforme que nos detuvo me mostró amenazadoramente un par de esposas hablando en hebreo. Usaba el inglés cuando le convenía, el hebreo cuando no. Sus compañeros lo llamaban Danny y, según el «policía bueno» que apareció cuando las cosas se pusieron muy calientes, su nombre es Daniel Yehud. A saber.

No me parece mal que viajen agentes ¿del Mossad? en los vuelos que llegan a Israel, vista la situación. Lo que no entiendo es que esos agentes de seguridad -exclusivamente de seguridad, según se dice- se conviertan en una policía política que nada tiene que envidiar a la de Hitler o Stalin. ¿En qué estamos? ¿Israel es una democracia o qué? ¿Puede ser democrático un Estado que somete a cerco a un millón de palestinos por la fuerza de las armas? ¿Y cómo es posible que ahora sean sitiadores de todo un pueblo los hijos, los nietos, los biznietos de quienes, como mi madre y sus hermanos y su padre rabino, padecieron el cerco zarista en los ghettos, y luego, como mis primos, el encierro en los campos de concentración nazis? A los 8 años de edad mi madre presenció cómo los cosacos incendiaban la vivienda familiar y cómo mi abuela iba sacando a sus hijos de las llamas, menos a una hermanita de 2 años que murió abrasada. ¿Y ahora esos descendientes de la persecución crean ghettos para los palestinos, dinamitan sus casas, los sitian por hambre, abaten sus olivos y arrasan sus cultivos cuando molestan proyectos edilicios, usurpan sus tierras aplicando esa razón de las bestias que es la fuerza? ¿Y qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores; discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo de los siglos.

Sé que estas opiniones serán calificadas de antisemitas por quienes no quieren oír, ni ver, ni hablar, como los tres monos de la India. La táctica de confundir las críticas al Estado de Israel con el antisemitismo me recuerda la pretensión de la más reciente dictadura militar argentina, que llamó «campaña antiargentina» a toda denuncia de sus crímenes. Sólo me explico la tristeza particular que las políticas genocidas del Estado de Israel me causan porque soy verdaderamente judío. Porque una vez, de niño y con fiebre altísima, mi padre se sentó junto a mi cama para leerme en idish un cuento de Sholem Aleijem. Se llamaba «Das messerl» (El cuchillito) y hablaba de los dolores del ghetto.

Fuente: http://www.taringa.net/comunidades/x-palestina/5074989/Cuando-detuvieron-a-Juan-Gelman-en-Israel.html

N. de R.: Los Otros Judíos no necesariamente está de acuerdo con todas las opiniones vertidas en los artículos.

Documental sobre la masacre de Sharon

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Cuatro horas en Chatila

Chatila

16, 17 y 18 de septiembre de 1982: Las milicias falangistas libanesas, bajo la protección del ejército israelí, dirigido por Ariel Sharon durante la campaña «Operación: Paz para Galilea», masacran a 2750 civiles palestinos y libaneses en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en las afueras de Beirut.

Jean Genet, testigo de los restos de la matanza, escribe su testimonio, políticamente contundente y de una belleza sobrecogedora, en el que se basa esta película.

Subido a YouTube por Arnulba Palestina

Humillaciones en el aeropuerto Ben-Gurion: “Ahora usted sabe lo que soportaron los judíos”

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Por Amira Hass.
Haaretz
Traducido para Rebelión por J. M.

Las humillaciones que sufren los pasajeros en el aeropuerto Ben Gurion que obligan a revisiones invasivas aparentemente se justifican cuando el personal se refiere a lo que los judíos sufrieron durante el Holocausto.

Sólo media hora antes de su vuelo de Israel, D. estaba casi completamente desnuda mientras una inspectora de seguridad de aspecto europeo del este tocaba sus brazos, piernas y caderas. «Ella también puso sus dedos en el interior del borde superior de mi ropa interior», me escribió la joven, y me permito añadir brillante, estudiante de doctorado.

Conocí a D. hace varios años en uno de sus viajes de investigación a Israel. No es palestina ni judía. Nació en el Medio Oriente, pero se crió en Occidente y lleva pasaporte de un país occidental.

D. llegó al Aeropuerto Internacional Ben-Gurion con tres horas de adelanto a la próxima hora de salida programada. Como en todas las visitas anteriores, se le ordenó abrir la maleta y dos equipajes de mano para una búsqueda exhaustiva.

Pero entonces, sólo 45 minutos antes del despegue, se le dijo que tendría que someterse a un registro corporal y no le estaba permitido subir al avión con su portátil.

D. me escribió en un correo electrónico: «Yo protesté diciendo:» Me niego a dejar a mi ordenador portátil… allí están todos los archivos de mi investigación… ¿Cómo puedo confiar en que me los devolverán?” preguntó D. a la joven blanca con ojos azules y pelo largo y lacio y a su supervisor, un hombre joven de pelo castaño. «Un tercer hombre, un poco mayor (también de pelo castaño) con traje vino a mí y me dijo que si continuaba el retraso de la investigación podría perder mi vuelo bajo mi responsabilidad.

«Protesté de nuevo, diciendo que ellos eran los que se atrasaron con la revisión de mi maleta, se tomaron su tiempo, se distrajeron con otros pasajeros, discurriendo en las tareas de comprobación del cargador de mi teléfono celular, mis cerámicas, mi aceite de oliva y cosas diversas con otros de sus colegas, mientras charlaban y bromeaban durante el proceso.

«Les dije que yo llegué antes de las tres horas requeridas para abordar mi vuelo y me hicieron esperar durante mucho tiempo mientras estaban buscando la maleta, así que si me perdía el vuelo sería su responsabilidad. Y los tres comenzaron a discutir de nuevo y decir que no, que sería mi responsabilidad”.

Ninguno de tres se identificó y D. no se dio cuenta de si llevaban etiquetas con su nombre.

Me imagino a D. con sus ojos negros mirando a sus inspectores y, después de un examen rápido del equilibrio de poder, suavizando su rostro y acatando lo que se le pedía. En este caso, su mente aguda no era ninguna ventaja.

A la espera de ser cacheada en un área diferente, D. escuchó una conversación entre una mujer que hablaba con acento árabe y un israelí.

«¿Por qué me tratas así?» Decía la mujer. «Soy una vieja, estoy en una silla de ruedas. Nací en este país. Tengo la ciudadanía de aquí. ¿Crees que tengo una bomba? «

La última sacó al oficial varón joven fuera de sí y respondió de manera agresiva. ¡»No me estás escuchando! Nosotros te estamos haciendo un favor», espetó. «De esta manera usted no tiene que esperar en la cola en el aeropuerto».

Se le obligó a D. a quitarse toda la ropa a excepción de su ropa interior. También tenía la obligación de retirar el apósito protector de un dedo que protegía un corte del día anterior.

Después de que la mujer de aspecto de «Europa del Este «rastró sus dedos enguantados sobre el cuerpo de D., también se mostró muy interesada en mi pelo», escribió D., «y pasó sus dedos a lo largo de mi cuero cabelludo para ver si había algo en mi pelo».

A medida que la mujer policía la tocaba, D. escribió que la mujer dijo: «Disculpe las molestias, señora. Le dije que no lo llamase molestia. «No lo llames de esa manera. Es una humillación». Ella respondió: «Siento que lo vea así». Yo le respondí: ‘»No es así como yo lo veo. Esto es lo que están haciendo. Ustedes humillan a la gente».

«Y entonces, con toda seriedad, ella responde: ‘Bueno, ahora ya sabes lo que nos hicieron en Alemania’. En ese momento estaba de espalda a ella. Me di la vuelta para mirarla. Simplemente la miré encolerizada y le dije: ‘¿En serio? ¿Y qué te produce eso, entonces? Con una cara en blanco respondió: «No lo sé, señora».

Respondí a D. en un correo electrónico: «El control de seguridad, el desperdicio del tiempo, la condescendencia, creo todo eso porque he escuchado testimonios similares. Pero, ¿un comentario tan estúpido? Si algún otro me dijera tal cosa, yo no lo habría creído».

D. contestó: «Yo estaba totalmente sorprendida cuando escuché el comentario, por la forma franca y reveladora que tenía. Y en este punto mi cuerpo se puso contra mí y mis lágrimas ya estaban empezando a fluir, a pesar de mi fuerte tono. Tuve que dar la vuelta y enfrentarme a ella para asegurarme de que no estaba bromeando. Cuando me di cuenta de que estaba hablando en serio, le pregunté qué hice».

El cacheo corporal tomó 20-25 minutos, según la estimación de D. Todavía faltaban 25 minutos para que el avión despegara. El resto del trayecto hasta la puerta fue rápido, incluso la entrega del portátil a otra gente de seguridad a cambio de algún tipo de recibo.

Varios días después de aterrizar en la ciudad donde vive, D. fue al aeropuerto a recoger su portátil. Amigos que conocen acerca de las computadoras revisaron el ordenador portátil y dijeron que sospechaban que los datos fueron descargados, tal vez para un futuro monitoreo.

No recabé ningún comentario de la Autoridad de Aeropuertos de Israel. Ellos sólo darían la respuesta convencional: «Todo se lleva a cabo de acuerdo con las instrucciones de los oficiales de seguridad [lo que significa del servicio de seguridad Shin Bet], de acuerdo con la ley, y lamentamos las molestias causadas al pasajero».

Pero esa no es la razón por la que renuncié a preguntar. Tanto D. como yo tememos la venganza del aparato burocrático de seguridad. Denunciar abiertamente lo que ocurre detrás del escenario en el aeropuerto Ben-Gurion podría se costoso en el futuro de D. Podría ver «denegada la entrada por motivos de seguridad».

Fuente: http://www.haaretz.com/news/features/.premium-1.567157 

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En huelga de tres días, refugiados africanos protestan por el reconocimiento de sus derechos

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(Prensa Latina) Una multitud de refugiados africanos estimada ayer 6 de enero en 30 mil personas marchó por las calles de esta ciudad en protesta por el trato discriminatorio de que son objeto por las autoridades israelíes.

Somos refugiados; Sí a la libertad, no a la prisión, corearon los protestantes congregados la víspera en la plaza Yitzhak Rabin, nombrada en honor al único primer ministro muerto en un atentado en este país, que tiene una de las sociedades más vigiladas del mundo.

Rabin obtuvo el premio Nobel de la Paz por haber propugnado un acuerdo de paz con los palestinos y fue asesinado en un acto político en 1995 por un estudiante sionista.

Los manifestantes criticaron la negativa de concederles el estatuto de refugiados y las detenciones sin juicio de cientos de indocumentados que han solicitado asilo político y les ha sido negado.

Las autoridades alegan que permitir el asentamiento en el país de personas de la raza negra puede afectar la pureza étnica de la población.

Dos semanas atrás una diputada judía de origen etíope protestó de forma airada cuando fue a donar sangre para contribuir a una campaña humanitaria y los paramédicos rehusaron atenderla aduciendo que no era de raza blanca.

Portavoces oficiales admitieron que la marcha pacífica es la mayor jamás protagonizada por extranjeros en el país y un diputado de extrema derecha, Ali Yishai, los calificó de «infiltrados por entidades humanitarias antisionistas».

En su inmensa mayoría provenientes de Eritrea y Sudán, los indocumentados alegan que de ser devueltos a sus países, sus vidas peligran.

Hoy lunes, los refugiados protestaron frente a diversas embajadas.