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Tres vías para que Israel responda por sus crímenes ante la justicia

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52478Palestinos sentados en una tienda de campaña, junto a las ruinas de sus casas destruidas en Beit Lahiya, Franja de Gaza, 11/08/14. (Foto: Reuters / Suhaib Salem)

Desde que las primeras bombas israelíes destruyeron casas palestinas en el reciente ataque militar contra Gaza, numerosos grupos de derechos humanos han acusado a Israel de crímenes de guerra.

Human Rights Watch, por ejemplo, ha documentado testimonios de civiles palestinos que fueron atacados y asesinados cuando huían de Juzáa, un pueblo cercano a la valla de separación israelí. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha puesto en marcha una investigación que examinará las alegaciones de crímenes de guerra contra ambas partes.

Pero la gran pregunta es si los soldados o jefes militares israelíes responsables de los presuntos delitos serán llevados ante los tribunales. Esto no es probable que suceda en el sistema judicial israelí. Las solicitudes de indemnizaciones no suelen prosperar en los tribunales civiles israelíes. El ejército israelí no investiga alegaciones concretas de crímenes de guerra, pero según el grupo israelí de derechos humanos B’Tselem, “no existe actualmente en Israel ningún organismo oficial capaz de llevar a cabo investigaciones independientes de presuntas violaciones del derecho humanitario internacional”. Tras la agresión israelí de 2009 contra Gaza, solo fueron condenados por crímenes de guerra cuatro soldados, siendo la pena más dura siete meses de cárcel por el robo de tarjetas de crédito.

Si bien las perspectivas de que los criminales sean juzgados son escasas, hay tres vías distintas que los palestinos y sus simpatizantes pueden ensayar para obtener justicia. Son las siguientes.

La Corte Penal Internacional

Esta es la principal opción para los palestinos, a pesar de que la Autoridad Palestina (AP) se haya resistido a utilizarla desde que, en 2012, obtuvo el estatus de estado observador en la ONU. Ese estatus ofrece al estado observador el poder de dar a la Corte Penal Internacional (CPI) jurisdicción sobre los crímenes cometidos en territorio palestino. (Antes de la votación de la ONU, la CPI anunció que no tenía jurisdicción sobre los delitos cometidos en territorio palestino porque no podía decidir si Palestina era o no un estado.) Los palestinos no han ejercido ese poder todavía. Estados Unidos e Israel se han opuesto enérgicamente a la posibilidad de que la AP se una al Estatuto de Roma, el tratado por el que se creó la CPI. Este tribunal fue creado en 2002 para juzgar a personas responsables de delitos graves contra el derecho internacional.

Los palestinos han comenzado a dar pasos lentamente hacia la firmado del citado tratado. Como ha señalado Allison Deger, de Mondoweiss, las autoridades palestinas han escrito cartas para adherirse al Estatuto de Roma. Además, también pueden presentar una declaración que solicite la jurisdicción de la CPI, una iniciativa que fracasó anteriormente porque Palestina no tenía todavía el estatus de estado. Hamas ha expresado su apoyo a la adhesión al Estatuto de Roma, a pesar de que sus lanzamientos de cohetes contra los israelíes también podrían ser investigados.

Si los palestinos deciden firmar el Estatuto de Roma, Abas podría pedir una investigación sobre los crímenes cometidos en Gaza. Eso podría desencadenar una reacción de EEUU e Israel, que podría implicar la interrupción de la ayuda económica a la Autoridad Palestina.

Otra opción sería que el Consejo de Seguridad de la ONU remitiera el caso a la Corte Penal Internacional, tal y como fue sugerido por el Informe Goldstone. Pero puesto que EEUU tiene poder de veto en el consejo, esa vía está condenada al fracaso.

Justicia universal

Este principio, inaugurado con los juicios de Nüremberg, sostiene que un estado tiene jurisdicción sobre los delitos más graves en virtud del derecho internacional. Entre estos delitos figuran los crímenes de guerra, genocidio, tortura y crímenes contra la humanidad. Muchos estados tienen leyes que establecen la jurisdicción universal. Figuras como el dictador chileno Augusto Pinochet han sido detenidas y procesadas en base a este principio. Pero en muchos casos, consideraciones políticas y cuestiones legales han impedido el ejercicio de la justicia universal.

Cualquier estado que tenga leyes que autoricen la jurisdicción universal podría, en principio, iniciar un caso contra los soldados u oficiales israelíes presuntamente responsables de aquellos delitos en la reciente ofensiva de Gaza. Sin embargo, el historial de procesamientos por supuestos crímenes de guerra es realmente desalentador.

El caso más famoso fue abierto en España contra Avi Dichter, exdirector del Shin Bet que ordenó un ataque aéreo contra la casa del miembro de Hamas Saleh Shehadeh en Gaza. El ataque mató a Shehadeh, su esposa, su hija y otros civiles que vivían cerca. El Centro Palestino de Derechos Humanos presentó cargos por crímenes contra la humanidad contra Dichter en España y un juez decidió abrir el caso en 2009. Pero a finales de ese año, el caso fue cerrado.

El Centro para los Derechos Constitucionales presentó una demanda contra Dichter en EEUU por el mismo motivo, pero un tribunal de apelaciones declinó continuar con el proceso, remitiéndolo al poder ejecutivo.

Durante muchos años, las autoridades israelíes han temido viajar al Reino Unido desde que, amparándose en el derecho británico, un grupo de ciudadanos solicitara la justicia universal contra extranjeros que visitaran el país. En 2005, Doron Almog, exoficial del ejército de Israel, huyó de Gran Bretaña después de haber viajado al país. Al parecer, los servicios de seguridad británicos estaban esperándole en el aeropuerto para arrestarle, pero Almog nunca cruzó el control de aduanas.

Después de una intensa presión ejercida por las autoridades israelíes, Gran Bretaña modificó sus leyes de justicia universal en 2011, aunque el diario Haaretz informó el año siguiente que las autoridades israelíes seguían siendo reacias a viajar al Reino Unido por temor a ser arrestadas y sometidas a las leyes de aquel país.

La Corte Internacional de Justicia

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el órgano judicial oficial de la ONU. Pero la capacidad de remitir casos a la CIJ es limitada. La principal vía es que las dos partes estén de acuerdo en someter un caso a la corte. En estos casos, la decisión de la CIJ es vinculante. En el caso de los palestinos, esto es altamente improbable. Israel y los palestinos no van a estar de acuerdo en someter disputas a la corte internacional.

Otra vía es que, a solicitud de los palestinos, la Asamblea General de la ONU remita un caso a la corte tras una votación. Esto solo daría lugar a una decisión consultiva, no vinculante, muy parecida al veredicto de la CIJ de 2004 que estableció que el muro de separación de Cisjordania y los asentamientos eran ilegales de acuerdo con el derecho internacional.

Fuente: Three ways Palestinians can hold Israel accountable for Gaza war crimes,

Alex Kane es periodista independiente y estudiante de licenciatura de los programas de Estudios de Oriente Próximo y Periodismo de la universidad de Nueva York. Puede seguirle en Twitter: @alexbkane

Acerca del traductor:  Javier Villate mantiene el blog Disenso, con artículos, análisis y traducciones sobre Palestine, Israel y Medio Oriente. Le puedes seguir en Twitter como @bouleusis

Fuente: Alex Kane, Mondoweiss / Traducción: Javier Villate en el Blog Disenso

http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=52478

Spiderman en Hebrón

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Por Joan Cañete Bayle.

A los siete años, a un niño le puede gustar hablar de Spider-Man. O de Batman. O de Iron Man. O de los Vengadores, los de dibujos animados. A los siete años un niño se esfuerza en mejorar su caligrafía en el colegio, lee textos más complejos, se expresa mejor, pero sobre para él la escuela un lugar donde jugar con otros niños. A los siete años a un niño le suele chiflar un balón, sigue imaginándose al volante de Rayo McQueen y Dusty, sin ser ‘Cars’, no está tan mal. A los siete años la vida de un niño la forman papá, mamá, los hermanos, las hermanas, los primos, las primas, las tías, los tíos, las abuelas, los abuelos, lapiceros, folios, rotuladores, celo, tijeras con la punta redondeada, cartulinas de colores, merienda de nocilla, coches de carreras, muñecos, dibujos animados, superhéroes, futbolistas, Messi, o Cristiano Ronaldo. A los siete años, un vaso de leche por la mañana, un vaso de leche por la noche, y entre medio la escuela. A los siete años la guerra es (o debería ser) una cosa que sale en la tele y los soldados, un juguete.

Siete años tiene el niño palestino que hace unos días fue detenido durante 40 minutos en Hebrón por tres policías de fronteras israelíes por lanzarles piedras antes de ir a la escuela. El vídeo muestra al pequeño siendo arrastrado por los soldados, llorando, pataleando. El niño lleva una cartera de Spider-Man, a los niños palestinos también les gusta Spider-Man. Los policías de fronteras llevan casco, y chaleco, y aunque no se ve en la imagen supongo que irán armados, todos los israelíes, militares o civiles, policías de fronteras o colonos, van armados o tienen un arma cerca.

No es la primera vez que sucede esto en Hebrón, o en otras partes de los territorios ocupados. Me acuerdo, por ejemplo, de Wadi Maswadeh, que tenía cinco años cuando le sucedió lo mismo. El Ejército israelí califica lanzar piedras como un acto de terrorismo. Un menor puede ser condenado hasta a 20 años por ello. En Israel, los niños son los menores de 18 años; en los territorios ocupados, son niños los menores de 16. Se les juzga en tribunales militares y, a partir de los 12 años, tienen responsabilidad penal. Hay estadísticas de todo tipo: según el propio Servicio de Prisiones de Israel hay alrededor de 250 presos palestinos menores en las cárceles israelíes, de los que medio centenar son delincuentes comunes y el resto, “presos de seguridad”. Las ONG palestinas hablan de unos 10.000 niños arrestados desde el 2000. Un informe de Euro-Mid Oberver for Human Righst habla de unos 2.500 niños y jóvenes detenidos entre enero del 2010 y junio del 2014. El informe se acompaña de algunos vídeos muy clarificadores. Encontraréis más cifras googleando un poco. Los efectos psicológicos son devastadores: estrés postraumático, ataques de ansiedad, pesadillas.

Veo el vídeo del último niño, transportado por los tres muchachotes de la Policía de Fronteras, esa cartera de Spiderman igual a la que podemos ver en cualquier escuela occidental, y me acuerdo de Wadi Maswadeh. Y de Iman al Hams. Y de Mohammed al Durrah. Y de Mohammed Abu Khdeir. Y de los más de 500 niños asesinados este verano en Gaza. Y de los dos niños que este estío se libraron por los pelos de ser secuestrados por colonos en Jerusalén Este. Y también de Golda Meir, la primera ministra israelí que dijo eso de “We can forgive the Arabs for killing our children. We cannot forgive them for forcing us to kill their children. We will only have peace with the Arabs when they love their children more than they hate us”, una de esas frases que la hasbara convierte en clichés y que sionistas de todo tipo y condición repiten cual mantras. Y sí, también me acuerdo de los trovadores y escribas de la paz. De ellos no me olvido nunca.

Sí, los palestinos aman a sus hijos, por supuesto, y por eso, porque quieren un futuro mejor para ellos que ser detenidos por lanzar piedras a los soldados de uno de los mejores ejércitos del mundo, muchos de ellos optan por la resistencia contra Israel, en algunos casos armada. Y no, no voy a decir que los israelíes odian a los niños palestinos. Lo que diré es que el mecanismo de la ocupación es inhumano, que humilla al ocupado y embrutece al ocupante, que carece de cualquier rastro de decencia humana, que ver el vídeo de la detención del niño de siete años de la cartera de Spider-Man y no sentir otra cosa que no sea repulsión es una habitación con vistas al abismo. Esos soldados cumplen órdenes, las órdenes decididas por unos políticos, sustentados por un electorado, basadas en una ideología. Eso es la ocupación israelí de los territorios ocupados, una maquinaria inhumana. Que haya sucedido en Hebrón tan sólo le añade simbolismo: si uno quiere saber qué sucede en Israel y los territorios ocupados y no tiene mucho tiempo, con una mañana en Hebrón, visita a la casbah incluida, basta. Es la mejor vacuna anti-equidistancias, es un baño de realidad.

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Veo el vídeo de la detención del niño de siete años, con su cartera de Spiderman, con su cara desencajada de puro terror, y me acuerdo de Peter Parker, y de su tío Ben, y de eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Eso ocurre en los cómics y en las películas, claro. Porque Spiderman no está en Hebrón, eso parece evidente. Como a la justicia, ni se le espera.

@jcbayle

Fuente: http://decimaavenida.wordpress.com/2014/09/09/spider-man-en-hebron-isarel-palestina-ninos/

Boicot a Israel, artistas en Argentina

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No compres productos con código de barras 729, de origen israelí o que financien al Estado de apartheid de Israel.

 

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Crónicas Palestinas n°729 no: Hummus y BDS

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Por Tali Feld Gleiser.

A Antzine Biain.

Los pueblos del mundo están demostrando su solidaridad con Palestina y pidiendo, entre otras cosas, que el Estado sionista pare la masacre en Gaza. Tras 36 días, solo algunos gobiernos de Nuestra América se han expresado en contra de los ataques de Israel. Estados Unidos, Canadá, Europa y los países árabes siguen con su complicidad asquerosa. Pero cuando acabe el bombardeo «definitivamente», ¿habrá terminado el problema? ¿Dejamos las calles y volvemos con la conciencia tranquila a nuestras casas?

El genocidio del pueblo palestino empezó incluso antes de 1948, con el nacimiento de la ideología sionista.

“El movimiento sionista se formó a finales del siglo XIX, con el objetivo de crear una patria para los judíos a través de la formación de un “… movimiento nacional para el retorno del pueblo judío a su patria y la reanudación de la soberanía judía en la tierra de Israel… La creación de un Estado nacional judío en un país con una muy pequeña minoría judía sólo podría ser concebible mediante el desplazamiento forzoso de la población indígena existente junto con la implantación de nuevos colonos judíos… La idea de «transferencia» en el pensamiento sionista ha sido rigurosamente trazada por Nur Masalha en su “La expulsión de los Palestinos. El concepto de «transferencia» en el pensamiento político sionista, 1882-1948”, y se resume en las palabras de Israel Zangwill, uno de los primeros pensadores sionistas que, en 1905, declaró que «si queremos dar un país para un pueblo sin país, es una tontería permitir que sea el país de dos pueblos». Yosef Weitz, ex director del Departamento de Tierras del Fondo Nacional Judío, fue aún más explícito cuando, en 1940 , escribió que: «… Debe quedar claro que no hay lugar en el país para ambos pueblos (…) la única solución es la Tierra de Israel, al menos una Tierra de Israel occidental sin árabes. No hay espacio aquí para el compromiso. (…) No hay otra opción que transferir a los árabes de aquí a países vecinos (…) No se puede dejar ni un solo pueblo, ni una sola tribu de beduinos…”.1

Una de las acciones que todos podemos poner en práctica es no comprar productos con el código de barras 729, que es el código que corresponde a Israel.

boicot israel

¿Y qué es la campaña BDS?

La campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel nace en el 2005 con un llamado lanzado por más de 170 organizaciones de la sociedad civil palestina a la comunidad internacional pidiéndole que aplique dichas medidas coercitivas “hasta que Israel cumpla con el Derecho Internacional y los principios universales de los Derechos Humanos”.

Ante el fracaso continuado de las “conversaciones de paz” entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) tuteladas por Occidente desde 1991 (Conferencia de Madrid) y la violación sistemática e impune de la legalidad internacional por parte de Israel, la sociedad civil palestina decidió pasar a la acción y lanzar esta campaña internacional no violenta. La campaña palestina de BDS se inspira en la campaña similar que se aplicó contra el régimen de apartheid sudafricano, y que contribuyó decisivamente a la caída de aquel régimen racista.

El BDS busca poner fin a las políticas que el régimen sionista implementa en Palestina desde 1948, cuyos tres rasgos principales son: ocupación, colonización y apartheid. La campaña no se dirige contra las ciudadanas y ciudadanos del Estado judío, ni mucho menos contra los judíos del mundo (muchos judíos participan en el BDS, también dentro de Israel), sino contra las instituciones que sostienen y financian dicho régimen opresor. Hay que destacar que esta campaña nace en el seno de la propia sociedad palestina y se proyecta hacia el exterior. Ello le da una legitimidad y una fortaleza ética enormes, evitando así los riesgos de caer en el paternalismo y el eurocentrismo en la solidaridad internacional con Palestina.

¿Hasta cuándo estará activa la campaña de BDS? Hasta que Israel cumpla sus tres demandas centrales, todas ellas fundamentadas en el respeto al Derecho Internacional y los Derechos Humanos:

  1. El fin de la ocupación y colonización de todas las tierras árabes tomadas en 1967 (Jerusalén Este, Cisjordania, Franja de Gaza y Altos del Golán sirios) y el desmantelamiento del Muro;
  2. El otorgamiento de plenos derechos a los ciudadanos árabe-palestinos de Israel (que son un 20% de la población del Estado judío); y
  3. El respeto, protección y promoción del derecho de los refugiados palestinos a retornar a sus casas y propiedades, tal como lo estipuló la resolución 194 del Consejo de Seguridad de la ONU (hoy suman más de cinco millones según la UNRWA).2

Empresas que ayudan a financiar al Estado sionista3

productos bds

Hummus y BDS

hummus

La semana pasada estuve en el pueblo de Zumárraga hospedándome en la casa de mi amiga (casi) palestina Antzine Biain y me ofrecí para hacer hummus. Compramos los ingredientes que faltaban: garbanzos, limón y tahini. Subo las compras al departamento y recién allí se me ocurre verificar el código de barras. ¡Horror! ¡El tahini tiene el código 841! Hacía unos días había empezado a circular lo que se ve en la siguiente foto:

codigos de barras equivocados 871 841

Cuando Antzine llegó, le relaté el horror de que justo nosotras hubiéramos comprado un producto de la marca Monki con el código 841, que en realidad debería ser boicoteado. Volvimos a la herboristería, le explicamos a la dueña (que entendió perfectamente) y lo cambiamos por otro tahini (3 euros más caro). Regresamos a casa y Antzine se puso a revisar los códigos de barras de los otros productos que tenía en su despensa y heladera. Más horror: 841 por todos lados, los tentáculos sionistas estaban en las lentejas, el atún, la mayonesa, ¡la cerveza! “No es posible”, dije, “aquí tiene que haber un error”. Efectivamente, investigando en internet descubrimos que el código de barras 841 pertenece a España y el 871, a Holanda. Por lo tanto, el único código (hasta ahora) que le corresponde a Israel es el 729. La conclusión es que para cualquier otro código hay que fijarse en el origen: si es Made in Israel, ese producto no se debe comprar si estás de acuerdo con el boicot.

No se olviden de que uno de los motivos de la caída del régimen de apartheid de Sudáfrica fue el boicot comercial, deportivo, cultural, académico, etc.

La «crisis» en Palestina no termina con el alto al fuego “definitivo-hasta-el-próximo-bombardeo”. La Ocupación israelí de Palestina sigue su curso, los colonos continúan en sus fortificadas colonias, la reconstrucción de Gaza será muy complicada, la cárcel a cielo abierto no será desmantelada, niños palestinos seguirán siendo encarcelados, las humillaciones cotidianas aún serán la diversión de los soldados israelíes, el gobierno y la mayoría de los israelíes insistirán en que son las eternas víctimas y por eso el Estado de Israel deberá tener carácter judío, lo que para ellos es muy democrático y justo, las resoluciones de la ONU (sin comentarios), el Derecho Internacional y los derechos humanos (entre ellos el derecho al retorno) del pueblo palestino seguirán siendo violados sistemáticamente.

Por eso, todos tenemos un arma para contribuir a que el largo y planificado genocidio del pueblo palestino se acabe y que la propaganda israelí deje de tener efecto. Esa herramienta es el BDS. De cada uno de nosotros depende…

no le compro al sionismo

Fuentes:

El constante desplazamiento forzoso del pueblo palestino. Por Amjad Alqasis.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168215

2 http://boicotisrael.net/bds/que-es-bds-contra-israel-y-por-que-esta-funcionando/ 

3 Listado de productos y por qué deben ser boicoteados http://www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=19781

4 Una receta de hummus http://www.gastronomiaycia.com/2008/01/10/hummus-pure-de-garbanzos-delicioso-y-nutritivo/

Crónicas desde Palestina I

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Texto y fotos por Los Otros Judíos, desde Palestina.

Despertador para las 6:45, no vaya a ser que me quede dormida por primera vez en mi vida. Abro los ojos y son las cuatro. A pesar del cansancio de tantos partidos de Mundial a la una de la mañana, el olor a vaca del kibutz lo invade todo, al punto de no dejarme dormir. Veo si hay alguna novedad en internet y respiro hondo. Vuelvo a abrir los ojos a las seis y el sol ya entra por las rendijas. Repaso mentalmente todo lo que tengo que llevar y cuando me doy cuenta ya estamos en el auto camino a la estación del tren Akko-Akka.

Estación del tren

Estación del tren.

¿Alguien trae bombas en la mochila?

Desde que llegué me choca la “normalidad” que se ve desde cuando uno llega al aeropuerto hasta el norte en la frontera con El Líbano. Solo “pequeños” detalles de seguridad: hay detectores de metales en las entradas de centros de compras o estaciones de tren y autobuses.

Visitamos la ciudad palestina de Acre, uno de los asentamientos poblados más antiguos del mundo. Hoy en día forma parte de la Palestina histórica y fue tomada por los sionistas en 1948, por lo cual es administrada por Israel.  La mayoría de los palestinos fueron expulsados de la ciudad. Actualmente solo el 25% de la población es nativa, o sea, palestina. Durante el paseo no fue posible ver ni un soldado israelí, sí muchos turistas paseando, de todos los orígenes posibles. Busqué con especial atención alguna señal de que hubiera una vigilancia especial. Una aparente normalidad lo invadía todo.

Murallas de la ciudadela de Acre desde la playa

Murallas de la ciudadela de Acre desde la playa.

Ciudadela

Ciudadela

Hasta que se me ocurrió ver televisión. Si no fuera por el idioma, se podría pensar que era un canal pasteurizado de cualquier parte del mundo: un modelo (anti) periodístico en el que se habla del Mundial de Brasil y del evento que ocupa todo lo que sucede en Israel: tres adolescentes religiosos de las colonias (las colonias son ilegales por definición), desaparecidos, o secuestrados según la prensa sionista, aunque todavía ninguna organización se atribuyó el hecho. Pero el primer ministro Netanyahu, sin investigación, ya sabe que fue Hamas, porque fue lo que el servicio secreto le informó, según sus propias palabras.

3 adolescentes entregan plegarias y la gente se para a rezar delante del cartel.

Tres adolescentes entregan plegarias y la gente se para a rezar por los tres colonos desaparecidos delante del cartel.

A todo momento aparecen en la televisión las madres de los jóvenes, sonrientes; son parte del espectáculo. Una, hasta bromea y dice que confía en Dios y es optimista. Nada de lágrimas ni lamentos. Solo les falta darle gracias al todopoderoso por estar pasando por esta situación.

La campaña para traer de vuelta a los muchachos, que estaban haciendo dedo muy cerca del pueblo donde me encuentro (Beit Ummar) y viven en los Territorios Ocupados, se transformó en el mayor castigo colectivo a Cisjordania en los últimos 10 años, con redadas en toda el área de Hebrón, de día y de noche, heridos, muertos y más de 200 palestinos secuestrados (además de los más de 5200 que se encuentran en las cárceles israelíes, algunos sin acusación de ningún tipo – detenciones administrativas). Casualmente, este hecho sucede después de que la Autoridad Palestina, que gobierna Cisjordania, y Hamas, que controla la Gaza estrangulada por un bloqueo (Nuestra América, ¿les suena la palabra bloqueo?), anunciaran un gobierno de unidad. Cuando hasta el perrito faldero de Estados Unidos empieza a pedir que el gobierno israelí pare la construcción de colonias judías en Cisjordania y la Unión Europea comienza a tomar medidas contra los productos de estas colonias, Netanyahu se las da de gran estadista y ofrece conferencias de prensa a toda hora prometiendo traer de regreso a los jóvenes y, por supuesto, debilitar a Hamas.

Escribo sin parar en el tren que me lleva a Tel Aviv, mientras empiezo a ver “por fin” cada vez más soldados verde oliva. Son jóvenes que podrían ser como cualquier otro, pero que cumplen con un servicio militar de tres años los varones y dos, las mujeres, en una sociedad completamente alienada y ajena a la cuestión palestina. Los hombres llevan la ametralladora como si fuera la prolongación de su cuerpo. Es esa misma arma la que apunta y mata personas inocentes, no importa si son ancianos o niños.

soldados

Soldados en Jerusalén

Soldados en Jerusalén

El pensamiento viaja a la velocidad del tren, salta de la anormal normalidad israelí a la realidad de la Ocupación, que conozco tan bien, o eso creo. Perdida en mi mundo, casi me paso de estación y nadie en mi vagón me contesta si esa es la estación Savidor, la mayoría son rusos que no saben inglés y casi nada de hebreo. Salto en el último segundo rumbo al bus que me llevará a Jerusalén Este, y luego a Cisjordania, Palestina Ocupada.

Hacia Ramala, Territorios Ocupados, estación de buses palestinos, Jerusalén Este.

Hacia Ramala, Territorios Ocupados, estación de buses palestinos, Jerusalén Este.

Contra Palestina, primero se creó el discurso

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Por Teresa Aranguren.

La frecuencia con la que un tema aparece en los medios de comunicación no conlleva necesariamente un mejor conocimiento de esa realidad, pero sí genera una opinión sobre ella. En el caso de Palestina, esa opinión se traduce en un “eso no hay quien lo entienda”, “eso no tiene arreglo” o, modelo de comentario con pretensiones históricas, “eso lleva así desde tiempo inmemorial y… no hay quien lo arregle, ni quien lo entienda”. Es decir, que mejor no hacer nada. Aunque la confusión siempre favorezca al opresor.

p61_palestina_juan-fenderEl drama de Palestina, que no tiene nada de inmemorial, comenzó con el lenguaje. Primero se creó el discurso, la narrativa de la historia; el expolio y la ocupación de la tierra vinieron después.

El discurso negacionista de la realidad de Palestina prendió fácilmente en el caldo de cultivo político-cultural del Occidente colonial. Resulta significativa la naturalidad con la que un mito (“la tierra prometida por Yahveh”) y una falsedad fácilmente comprobable (“una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra) adquirieron categoría de hechos evidentes.

Porque Palestina no era un desierto, ni un espacio vacío. Se sabía que había un pueblo, había censos de sus habitantes, registros de la propiedad, contratos comerciales, periódicos (a finales de los años 20 había más periódicos en Palestina que en España), había comerciantes, campesinos y campesinas, hombres de negocios, escritores, poetas, personas ricas y pobres, conservadoras y progresistas. Un pueblo, en fin. Y, sin embargo…

La necesidad de establecer una continuidad entre el mítico tiempo bíblico y el tiempo actual requirió borrar la historia real de Palestina, ya que su relato cuadraba mal con el discurso excluyente del movimiento sionista. En la operación de limpieza étnica que se llevó a cabo en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel no sólo se trataba de vaciar el territorio de población árabe, sino de eliminar las huellas de su presencia y su pasado. Por eso, tras la expulsión de sus habitantes, se procedía a destruir los pueblos y borrar sus nombres del mapa. La arqueología y la toponimia siempre han sido temas políticos en Israel.

Como el lenguaje. Y hay que preguntarse cómo se ha conseguido que al hablar de violencia en la zona se sobreentienda que se habla de “violencia palestina” (tanto la del terrorista suicida como la del niño que lanza piedras al ejército israelí), pese a que los datos del pasado y del presente reflejan que la violencia incomparablemente más mortífera y atroz es la de Israel. Y hay que preguntarse también por qué el término ocupación está prácticamente desaparecido de la crónica periodística o por qué se afianza la expresión “colonias ilegales”, ¡como si hubiera algunas legales!, asumiendo la tesis del ocupante y desechando la versión no del ocupado sino del Derecho Internacional.

La perversión del lenguaje es más peligrosa cuando se produce “naturalmente”, cuando simplemente sigue la corriente. Y la corriente va en la dirección marcada por la versión israelí, que, aun con diferencias de grado y matiz, es también la versión de Occidente.

Pero la realidad no es cuestión de versiones. Hay versiones elaboradas para falsearla, ocultarla, negarla. Contar la realidad de Palestina requiere atravesar la telaraña tejida con silencios, medias verdades y mentiras redondas con la que se ha intentado borrar su pasado y ocultar su presente.

La realidad de la ocupación, la violencia impune de los colonos, el muro, los controles, las incursiones militares diarias, los registros, los secuestros disfrazados de detención, la atrocidad cotidiana y el paulatino e imparable robo de la tierra, apenas ocupan espacio en los medios de comunicación, así que su existencia es percibida débilmente, casi como un elemento colateral de una situación “normalizada”. Una cineasta y amiga de Ramala me dijo no hace mucho: “La ocupación no siempre nos mata, pero siempre nos impide vivir”.

Desde hace mucho tiempo, sobre Palestina, las palabras no se usan para contar lo que pasa, sino para ocultar la dimensión de la tragedia.


Teresa Aranguren es periodista y autora de los libros Palestina: El hilo de la memoria y Olivo Roto: Escenas de la ocupación. Es miembro del Consejo de Administración de RTVE.

Artículo publicado en el nº61 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2014, monográfico sobre comunicación, poder y democracia.

Sahar Vardi y Micha Kurz: Resistirse a la complacencia en un país insensibilizado con la ocupación

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Sahar Vardi y M. A. Moreno

Resistirse a la complacencia en un país militarizado e insensibilizado con la ocupación por décadas del territorio que pertenece a otro pueblo. Esa es la decisión que, por caminos muy distintos, han escogido los jóvenes israelíes Sahar Vardi y Micha Kurz, activistas de Jerusalén, que describen la sociedad israelí como “militarizada” y reconocen cierta insensibilidad en sus compatriotas, que viven “en una burbuja” y toman el conflicto palestino-israelí más como un aspecto teórico que como algo “personal”.

“La sociedad israelí ha sido capaz de ‘despolitizarse’ a sí misma –explica la activista respecto a la ocupación de territorios palestinos-. La gente puede estar de acuerdo o no, apoyarte o rebatirte, pero nunca es un gran problema, no tiene mucha trascendencia. No sentimos el conflicto como propio, en el lado israelí”, agrega Sahar Vardi, activista de 24 años que estuvo encarcelada durante tres meses por haber objetado de hacer el servicio militar, obligatorio para los jóvenes que cumplen 18 años en el país hebreo.

Esa falta de preocupación por el conflicto en general y por las penalidades de la población palestina, que depende para ir al colegio, al trabajo o al hospital de los soldados israelíes que vigilan los puntos de control fronterizos o checkpoints, es una percepción compartida por el exsoldado israelí Micha Kurz, ahora activista pro palestino en la organización Grassroots Al-Quds (Jerusalén de base, por el nombre árabe de la ciudad), un grupo de activismo de base que se dedica a fortalecer los lazos entre los distintos barrios de población palestina en la ciudad.

“Cuando terminé el servicio militar creo que hubo dos cosas verdaderamente cruciales que yo quería que mi familia entendiera. Teníamos discusiones políticas, hablábamos de lo que pasaba, pero lo que era obvio para mí era que mi madre no tenía las claves para saber realmente lo qué estaba pasando realmente en Ramala, que está a 20 minutos en coche de donde crecí. O en Hebrón, que está a apenas una hora conduciendo de Jerusalén”, explica Kurz, cofundador además de la organización ‘ Breaking the silence‘ [Rompiendo el silencio], dedicada a recopilar testimonios de soldados israelíes que sirvieron en Cisjordania.

La vida desde un puesto de control

Micha Kurz entró en el ejército a los 18 años como parte del servicio militar obligatorio y con una clara vocación castrense. “Crecí en los scouts, que en Israel no tratan tanto de entrenar el liderazgo , sino de prepararte para el Ejército (…) Quería estar en una unidad de élite, ser piloto o soldado de combate”, recuerda. Ingresó en 1999, durante la Segunda Intifada, y fue enviado a un puesto de control, donde con apenas 19 años pasó a controlar una población de 900 palestinos que tenían que pasar por su puesto de control para poder acudir al trabajo o a la escuela.

“Yo controlaba toda una población civil, una sociedad entera. Tenía que decidir si la gente podía ir al trabajo, si podía ir a comprar, si los niños iban a ir al colegio ese día”, dice Kurz, que recuerda cómo comenzó a darse cuenta de que la realidad del ejército no era como la había imaginado.

“El entrenamiento está basado en cómo seguir las órdenes, y no cuestionar lo que dice el sargento (…) Durante mi servicio en el Ejército estuve en Hebrón, en Ramala y necesité mucho tiempo para entender lo que pasaba. Me di cuenta de que estábamos protegiendo no solo las fronteras, sino también los asentamientos, y no solo protegiendo a los colonos, sino permitiendo y apoyando su expansión”, explica Kurz. El ex soldado hoy ejerce de activista junto a la población palestina de Jerusalén, la mayor área urbana del pueblo palestino, partida por el muro de separación levantado por Israel en 2002 y “capital futura de Palestina” en palabras del joven israelí.

“Israel es una sociedad militarizada, comenzando por el servicio militar obligatorio, lo cual es una cosa básica. Pero incluso la forma de la que somos educados, la normalidad de ver pistolas en cualquier lugar en la calle. Es algo normal para nosotros, no las vemos, son transparentes. Si te fijas en la publicidad, la mejor forma de vender algo es poner un soldado en el anuncio”, explica Vardi, que desde muy pequeña tuvo una visión del conflicto completamente distinta a la de Micha Kurz, al haber visitado desde los 13 años los territorios ocupados y haber tenido relación con los palestinos.

“Descubrí una realidad muy diferente, en la que mis amigos eran ilegales en sus propias casas”

El caso de Vardi era particular en su contexto cercano en Jerusalén no solo por haber conocido a palestinos desde adolescente –“Hablábamos sobre cosas normales, que odiábamos las matemáticas, pero también descubrí una realidad muy diferente, en la que mis amigos eran ilegales en sus propias casas, o nos llamaban para que fuéramos a recogerlos de la comisaría o de un checkpoint”, explica— , sino también por pensar distinto en una sociedad en la que se educa a los más jóvenes para permanecer a la espalda de la ocupación de un territorio.

“En el sistema educativo la ocupación prácticamente no existe. La palabra ‘palestinos’ no existe. Son árabes, no palestinos”, dice Sahar Vardi, que cuando iba a cumplir los 18 años, edad del servicio militar obligatorio en Israel, decidió objetar públicamente junto a unos compañeros, llegando a escribir al primer ministro del momento, Ehud Olmert.

“Es bastante fácil no ir al ejército si sabes cómo. El recurso de enfermedad mental es la puerta de atrás para librarse del servicio militar, hay un 12% de la población israelí que lo hace cada año”, explica la activista israelí, que tuvo que sufrir tres meses de cárcel y dos de detención por haber decidido objetar públicamente.

Tomar esta decisión le ha acarreado consecuencias más de rechazo social que legales, aunque Vardi explica que recientemente se ha aprobado una ley que permite priorizar a los que hayan servido en el ejército en prestaciones sociales como sanidad, empleo público o vivienda, discriminando a aquellos que no hayan realizado la conscripción militar.

“Las consecuencias políticas y sociales están aumentando. Una de las leyes que se ha aprobado con este propósito es la llamada ‘ Ley de ONG’, que pretende establecer más impuestos a las organizaciones no gubernamentales de tipo político. Entre ellas, hay un grupo de organizaciones que no van a tener ninguna financiación de entidades extranjeras, aquellas que apoyan la resistencia armada contra Israel, las que apoyan el boicot contra Israel, o las que apoyan la objeción al servicio militar”, explica Sahar, que entiende estas legislaciones como una forma de amedrentar a aquellos que no quieran ir al ejército.

“El pacto se ha roto”

Por su parte, Micha Kurz expone también otra realidad, ya mostrada en 2011 con los movimientos de protesta que se produjeron en varias ciudades israelíes, de que el “pacto” que vinculaba a los israelíes con su ejército a cambio de beneficios estatales está “roto”. “El movimiento sionista se construyó como un sueño socialista de la nacionalidad judía. Mis padres se hicieron sionistas porque se les hizo una promesa. Se ofrecieron servicios públicos, vivienda pública, sanidad, trabajo, pensiones… Lo único que tenías que hacer era servir en el ejército y continuar en la reserva hasta los 45 años”, explica. Ahora, con servicios sociales privatizados y prestaciones disminuidas, la situación es distinta.

“En los checkpoints y en las fronteras no verás soldados de clase media, solo de clases trabajadoras”, agrega Vardi, que asegura que cada vez hay más jóvenes que dejan de hacer el servicio militar obligatorio por motivos económicos, muchos de ellos utilizando la vía de la enfermedad mental, pero otros rehusando de forma pública. “Ahora mismo hay dos objetores públicos en prisión y hay otro que se unirá a ellos el próximo mes”, explica Vardi, que trabaja apoyando a los objetores y denunciando la militarización de su país.

Como activistas, Micha Kurz y Sahar Vardi son críticos con los procesos de negociación actuales, que ven más como “una representación”, pero no como algo que vaya a tener verdadero resultado. Sin embargo, Vardi sí confía en la importancia del boicot comercial a Israel que se va extendiendo, y en su influencia a futuro para la solución del conflicto. “Lo dijo (el secretario de Estado de los Estados Unidos) John Kerry, si estas negociaciones fallan, el boicot a Israel va a crecer”, explica.

“Si las negociaciones fallan, el boicot seguirá creciendo. La gente en el mundo está harta de esto, y está harta de financiar algo con lo que están en contra”, finaliza la joven activista.

Fuente: Miguel Ángel Moreno Ramos para eldiario.es

Un día en un tribunal militar de menores israelí. No hacen falta las palabras.

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ofer

Prisión de Ofer y tribunal militar. Foto: Dawn

Por 4JustPeace.

No entendíamos una palabra, sin embargo entendimos todo _“¿Hablan hebreo? ¿Árabe? ¿Entienden lo que sucede aquí?”_. Los prisioneros habían entrado esposados uno al otro. El juicio ya había empezado en el tribunal. ¡Me llevó unos segundos darme cuenta de que las preguntas del juez estaban dirigidas a nosotros! _“No, su señoría.” _. Podemos no saber el idioma, pero ¡algunas cosas no precisan palabras para ser entendidas!_. La angustia de un padre, las lágrimas de una madre, la aprehensión de un joven, el miedo de un niño, la arrogancia de un soldado, el desdén de un guardia, la indiferencia de un abogado, el pronunciamiento de un juez, es un mensaje transmitido sin palabras.

Jaula para las familias palestinas que esperan para entrar. Foto: Oren Ziv, Active Stills

Mi colega y yo habíamos pedido un permiso para pasar el día en el tribunal militar de la prisión de Ofer. ¡Para creer en lo que allí pasa hay que vivirlo! Llegamos en taxi antes de las 9:00 y buscamos la entrada en vano. No hay señalización. Descubrimos una “jaula” de alambre llena de familias palestinas -más de 200 personas- tal vez el “área de espera” para obtener la autorización para presenciar la audiencia. Los saludamos – ¡Assalamu ‘Alaykum! El padre de uno de los dos niños a los que vinimos a apoyar nos ve y viene hasta la cerca, con una amplia sonrisa en el rostro. El idioma es una barrera, pero se torna innecesario. Se nota que está contento de que hayamos venido.

Nuestra “área de espera” está separada y pasamos las dos horas y media siguientes tratando de convencer a los militares israelíes de que ya teníamos autorización para presenciar las audiencias de ese día. Después de fracasar en varios intentos, finalmente lo logramos y pasamos por una sucesión de puertas, detectores de metal, molinetes, jaulas, una máquina de rayos X y un registro corporal -nos dejaron solo la ropa y unos shekels para la “cafetería” de la cárcel. Nos juntamos con los palestinos que esperaban en otro recinto al aire libre con una pequeña “cantina”, una fuente de agua, baños y algunas sillas. Del lado de afuera están estas 8 “caravanas” (casas rodantes) en ruinas donde se realizan los procedimientos judiciales.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

Audiencia en el Tribunal Militar. Foto: Archivo de Haaretz.

La lista de la mañana revela que la audiencia de nuestra familia no será sino hasta las 3:00. Aprovechamos la oportunidad para presenciar otros casos, yendo de caravana en caravana. Es en una de estas sesiones que las preguntas del juez interrumpen mis pensamientos… Pensaba en la audiencia anterior en que una madre orgullosa se dio vuelta hacia mí y me dijo en un inglés chapurreado: _ Vea, este chico (señalándolo), ¡es mi hijo! Solo lo veo aquí. No tengo visitas_. Yo observaba sus rostros mientras intercambiaban palabras, gestos, miradas robadas. La vi llorar mientras esposaban las muñecas de su hijo y se lo llevaban. Le apreté la mano. No entendí los detalles de por qué estaba allí. No importaba.

A las  2:30 decidimos sentarnos con nuestra familia y esperar a que nos llamaran. El tiempo pasa. El sol se hunde en el poniente. El viento está frío. Y esperamos. Ahora hay como 20 personas en la jaula de espera. El guardia había dejado su puesto. La puerta giraba sobre sus goznes. La cantina cierra hasta el próximo día. El lugar parece desierto. Y seguimos esperando. El padre va y viene con ansiedad. La madre se agarra la cabeza con las manos. Sentimos que no podemos ayudar; no tenemos palabras. Y seguimos esperando. Finalmente, a las 4:50 -10 minutos antes de cerrar- la familia es llamada. Nos hacen una señal y caminamos rápidamente  detrás de ellos, nos dirigimos en fila hacia la única hilera de sillas. El juez trata de impedir que nos quedemos en la audiencia. “Este es un tribunal de menores.” Le decimos que somos amigos de la familia y que tenemos su permiso. Cuando les preguntamos, todos asienten. Estamos orgullosos de acompañarlos.

Pero no estamos preparados. Los dos niños se ven tan pequeños y vulnerables sentados en el área de los presos, los pies esposados el uno al otro. Es evidente que tienen miedo y no saben qué hacer. Los niños miran a sus mamás que tratan, con gestos, de averiguar si están bien. Están en la cárcel hace dos meses, sin permiso para que sus padres los visiten, arrestados por supuestamente tirar piedras a los colonos (N. de la R.: de los asentamientos ilegales) mientras sus ovejas pastaban. Las audiencias habían sido pospuestas todo lo posible. Hoy les dan el veredicto. El juez se dirige a ellos. Los pequeños se ponen de pie, tratando desesperadamente de ser valientes. Leen el veredicto. Las madres se echan a llorar. Se llevan a los chicos, que se enjugan el llanto esperando que nadie lo note. En fila salimos de la caravana sin hablar. El padre nos da la mano, con lágrimas en los ojos.  Los nuestros se llenan de lágrimas cuando abrazamos a las madres. Solo les hemos podido ofrecer el regalo de nuestra presencia –es lo único que podemos darles. Con nuestro limitado árabe creemos entender que los muchachos tienen que cumplir tres meses más y las familias deben pagar 3.000 shekels (U$1,000). Pero en este momento, los detalles no importan.

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La luna sobre el complejo de la prisión. Foto: Dawn

La familia tiene que usar el “pasadizo enjaulado” que lleva a Cisjordania, mientras que nosotros recibimos autorización para volver hacia el lado de Jerusalén. Nos decimos adiós a través de la cerca y les aseguramos que los iremos a visitor en su aldea. Sumidos en nuestros pensamientos, caminamos en silencio hasta la autopista para buscar un taxi. El sol ya se puso y la luna casi llena se levanta atrás de nosotros sobre el complejo de la prisión. Pero lo único que veo es la imagen de esos dos pastorcitos asustados llorando, vestidos con ropa de presidiaro marrón y con los pies esposados el uno al otro.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

Fuente: http://4justpeace.wordpress.com/2014/01/17/words-are-not-needed-a-day-in-the-military-courts/

Cuando detuvieron a Juan Gelman en Israel

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gelman y yo

Hace un tiempo volaba el poeta argentino Juan Gelman rumbo a Jerusalén. Sentado junto a su esposa comentaba la situación política israelí con un acento crítico sobre la política del nuevo gobierno en relación a la intifada palestina. Un agente del Mosad escuchaba atentamente. La charla del poeta con su esposa acabó mal. El propio Gelman lo cuenta.

Escribo estas líneas desde el dolor y la tristeza. El viernes 2 de marzo mi mujer Mara La Madrid y yo llegamos a Israel. Era la 1.30 de la madrugada y a las 10 tenía lugar el entierro de mi hermana Teodora, muerta repentinamente en Jerusalén. Conozco varias clases de muertes: la del padre y la madre, la del hijo, pero todavía estoy recorriendo el doloroso territorio de la muerte de una hermana. Seguramente distinto a todos los demás. Mara y yo desembarcamos de un vuelo de la British Airways y fuimos detenidos por la policía en el aeropuerto Ben Gurión. Los hechos son como siguen.

Delante nuestro se sentó en el vuelo un señor de 28 o 30 años, alto, moreno, de pelo corto y modales autoritarios, que conversaba amigablemente con una azafata en hebreo. Bien. Ocurre. Por razones de seguridad, algún agente ¿del Mossad? viaja en todo vuelo que llega a Tel Aviv en compañías extranjeras que no son El-Al. Mara y yo conversábamos sobre las declaraciones del jefe de Estado Mayor del ejército israelí -un general de cuyo nombre no quiero acordarme- publicadas en el Herald Tribune: afirmaba que la Autoridad Palestina era «una entidad terrorista» y que el Estado de Israel estaba pensando en la posibilidad de reocupar las pocas zonas palestinas a las que había otorgado autonomía. Mara se preguntó: «¿Qué van a hacer, van a ocupar El Líbano?» En ese momento el señor de pelo corto se dio vuelta furioso y nos ladró un «enough» («basta» que cortó nuestra conversación, personal, de a dos y en español. Mister Enough no se limitó al ladrido. Cuando descendimos del autobús que nos trasladó del avión a la terminal del aeropuerto, me señaló con el dedo a un señor de uniforme que se abalanzó sobre mí y, sin identificarse, pidió nuestros pasaportes. Le dije que, a 30 metros del mostrador en que los pasaportes se revisan, allí los iba a presentar porque no explicaba la razón de su exigencia. Mara se puso en fila, pasaportes en mano, y cuando la seguí el señor de uniforme quiso retenerme con un abrazo de oso del que me desprendí -debo confesarlo- rojo de ira. Soy un ciudadano argentino y no admito esa clase de comportamiento de parte de ningún uniformado. Tal vez porque tengo una experiencia traumática -vuelvo a confesar- con los señores de uniforme.

Afuera nos esperaba mi sobrina, que había retrasado el entierro de su madre hasta mi llegada. Explicamos la circunstancia, pero al señor de uniforme poco le importaban fallecimientos y entierros ajenos. Sólo después de una hora y media dejó entrar a mi sobrina, a pesar de mis reclamos. El señor de uniforme, que se negó a dar su nombre, nos tuvo hasta las 5 de la mañana redactando lentamente un acta en que nos endilgaba los siguientes «delitos»: tumulto a bordo del avión de British Airways, desacato a la autoridad, ofensa a un funcionario público en el ejercicio de sus funciones. Fue inútil que preguntara quién había hecho la denuncia y en qué consistía. «Tumulto», en el hebreo del Estado de Israel, es una palabra muy pesada. Sirve, por ejemplo, para calificar la actitud de un niño palestino que arroja piedras a un tanque israelí. El único «tumulto» en que debo haber incurrido fue la exigencia prostática de ir al baño cuando el avión comenzaba su descenso. La presunta denuncia de una azafata de British Airways a la que el acta se remitía fue solicitada reiteradamente por el consulado argentino en Tel Aviv y nunca apareció.

El hecho -grave- es que Mara y yo estuvimos detenidos más de tres horas en el aeropuerto de Tel Aviv. El señor de uniforme escribía sus acusaciones y yo sufría a mi hermana, su muerte, el destino de morir en Jerusalén que le decretó la dictadura militar. Salimos bajo caución: mi sobrina tuvo que firmar dos actas -una contra mí, otra contra Mara, que ciertamente no fue atacada por urgencias diuréticas como yo- por las que se obligaba a pagar 2500 dólares por cada uno si el lunes siguiente no asistíamos a una presunta audiencia de conciliación. En ese interín, el señor de uniforme que nos detuvo me mostró amenazadoramente un par de esposas hablando en hebreo. Usaba el inglés cuando le convenía, el hebreo cuando no. Sus compañeros lo llamaban Danny y, según el «policía bueno» que apareció cuando las cosas se pusieron muy calientes, su nombre es Daniel Yehud. A saber.

No me parece mal que viajen agentes ¿del Mossad? en los vuelos que llegan a Israel, vista la situación. Lo que no entiendo es que esos agentes de seguridad -exclusivamente de seguridad, según se dice- se conviertan en una policía política que nada tiene que envidiar a la de Hitler o Stalin. ¿En qué estamos? ¿Israel es una democracia o qué? ¿Puede ser democrático un Estado que somete a cerco a un millón de palestinos por la fuerza de las armas? ¿Y cómo es posible que ahora sean sitiadores de todo un pueblo los hijos, los nietos, los biznietos de quienes, como mi madre y sus hermanos y su padre rabino, padecieron el cerco zarista en los ghettos, y luego, como mis primos, el encierro en los campos de concentración nazis? A los 8 años de edad mi madre presenció cómo los cosacos incendiaban la vivienda familiar y cómo mi abuela iba sacando a sus hijos de las llamas, menos a una hermanita de 2 años que murió abrasada. ¿Y ahora esos descendientes de la persecución crean ghettos para los palestinos, dinamitan sus casas, los sitian por hambre, abaten sus olivos y arrasan sus cultivos cuando molestan proyectos edilicios, usurpan sus tierras aplicando esa razón de las bestias que es la fuerza? ¿Y qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores; discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo de los siglos.

Sé que estas opiniones serán calificadas de antisemitas por quienes no quieren oír, ni ver, ni hablar, como los tres monos de la India. La táctica de confundir las críticas al Estado de Israel con el antisemitismo me recuerda la pretensión de la más reciente dictadura militar argentina, que llamó «campaña antiargentina» a toda denuncia de sus crímenes. Sólo me explico la tristeza particular que las políticas genocidas del Estado de Israel me causan porque soy verdaderamente judío. Porque una vez, de niño y con fiebre altísima, mi padre se sentó junto a mi cama para leerme en idish un cuento de Sholem Aleijem. Se llamaba «Das messerl» (El cuchillito) y hablaba de los dolores del ghetto.

Fuente: http://www.taringa.net/comunidades/x-palestina/5074989/Cuando-detuvieron-a-Juan-Gelman-en-Israel.html

N. de R.: Los Otros Judíos no necesariamente está de acuerdo con todas las opiniones vertidas en los artículos.

Documental sobre la masacre de Sharon

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Cuatro horas en Chatila

Chatila

16, 17 y 18 de septiembre de 1982: Las milicias falangistas libanesas, bajo la protección del ejército israelí, dirigido por Ariel Sharon durante la campaña «Operación: Paz para Galilea», masacran a 2750 civiles palestinos y libaneses en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en las afueras de Beirut.

Jean Genet, testigo de los restos de la matanza, escribe su testimonio, políticamente contundente y de una belleza sobrecogedora, en el que se basa esta película.

Subido a YouTube por Arnulba Palestina